Chapter

I. Introducción y panorama general

Author(s):
Alfred Schipke, and Markus Rodlauer
Published Date:
September 2005
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En los últimos años, América Central ha captado un grado cada vez mayor de atención por ser una región que está procurando competir exitosamente en la economía mundial. Transcurrida una década y media desde que cesaron los conflictos civiles y los graves desajustes económicos en ciertas zonas de la región, se observan en América Central grandes progresos en muchos frentes: la paz y la democracia se consolidaron, las economías se estabilizaron, se adoptaron importantes reformas orientadas al mercado y aumentó sensiblemente la apertura comercial y financiera. Como resultado, se reactivó el crecimiento y mejoraron los indicadores sociales. Al mismo tiempo, también es posible ver el vaso “medio vacío”: la pobreza está extendida en la mayoría de los países; el progreso económico y social permanece limitado por la debilidad de las instituciones y los problemas políticos, y el marco institucional para la cooperación e integración regional se encuentra aún en una etapa incipiente. Preocupa el hecho de que esos problemas, si no se los encara, puedan inhibir el crecimiento sostenido y, como consecuencia, debilitar el acuerdo interno sobre los marcos de política orientados al mercado y a la estabilidad que actualmente se están implementando en toda la región. La tarea fundamental que tienen ante sí las autoridades de América Central es, por lo tanto, cómo consolidar y fortalecer el círculo virtuoso de políticas acertadas e instituciones sólidas, un crecimiento firme en el que participe más ampliamente toda la sociedad y un acuerdo interno sobre el marco general de las políticas. La enérgica adhesión de los países de América Central y de la República Dominicana al Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centro-américa y los Estados Unidos (CAFTA-DR) es un claro testimonio de su compromiso con una estrategia de integración orientada al mercado y de apertura externa para hacer frente a esos desafíos. En este trabajo se analizan los avances logrados, los retos futuros y los esfuerzos de la región para superarlos.

Antecedentes

Aunque los países de América Central son relativamente pequeños, juntos conforman un grupo bastante grande y enfrentan muchos desafíos que se plantean desde el punto de vista de la política. Con alrededor de 40 millones de habitantes, América Central representa aproximadamente el 7% de la población de América Latina y el Caribe y alrededor del 4½% del producto total1. Además de una historia compartida y una lengua común, las economías de América Central se caracterizan por tener un mercado interno de menor envergadura; una dependencia significativa —aunque decreciente—de las exportaciones tradicionales y estrechos lazos económicos con Estados Unidos. Asimismo, enfrentan el importante reto que plantea la mayor competencia mundial de algunos de sus productos de exportación clave —como la reciente eliminación de las cuotas en el comercio internacional de textiles—y están expuestos a perturbaciones tales como desastres naturales y variaciones en los términos de intercambio.

Después de la “década perdida” de los años ochenta, el crecimiento económico se reactivó en la década de 1990 al mejorar las condiciones internas y externas. El progreso económico se vio seriamente restringido en los años ochenta por condiciones externas adversas y, en algunos países, por conflictos civiles y políticas económicas desacertadas. Una vez resueltos los conflictos, en la década de 1990 la región gozó de los beneficios de la paz, y los responsables de formular las políticas concentraron su atención en el crecimiento de la economía, la estabilización macroeconómica y reformas estructurales tales como las privatizaciones, la liberalización del comercio y la desregulación del sector financiero. Como resultado, la región tuvo un crecimiento anual de 4,5% durante los años noventa (1,8% en términos per cápita), gracias a una inversión extranjera más abundante y una mayor diversificación de las exportaciones. Se lograron además sustanciales progresos en el control de la inflación, cuyo nivel ha disminuido a un solo dígito. Sin embargo, pese a la recuperación del producto, en muchos casos los beneficios del crecimiento no alcanzaron a todos por igual, y las ganancias en el ingreso per cápita no fueron suficientes para lograr un impacto significativo en la lucha contra la pobreza (gráfico 1.1). Asimismo, en 2001 el ritmo de crecimiento disminuyó en muchos países, en parte debido a un deterioro de las condiciones externas, pero también a las dificultades de sostener el impulso de las reformas. En algunos países la fragilidad de las instituciones y la incertidumbre política siguen socavando la confianza y el ámbito de la inversión.

Gráfico 1.1.América Central: Crecimiento del PIB real per cápita

(Porcentaje)

Fuente: FMI, Perspectivas de la economía mundial.

Evolución reciente

Entorno político y social

Pese al gran mejoramiento logrado en la situación política de América Central durante los años noventa, la formulación de la política económica sigue estando obstaculizada por deficiencias del proceso político. Sin duda, como ya se señaló, las varias series de elecciones pacíficas que han tenido lugar en el último decenio indican que la democracia se ha arraigado firmemente en la región, respaldada por una sociedad civil activa y una prensa libre. No obstante, en muchos países el panorama político sigue estando sumamente fragmentado, y muchos gobiernos (como los de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) deben coexistir con parlamentos en los que los partidos de oposición son mayoría. Por otro lado, los ciclos electorales cortos también entorpecen la aplicación sostenida de los programas de reforma económica y, poco después de haber celebrado diversos comicios electorales en los últimos años, la mayoría de los países de la región están próximos a ingresar en un nuevo ciclo de elecciones (presidenciales, legislativas o municipales) en 2005–06. Por otra parte, los grupos que representan ciertos intereses creados y persiguen sus propios objetivos a menudo ejercen una influencia desproporcionada, lo cual complica la implementación de las políticas macroeconómicas y estructurales. Al mismo tiempo, sin embargo, parece haber en toda la región una corriente de respaldo a los principios globales básicos de disciplina macroeconómica, baja inflación, orientación al mercado y apertura al exterior, evidenciada, por ejemplo, por el amplio apoyo otorgado en Honduras al mantenimiento de los programas económicos respaldados por el servicio para el crecimiento y la lucha contra la pobreza (SCLP), a pesar de la muy difícil situación política y el reclamo de diversos grupos de presión por una mayor participación en el presupuesto. Aún está por verse si el proceso político puede generar en los próximos años una masa crítica de reformas, estabilidad y confianza de los inversionistas, que a su vez impulsarán el crecimiento y progreso social necesarios para mantener un amplio respaldo interno a favor de este marco de políticas.

El reciente progreso económico no se ha visto reflejado de igual manera en un mejoramiento de las condiciones sociales, y gran parte de la región sigue enfrentando los problemas de una pobreza muy extendida (excepto Costa Rica y Panamá). Cerca de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, mientras que alrededor de 20% se encuentra en situación de extrema pobreza (gráfico 1.2). En parte, la pobreza se vincula con una estructura de empleo de bajos salarios en el sector informal y está concentrada en las zonas rurales donde el acceso a los servicios públicos sigue siendo limitado. Como ocurre en otros puntos de América Latina, la distribución del ingreso en América Central es aún muy desigual.

Gráfico 1.2.Pobreza en América Central

(Porcentaje)

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Panorama social de América Latina, 2002–03.

1 No hay datos disponibles para la República Dominicana.

En los últimos años, los distintos países de la región pusieron especial empeño en abordar los problemas de corrupción y de buen gobierno. Los nuevos gobiernos de Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Nicaragua hicieron de la lucha contra la corrupción el eje de su plataforma política, y las cuestiones relativas al buen gobierno también ocupan un lugar prominente en los programas de reforma de Honduras respaldados por el FMI y otras instituciones financieras internacionales. Para lograr un progreso sostenible en cuanto a afianzar la buena gestión de gobierno y reducir la corrupción, será preciso seguir centrando los esfuerzos en el fortalecimiento de instituciones tales como un poder judicial independiente y fuerte, la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión de los recursos públicos y entes de supervisión y regulación del sistema financiero confiables.

Evolución económica reciente

En 2003 y 2004, América Central emergió de un período de crecimiento lento para enfrentar un panorama a corto plazo más favorable. La recuperación de 2004 comenzó gracias a un aumento en las exportaciones generado por el afianzamiento de las condiciones externas de la demanda y por los precios de los productos básicos, y luego se transmitió a la demanda interna, a pesar del efecto adverso del shock de los precios del petróleo. El crecimiento del PIB real aumentó de 2¼% en 2002 a 3½% en 2004. Las perspectivas a mediano plazo son favorables, dado que el crecimiento regional proyectado para 2005 es de 3¼%, aunque el crecimiento a largo plazo enfrenta numerosos desafíos, como el incremento de la competencia de China, especialmente en los productos textiles, y el aumento de las tasas de interés mundiales.

Luego de un descenso de la inflación en el curso de 2003, los recientes aumentos en el precio del petróleo y una demanda más vigorosa hicieron que la inflación aumentara en toda la región durante 2004, alcanzando un promedio de 8½%. Suponiendo que se estabilicen los precios del petróleo, se espera que el año próximo la inflación retome una senda descendente, respaldada por políticas fiscales y monetarias prudentes.

El sector externo continuó mejorando. El promedio del crecimiento de las exportaciones en 2004 superó el 14%, gracias a una fuerte demanda de Estados Unidos y a una recuperación en los precios de los productos básicos, en especial el del café. Si bien el déficit de cuenta corriente permaneció mayormente sin cambio (cercano al 6% del PIB en 2004), en parte como resultado de los mayores costos del petróleo, el abundante ingreso de capitales elevó el nivel de las reservas internacionales.

Se avanzó en la reducción de los déficit fiscales. Si bien la mayoría de los países de América Central experimentó un aumento en el coeficiente deuda/PIB durante la década pasada, la mejora cíclica actual les permitió fortalecer sus políticas y afianzar las cuentas públicas: los déficit fiscales descendieron de un promedio de aproximadamente 6% del PIB en 2002 a 3% en 2004, gracias a una fuerte recaudación de ingresos que reflejaba tanto un aumento del crecimiento como las reformas de la política y la administración tributaria en proceso. Sin embargo, en varios países (Costa Rica, El Salvador y Nicaragua), la deuda pública sigue siendo alta o mostró una tendencia ascendente. En Guatemala, si bien la deuda pública y los déficit fiscales permanecieron contenidos, los esfuerzos del gobierno por fortalecer las iniciativas tributarias —y, de ese modo, lograr el coeficiente impuestos/PIB de 12% contemplado en el Acuerdo de Paz —se vieron obstaculizados por fallos judiciales y por la acción de la oposición en el congreso. El objetivo de 12% se incluyó como un elemento clave en los Acuerdos de Paz de 1996 con el fin de ofrecer más recursos para los programas sociales y el gasto social.

Integración regional

En América Central, la integración regional está tomando impulso. Durante la última década se afianzaron los vínculos entre las economías de América Central y, a su vez, entre estas y su mayor socio comercial, Estados Unidos. Aunque el comercio entre los países de América Central creció con relativa lentitud, el comercio con Estados Unidos se quintuplicó en términos de dólares entre 1994 y 2003. Por otra parte, los vínculos intrarregionales en el sector financiero se profundizaron notablemente. América Central tiene un régimen de apertura comercial con una estructura arancelaria determinada en gran medida por el arancel externo común (AEC) del Mercado Común Centroamericano (MCCA)2. Si bien la región ya tiene un acceso preferencial al mercado estadounidense en el contexto de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC)3, según lo dispuesto en el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centro-américa y los Estados Unidos (CAFTA-DR), firmado en 2004, este acceso pasará a ser permanente y se extenderá a otros sectores, continuando así la profundización de la integración comercial con Estados Unidos.

Sin embargo, la coordinación de la política económica se encuentra todavía en una etapa incipiente. Los países de América Central continúan aplicando políticas fiscales independientes y, si bien existe un proceso de consulta regular entre los bancos centrales, las políticas monetaria y cambiaria evolucionan mayormente en forma aislada unas de otras4. No obstante, la región tiene un conjunto de instituciones regionales que participan cada vez más en el intercambio de información, la armonización de las reglamentaciones y la coordinación de las políticas, especialmente en áreas como la supervisión bancaria, la banca central y el comercio (recuadro 1.1).

De cara al futuro

¿Cuáles son las prioridades de política económica que debe fijar América Central para sostener un ciclo virtuoso de crecimiento, políticas e instituciones sólidas y respaldo interno? No hay un modelo único de reforma aplicable a toda la región, ya que la elección de la mejor alternativa depende de las circunstancias específicas de cada país. No obstante, la historia común, las características similares y la creciente integración de los países de América Central parecen indicar algunas prioridades clave que deben abordarse para lograr un crecimiento sostenible y estimular el progreso social en la región:

  • Finalización e implementación del CAFTA-DR. La región depositó, con toda razón, grandes expectativas en este importante acuerdo comercial. Ahora, la tarea es concretarlo mediante su ratificación por los parlamentos de los países miembros y poner en práctica toda la gama de reformas y convenios institucionales previstos en el acuerdo5.
  • Reformas fiscales. La reciente mejora en los balances fiscales debe continuar para asegurar una dinámica de la deuda que sea sostenible. La experiencia demuestra que la consolidación fiscal solo durará si se basa en un programa integral para elevar el crecimiento e instaurar reformas estructurales, especialmente reformas institucionales para fortalecer y reducir la vulnerabilidad de los sistemas fiscales frente a las perturbaciones y presiones políticas. Por lo tanto, deben continuar los esfuerzos para fortalecer las iniciativas tributarias de los países, reducir la rigidez presupuestaria y mejorar los presupuestos, de modo que reflejen más cabalmente las prioridades de infraestructura, capital humano y asistencia a los pobres. Para afianzar la disciplina fiscal, también podría ser útil adaptar reformas de mayor alcance, como una legislación que mejore el proceso presupuestario y/o que imponga límites sostenibles a la deuda.
  • Nuevos flujos de crédito adecuados. Las reformas bancarias realizadas en cada país ya fortalecieron los sistemas y los volvieron menos vulnerables a las perturbaciones. Estas reformas deben continuar para garantizar flujos de crédito nuevos en un contexto de sólidas normas prudenciales y de supervisión. Como parte de esta iniciativa, debe acelerarse la coordinación regional de los sistemas de regulación y supervisión para adecuarla al ritmo cada vez más veloz de la integración financiera entre los países de América Central.
  • Ámbito de la inversión. En la región existe plena conciencia de la necesidad de mejorar el ámbito de la inversión para atraer una mayor inversión extranjera directa. Esto supone la labor que se ha venido realizando para identificar los impedimentos específicos de cada país; por lo general, se precisará continuar con las mejoras en la infraestructura —incluso mediante la participación del sector privado —, fortalecer el Estado de Derecho y reducir el costo de operar en la región.
  • Transparencia y buen gobierno. Los gobiernos de la región reconocen que es necesario incentivar la transparencia de la gestión pública y luchar contra la corrupción para mejorar el ámbito de la inversión y lograr respaldo interno para sus políticas. Estos objetivos deben estar siempre presentes en las reformas económicas que se ejecuten y los gobiernos deben aplicar sin dilaciones una estrategia preventiva y castigar todo acto ilícito donde sea que este ocurra.
  • Colaboración regional. Para competir con éxito en la economía mundial se requiere una mayor colaboración entre los países de la región a fin de maximizar los beneficios que ofrece la integración económica y minimizar sus riesgos, como los que implican las transacciones financieras transfronterizas. En particular, se precisa una mayor coordinación en materia de supervisión y regulación bancaria, política y administración tributarias, estadísticas económicas y grandes proyectos de inversión pública.

Recuadro 1.1.Instituciones económicas regionales

Consejo Monetario Centroamericano (CMCA): El Consejo se creó en 1964 para coordinar el desarrollo de una unión monetaria centroamericana. Se abandonó la idea de establecer una unión monetaria y en la actualidad se hace hincapié en la coordinación de políticas y en la asistencia técnica en lo que atañe a políticas monetarias y crediticias y asuntos relacionados con el sector financiero. El Consejo se reúne cada tres meses y cuenta con cuatro comités: Política Monetaria; Mercado de Capitales y de Operaciones Financieras, y Estudios Jurídicos. Está integrado por los presidentes de los bancos centrales de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, y el gobernador del Banco Central de la República Dominicana (país que logró su incorporación plena a partir de 2002). Panamá participa en las reuniones como observador.

Consejo Centroamericano de Superintendentes de Bancos, Seguros y Otras Instituciones Financieras (CCSBSO): El objetivo principal del Consejo es promover la colaboración y el intercambio de información entre las superintendencias. Uno de sus principales proyectos consiste en facilitar la supervisión consolidada y la normalización. Se creó en 1974 y está conformado por los superintendentes de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, la República Dominicana y Panamá, y se reúne dos o tres veces al año.

Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE): El Banco respalda la integración y el desarrollo económicos de la región. Las operaciones de crédito se destinan sobre todo a la infraestructura, la industria, el sector agropecuario, el desarrollo social y el medio ambiente. El Banco inició sus operaciones en 1961 e incorporó a miembros extrarregionales en 1992. El capital del Banco está suscrito por los miembros regionales (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) y miembros extrarregionales (Argentina, China, Colombia, España y México). En el marco de un acuerdo especial, El Salvador (cuya economía está formalmente dolarizada) puede obtener financiamiento para atender necesidades de liquidez.

Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA): El tratado general de integración económica, firmado en 1959, preveía la creación del Mercado Común Centroamericano (MCCA), que entró en vigencia en diciembre de 1960. Aunque al inicio el MCCA sufrió varios contratiempos, desde 1985 ha avanzado significativamente con la adopción de 1) la nomenclatura arancelaria de Bruselas (septiembre de 1985); 2) un régimen arancelario basado en el sistema armonizado internacional (enero de 1993)1; 3) libre comercio regional (marzo de 1993), y 4) un arancel externo común (febrero de 2001). El MCCA está integrado por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua (y Panamá en calidad de observador). El arancel externo común tiene cuatro tasas: cero (bienes de capital e intermedios, e insumos no producidos en la región); 5% (insumos producidos en la región); 10% (bienes de capital e intermedios producidos en la región), y 15% (bienes finales).

1 El arancel externo común (AEC) cubre actualmente más de 90% del comercio de la región y tiene un arancel promedio de 4,9%.

Panorama general

Las secciones siguientes reúnen un conjunto de análisis recientes, realizados por el personal técnico del FMI, que se concentra en seis grandes áreas: las repercusiones del CAFTA-DR, la sostenibilidad fiscal y otros temas de política relacionados, los regímenes cambiarios, los temas relativos al sector financiero, las estadísticas macroeconómicas y la economía política de las reformas de América Central. Al abordar estos temas, en este documento se hace hincapié en una perspectiva regional y en la necesidad de que la creciente integración económica tenga como contrapartida un mayor esfuerzo por mejorar la coordinación de políticas y el fortalecimiento de instituciones en la región.

  • En la sección II se analizan las repercusiones macroeconómicas del CAFTA-DR, tanto en lo que respecta al crecimiento como a la dinámica de las fluctuaciones macroeconómicas. Si bien América Central ya está sumamente integrada con Estados Unidos, según esta sección, es probable que el CAFTA-DR dé un nuevo impulso al comercio, a la inversión extranjera directa y al crecimiento de la región. Este impulso ayudará a la región a encarar la creciente competencia que enfrenta respecto de algunos de sus artículos de exportación clave, especialmente los textiles. Además, se espera que el CAFTA-DR reduzca la inestabilidad macroeconómica en la región a medida que sus economías se integren aún más con la de Estados Unidos. Sin embargo, para que se materialicen los beneficios del CAFTA-DR en cuanto al crecimiento y la estabilidad, el acuerdo debe respaldarse con reformas que fortalezcan las instituciones clave, como los entes reguladores, la resolución de conflictos y los derechos de propiedad, y la flexibilidad del mercado laboral.
  • En la reseña referida a las repercusiones fiscales de la liberalización del comercio exterior en la sección III, se espera una pérdida (directa) de ingresos aduaneros en el corto plazo debido a las reducciones arancelarias, que oscilaría entre un 0,1% y 0,3% del PIB. No obstante, este impacto debería verse mitigado gradualmente por un efecto positivo (indirecto) en los ingresos, provocado por el aumento en el crecimiento y en los volúmenes de importación. Con respecto al futuro, en la sección se destaca que la creciente integración comercial de la región aumenta la necesidad de una mayor cooperación en materia de política y administración tributarias, especialmente para evitar una “carrera destructiva” entre los países que compiten por la inversión extranjera directa utilizando incentivos tributarios adicionales.
  • En la sección IV, acerca de la sostenibilidad fiscal, se utiliza un enfoque de “valor en riesgo” (VaR) para complementar las evaluaciones tradicionales de sostenibilidad. El análisis subraya la necesidad de un ajuste fiscal en la mayoría de los países de América Central —excepto Guatemala —a fin de lograr una dinámica sostenible de la deuda. Además, en esta sección se demuestra la utilidad de la perspectiva del “valor en riesgo” para diseñar estrategias nacionales de gestión de la deuda.
  • La sección V aborda las repercusiones de los sistemas cambiarios y el proceso en marcha de integración regional —y cómo estos se ven afectados por el CAFTA-DR —sobre el régimen cambiario que los países pueden considerar a largo plazo (se señala que, a corto plazo, otras consideraciones importantes pueden condicionar la elección del régimen). El análisis empírico sugiere que América Central está menos preparada para adoptar una moneda común (ya sea una moneda independiente de América Central o el dólar de EE.UU.) de lo que estaba Europa occidental en la década de 1970, incluso si se toman en cuenta los efectos de integración que se prevé tenga el CAFTA-DR. El análisis muestra que entre 1993 y 2003 los países de América Central se volvieron relativamente más aptos para la dolarización como resultado del aumento en la sincronización del ciclo económico, de la reducción en los diferenciales de la inflación y del aumento en el flujo de comercio con Estados Unidos. De modo similar, en esta sección se afirma que probablemente la dolarización traería a la región mayores beneficios relativos que una moneda común de flotación independiente, aunque, una vez más, ninguna de estas opciones resulta aconsejable para el futuro cercano. En el caso de los países que ya han adoptado oficialmente la dolarización, será prioritario aplicar políticas que garanticen la sostenibilidad del régimen; entre ellas, medidas fiscales y salariales prudentes y reformas estructurales que estimulen la competitividad y el crecimiento.
  • En la sección VI, acerca de la integración regional y los sistemas financieros, se señala el importante progreso alcanzado en los últimos años en cuanto al fortalecimiento de los sistemas financieros. Sin embargo, también se señalan las debilidades que aún se observan, como el acceso limitado al crédito, el alto grado de dolarización informal, los problemas de cartera, las brechas en la supervisión y la reglamentación, y los mercados de capital aún no desarrollados. Al referirse a la creciente integración financiera regional y a las actividades transfronterizas, la sección subraya la necesidad de estrechar la coordinación regional en materia de reglamentación y supervisión financiera; especialmente, destaca la importancia de aplicar una supervisión consolidada efectiva tanto a nivel nacional como regional.
  • En la sección VII, en la que se analizan las estadísticas macroeconómicas desde una perspectiva regional, se establece la necesidad de realizar mejoras y de alcanzar una mayor convergencia de los sistemas estadísticos de América Central, para facilitar y mejorar el análisis económico y el diseño de las políticas, y para permitir una integración económica más profunda y una mayor coordinación de las políticas. En esta sección se concluye que la región cuenta con una sólida base de estadísticas económicas, y que la mayoría de los países ya se han adherido —o se preparan para adherirse —a las Normas Especiales para la Divulgación de Datos (NEDD) o al Sistema General de Divulgación de Datos (SGDD) del FMI. Las iniciativas para profundizar la posibilidad de comparación de los datos y la convergencia metodológica deben basarse en un nivel avanzado y estar guiadas por los países que ya se han acogido a las NEDD.
  • Por último, en la sección VIII se analiza la economía política de las reformas en América Central. Se resumen los principales avances logrados en la región durante la última década y media en la construcción de democracias estables, la ejecución de importantes reformas económicas y sociales y el afianzamiento de una visión que englobe las metas de crecimiento económico, estabilidad y reducción de la pobreza. También se ponen de relieve los obstáculos que aún existen en la región para crear el marco institucional necesario para formular políticas económicas y reformas estructurales eficientes y duraderas. La sección finaliza señalando los riesgos y las limitaciones que impone la debilidad institucional actual respecto de la aplicación de programas ambiciosos de reforma económica, y destaca asimismo la necesidad imperiosa de comprometer ampliamente el proceso político en los esfuerzos por construir un acuerdo interno que apoye las reformas. También se destacan los importantes beneficios que la política y las reformas económicas pueden aportar a la promoción de los objetivos y principios que caracterizan un sistema político exitoso.
1

En este trabajo se define América Central en general como la región compuesta por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá; en algunas secciones se incluye también a la República Dominicana. Esta definición más amplia refleja el hecho de que la República Dominicana integra el Consejo Monetario Centroamericano y el Consejo Centroamericano de Superintendentes de Bancos, y también participa en el CAFTA-DR. Si se incluye la República Dominicana, la población total de América Central representa alrededor del 9% de la población de América Latina y el Caribe y aporta alrededor del 6% del producto total de la región.

2

Veáse el recuadro 1.1 en lo que respecta a las tasas del AEC. Los esfuerzos por lograr la integración económica se remiten al Tratado General de Integración Económica de 1961, que inició la creación del Mercado Común Centroamericano.

3

La Iniciativa de la Cuenca del Caribe vence en 2008.

4

La orientación de la política monetaria de las economías oficialmente dolarizadas (El Salvador y Panamá) refleja, por supuesto, la de Estados Unidos.

5

El Salvador fue el primer país que ratificó el acuerdo, a fines de 2004, seguido por Honduras y Guatemala.

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