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1. Panorama mundial y perspectivas para Estados Unidos y Canadá

Author(s):
International Monetary Fund. Western Hemisphere Dept.
Published Date:
May 2010
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La recuperación económica se encuentra en marcha y las previsiones de crecimiento mundial ha aumentado gracias a que los mercados financieros se normalizaron más rápido de lo esperado y las políticas de estímulo surtieron efecto. La reactivación de las economías avanzadas todavía es moderada y depende del apoyo de las políticas públicas; en cambio, muchas economías emergentes están experimentando una recuperación más vigorosa gracias al financiamiento externo favorable y precios de las materias primas cada vez más altos.

El panorama mundial: Recuperación a distintas velocidades

Los niveles extraordinarios de estímulo fiscal y monetario están apoyando una recuperación mundial, tras la profunda recesión que siguió a la crisis financiera. Las expansiones fiscales implementadas durante la primera parte de 2009 en las grandes economías—que promediaron alrededor de 2% del PIB en los países avanzados del G-20 en 2009, y alrededor de 2½% del PIB en los países emergentes del G-20—comenzaron a surtir pleno efecto durante el segundo semestre del año. Las políticas monetarias altamente expansivas—con tasas de interés de política monetaria a niveles mínimos y relajamiento monetario no convencional—implementadas en una serie de países durante la crisis, apoyaron tanto la demanda como la estabilidad financiera. Gracias al afianzamiento de la confianza y a la mejora en las condiciones financieras, la producción manufacturera y el comercio mundial experimentaron una fuerte recuperación, y los precios de las materias primas repuntaron después el primer semestre de 2009 (gráfico 1.1). Según las previsiones, los precios de las materias primas seguirán altos en 2010–11, debido a la limitada capacidad instalada ociosa de estos sectores y a la fuerte recuperación cíclica de algunos mercados emergentes clave; sin embargo, las presiones inflacionarias potenciales no deberían descarrilar la recuperación.

Gráfico 1.1.La recuperación mundial se encuentra en marcha, con el repunte del comercio y los precios de las materias primas.

Fuentes: Haver Analytics; Bloomberg, L.P.; y cálculos del personal técnico del FMI.

A su vez, en las grandes economías se observan pocos indicios de una reanimación autosostenida de la demanda privada. El crecimiento del consumo sigue bajo en 2010 en general, a pesar de la mejora sustancial en la confianza de los hogares y también algunas señales preliminares de que el deterioro del empleo está finalizando. La inversión empezó a reactivarse a fines de 2009, pero como la intermediación financiera no se ha recuperado plenamente y la capacidad instalada ociosa sigue alta, es improbable que un boom de inversión sostenido consiga impulsar la recuperación. De hecho, la solidez reciente en la demanda de las economías avanzadas se debe en gran medida a un giro brusco en el ciclo de inventarios, reflejando los recortes excesivos de las existencias que anteriormente profundizaron la recesión. Según nuestras proyecciones, las economías avanzadas registrarán un crecimiento de 2% en 2010, luego de una contracción de 3¼% en 2009—con la lenta recuperación aún contenida por el saneamiento de los balances patrimoniales de los consumidores y de los bancos, y el nivel elevado del desempleo. Se espera que un legado de esta crisis a mediano plazo sea alguna pérdida permanente de producto.

No obstante, un número creciente de economías emergentes y en desarrollo están mostrando señales de fuerte recuperación a comienzos de 2010. Durante la recesión, la mayoría evitaron la inestabilidad financiera interna y, en la medida de lo posible y dentro de las restricciones domésticas, emplearon estímulo fiscal para respaldar la actividad. Desde mediados de 2009, el crecimiento de estas economías se ha apoyado en la fuerte recuperación del comercio internacional, y algunos países se beneficiaron del repunte de los precios mundiales de las materias primas, particularmente de la energía y de los metales. Según nuestras previsiones, las economías emergentes y en desarrollo alcanzarán un crecimiento de 6% en 2010 comparado con aproximadamente 2% en 2009, encabezadas por el crecimiento vigoroso de las economías en desarrollo de Asia.

Entre tanto, las condiciones financieras internacionales mejoraron desde el punto más bajo de la crisis, pero algunos segmentos siguen con dificultades, sobre todo el crédito bancario en las economías avanzadas (gráfico 1.2). Los mercados de dinero se han estabilizado y al mismo tiempo se ha moderado el ajuste restrictivo de los estándares de crédito bancario; aun así, los balances bancarios siguen bajo presión, con niveles de capitalización bajos y todavía acumulando pérdidas crediticias. La mayoría de los intermediarios financieros continúan desapalancándose, y los clientes sin acceso a los mercados de capital (consumidores y empresas pequeñas y medianas) enfrentan restricciones crediticias. Por otra parte, los mercados de capitales están recuperándose, y a comienzos de 2010 los deudores con grado de inversión—entre ellos, prestatarios soberanos de mercados emergentes—podieron emitir bonos a tasas cercanas a las vigentes antes de la crisis. Mientras tanto, se están extrayendo lecciones de la crisis para la regulación financiera (recuadro 1.1).

Gráfico 1.2.Las condiciones en los mercados financieros mejoraron más rápido de lo anticipado y en algunas medidas han vuelto a los niveles previos a la crisis.

Fuentes: Bloomberg, L.P.; y cálculos del personal técnico del FMI.

La amplia liquidez mundial y la caída en la aversión al riesgo desde los máximos registrados durante la crisis han facilitado la situación de los mercados emergentes. Con mejores perspectivas de crecimiento, algunos de los mercados emergentes están recibiendo entradas de capital sustanciales desde mediados de 2009, y en ciertos casos, se ven presiones de revaluación en sus monedas. Los principales activos de los mercados emergentes avanzados ya se cotizan a niveles observados antes de la crisis. Sin embargo, dados la fragilidad del apetito por el riesgo y el riesgo en ciertos países, aún es posible que los inversionistas reduzcan sus posiciones de riesgo (como aparentemente sucedió a principios de este año al surgir las preocupaciones por Grecia), lo cual moderaría las entradas de capital hacia las economías emergentes y en desarrollo.

Esta recuperación “a distintas velocidades” exige que los países ajusten sus políticas económicas de acuerdo a sus propias circunstancias. En las economías avanzadas, las brechas del producto son considerables y el crecimiento todavía está apoyado por el sector público más que por el privado. A su vez, algunos mercados emergentes ya experimentan una recuperación impulsada por la demanda privada, están llegando a casi plena capacidad, y están atrayendo capital del exterior. Estas diferencias implican distintos ritmos y secuencias para el retiro de las políticas de apoyo implementadas durante la crisis. En las grandes economías avanzadas, el retiro de las políticas de apoyo seguirá siendo un proceso lento, y las bajas tasas de política monetaria contribuirán a condiciones favorables de financiamiento en los mercados emergentes por un tiempo. A mediano plazo, la salida de estas políticas—incluido un ajuste fiscal gradual en Estados Unidos—ayudará a corregir lentamente las deficiencias que originaron los desequilibrios globales (recuadro 1.2).

Estados Unidos: La recuperación sigue impulsada por las políticas económicas

Las políticas de estímulo y el ciclo de inventarios impulsaron la recuperación de la actividad económica estadounidense (gráfico 1.3). El PIB creció 5,6% (tasa anual desestacionalizada) durante el cuarto trimestre de 2009 como resultado de la aceleración de la inversión y de la desaceleración de la reducción de inventarios (esta última aportó más de la mitad del crecimiento del PIB). La contribución de las exportaciones netas pasó de negativa a positiva porque repuntó el crecimiento de las exportaciones en medio de la recuperación de la demanda mundial, mientras que el crecimiento de las importaciones se desaceleró.

Gráfico 1.3.Una leve recuperación ha empezado con ajustes en hojas de balance afectando a los consumidores.

Fuentes: Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos; Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos; Haver Analytics; y cálculos del personal técnico del FMI.

A pesar de que la inversión en bienes raíces rompió su caída libre a mediados de 2009, la misma continuó deprimida el resto del año, no obstante el apoyo del programa de compras de bonos respaldados por hipotecas de la Reserva Federal y los créditos fiscales para la compra de viviendas. Entre tanto, la inversión en bienes raíces comerciales continuó contrayéndose fuertemente en el segundo semestre de 2009 debido al deterioro del mercado inmobiliario comercial. El crecimiento del consumo privado cayó un poco a fines de 2009, al suavizarse el gasto en bienes duraderos por la expiración del programa gubernamental de permutas de automóviles (conocido como “efectivo por su cacharro”).

Recuadro 1.1.Evolución reciente de la reforma de la regulación financiera

El proceso de reforma de la regulación financiera que puso en marcha el G-20 busca corregir las deficiencias en los marcos regulatorios que quedaron evidenciadas por la crisis. De ese proceso están surgiendo poco a poco recomendaciones a nivel nacional e internacional, lo que produce cierta incertidumbre regulatoria para el sector financiero.

Las propuestas están más avanzadas en el área del fortalecimiento de los capitales bancarios. A mediados de 2009 se anunciaron cambios al marco regulatorio de Basilea II—se especificaron mayores niveles de capitalización para las operaciones propias de los bancos en valores (trading books) y algunas titulizaciones—que deberán estar implementadas para fines de 2010.

Otras propuestas de reforma (anunciadas en diciembre de 2009) centradas en el capital y la liquidez bancaria aún no han sido finalizadas; los nuevos niveles de capitalización quedarán calibrados a fines de 2010 y la implementación está contemplada para fines de 2012. Estas propuestas tienen por objetivo:

  • Mejorar la calidad del capital bancario, incrementando la proporción del capital básico (tier 1); armonizando la definición del capital complementario (tier 2) a nivel internacional; y mejorando la cobertura de riesgo del marco de capitalización, por ejemplo con respecto al riesgo de contraparte).

  • Complementar requisitos de capitalización ponderada por riesgo con límites de apalancamiento, cuyos detalles aún no se han finalizado.

  • Reducir la prociclicidad, mediante ajustes conservadores en los requisitos de capital para reflejar períodos de estrés; un previsionamiento dinámico; metas de reservas de capital amortiguadoras; y aumentos de reservas de capital amortiguadoras tras períodos de expansión crediticia fuertes). Los detalles de estas propuestas se están finalizando.

  • Abordar el riesgo sistémico y de interconexión, a través de un factor de correlación de los valores de los activos mejor calibrados en las calificaciones internas, que implicaría exigir mayores niveles de capitalización para la exposición crediticia a grandes empresas financieras reguladas o entidades no reguladas con alto apalancamiento como hedge funds).

  • Reducir la dependencia en calificaciones externas dentro del marco de adecuación del capital.

  • Introducir estándares comunes internacionales para reservas mínimas de liquidez de alta calidad, con el doble objetivo de i) poder hacer frente a salidas de liquidez durante un período de estrés de 30 días y ii) igualar los perfiles de vencimiento de los pasivos y los activos dentro de un plazo de un año.

Las recomendaciones en otros ámbitos están menos avanzadas. El marco de supervisión macroprudencial aún está evolucionando, y se busca aliviar los ciclos crediticios y los riesgos de interconexión. El diálogo sobre cuestiones relacionadas con el riesgo sistémico y las instituciones sistémicamente importantes es complicado, entre otras razones, por cuestiones políticas y jurídicas. Los temas que están sobre la mesa son la ampliación del perímetro regulatorio, la introducción de regulaciones prudenciales diferentes para instituciones sistémicamente importantes, la posibilidad de crear un regulador de riesgo sistémico, el establecimiento de un marco de resolución para las instituciones sistémicamente importantes, y el replanteamiento de la función de los reguladores en los mercados de titulización y derivados extrabursátiles.

Obviamente, estas propuestas no abarcan todos los ámbitos que requieren mejoras para reforzar la estabilidad financiera. Sigue pendiente lograr una respuesta de supervisión adecuada, mejorar el manejo del riesgo y la buena administración (governance) en el sector financiero, y fomentar la igualdad de condiciones internacionales (mediante la implementación adecuada y consistente de normas prudenciales) a través de sectores (acelerando las reformas en los sectores de seguros y mercados de valores que aún no se han tomado).

Nota: Los autores de este recuadro son Aditya Narain y Kornélia Krajnyák.

Recuadro 1.2.El equilibrio de la demanda mundial: ¿Quién tomará el lugar del consumidor estadounidense?

En los próximos años, mientras los hogares estadounidenses recortan el consumo y recomponen sus ahorros, ¿qué podrá llenar el vacío que dejarán en la demanda mundial? Llenar ese vacío no es trivial—el consumo privado de Estados Unidos es uno de los montos más importantes de la economía mundial: en 2006, el último año completamente a salvo de la crisis, ascendió a $9,3 billones (gráfico 1). Supongamos que ese nivel disminuye de manera permanente en 10%, que es aproximadamente la diferencia entre el consumo a mediano plazo proyectado por el FMI y el nivel que se hubiera observado si desde 2007 el consumo hubiera seguido creciendo al ritmo previo a la crisis. ¿Qué tipo de ajuste se necesitaría en otras cifras—por ejemplo, las exportaciones de Estados Unidos y las importaciones de los países socios—para llenar ese vacío? (Obviamente, compensar una tasa de crecimiento del consumo permanentemente más baja sería aún más problemático, pero para evitar complicaciones nos enfocaremos en niveles, y no en tasas de crecimiento.)

Parte del ajuste ocurriría a través de una caída de las importaciones, pero el impacto quizás no sería muy grande. Concretamente, al bajar el gasto en consumo bajarían también las importaciones de consumo, pero alrededor de 70% del consumo de Estados Unidos es servicios y la cantidad de bienes de consumo importados es pequeña. En 2006, el consumo de bienes importados fue alrededor de $446.000 millones, en comparación con el consumo privado nominal de alrededor de $9,3 billones (según las cuentas de ingreso y producto nacional de Estados Unidos). No hay duda de que esta comparación subestima considerablemente la importancia de las importaciones porque excluye los productos automotrices ($256.000 millones, incluyendo piezas) e insumos intermedios utilizados en la producción de bienes de consumo (por ejemplo, el petróleo). No obstante, el volumen global de importaciones es relativamente bajo, lo cual implica que el impacto sería pequeño, aun si las importaciones de bienes de consumo son muy sensibles (digamos, con una elasticidad de 2) a la caída del consumo.

Estados Unidos: Consumo, exportaciones e importaciones de los países con los superávits más altos en cuenta corriente, 2006

(Miles de millones de dólares de Estados Unidos)

Fuentes: FMI, Direction of Trade Statistics; y cálculos del personal técnico del FMI.

1/ Suma de los 15 países con mejor desempeño.

2/ Suma de los 7 países con mejor desempeño que son mercados emergentes, excluida China.

Exportaciones de Estados Unidos y condiciones externas durante escaladas de las exportaciones de Estados Unidos

(Variación porcentual acumulativa)

Fuentes: Haver Analytics; y cálculos del personal técnico del FMI.

Si el resto del ajuste recayera en las exportaciones, requeriría un aumento muy grande: con exportaciones de alrededor de $1,4 billones, el aumento rondaría el 60%. Históricamente, aumentos en exportaciones estadounidenses han sido menores (gráfico inferior). El crecimiento acumulado (de mínimos a máximos) más fuerte de las exportaciones reales estadounidenses totalizó alrededor de 40–45% y ocurrió a lo largo de varios años. En dos de los cuatro casos, coincidió con una depreciación importante del dólar. Y en dos episodios también coincidió con importantes iniciativas de política económica (o bien ocurrió justo después); a saber, el final del sistema de Bretton Woods a comienzos de los años setenta, y cuando se firmaron los acuerdos del Plaza/Louvre en los años ochenta. Por último, períodos de crecimiento en las exportaciones de Estados Unidos también estuvieron acompañadas de períodos de crecimiento sustancial de los países socios (un crecimiento acumulado de hasta 15%). En resumen, las circunstancias fueron más bien—y quizás inusualmente—propicias para la exportación.

Esto exige, naturalmente, un aumento de igual magnitud en el total de importaciones procedentes de Estados Unidos en otros países. Por ejemplo, el ajuste de las importaciones globales (procedentes de todos los países) de los 15 países con los superávits externos más elevados no sería trivial, pero tampoco gigantesco (12%). Ahora bien, las exportaciones estadounidenses se dirigen desproporcionadamente a los países del G-7: alrededor de $400.000 millones va al G-7; o sea, casi el doble de ALC o de Asia. Tomando en cuenta la proporción relativamente pequeña de la exportación de Estados Unidos que está destinada a los países de mercados emergentes, si el ajuste recayera en los siete principales países de mercados emergentes con superávits, sus importaciones tendrían que subir 45%. Y si, para poner un ejemplo, recayera únicamente en China, sus importaciones globales tendrían que incrementarse más o menos 100%. Usando como regla general una elasticidad de 2,0 para las importaciones en relación con la demanda interna, el aumento de la demanda interna en esos países equivaldría más o menos a la mitad de esas magnitudes.

Todos estos elementos, y otros más, probablemente tendrían que coincidir para llenar poco a poco el vacío que dejaría el consumo estadounidense. Las importaciones y las exportaciones estadounidenses son más bien pequeñas en comparación con el consumo privado, y tendrían que ajustarse juntas para generar las cantidades necesarias. En este sentido, si ocurriera una depreciación real del dólar, podría haber más incentivos para la exportación y menores importaciones. Y finalmente, tendría que aumentar la demanda interna en el extranjero, para absorber el aumento de las exportaciones de Estados Unidos.

Destinos de las exportaciones latinoamericanas, 2006

(Millones de dólares de Estados Unidos)

Fuentes: FMI, Direction of Trade Statistics; y cálculos del personal técnico del FMI.

Exportaciones de Estados Unidos a otras regiones, 2006

(Miles de millones de dólares de Estados Unidos)

Fuentes: FMI, Direction of Trade Statistics; y cálculos del personal técnico del FMI.

Nota: El autor de este recuadro es Charles Kramer y Kornélia Krajnyák.

La situación de los mercados laborales se está estabilizando, pero sigue sombría. En marzo de 2010, la tasa de desempleo llegó a 9,7% aún 2 puntos porcentuales por encima del nivel registrado un año atrás y alrededor del máximo de los últimos 25 años. El desempleo de largo plazo y la subutilización de la mano de obra (incluyendo trabajadores desalentados) también se mantuvieron elevados y actualmente rozan los máximos históricos. Las condiciones laborales son mucho peores en sectores como la construcción—que ya se recuperó de sus niveles más bajos pero sigue con problemas—y para los trabajadores hispanos, que en marzo registraban tasas de desempleo de 24,9% y 12,6%, respectivamente.

A pesar del aumento en las proyecciones de crecimiento, las perspectivas apuntan a una recuperación tímida. El FMI proyecta un crecimiento de 3,1% en 2010, cifra considerablemente más alta que el 1,5% proyectado en la edición de octubre de 2009 de Perspectivas de la economía mundial, pero aún menor que en la salida de otras recesiones. El crecimiento disminuiría a 2,4% en 2011, a medida que se reduzca la brecha del producto, madure el ciclo de inventarios y se retraiga el estímulo fiscal. La tasa de desempleo caerá lentamente, y seguirá rezagada con respecto a la recuperación de la actividad (como suele ocurrir históricamente). Las presiones inflacionarias se mantendrán contenidas, dada la capacidad ociosa sustancial en los mercados de trabajo y de productos. En general, el perfil de la recuperación será el propio de una economía enfrentada a una doble dificultad: los débiles balances patrimoniales en los hogares y en las instituciones financieras.

Los riesgos están relativamente equilibrados en 2010, pero se inclinan a la baja en 2011. A corto plazo, los sectores de bienes raíces residenciales y comerciales plantean riesgos a la baja para el crecimiento. Aún así, estos riesgos están más o menos contrarrestados por una recuperacón del ciclo de inventarios sólida e inesperada. Pero más allá del muy corto plazo predominan los riesgos a la baja; especialmente, el de un empeoramiento de los mercados inmobiliarios, con tasas de ejecución hipotecaria más altas de lo esperado. A mediano plazo los riesgos de un aumento de las tasas de interés serán cada vez mayores, debido a la preocupación en torno a la situación fiscal.

En ese contexto, la política macroeconómica estadounidense probablemente continúe sesgada fuertemente hacia apoyar la economía en el futuro (gráfico 1.4). Aunque la Reserva Federal de Estados Unidos sigue preparando una estrategia para retirar las facilidades de liquidez de emergencia, también continúa señalando que la tasa de política monetaria se mantendrá a niveles excepcionalmente bajos durante un período prolongado (véase el recuadro 1.3). En consecuencia, los mercados de futuros y las previsiones privadas no contemplan un endurecimiento significativo de la política de la Reserva Federal durante 2010, y algunos observadores piensan que se mantendrá sin cambios hasta mediados de 2011. La política fiscal es expansiva en 2010 e incluye algunas iniciativas recientes para brindar ayuda a los desempleados y al mercado laboral. El presupuesto de 2011 contempla un apoyo adicional de corto plazo para la economía y el empleo. Pero más allá del corto plazo, el principal reto macroeconómico para Estados Unidos es lograr controlar sus desequilibrios fiscales. Aunque la reforma reciente del sistema de salud ampliará la cobertura y ayudará un poco a reducir los déficits a mediano plazo, un ajuste fiscal más profundo y firme (que incluya medidas para incrementar los ingresos y controlar los costos médicos) será necesario para mejorar las perspectivas fiscales a mediano plazo. Sin este tipo de ajuste el personal técnico del FMI proyecta que la deuda pública superará el 100% del PIB durante la próxima década, con el riesgo cada vez mayor de que las preocupaciones a raíz de la situación fiscal aumenten las tasas de interés.

Gráfico 1.4.Los ajustes de política macroeconómica tendrán que mantenerse por algún tiempo.

Fuentes: Haver Analytics; y cálculos del personal técnico del FMI.

Canadá: La recuperación se está afianzando

A diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos, la demanda interna se mantuvo relativamente resistente en Canadá. El país se vio afectado fuertemente por la recesión mundial, y sufrió una reducción sustancial del producto en medio del colapso del comercio internacional y de los precios de las materias primas (gráfico 1.5). Sin embargo, el sector financiero canadiense salió relativamente ileso de la recesión gracias a una regulación rigurosa y a prácticas bancarias prudentes. La demanda interna también resistió: durante el segundo semestre de 2009 se regularizó el crecimiento del consumo y el mercado de la vivienda se mantuvo robusto, con avances tanto en la construcción como en los precios de la vivienda. En el mercado laboral, la tasa de desempleo subió durante la crisis, pero se mantuvo tendencialmente por debajo de las tasas estadounidenses por primera vez en varias décadas. El empleo tendió a mostrar un crecimiento positivo desde mediados de 2009 (comparado con la caída continuada, aunque cada vez menor, del empleo en Estados Unidos). Las condiciones financieras, por su parte, se mantienen favorables, gracias al bajo nivel de los costos de crédito y a la ausencia de estrés en el sistema financiero, a diferencia de lo acontecido en otros países.

Gráfico 1.5.En Canadá, el crecimiento se ha recuperado y se ha restablecido el crecimiento del empleo.

Fuentes: Haver Analytics; y cálculos del personal técnico del FMI.

No obstante, el fortalecimiento del dólar canadiense contrarrestó el estímulo que la demanda externa aportó gracias a la recuperación de la actividad económica mundial. Como consecuencia del repunte de los precios de las materias primas y dado que los inversionistas ya no buscan refugiarse tanto en el dólar de EE.UU., la moneda canadiense se fortaleció frente a la estadounidense y desde octubre del año pasado se encuentra cerca de la paridad. El resultado ha sido una recuperación débil de las exportaciones y un déficit continuo en cuenta corriente.

La resistencia de la economía canadiense se debe en gran medida a políticas macroeconómicas bien calibradas, y se prevé que el crecimiento ronde 3% tanto en 2010 como en 2011. Un estímulo fiscal de 2% del PIB tanto en 2009 como en 2010 está contribuyendo a fomentar la demanda, pero no ha puesto en duda la credibilidad fiscal de Canadá, legado de más de una década de consolidación antes de que estallara la crisis. De la misma manera, el extraordinario apoyo monetario—la tasa de política monetaria se encuentra en su piso efectivo y existe un compromiso condicional de mantenerla a ese nivel, sumado a la generosa provisión de liquidez—está sustentando tanto la demanda como la estabilidad financiera. A su vez, las expectativas inflacionarias a mediano plazo se mantienen bien ancladas y rondan el objetivo de inflación de 2% fijado por el Banco de Canadá, prueba de la credibilidad del marco de metas de inflación.

Implicaciones para la región de América Latina y el Caribe

La recuperación mundial está estimulando las exportaciones latinoamericanas, con especial vigor en el sector de las materias primas. Tras el colapso del comercio internacional, los flujos comerciales comenzaron a repuntar a mediados de 2009, pero los volúmenes actuales se encuentran significativamente por debajo de los niveles registrados antes de la crisis. La recuperación continua del comercio internacional en 2010–11 y la normalización de los vínculos de producción transfronterizos seguirán siendo factores de tracción importantes para los exportadores de la región. A la vez, el crecimiento vigoroso de Asia emergente seguiría apoyando los precios de las materias primas y favoreciendo a los exportadores de materias primas de la región de America Latina y el Caribe (ALC), principalmente al estimular la demanda interna.

Recuadro 1.3.La política monetaria de Estados Unidos: ¿Cuán expansiva y por cuánto tiempo?

Uno de los elementos centrales de las políticas instituidas por Estados Unidos ante la crisis fue una expansión sin precedentes de la política monetaria. La Reserva Federal desplegó medidas de política monetaria no convencionales, que abarcan una variedad de mecanismos de liquidez novedosos junto con una “expansión crediticia” para apoyar a los mercados financieros. A medida que las presiones financieras se descomprimieron, se desactivaron muchos de esos mecanismos, particularmente los que tenían por objeto aumentar la liquidez; las compras de activos financieros continuaron hasta fines de marzo, pero a un ritmo decreciente. Siguiendo la evolución de la crisis, la Reserva Federal fue recortando sucesivamente la tasa de fondos federales (desde 5¼%) hasta 0–25 puntos porcentuales en diciembre de 2008, un mínimo histórico.

¿Cuánto tardará la Reserva Federal en contraer la política monetaria? Los últimos datos y las perspectivas sugieren que la posición sumamente expansiva se mantendrá durante algún tiempo.

La economía tiene abundante capacidad ociosa: la tasa de desempleo se redujo ligeramente tras tocar 10%—el máximo de los 26 últimos años—, pero sigue siendo elevada, y probablemente caiga muy gradualmente. Entre tanto, la inflación básica (core) sigue moderándose, y las expectativas de inflación a largo plazo se mantienen estables. Además, aunque las condiciones financieras mejoraron considerablemente, aún se mantienen algo restrictivas.

Las cotizaciones en los mercados son consistentes con la expectativa de que la Reserva Federal mantendrá una política sumamente expansiva a corto plazo; los analistas de mercado también pronostican un endurecimiento muy paulatino. A fines de 2006, la curva de futuros de los fondos federales mostraba una tasa de política monetaria de alrededor de 5% a lo largo de los 24 meses siguientes. (Los precios de los futuros de fondos federales deben interpretarse con cuidado; los contratos no son del todo líquidos, particularmente a vencimientos más largos, y posiblemente incluyan una prima por plazo). Para fines de 2008, cuando la Reserva Federal había recortado la tasa a un mínimo histórico, la curva se había desplomado e implicaba que las tasas permanecerían a niveles bajos. Desde entonces, la curva se empinó, y ahora muestra una tasa de política monetaria implícita de alrededor de 2% en dos años, que aún es baja. De acuerdo con las proyecciones del grupo Blue Chip, la tasa de fondos federales seguirá una trayectoria ascendente en línea con el mercado de futuros. Algunos analistas económicos, sobre todo los más optimistas, proyectan una contracción monetaria más pronta. Otros—entre ellos dos de los grandes bancos de inversión—no proyectan que la Reserva Federal aumentará las tasas hasta mediados de 2011.

Resumiendo, aunque hay discusión sobre el sendero preciso que seguirá la tasa de interés, el consenso es que la política monetaria estadounidense seguirá siendo sumamente expansiva durante un período prolongado. De hecho, la última declaración del Comité de Operaciones de Mercado Abierto de la Reserva Federal repitió que, “el Comité … continúa previendo que las condiciones económicas, incluidas las bajas tasas de utilización de factores, las tendencias moderadas de inflación, y la estabilidad de perspectivas de inflación, probablemente justifican niveles excepcionalmente bajos de la tasa de fondos federales durante un período prolongado”. Por lo tanto, es probable que las condiciones financieras mundiales—incluyendo las que influyen en los flujos de capital destinados a los mercados emergentes—sigan favorables durante algún tiempo a raíz de la postura monetaria estadounidense.

Estados Unidos: Inflación, desempleo y tasa de fondos federales

(Porcentaje)

Fuentes: Blue Chip Financial Forecasts; y cálculos del personal técnico del FMI.

Rendimiento de los futuros de los fondos federales

(Porcentaje; el eje de la abscisa representa los meses hasta el vencimiento)

Fuente: Bloomberg, L.P.

Nota: El autor de este recuadro es Charles Kramer.

En medio de la recuperación mundial, algunos factores negativos surgirán debido a las condiciones macroeconómicas en Estados Unidos, especialmente en 2011 cuando el crecimiento se desacelere (gráfico 1.6). La debilidad persistente del consumo nacional debido a la recomposición del ahorro de los hogares en los próximos años reducirá la demanda de bienes importados. La lenta recuperación del empleo frenará aún más la recuperación del turismo, postergando el repunte de las economías que dependen de este sector. A la vez, dada la debilidad del mercado de la vivienda estadounidense y de la construcción, la recuperación del empleo en la construcción seguirá siendo moderada. Dados los estrechos vínculos que existen entre ese sector y las remesas de trabajadores a América Latina, son bajas las perspectivas de un rápido repunte de las remesas, que en muchos países se encuentran un 10% o más por debajo de los niveles previos a la crisis.

Gráfico 1.6.La situación macroeconómica en Estados Unidos está asociada con cierta desaceleración; sin embargo, EE.UU. contribuye al impulso financiero en América Latina.

Fuentes: Haver Analytics; y cálculos del personal técnico del FMI.

En contraste, Estados Unidos probablemente contribuya al empuje financiero que están experimentando una serie de países de la región. A lo largo de los últimos trimestres, la abundancia de liquidez mundial, la recuperación del apetito de riesgo y la mejora de las perspectivas de crecimiento han canalizado flujos de capital hacia algunas regiones emergentes; entre ellas, América Latina. Dadas las perspectivas de la política monetaria estadounidense—que seguiría apoyando la actividad durante un período prolongado—y de los mercados financieros, esta tendencia probablemente continúe. El bajo nivel de la tasa de los fondos federales, la debilidad de la demanda interna de crédito en Estados Unidos y un apetito de riesgo aún mayor—sumados al atractivo perfil de riesgo de algunos mercados latinoamericanos—podrían continuar atrayendo capital hacia ciertos mercados y aumentar los precios de los activos de la región. Si se mantienen esos factores financieros de empuje y tracción, el panorama regional continuará caracterizándose por condiciones favorables de financiamiento externo y presiones generadas por los flujos de capital durante un período sostenido.

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