Chapter

1. Economía mundial en transición y perspectivas para Estados Unidos y Canadá

Author(s):
Hamid Faruqee
Published Date:
April 2016
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Mientras la economía mundial atraviesa transiciones importantes, el ritmo de actividad a nivel mundial ha disminuido, en un contexto de mayor volatilidad de los mercados financieros. Las economías avanzadas continúan registrando una modesta recuperación, aunque en grado desigual. La expansión económica de Estados Unidos, impulsada sobre todo por el consumo y la creación de empleo, ha permitido el despegue de las tasas de interés hacia una normalización gradual de la política monetaria. Esta transición indica la presencia de influencias divergentes de los principales bancos centrales en las condiciones financieras mundiales y presiones de apreciación cambiaria sobre el dólar de EE.UU. En las economías de mercados emergentes, el crecimiento sigue desacelerándose, principalmente como resultado del reequilibramiento de la economía china y las continuas tensiones que afectan a varias economías grandes que se encuentran en recesión. Las condiciones financieras se han tendido a endurecer y la incertidumbre ha aumentado a raíz de la preocupación acerca de un crecimiento más lento y la falta de espacio suficiente para la aplicación de políticas. Al mismo tiempo, los precios de las materias primas siguen siendo bajos, especialmente en los mercados del petróleo donde un exceso de oferta ha llevado los precios a un nivel apreciablemente menor desde el año pasado. En consecuencia, es probable que la economía de Canadá siga experimentando un lento crecimiento antes de fortalecerse gradualmente haciendo frente a un contexto de precios bajos del petróleo. Los principales riesgos a nivel mundial surgen de estas transiciones actualmente en curso y podrían descarrilar el crecimiento si no se los gestiona adecuadamente. Las prioridades de política económica consisten en abordar las vulnerabilidades y recomponer la resiliencia ante los riesgos de la transición al mismo tiempo que se estimula el crecimiento a corto plazo, y en elevar la productividad y el crecimiento potencial mediante reformas estructurales de suma importancia.

Transiciones mundiales

En el marco de una economía mundial en transición, el crecimiento se ha debilitado en medio de condiciones financieras más restrictivas y precios más bajos de las materias primas. Concretamente, el crecimiento mundial fue decepcionante en el último trimestre de 2015, y a principios de 2016 persistía la debilidad de los indicadores de actividad. En general, como se analiza en la edición de abril de 2016 de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO), se proyecta un crecimiento mundial del 3,2 por ciento en 2016 y 3,5 por ciento en 2017, lo cual refleja un aumento más gradual de la actividad que el proyectado en el informe WEO de octubre de 2015. En medio del debilitamiento del ritmo de actividad, la mayor aversión al riesgo y el endurecimiento de las condiciones financieras actúan como vientos adversos. Ante una recuperación moderada de las economías avanzadas y una contracción prolongada de las economías emergentes y en desarrollo, se prevé que a nivel mundial la demanda y la actividad se mantengan moderadas en 2016 antes de registrar cierto repunte en 2017 (gráfico 1.1).

Gráfico 1.1.Crecimiento mundial más débil, precios más bajos de las materias primas y reequilibramiento de China

Fuentes: FMI, base de datos del informe WEO, y cálculos del personal técnico del FMI.

Una serie de transiciones subyacentes fundamentales siguen configurando este panorama mundial, con importantes implicancias para la región de las Américas: 1) una desaceleración gradual y un reequilibramiento de la actividad económica de China, pasando de la inversión y las manufacturas al consumo y los servicios; 2) un nivel duradero de precios más bajos del petróleo y otras materias primas, y 3) cambiantes factores que influencian las condiciones financieras mundiales, con un despegue de las tasas de interés cero en Estados Unidos, que desempeña un papel dominante en la determinación de las condiciones financieras de la región, mientras que los bancos centrales de otras importantes economías avanzadas continúan relajando su política monetaria. Dichas transiciones plantean riesgos a la baja para las perspectivas mundiales y, si los principales desafíos que estas generan no son abordados con éxito, el crecimiento mundial podría seguir debilitándose.

Tenue crecimiento y perspectivas moderadas

En las economías avanzadas, el crecimiento en el cuarto trimestre de 2015 fue, en general, más débil de lo previsto, como resultado del debilitamiento de la demanda interna. Si bien una política monetaria acomodaticia y los precios más bajos del petróleo deberían sustentar la demanda interna, una débil demanda externa, la apreciación cambiaria—especialmente en Estados Unidos—y condiciones financieras algo más restrictivas pesarán en el crecimiento. Se prevé que el crecimiento sea del 1,9 por ciento en 2016 y 2,0 por ciento en 2017, un incremento levemente más lento que el pronosticado en octubre. Concretamente:

  • El crecimiento se mantiene sólido en Estados Unidos, respaldado por condiciones financieras todavía favorables y un fortalecimiento de los mercados de la vivienda y de trabajo. Pero teniendo en cuenta el endurecimiento de las condiciones financieras tras la reciente volatilidad de los mercados, un dólar más fuerte que pesa en la actividad manufacturera, y los precios más bajos del petróleo que limitan la inversión en energía, se prevé que este año el crecimiento de Estados Unidos sea ¼ de punto porcentual más débil en comparación con nuestras proyecciones anteriores. En cuanto al resto de América del Norte, se proyecta que Canadá vuelva a mostrar un nivel de crecimiento más vigoroso, pero de forma más gradual de lo previsto dado el descenso de los precios del petróleo, al fortalecerse el resto de la economía como resultado de las políticas monetarias y fiscales expansivas y una moneda más competitiva.

  • En la zona del euro, se prevé un aumento moderado de la actividad en 2016–17, ubicándose el crecimiento en un rango del 1,5 al 1,7 por ciento, respaldado por los precios más bajos del petróleo, políticas fiscales favorables y nuevas medidas no convencionales de expansión monetaria por parte del Banco Central Europeo, que superarían un debilitamiento de las exportaciones netas. Se prevé que la actividad se desacelere en España, aunque en este país el crecimiento es aún relativamente fuerte, y en Portugal. La incertidumbre política, como la generada por la ola de refugiados, y la posible salida de la Unión Europea contemplada por el Reino Unido, son riesgos internos de gran importancia.

  • En Japón, se prevé un crecimiento levemente más firme, en torno al 0,5 por ciento en 2016 como resultado del estímulo fiscal, la caída de los precios del petróleo y una relajación de las condiciones financieras, como la expansión cuantitativa y cualitativa a una tasa de interés negativa implementada por el Banco de Japón. La debilidad del crecimiento en el cuarto trimestre, un yen más fuerte, una menor demanda desde las economías de mercados emergentes y un contexto de mercados accionarios en descenso indican la existencia de mayores riesgos a la baja para el crecimiento.

El panorama para el crecimiento de las economías de mercados emergentes y en desarrollo es variado. En general, el crecimiento de China evoluciona en líneas generales tal como se preveía, pero con una desaceleración más rápida de lo esperado en el sector manufacturero y una moderación de las importaciones y exportaciones. Esta evolución implica efectos derrame hacia otras economías a través del comercio así como precios más bajos de las materias primas y un menor grado de confianza. En términos más generales, la actividad manufacturera y el comercio siguen siendo débiles a nivel mundial, reflejando no solo la evolución de China sino también un menguado nivel de demanda e inversión en el mundo, particularmente una reducción de las inversiones orientadas a las industrias extractivas. Se prevé que continúen las tensiones en varias grandes economías de mercados emergentes, especialmente en Brasil y Rusia. En este contexto, es probable que la recuperación del crecimiento en los mercados emergentes (y en el mundo) se demore hasta 2017–18.

Abaratamiento de las materias primas y condiciones financieras más restrictivas

En los mercados de materias primas, los precios de los metales, los combustibles y las materias primas alimentarias continúan bajos, en un contexto de demanda mundial moderada. Los precios del petróleo experimentaron un marcado descenso en el cuarto trimestre de 2015, reflejando en gran medida una sobreoferta petrolera, así como un escaso incremento de la demanda. Concretamente, los sostenidos aumentos de la producción en los países que integran la Organización de Países Exportadores de Petróleo y la resiliencia de la producción no convencional han contribuido a empujar los precios del petróleo hacia los mínimos registrados a principios de 2016. Si bien los precios han experimentado cierto repunte en el primer trimestre de 2016, el legado de las inversiones anteriores realizadas en el sector y la disponibilidad de la nueva producción pueden mantener estos precios relativamente bajos durante los próximos años. Sin embargo, en vista del restringido nivel de inversión que afecta a la capacidad petrolera futura y del crecimiento tendencial secular de la demanda de petróleo, es posible que haya una cierta recuperación de los precios en el mediano plazo (véase el recuadro 1.1).

En general, las condiciones financieras se han endurecido tras la reciente volatilidad de los mercados y el debilitamiento de sus expectativas acerca de las perspectivas de crecimiento así como la preocupación en cuanto a la falta de espacio para aplicar políticas. La desaceleración de la actividad económica y el deterioro del nivel de confianza, en medio de perturbaciones en los mercados de activos, han elevado los riesgos para la estabilidad financiera mundial, según se analiza en la edición de abril de 2016 del Informe sobre la estabilidad financiera mundial (Global Financial Stability Report, o informe GFSR). En los mercados de activos, las ventas masivas y generalizadas en los mercados accionarios a principios de 2016 bajaron los precios de las acciones notablemente por debajo de sus máximos recientes, aunque desde entonces se han recuperado en cierta medida. No obstante, los mercados parecen tener ahora una mayor aversión al riesgo dadas las preocupaciones acerca del crecimiento económico, como las tensiones que afectan a las grandes economías de mercados emergentes sumidas en profundas recesiones y los riesgos financieros de China a medida que su economía atraviesa la transición hacia un crecimiento más equilibrado y sostenible. En los mercados de bonos, los diferenciales para los prestatarios de mayor riesgo—emisores soberanos y empresas—han tendido a ampliarse y las condiciones financieras externas se han endurecido para las economías de mercados emergentes. Los flujos de capitales hacia esas economías han venido disminuyendo desde los máximos alcanzados después de la crisis financiera mundial, aunque hasta ahora aquellos dirigidos hacia América Latina han mostrado resiliencia (gráfico 1.2). Si bien se han registrado grandes variaciones en los precios de los activos, particularmente en el tipo de cambio, el volumen de flujos de cartera hacia la región ha variado relativamente poco, quizá debido a la mayor debilidad de las monedas locales.

Gráfico 1.2.Debilitamiento de los flujos de capitales hacia los mercados emergentes

Fuente: FMI, base de datos del informe WEO.

Nota: Excluye las reservas oficiales.

Riesgos de la transición

A menos que las cruciales transiciones señaladas se realicen con éxito, el repunte previsto del crecimiento mundial quizá no se concrete. Los riesgos más importantes son los siguientes:

  • Los escollos en la transición necesaria de China hacia un crecimiento más equilibrado, vinculados con un aterrizaje brusco de sus mercados de crédito y de activos, pueden dar lugar a efectos derrame con repercusiones internacionales más amplias a través del comercio, los precios de las materias primas y la confianza. Véase un análisis de escenarios de riesgos a la baja conexos en el caso de América Latina en el capítulo 2.

  • Un nuevo descenso de los precios de las materias primas puede agravar las perspectivas para los países productores de materias primas que ya están en una situación frágil. Por el lado positivo, el reciente retroceso de los precios del petróleo puede dar un impulso más fuerte que el actualmente previsto a la demanda de los países importadores de petróleo, entre otras cosas al crear entre los consumidores la percepción de que esos precios permanecerán bajos durante más tiempo.

  • Por último, podrían surgir efectos adversos en los balances de las empresas y problemas de financiamiento como consecuencia de una mayor apreciación del dólar y condiciones financieras mundiales más restrictivas a medida que Estados Unidos retira su política monetaria extraordinariamente acomodaticia, mientras que en Europa y Japón continúa la relajación monetaria.

En líneas más generales, un aumento repentino de la aversión mundial al riesgo, cualquiera sea su causa, podría determinar nuevas y pronunciadas depreciaciones de las monedas en las economías emergentes y posibles tensiones financieras. En América Latina, por ejemplo, las vulnerabilidades a nivel de las empresas han aumentado junto con los niveles de endeudamiento empresarial. En este contexto, los riesgos sistémicos, incluidos los descalces de monedas, deberían ser objeto de un seguimiento más estrecho (véase el capítulo 3). Asimismo, en un contexto de mayor aversión al riesgo y volatilidad del mercado, aun los shocks idiosincrásicos en una economía relativamente grande de mercado emergente o en desarrollo podrían generar efectos de contagio más amplios en los mercados, no solo a través del comercio y las vinculaciones financieras sino también a través de una reevaluación de los riesgos (“llamadas de alerta”).

Prioridades de política económica a nivel mundial

En una coyuntura más frágil, la amenaza de una desaceleración de alcance más amplio y las limitadas opciones de política en muchas economías pueden exigir la adopción de medidas multilaterales más audaces1. Al enfrentar la mayoría de las economías crecientes riesgos a la baja, la urgencia por respuestas de política económica en sentido amplio para salvaguardar el crecimiento a corto plazo y asegurar resiliencia se ha incrementado. En las economías avanzadas, donde las tasas de inflación permanecen muy por debajo de las metas fijadas por los bancos centrales, sigue siendo esencial aplicar una política monetaria acomodaticia. Cuando las condiciones lo permitan, la política fiscal a corto plazo debería respaldar en mayor medida la recuperación, especialmente a través de la inversión. La consolidación fiscal, cuando una elevada deuda pública lo justifique, debería favorecer el crecimiento.

En las economías de mercados emergentes y en desarrollo, las prioridades de política económica son más variadas, dada la diversidad de sus respectivas condiciones. Las autoridades deberían gestionar las vulnerabilidades y recomponer la resiliencia frente a posibles shocks, elevando al mismo tiempo el crecimiento y asegurando una continuada convergencia del ingreso. En general, la flexibilidad del tipo de cambio seguirá siendo importante para amortiguar los shocks externos adversos y constituye un enfoque que se ha empleado activamente en América Latina. Varios países, entre ellos las tres economías más grandes de la región, han experimentado depreciaciones considerables en relación con los máximos observados después de la crisis financiera mundial, registrándose la mayor parte de ese ajuste durante 2015 (gráfico 1.3). En algunos casos, una depreciación sustancial de la moneda está limitando el margen para relajar la política monetaria, medida que depende del grado de traspaso del tipo de cambio y la credibilidad de la política monetaria (véase el capítulo 4).

Gráfico 1.3.Tipos de cambio efectivos reales

Fuentes: FMI, base de datos del Sistema de Notificaciones; FMI, base de datos del informe WEO, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 Se refiere a la variación entre el punto máximo de los tipos de cambio efectivos reales en 2010–14 y 2015.

Para abordar los posibles riesgos que enfrentarán los mercados emergentes en el futuro, especialmente los países exportadores de materias primas, que presentan fuertes fundamentos económicos pero una elevada vulnerabilidad, podría ser necesario fortalecer la red de seguridad financiera mundial adoptando, entre otras medidas, nuevos mecanismos de financiamiento. Las autoridades deben avanzar con las reformas estructurales para aliviar los cuellos de botella de infraestructura, facilitar un entorno de negocios dinámico y favorable a la innovación y promover el capital humano. En América Latina, por ejemplo, queda aún margen considerable para mejorar las redes de infraestructura que, con el tiempo, darían sustento al crecimiento (véase el capítulo 5).

Estados Unidos: El consumo como motor del crecimiento

En Estados Unidos, el consumo privado ha sido el principal motor del crecimiento y ha seguido expandiéndose con solidez. A pesar de una fuerte desaceleración en el cuarto trimestre, la economía estadounidense creció a un respetable ritmo del 2,4 por ciento en 2015, impulsada por un gasto constante de los hogares. Al considerarse que el mercado de trabajo se encontraba cerca del pleno empleo, la Reserva Federal elevó levemente las tasas de interés en diciembre del año pasado, mientras que las presiones inflacionarias permanecen contenidas. Los vientos externos favorables al crecimiento de Estados Unidos produjeron cierta volatilidad del producto, por ejemplo, a través de un dólar más fuerte y un petróleo más barato. Los factores externos plantean los riesgos a la baja más importantes para las perspectivas de Estados Unidos.

El comportamiento del mercado laboral de Estados Unidos ha sido un pilar de apoyo para el gasto de consumo mientras continúa la expansión. Durante el último año, el aumento de la nómina laboral alcanzó en promedio un cuarto de millón de empleos por mes, un ritmo vigoroso en relación con los niveles históricos. La tasa de desempleo cayó ¾ de punto porcentual, para terminar el año en el 5 por ciento, solo unos pocos décimos de punto porcentual por encima de su nivel de equilibrio a largo plazo. La vigorosa creación de empleo se tradujo en un mayor ingreso personal disponible, afianzando aún más el aumento del gasto de los hogares (gráfico 1.4).

Gráfico 1.4.Consumo como motor del crecimiento de Estados Unidos

Fuentes: Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos, Oficina del Censo de Estados Unidos y Administración de Información Energética de Estados Unidos.

Nota: WTI = West Texas Intermediate.

El mercado de la vivienda continúa recuperándose. Su fortaleza está respaldada por las cohortes de población más joven—que han venido fortaleciendo su situación en el mercado laboral y estimulando la formación de hogares—y por una menor cantidad de viviendas sujetas a ejecución hipotecaria (que está volviendo a sus niveles previos a la crisis). Como consecuencia, los precios de las viviendas aumentaron a un ritmo sólido en los últimos dos trimestres del año, junto con un fuerte aumento del número de nuevas construcciones y permisos de obra, que todavía se están recuperando desde sus mínimos posteriores a la crisis (gráfico 1.4).

A pesar del sólido incremento de la nómina laboral, ha habido escasos indicios de presiones de precios hasta hace poco tiempo. La inflación ha sido contenida por los precios de importación más bajos, un dólar más fuerte y la reciente caída de los precios de la energía, aunque algunos de esos efectos se están disipando. La inflación subyacente medida por el gasto de consumo personal (GCP), un indicador que la Reserva Federal sigue de cerca, es aún inferior al 2 por ciento establecido conforme al mandato de dicha entidad. Más recientemente, la inflación subyacente ha aumentado ligeramente pero los salarios no se han acelerado. Esto se debe en parte a un excedente de mano de obra que impide que los salarios aumenten de manera significativa. De hecho, las tasas de participación en la fuerza laboral están aún por debajo de lo que cabría inferir de las tendencias demográficas, lo cual indica que un número considerable de trabajadores que dejaron el mercado laboral todavía no se han reintegrado a él.

Ha habido efectos menos favorables o menos previsibles de los shocks externos en el crecimiento de Estados Unidos ejercidos a través de los mercados mundiales de materias primas y de divisas. En los mercados petroleros en particular, un petróleo marcadamente más barato no logró elevar más el consumo estadounidense, contrariamente a lo esperado, ya que los ingresos extraordinarios impulsaron más bien el ahorro; mientras tanto, la inversión estadounidense en el sector energético registró una fuerte caída. Concretamente:

  • A diferencia de los anteriores episodios de descensos importantes del precio del petróleo, no hubo un subsiguiente impulso al consumo en Estados Unidos. En promedio, los hogares incrementaron su tasa de ahorro del 4,8 por ciento en 2013 y 2014 a alrededor del 5,1 por ciento en el último trimestre de 2015 (gráfico 1.4). Si bien no se dispone aún de datos desagregados acerca de quiénes ahorraron los beneficios extraordinarios del petróleo (alrededor del 1 por ciento del PIB), es probable que los hogares de menores ingresos que más se beneficiaron de la reducción de los precios de la energía hayan sido también los más interesados en elevar su nivel de ahorro para amortizar deudas después de la crisis.

  • El efecto de la caída de los precios del petróleo en los productores de energía, en cambio, fue inmediato. Dada la naturaleza de la producción de petróleo no convencional, la inversión energética responde con alta sensibilidad a los movimientos del precio del petróleo. De hecho, la caída de los precios del petróleo en los mercados de contado y de futuros hizo caer drásticamente esas inversiones durante todo 2015. Como resultado, el impacto a corto plazo de un petróleo más barato ha sido, en conjunto, negativo para el crecimiento de Estados Unidos.

En los mercados de divisas, ha surgido un dólar estadounidense más fuerte, que se apreció más en los últimos dos trimestres del año, llegando así la apreciación total del tipo de cambio efectivo real al 15 por ciento en 2015. Esto refleja en parte el relativo fortalecimiento de la economía en comparación con la mayoría de sus socios comerciales. Al mismo tiempo, sin embargo, los efectos negativos de un dólar fuerte han sido bastante visibles. La demanda externa de productos estadounidenses ha decrecido, y los consumidores del país han reemplazado cada vez más los productos nacionales por importaciones. Como resultado, en 2015 las exportaciones netas restaron alrededor de ½ punto porcentual al crecimiento. En virtud de la revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento de los socios comerciales, se espera que en 2016 el comercio ejerza un efecto similar. La reducción de las exportaciones de bienes ha debilitado sustancialmente al sector manufacturero, cuya situación se prevé siga siendo débil en tanto el dólar se mantenga fuerte.

Perspectivas sólidas, pero con riesgos externos

En vista de los fundamentos económicos y de políticas subyacentes, las perspectivas para el crecimiento de Estados Unidos siguen siendo sólidas. Se prevé que el PIB real crezca al 2,4 por ciento en 2016 y al 2,5 por ciento en 2017, manteniendo el consumo su papel de motor del crecimiento. Los factores que impulsan el vigoroso gasto de los hogares son un fortalecimiento sostenido del mercado laboral, una recuperación del mercado de la vivienda, precios más bajos del petróleo y un repunte del aumento de los salarios, que eleva el ingreso real disponible actual y esperado. Las exportaciones netas serán un lastre sustancial para el crecimiento del PIB como resultado de la fortaleza del dólar y la debilidad de la actividad en el exterior.

La inversión debería pasar a ser un determinante más fuerte del crecimiento. El peso negativo de la inversión energética en el crecimiento persistirá hasta 2016, pero será moderado, dado que la industria ya se ha contraído drásticamente y retornado a los niveles de inversión anteriores a la explotación de los recursos no convencionales. Fuera de la minería, el petróleo y las manufacturas, se prevé que la inversión crezca a un ritmo vigoroso, sustentada por una sólida demanda de consumo, un stock de capital que envejece y sustanciales reservas de efectivo en manos de las empresas. Todo ello se encuadra en un marco de perspectivas benignas para el mercado de la vivienda dado el repunte previsto en la formación de hogares y las condiciones financieras relativamente favorables, con tasas hipotecarias cercanas a sus niveles mínimos.

La orientación de las políticas macroeconómicas debería seguir siendo propicia al crecimiento. Una interrupción de la consolidación fiscal y una política monetaria todavía muy acomodaticia durante el año en curso contribuirían a sostener el crecimiento. De hecho, en vista de los limitados indicios de presiones inflacionarias, el personal técnico del FMI prevé que la orientación de la política monetaria siga siendo acomodaticia durante 2016 (véase la siguiente sección). Además, los diversos acuerdos fiscales establecidos a fines de 2015 implican que la orientación de la política fiscal prevista para 2016 se mantendrá neutral en líneas generales, tras unos pocos años de consolidación.

Los riesgos para las perspectivas se inclinan a la baja, principalmente debido a factores externos. Desde el lado positivo, sin embargo, el consumo privado podría crecer a un ritmo más fuerte que el pronosticado, gracias a sólidas mejoras en el empleo y el ingreso y a la disminución de los precios del petróleo. La inversión privada podría también recuperarse a un ritmo mayor. Los riesgos a la baja, sin embargo, se vinculan en mayor parte con los siguientes factores:

  • Una mayor apreciación del dólar, posiblemente en coincidencia con perturbaciones en los mercados emergentes o como resultado de una reevaluación por parte del mercado de las divergencias cíclicas entre la economía de Estados Unidos y sus principales socios comerciales, podría dar lugar a una contracción más pronunciada de las manufacturas y las exportaciones y, posiblemente, tensiones comerciales.

  • Un fuerte debilitamiento de la economía de China afectaría a los flujos comerciales de Estados Unidos, aun cuando las exportaciones a aquel país constituyen solo alrededor del 7 por ciento de las exportaciones totales. Si este debilitamiento conlleva una considerable depreciación del renminbi, probablemente iría acompañado de un aumento de las importaciones estadounidenses desde China.

  • Un endurecimiento de las condiciones financieras internas, debido a la volatilidad del mercado accionario y un deterioro del crédito empresarial en el mercado de bonos de alto rendimiento, afectaría a la inversión. El tamaño del sector, sin embargo, es relativamente pequeño y los riesgos se concentran en el ámbito de la energía. En general, la exposición de los bancos a las empresas energéticas (menos del 5 por ciento de los activos bancarios) parece estar suficientemente contenida y las pérdidas podrían ser absorbidas.

La política monetaria después del despegue de las tasas

El despegue de las tasas de interés que dispuso la Reserva Federal en diciembre se llevó a cabo sin inconvenientes, y los rendimientos a largo plazo se encuentran en niveles similares a los registrados en el momento en que se publicó el informe WEO de octubre de 2015. Ante el aumento de la tasa (de política) de los fondos federales—que refleja la visión de la Reserva Federal de una economía estadounidense más fuerte—los mercados reaccionaron con calma, tanto a nivel interno como internacional, ya que la medida había sido bien comunicada y ya estaba mayormente prevista. Las condiciones financieras en el mercado de bonos de empresas se endurecieron a fines de 2015 y comienzos de 2016, debido en parte a las continuas presiones sobre el sector energético, mientras que la volatilidad del mercado financiero aumentó principalmente a raíz de factores externos. En general, las condiciones financieras internas se endurecieron de forma marginal y se mantienen relativamente favorables, especialmente para los hogares.

En cuanto a la normalización de la política monetaria hacia el futuro, se prevé que los subsiguientes aumentos de las tasas sean muy graduales. Por lo tanto, la orientación de la política monetaria seguiría siendo altamente acomodaticia en 2016. De hecho, la decisión de la Reserva Federal de mantener la tasa sin cambios en marzo es bienvenida dados el mayor grado de incertidumbre económica y unas perspectivas de crecimiento más modestas en comparación a diciembre. Dicha decisión corrobora que la Reserva Federal se está basando en la evolución de los datos económicos y ha validado expectativas más moderadas del mercado que prevén un solo aumento de la tasa en 2016. En términos de riesgos, estas expectativas pueden resultar, sin embargo, demasiado moderadas si la inflación aumenta más rápidamente de lo previsto y supera su objetivo fijado.

Las nuevas medidas de contracción monetaria deberían ser graduales, bien comunicadas y basadas en claros indicios de un repunte de la actividad económica, presiones más firmes de los salarios o los precios y una evaluación de que la inflación habrá de aumentar de forma constante hacia el objetivo del 2 por ciento fijado por la Reserva Federal para el mediano plazo. Habiendo capacidad excedente en el sector manufacturero mundial, un dólar fuerte y precios más bajos de la energía, todo ello sumado a cierta capacidad no utilizada en el mercado laboral, quizá se requieran indicios más contundentes de que la inflación subyacente del GCP habrá de volver al nivel meta dentro del horizonte de políticas antes de que se pueda proseguir con la normalización monetaria (gráfico 1.5).

Gráfico 1.5.Nivel moderado de la inflación y contracción monetaria gradual

Fuentes: Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos, Junta de la Reserva Federal y estimaciones del personal técnico del FMI.

Nota: GCP = Gasto en consumo personal.

Política fiscal y prioridades estructurales

Con respecto a la política fiscal, el gobierno federal registró un déficit del 2½ por ciento del PIB en 2015, el más bajo desde 2007. Se prevé que el déficit se amplíe hasta alcanzar más del 3 por ciento hacia el final de la presente década como resultado de las presiones sobre el gasto vinculadas al envejecimiento poblacional y las prestaciones y en vista de los diversos acuerdos establecidos en 2015 respecto del gasto y los impuestos2. Al nivel del gobierno general, se prevé una variación del saldo primario estructural cercana a cero tanto en 2016 como en 2017, que refleja una orientación fiscal ampliamente neutral (gráfico 1.6).

Gráfico 1.6.Hacia una orientación fiscal neutral

Fuentes: FMI, base de datos del informe WEO, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Nota: El impulso fiscal es la cifra negativa de la variación del balance primario estructural. Las barras claras denotan proyecciones.

Si bien en el corto plazo la orientación neutral de la política fiscal resulta apropiada, en el largo plazo las finanzas públicas no son sostenibles dada la trayectoria actual de las políticas. Sobre la base de los recientes acuerdos bipartidistas, un nuevo plan creíble de consolidación a mediano plazo también contribuiría a generar más espacio de política fiscal a corto plazo. Se requieren políticas que impulsen el producto potencial a más largo plazo mediante inversiones en infraestructura, elevando los resultados educativos, mejorando la estructura tributaria y desarrollando y ampliando una fuerza laboral calificada (a través de medidas tales como una reforma inmigratoria, la capacitación laboral y la asistencia de cuidado infantil para las familias trabajadoras). Las recomendaciones específicas en materia de políticas incluyen las siguientes:

  • Impuestos: Simplificar el sistema del impuesto sobre la renta, ampliar la base tributaria y aumentar el crédito por ingreso del trabajo, modificar el tratamiento impositivo para las empresas multinacionales, introducir un impuesto sobre el carbono y un impuesto sobre el valor agregado a nivel federal y elevar el impuesto federal sobre el gas.

  • Seguridad social: Elevar la edad jubilatoria, aumentar la progresividad de los beneficios e indexar las prestaciones y contribuciones a la inflación del IPC.

  • Atención de la salud: Establecer un sistema de costos compartidos con los beneficiarios, contener el uso excesivo de tratamientos costosos y eliminar las desgravaciones fiscales para los planes de salud generosos patrocinados por el empleador.

  • Introducir una reforma inmigratoria basada en las habilidades a fin de ampliar la fuerza laboral calificada.

Para salvaguardar la estabilidad financiera, es esencial completar las reformas regulatorias que comenzaron con la Ley Dodd-Frank y monitorear los riesgos que se desplazan hacia ámbitos menos regulados del sector financiero3. Los bancos están adecuadamente capitalizados y la rentabilidad se mantuvo alta en 2015. Sin embargo, el gran tamaño del sector no bancario—cuyos activos totales ascendían a alrededor del 230 por ciento del PIB en 2014—es una fuente de riesgo sistémico, en conjunción con una mayor asunción de riesgo durante el anterior período de bajas tasas de interés. En particular, las compañías de seguro de vida han asumido más riesgo de crédito en sus balances. Como las vulnerabilidades de los mercados de bonos de alto rendimiento y de préstamos apalancados son elevadas, los shocks podrían expandirse a través del sector financiero, operando los rescates masivos en el sector de gestión de activos como potenciales canales de propagación. Los riesgos sistémicos aparecen como relativamente bajos, sin embargo, dado el tamaño comparativamente pequeño del mercado de valores que no alcanzan el grado de inversión (gráfico 1.7).

Gráfico 1.7.Activos financieros fuera de los bancos de Estados Unidos

Fuentes: Junta de la Reserva Federal y cálculos del personal técnico del FMI.

Nota: EHS = Entidades hipotecarias semipúblicas.

Canadá: Navegando en un contexto de precios del petróleo más bajos

El descenso de los precios del petróleo ha asestado un duro golpe a la economía canadiense. Un fuerte recorte del gasto de capital en el sector energético afectó considerablemente a la inversión empresarial4 y generó una recesión técnica en el primer semestre de 2015 (una tasa anualizada de −0,6 por ciento), a pesar del sólido nivel de consumo privado. El crecimiento del producto rebotó luego al 1,6 por ciento en el segundo semestre, al aumentar las exportaciones (gráfico 1.8). Como resultado, el crecimiento del producto general en 2015 fue del 1,2 por ciento, lo que representa una fuerte desaceleración respecto de 2014 y la expansión más lenta registrada desde la recesión de 2008–09.

Gráfico 1.8.Canadá: Navegando en un contexto de precios más bajos del petróleo

Fuente: Oficina Nacional de Estadísticas de Canadá.

1 Incluye discrepancias estadísticas.

2 Incluye la extracción, actividades de apoyo y construcción de obras de ingeniería.

3 Las exportaciones de bienes no relacionados con las materias primas comprenden los productos químicos, maquinaria, electrónica, automóviles, aviones y bienes de consumo. Actual: 2013:T3 a 2015:T4; principios de los años noventa: 1991:T4 a 1994:T1.

La marcada caída de los precios del petróleo el año pasado ha puesto en marcha cierto reequilibramiento hacia los sectores de la economía no vinculados con los recursos naturales, facilitado por un dólar canadiense más débil—que se depreció 15 por ciento en términos efectivos reales durante los últimos dos años—así como la sólida recuperación de Estados Unidos y la orientación acomodaticia de la política monetaria. Por el lado de la oferta, el sector de los servicios (que representa alrededor del 70 por ciento del producto total) fue el impulsor clave del crecimiento del PIB (gráfico 1.8). En el sector energético, las empresas petroleras mantenían sus niveles de producción en tanto los precios del petróleo fueran más altos que sus costos operativos marginales, lo cual ocurrió hasta finales de 2015. Sin embargo, el declive de los precios del petróleo afectó gravemente a muchas industrias conexas, como las actividades secundarias de apoyo y la construcción de obras de ingeniería.

A pesar de este reequilibramiento, la respuesta de las exportaciones no relacionadas con las materias primas a un tipo de cambio más débil y a las políticas acomodaticias ha sido más escasa que en episodios anteriores (gráfico 1.8)5. Probablemente el lento ritmo de recuperación refleja, en parte, una menor capacidad en los sectores no vinculados a los recursos naturales que llevará tiempo recomponer, dada la anterior erosión que sufrió la competitividad externa de las industrias que no exportan recursos naturales durante el auge del petróleo (véase FMI, 2013).

A nivel provincial, la actividad económica mostró divergencias según el grado de dependencia de los recursos naturales. Columbia Británica, Ontario y Quebec (que representan casi el 70 por ciento del PIB nacional) muestran signos de mejora de la actividad económica. Estas provincias son importadoras netas de petróleo y se benefician de los precios más bajos de ese insumo. En cambio, las economías de las grandes provincias ricas en recursos naturales, Alberta y Saskatchewan (que aportan el 25 por ciento del PIB nacional), se están debilitando, con tasas de desempleo que se aproximan a los niveles de la recesión de 2008–09. Alberta también prevé registrar un gran déficit fiscal este año.

La inflación general y la inflación subyacente se encuentran dentro del rango meta del Banco de Canadá (1–3 por ciento). En los precios al consumidor intervienen dos factores opuestos: el traspaso desde un dólar canadiense más débil suma presiones inflacionarias, mientras que el descenso de los precios de la energía y la capacidad ociosa de la economía ejercen presiones a la baja sobre la inflación.

Efectos derrame macrofinancieros

Los efectos de la reducción de los precios del petróleo se derraman hacia la economía real a través de un complejo conjunto de canales de transmisión macrofinanciera. En el sector empresarial, por ejemplo, la solvencia de las compañías petroleras se ha deteriorado, estimándose que un número mayor de empresas han pasado a tener una calificación inferior al grado de inversión (gráfico 1.9). Hasta ahora, las dificultades de las empresas petroleras no se han derramado hacia la generalidad del sector empresarial, pero surgen indicios de que un número más alto de empresas enfrentan una liquidez más restringida y mayores costos de endeudamiento, según se indica en diversas encuestas sobre créditos comerciales.

Gráfico 1.9.Calificaciones más bajas para las empresas de energía

Fuente: Moody’s Credit Edge.

1 Alrededor del 60 por ciento de los activos de mercado a finales de febrero de 2016 (frente al 32 por ciento a finales de 2013).

Las tendencias en el mercado de la vivienda se han “trifurcado”. En las zonas metropolitanas de Toronto y de Vancouver, los precios de las viviendas crecen con rapidez, a una tasa de alrededor del 10 y el 20 por ciento interanual, respectivamente. En cambio, los precios caen en Calgary (Alberta) y Regina (Saskatchewan), en consonancia con el debilitamiento de los fundamentos económicos de esas provincias ricas en recursos naturales. En el resto del país, el precio de las viviendas aumenta a un ritmo moderado (gráfico 1.10).

Gráfico 1.10.Tendencias divergentes en los mercados inmobiliarios

Fuente: Asociación Canadiense de Bienes Raíces.

Nota: Los índices están ponderados por la población.

La exposición directa del sistema bancario al sector petrolero es limitada, pero las exposiciones indirectas (a través de los hogares y las empresas que realizan actividades secundarias) son más sustanciales6. Por otra parte, el endeudamiento de los hogares ha crecido a más del 165 por ciento del ingreso disponible—correspondiendo una creciente proporción de la deuda a los hogares más jóvenes—y representa una vulnerabilidad financiera clave para la economía canadiense. Tras shocks de ingreso negativos, por ejemplo, una carga de deuda elevada encierra el potencial de generar efectos no lineales que podrían superar la capacidad de los hogares de atender el servicio de su deuda y generar más casos de incumplimiento del pago de los préstamos hipotecarios. Conforme a este escenario, la calidad de los activos y el capital de los bancos sufrirían un impacto, aunque las grandes entidades bancarias son rentables, al contar con fuentes de ingresos suficientemente diversificadas, y las garantías públicas que cubren las hipotecas aseguradas mitigarían las pérdidas bancarias. Por ende, las pérdidas serían manejables y, a este respecto, los mercados consideran que los riesgos de derrame hacia los grandes bancos estarán probablemente bien contenidos.

Perspectivas moderadas y riesgos que se inclinan a la baja

Hacia el futuro, se proyecta que el crecimiento del producto se recupere moderadamente al 1,5 por ciento en 2016 y 1,9 por ciento en 2017. Una reducción de la inversión en el sector energético continuará imponiendo un lastre a la economía. Los precios del petróleo en torno a USD 35–USD 50 por barril proyectados para el futuro próximo son significativamente inferiores a los costos de equilibrio a largo plazo para las actividades de extracción de petróleo no convencional en Canadá, y se prevén más recortes sustanciales del gasto de capital en 2016.

La otra cara de la moneda es que probablemente el producto se verá impulsado por varios factores compensatorios. Primero, se prevé que mejoren las exportaciones e inversiones no relacionadas con los recursos naturales, en consonancia con la vigorosa expansión de la economía de Estados Unidos y el tipo de cambio más competitivo de Canadá. Segundo, el consumo privado se mantendrá sólido dadas la firme expansión del empleo en las provincias que no cuentan con recursos naturales y la política monetaria acomodaticia. Por último, el gobierno acaba de anunciar nuevos gastos en infraestructura en el presupuesto federal de 2016.

En general, la balanza de riesgos se inclina no obstante hacia la baja:

  • Por ser un exportador neto de petróleo, Canadá seguirá enfrentando los vientos adversos que representan los precios persistentemente bajos de esa materia prima. Si los precios permanecen en sus bajos niveles actuales durante un período prolongado, o vuelven a caer, las empresas petroleras recortarían no solo el gasto de capital sino también la producción.

  • Por ser una economía abierta, Canadá es susceptible a los efectos de un crecimiento más débil de sus principales socios comerciales, especialmente de Estados Unidos (a donde van dirigidas alrededor de tres cuartas partes de las exportaciones canadienses) y, en menor medida, de las economías emergentes de Asia (que absorben alrededor del 8 por ciento de las exportaciones de Canadá). Una expansión más fuerte de Estados Unidos, sin embargo, presentaría un riesgo al alza para Canadá.

  • Una fuerte corrección del mercado de la vivienda (de manera importante, en Vancouver y Toronto, donde los precios de las viviendas siguen estando sobrevalorados) podría dar lugar a un efecto riqueza negativo, reduciendo la demanda interna y deteriorando la calidad de los activos bancarios. No obstante, el impacto adverso en el sistema bancario quedaría mitigado por el alto nivel de capitalización de los bancos y las garantías públicas que respaldan las hipotecas aseguradas.

En lo que respecta a los efectos derrame regionales, una contracción económica de Canadá podría afectar a una serie de economías caribeñas. Los bancos canadienses tienen una presencia dominante en el sistema bancario del Caribe, representando entre el 70 por ciento y el 80 por ciento de los activos bancarios totales, por ejemplo, en Barbados y Las Bahamas. También podría verse afectado el turismo en esa región, ya que los turistas procedentes de Canadá conforman la segunda afluencia más grande de viajeros, después de la que llega desde Estados Unidos.

Prioridades de política económica en Canadá

El Banco de Canadá ha mantenido su tasa de política en el 0,5 por ciento desde julio de 2015 y ha dado señales, acertadamente, de que seguirá aplicando una política monetaria acomodaticia dada la capacidad ociosa existente en la economía. Asimismo, recientemente el Banco de Canadá ha actualizado su marco de herramientas de política no convencionales (como tasas de interés de política negativas y compras de activos a gran escala). Con su tasa de política cercana a cero, el espacio de política monetaria convencional podría agotarse rápidamente si se deterioraran las perspectivas de crecimiento. Si bien el Banco de Canadá está preparado para desplegar herramientas no convencionales, la política fiscal también puede desempeñar un papel de apoyo a este respecto, dado el espacio de política disponible y el bajo nivel de deuda existente a nivel federal.

En este contexto, el gobierno federal anunció un conjunto de medidas de estímulo al crecimiento igual al 1¼ por ciento del PIB durante los próximos dos años. Las medidas incluyen un aumento del gasto en infraestructura, inversión en viviendas, transferencias a familias con hijos y recortes de impuestos para la clase media. El gobierno está comprometido a ampliar los proyectos de infraestructura por un monto de C$60.000 millones durante los próximos 10 años. Esto permitirá dar un estímulo a la economía en el corto plazo y contribuirá al crecimiento potencial del país a más largo plazo.

Para prevenir riesgos en el sector de la vivienda, las autoridades están adoptando medidas macroprudenciales adicionales. En diciembre de 2015 las autoridades anunciaron modificaciones de las normas sobre financiamiento hipotecario: un aumento de los requisitos de pago inicial para las hipotecas aseguradas (vigente a partir de febrero de 2016) y un aumento de las comisiones de titulización (que entrará en vigor en julio de 2016). También propusieron requisitos de capital más elevados para las hipotecas residenciales.

Recuadro 1.1.¿Precios más bajos por más tiempo? La caída de los precios del petróleo y el rol del petróleo “shale” de América del Norte

Desde la publicación del informe WEO de octubre de 2015, en los mercados de petróleo se han registrado nuevas presiones a la baja sobre los precios del petróleo crudo, que han experimentado una caída del 35 por ciento con respecto a los niveles previstos en las proyecciones anteriores del personal técnico del FMI. A pesar de una cierta recuperación en los precios del petróleo en el primer trimestre de 2016, estos precios se mantienen a niveles relativamente bajos. El barril de petróleo crudo West Texas Intermediate, por ejemplo, se negocia en alrededor de los USD 40 después de un breve período en que se redujo a USD 27 en febrero de 2016: su nivel más bajo desde 2003. Los factores que explican esta caída de los precios incluyen un exceso de oferta, ganancias de eficiencia en la producción y una demanda más débil, lo que lleva a plantearse si los precios del petróleo se mantendrán “bajos por más tiempo”.

La irrupción de la producción del petróleo “shale”—impulsada por Estados Unidos—ha supuesto un incremento de unos 4 millones de barriles diarios en el mercado de crudo desde 2009, lo cual ha contribuido a una sobreoferta. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) básicamente absorbió este shock de la oferta1, manteniendo o elevando los niveles de la producción convencional. Los significativos aumentos previstos de las exportaciones iraníes de petróleo probablemente ejercerán presiones adicionales a la baja sobre los precios del petróleo. Las revisiones a la baja del crecimiento mundial, especialmente en las economías de mercados emergentes, también han reducido la demanda de petróleo. Los inventarios han alcanzado niveles muy elevados. Por otra parte, la turbulencia en los mercados financieros y un dólar fuerte también han contribuido al retroceso de los precios del petróleo.

De cara al futuro, la caída secular del consumo de petróleo en las economías avanzadas, las perspectivas de crecimiento menos favorables en los mercados emergentes y la resiliencia de los productores de petróleo “shale” al descenso de los precios apuntan, en conjunto, a un escenario en que esos precios se mantendrán “bajos durante más tiempo”. En primer lugar, la producción de petróleo “shale” es una tecnología relativamente nueva y ha experimentado ganancias de eficiencia extraordinarias en respuesta a la caída de los precios del petróleo. Parte de su resiliencia se debe también a una demanda débil de servicios en el sector petrolero, lo que ha reducido los costos para los productores de petróleo “shale”. Por otra parte, la producción de petróleo no convencional ha comenzado a mostrar algunos indicios de debilitamiento a corto plazo. La caída del precio del petróleo ha provocado drásticos recortes de la inversión en este sector y la producción de petróleo “shale” se mantiene un 10 por ciento por debajo de su nivel máximo.

La industria del petróleo “shale” en Estados Unidos ha adquirido un papel protagónico en los últimos años, lo que probablemente también afectará a la trayectoria futura de los precios del petróleo. Por un lado, la producción de petróleo “shale” puede incrementarse rápidamente siempre que los precios del petróleo se mantengan por encima del costo marginal de producción. Estos últimos se han reducido en promedio de alrededor de USD 60 a USD 40 el barril debido a las ganancias de eficiencia operativa. Estas ganancias son el resultado de los avances tecnológicos, la deflación de los costos de los insumos y la concentración de recursos en los pozos más productivos. El gráfico 1.1.1 muestra que el nivel actual de la producción puede mantenerse si los precios del petróleo se sitúan ligeramente por encima de USD 40 suponiendo una deflación de los costos de producción del 10 por ciento. El petróleo “shale” también hará que los ciclos de precios del petróleo sean más cortos y limitados dado que conlleva gastos no recurrentes inferiores a los del petróleo convencional, y el desfase entre la primera inversión y la producción es mucho más corto. Esta característica del petróleo “shale” limitará la subida de los precios del petróleo a mediano plazo. Por otro lado, existen factores de vulnerabilidad financiera en el sector del petróleo “shale”. Una ola de quiebras y despidos podría limitar la flexibilidad de la producción de petróleo “shale” dado que podría ser más difícil movilizar rápidamente la mano de obra cualificada requerida. Además, el descuento de costos del sector de servicios del petróleo probablemente disminuirá cuando los precios vuelvan a subir; así pues, los precios de equilibrio podrían situarse por encima de los niveles actuales aun con los avances tecnológicos.

Gráfico 1.1.1.Producción de petróleo “shale” con diferentes escenarios de costos

Fuente: Investigaciones y análisis de Rystad Energy.

En general, el contexto actual de bajos precios debería dar lugar en su momento a una reversión parcial de los precios a mediano plazo. Los futuros del petróleo apuntan a un aumento moderado de los precios, como muestra el gráfico 1.1.2. Según el escenario base proyectado por el FMI, el precio alcanzará un promedio de USD 34,60 en 2016, una caída del 32 por ciento con respecto a 2015, para luego subir a USD 40,99 en 2017 y USD 44,52 en 2020. Sin embargo, la incertidumbre en torno al escenario base se ha intensificado, como muestra la volatilidad inusual de los precios en las últimas semanas. Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio podrían causar perturbaciones en el mercado del petróleo. Pero los elevados niveles de los inventarios de petróleo y la rápida respuesta de los productores de petróleo “shale” de Estados Unidos al utilizar los pozos perforados pero incompletos deberían limitar las escaladas de precios en el futuro cercano. Un período prolongado en que el petróleo se mantenga a bajo precio, no obstante, también podría dar lugar a una notable recuperación de los precios al reducirse la inversión en actividades extractivas, lo que afectaría al suministro futuro de petróleo. Esta reducción de la inversión ya está en marcha, especialmente fuera de la OPEP.

Gráfico 1.1.2.Curva de futuros del petróleo Brent

Fuentes: Bloomberg, L.P., y FMI, base de datos del informe WEO.

Nota: Los precios de futuros en el informe WEO corresponden a supuestos del escenario base para cada edición de este informe y se derivan de los precios de futuros. Los precios de la edición de abril de 2016 del informe WEO se basan en los precios al cierre del 26 de febrero de 2016.

A más largo plazo, el aumento de la demanda de petróleo de los mercados emergentes debería neutralizar con creces la caída de la demanda de las economías avanzadas. Se proyecta que China e India se conviertan en los dos principales países consumidores de petróleo a nivel mundial. El aumento de los ingresos y la expansión de la clase media en estas economías incrementarán su demanda de servicios de transporte (Chamon, Mauro y Okawa, 2008). No obstante, hay incertidumbre con respecto al grado en que el aumento de la demanda de servicios de transporte se traducirá en consumo efectivo de combustible dada la rápida evolución de la tecnología automotriz y las políticas de transporte público. Si bien China está tratando de alejarse de los combustibles fósiles debido a la calidad del aire y a otras cuestiones medioambientales, los bajos precios del petróleo podrían retrasar la transición hacia fuentes de energía más eficientes y más limpias (véase la sección especial sobre las materias primas en el capítulo 1 de la edición de abril de 2016 del informe WEO). Las ventas de vehículos eléctricos (como los híbridos) en Estados Unidos han disminuido en 2015 al reducirse los precios de los combustibles. En resumen, la demanda futura de petróleo de los mercados emergentes dependerá no solo del crecimiento de sus ingresos, sino también de sus políticas energéticas.

Nota: Este recuadro fue preparado por Akito Matsumoto, con la colaboración de Vanessa Díaz Montelongo y Rachel Fan en la investigación.1 Más recientemente, en una reunión celebrada en Doha el 16 de febrero de 2016, los ministros del petróleo de Arabia Saudita, Qatar, Rusia y Venezuela acordaron congelar la producción, y posteriormente Irán e Iraq se mostraron a favor de esta iniciativa pero sin ningún compromiso de frenar o reducir los aumentos programados de su producción.

Nota: Preparado por Hamid Faruqee y Marcos Chamon, junto con Kotaro Ishi y Andrea Pescatori. Genevieve Lindow, Rodrigo Mariscal y Udi Rosenhand prestaron una excelente asistencia en la investigación.

Véanse más detalles en el capítulo 1 de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO) de abril de 2016.

El Congreso superó varios obstáculos en el último trimestre de 2015 para sancionar leyes que fueron promulgadas por el Presidente: 1) la Ley de Presupuesto Bipartidista de 2015 dispone un recorte presupuestario total (“secuestro”) igual a ½ por ciento del PIB en 2016 y 2017, dividido en partes iguales entre el gasto de defensa y gastos no destinados a defensa; 2) la Ley “Ómnibus” de Asignaciones de 2015 completó las asignaciones correspondientes a la Ley de Presupuesto Bipartidista de 2015 y asimismo estableció el gasto hasta 2025 (por un valor acumulado de USD 1,1 billones o 6½ por ciento del PIB); y, por último, 3) la ley impositiva de 2016 (a saber, la ley de protección de los estadounidenses frente a aumentos de impuestos, o ley PATH por sus siglas en inglés) dispone un alivio tributario acumulado de USD 622.000 millones o 3½ por ciento del PIB para 2016–25.

Se han formulado recomendaciones detalladas en el informe de 2015 sobre el Programa de Evaluación del Sector Financiero correspondiente a Estados Unidos.

El gasto de capital en el sector energético representó un quinto del total de gastos de capital en 2015.

Entre 1991 y 1993, el tipo de cambio se depreció 14 por ciento en términos efectivos reales y las exportaciones de bienes no energéticos registraron un fuerte aumento de 30 por ciento. Aunque el tamaño de la depreciación cambiaria entre 2013 y 2015 es comparable, las exportaciones han aumentado solo 11 por ciento durante este período.

Los seis bancos más grandes destinan al sector petrolero solo alrededor del 2 por ciento de su cartera total de préstamos. Sin embargo, otorgan alrededor del 13 por ciento del total de préstamos a regiones productoras de petróleo, y, colectivamente, los préstamos hipotecarios y de consumo representan un sustancial 55 por ciento de los préstamos totales (véase Banco de Canadá, Financial System Review, diciembre de 2015).

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