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Resumen ejecutivo

Author(s):
International Monetary Fund. Western Hemisphere Dept.
Published Date:
May 2015
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El crecimiento mundial continuó siendo modesto y desigual durante el pasado año—en un marco de nuevas revisiones a la baja de los pronósticos de crecimiento a mediano plazo y una fuerte caída del precio del petróleo—y se proyecta que aumente solamente de manera gradual en el período venidero. Las perspectivas para las economías avanzadas han mejorado levemente: se proyecta que la economía estadounidense mantenga un crecimiento vigoroso, y que el abaratamiento del petróleo y la depreciación de sus monedas respalde la recuperación en la zona del euro y Japón. En cambio, se prevé que el crecimiento se modere en los países exportadores de petróleo y varias economías de mercados emergentes grandes, como China. Los riesgos en torno a estas perspectivas mundiales se han vuelto más equilibrados, pero subsisten algunos riesgos a la baja clave—entre ellos, una intensificación de las tensiones geopolíticas, posibles cambios bruscos en los mercados financieros y riesgos de estancamiento y baja inflación en las economías avanzadas.

En este entorno global, América Latina y el Caribe se enfrentan a unas perspectivas particularmente desafiantes, aunque con divergencias, en líneas generales, entre el norte y el sur de la región. En conjunto, se proyecta que el crecimiento disminuirá por quinto año consecutivo en 2015, ubicándose ligeramente por debajo del 1 por ciento para luego comenzar a recuperarse moderadamente en 2016. El debilitamiento económico se concentra en los países exportadores de materias primas de América del Sur, donde el descenso de los precios internacionales de las materias primas ha exacerbado los desafíos específicos que enfrentan algunos países. Así pues, se prevé que el producto se contraiga durante este año en tres de las economías más grandes del sur (Argentina, Brasil y Venezuela), mientras que se proyecta un repunte del crecimiento solo para Chile y Perú. En cambio, se proyecta que el crecimiento en gran parte de América Central, la región del Caribe y México se mantenga estable o se fortalezca, respaldado por una reducción de la factura petrolera para los importadores y una robusta recuperación económica en Estados Unidos.

A pesar de la continua desaceleración regional, la capacidad económica ociosa sigue siendo limitada, mientras que las expectativas de crecimiento a mediano plazo han continuado deteriorándose. Asimismo, las posiciones fiscales se han debilitado en la mayoría de los países, por lo cual no parece aconsejable una mayor expansión fiscal para impulsar el crecimiento. La flexibilidad cambiaria puede jugar un rol fundamental para facilitar el ajuste a condiciones externas más difíciles. Es vital que las autoridades económicas 1) garanticen la solidez de las finanzas públicas, especialmente porque sigue habiendo importantes riesgos a la baja para el crecimiento; 2) mantengan bajo control las vulnerabilidades del sector financiero, dado que la reducción de las ganancias, las condiciones de financiamiento más difíciles y el fortalecimiento del dólar de EE.UU. están poniendo a prueba la capacidad de resistencia de los deudores, y 3) aborden los problemas estructurales de larga data para impulsar la inversión y la productividad.

  • Estas prioridades generales de política también se aplican a las economías financieramente integradas, aunque las circunstancias de cada país requieren un enfoque adaptado a su situación particular. Brasil está atravesando la peor recesión en más de dos décadas pero deberá perseverar en los esfuerzos de política promovidos recientemente para contener el aumento de la deuda pública y restablecer la confianza en su marco de política macroeconómica. En México, finalmente se prevé una moderada recuperación, la cual debería facilitar la ejecución del plan previsto por las autoridades para reducir gradualmente el déficit presupuestario. En virtud de sus posiciones fiscales iniciales más sólidas, Chile, Colombia y Perú podrán suavizar el ajuste necesario de sus economías a un entorno de términos de intercambio menos favorables.

  • El colapso de los precios del petróleo ha asestado un duro golpe a varios países del grupo de otros exportadores de materias primas de América del Sur, resaltando la necesidad de aplicar medidas de restricción fiscal, aumentar la flexibilidad cambiaria e introducir importantes mejoras en la gobernanza y el clima de negocios. En Venezuela, es indispensable introducir cambios sustanciales en las políticas para frenar la crisis económica. En Argentina, las presiones sobre el tipo de cambio se han atenuado recientemente, pero las distorsiones y desequilibrios económicos existentes hacen necesario introducir ajustes de políticas para restablecer el crecimiento y la estabilidad.

  • Las economías de América Central deberían aprovechar el alivio proporcionado por el abaratamiento de las importaciones de energía para reducir sus vulnerabilidades fiscales y reforzar la credibilidad de los regímenes de metas de inflación. Las reformas estructurales continúan siendo indispensables para abordar los cuellos de botella del lado de la oferta y mejorar las perspectivas de un crecimiento sostenido e inclusivo.

  • Análogamente, la aparente recuperación en las economías del Caribe dependientes del turismo brinda la oportunidad de avanzar en la aplicación de medidas orientadas a mejorar la competitividad, reducir los déficits fiscales y externos, que siguen siendo elevados, y restablecer la estabilidad de los sistemas financieros frágiles.

Este volumen de Perspectivas económicas: Las Américas incluye tres capítulos analíticos en los que se examinan algunos desafíos fundamentales que plantea la reciente desaceleración y las perspectivas de crecimiento. Específicamente, se analizan el impacto de la caída de los precios de las materias primas en las posiciones fiscales y externas en la región, los factores que explican la marcada desaceleración de la inversión, y la importancia de la diversificación y la complejidad económica para las perspectivas de crecimiento a más largo plazo. Las principales conclusiones son las siguientes:

  • Dadas las perspectivas de precios mundiales de las materias primas persistentemente bajos, es probable que varios países de la región que exportan materias primas enfrenten una caída significativa y duradera de sus ingresos fiscales, requiriendo un cierto esfuerzo deliberado para reducir los déficits presupuestarios. Es probable que el deterioro de la balanza comercial sea relativamente moderado y de corta duración. Sin embargo, el ajuste del sector externo no suele darse por un aumento de las exportaciones no relacionadas con las materias primas, sino más bien por una aguda compresión de las importaciones, especialmente en países que tienen regímenes cambiarios más rígidos y escasa diversificación de las exportaciones.

  • La inversión real en la región se ha desacelerado notablemente desde 2011, aunque hasta la fecha la evolución ha sido congruente con los patrones históricos. En base a datos a nivel de empresas, el marcado descenso de los precios de exportación de las materias primas parece ser la principal causa de la desaceleración de la inversión en América Latina, aunque otros factores determinantes tradicionales también han contribuido a esa desaceleración. Las perspectivas de una recuperación vigorosa de la inversión dependerán de la determinación de las autoridades de tomar medidas decisivas orientadas a mejorar las condiciones para la inversión privada.

  • La diversificación y la complejidad económica—en términos de la gama de productos que produce un país y del nivel de sofisticación de esos productos—son importantes para el crecimiento a largo plazo. En América Latina y el Caribe, sin embargo, el nivel de diversificación y complejidad de la economía es relativamente bajo, y no se ha progresado mucho en la última década. La clave para mejorar las perspectivas de crecimiento a largo plazo es la priorización de reformas estructurales y el aprovechamiento de los efectos de propagación de conocimientos y aprendizaje derivados de una mayor apertura, manteniendo al mismo tiempo marcos macroeconómicos sólidos.

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