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V. La integración regional y los regímenes cambiarios

Author(s):
Alfred Schipke, and Markus Rodlauer
Published Date:
September 2005
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El Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centro-américa y los Estados Unidos (CAFTA-DR) y la integración creciente entre países de América Central brindan una oportunidad para reflexionar acerca de las opciones a largo plazo relacionadas con los regímenes cambiarios en América Central1. Si bien las condiciones macroeconómicas de los países de América Central presentan similitudes y mejoraron considerablemente en los últimos años, sus regímenes cambiarios cubren todo el espectro: existen regímenes de flotación cambiaria en Guatemala y la República Dominicana, regímenes de paridad móvil en Costa Rica, Honduras y Nicaragua y dolarización plena en El Salvador y Panamá. Se espera que en el futuro el CAFTA-DR, en conjunción con otros mecanismos de integración regional como la unión aduanera, fomente los flujos comerciales y financieros entre los países signatarios y con Estados Unidos y que, también, aumente la sincronización de los ciclos económicos2. Estos acontecimientos afectarán a ciertos factores importantes que inciden en la selección de los regímenes cambiarios.

En esta sección se examinan las opciones a largo plazo para los regímenes cambiarios que tienen a su alcance los países de América Central. No se abordan cuestiones propias del corto plazo que afectan a la selección de regímenes cambiarios en el futuro próximo, sino que se busca evaluar las opciones de regímenes cambiarios a largo plazo, es decir, para un período igual o superior a una década. El análisis emplea una metodología uniforme para todos los países y ofrece una óptica regional. Adopta una perspectiva a largo plazo utilizando un enfoque extraído de la bibliografía sobre zonas monetarias óptimas a efectos de evaluar el grado de aptitud de estos países para la adopción de distintos regímenes cambiarios. A título comparativo, el grado de aptitud de los países de América Central para adoptar una moneda común (ya sea vinculada al dólar de EE.UU. o una dolarización plena) se compara con el de los países de Europa que participan en la Unión Monetaria Europea (UME)3.

Las principales conclusiones son que, aun teniendo en cuenta el efecto esperado de una mayor integración con Estados Unidos a causa del CAFTA-DR, América Central seguiría siendo menos apta para adoptar una moneda común (de flotación independiente o bien fijada al dólar u oficialmente dolarizada) que los países de Europa occidental en la década de 1970. Si bien el aumento de la sincronización de los ciclos económicos, la reducción de los diferenciales de inflación y la intensificación de los flujos comerciales con Estados Unidos han conferido a la región, en términos relativos, una mayor aptitud para la dolarización o para fijar su tipo de cambio al dólar durante la década que concluyó en 2003, aún queda por recorrer un largo camino antes de que la adopción de una moneda común resulte una opción realista para América Central. A fin de que los responsables de tomar las decisiones de políticas puedan a largo plazo elegir entre todo el espectro de regímenes cambiarios posibles, es importante mantener marcos macroeconómicos sólidos y continuar avanzando con las reformas estructurales y el fortalecimiento de las instituciones, en especial en el sector financiero. En el caso de los países que ya se hallan oficialmente dolarizados, el acento debería ponerse en políticas que garanticen la sostenibilidad de estos regímenes, por ejemplo mediante marcos macroeconómicos sólidos, una adecuada política salarial y reformas estructurales para mantener la competitividad.

Cuestiones acerca de los regímenes cambiarios en los países en desarrollo

A pesar del intenso debate de las últimas décadas, aún no hay consenso respecto del mejor régimen cambiario. Aunque los regímenes de paridad fija (o tipos de cambio fijos) y ciertos regímenes intermedios, como las paridades móviles y las bandas móviles, se prefirieron en los años ochenta y principios de los noventa por sus cualidades antiinflacionarias, perdieron credibilidad tras las crisis de los mercados emergentes de la década de 1990. Esto llevó a que surgiera una “visión bipolar” que propugna paridades rígidas o bien regímenes de flotación libre por cuanto considera que los regímenes intermedios son difíciles de sostener. Este enfoque se basa en parte en el concepto de la “trinidad imposible” (Fischer, 2001; FMI, 2003; y Obstfeld y Rogoff, 1995). Por su parte, esta visión bipolar también fue cuestionada a raíz del colapso del régimen de convertibilidad en Argentina. Además, hay quienes argumentan que la trinidad imposible no impide que un país elija una solución intermedia entre la flotación y la unión monetaria (Frankel, 1999, 2004). Acerca de este tema, Reinhart y Reinhart (2003), entre otros, señalaron que los regímenes intermedios no han caído en desuso porque muchos países en desarrollo padecen de “temor a la flotación” (Calvo y Reinhart, 2002).

Los estudios empíricos que comparan el desempeño macroeconómico de distintos regímenes cambiarios y su vulnerabilidad ante la crisis tampoco logran alcanzar un consenso. Por ejemplo, mientras Ghosh, Gulde y Wolf (2003) observan que los países con regímenes cambiarios fijos tienen menos inflación y un crecimiento no inferior a los países con regímenes de flotación, Levy-Yeyati y Sturzenegger (2001) argumentan que esta menor inflación se logra a expensas del crecimiento.

La clasificación de los regímenes cambiarios también es objeto de debate. Aunque ahora suele reconocerse que las clasificaciones de facto son mejores que las de jure, existen metodologías mutuamente excluyentes para clasificar regímenes cambiarios de facto. Desde 1999 el FMI, en su Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions(Informe anual sobre regímenes de cambio y restricciones cambiarias), utiliza una clasificación de facto basada en información cuantitativa y cualitativa que también comprende intenciones de política manifiestas (véase FMI, 2003). Se pueden encontrar otras clasificaciones de facto en Reinhart y Rogoff (2004) y en Levy-Yeyati y Sturzenegger (2005). Las diferencias metodológicas utlizadas para clasificar los regímenes dan cuenta, probablemente, de los diferentes resultados que arrojan los estudios empíricos.

Rogoff y otros (2004) no se muestran a favor de un régimen cambiario único que sirva para todos los países, sino que agrupan a los países según su grado de integración con los mercados financieros mundiales. Según estos autores, el grado de integración con los mercados de capitales es el factor clave para fundamentar la recomendación de regímenes cambiarios. Concluyen que los beneficios de los regímenes cambiarios flexibles aumentan a medida que crece la integración con los mercados de capitales mundiales y se desarrollan sistemas financieros sólidos. En los países en desarrollo, sin embargo, se encontró que los tipos de cambio fijos generan una menor inflación sin costo visible en términos de crecimiento, lo cual sugiere que existe un efecto de credibilidad. En los mercados emergentes, los regímenes cambiarios fijos o de flexibilidad restringida atraviesan crisis más a menudo pero no muestran un mejor desempeño en materia de inflación ni de crecimiento.

Los autores que sostienen que no hay un único régimen cambiario adecuado para todos los países ni para todas las circunstancias se concentran en la aptitud relativa de los países para la adopción de distintos regímenes (Frankel, 1999). Los criterios utilizados para elegir el régimen cambiario provienen de modelos teóricos que comparan regímenes cambiarios fijos con regímenes flotantes y de la bibliografía sobre zonas monetarias óptimas (por ejemplo, Mundell, 1961, y Alesina y Barro, 2002).

La aptitud relativa de cada país para determinado régimen cambiario se relaciona con variables macroeconómicas y estructurales, como el comercio internacional y la sincronización de los ciclos económicos. Es más probable que se beneficien con un régimen cambiario fijo, y hasta de una unión monetaria, los países que comercian más entre sí, que son más pequeños, que sufren el mismo tipo de shocks, que presentan ciclos económicos y precios que se correlacionan estrechamente y que cuentan con mayor movilidad de factores y flexibilidad fiscal. Ello se debe a que la principal ventaja de los regímenes cambiarios fijos y las uniones monetarias es la promoción de los flujos comerciales y financieros, mientras que sus desventajas están relacionadas con la incapacidad para utilizar el tipo de cambio como herramienta para contrarrestar los shocks. Otro beneficio que acarrea la paridad fija es la posible “importación” de credibilidad política (Alesina y Barro, 2002). Así, los países que carecen de disciplina en materia de política económica (manifestada, por ejemplo, en la elevada inflación) podrían resultar más beneficiados por vincular su tipo de cambio o asociarse a una unión monetaria en la cual el país que sirve de ancla posea una trayectoria de baja inflación y estabilidad. Esto redundaría en menores primas de riesgo y tasas de interés, aunque en detrimento del señoreaje4.

Además, de acuerdo con algunos estudios, las uniones monetarias aumentan el comercio más que los regímenes cambiarios fijos (Frankel y Rose, 2002; Rose, 2000; y Tenreyro y Barro, 2003). Alesina, Barro y Tenreyro (2002) advierten que las uniones monetarias también aumentan el movimiento conjunto de los precios. De ser así, las uniones monetarias crearían círculos virtuosos, por cuanto participar de una unión monetaria aumenta efectivamente la aptitud de los países participantes para integrar dicha unión. Sin embargo, no hay pruebas contundentes de que las uniones monetarias promuevan la especialización del comercio y aumenten el movimiento conjunto de los productos.

Además de estos factores a largo plazo, también hay consideraciones a corto plazo y operativas que afectan la factibilidad de adoptar ciertos regímenes cambiarios. Un bajo nivel de reservas, la poca tolerancia a las tasas de interés altas, la dominancia fiscal o la debilidad del sistema bancario podrían provocar que un régimen cambiario fijo resulte altamente vulnerable. En términos generales, las situaciones de crisis convierten al régimen flotante en la única opción viable. Por otra parte, un sistema financiero subdesarrollado, la dificultad para adoptar un ancla nominal alternativa o grandes descalces de monedas incitan a “temer la flotación” y a que no sea recomendable pasar a un régimen cambiario flexible a corto plazo, porque no se dan las condiciones para desarrollar un mercado cambiario razonablemente complejo y competitivo o porque se compromete la estabilidad macroeconómica. Los objetivos macroeconómicos a corto plazo también pueden convalidar la adopción de un régimen que sea inadecuado desde la perspectiva a largo plazo; por ejemplo, los países más aptos para un régimen de flotación han adoptado estabilizaciones de base cambiaria para reducir la alta inflación. Si se adopta un régimen cambiario en función de consideraciones cortoplacistas, surge la cuestión acerca de cómo abandonarlo para instrumentar una selección más adecuada a largo plazo.

Por último, algunos economistas restan importancia a la selección del régimen cambiario óptimo y se concentran en las instituciones y políticas fundamentales que se requieren para asegurar un desempeño macroeconómico satisfactorio. Calvo y Mishkin (2003) cuestionan la aplicabilidad de la teoría estándar de regímenes cambiarios a los mercados emergentes. Subrayan que ciertas características de estos mercados, como una laxa disciplina fiscal y monetaria, la alta sustitución de monedas y la vulnerabilidad ante interrupciones súbitas de los flujos de capital, vuelven problemática la aplicación de la teoría estándar a las economías emergentes. También cuestionan la capacidad de los regímenes cambiarios para generar características institucionales deseables y por ello concluyen que desarrollar instituciones sólidas es más importante que elegir un régimen cambiario para garantizar un buen desempeño macroeconómico.

La bibliografía sobre regímenes cambiarios en América Central refleja la polémica existente sobre el tema. Aunque Corbo (2002) y Dornbusch (2001) están a favor de la dolarización, otros autores enfatizan sus riesgos (incluyendo los costos políticos) y los costosos requisitos de dicha estrategia (Collins, 1996; Palerm, 2002, y Rodlauer, 2004). García-López, Larraín y Tavares (2001) se manifiestan a favor de una unión monetaria entre los países de América Central, pero no de la dolarización plena. Rennhack, Offerdal y Mercer-Blackman (2004) concluyen que un régimen flexible guardaría mayor coherencia con las características estructurales de Honduras, Nicaragua y Costa Rica; sin embargo, por lo general encuentran que la aptitud relativa para vincular el tipo de cambio a una moneda o canasta de monedas se corresponde con los regímenes actuales de los países de América Central. Finalmente, Papaioannou (2003) demuestra que, si bien las características estructurales de estos países pueden explicar en parte su selección de régimen, resultan más decisivas ciertas condiciones institucionales y políticas.

Los regímenes cambiarios actuales

La clasificación de los regímenes cambiarios de los países de América Central depende de la medida utilizada. La clasificación del FMI sugiere una variedad de regímenes5que varían desde la dolarización en El Salvador y Panamá a los regímenes flotantes de Guatemala y la República Dominicana. Costa Rica y Nicaragua tienen una paridad móvil y Honduras una banda móvil (cuadro 5.1). En años recientes, las modificaciones más importantes fueron la dolarización de El Salvador en 2001 y el traspaso de Guatemala de una flotación regulada a un régimen de flotación independiente en 2003; el régimen cambiario de la República Dominicana pasó de una flotación regulada a una flotación libre en enero de 2004 (véase el recuadro 5.1 sobre la historia de los regímenes cambiarios en América Central).

Cuadro 5.1.Regímenes cambiarios(Al final del año)
199019952000200120022003
Costa Rica555555
El Salvador733111
Guatemala777778
Honduras356666
Nicaragua555555
Panamá111111
República Dominicana3777781
Fuentes: Bubula y Ötker Robe (2002) y FMI, Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions.Nota: 1 = inexistencia de moneda legal independiente; 2 = caja de conversión; 3 = paridad convencional fija; 4 = paridad dentro de bandas horizontales; 5 = paridad móvil; 6 = banda móvil; 7 = flotación regulada; 8 = flotación independiente.

La República Dominicana fue clasificada de flotación libre a partir del 31 de enero de 2004.

Fuentes: Bubula y Ötker Robe (2002) y FMI, Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions.Nota: 1 = inexistencia de moneda legal independiente; 2 = caja de conversión; 3 = paridad convencional fija; 4 = paridad dentro de bandas horizontales; 5 = paridad móvil; 6 = banda móvil; 7 = flotación regulada; 8 = flotación independiente.

La República Dominicana fue clasificada de flotación libre a partir del 31 de enero de 2004.

La clasificación natural de Reinhart y Rogoff (2004)6genera un resultado menos dispar. Según la misma, Guatemala y la República Dominicana también tenían una banda móvil de facto y una paridad móvil de facto, respectivamente, en 2001, el último año del cual se dispone de estos datos (cuadro 5.2), oponiéndose a la clasificación del FMI que clasifica los regímenes de ambos países como de flotación regulada en ese año. Al actualizar la clasificación de Reinhart y Rogoff para los países bajo consideración en 2002 y 2003, se pone de manifiesto que la República Dominicana tendría que haber pasado a la categoría de caída libre en 2003 después de atravesar una profunda crisis cambiaria con una inflación anual por encima del 40%. Otra diferencia importante entre la clasificación del FMI y la natural se refiere a Guatemala, cuyo régimen según la categorización del FMI es de flotación libre pero según Reinhart y Rogoff se ubica en la categoría llamada paridad móvil de facto7.

Cuadro 5.2.Regímenes cambiarios, clasificación natural(Al final del año)
1990199520002001200220031
Costa Rica1088888
El Salvador444211
Guatemala1477777
Honduras14107777
Nicaragua1477777
Panamá111111
República Dominicana14888814
Fuentes: Reinhart y Rogoff (2004) y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: 1 = inexistencia de moneda legal independiente; 2 = paridad preanunciada o caja de conversión; 3 = banda horizontal preanunciada < 2%; 4 = paridad de facto; 5 = paridad móvil preanunciada; 6 = banda móvil preanunciada < 2%; 7 = paridad móvil de facto; 8 = banda móvil de facto < 2%; 9 = banda móvil preanunciada < 2%; 10 = banda móvil de facto < 5%; 11 = banda móvil < 2%; 12 = flotación regulada; 13 = flotación libre; 14 = caída libre.

La clasificación de 2002 y 2003 ha sido actualizada por el personal técnico del FMI usando la metodología de Reinhart y Rogoff (2003).

Fuentes: Reinhart y Rogoff (2004) y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: 1 = inexistencia de moneda legal independiente; 2 = paridad preanunciada o caja de conversión; 3 = banda horizontal preanunciada < 2%; 4 = paridad de facto; 5 = paridad móvil preanunciada; 6 = banda móvil preanunciada < 2%; 7 = paridad móvil de facto; 8 = banda móvil de facto < 2%; 9 = banda móvil preanunciada < 2%; 10 = banda móvil de facto < 5%; 11 = banda móvil < 2%; 12 = flotación regulada; 13 = flotación libre; 14 = caída libre.

La clasificación de 2002 y 2003 ha sido actualizada por el personal técnico del FMI usando la metodología de Reinhart y Rogoff (2003).

Opciones a largo plazo de regímenes cambiarios para América Central

Con una mayor integración, instituciones más fuertes y marcos macroeconómicos sólidos y susten-tables, los países de América Central estarán en condiciones de revaluar sus opciones de regímenes cambiarios a largo plazo. Si bien, como ya se mencionó, las consideraciones operativas, las restricciones institucionales o los objetivos a corto plazo podrían obligar a adoptar otro régimen cambiario a corto plazo, es útil saber qué régimen a largo plazo resultaría más apropiado para considerar los planes futuros.

Existen varias opciones a largo plazo para los regímenes cambiarios de América Central. Además del statu quo, estas opciones comprenden: una mayor flexibilidad, quizá con metas de inflación; una zona monetaria común entre los países de América Central, ya sea vinculada con el dólar de EE.UU. o de flotación libre respecto de este y, por último, la dolarización plena.

Mayor flexibilidad

La adaptación a los shocks sería uno de los principales beneficios de la mayor flexibilidad cambiaria para América Central8. La flexibilidad cambiaria permite contrarrestar los efectos de los shocks sobre la cuenta corriente (por ejemplo los shocks en los términos de intercambio) así como también reducir la vulnerabilidad ante los cambios de dirección del flujo de capitales. La mejora de la competitividad a corto plazo podría constituir otro argumento a favor de los regímenes flexibles, pero este objetivo también se logra devaluando una única vez cuando esto es factible. Tras una devaluación por etapas se hace más difícil sostener un régimen cambiario de paridad o fijo cuanto mayor es la integración del país con los mercados de capitales internacionales, porque las expectativas de que quizá se produzcan nuevas devaluaciones por lo general aumentan el riesgo de grandes salidas de capital.

Recuadro 5.1.Historia de los regímenes cambiarios en América Central

Los regímenes cambiarios de todos los países de América Central estaban vinculados al dólar antes de los años ochenta, cuando la mayoría de los países abandonó las paridades por diversas razones, entre ellas, shocks externos, conflictos civiles e inconsistencia de las políticas internas. La única excepción fue Panamá, oficialmente dolarizada desde 1904.

Todos los países, salvo El Salvador y Panamá, adoptaron luego regímenes cambiarios de “caída libre” de acuerdo con Reinhart y Rogoff (2004). Sobre la base de esta clasificación, Costa Rica abandonó el tipo de cambio fijo en 1981, El Salvador en 1983, Guatemala en 1984, Honduras en 1990 y Nicaragua en 1979. La República Dominicana tuvo una banda móvil de facto muy estrecha hasta 1982. Varios países adoptaron luego distintos regímenes, que por momentos incluso implicaron múltiples prácticas cambiarias, antes de adoptar sus regímenes actuales.

Una vez concluida la etapa del tipo de cambio de caída libre, Costa Rica adoptó una regla de tipo de cambio real basado en el diferencial de inflación con Estados Unidos. En 1996 esta regla se modificó para tomar en cuenta la meta de inflación en vez de la inflación efectiva. Hoy la tasa de ajuste del colón se modifica sobre la base del diferencial de inflación entre Costa Rica y sus principales socios comerciales.

En 1992 la República Dominicana adoptó un régimen cambiario de flotación regulada, tras un período de caída libre, pero después adoptó una banda móvil de facto que perduró hasta 2003. En este momento, una grave crisis cambiaria llevó al país nuevamente a un régimen de caída libre según la clasificación natural, que aún hoy se mantendría en vigencia dada la alta tasa de inflación. Según la clasificación del FMI, entre 1991 y 2003 la República Dominicana tuvo un régimen de flotación regulada, antes de pasar a un régimen de flotación independiente en enero de 2004.

Tras abandonar la paridad en 1983, El Salvador adoptó un régimen de flotación regulada hasta 1990 y luego adoptó una paridad de facto. No obstante, cuando a principios de los años noventa finalizaron los conflictos civiles, el tipo de cambio sufrió presiones que tendían a apreciarlo, las que fueron contrarrestadas mediante operaciones de esterilización. En 2001 se dolarizó.

Guatemala osciló entre la caída libre y la flotación regulada después de abandonar la banda móvil (1984). En 1991, el sistema convergió a una paridad móvil de facto, que sigue vigente según la clasificación natural. Sin embargo, según la clasificación del FMI, Guatemala tuvo una flotación regulada en la década de 1990 y comienzos de la de 2000, hasta que en 2003 pasó al régimen de flotación independiente.

Transcurrido un breve período de caída libre, Honduras adoptó una banda móvil de facto entre 1991 y 1998 antes de adoptar una paridad móvil de facto según la clasificación natural. Sin embargo, según la clasificación del FMI, Honduras adoptó la flotación entre 1992 y 1994, luego pasó a una paridad móvil y finalmente a una banda móvil en 1996. La tasa de ajuste se determina por el diferencial de inflación proyectado respecto de sus principales socios comerciales y el tipo de cambio de estos con relación al dólar de EE.UU. La banda se amplió del 1% al 7% en 1998, pero dentro de la banda misma el movimiento ha sido limitado.

Nicaragua atravesó un largo período de caída libre como consecuencia de la hiperinflación. En 1991 se fijó el tipo de cambio y desde 1993 se estableció una paridad móvil. La tasa de depreciación ahora es prea-nunciada por el banco central.

Un régimen cambiario flexible debería aumentar la independencia de la política monetaria, que probablemente sea mayor cuanto menos integrado se encuentre el país con los mercados de capitales internacionales; además, es probable que la independencia monetaria se fortalezca a medida que se consolide la credibilidad política.

La mayor flexibilidad cambiaria requiere un ancla nominal alternativa. Hay que elegir entre fijar metas monetarias o de inflación. Recientemente varios mercados emergentes optaron por esto último cuando se incrementó su flexibilidad cambiaria, dada la frecuente inestabilidad de sus agregados monetarios. Como adoptar metas de inflación en sentido estricto requiere cierto tiempo9, inmediatamente después de abandonar un tipo de cambio fijo estos países adoptaron metas monetarias como régimen provisorio10.

Área cambiaria de flotación libre

Un área cambiaria de flotación libre respecto del dólar tendría la capacidad para aprovechar la fluctuación del tipo de cambio para adaptarse a los shocks reales que afectan a América Central, pero carecería de los beneficios de credibilidad que surgen de un anclaje a Estados Unidos. La decisión de flotar libremente resultaría más apropiada cuanto mayor sea la correlación del producto de los países de América Central y menor la correlación del producto de la región con el de Estados Unidos. Es probable que los beneficios de credibilidad de una zona monetaria de América Central sean limitados, pues ninguna economía de esta región es suficientemente dominante para actuar como país ancla11. Además, la credibilidad de una moneda común para América Central que flote de manera independiente respecto del dólar dependería de las pautas fijadas por los países de la región, como sus cualidades antiinflacionarias, la disciplina fiscal y su trayectoria en cuanto a mantener esas pautas.

Zona monetaria común vinculada al dólar de EE.UU.

Los costos y beneficios de una moneda común de América Central vinculada al dólar de EE.UU. serían la contracara de una moneda común que flote libremente respecto del dólar. Una moneda de América Central vinculada al dólar importaría el beneficio de la credibilidad monetaria, lo cual implicaría menos inflación y tasas de interés más bajas, y reduciría los costos de transacción pero a expensas de resignar un instrumento para enfrentar shocks externos que afectan a América Central de manera diferente que a Estados Unidos. Además, establecer un tipo de cambio anclado al dólar requeriría una política fiscal fuerte, que renuncie al financiamiento monetario del déficit fiscal y mantenga una disciplina fiscal para desalentar las expectativas de devaluaciones futuras. También se limita la función del banco central, en particular adoptando un régimen de convertibilidad (o, desde luego, un régimen de dolarización plena), con lo cual se requiere un sistema bancario saludable y mecanismos alternativos para resolver los problemas de liquidez bancaria. Con un régimen de tipo de cambio fijo, las políticas orientadas a aumentar la flexibilidad de los mercados de factores, en particular el mercado laboral, son una alternativa importante para contrarrestar los shocks reales.

Los regímenes cambiarios de paridad fija (o de tipo cambiario fijo) pueden adoptar formas intermedias, a saber, paridades móviles o bandas móviles. Además de las consideraciones generales acerca de regímenes de paridades ya reseñadas, la ventaja de la paridad móvil es que impide grandes defasajes de competitividad porque el tipo de cambio nominal se ajusta según los diferenciales de inflación12. Sin embargo, ello puede derivar en el costo de reducir las propiedades antiinflacionarias del régimen de tipo de cambio fijo. Una banda (o banda móvil) tiene las ventajas de otorgar a la política monetaria cierta flexibilidad cambiaria y algún grado de independencia; esta fue la opción elegida por algunos países que abandonaron regímenes vinculados con otras monedas. No obstante, las autoridades se enfrentan con conflictos entre las metas cambiarias y las inflacionarias en los extremos de la banda.

Dolarización plena

La dolarización plena13tiene costos y beneficios similares a la vinculación de una moneda común de América Central con el dólar de EE.UU., pero sería percibida como un compromiso de carácter más irrevocable. Podrían obtenerse más beneficios de la dolarización debido a un mayor comercio con Estados Unidos, aunque al respecto no hay evidencia clara14. La falta de señoreaje representaría el principal costo de dolarizar por oposición a constituir una unión monetaria regional vinculada al dólar15.

La selección de regímenes cambiarios para los países de América Central puede ser una cuestión interdependiente. Las fluctuaciones cambiarias de un país tienen consecuencias sobre los demás países de la región, tanto por su efecto sobre el comercio bilateral (y por ende sobre el producto y la inflación) como porque algunos compiten entre sí en el resto del mundo. Por ejemplo, es probable que los costos de la dolarización disminuyan si aumenta la cantidad de países ya dolarizados.

En la próxima subsección se analizan las diversas opciones, primero considerando los factores individuales para la selección del régimen cambiario y luego combinándolos en un índice como indicador resumido.

La selección entre las opciones a largo plazo: Factores clave

En este apartado se evalúa la aptitud relativa de los países de América Central con respecto a los distintos regímenes cambiarios. Se adopta una perspectiva a largo plazo, aplicando una metodología uniforme para todos los países y una base de datos común. Se examinan los cambios recientes y los cambios probables de determinados factores clave que condicionan la selección de un régimen cambiario. También se compara América Central con los países de Europa que integran la UME a fin de evaluar la aptitud absoluta de la región para la dolarización.

Estos factores, examinados a continuación, surgen principalmente de los estudios sobre zonas monetarias óptimas y el debate relativo a la conveniencia de adoptar regímenes de tipo de cambio fijo o flotante. Entre esos factores se incluyen el comercio internacional y otros flujos transfronterizos, el tamaño de la economía, la sincronización de los ciclos económicos, los shocks en los términos de intercambio, el grado de dolarización informal, la inflación, la movilidad de los factores, la flexibilidad fiscal y el señoreaje. A continuación examinaremos cada una de estas variables.

El grado de apertura de la economía

El efecto de la magnitud del comercio bilateral sobre la conveniencia de conformar una unión monetaria es ambiguo16. Por una parte, cuantos más países comercien entre sí, mayores serán los beneficios de una unión monetaria, porque se reducirán más los costos de transacción. De manera similar, cuanto más profunda sea la interacción financiera entre países, mayores serán los beneficios de una unión monetaria. Por otra parte, en economías más abiertas, los shocks externos ejercen un mayor efecto sobre el producto y el consumo, por lo cual el tipo de cambio es más eficaz como herramienta de ajuste (véase, por ejemplo, Ricci, 1997). Así, el efecto del comercio sobre la conveniencia de formar una unión monetaria es ambiguo17. Cuál efecto prevalecerá dependerá en parte del grado en el que las fluctuaciones cambiarias nominales redunden en variaciones reales del tipo de cambio. Si los precios y salarios se ajustan rápidamente al tipo de cambio, este no resultará una herramienta de ajuste eficaz y es posible que predomine el primer efecto (la reducción de los costos de transacción). Por lo general, la bibliografía sobre zonas monetarias óptimas enfatiza este primer efecto.

Estados Unidos es el principal socio comercial de los países de América Central y el comercio con ese país es más importante que el comercio intrarregional. En promedio, Estados Unidos recibió el 60% de las exportaciones de América Central y provino de Estados Unidos el 42% de las importaciones hacia esta región durante los últimos cinco años (cuadro 5.3)18. Por otra parte, otros países de América Central recibieron en promedio un 17% de las exportaciones y representaron un 11% de las importaciones en el mismo período. Además, el grado en el que estos países comercian con el resto de la región es dispar, desde menos del 5% en el caso de la República Dominicana hasta cerca del 30% en el de Nicaragua19. En la mayoría de los casos, la participación del comercio con Estados Unidos aumentó en la última década y, como se muestra en la sección II, se prevé que esta tendencia se intensifique como resultado del CAFTA-DR20. El comercio entre los siete países de América Central no registró una tendencia claramente alcista.

Cuadro 5.3.Estructura comercial y apertura(Porcentaje del total; a menos que se indique lo contrario son promedios del período)
Costa RicaEl SalvadorGuatemalaHonduras
1990–941995–991999–20031990–941995–991999–20031990–941995–991999–20031990–941995–991999–2003
Distribución regional de exportaciones
Estados Unidos76,164,761,857,449,665,261,561,562,955,865,168,5
Otros países de América Central114,813,412,137,349,633,131,624,317,18,013,66,5
Resto del mundo9,121,826,15,30,81,77,014,220,036,221,425,0
Distribución regional de importaciones
Estados Unidos52,844,040,343,040,347,443,040,934,742,548,354,9
Otros países de América Central19,48,15,918,322,919,610,510,811,011,714,48,4
Resto del mundo37,847,953,838,636,833,046,148,354,445,837,336,7
Apertura2
Bienes59,171,673,027,452,258,235,737,540,361,473,465,8
Bienes y servicios76,688,991,837,060,873,343,343,346,676,497,383,5
NicaraguaPanamáRepública Dominicana
1990–941995–991999–20031990–941995–991999–20031990–941995–991999–2003
Distribución regional de exportaciones
Estados Unidos27,939,237,639,132,239,959,980,286,2
Otros países de América Central120,623,632,413,315,115,80,40,60,9
Resto del mundo51,537,130,047,652,744,239,619,212,9
Distribución regional de importaciones
Estados Unidos22,232,827,736,739,528,741,759,857,6
Otros países de América Central126,033,826,95,06,05,81,31,82,3
Resto del mundo51,833,445,358,454,565,557,138,440,2
Apertura2
Bienes48,344,856,832,032,529,161,774,872,3
Bienes y servicios52,058,873,775,062,856,885,499,495,1
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: En algunos casos se utilizaron datos de países con los cuales mantienen relaciones comerciales y se hicieron ajustes para obviar algunos problemas de datos de la serie original. Debido a estos problemas, los datos deben ser interpretados con precaución.

Los países de América Central son Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y la República Dominicana.

Suma de las exportaciones e importaciones como porcentaje del PIB.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: En algunos casos se utilizaron datos de países con los cuales mantienen relaciones comerciales y se hicieron ajustes para obviar algunos problemas de datos de la serie original. Debido a estos problemas, los datos deben ser interpretados con precaución.

Los países de América Central son Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y la República Dominicana.

Suma de las exportaciones e importaciones como porcentaje del PIB.

En promedio, los países de América Central están tan abiertos como lo estaban las economías de Europa en la década de 1980, aunque comercian menos entre sí. No obstante, si se agrega el porcentaje del comercio con Estados Unidos al comercio entre los países de América Central, estos comercian más entre sí que los países de la comunidad de Europa durante los años setenta y ochenta.

Estados Unidos es el principal acreedor de la mayoría de los países de América Central. A partir de datos del Banco de Pagos Internacionales (BPI) se midió el alcance de las transacciones financieras de los países de América Central entre sí y con Estados Unidos (cuadro 5.4)21. Estos datos indican que, a excepción de Nicaragua y la República Dominicana, Estados Unidos es el acreedor más grande de América Central22. Los bancos de Europa, considerados como grupo, también están muy expuestos y, en algunos casos, aún más que los bancos de Estados Unidos. En los países de América Central—salvo Nicaragua y Costa Rica —, los bancos de Estados Unidos, de Europa y de Japón representan más de las dos terceras partes de los bancos declarantes del BPI, con lo cual queda sin explicar solo una participación residual relativamente pequeña. La participación de las transacciones financieras entre los países de América Central no es muy elevada.

Cuadro 5.4.Créditos consolidados de los bancos declarantes de los países de América Central(Por nacionalidad del banco declarante, en millones de dólares de EE.UU.)
Bancos acreedores
Total de

créditos
Estados

Unidos
Bancos

europeos
JapónOtro
Costa Rica2.988496656241.812
Porcentaje de créditos totales100,016,622,00,860,6
El Salvador2.3229057180699
Porcentaje de créditos totales100,039,030,90,030,1
Guatemala1.9627975470618
Porcentaje de créditos totales100,040,627,90,031,5
Honduras7612163910154
Porcentaje de créditos totales100,028,.451,40,020,2
Nicaragua342511010190
Porcentaje de créditos totales100,014,929,50,055,6
República Dominicana2.9475001.41601.031
Porcentaje de créditos totales100,017,048,00,035,0
Fuentes: Banco de Pagos Internacionales, Quarterly Review, y cálculos del personal técnico del FMI.
Fuentes: Banco de Pagos Internacionales, Quarterly Review, y cálculos del personal técnico del FMI.

El tamaño de la economía

Cuanto más pequeña es la economía, mayores son los beneficios de la unión monetaria. Ello se debe a que las economías pequeñas también suelen ser más abiertas.

Los países de América Central son relativamente pequeños. En 2003 su PIB promedio fue de US$13.700 millones. Si se compara su situación con la de los países de Europa 10 y 20 años antes de la UME, surge que los países de América Central son significativamente más pequeños (Luxemburgo sería la única economía de Europa de magnitud semejante). Esto es especialmente cierto respecto del tamaño de los países de América Central con relación a Estados Unidos, su país ancla potencial, en comparación con los países de Europa respecto de Alemania23.

El movimiento conjunto de los ciclos económicos

Cuanto más importante es el movimiento conjunto de los ciclos económicos, menores son los costos de resignar la flexibilidad cambiaria. De hecho, cuando el movimiento conjunto de los ciclos económicos es considerable, la aplicación de políticas adecuadas por parte del país ancla (o de la unión) propicia la estabilización económica de los demás países.

Como se analiza en la sección II, la sincronización de los ciclos económicos con relación a Estados Unidos y parcialmente dentro de la región se acentuó en los últimos años y se espera que aumente aún más con la puesta en marcha del CAFTA-DR. El cuadro 5.A1 del apéndice complementa el análisis de la correlación teniendo en cuenta el tamaño de las fluctuaciones del producto en América Central con relación a las de Estados Unidos y los países de Europa24. La importancia de concentrarse en esta medida radica en que, además de captar los movimientos conjuntos del crecimiento del producto de dos países, el cuadro también refleja la magnitud de la variabilidad de las tasas de crecimiento individuales de los dos países. Esto es importante porque si, por ejemplo, el producto del país ancla varía menos que el de su país cliente, aun cuando exista correlación, la respuesta del primero a los shocks no revestirá mayor importancia25. El grado de la correlación de los movimientos del producto con Estados Unidos aumentó en la última década (1994–2003) en comparación con la anterior (1984–93) para todos los países de América Central salvo Honduras. En promedio, el movimiento conjunto de los productos también aumentó dentro de la región durante el mismo período. El grado de movimiento conjunto de los productos de los países de América Central entre sí es, en promedio, menos pronunciado que el correspondiente entre cada país de América Central y Estados Unidos.

Una comparación entre la Europa de 10 y 20 años antes de la UME y América Central revela un grado similar de movimiento conjunto del producto. De hecho, el promedio de todos los indicadores de movimiento conjunto de los productos entre los 12 países de Europa que formaron la UME fue de 0,028 y 0,022 en las décadas finalizadas en 1979 y 1989, respectivamente, comparado con 0,025 en América Central para la década finalizada en 2003.

El movimiento conjunto del producto de los países de América Central, medido a través de correlaciones de a pares, es mayor con Estados Unidos, lo cual muestra la importancia del vínculo común con este país. La correlación promedio del crecimiento del producto de los países de América Central con el de Estados Unidos fue de 0,44 en la década finalizada en 2003, mientras que el promedio de las correlaciones de a pares entre los países de América Central apenas alcanzó 0,2226. Además, las correlaciones de a pares del crecimiento de los productos entre los países de América Central, sin tener en cuenta la influencia de Estados Unidos, reveló un grado significativamente inferior de movimiento conjunto y la correlación promedio cayó a 0,16 (cuadro 5.A2)27.

Shocks en los términos de intercambio

Cuanto menos intensos son los shocks en los términos de intercambio y mayores son los movimientos conjuntos en los términos de intercambio, mayores serán los beneficios de una unión monetaria. La correlación de los shocks en los términos de intercambio depende en parte de la composición por producto del comercio.

Los shocks en los términos de intercambio son de gran tamaño en América Central y mucho más importantes que en Europa antes de la UME (cuadro 5.A3). De hecho, la variación promedio anual absoluta del 9,9% de los términos de intercambio en América Central durante la última década fue más del doble de la que experimentó Europa en la década finalizada en 1989 (3,9%). Estados Unidos sufre shocks en los términos de intercambio mucho más leves, con una variación promedio anual del 1,5% en la última década. La importancia de los shocks en los términos de intercambio se debe en parte a que los países de América Central todavía dependen en gran medida de las exportaciones tradicionales (los productos alimenticios constituyen la principal exportación de la mayoría de ellos, seguida por los productos manufacturados)28. Por cierto, durante la última década, la importancia de los shocks en los términos de intercambio fue menor para aquellos países que más diversificaron su base exportadora: Costa Rica, El Salvador y la República Dominicana29. Por otra parte, la variabilidad de los términos de intercambio de Guatemala, Honduras y Nicaragua aumentó durante el mismo período.

En los países de América Central los movimientos conjuntos de los términos de intercambio se suavizaron en la última década. A su vez, son más fuertes con Estados Unidos y mucho más débiles que en Europa (cuadros 5.A4 y 5.A5 del apéndice)30. La correlación promedio entre los términos de intercambio de todos los países de América Central y Estados Unidos cayó de 0,2 entre 1984 y 1993 a 0,02 entre 1994 y 2003. Además, aunque la correlación promedio de los términos de intercambio de los países de América Central con Estados Unidos fue de 0,12 en la última década, la correlación promedio de los términos de intercambio dentro de la región se redujo considerablemente hasta alcanzar un valor negativo (–0,01). Las correlaciones de Nicaragua son todas negativas; también las de Costa Rica con América Central, aunque presentan una muy pequeña correlación positiva con Estados Unidos; Honduras también presenta varias correlaciones negativas. Por último, la correlación de los términos de intercambio entre los países de Europa es significativamente más fuerte que entre los países de América Central y Estados Unidos.

El grado de sustitución de monedas en la economía

Cuanto mayor sea el grado de sustitución de monedas en la economía, menores serán los costos de establecer una unión monetaria. Esta relación se da porque cuanto mayor sea el grado de sustitución de monedas, más limitados son los efectos de las variaciones del tipo de cambio nominal sobre el tipo de cambio real. Ello se debe no solo a que el tipo de cambio no afecta al precio en el mercado interno de los bienes cuyos precios se fijan en dólares, sino también a que, en economías de alta sustitución de monedas, el traslado de las variaciones del tipo de cambio a precios fijados internamente suele ser veloz.

Como se detalla en la sección VI, el grado de sustitución de monedas en las economías de América Central es alto (aunque varía considerablemente de un país a otro). Excluyendo los países plenamente dolarizados, la dolarización financiera alcanza casi el 40% del total de los activos del sistema bancario, lo cual está muy por encima de los valores de Europa de 1979 y 1989.

Las tasas de inflación y el movimiento conjunto de los precios

Cuanto mayor y más volátil sea la tasa de inflación y mayor el movimiento conjunto de los precios, más grandes serán los beneficios de una unión monetaria. Ello se debe a que, a mayor inflación, mayores son los beneficios de “adquirir credibilidad monetaria”. Asimismo, a mayores movimientos conjuntos de los precios, menos posibilidades existen de desajustes de competitividad cuando el tipo de cambio es fijo.

Las tasas de inflación y la variabilidad inflacionaria disminuyeron en los últimos años (cuadro 5.A6). Las tasas de inflación disminuyeron en todas las economías de América Central y, en el caso de algunas, las tasas convergieron, acercándose a los niveles de los países avanzados. Al mismo tiempo disminuyó la variabilidad inflacionaria de cada uno de los países, así como la dispersión entre los países de América Central. En la última década aumentó el movimiento conjunto de los precios en América Central; sin embargo, esto no es tan marcado como en Europa, en relación con el país ancla y entre todos los pares de países clientes excluido el país ancla (cuadro 5.A7).

La tasa de inflación promedio de América Central en la última década fue del 9,5%, algo superior al 7,8% de Europa en la década finalizada en 1989. De manera similar, la diferencia entre promedios excluido el país ancla (es decir, Estados Unidos en el caso de América Central y Alemania en el caso de Europa) fue mayor para América Central.

La movilidad de los factores

Cuanto mayor es la movilidad de los factores, menores son los costos por resignar la flexibilidad cambiaria. El motivo es que la mayor movilidad de factores reasigna los recursos, facilitando el ajuste necesario, aun en ausencia de flexibilidad cambiaria.

La información cuantitativa sobre la movilidad de los factores es escasa. Un análisis de la flexibilidad del mercado laboral excedería el alcance de esta sección, por lo cual consideraremos solo algunos indicadores muy rudimentarios. El promedio de la tasa de desempleo de las economías de América Central osciló alrededor del 8% entre 1997 y 2002, un poco por debajo del 9,6% de los países de Europa entre 1985 y 198931. Además, según otra medición basada en la variabilidad de participaciones en el empleo de los principales sectores de la economía, los países de América Central parecen tener mayor variabilidad del empleo sectorial, lo que quizá refleje una mayor flexibilidad del mercado laboral32. Además, la emigración de los países de América Central también funciona como amortiguador de shocks en mayor medida que en Europa.

Con relación a la movilidad de capitales, el Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions del FMI señala que los países de América Central tienen regímenes bastante liberales comparados con otros mercados emergentes. Aunque no se dispone de la misma clasificación para los países de Europa en 1979 y 198933, es probable que los de América Central posean ahora en promedio un régimen más liberal que el de Europa en 1979, pero menos liberal que el que tenían los países europeos en 1990, año en el cual se levantaron todas las restricciones a la cuenta de capitales de los países candidatos a la UME.

La flexibilidad fiscal

A mayor flexibilidad fiscal, menores son los costos de resignar la flexibilidad cambiaria. La flexibilidad fiscal también es difícil de medir. Las transferencias fiscales internacionales son muy poco comunes; por lo tanto, importa más la capacidad de la política fiscal que tiene cada uno de los países para responder con flexibilidad a los shocks. Aunque un análisis en profundidad de la flexibilidad fiscal escapa al alcance de esta sección, una medición aproximada es el cociente entre la deuda y el PIB pues, a mayor nivel de deuda, menor es el margen de maniobra para utilizar la política fiscal de manera anticíclica. No obstante, comparar estos cocientes con los de Europa carece de sentido porque la capacidad de América Central para absorber la deuda es mucho menor debido al menor desarrollo de sus mercados financieros internos y a su acceso intermitente a los mercados de capitales internacionales. El nivel de endeudamiento de la mayoría de los países de América Central indica que hay poco margen para utilizar la política fiscal de manera anticíclica. Incluso los países cuya deuda no es alta podrían verse limitados por la disponibilidad de financiamiento (véase la sección IV).

El señoreaje

Cuanto menor es el señoreaje, menor es el costo de renunciar a la moneda nacional. Con simples cálculos se demuestra que el señoreaje de los países de América Central oscila entre el 1% y el 2% del PIB en promedio34. El señoreaje disminuye con la inflación a medida que pasan los años y es probable que disminuya aún más a medida que baja la inflación35. Así, es probable que esta medición sobrestime los costos de dolarizar. Además, en el caso de una unión monetaria de América Central cuya moneda esté vinculada al dólar, es probable que el señoreaje resignado sea menor, pues con un tipo de cambio anclado al dólar es probable que la inflación de América Central sea incluso menor que con una moneda centroamericana que flote libremente.

Por último, los tipos de cambio bilaterales de los países de América Central revelan una variabilidad reducida que puede interpretarse como un indicador que resume el grado de integración. Como muestra el gráfico 5.1, la variabilidad del tipo de cambio bilateral de los países de esta región en relación a Estados Unidos disminuyó sin excepción entre los períodos 1984–93 y 1994–200336. Lo mismo vale para todos los pares posibles de países de América Central. Ello podría interpretarse como evidencia prima facie de una mayor sincronización entre estas economías.

Gráfico 5.1.Variabilidad del tipo de cambio nominal; 1984–20031

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1La variabilidad del tipo de cambio se mide como la desviación estándar de la primera diferencia del logaritmo de los tipos de cambio bilaterales. Los puntos por debajo de la línea de 45 grados denotan una variabilidad del tipo de cambio reducida en el último período.

Lo expuesto en esta subsección sugiere que si la región decidiera adoptar una zona monetaria común, resultaría más sensato anclar la moneda al dólar (o dolarizar) en vez de dejarla flotar. El motivo es que los países de América Central comercian más y están más sincronizados con Estados Unidos que entre sí. Cabe destacar que se espera que el CAFTA-DR promueva más la integración con Estados Unidos que la integración intrarregional. Sin embargo, el análisis de los factores individuales en esta sección no permite extraer conclusiones respecto de la aptitud de América Central para fijar su tipo de cambio con relación al dólar de EE.UU. (o dolarizar). Abordaremos este tema en la próxima subsección.

La selección entre las opciones a largo plazo: El enfoque de los números índice

En este apartado recurriremos a un enfoque de números índice para analizar formalmente la aptitud de los países de América Central con respecto a distintos regímenes cambiarios. El índice brinda un indicador único de aptitud relativa, que toma en cuenta la mayoría de los factores ya señalados. Como se subrayó en la subsección anterior, dado que en la actualidad los países de América Central comercian más con Estados Unidos que entre sí, y debido a los beneficios potenciales de un anclaje monetario con Estados Unidos, esta subsección se centrará en evaluar la aptitud relativa para la dolarización37más que para constituir una zona monetaria común cuya moneda flote libremente contra el dólar. Además, el índice brindará información para cada uno de los países de América Central respecto de la selección entre dolarizar (o establecer un tipo de cambio anclado al dólar de EE.UU.) o dejar flotar la moneda del país libremente contra el dólar. Un valor bajo del índice denota aptitud para la dolarización, mientras que un valor alto indica inaptitud para la dolarización y, por ende, aptitud para dejar flotar la moneda libremente.

Un índice se construye para agregar todos los factores pertinentes que afectan a la evaluación de la aptitud a largo plazo de los distintos tipos de regímenes cambiarios. Aunque en el análisis anterior se tuvieron en cuenta factores específicos pertinentes a la selección del régimen cambiario, un índice tiene la ventaja de resumir toda la información una vez estimada la ponderación relativa de cada factor a partir de un importante corte transversal de datos de los países. El índice utilizado aquí adopta un enfoque de zona monetaria óptima y brinda una manera de formalizar la aptitud relativa de los países de América Central para distintos regímenes cambiarios38. Inicialmente se compararán las aptitudes de estos países en 1993 y 2003. Luego se formularán proyecciones para evaluar cómo puede evolucionar la aptitud de los países de la región en el futuro una vez materializados plenamente los efectos macroeconómicos del CAFTA-DR. Por último, una comparación con los países miembros de la UME antes de la conformación de la unión monetaria brindará un indicador de referencia para comparar la aptitud absoluta de América Central para la dolarización.

El enfoque sigue a Bayoumi y Eichengreen (1997). Como se detalla en el apéndice, el primer paso es estimar una ecuación que explique la variabilidad de los tipos de cambio bilaterales utilizando variables que se consideren determinantes de la aptitud para un zona monetaria óptima, como la sincronización de los ciclos económicos, el volumen del comercio, la similitud en la estructura de comercio y el tamaño de los países. La especificación de las ecuaciones se modificó para que estas se ajustaran mejor a los mercados emergentes y a los países en desarrollo (recuadro 5.2). Las regresiones utilizan una muestra de 53 países, incluyendo el G-7, todos los países de América Latina, todos los países de Europa que integran la UME, Australia y Nueva Zelandia. Las ecuaciones emplean dos especificaciones diferentes: una con la variabilidad nominal del tipo de cambio como variable dependiente y otra con la variabilidad de un indicador de la presión sobre el mercado cambiario. La última se define como el promedio de la variabilidad de las variaciones de los tipos de cambio bilaterales nominales y las reservas oficiales. Este criterio se basa en que algunos países de la muestra mantuvieron un régimen de tipo de cambio fijo durante todo el período de la muestra y, por ende, el indicador de presión sobre el mercado cambiario parece más apropiado si figura como variable dependiente.

Recuadro 5.2.Las regresiones estimadas

La ecuación estimada se especifica de la siguiente manera:

donde y es el indicador de presión sobre el mercado cambiario (EMP) —definido como la variabilidad promedio de los tipos de cambio bilaterales y las reservas internacionales oficiales —o la variabilidad de los tipos de cambio bilaterales, denotados por SD(EXR). SD(Y) captura la variabilidad de los cambios de los productos relativos, SD(P) la variabilidad de los diferenciales de inflación relativos, SD(TOT) la variabilidad de los cambios relativos de los términos de intercambio, TRADE la magnitud del comercio bilateral y SIZE el tamaño del país medido por el promedio aritmético del logaritmo del PIB real de los dos países en dólares de EE.UU. Todas las variables de variabilidad se miden en términos de las desviaciones estándar de las variables subyacentes como se explica en el apéndice. TRADE y SIZE representan los promedios del período.

Las desviaciones estándar y las medias de un panel de 53 países se calculan para tres períodos de muestreo diferentes: 1970–2003, 1980–2003 y 1990–2003. Con 53 países, hay 1.378 pares de países y por ende, potencialmente, 1.378 observaciones en las regresiones. En la práctica, las regresiones comprenden 1.308 observaciones como consecuencia de la ausencia de valores en los datos.

El hecho de que muchos países comprendidos en la muestra, especialmente los de América Central y del Sur, pasaran por turbulencias económicas durante este lapso sugiere que tanto las variables dependientes como las independientes de la regresión pueden verse muy influidas por valores atípicos. A efectos de disminuir la influencia de estos valores atípicos se modificaron las variables subyacentes de los indicadores de volatilidad antes de calcular su desviación estándar1.

El cuadro 5.A8 del apéndice presenta los resultados de las regresiones estimadas para EMP y SD(EXR) para los tres períodos considerados.

La mayoría de los coeficientes estimados tienen el signo esperado y son altamente significativos. Los pocos coeficientes que no presentan el signo esperado en general no son estadísticamente significativos. Los resultados también indican que la bondad del ajuste de las regresiones resulta muy satisfactorio, pues explica entre el 70% y el 90% de la variación del EMP y del SD(EXR), respectivamente, cuando se consideró la muestra completa (1970–2003). Además, los coeficientes estimados son relativamente estables a lo largo de distintos períodos de muestreo, por lo cual parecen servir para realizar proyecciones.

1Se llevó adelante una transformación monotónica dada por z= x/(1 + x) para x> 0 y z= x/(1 - x) para x< 0 que transforma a la variable subyacente x volcándola al intervalo (–1, 1).

Una variable monetaria, la variabilidad de los diferenciales de inflación, se suma a las variables explicativas. Ello se debe a que la variabilidad de los tipos de cambio bilaterales de los países en desarrollo (y los movimientos relativos de reservas) se determina mayormente en función de los fenómenos monetarios. Alesina, Barro y Tenreyro (2002) también enfatizan la importancia de los movimientos conjuntos de los precios y de los productos a la hora de determinar la aptitud de un país para integrar una zona monetaria óptima. En lugar de la variable de disimilitud utilizada por Bayoumi y Eichengreen, se utilizó una variable que captura la variabilidad de los términos de intercambio. Por último, otras variables analizadas en secciones anteriores, como los indicadores de movilidad del mercado laboral y la flexibilidad fiscal, no resultaron estadísticamente significativas (por ejemplo, el desempleo) o bien no pudieron incluirse debido a la escasa cantidad de datos disponibles.

Como muestran los índices estimados, los países de América Central se volvieron más aptos para la dolarización entre 1993 y 2003. De hecho, los índices de todos los países disminuyeron más en el período 1994–2003 que en 1984–93, lo cual indica menor variabilidad cambiaria respecto del dólar de EE.UU. y, por lo tanto, una mayor aptitud para la dolarización (gráfico 5.2 y cuadro 5.A8 del apéndice). El índice de 1984–93 (1994–2003) se calculó con los valores de las variables explicativas de esa década. La mayor aptitud en 2003 respecto de 1993 se explica por el claro aumento de la sincronización de los ciclos económicos y los diferenciales de inflación en la década pasada. Este resultado se mantiene cuando se utiliza cualquiera de las regresiones presentadas en el cuadro 5.A9 del apéndice, así como para todos los pares de países de América Central, lo cual sugiere asimismo una mayor aptitud para constituir una zona monetaria dentro de la región39.

Gráfico 5.2.Índices de la zona monetaria óptima; 1984–20031

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Basados en los índices estimados mediante la regresión (5) del cuadro 5.A9. Los valores menores indican que el país es más apto para la dolarización en el primer panel y que los tipos de cambio bilaterales están fijos en el segundo. Los puntos por debajo de la línea de 45 grados denotan que el país es más apto para esta clase de regímenes cambiarios durante el último período.

Aunque todos los países de América Central se volvieron más aptos para la dolarización, el grado de variación de los índices en los distintos países fue dispar. Nicaragua fue el país que más mejoró su aptitud relativa debido a la estabilización macroeconómica, seguido por Guatemala y la República Dominicana, y los demás países de América Central presentaron variaciones del índice más modestas.

La aptitud para la dolarización no siempre refleja los regímenes cambiarios existentes en los países de América Central. Panamá es el más apto para la dolarización, seguido por Guatemala (gráfico 5.3) y luego Costa Rica y El Salvador. Los menos aptos son Honduras, Nicaragua y la República Dominicana, que resultan más aptos para mantener un tipo de cambio flexible frente al dólar de EE.UU.

Gráfico 5.3.Comparación de los índices de la zona monetaria óptima con respecto a Estados Unidos; 1994–2003

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics y e stimaciones del personal técnico del FMI.

1El eje vertical indica el número de veces que un país determinado apareció en una determinada clasificación de acuerdo con las seis regresiones usadas en el cálculo de los índices. En consecuencia, las clasificaciones varían entre 1 (más apto para la dolarización) y 6 (menos apto para la dolarización).

Una comparación entre los países de América Central y los de Europa antes de la puesta en marcha de la UME revela que la aptitud de América Central para la dolarización es menor que la que Europa tenía como zona monetaria para vincularse al marco alemán. Para evaluar la aptitud absoluta de los países de América Central para ser dolarizados, los índices de la región respecto de Estados Unidos durante el período 1994–2003 se compararon con los índices de los miembros de la UME respecto de Alemania en los años setenta, ochenta y noventa40. En promedio, los índices estimados para América Central durante el período 1994–2003 fueron mayores que los estimados para los países de Europa durante esas tres décadas, lo que indica que estos mostraban mayor aptitud para constituir una zona monetaria con Alemania que los países de América Central para la dolarización en 2003 (véanse el gráfico 5.4 y el cuadro 5.A9 del apéndice).

Gráfico 5.4.América Central y Europa: Índices de la zona monetaria óptima

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics, y estimaciones del personal técnico del FMI.

*Período 1: 1984–93 para los países de América Central; 1970–79 para Europa.

**Período 2: 1994–03 para los países de América Central; 1980–89 para Europa.

Los valores menores del índice denotan mayor aptitud del país para el mantenimiento de un tipo de cambio fijo con Alemania, en el caso de los países de Europa, y para la dolarización, para los de América Central. Los puntos por debajo de la línea de 45 grados indican mayor aptitud de los países para estos regímenes cambiarios en el último período.

Ninguno de los países de América Central tiene índices comparables con los de los países de Europa más aptos para conformar una unión monetaria con Alemania, como los Países Bajos, Austria y Francia. Sin embargo, algunos países de América Central tienen índices comparables con los de los países de Europa que parecían menos aptos para integrar la UME, como España, Grecia, Irlanda y Portugal durante los años ochenta y noventa. Si se compara el promedio de los índices de los países de América Central con el promedio de los índices de los países de Europa occidental, excluida Alemania, el análisis muestra que América Central es menos apta para formar una unión monetaria que Europa en la década de 1990. Sin embargo, según cuál sea la regresión utilizada para calcular estos índices, la comparación con la Europa de la década de 1980 arroja resultados mixtos.

Es probable que el CAFTA-DR y otras iniciativas regionales hagan que América Central se torne relativamente más apta para ser dolarizada. Las consecuencias macroeconómicas del CAFTA-DR se analizaron en la sección II; los resultados allí presentados proyectaban un aumento significativo del comercio y la sincronización de los ciclos económicos con Estados Unidos, con lo que la región se volvía potencialmente más apta para la dolarización41. Sobre la base del análisis de la sección II y otros supuestos (descritos en el recuadro 5.3), se prevé que los índices de los países de América Central disminuyan, lo cual hará a los países más aptos para adoptar la dolarización (cuadro 5.A10). No obstante, en promedio, América Central continúa siendo menos apta para la dolarización que los países de Europa para una unión monetaria con Alemania en los años setenta, ochenta y noventa42.

Recuadro 5.3.Proyecciones de índices de países de América Central

Se realizó el ejercicio de proyectar los índices de los países de América Central correspondientes al período 2004–13, teniendo en cuenta el posible efecto del CAFTA-DR. Aquí se describe cómo se calcularon las proyecciones de las variables independientes.

Como señalaron Bayoumi y Eichengreen (1997), es difícil proyectar índices de zonas monetarias óptimas a partir de ecuaciones estimadas, dado que las variables explicativas son desviaciones estándar o promedios correspondientes a una década. De hecho, para cada variable explicativa hay a lo sumo tres observaciones que no se superponen que pueden obtenerse de la muestra completa utilizada en este estudio. Debido a estas limitaciones y a los quiebres estructurales observados en numerosos países durante este período, en muchos casos podría conducir a error limitarse a extrapolar la tendencia determinística en el tiempo. Una excepción es la variable SIZE (tamaño), cuya tendencia resultó relativamente estable durante el período considerado y, por ello, para las proyecciones se la extrapoló utilizando una tendencia lineal en el tiempo.

Dadas estas limitaciones, se adoptó un enfoque menos ambicioso para las proyecciones de los índices de América Central respecto de las de Estados Unidos.

  • En primer lugar, para aquellas variables explicativas para cuya proyección se encontró poca orientación empírica o teórica, se utilizaron los valores reales durante el período 1994–2003 (el último período de diez años de la muestra). En esta categoría se encuentran la variabilidad de la inflación y los términos de intercambio.
  • En segundo lugar, se proyectó la variabilidad de los productos relativos suponiendo el comienzo del CAFTA-DR en 2005 y utilizando información obtenida de la experiencia de México posterior al TLCAN (véase la sección II). La desviación estándar del crecimiento del PIB real de cada país fue reducida en la misma proporción que el porcentaje por el cual cayó la variabilidad de la producción de México tras la puesta en marcha del TLCAN. En relación al movimiento conjunto del producto con respecto al de Estados Unidos, se consideraron dos escenarios alternativos a los fines de su comparación: el primero supone que no hay ningún efecto sobre la correlación del producto una vez instaurado el CAFTA-DR y el segundo supone un aumento en la correlación al nivel experimentado por México con posterioridad al TLCAN1.
  • Por último, se proyectó el cociente comercial promedio a partir de información tomada de Hilaire y Yang (2003), cuya simulación indica que el volumen comercial entre los países del CAFTA-DR y Estados Unidos podría más que triplicarse una vez puesto en práctica el tratado. Se supone que el CAFTA-DR tendrá un efecto comercial igualitario y constante sobre todos los países de América Central y que los beneficios del tratado se alcanzarían por completo en un lapso de cinco años; asimismo, se supone que el PIB de cada uno de los países mantiene la tasa de crecimiento promedio de la última década. Con fines comparativos, también se consideró la alternativa en la que las repercusiones del CAFTA-DR sobre el comercio toman más tiempo y recién se alcanzarían plenamente una vez transcurridos diez años.

Se realizaron cuatro conjuntos de proyecciones, para cada uno de los cuales se usaron las seis regresiones; sus resultados se presentan en el cuadro 5.A10. El primer conjunto de proyecciones supone que el efecto total sobre el comercio se alcanza a los diez años de la entrada en vigencia del tratado y que solo se reduce la volatilidad del producto sin que aumente la correlación de los productos entre los países. El segundo conjunto parte de los mismos supuestos que el primero pero también supone que la correlación del producto con Estados Unidos se corresponde con la experimentada por México con posterioridad al TLCAN. El tercer conjunto y el cuarto son iguales a los primeros dos, respectivamente, pero con el supuesto de que el efecto total del CAFTA-DR sobre el comercio se concreta transcurridos cinco años de vigencia.

1El método utilizado para la variabilidad del producto de cada país no se aplicó a la correlación con Estados Unidos debido a su correlación inicial, en algunos casos negativa, y a la restricción de mantener la correlación dentro del intervalo [–1, 1].

Los resultados presentados aquí deberían interpretarse con reservas. El enfoque utilizado puede brindar ideas desde una perspectiva a largo plazo pero tiene ciertas limitaciones al aplicarse a países en desarrollo. Este ejercicio supone que los determinantes de la presión cambiaria y la variabilidad del tipo de cambio son las variables económicas que se consideran aquí como factores explicativos, es decir, factores estructurales a largo plazo. Aunque se trata de un supuesto razonable a largo plazo, en el período de la muestra en cuestión otros factores (por ejemplo, acontecimientos políticos y diversos obstáculos a los flujos de capital) podrían haber ejercido presiones sobre el tipo de cambio y los mercados cambiarios y podrían haber perdurado lo suficiente como para afectar a resultados de estas estimaciones.

Conclusiones

En esta sección se analizó la aptitud relativa de los países de América Central para adoptar diferentes tipos de regímenes cambiarios a partir de una metodología uniforme y una perspectiva regional. No se recomienda ni apoya ningún cambio de régimen, sino que el objetivo es brindar un contexto analítico para las consideraciones a largo plazo de los países acerca de sus regímenes cambiarios mientras que avanzan por el sendero de la integración regional e internacional. Durante la última década, América Central hizo grandes avances en cuanto a mejorar la estabilidad macroeconómica y la integración económica. Se espera que el CAFTA-DR y otras iniciativas regionales profundicen la integración con Estados Unidos y también dentro de la región. Estos adelantos deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar las opciones para el régimen cambiario a largo plazo de los países de América Central.

El análisis sugiere que, si América Central eligiera constituir una zona monetaria, parecería más conveniente fijar la moneda al dólar de EE.UU. o dolarizar que adoptar una moneda común a la región que flote libremente. El motivo es que los vínculos económicos y la sincronización de los ciclos económicos existentes y los esperados como resultado del CAFTA-DR son mayores con Estados Unidos que dentro de la región.

La aptitud de América Central para la dolarización aumentó durante la última década pero aún no alcanza el nivel de los países de Europa para conformar una zona monetaria con Alemania. Dada la mayor sincronización de los ciclos económicos, los menores diferenciales de inflación y los mayores flujos comerciales, entre 1993 y 2003 los países de América Central se volvieron más aptos para fijar su tipo de cambio al dólar o para dolarizar43. No obstante, la región todavía parece menos apta para una unión monetaria que los Estados miembros de la UME en los años setenta, ochenta y noventa, aun considerando los efectos proyectados del CAFTA-DR.

La aptitud relativa de los países de América Central para la dolarización no siempre refleja los regímenes cambiarios existentes. Panamá es el país más apto para la dolarización, seguido por Guatemala. Detrás de estos se hallan Costa Rica y El Salvador. Honduras, Nicaragua y la República Dominicana son los países menos aptos para la dolarización y, por ello, los más aptos para un tipo de cambio flexible respecto del dólar de EE.UU.

Si los países de América Central eligieran dolarizar como objetivo a largo plazo, los requisitos previos y los criterios de convergencia deberían considerarse con sumo cuidado. Ello reviste gran importancia por cuanto la disciplina fiscal es crítica al adoptar un régimen de tipo de cambio inflexible. Por cierto, los criterios de convergencia fiscal de Maastricht fueron hitos importantes para la UME. Además de la disciplina fiscal, algunas otras reformas estructurales e institucionales constituyen también requisitos previos para dolarizar, en particular las reformas que aumentan la flexibilidad de los mercados de factores y fortalecen el sector financiero. En el caso de las economías ya oficialmente dolarizadas, el acento debería ponerse en políticas que garanticen un grado adecuado de competitividad y la sostenibilidad de estos regímenes, por ejemplo mediante una política salarial apropiada.

Ciertas consideraciones a corto plazo respecto de la selección del régimen cambiario y las circunstancias propias de cada país pueden llevar a conclusiones que difieren de las sugeridas en esta sección. Las restricciones existentes pueden limitar las opciones en cuanto a régimen cambiario a corto plazo o simplemente hacer que resulte más deseable otra opción. Cualquiera que sea el régimen cambiario elegido a corto plazo, la consolidación de una prudente gestión económica, la incorporación de reformas estructurales necesarias y el fortalecimiento de las instituciones asegurarían que los encargados de tomar decisiones de política pública tuvieran, a largo plazo, la opción de elegir a partir de todo el espectro de regímenes cambiarios posibles.

Apéndice. Apéndice técnico

El índice de la zona monetaria óptima de Bayoumi y Eichengreen

Bayoumi y Eichengreen desarrollaron un procedimiento para poner en práctica la teoría de la zona monetaria óptima. Aplicaron este enfoque a varias regiones del mundo, pero el trabajo sobre el que se basa esta sección es el que se refiere específicamente a Europa occidental (Bayoumi y Eichengreen, 1997).

Bayoumi y Eichengreen comienzan por estimar una ecuación que vincula la variabilidad del tipo de cambio con variables consideradas determinantes de la aptitud de un país para participar en una zona monetaria. Se concentran en la variabilidad de los tipos de cambio bilaterales nominales, porque constituir una unión monetaria equivale a fijar los tipos de cambio nominales. Las variables explicativas son representativas de la sincronización de las fluctuaciones de los productos, la dimensión del comercio bilateral, la disimilitud de la estructura de las exportaciones y el tamaño de las economías. Otras variables identificadas en la bibliografía sobre zonas monetarias óptimas, como la movilidad de factores y los estabilizadores automáticos, no desempeñan un papel importante más allá de las fronteras nacionales, por lo que no se incluyen en esta especificación.

Las definiciones exactas de las variables empleadas por Bayoumi y Eichengreen son las siguientes. La variable dependiente, SD(E), es la desviación estándar de la diferencia de los logaritmos de los tipos de cambio bilaterales durante el período considerado para la muestra. Así, cuanto mayor sea esta variable, mayor será la variabilidad del tipo de cambio entre las monedas de los dos países y menos aptos resultarán estos para integrar una unión monetaria. Las variables independientes son las siguientes:

SD(Y), es la desviación estándar de las diferencias de los productos relativos de los dos países durante el período correspondiente a la muestra; cuanto mayor sea esta variable, menor sincronización habrá entre los ciclos económicos de los dos países.

TRADE, (comercio), es la media del cociente entre las exportaciones bilaterales y el PIB del período correspondiente a la muestra; cuanto mayor sea esta variable, mayor será el comercio bilateral.

DIS, la suma de las diferencias absolutas entre las participaciones de las cinco categorías de productos exportados en las exportaciones totales de los dos países durante el período correspondiente a la muestra; cuanto mayor sea esta variable, mayor será la disimilitud en la composición de las exportaciones.

SIZE, (tamaño), la media de los logaritmos del PIB de los dos países en dólares, lo cual a la vez refleja el tamaño de estos.

Se trata de una ecuación de corte transversal con tantas observaciones como pares de países. El período de la muestra considerado determina el horizonte temporal para el cual se calculan las desviaciones estándar y las medias.

Se espera que todos los signos sean positivos, exceptuando los de comercio bilateral. Cuanto mayor sea la desviación estándar de las variaciones de los productos relativos, mayor resultará la disimilitud en la estructura del comercio, y cuanto más grandes sean los países, mayor será la variabilidad esperada en el tipo de cambio, por lo que menos aptos resultarán estos países para constituir una unión monetaria. Por otra parte, se espera que el signo de la variable de comercio sea negativo pues, cuantos más países comercien entre sí, menor será la variabilidad del tipo de cambio esperada.

La ecuación estimada por Bayoumi y Eichengreen es

R2= 0,51, cantidad de observaciones = 210

donde los subíndices ij denotan el par de países i y j. Los errores estándar se consignan entre paréntesis.

Posteriormente, Bayoumi y Eichengreen utilizan la ecuación estimada para predecir los índices de las zonas monetarias óptimas. Estos constituyen el valor estimado de la variable dependiente (la desviación estándar de la diferencia de los logaritmos de los tipos de cambio bilaterales) obtenido a partir del valor proyectado de las variables explicativas calculado, a su vez, extrapolando la tendencia. Calculan índices de zonas monetarias óptimas para 1987, 1991 y 1995 y calculan los de 15 países de Europa occidental en relación con Alemania. Cuanto menor es el valor del índice, mayor es la aptitud para conformar una zona monetaria.

Cuadro 5.A1.Movimientos conjuntos de los productos1
América Central y Estados Unidos2
Estados

Unidos
Costa

Rica
El SalvadorGuatemalaHondurasNicaraguaPanamáRepública

Dominicana
Estados Unidos0.0260,0210.0310.0230,0490,0770,045
Costa Rica0,0210,0240,0230,0240,0390,0700,032
El Salvador0,0170,0240,0250,0270,0450,0710,028
Guatemala0,0100,0220,0100,0220,0450,0730,022
Honduras0,0290,0430,0320,0270,0470,0760,035
Nicaragua0,0150,0290,0180,0150,0350,0370,023
Panamá0,0170,0270,0290,0220,0310,0250,026
República Dominicana0,0220,0350,0500,0400,0350,0560,089
Europa3
AlemaniaFranciaItaliaEspañaPortugalBélgicaLuxemburgoIrlandaPaíses BajosAustriaFinlandiaGreciaDinamarcaSueciaReino

Unido
Alemania0,0110,0200,0290,0250,0180,0170,0310,0150,0190,0270,0300,0120,0290,016
Francia0,0350,0200,0210,0280,0130,0160,0290,0070,0160,0250,0340,0190,0250,019
Italia0,0420,0140,0330,0300,0200,0190,0330,0200,0250,0330,0490,0270,0320,027
España0,0310,0130,0170,0370,0220,0300,0350,0220,0260,0310,0410,0300,0330,028
Portugal0,0520,0230,0240,0230,0280,0300,0320,0320,0280,0360,0430,0310,0450,028
Bélgica0,0420,0110,0070,0160,0210,0110,0350,0110,0210,0270,0390,0220,0270,025
Luxemburgo0,0370,0240,0260,0220,0330,0240,0350,0160,0250,0250,0400,0240,0250,026
Irlanda0,0380,0150,0170,0190,0250,0160,0270,0340,0360,0420,0500,0380,0480,031
Países Bajos0,0300,0160,0150,0150,0310,0170,0210,0180,0180,0280,0370,0210,0240,023
Austria0,0390,0110,0160,0170,0250,0150,0290,0200,0160,0260,0410,0230,0300,029
Finlandia0,0420,0090,0100,0160,0210,0080,0290,0150,0180,0120,0390,0320,0180,029
Grecia0,0400,0190,0170,0250,0340,0150,0220,0210,0180,0220,0190,0290,0400,028
Dinamarca0,0350,0250,0250,0280,0440,0280,0380,0320,0240,0230,0260,0280,0340,019
Suecia0,0380,0140,0100,0160,0290,0130,0290,0190,0140,0150,0120,0210,0190,032
Reino Unido0,0250,0220,0250,0160,0370,0270,0300,0310,0200,0240,0260,0310,0210,022
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Los movimientos conjuntos de los productos se miden como la desviación estándar de la diferencia en el logaritmo del producto real de dos países. Menores valores indican mayor movimiento conjunto.

En la parte superior de la matriz el período es 1984–93; en la parte inferior, 1994–2003. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos del producto aumentaron en el último período.

En la parte superior de la matriz el período es 1970–79; en la parte inferior, 1980–89. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos del producto aumentaron en el último período.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Los movimientos conjuntos de los productos se miden como la desviación estándar de la diferencia en el logaritmo del producto real de dos países. Menores valores indican mayor movimiento conjunto.

En la parte superior de la matriz el período es 1984–93; en la parte inferior, 1994–2003. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos del producto aumentaron en el último período.

En la parte superior de la matriz el período es 1970–79; en la parte inferior, 1980–89. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos del producto aumentaron en el último período.

Cuadro 5.A2.Fuente de los movimientos conjuntos de los productos
Correlaciones de crecimiento del producto
Estados

Unidos
Costa RicaEl SalvadorGuatemalaHondurasNicaraguaPanamáRepública

Dominicana
Estados Unidos0,2300,327–0,4630,246–0,284–0,3870,125
Costa Rica0,5990,3630,4250,4050,3800,0690,669
El Salvador0,3110,4090,1040,0480,015–0,0400,154
Guatemala0,5920,5240,8090,3830,022–0,1060,550
Honduras–0,184–0,436–0,226–0,012–0,103–0,2490,058
Nicaragua0,5230,1530,4290,547–0,3240,8810,522
Panamá0,7190,388–0,0670,3270,1320,2440,428
República Dominicana0,5330,114–0,1470,3990,6410,120–0,224
Correlaciones de crecimiento del producto luego de eliminar la influencia de Estados Unidos1
Costa RicaEl SalvadorGuatemalaHondurasNicaraguaPanamáRepública

Dominicana
Costa Rica0,3070,6450,3110,4980,2250,694
El Salvador0,2920,294–0,0370,1190,0990,003
Guatemala0,4330,6160,490–0,067–0,2480,456
Honduras–0,458–0,188–0,075–0,064–0,2050,102
Nicaragua0,0660,2890,637–0,3480,8760,449
Panamá0,266–0,2000,5170,0230,4310,305
República Dominicana–0,149–0,1980,5220,6060,177–0,162
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: La parte superior de cada matriz informa las correlaciones sobre el período 1984–93, mientras que la parte inferior se refiere al período 1994–2003.

Se realizó una regresión de las series de crecimiento del producto respecto del crecimiento de Estados Unidos y se obtuvieron las correlaciones con los residuos de esta regresión.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: La parte superior de cada matriz informa las correlaciones sobre el período 1984–93, mientras que la parte inferior se refiere al período 1994–2003.

Se realizó una regresión de las series de crecimiento del producto respecto del crecimiento de Estados Unidos y se obtuvieron las correlaciones con los residuos de esta regresión.

Cuadro 5.A3.Términos de intercambio1
1984–931994–20031970–791980–89
América Central8,189,94Europa4,433,95
Costa Rica7,370,32Alemania3,114,13
El Salvador14,0312,46Austria1,672,35
Guatemala6,577,71Bélgica1,921,82
Honduras4,868,25España5,075,03
Nicaragua5,3535,21Finlandia
Panamá4,772,93Francia3,533,20
República Dominicana14,292,72Grecia13,377,24
Irlanda6,142,41
Estados Unidos1,831,48Italia3,823,97
Luxemburgo
Países Bajos1,531,66
Portugal4,147,72
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Promedios de los cambios porcentuales anuales absolutos en los términos de intercambio.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Promedios de los cambios porcentuales anuales absolutos en los términos de intercambio.

Cuadro 5.A4.Movimientos conjuntos de los términos de intercambio
América Central y Estados Unidos1
Estados

Unidos
Costa

Rica
El SalvadorGuatemalaHondurasNicaraguaPanamáRepública

Dominicana
Estados Unidos0,0260,0210,0310,0230,0490,0770,045
Estados Unidos0,0900,1720,0740,0960,0670,0580,179
Costa Rica0,0190,1280,0530,1300,1250,0840,199
El Salvador0,1760,1820,1170,2190,2040,1510,168
Guatemala0,0870,0910,1830,1280,1140,0570,077
Honduras0,0910,0960,1970,0310,0880,1110,086
Nicaragua0,4130,4020,4920,4350,4400,0850,421
Panamá0,0390,0360,1910,0860,0850,4060,046
República Dominicana0,0280,0370,1900,1890,2550,2130,193
Europa2
AlemaniaFranciaItaliaEspañaPortugalBélgicaLuxemburgoIrlandaPaíses BajosAustriaFinlandiaGrecia
Alemania0,0330,0320,0620,0720,0480,0780,0360,0350,188
Francia0,0300,0470,0550,0690,0500,0700,0460,0470,196
Italia0,0310,0310,0530,0810,0560,0800,0450,0530,186
España0,0380,0400,0360,0830,0700,0710,0640,0750,182
Portugal0,1070,1250,1260,1170,0410,1090,0580,0530,211
Bélgica0,0490,0470,0520,0650,1010,0890,0220,0240,195
Luxemburgo
Irlanda0,0440,0340,0510,0560,1190,0390,0810,0880,178
Países Bajos0,0580,0440,0580,0720,1220,0280,0350,0240,185
Austria0,0570,0460,0530,0640,1260,0380,0350,0310,187
Finlandia0,1520,1350,1470,1630,2200,1400,1350,1170,128
Grecia0,0910,1000,0950,1090,1000,0760,1070,0970,1080,185
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Los movimientos conjuntos de los términos de intercambio se miden como la desviación estándar de la diferencia en el logaritmo de los términos de intercambio de dos países. Un número menor indica un movimiento conjunto mayor.

En la parte superior de la matriz el período es 1984–93, en la parte inferior, 1994–2003. La letra negrita indica que el movimiento conjunto aumentó en el último período.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Los movimientos conjuntos de los términos de intercambio se miden como la desviación estándar de la diferencia en el logaritmo de los términos de intercambio de dos países. Un número menor indica un movimiento conjunto mayor.

En la parte superior de la matriz el período es 1984–93, en la parte inferior, 1994–2003. La letra negrita indica que el movimiento conjunto aumentó en el último período.

Cuadro 5.A5.Correlaciones de los términos de intercambio
América Central y Estados Unidos1
Estados

Unidos
Costa

Rica
El SalvadorGuatemalaHondurasNicaraguaPanamáRepública

Dominicana
Estados Unidos0,5320,6350,602–0,464–0,0890,3070,411
Costa Rica0,0330,7600,8480,003–0,1570,5490,144
El Salvador0,238–0,5700,887–0,209–0,1430,6920,536
Guatemala0,253–0,3140,207–0,154–0,1760,7530,416
Honduras0,312–0,3050,0750,9470,285–0,174–0,512
Nicaragua–0,590–0,092–0,337–0,278–0,3090,0120,115
Panamá–0,014–0,375–0,2690,2870,450–0,091
República Dominicana0,615–0,2650,210–0,750–0,2870,0590,0590,406
Europa2
AlemaniaFranciaItaliaEspañaPortugalBélgicaLuxemburgoIrlandaPaíses BajosAustriaFinlandiaGrecia
Alemania0,8160,8200,669–0,0780,0970,6170,5060,5760,205
Francia0,8710,6500,7440,2240,4580,7060,6580,5870,074
Italia0,8720,8600,766–0,0530,2480,5620,6510,3270,254
España0,8730,8820,8900,3080,5720,6930,8810,4190,331
Portugal0,4860,1630,1940,3880,7040,0520,0470,267–0,225
Bélgica0,6450,4220,5440,6020,8670,4230,5620,525–0,059
Luxemburgo
Irlanda0,7060,7600,5370,7530,2350,2200,8150,5070,388
Países Bajos0,2960,5610,3130,3980,1150,2710,3410,3420,395
Austria0,3760,4800,4760,6030,0060,0700,4420,2550,282
Finlandia–0,258–0,076–0,157–0,413–0,522–0,493–0,3480,482–0,028
Grecia0,3780,1550,3040,1970,6020,770–0,214–0,050–0,356–0,554
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

En la parte superior de la matriz está el período 1984–93; en la parte inferior, el período 1994–2003. La letra negrita indica que la correlación de los términos de intercambio aumentó en el último período.

En la parte superior de la matriz está el período 1970–79; en la parte inferior, el período 1980–89. La letra en negrita indica que la correlación de los términos de intercambio aumentó en el último período.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

En la parte superior de la matriz está el período 1984–93; en la parte inferior, el período 1994–2003. La letra negrita indica que la correlación de los términos de intercambio aumentó en el último período.

En la parte superior de la matriz está el período 1970–79; en la parte inferior, el período 1980–89. La letra en negrita indica que la correlación de los términos de intercambio aumentó en el último período.

Cuadro 5.A6.Desempeño de la inflación
Promedio1Coeficiente de variación
1984–931994–20031984–931994–2003
América Central467,909,46
Costa Rica17,2312,990,330,33
El Salvador19,674,750,330,85
Guatemala17,227,880,940,32
Honduras10,7915,660,940,48
Nicaragua3.181,7314,371,470,69
Panamá0,841,090,741,09
República Dominicana27,839,500,690,70
Estados Unidos3,802,450,320,27
PromedioCoeficiente de variación
1970–791980–891970–791980–89
Europa8,767,78
Alemania4,882,750,561,59
Austria6,103,800,340,54
Bélgica7,134,900,470,59
España14,1210,250,240,76
Finlandia10,417,280,260,45
Francia8,927,340,550,41
Grecia7,1312,300,210,17
Irlanda12,759,260,260,63
Italia12,4611,380,370,61
Luxemburgo7,004,720,801,32
Países Bajos7,072,840,501,21
Portugal7,1316,560,330,17
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Promedio del período, en porcentaje.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Promedio del período, en porcentaje.

Cuadro 5.A7.Movimientos conjuntos de los precios1
América Central y Estados Unidos2
Estados

Unidos
Costa

Rica
El SalvadorGuatemalaHondurasNicaraguaPanamáRepública

Dominicana
Estados Unidos0,0450,0580,1390,0821,7870,0110,146
Costa Rica0,0360,0830,1370,0651,7630,0460,136
El Salvador0,0360,0250,1350,1131,7820,0580,071
Guatemala0,0230,0320,0260,1091,7560,1410,066
Honduras0,0630,0330,0390,0521,7540,0850,094
Nicaragua0,0790,0780,0640,0690,0761,7940,103
Panamá0,0130,0440,0390,0230,0680,0760,060
República Dominicana0,0570,0710,1630,1640,1351,6850,154
Europa3
AlemaniaFranciaItaliaEspañaPortugalBélgicaLuxemburgoIrlandaPaíses BajosAustriaFinlandiaGrecia
Alemania0,0260,0510,0550,0250,0250,0260,0380,0140,0110,0390,025
Francia0,0240,0300,0380,0200,0200,0220,0270,0270,0220,0290,020
Italia0,0390,0170,0270,0360,0360,0370,0300,0470,0450,0270,036
España0,0230,0130,0230,0480,0480,0500,0480,0530,0520,0420,048
Portugal0,0620,0650,0750,0630,0000,0040,0190,0180,0160,0180,000
Bélgica0,0150,0180,0330,0160,0530,0040,0200,0180,0160,0180,000
Luxemburgo0,0170,0190,0320,0190,0530,0080,0180,0180,0170,0190,004
Irlanda0,0450,0240,0150,0320,0780,0410,0390,0300,0300,0200,019
Países Bajos0,0120,0160,0300,0140,0630,0130,0160,0370,0090,0300,018
Austria0,0110,0240,0380,0200,0610,0150,0210,0450,0100,0310,016
Finlandia0,0120,0170,0300,0190,0660,0160,0170,0370,0090,0140,018
Grecia0,0680,0870,1000,0800,0990,0750,0800,1070,0740,0680,076
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Los movimientos conjuntos de los precios se miden como la desviación estándar de la diferencia en el logaritmo de los niveles de precios de dos países, Un número menor indica un mayor movimiento conjunto.

En la parte superior de la matriz está el período 1984–93; en la parte inferior, el período 1994–2003. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos aumentaron en el último período.

En la parte superior de la matriz está el período 1970–79; en la parte inferior, el período 1980–89. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos aumentaron en el último período.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Los movimientos conjuntos de los precios se miden como la desviación estándar de la diferencia en el logaritmo de los niveles de precios de dos países, Un número menor indica un mayor movimiento conjunto.

En la parte superior de la matriz está el período 1984–93; en la parte inferior, el período 1994–2003. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos aumentaron en el último período.

En la parte superior de la matriz está el período 1970–79; en la parte inferior, el período 1980–89. La letra negrita indica que los movimientos conjuntos aumentaron en el último período.

Cuadro 5.A8.Índice de la zona monetaria óptima: Resultados de la regresión
Regresión1
Variable dependienteConstanteSD(Y)SD(P)SD(TOT)TRADESIZEMuestra2R2NOBS3
1.Presión en el mercado cambiario4(EMP)
Regresión (1)0,106***1,072***0,558***0,028–1,699***0,005***1970–20030,7031,308
Regresión (2)0,137***0,635***0,609***–0,008–1,988***0,0011980–20030,6631,308
Regresión (3)0,125***0,825***0,552***–0,020–1,483***0,0001990–20030,5361,308
2.SD(EXR)5
Regresión (4)–0,0030,493***0,920***0,081 ***–1,355***0,007***1970–20030,8711,308
Regresión (5)0,020***0,372***0,914***0,014–1,824***0,006***1980–20030,8111,308
Regresión (6)0,024***0,377***0,894***–0,029*–1,586***0,005***1990–20030,8081,308
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: Si hay uno, dos o tres asteriscos, la significación es de 10%, 5% o 1%, respectivamente.

Para obtener definiciones de las regresiones, véase el recuadro 5.2.

Todas las variables incluidas en las regresiones se calculan sobre el período de muestreo especificado.

Con los 53 países que cubre la muestra, hay 1.378 observaciones en total, de las cuales 1.308 se usan para la estimación una vez que se excluyen los valores faltantes.

EMP se define como el promedio de las desviaciones estándar de los cambios porcentuales en el tipo de cambio bilateral y en las reservas extranjeras.

DS (EXR) se refiere a la desviación estándar de los cambios porcentuales en el tipo de cambio bilateral.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: Si hay uno, dos o tres asteriscos, la significación es de 10%, 5% o 1%, respectivamente.

Para obtener definiciones de las regresiones, véase el recuadro 5.2.

Todas las variables incluidas en las regresiones se calculan sobre el período de muestreo especificado.

Con los 53 países que cubre la muestra, hay 1.378 observaciones en total, de las cuales 1.308 se usan para la estimación una vez que se excluyen los valores faltantes.

EMP se define como el promedio de las desviaciones estándar de los cambios porcentuales en el tipo de cambio bilateral y en las reservas extranjeras.

DS (EXR) se refiere a la desviación estándar de los cambios porcentuales en el tipo de cambio bilateral.

Cuadro 5.A9.América Central y Europa: Índices de la zona monetaria óptima en relación al país ancla
Regresión (1)Regresión (2)Regresión (3)Regresión (4)Regresión (5)Regresión (6)
1984–931994–20031984–931994–20031984–931994–20031984–931994–20031984–931994–20031984–931994–2003
1. América Central1
Costa Rica0,1760,1690,1740,1690,1620,1570,0830,0750,0920,0880,0880,086
El Salvador0,1790,1710,1770,1690,1630,1550,0940,0860,1000,0930,0930,086
Guatemala0,2260,1570,2240,1580,2090,1440,1550,0690,1640,0790,1590,075
Honduras0,1910,1890,1910,1850,1770,1730,1090,0990,1180,1070,1130,102
Nicaragua0,3240,1840,3280,1810,3060,1630,3000,1140,3070,1120,2990,099
Panamá0,2130,1570,1900,1580,1880,1450,0840,0600,0890,0730,0870,071
República Dominicana0,2350,1800,2250,1790,2120,1670,1580,0920,1600,1040,1520,101
Promedio0,2210,1730,2160,1710,2030,1580,1400,0850,1470,0940,1420,089
Promedio de los índices propios20,2290,1620,2360,1680,2240,1590,1610,0700,1670,0740,1620,070
1970–791980–891990–981970–791980–891990–981970–791980–891990–981970–791980–891990–981970–791980–891990–981970–791980–891990–98
2. Países de la UME1,3
Francia0,1190,1360,1470,1100,1160,1220,1090,1210,1270,0390,0450,0510,0400,0410,0450,0430,0450,048
Italia0,1450,1560,1540,1360,1350,1300,1340,1390,1330,0660,0620,0580,0680,0600,0540,0700,0630,055
España0,1830,1670,1710,1760,1570,1520,1660,1500,1490,0940,0680,0680,1020,0760,0700,0980,0740,069
Portugal0,1660,2080,1860,1640,1940,1740,1530,1870,1670,0690,1070,0860,0790,1110,0930,0760,1070,090
Irlanda0,1770,1860,1990,1740,1800,1800,1640,1710,1770,0790,0860,0810,0880,0950,0870,0850,0930,085
Países Bajos0,0960,1050,1380,0850,0850,1140,0910,0960,1220,0130,0160,0400,0090,0070,0340,0150,0130,038
Austria0,1380,1480,1470,1330,1320,1300,1280,1340,1310,0420,0460,0470,0490,0460,0470,0500,0480,049
Grecia0,1730,2010,1910,1650,1910,1790,1550,1820,1710,0780,1100,0910,0810,1150,0980,0760,1110,095
Promedio0,1500,1630,1670,1430,1490,1480,1380,1470,1470,0600,0680,0650,0640,0690,0660,0640,0690,066
Promedio de los índices propios20,1700,1670,1500,1660,1670,1500,1570,1560,1400,0700,0790,0570,0780,0880,0680,0750,0850,067
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Estados Unidos es considerado un país ancla para América Central y Alemania para Europa.

El promedio de los índices de la zona monetaria óptima es construido por pares de países, sin incluir a Estados Unidos para América Central ni Alemania para países de la UME.

Se excluye a Bélgica, Finlandia y Luxemburgo porque hay valores faltantes en los datos relacionados al comercio.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistics, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Estados Unidos es considerado un país ancla para América Central y Alemania para Europa.

El promedio de los índices de la zona monetaria óptima es construido por pares de países, sin incluir a Estados Unidos para América Central ni Alemania para países de la UME.

Se excluye a Bélgica, Finlandia y Luxemburgo porque hay valores faltantes en los datos relacionados al comercio.

Cuadro 5.A10.América Central: Proyecciones para los índices de la zona monetaria óptima en relación a Estados Unidos
Índice de la zona monetaria óptimaDiferencia entre el índice proyectado y el índice en 1994–20031
123456123456
Simulación 1
Costa Rica0,1640,1640,1520,0740,0870,085–0,005–0,005–0,005–0,001–0,001–0,001
El Salvador0,1670,1650,1510,0840,0900,084–0,004–0,004–0,004–0,002–0,002–0,002
Guatemala0,1550,1540,1410,0670,0770,073–0,003–0,003–0,003–0,002–0,002–0,002
Honduras0,1800,1770,1660,0930,1010,097–0,009–0,008–0,008–0,005–0,006–0,006
Nicaragua0,1830,1800,1630,1140,1110,098–0,001–0,001–0,0010,000–0,001–0,001
República Dominicana0,1720,1710,1590,0870,0980,096–0,009–0,008–0,007–0,005–0,005–0,005
Promedio0,1700,1690,1550,0870,0940,089–0,005–0,005–0,005–0,002–0,003–0,003
Simulación 2
Costa Rica0,1610,1620,1490,0720,0850,083–0,009–0,007–0,008–0,003–0,003–0,003
El Salvador0,1600,1610,1460,0810,0880,081–0,011–0,008–0,009–0,005–0,005–0,005
Guatemala0,1520,1530,1390,0660,0760,072–0,005–0,005–0,005–0,003–0,003–0,003
Honduras0,1670,1690,1550,0870,0960,092–0,022–0,016–0,018–0,011–0,011–0,010
Nicaragua0,1790,1770,1590,1110,1090,096–0,006–0,004–0,005–0,003–0,002–0,002
República Dominicana0,1670,1680,1550,0850,0970,095–0,014–0,011–0,011–0,007–0,007–0,007
Promedio0,1640,1650,1510,0840,0920,087–0,011–0,008–0,009–0,005–0,005–0,005
Simulación 3
Costa Rica0,1630,1630,1510,0720,0850,083–0,007–0,006–0,006–0,003–0,003–0,003
El Salvador0,1660,1640,1500,0820,0880,082–0,005–0,005–0,005–0,003–0,004–0,004
Guatemala0,1530,1530,1400,0660,0750,071–0,004–0,005–0,004–0,003–0,004–0,004
Honduras0,1780,1750,1640,0910,0980,095–0,011–0,011–0,010–0,007–0,009–0,008
Nicaragua0,1830,1800,1630,1130,1100,098–0,001–0,001–0,001–0,001–0,001–0,001
República Dominicana0,1690,1690,1570,0850,0960,094–0,011–0,010–0,009–0,007–0,008–0,007
Promedio0,1680,1670,1540,0850,0920,087–0,007–0,006–0,006–0,004–0,005–0,004
Simulación 4
Costa Rica0,1590,1610,1480,0700,0830,082–0,011–0,008–0,009–0,005–0,005–0,004
El Salvador0,1590,1600,1450,0790,0860,080–0,012–0,010–0,010–0,007–0,007–0,006
Guatemala0,1500,1510,1380,0650,0740,070–0,007–0,007–0,006–0,004–0,005–0,005
Honduras0,1640,1670,1540,0850,0940,090–0,025–0,019–0,020–0,013–0,013–0,012
Nicaragua0,1780,1770,1590,1110,1090,096–0,006–0,004–0,005–0,003–0,003–0,003
República Dominicana0,1640,1660,1530,0820,0940,092–0,016–0,013–0,013–0,009–0,010–0,009
Promedio0,1620,1640,1490,0820,0900,085–0,013–0,010–0,010–0,007–0,007–0,007
Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistic, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: Véase el recuadro 5.3 para una descripción de cómo se calculan las proyecciones. Las cifras 1–5 indican los números de regresión.

Los valores negativos denotan que los países son más aptos para ser dolarizados según las proyecciones que según los índices para 1994–2003.

Fuentes: FMI, Perspectivas de la economía mundial; Direction of Trade Statistic, y estimaciones del personal técnico del FMI.Nota: Véase el recuadro 5.3 para una descripción de cómo se calculan las proyecciones. Las cifras 1–5 indican los números de regresión.

Los valores negativos denotan que los países son más aptos para ser dolarizados según las proyecciones que según los índices para 1994–2003.

Referencias

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    Truman, Edwin, 2003, Inflation Targeting in the World Economy (Washington: Instituto de Economía Internacional).

1

Los países considerados en este estudio son Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y la República Dominicana. De aquí en adelante nos referiremos a ellos como “los países de América Central”.

2

Véase la sección II acerca de las consecuencias macro-económicas del CAFTA-DR.

3

Esta comparación debería interpretarse con reservas, debido a que uno de los principales ingredientes del éxito de la Unión Monetaria Europea fue la gran voluntad política hacia una mayor integración, la cual puede estar ausente en América Central.

4

El señoreaje sigue teniendo lugar si se adopta un tipo de cambio fijo o la convertibilidad, pero no si se elige la dolarización.

5

El FMI utiliza una clasificación de facto para combinar información cualitativa y cuantitativa, incluyendo la política cambiaria manifiesta (FMI, Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions, correspondiente a distintos años). Aunque el FMI cambió de una clasificación de jure a una de facto en 1999, los datos de años anteriores se obtuvieron de Bubula y Ötker-Robe (2002), quienes construyeron las series retrospectivas utilizando la misma metodología de facto que se usó a partir de 1999.

6

Reinhart y Rogoff (2004) utilizan una clasificación de facto pura basada principalmente en datos de series de tiempo sobre la variabilidad del tipo de cambio. Utilizan datos del tipo de cambio del mercado paralelo cuando existe una discrepancia con respecto al tipo de cambio oficial. Una nueva categoría identificada por este estudio es la de caída libre, caracterizada por una inflación anual superior al 40% o, en los seis meses posteriores a una crisis cambiaria, por el traspaso de un régimen de tipo de cambio fijo a uno flotante (las crisis se identifican como tal conforme se supera un determinado umbral de depreciación).

7

El FMI clasifica el régimen de Honduras como de banda móvil, mientras que Reinhart y Rogoff lo consideran como paridad cambiaria móvil de facto.

8

Broda (2001) encuentra apoyo empírico para sostener el argumento de que los tipos de cambio flexibles protegen mejor a las economías de los shocks en los términos de intercambio. Para un análisis exhaustivo de las cuestiones operativas que implica pasar de un régimen cambiario fijo a uno flotante, véase FMI (2004).

10

Este párrafo se basa en FMI (2004).

11

Alesina, Barro y Tenreyro (2002) señalan que los países que sirven de ancla tienden a ser más grandes que sus clientes.

12

Cada país establece la tasa de ajuste cambiario de manera diferente. Algunos la preanuncian y la determinan para el futuro con la inflación proyectada, mientras que otros ajustan según diferenciales de inflación.

13

De aquí en adelante, el término “dolarización” significa “dolarización plena”, salvo aclaración en contrario.

14

Los estudios empíricos al respecto (por ejemplo Rose, 2000) se centran en las repercusiones de las uniones monetarias, y argumentan que estas promueven el comercio aún más que los regímenes de tipo de cambio fijo. Sin embargo, cabe tener en cuenta que estos estudios se refieren principalmente a economías desarrolladas y que en los últimos años en la Zona Monetaria del Caribe Oriental la convergencia y el comercio no aumentaron de manera homogénea ni entre los países miembros ni con Estados Unidos.

15

La dolarización también podría reducir la necesidad de operar en el mercado abierto para esterilizar el ingreso de flujos extranjeros.

16

Otras transacciones de cuenta corriente, por ejemplo las remesas, también resultan pertinentes para este análisis. Sin embargo, no se dispone de datos coherentes acerca de la composición geográfica de estos flujos, por lo que el análisis se concentra en los flujos comerciales, y se supone de manera implícita que la composición geográfica de otras transacciones de cuenta corriente refleja, en términos generales, la de los flujos comerciales.

17

El canal comercial reviste menos importancia para el caso de países grandes. Por ejemplo, México, Canadá y el Reino Unido suscribieron acuerdos de libre comercio pero optaron por no fijar sus tipos de cambio. Los costos de transacción parecen ser relativamente bajos en estos países debido a sus mercados financieros relativamente bien desarrollados, donde el riesgo cambiario puede cubrirse con mayor facilidad. Por cierto, Frankel y Rose (2002) presentan evidencia del gran efecto positivo de una unión monetaria sobre el comercio bilateral, pero advierten que este resultado puede no ser aplicable a países grandes.

18

Véase la sección II para un análisis detallado de los flujos comerciales de los países de América Central. Estos datos comerciales presentan distintos problemas, por ejemplo la discontinuidad. No obstante, se consideran robustos los resultados cualitativos generales que indican que Estados Unidos es no solo el principal socio comercial sino que supera significativamente el comercio con el resto de América Central.

19

Aunque el comercio entre los países de América Central no es homogéneamente elevado, los países que exportan productos similares compiten en el mercado estadounidense. Datos de COMTRADE confirman que Estados Unidos es el principal mercado para las exportaciones procedentes de América Central, en especial para los productos tradicionales.

20

La composición geográfica del comercio de América Central se ve afectada por otros acuerdos de libre comercio y también por acontecimientos en el comercio internacional, como la irrupción de la competencia de otros mercados emergentes y economías en desarrollo. Si estos factores cambiaran significativamente la composición geográfica del comercio regional, se alterarían las conclusiones de este estudio con respecto a los regímenes cambiarios.

21

Desde luego, se trata de datos parciales que captan solo la exposición financiera de los bancos declarantes al BPI, no la de las corporaciones no bancarias ni la de los acreedores oficiales. Además, los datos no incluyen la inversión extranjera directa. No obstante, son indicativos de la distribución geográfica de las transacciones financieras internacionales.

22

En el caso de Nicaragua y la República Dominicana, los mayores acreedores son bancos alemanes y españoles, respectivamente.

23

Aunque la comparación de los países de la UME se hace con relación a Alemania (porque en su momento fue considerado el país ancla para la UME), cabe destacar que la UME finalmente se configuró como un sistema monetario más simétrico de lo que se había ideado originalmente. Este no sería el caso de América Central si optara por dolarizarse.

24

La medida utilizada es la desviación estándar de la diferencia del logaritmo del producto real del país i con relación al producto real del país j calculada para distintos períodos y para los diversos pares de países de América Central y Estados Unidos y para diversos pares de países de Europa.

25

Esta medición se utilizó en Bayoumi y Eichengreen (1997). Alesina, Barro y Tenreyro (2002) recurrieron a una medición similar, pero primero estimaron una autorregresión de segundo orden para el logaritmo de los productos relativos y luego calcularon el error medio cuadrado utilizando los residuos. La idea es considerar solo la parte impredecible de los shocks. Sin embargo, si un país tiene un régimen de tipo de cambio fijo no podrá utilizar el tipo de cambio como herramienta de ajuste, aunque los shocks sean predecibles.

26

Honduras es una excepción, ya que su correlación con Estados Unidos fue negativa durante la última década. Si se excluye a Honduras, la correlación promedio con Estados Unidos asciende a 0,55.

27

La influencia del ciclo económico de Estados Unidos se elimina efectuando, en primer lugar, una regresión del crecimiento del producto de cada uno de los países respecto del de Estados Unidos y, después, calculando las correlaciones de a pares entre los residuos de estas regresiones. Se examina la correlación en vez de la desviación estándar de las diferencias nacionales del crecimiento del producto, como se hizo antes, porque por construcción esta última es siempre más pequeña para los residuos que para las diferencias originales en el crecimiento.

28

Dentro de la categoría de los productos alimenticios, el café, la banana, el pescado y los mariscos son las principales exportaciones y los países que diversificaron su base exportadora exportan mayores proporciones de distintos productos manufacturados

29

La variabilidad de los shocks en los términos de intercambio también disminuyó en Panamá, aunque las exportaciones panameñas consisten principalmente de productos alimenticios.

30

Aunque este resultado parece contradecir el anterior respecto de la mayor sincronización con los ciclos económicos de Estados Unidos, cabe conjeturar que se debe a que las principales vías de transmisión para la mayor sincronización de los ciclos económicos no involucran fluctuaciones de los términos de intercambio. Entre las posibilidades se incluyen los flujos financieros y otros flujos corrientes como las remesas, que en algunos países de América Central son tan cuantiosas como las exportaciones. Además, el mayor comercio con Estados Unidos puede condecirse con una mayor sincronización de los ciclos económicos y una correlación decreciente de los términos de intercambio si el comercio tiene lugar principalmente a nivel interindustrial.

31

Una tasa de desempleo más alta se considera indicativa de un mercado laboral menos flexible. Debido a problemas en la disponibilidad de datos, estos datos son solo indicativos.

32

Una mayor variabilidad de las participaciones en el empleo sectorial en el total de empleo reflejaría una mayor flexibilidad del mercado laboral. Para los países de Europa, la comparación excluye a Portugal, cuyo valor es muy extremo, lo que indica una variabilidad muy alta del empleo sectorial.

33

Actualmente los países de América Central tienen regímenes más restrictivos que los países de Europa.

34

Esta cifra indica un aumento promedio anual de la base monetaria como porcentaje del PIB en 2001–02. La razón para no utilizar un año más reciente es que la República Dominicana experimentó un gran aumento de señoreaje en 2003, cuando la inflación se disparó como consecuencia de la crisis cambiaria y bancaria. En los cálculos se consideraron Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y la República Dominicana, dado que El Salvador y Panamá ya estaban dolarizados.

35

Se estima que la pérdida de señoreaje debido a la dolarización disminuiría aún más si las reservas obligatorias incluidas en la base monetaria fueran remuneradas.

36

La variabilidad del tipo de cambio de Panamá fue nula durante ambos períodos porque la economía estaba dolarizada.

37

De aquí en adelante nos referiremos a la “dolarización” como la opción de anclarse a Estados Unidos (y el término también implica una moneda anclada al dólar).

38

Aunque se trata de un índice de zona monetaria óptima, ello no debería tomarse como argumento a favor de la dolarización, sino como una herramienta común para evaluar la aptitud relativa de los distintos regímenes cambiarios.

39

No obstante, no es posible asegurar que la mayor integración intrarregional se deba a una mayor integración en común con Estados Unidos.

40

Los índices de Europa no convergieron monotónicamente durante los tres períodos considerados.

41

Asimismo, se prevé que la variabilidad del producto en América Central declinará, con lo cual aumentará el grado de movimiento conjunto con Estados Unidos. En esta instancia no se consideran los efectos dinámicos de las uniones monetarias, dada la incertidumbre que implica aplicar a países en desarrollo estudios empíricos realizados exclusivamente sobre economías avanzadas.

42

Los promedios presentados en el cuadro 5.A10 excluyen a Panamá, pues este país no participa del CAFTA-DR.

43

La aptitud relativa de diferentes países para la dolarización no siempre refleja los regímenes cambiarios actuales de estos países. Por ejemplo, Guatemala, cuyo régimen es uno de los más flexibles, parece ser uno de los mejores candidatos para la dolarización. Los países relativamente menos aptos para una zona monetaria son Honduras y Nicaragua.

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