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III. La UEM y la economía mundial

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1997
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El inicio de la Unión Económica y Monetaria (UEM), previsto para el 1 de enero de 1999, constituirá un cambio fundamental en el sistema monetario internacional. La UEM supondrá la sustitución de las monedas nacionales—de varias economías muy desarrolladas y de gran importancia—por una moneda única, lo que, de hecho, es un acontecimiento sin precedente histórico. No obstante, si bien la UEM constituirá un cambio importante, no será un cambio repentino. En mayo de 1998, cuando las máximas autoridades de los países de la UE decidan qué países participarán en la UEM desde su inicio, darán algunos de los últimos retoques al panorama previsto para la tercera y última fase de la UEM, conforme a la estructura definida en el Tratado de la Unión Europea, aprobado por los gobiernos de la UE en Maastricht en diciembre de 1991. Y lo que es aún más importante, la consecución de la UEM será la culminación de un proceso de más de 40 años de avances en el fortalecimiento de las relaciones políticas, económicas y monetarias entre los países de Europa.

En el Tratado de Roma de 1957, documento constitutivo de la Comunidad Económica Europea, se establece que los tipos de cambio de los Estados miembros son una cuestión de interés común. Cinco años después, en 1962, la Comisión de las Comunidades Europeas estableció un plan para la creación de una unión monetaria. El Informe Werner de 1970, aprobado por las máximas autoridades de las Comunidades Europeas en marzo de 1971, preveía el establecimiento de una unión monetaria en un plazo de diez años, pero este plan fracasó con la ruptura del sistema de paridades fijas pero ajustables nacido en Bretton Woods. La integración monetaria cobró un nuevo impulso con la creación en 1979 del Sistema Monetario Europeo (SME), basado fundamentalmente en un mecanismo de tipos de cambio (MTC), cuyo objetivo era crear una zona de estabilidad monetaria en Europa. Con la puesta en marcha del programa para la consecución del mercado interior en la UE, a mediados de los años ochenta, la atención se orientó nuevamente al objetivo de adoptar una moneda única como elemento de una estructura que contribuiría al buen funcionamiento de un mercado cada vez más integrado (gráfico 19)29. La mayor estabilidad de los tipos de cambio dentro del MTC parecía confirmar que la moneda única era un objetivo realizable. La decisión del Consejo Europeo de junio de 1988, por la que se reafirma el compromiso de la UE de llevar a cabo la UEM, y el Informe del Comité Delors de 1989 pusieron en marcha el proceso de tres fases establecido en el Tratado de Maastricht para la consecución de la UEM.

Gráfico 19.El comercio dentro de la Unión Europea1

Desde principios del período de posguerra, el comercio entre los países de la Unión Europea ha aumentado de alrededor del 40% a más del 60% del comercio total de los países de la Unión Europea.

1Importaciones y exportaciones de bienes.

La primera fase, destinada a los preparativos iniciales, comenzó en julio de 1990 y supuso la supresión por parte de todos los países de la UE de las restricciones vigentes sobre los movimientos internacionales de capital. La segunda fase comenzó el 1 de enero de 1994, fecha en que se procedió a la creación del Instituto Monetario Europeo (IME), organismo precursor del Banco Central Europeo (BCE); se prohibió la financiación monetaria de los déficit presupuestarios y el acceso privilegiado del sector público a las entidades financieras, y se reforzaron los procedimientos de supervisión de las políticas económicas por parte de las instituciones de la UE. Al comienzo de la tercera fase, los tipos de cambio de las monedas de los países participantes se fijarán de manera irrevocable, se adoptará una moneda común—el euro—y el BCE asumirá la responsabilidad de la política monetaria. En la reunión del Consejo Europeo en Madrid, en diciembre de 1995, se acordó que la fecha de comienzo de la tercera fase sería el 1 de enero de 1999, aunque los redactores del Tratado habían contemplado la posibilidad de establecer una fecha anterior30. Las crisis del MTC ocurridas entre 1992 y 1993 pusieron en peligro el desarrollo del proceso y el largo período de debilitamiento económico que sobrevino socavó los esfuerzos desplegados para cumplir los criterios de acceso a la UEM establecidos en el Tratado, en particular en el terreno fiscal. Como consecuencia de estos problemas, habría sido difícil comenzar la tercera fase antes de 1999.

En el presente capítulo se examinan una serie de cuestiones que plantea la puesta en marcha de la UEM. En primer lugar, ¿de qué forma se verá modificada la política económica de los países participantes por el inicio de la UEM?, es decir, ¿cómo se instrumentarán la política monetaria y la política fiscal en el área del euro y cómo se adaptarán las economías participantes a las distintas circunstancias cuando ya no cuenten con la flexibilidad de los tipos de cambio y la política monetaria interna? En segundo lugar, ¿en qué medida han establecido los posibles países participantes las condiciones necesarias para que la UEM funcione de forma eficaz, y qué más deben hacer? En tercer lugar, ¿qué obstáculos pueden impedir que la transición se desarrolle sin contratiempos? Cuarto, ¿cómo afectará la UEM al resto del mundo? Y por último, ¿hasta qué punto el éxito de la UEM depende de las reformas fiscales y la reforma del mercado de trabajo?

La UEM: Un nuevo régimen de política económica

La política monetaria y cambiaría

La UEM representará un cambio en el régimen de política monetaria en Europa en dos aspectos clave. En primer lugar, los países perderán sus competencias en la formulación de las políticas monetarias nacionales, que han conservado en el marco del MTC, aunque limitadas por el objetivo principal de mantener la estabilidad del tipo de cambio. En segundo lugar, se producirá un cambio de orientación geográfica de la política monetaria. En el MTC, la función de moneda ancla desempeñada por el marco alemán ha supuesto que la política del Banco Federal de Alemania, que ha tenido por objetivo la estabilidad de precios en Alemania y se ha basado principalmente en consideraciones internas, ha ejercido una influencia dominante en la orientación de la política monetaria del sistema en su conjunto. En cambio, en la UEM la política se adaptará, en principio, a las condiciones vigentes en toda el área del euro.

La definición y ejecución de la política monetaria en el área del euro será de la competencia exclusiva del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), integrado por el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales nacionales. El BCE se establecerá poco después de que se haya decidido qué países participarán en la tercera fase, y a continuación se procederá a la liquidación del IME, institución que ha sentado las bases técnicas para la ejecución de la política monetaria en el área del euro. El Tratado de Maastricht establece que el principal objetivo del SEBC será mantener la estabilidad de precios, lo que, según las declaraciones oficiales, consistiría en una tasa de inflación anual comprendida entre el 0% y el 2%31. Sin perjuicio de este objetivo, el SEBC también deberá apoyar las políticas económicas generales de la UE para facilitar la consecución de objetivos tales como el logro de un crecimiento sostenible, un alto nivel de empleo, un alto grado de convergencia de la evolución económica, y la cohesión económica y la solidaridad entre los Estados miembros32. Las decisiones de política monetaria serán adoptadas por el Consejo de Gobierno del BCE, que estará compuesto por el presidente, el vicepresidente y los otros miembros del Comité Ejecutivo (hasta cuatro)—todos ellos nombrados por los jefes de Estado o de Gobierno de los países que formen parte del área del euro—y por los gobernadores de los bancos centrales nacionales. El Comité Ejecutivo pondrá en práctica la política monetaria de conformidad con las orientaciones y decisiones adoptadas por el Consejo de Gobierno e impartirá las instrucciones necesarias a los bancos centrales nacionales. Podrán delegarse determinadas atribuciones al Comité Ejecutivo cuando así lo disponga el Consejo de Gobierno.

Entre las cuestiones planteadas con respecto a la aplicación de la política monetaria en la UEM, tres son particularmente importantes en el contexto del nuevo régimen de política monetaria: la independencia y responsabilidad del SEBC, la estrategia y los objetivos intermedios que utilizará el BCE para alcanzar sus metas, y las repercusiones de la política monetaria única en la economía de cada uno de los Estados miembros.

El SEBC estará dotado de un alto grado de independencia, lo cual debería facilitar la consecución del objetivo de mantener la estabilidad de precios33. El mandato de los miembros del Comité Ejecutivo del BCE—por un período de ocho años y no renovable—tiene por objeto aislarlos de las presiones políticas, y el mandato de los gobernadores de los bancos centrales nacionales debe tener una duración de por lo menos cinco años34. Además, el Tratado de Maastricht establece que los gobiernos de los Estados miembros no tratarán de influir en las decisiones del BCE y los miembros de los órganos rectores del BCE no recabarán ni aceptarán instrucciones de los gobiernos ni de las instituciones de la UE. Para aislar al SEBC de las presiones políticas, el tratado incluye otras disposiciones que prohíben que el SEBC conceda crédito a los gobiernos o a las instituciones de la UE o asuma sus compromisos. Además, toda modificación de las principales disposiciones de los Estatutos del SEBC deberá ser ratificada por todos los países de la UE35. Aunque existen diversos procedimientos para que el Consejo36, la Comisión y el Parlamento Europeo, transmitan sus opiniones al BCE, éste no está obligado a actuar de acuerdo con estas opiniones.

Un aspecto inquietante es que la independencia del SEBC podría verse limitada por el derecho que tiene el Consejo de celebrar acuerdos formales relativos a un sistema de tipos de cambio para el euro en relación con las monedas de otros países que no formen parte de la UE o de formular “orientaciones generales” sobre su tipo de cambio. Aunque ello podría llevar al BCE a tomar medidas que comprometan el logro de sus propios objetivos, la decisión del Consejo de celebrar acuerdos formales deberá ser adoptada por unanimidad, sobre la base de una recomendación de la Comisión o del BCE, y en el primer caso, previa consulta con el BCE “con el fin de lograr un consenso compatible con el objetivo de la estabilidad de precios”. Además, el BCE no estará obligado a seguir las “orientaciones generales” para el tipo de cambio especificadas por el Consejo si las considera incompatibles con el objetivo de lograr la estabilidad de precios. El Consejo Europeo (formado por los jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros de la UE), en su reunión celebrada en Amsterdam en junio de 1997, solicitó al Consejo y a la Comisión, en cooperación con el IME, que examinen distintas formas de poner en práctica todas las disposiciones del tratado relativas a la posible adopción de un sistema de tipos de cambio para el euro, y que presenten un informe sobre este tema en la reunión del Consejo que se celebrará en Luxemburgo en diciembre de 1997.

Ya se ha llegado a un acuerdo formal entre los países de la UE para el establecimiento de un mecanismo de tipos de cambio: el “MTC2”. Según este sistema, los países ajenos al área del euro que deseen participar en un nuevo mecanismo de tipos de cambio podrán expresar el tipo de cambio central de su moneda en euros y mantener sus tipos de cambio en una banda de fluctuación del 15% a ambos lados de dicho tipo central, al igual que en el MTC actual37. Este acuerdo incluye disposiciones explícitas que protegen la independencia de la política monetaria del BCE, en el sentido de que éste será una de las partes intervinientes en el acuerdo sobre los tipos centrales y no estará obligado a intervenir ni a otorgar financiación si considera que ello pone en peligro la integridad de su política monetaria. El BCE, junto con las otras partes intervinientes en el acuerdo, también tendrá derecho a iniciar el procedimiento para considerar reajustes de las monedas.

Por lo tanto, las disposiciones establecidas parecen asegurar eficazmente la independencia del SEBC. De hecho, es más bien la cuestión de su responsabilidad frente al público y los representantes parlamentarios la que ha planteado más interrogantes. La capacidad del SEBC para controlar la inflación a largo plazo dependerá, en cierta medida, como en el caso de toda autoridad monetaria, del respaldo del público a este objetivo. En este contexto, mediante mecanismos que permitan una mayor comprensión por el público de las decisiones de política monetaria del SEBC—además de los definidos en el tratado, que se refieren a la presentación de un informe anual al Parlamento Europeo y a sus comisiones—probablemente se facilite la aplicación de las medidas necesarias. Esta cuestión está relacionada con la elección de la estrategia de política monetaria apropiada.

Aunque, en última instancia, será el BCE el que decida cuál es la mejor estrategia de política económica para lograr el objetivo de la estabilidad de precios, los trabajos preparatorios realizados por el IME han reducido las opciones posibles. A este respecto, el IME ha decidido que un objetivo de tipo de cambio no constituiría un ancla nominal viable para la política monetaria en el área del euro. Parece una decisión apropiada, en vista de que el comercio internacional reviste mucho menos importancia para el conjunto del área del euro que para cada uno de los países de la UE, y por ello es menor la influencia del tipo de cambio en la inflación interna. Desde este punto de vista, el área del euro se parecerá a las economías relativamente cerradas de Japón y Estados Unidos, en las cuales las decisiones de política monetaria se basan principalmente en consideraciones internas (gráfico 20). Para la mayoría de los países que participarán en la UEM, ello requerirá un cambio significativo en la forma en que se considera la política monetaria, ya que en el MTC ésta se ha centrado, salvo en Alemania, en objetivos relativos al tipo de cambio. Por otra parte, dado que las monedas del MTC han estado flotando conjuntamente frente a las demás monedas, los cambios que supondrá el nuevo mecanismo para el área del euro en su conjunto, en realidad, no tendrán la magnitud que parece.

Gráfico 20.Grado de apertura de algunas economías avanzadas1

(Porcentaje del PIB)

El grado de apertura al comercio internacional de la totalidad de la Unión Europea (UE) es muy inferior al de sus principales Estados miembros, y es comparable al de Estados Unidos y Japón.

1Mitad de la suma de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios.

Quedan dos opciones: formular un objetivo relativo a la inflación o un objetivo relativo a un agregado monetario. El IME ha adoptado las medidas necesarias para establecer la infraestructura técnica necesaria para aplicar la política monetaria sobre la base de una de estas dos opciones38.

La elección de un agregado monetario como objetivo intermedio permitiría, en principio, a la autoridad monetaria y al público evaluar objetiva y oportunamente la eficacia de la política monetaria y los efectos de las medidas adoptadas por el BCE. En cambio, con un objetivo de inflación, se produce un retraso significativo hasta que pueden observarse los efectos concretos de la política adoptada sobre la variable fijada como objetivo; entre tanto, las evaluaciones deberán basarse en los pronósticos de la inflación, cuya fiabilidad podría ser dudosa, sobre todo hasta que se establezca un historial. Otra ventaja para el BCE de la adopción de un objetivo monetario sería la continuidad del sistema utilizado por el principal banco central del MTC, el Banco Federal de Alemania, lo que podría facilitar la transferencia de credibilidad. No obstante, la formulación de objetivos monetarios es la excepción y no la norma entre los bancos centrales de las economías avanzadas. En Estados Unidos y en la mayoría de estas economías, se ha cuestionado la estabilidad de las relaciones de la demanda de dinero necesaria para el éxito de las políticas basadas en objetivos monetarios desde que comenzaron a formularse dichos objetivos a mediados de los años setenta y, en la mayoría de los países, ante la rápida evolución de los instrumentos financieros se ha llegado a la conclusión de que los agregados monetarios no pueden constituir por sí mismos un mecanismo de orientación eficaz para la política monetaria. Incluso en Alemania, aparentemente los estudios empíricos sustentan mucho menos que antes el anclaje de la política monetaria mediante un objetivo monetario39. De hecho, no hay que sobrestimar la importancia que concede el Banco Federal de Alemania a los agregados monetarios. El Banco Federal de Alemania suele interpretar la evolución de los agregados monetarios teniendo en cuenta muchos otros indicadores y, en realidad, en los últimos veinte años, no ha alcanzado su objetivo monetario en casi la mitad de las ocasiones, y se ha basado sobre todo en la lucha contra la inflación para mantener su credibilidad.

Si bien en algunos estudios recientes se demuestra que las relaciones entre los agregados monetarios y la actividad económica y la inflación son más estables y previsibles cuando se consideran los agregados monetarios de todos los países de la UE, es casi seguro que debido a la profunda reestructuración de los mercados financieros que traerá aparejada la adopción del euro y a la probable inestabilidad inicial de la demanda de esta nueva moneda, estas relaciones serán poco fiables, por lo menos durante algunos años40.

Además de los problemas relacionados con la estabilidad de la demanda de dinero, la experiencia reciente de varios países que, tras abandonar las anclas monetarias y cambiarías han adoptado objetivos de inflación con buenos resultados, refuerza los argumentos a favor de esta opción. Uno de los problemas que podría tener el BCE en las fases iniciales de la UEM si adopta un objetivo de inflación sería el de la credibilidad, debido a los desfases temporales que se producen entre la aplicación de medidas y la obtención de resultados en materia de inflación. Además, el cambio de régimen podría intensificar, por lo menos durante algún tiempo, la incertidumbre con respecto a los métodos utilizados para pronosticar la inflación y predecir cómo se verá afectada por una modificación del calibraje de los instrumentos de política monetaria, dado que estos métodos son esenciales para poner en práctica una estrategia perfectamente definida basada en objetivos de inflación.

Por consiguiente, por razones prácticas, parece poco probable que, cuando se ponga en marcha la UEM, el BCE pueda basarse únicamente en objetivos monetarios u objetivos de inflación, en su versión pura y perfectamente especificada41. Es probable que el BCE deba actuar con un alto grado de discrecionalidad en la ejecución de la política monetaria, y apoyarse sobre todo en el seguimiento de una gama de indicadores, entre los cuales los agregados monetarios probablemente desempeñen un papel significativo, pero que incluirá también indicadores de las variaciones de los precios, los salarios, la actividad económica, el tipo de cambio del euro y la evolución de los mercados de activos en general. Este enfoque no constituiría una novedad ya que así operan la mayoría de los bancos centrales, incluido el Banco Federal de Alemania42. Los bajos niveles de inflación que se registran actualmente en los países de la UE deberían permitir al BCE poner en práctica una estrategia de política económica de esta índole y, al mismo tiempo, establecer su reputación. Sin embargo, será importante que el BCE tome sus decisiones de una forma transparente para ir consolidando su credibilidad: por ejemplo, podría publicar informes sobre las previsiones de inflación, en los que también se expliquen las razones por las cuales adoptó ciertas decisiones, y por las que haya modificado de un período a otro su opinión sobre la orientación que ha de darse a la política monetaria43.

En lo que respecta a las perspectivas de buen funcionamiento de una política monetaria común en la UEM, también debe examinarse en qué medida los cambios en la política monetaria afectarán a la economía real de cada uno de los países. El mecanismo de transmisión puede variar debido a las diferencias institucionales o a diferencias en el proceso de intermediación financiera, por ejemplo, en lo que atañe a la importancia relativa de los instrumentos de deuda a tasa de interés variable y a tasa fija, la importancia del crédito bancario con respecto a otras formas de financiamiento, y las normas relativas al endeudamiento de las familias44. Por consiguiente, en algunos países el producto y la inflación podrían ser más sensibles que en otros a las variaciones de las tasas de interés a corto plazo. En los estudios sobre este tema se demuestra efectivamente que en la UE la reacción de la actividad económica a la política monetaria varía de un país a otro, pero que las diferencias no son tan importantes como para considerar que se plantearán problemas serios en la ejecución de una política monetaria común45. Además, cabe esperar que el funcionamiento de la política monetaria común y la creación de un mercado financiero único permitan lograr con el tiempo una mayor armonización del mecanismo de transmisión en el área del euro. Por consiguiente, lo más probable es que los problemas relacionados con las diferencias en el mecanismo de transmisión, en caso de existir, sean de carácter transitorio.

Sin embargo, es probable que estas diferencias en el mecanismo de transmisión agraven las dificultades a las que deberá hacer frente el SCBE en los primeros años, ya que durante este período deberá llevar a cabo su política monetaria en un entorno que podría caracterizarse por una demanda de dinero particularmente inestable y con una metodología inapropiada para prever la inflación, deberá aprender a tomar decisiones de política de manera eficaz y oportuna como banco central multinacional y deberá consolidar su credibilidad.

La política fiscal

A diferencia de la mayoría de las uniones monetarias, el área del euro no tendrá una autoridad fiscal central. Existe un presupuesto para la totalidad de la UE, pero es relativamente pequeño. Los gastos sólo ascienden a un monto ligeramente superior al 1% del PIB y se destinan principalmente a la política agrícola común y a los fondos estructurales; además, está prohibido el financiamiento del déficit. Habida cuenta del principio de subsidiariedad46 y del hecho de que es improbable que la UE se transforme en un futuro próximo en una federación, cabe prever que el presupuesto de la UE siga siendo relativamente pequeño, y no hay muchos motivos para esperar que éste se convierta en un instrumento importante de la política macroeconómica. Por lo tanto, las decisiones presupuestarias en el área del euro seguirán siendo competencia casi exclusiva de los Estados miembros, aunque sujetas a la supervisión de la Unión en su conjunto en el contexto de las condiciones establecidas en el Tratado de Maastricht y en los acuerdos posteriores.

El principal objetivo fiscal del sistema establecido en Maastricht era evitar los desequilibrios presupuestarios excesivos. La mayoría de los Estados miembros de la UE adolecían de problemas fiscales crónicos, como se desprendía del aumento del coeficiente de la deuda pública, la extensión sin precedentes del sector público y el creciente aumento de una carga tributaria que ya era alta. La mayoría de los países confrontaban también la perspectiva de un empeoramiento de su situación presupuestaria del mediano al largo plazo como resultado de la evolución demográfica. Asimismo, se reconocían cada vez más los efectos negativos de los desequilibrios fiscales en el crecimiento a mediano plazo, debido, entre otros factores, al aumento de las tasas de interés reales. Existía un amplio consenso en cuanto a la necesidad de resolver estos problemas, independientemente del proyecto de creación de la UEM. Además, se consideró que para el buen funcionamiento de la UEM era particularmente importante evitar que las políticas fiscales de un país repercutieran negativamente en los demás países miembros, lo que podía debilitar la credibilidad del objetivo antiinflacionista de la política monetaria común. Concretamente, existía, por una parte, la preocupación de que, una vez creada la UEM, el nivel excesivo de la deuda nacional pudiera suscitar presiones a favor de la aplicación de una política monetaria menos restrictiva, o incluso a favor del rescate de un gobierno con un nivel de deuda excesivo y, por otra, la preocupación de que la existencia de abultados déficit tuviera como resultado una desacertada articulación de las políticas y complicara la labor de las autoridades monetarias.

Una opción habría sido dejar que los mercados financieros por sí solos desalentaran la aplicación de políticas fiscales imprudentes, imponiendo a los gobiernos que aplicaran este tipo de políticas unos márgenes más elevados sobre las tasas de interés de sus empréstitos. Pero se consideró que esta solución no ofrecía garantías suficientes. Si bien se ha comprobado empíricamente que las primas de riesgo aumentan al mismo tiempo que los niveles de deuda, en muchos casos es dudoso que las primas hayan aumentado con la rapidez suficiente para disuadir a los gobiernos; además, no cabe duda de que en Europa la existencia de primas elevadas no ha impedido que, en la práctica, algunos gobiernos hayan seguido endeudándose en gran escala, a pesar de que existía la posibilidad de recurrir a la monetización y a la devaluación de la moneda.

Para hacer frente a estos problemas, en el tratado se establece un procedimiento aplicable en caso de déficit excesivo, que consiste en una evaluación anual de la situación fiscal de los países en la que se determina que un país presenta un déficit excesivo si incumple uno de los dos criterios relacionados con el déficit y la deuda del gobierno general. Estos criterios incluyen los valores de referencia (3% del PIB en el caso del déficit del gobierno general y 60% del PIB en el caso de la deuda bruta del gobierno general) que se utilizarán para determinar si la disciplina fiscal es suficiente. En algunos casos se admite la posibilidad de sobrepasar estos valores de referencia, en particular cuando el déficit aumenta como resultado de circunstancias excepcionales y temporales o cuando el nivel de deuda desciende a un ritmo suficientemente rápido (véase la nota del cuadro 11)47. Uno de los criterios establecidos en el tratado para determinar si un país cumple las condiciones para participar en la unión monetaria es que éste no registre un déficit excesivo. En el tratado se establece también que, una vez que se ponga en marcha la unión monetaria, los países participantes deberán evitar los déficit excesivos pues de lo contrario podrían estar sujetos a sanciones financieras.

Cuadro 11.Unión Europea: Indicadores de convergencia para 1996, 1997 y 1998(Porcentaje)
Inflación de los

precios al consumidor
Saldo del

gobierno general/PlB
Deuda bruta

del gobiemo/PIB2
Tasas de interés

a largo plazo3
19961997199819961997199711998199619971998Agosto de 1997
Alemania1,51,92,3−3,6–3,1–3,0–2,960,762,262,75,7
Francia2,01,11,3−4,1–3,2–3,0–3,255,457,759,25,6
Italia3,91,82,1−6,7–3,2–3,0–3,0123,8122,9121,26,6
Reino Unido42,92,62,7−4,7–2,0–0,653,854,552,47,1
España3,52,02,2−4,4–3,0–3,0–2,669,869,068,26,2
Países Bajos2,12,32,3−2,3–2,1–1,878,073,671,25,5
Bélgica2,11,61,9−3,2–2,8–2,9–2,6127,4125,1122,85,7
Suecia0,81,02,0−2,5–2,1–2,177,777,173,96,5
Austria1,91,51,6−3,9–2,5–3,0–2,570,068,067,65,7
Dinamarca2,22,52,6−1,40,50,70,569,966,463,26,2
Finlandia0,61,32,3−3,1–1,9–1,4–0,458,859,457,95,8
Grecia58,25,74,7−7,4–4,7–4,2–4,1111,8108,0104,29,6
Portugal3,12,22,3−4,0–2,9–2,9–2,966,062,961,76,3
Irlanda1,61,72,1−0,9–0,8–1,5–0,872,867,565,06,3
Luxemburgo1,82,02,0−0,1–0,1–0,15,95,75,56,0
Todos los países de la UE62,51,92,2−4,3–2,8–2,373,974,073,26,2
Valor de referencia72,52,63,1–3,0–3,0–3,060,060,060,08,0
Fuentes: Fuentes nacionales y proyecciones de los funcionarios del FMI.Nota: En el cuadro figuran las estimaciones del personal del FMI de los criterios de convergencia mencionados en el Tratado de Maastricht, con la excepción del criterio sobre tipos de cambio. Los datos y proyecciones con respecto a la inflación de los precios al consumidor se basan en las estadísticas nacionales y no en los índices de precios al consumidor armonizados, elaborados por Eurostat, que se utilizarán para la aplicación de los criterios de Maastricht. Los tres principales criterios de convergencia son: 1) la inflación de los precios al consumidor no debe exceder en más de 1 ½ puntos porcentuales la de los tres países con mejores resultados en materia de inflación; 2) las tasas de interés de los valores del Estado a largo plazo no deben exceder en más de 2 puntos porcentuales las de estos tres Estados miembros, y 3) la posición financiera debe ser sostenible. Concretamente, el déficit del gobierno general no debe sobrepasar el valor de referencia del 3% del PIB. En caso contrario, tiene que haber disminuido sustancial y continuamente y haber alcanzado un nivel cercano al valor de referencia, o el exceso con respecto a dicho valor debe ser de carácter temporal y excepcional. La deuda bruta del gobierno general no debe superar el 60% del PIB; de lo contrario, la razón deuda/PIB debe disminuir suficientemente y aproximarse a un ritmo satisfactorio al valor del 60%. El criterio sobre el tipo de cambio es que el valor de la moneda debe haberse mantenido dentro de los márgenes normales de fluctuación del MTC durante dos años como mínimo sin que se haya producido una devaluación a iniciativa del Estado miembro en cuestión.

En la reunión de junio de 1997 del Consejo Europeo, celebrada en Amsterdam, los Estados miembros de la UE concluyeron las negociaciones sobre el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que define de forma más precisa cómo se llevará a cabo la supervisión de la situación fiscal en la tercera fase (véase el recuadro 3). En el pacto se establece un plazo específico para las distintas etapas del procedimiento aplicable en caso de déficit excesivo; se define más claramente cuándo podría no considerarse excesivo un déficit que supere el 3% del PIB debido a circunstancias excepcionales y temporales, y se establecen supuestos con respecto a las circunstancias en que deberían imponerse sanciones y el monto de dichas sanciones. En el pacto también se insta a los países a mantener una situación fiscal cercana al equilibrio o de superávit en circunstancias normales, a fin de dejar cierto margen para que funcionen los estabilizadores automáticos a lo largo del ciclo48. Para lograr este objetivo se está reforzando la supervisión de las políticas fiscales a mediano plazo como mecanismo de alerta anticipada por medio del cual el Consejo formule recomendaciones sobre medidas correctivas para reducir el déficit mucho antes de que éste sobrepase el valor de referencia.

Por lo tanto, el marco establecido para la política fiscal en la tercera fase tiene como principal objetivo evitar déficit excesivos. Si bien éste es un objetivo comprensible dados los resultados fiscales registrados en los últimos dos decenios, cabe preguntarse, sin embargo, si existe un margen adecuado para que funcionen los estabilizadores automáticos y si se presta atención suficiente a la formulación de una política fiscal adecuada para la unión en su conjunto.

En cuanto al funcionamiento de los estabilizadores automáticos, uno de los interrogantes fundamentales es si los países podrán mantener sus saldos fiscales en una situación de equilibrio o de superávit. Si lo logran, la experiencia histórica parece indicar que los valores de referencia establecidos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento permitirán un margen de maniobra adecuado para garantizar la estabilización en la mayoría de los casos (véase el recuadro 3). Si las recesiones son profundas o prolongadas, se plantearán mayores dificultades, pero el pacto admite cierta flexibilidad en estas circunstancias. Concretamente, un déficit que sobrepase el 3% del PIB en el año en que el producto se reduzca apreciablemente no se considerará excesivo, debido a las circunstancias excepcionales imperantes, siempre que el exceso sea temporal y se considere pequeño. Además, si el déficit se considera excesivo, el Consejo podrá adaptar a las circunstancias el ritmo al que deberá reducirse el déficit a fin de evitar la imposición de sanciones financieras. Por lo tanto, aunque en el pacto se establece que normalmente un déficit excesivo deberá corregirse a más tardar en el plazo de un año a partir del momento en que se determine el exceso, el Consejo podrá ampliar el período de ajuste a fin de tener en cuenta las circunstancias “especiales”. Aunque a este respecto no se ha definido con precisión qué debe entenderse por circunstancias “especiales”, parece adecuado calificar de tales a las situaciones en las que se presente un déficit excesivo aunque el país en cuestión haya logrado un saldo fiscal estructural en equilibrio o de superávit en consonancia con los objetivos a mediano plazo establecidos en el pacto; en estas circunstancias, un déficit excesivo sería normalmente el resultado de una recesión profunda o prolongada.

Se produciría una situación particularmente difícil—no prevista en las proyecciones elaboradas por los funcionarios del FMI—si la situación cíclica se deteriorara poco después del inicio de la UEM, en una fase en que muchos países tal vez no hayan logrado aproximarse lo suficiente al objetivo fiscal a mediano plazo. Si en esta situación se aplicara rigurosamente el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, podría producirse un gran malestar político y social en un momento en que los niveles de desempleo seguirían siendo elevados. A la inversa, si no se aplicara el pacto, podría debilitarse la credibilidad del compromiso de los gobiernos de la UE de mantener la disciplina fiscal.

La necesidad de adoptar una orientación adecuada para la política fiscal en el área del euro en su conjunto—y, por lo tanto, de articular adecuadamente las políticas fiscales y monetarias—en ausencia de una autoridad fiscal central, exigirá reforzar la coordinación de las políticas. En el tratado se establece que cada año el Consejo definirá un conjunto de recomendaciones generales para las políticas económicas de los Estados miembros de la UE, y así ha sido desde 1993. Sin embargo, es difícil determinar claramente la eficacia que podrían tener estas recomendaciones para determinar la orientación precisa que ha de darse a la política fiscal en el área del euro. Hasta la fecha, las orientaciones han coincidido en gran medida con el procedimiento de déficit excesivo, y aún no puede observarse en qué grado podrían influir por sí solas en las políticas, sobre todo porque los países no están obligados a aplicarlas. Además, si el área del euro tiene una dimensión mucho más reducida que la unión en su conjunto, posiblemente sea difícil atender a las necesidades fiscales del área del euro respetando el marco impuesto por dichas orientaciones, ya que éstas son aprobadas por una mayoría cualificada de todo el Consejo. En la reunión celebrada en Amsterdam en junio de 1997, el Consejo Europeo solicitó al Consejo y a la Comisión que examinen la forma de mejorar el proceso de coordinación de las políticas económicas en la UEM, y que presenten un informe en la reunión que se realizará en Luxemburgo en diciembre de 1997.

El ajuste en ausencia de los tipos de cambio

En el contexto de estos dispositivos de política fiscal y monetaria diseñados para fomentar la estabilidad de precios y la viabilidad fiscal, uno de los interrogantes fundamentales es si el área del euro contará con un mecanismo eficaz para amortiguar las perturbaciones económicas y adaptarse a las mismas. Para el funcionamiento armónico del área del euro a largo plazo y el éxito de la UEM es necesario evitar que, en algunos países, se cree la impresión de que la estabilización de los precios y del producto en la economía nacional es más débil que antes de la unión monetaria o que la eficacia de las políticas de estabilización en la Unión varía de un país a otro, ya que ello no permitiría apreciar claramente las ventajas de la unión monetaria. Al examinar estas cuestiones, surgen naturalmente dos puntos de comparación: ¿cuál habría sido la reacción en el régimen vigente antes de la unión monetaria? y ¿cuál es la reacción obtenida en otras áreas monetarias de grandes dimensiones, como Estados Unidos? Además, es necesario considerar varios tipos de perturbaciones y distinguir entre las perturbaciones simétricas, que tienen un impacto similar en toda el área monetaria, y las perturbaciones asimétricas, cuyos efectos varían de un país a otro, y entre las perturbaciones temporales y las perturbaciones de carácter permanente.

En la medida en que las perturbaciones se distribuyan de forma simétrica entre los países de la UE, la pérdida de la posibilidad de recurrir de forma independiente a la política monetaria o cambiaría no debería afectar la capacidad de estos países para hacer frente a esas perturbaciones. Además, como se ha señalado anteriormente, si los países cumplen los objetivos a mediano plazo establecidos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, la política fiscal en el área del euro permitirá amortiguar las perturbaciones, en el mismo grado que desde hace algún tiempo.

Recuadro 3.E1 Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea

En el Pacto de Estabilidad y Crecimiento se define en detalle cómo se llevará a cabo la supervisión de las políticas fiscales nacionales en la tercera fase de la UEM, de conformidad con las condiciones establecidas en el Tratado de Maastricht1. Uno de los principales objetivos del tratado consiste en evitar los déficit excesivos y se prevé la imposición de sanciones financieras en la tercera fase cuando un país que registre un déficit excesivo no actúe de acuerdo con las recomendaciones del Consejo de Ministros. Con todo, el tratado no responde a algunos interrogantes clave: ¿qué se entiende por circunstancias excepcionales y temporales en que el déficit del gobierno general puede sobrepasar el límite del 3% del PIB sin que se considere excesivo? ¿cuál es el calendario previsto para la aplicación de los distintos pasos del procedimiento previsto para el caso de déficit excesivo? y ¿en qué circunstancias se decidiría la imposición de sanciones financieras y cuál sería el monto de las mismas? En el Pacto de Estabilidad y Crecimiento se da respuesta a estos interrogantes y se define con más precisión cómo se aplicará el procedimiento de déficit excesivo en el área del euro. Al mismo tiempo, el pacto refuerza la supervisión de las políticas fiscales a mediano plazo por parte del Consejo con miras a evitar déficit excesivos, y centra dicha supervisión en el objetivo de mantener una situación fiscal a mediano plazo cercana al equilibrio o de superávit.

Disposiciones del pacto con respecto a la aplicación del procedimiento de déficit excesivo

Un déficit del gobierno general que sobrepase el 3% del PIB se considerará excepcional y temporal si es el resultado de una circunstancia inhabitual que escape al control del Estado miembro de que se trate o si es consecuencia de una desaceleración grave de la economía, siempre que, además, una vez superada esa situación, las proyecciones de la Comisión para el año siguiente prevean una reducción que sitúe nuevamente el déficit en el 3% o menos. Para evitar que el déficit se considere excesivo, éste también deberá mantenerse en un nivel que se aproxime al valor de referencia. Como norma general, una reducción del PIB del 2% en el año de que se trate se considerará como una desaceleración grave. El pacto permite a los Estados miembros demostrar que una menor reducción del producto inferior al 2% es excepcional, mediante datos que reflejen, por ejemplo, que ha habido una cambio brusco de tendencia o una pérdida acumulada de producción respecto a las tendencias históricas. Los países han acordado que no alegarán como circunstancias excepcionales una reducción del producto inferior a¾ de 1%.

El procedimiento relativo a los déficit excesivos se iniciaría, en la mayoría de los casos, con la presentación, a principios de marzo de cada año, de datos sobre la situación de las finanzas públicas del año anterior por parte de las autoridades nacionales2. Antes del 31 de mayo, el Consejo determinaría la existencia, en su caso, de un déficit excesivo y formularía las recomendaciones pertinentes; antes del final del año impondría sanciones financieras a los países que considerara que no han actuado de acuerdo con las recomendaciones del Consejo (o, en una etapa posterior, a los países que no hubieran llevado a cabo las decisiones adoptadas inicialmente). Para evitar las sanciones, normalmente el país debería reducir el déficit al 3% del PIB o menos en el año posterior al que se hubiera registrado el déficit excesivo. No obstante, en el pacto se establece que el Consejo podrá fijar un período de ajuste más largo en circunstancias especiales (que no se definen en el pacto). Las sanciones consistirían, inicialmente, en el depósito en una cuenta no remunerada, de un monto comprendido entre el 0,2% y el 0,5% del PIB, según la magnitud del déficit. El depósito se rembolsaría si el déficit excesivo se corrigiera dentro de los dos años; de lo contrario, se convertiría en una multa. Cada año a partir del depósito inicial podrían exigirse nuevos depósitos (que también se convertirían en multas) hasta que se corrija el déficit excesivo.

Fortalecimiento de la supervisión de la situación fiscal

Según el pacto, cada país deberá mantener una situación fiscal a mediano plazo cercana al equilibrio o de superávit, a fin de contar con un margen de seguridad adecuado para evitar déficit excesivos cuando se produzcan fluctuaciones cíclicas normales. Los países presentarán programas de estabilidad anuales en los que definirán específicamente cómo lograrán sus objetivos fiscales a mediano plazo. El Consejo examinará los programas iniciales y podrá decidir si ha de examinar los programas que le sean presentados con posterioridad. El Consejo formulará recomendaciones cuando considere que el programa no es apropiado, y verificará la aplicación del programa en el marco de la supervisión multilateral periódica. En la generalidad de los casos, este mecanismo constituiría un sistema de alerta anticipada por medio del cual el Consejo indicaría a los países si existe el riesgo de un déficit excesivo.

Repercusiones en la gestión de la política fiscal

Si bien el pacto refuerza el marco de disciplina fiscal, uno de los interrogantes que se plantean es en qué medida podría limitar una política fiscal anticíclica. Una serie de factores, además de la ejecución de una política fiscal discrecional, entran en juego en esta cuestión, entre ellos la sensibilidad de la situación fiscal a la evolución del ciclo, la orientación básica de la política fiscal y la magnitud y duración de las fluctuaciones cíclicas en la economía y el presupuesto.

Las estimaciones del personal del FMI indican que si, en promedio, en la UE el producto efectivo es inferior al potencial en un 1%, el saldo fiscal se agravará en un 0,6% del PIB, sintiéndose la mayor parte de los efectos en el año en que se produzca la reducción del producto. En algunos países, el impacto del ciclo es mayor. En Dinamarca, Países Bajos, el Reino Unido y Suecia, el parámetro de reacción del saldo fiscal ante las fluctuaciones del PIB es del orden del¾ o mayor. En los casos en que las finanzas públicas se mantienen en una situación de equilibrio estructural y el parámetro de reacción cíclica es de una magnitud media, los estabilizadores automáticos permitirían hacer frente a una brecha de producción del 5% sin que el déficit sobrepasara el 3% del PIB. En un país con un parámetro de reacción de¾, para amortiguar la misma brecha se requeriría un superávit de alrededor del 1% del PIB.

Es difícil estimar en qué medida las fluctuaciones cíclicas por sí solas han podido provocar el incumplimiento del valor de referencia de Maastricht, incluso en una situación de equilibrio fiscal estructural, debido a la incertidumbre que plantea la estimación de las brechas de producción. En un estudio de la Comisión Europea se observó que sólo en tres países el mayor déficit cíclico sobrepasó el 3% del PIB entre 1961–96 (por un margen considerable en Finlandia y Suecia, y por pequeña diferencia en Luxemburgo)3. Los autores señalaron que su metodología tendía a generar estimaciones más pequeñas de las brechas de producción que la utilizada por el FMI o la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). En otro estudio, en el que se utilizaron los datos de Perspectivas de la economía mundial correspondientes a 12 países de la UE para el período comprendido entre finales de los años setenta y 1995, se calculó que, en la mayoría de los países, la desviación estándar del déficit cíclico fue inferior al 2% del PIB4. Sin embargo, el mayor déficit cíclico sobrepasó el 3% del PIB en cinco casos: en Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido, el excedente fue del orden de ½ a¾ de punto porcentual, pero en el caso de Finlandia y Suecia fue mucho mayor. Todos estos países, salvo Finlandia, se caracterizan por una sensibilidad de la situación fiscal con respecto al ciclo superior a la media.

Cabe destacar que, en el marco del procedimiento ordinario aplicable en caso de déficit excesivo, un país no estará sujeto a sanciones financieras (inicialmente, un depósito en una cuenta no remunerada) a menos que el déficit sobrepase el límite del 3% del PIB durante dos años consecutivos sin que en ninguno de los dos años pueda considerarse que se ha producido una circunstancia excepcional y temporal, y el Consejo concluya que el país no ha tomado medidas adecuadas de acuerdo con sus recomendaciones para eliminar el déficit excesivo5. Incluso en este caso, en virtud de circunstancias especiales, podría ampliar el período de ajuste sin imponer sanciones. En el estudio de la Comisión mencionado anteriormente, en el que se examinan las variaciones efectivas de la situación fiscal cuando se produce una recesión o una desaceleración cíclica (incluidos los efectos de toda medida discrecional) se llega a la conclusión de que, si los países hubieran tenido una situación fiscal de equilibrio antes de la desaceleración cíclica, durante el año posterior a la recesión habría persistido un déficit superior al 3% únicamente en cinco casos en que la recesión fue grave (de los 24 casos en que la caída del producto fue mayor de¾ %) y en uno en que la recesión fue moderada6. (En este último caso, el país no había suprimido las medidas anticíclicas discrecionales a pesar de la sólida recuperación registrada en el año posterior a la recesión.)

En general, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento no debería afectar en gran medida el funcionamiento de los estabilizadores automáticos si los países mantienen una situación fiscal (estructural) de equilibrio a mediano plazo o si se registran pequeños superávit en el caso de los países cuya situación fiscal se caracteriza por una sensibilidad a las fluctuaciones cíclicas superior a la media. Ello no significa que no pueda haber complicaciones en la aplicación del pacto. Inevitablemente las habrá y, entre ellas, cabe destacar las tres siguientes. En primer lugar, es posible que cuando se produzca una recesión grave y prolongada deba recurrirse a la disposición relativa a las circunstancias especiales. En este tipo de recesiones, es posible que a veces tengan que adoptarse medidas anticíclicas discrecionales, sobre todo si se producen perturbaciones asimétricas, caso en el cual la política monetaria no ofrecería el respaldo necesario. En segundo lugar, la disposición relativa a las circunstancias excepcionales es aplicable en menor medida a los países que registran tasas de crecimiento tendencial del producto relativamente altas y que son menos propensos a registrar una reducción del producto durante períodos de desaceleración cíclica. Una forma implícita de reconocer esta cuestión es que permite tener en cuenta las pérdidas de producto acumuladas para determinar si una reducción del producto comprendida entre¾% y 2% es excepcional, pero quizá se requieran otras formas de reconocimiento cuando se aplique la disposición relativa a las circunstancias especiales. Por último, actualmente muchos países no alcanzan el objetivo fiscal a mediano plazo, lo que podría colocarlos en una situación difícil si se produjera una desaceleración cíclica a principios de la tercera fase. En otro orden de cosas, cabe reconocer también que, dada la incertidumbre que plantea la medición de las brechas de producción, entre otros factores, podría ser difícil alcanzar un objetivo determinado en lo que respecta al saldo estructural con un alto grado de precisión.

De todos modos, es necesario considerar las inquietudes que se plantean en torno a las posibles limitaciones a la capacidad de los países para aplicar una política fiscal anticíclica teniendo en cuenta la limitación que han representado los cuantiosos déficit de la mayor parte de los países de la UE a lo largo de gran parte de los últimos 25 años. A este respecto, el reforzamiento de la disciplina que supone la aplicación del pacto podría contribuir a que la política fiscal desempeñe una función de estabilización más relevante que la que ha podido desempeñar en la mayoría de estos países durante muchos años. Al mismo tiempo, el logro de un mayor grado de estabilidad de precios y el hecho de que en el Sistema Europeo de Bancos Centrales se prestará especial atención a la situación en toda el área del euro (a diferencia de la influencia dominante de la situación económica de Alemania en la política monetaria de los países que participan en el mecanismo de tipos de cambio (MTC)), seguramente han de permitir que la política monetaria desempeñe una función estabilizadora más importante que antes en toda el área del euro.

1El pacto consiste en dos reglamentos del Consejo Europeo que tienen fuerza de ley (uno sobre el procedimiento aplicable en caso de déficit excesivo y otro sobre la supervisión), y una resolución del Consejo Europeo que proporciona orientación a la Comisión, al Consejo y a los Estados miembros sobre la forma de aplicar el pacto.2E1 procedimiento también puede aplicarse en casos en que deliberadamente no se respeten los valores de referencia.3M. Buti, D. Franco y H. Ongena, Budgetary Policies during Recessions: Retrospective Application of the Stability and Growth Pact to the Post-War Period. Economic Paper No. 121, Comisión Europea (mayo de 1997).4Paul R. Masson, “Fiscal Dimensions of EMU”, en Economic Journal, vol. 106 (julio de 1996), págs. 996–1004. Los países de la UE no incluidos en la muestra fueron Grecia, Luxemburgo y Portugal.5Podría aplicarse un procedimiento expeditivo en el caso de un país que planeara deliberadamente un déficit que el Consejo juzgara excesivo.6Naturalmente, cuando una recesión se inicia a partir de una situación de sobrecalentamiento, una situación fiscal estructural en equilibrio obedecería a un superávit registrado antes de la recesión. Otros cálculos realizados por los autores (no incluidos en el estudio publicado) indican que, aunque inicialmente se registre un superávit atribuible al período anterior a la recesión que corresponda en magnitud al componente presupuestario cíclico, el déficit sigue sobrepasando el 3% del PIB en el año posterior a la recesión en cuatro de los cinco casos de recesión grave.

Sin embargo, existen varios factores que podrían obstaculizar en toda el área del euro la adaptación a las perturbaciones, incluso las simétricas. Uno de estos factores está relacionado con las diferencias internacionales en el mecanismo de transmisión de la política monetaria. Aunque, como se ha señalado anteriormente, estas diferencias no parecen ser preocupantes, el mecanismo de transmisión no alcanzará hasta dentro de algún tiempo el grado de uniformidad que, por ejemplo, en Estados Unidos, facilita la labor de las autoridades responsables de la política monetaria49. Además, la estabilización fiscal puede generar filtraciones externas, que pueden ser bastante importantes, sobre todo en el caso de las economías más pequeñas y más abiertas de la UE. Por lo tanto, cuando se produce una desactivación económica de alcance general como resultado de una crisis, y en caso de que no se coordinen las políticas, la estabilización fiscal a escala global podría ser inferior al nivel óptimo. La estabilización fiscal podría ser particularmente insuficiente si la perturbación fuera de tal magnitud que creara el riesgo de que ningún país pudiera cumplir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, ya que ello constituiría un nuevo desincentivo para dejar que funcionen los estabilizadores automáticos o adoptar medidas fiscales discrecionales. Estos problemas son menos importantes en otras áreas monetarias de grandes dimensiones en las cuales la estabilización se lleva a cabo de forma centralizada, y está por ver con qué rapidez se desarrollará una coordinación de las políticas en el área del euro que compense esta diferencia. Por último, la capacidad de los países para hacer frente a las perturbaciones asimétricas dependerá de la flexibilidad estructural de cada economía. Por lo tanto, cuanto mayor sea la flexibilidad de los mercados de todas las economías nacionales, menor será la probabilidad de que se produzcan desviaciones significativas con respecto a los objetivos.

Al evaluar el impacto de la UEM en la capacidad de los países para adaptarse y hacer frente a las perturbaciones, se observa que cuando las perturbaciones son asimétricas se plantean una serie de cuestiones de mayor trascendencia. Precisamente en estos casos es más probable que no sea eficaz una respuesta de política económica común y que la pérdida de independencia en materia de política monetaria y cambiaría a nivel nacional imponga más limitaciones. La naturaleza y magnitud de los problemas que puedan surgir dependerá, entre otras cosas, de la incidencia de las perturbaciones asimétricas, del carácter temporal o permanente de las perturbaciones, del margen de maniobra de la política fiscal para amortiguar las perturbaciones y facilitar el ajuste y de la posibilidad de utilizar otros mecanismos de ajuste, sobre todo si los mercados internos son flexibles.

Hasta la fecha, la incidencia de las perturbaciones asimétricas parece haber sido más pronunciada en la UE que en Estados Unidos, pero en el caso de un “núcleo” de países de la UE, la diferencia no parece haber sido significativa (recuadro 4). En realidad, en la UE la incidencia de perturbaciones asimétricas de la demanda podría disminuir una vez que se adopte el euro, ya que las asimetrías derivadas de las políticas monetarias nacionales o de las variaciones de los tipos de cambio dentro del área del euro ya no serían un factor a tener en cuenta; además, la disciplina impuesta por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento debería reducir a mediano plazo la incidencia de perturbaciones fiscales50. Por otra parte, si las economías de los Estados miembros adquieren mayor especialización en la producción, podría compensarse esta tendencia a una menor incidencia de perturbaciones asimétricas.

Las perturbaciones plantean un problema de política económica diferente según sean de carácter temporal o permanente. En el caso de las perturbaciones temporales, no parece probable que se planteen más dificultades en la UEM que en el MTC51. En el ámbito del MTC, en general, no se ha recurrido a la política monetaria o a la flexibilidad de los tipos de cambio para hacer frente a dichas perturbaciones52 y, como se ha señalado anteriormente, el margen de maniobra para alcanzar la estabilización fiscal no debería ser menor que antes si los países aplican la estrategia a mediano plazo prevista en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Sin embargo, uno de los interrogantes importantes que se plantean es si podría reforzarse la estabilización económica, en el caso de que una parte de esta función se asignara a una institución fiscal central. La experiencia de Estados Unidos y de otros sistemas federales formados por distintas regiones económicas parece demostrar la eficacia potencial de un sistema centralizado de estabilizadores automáticos53. Además, aparentemente no hay razón para que los gobiernos nacionales del área del euro no puedan, en principio, desempeñar una función de estabilización igualmente eficaz, ya que los principales instrumentos de estabilización utilizados por los gobiernos centrales en los sistemas federales serán de la competencia exclusiva de los gobiernos nacionales en la UEM. De hecho, hasta ahora, la función de estabilización desempeñada por los gobiernos nacionales en la UE parece haber sido similar a la desempeñada por el sistema federal de Estados Unidos.

La principal razón por la que en el contexto de las perturbaciones asimétricas temporales podría complementarse la función de estabilización fiscal desempeñada por los gobiernos nacionales con la de una institución centralizada sería que, al parecer, de esta manera habría un mecanismo para compartir los riesgos. De esta forma, los países en los cuales las perturbaciones temporales tuvieran una incidencia mayor o fueran más graves que la media, compartirían el costo de esa desventaja con los demás. La conveniencia de este mecanismo de seguro podría ser aún mayor dadas las limitaciones que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento impone a los gobiernos en cuanto a la obtención de préstamos, y el mecanismo sería especialmente útil para las economías más abiertas, dadas las filtraciones fiscales que se han señalado anteriormente. No obstante, la formulación de un mecanismo de distribución de riesgos es bastante complicada, en parte debido a los problemas de riesgo moral, ya que con estos mecanismos las economías no se verían necesariamente obligadas a hacer esfuerzos para adaptarse a las perturbaciones económicas. En el Tratado de Maastricht se optó por establecer disposiciones bastante restrictivas en cuanto a la ayuda financiera comunitaria a los Estados miembros54.

En el caso de perturbaciones asimétricas de mayor duración, el papel de la política fiscal es necesariamente más limitado, ya que deberá procederse a un ajuste más que a la obtención de financiamiento55. Las variaciones del tipo de cambio, incluso en el ámbito del MTC, han constituido un instrumento importante para los países de la UE que se encontraban en tales circunstancias, facilitando el ajuste para corregir las rigideces nominales. Cabe esperar que una mayor disciplina en la aplicación de la política monetaria y la política fiscal contribuya a evitar la aparición de desajustes de los precios y los costos en la UEM. Sin embargo, cuando no exista ya la posibilidad de modificar los tipos de cambio entre los países que formen parte del área del euro, los ajustes salariales y la movilidad laboral entre los países de dicha área tendrán que desempeñar una función más importante. A este respecto, las diferencias que existen actualmente entre Estados Unidos y la UE son sorprendentes. Según ciertas estimaciones, la flexibilidad de los salarios reales en la UE es aproximadamente la mitad de la de Estados Unidos56. Además, la movilidad de la mano de obra tanto entre los países de la UE como dentro de cada país, también es baja comparada con la de Estados Unidos57. Ello agudiza la necesidad—que existe de todas formas dados los altos niveles de desempleo en Europa—de que la UE lleve a cabo una reforma de los mercados de trabajo con miras a reducir las rigideces, mediante una mayor flexibilidad salarial. No cabe duda de que las diferencias culturales y lingüísticas seguirán limitando la migración, pero, en este contexto, también es importante examinar en qué medida pueden reducirse aún más las barreras que traban la movilidad de la mano de obra entre los países58.

Recuadro 4.Perturbaciones asimétricas: La Unión Europea y Estados Unidos

La experiencia recogida en Estados Unidos ofrece un punto de comparación natural para evaluar la magnitud y los efectos posibles de las perturbaciones asimétricas en el área del euro. Estados Unidos y la Unión Europea se asemejan bastante en cuanto a su población, el tamaño de su economía medido según el PIB y su apertura al comercio internacional. Como Estados Unidos ha sido una zona monetaria por mucho tiempo, la comparación de la incidencia de las perturbaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea permitiría formarse una idea de algunos problemas que podrían plantearse en la unión monetaria Europa1.

Los posibles efectos de las perturbaciones asimétricas en el área del euro pueden medirse comparando la correlación de las fluctuaciones del producto en los distintos países de la UE con las de las regiones de Estados Unidos. En el cuadro se presentan los coeficientes de correlación de las fluctuaciones del crecimiento del producto entre Alemania occidental y los otros países de la UE, y entre la región centro-oriental de Estados Unidos y las demás regiones de este país, durante el período 1964–902. En general, se observa que la correlación de las fluctuaciones del crecimiento del producto es mayor entre las regiones de Estados Unidos que entre los países de la UE durante este período. No obstante, en ambos casos parece haber un “núcleo” (Alemania occidental, Francia, los Países Bajos, Bélgica y Austria en la UE, y la región centro-oriental, Nueva Inglaterra, los Grandes Lagos y los estados del sudoeste en Estados Unidos) en el cual dichas fluctuaciones tienden a guardar una correlación relativamente mayor3. Las fluctuaciones del crecimiento del producto en las regiones “periféricas” estaban mucho menos correlacionadas con sus respectivas regiones ancla tanto en Estados Unidos como en la UE. Una conclusión interesante que se desprende del cuadro es que, pese a que los coeficientes de correlación de las fluctuaciones en el “núcleo” de la UE son inferiores a los del “núcleo” de Estados Unidos, las diferencias no son muy grandes: en particular, son muchísimo menores que las diferencias entre el núcleo y la periferia dentro de Estados Unidos.

Coeficientes de correlación del crecimiento del producto con las zonas ancla, 1964–90
Estados de Estados Unidos
Centro-este1,00
Nueva Inglaterra0,92
Grandes Lagos0,87
Sudeste0,84
Llanuras0,74
Lejano Oeste0,68
Sudoeste0,34
Montañas Rocosas0,18
Países de la Unión Europea
Alemania occidental1,00
Países Bajos0,77
Francia0,71
Bélgica0,71
Austria0,70
Dinamarca0,61
Grecia0,61
España0,54
Portugal0,49
Irlanda0,48
Italia0,47
Suecia0,43
Finlandia0,41
Reino Unido0,19
Nota: Se observó que los coeficientes de correlación del crecimiento del producto entre las zonas ancla en Estados Unidos eran estables con respecto al período elegido y que los coeficientes de correlación del “núcleo” de la Unión Europea también eran estables cuando se elegían períodos distintos. No obstante, se observó que las correlaciones del crecimiento del producto entre la zona ancla y Finlandia, el Reino Unido y Suecia varían según el período que se elija. Por ejemplo, al elegir el período 1973–90 como período de referencia los coeficientes de correlación resultaron mayores en el caso del Reino Unido, pero mucho menores para Finlandia y Suecia. No obstante, estos tres países siguieron formando parte de la “periferia” cualquiera que fuera el período elegido.

En general, se corroboran estos resultados en los análisis en los que se desagregan las perturbaciones entre las correspondientes a la oferta y las correspondientes a la demanda. Por perturbaciones de la oferta se entienden las perturbaciones imprevistas que afectan, por ejemplo, a la tecnología o los precios de los productos básicos, y que tienden a producir efectos relativamente duraderos sobre el producto y los precios. Son ejemplos de perturbaciones de la oferta los aumentos del precio del petróleo de los años setenta. La perturbaciones de la demanda surgen debido a ciertos fenómenos, como una alteración imprevista que afecte el comportamiento empresarial, las preferencias de los consumidores o la demanda de los productos de exportación, así como un cambio significativo de la política monetaria o la política fiscal. Las perturbaciones de la demanda tienden, en general, a producir efectos menos duraderos sobre el producto, pero efectos más permanentes sobre el nivel de precios. La unificación alemana, que modificó la combinación de políticas monetarias y fiscales que se aplican en Europa, es un ejemplo de perturbación asimétrica de la demanda. Siguiendo el método empleado en el estudio de Bayoumi y Eichengreen4 en el gráfico se representan las correlaciones de las fluctuaciones del producto derivadas de perturbaciones de la oferta y la demanda entre los distintos países de la UE y Alemania, y las respectivas correlaciones entre las distintas regiones de Estados Unidos y los estados de la región centro-oriental en el período 1962–88. La correlación de las fluctuaciones de la actividad económica generadas por perturbaciones de la oferta y la demanda tiende a ser mayor entre las regiones de Estados Unidos que entre los países de la UE. No obstante, como ocurrió en el caso de las perturbaciones agregadas, la correlación de las fluctuaciones del producto registradas en el “núcleo” de Estados Unidos y la UE debido a perturbaciones de la oferta con las fluctuaciones registradas en las respectivas zonas ancla fue mayor que en el caso de las fluctuaciones del producto originadas por perturbaciones de la oferta en las regiones “periféricas”. Lo mismo ocurre cuando las fluctuaciones de la actividad económica se derivan de perturbaciones de la demanda.

Correlación de las perturbaciones de la oferta y la demanda con las zonas ancla

Fuente: T. Bayoumi y B. Eichengreen, “Shocking Aspects of European Monetary Unification”, en Ajustment and Growth in the European Monetary Union, edición a cargo de Francisco Torres y Francesco Giavazzi (Cambridge, Inglaterra; Nueva York: Cambridge University Press, 1993).

La conclusión general que se desprende de este análisis es que los efectos asimétricos de las perturbaciones fueron relativamente más agudos en la UE que en Estados Unidos en el período 1962–88. No obstante, pese a que los efectos asimétricos de las perturbaciones sobre el producto fueron mayores en los países integrantes del “núcleo” de la UE que en Estados Unidos, las magnitudes de las diferencias no parecen ser apreciables. Cabe señalar sin embargo que, en lo que respecta a la evaluación de la viabilidad económica del área del euro, los ejemplos referidos a efectos de perturbaciones asimétricas producidos en el pasado sólo ofrecen una indicación incompleta de lo que podría ocurrir en el futuro. La adopción de una moneda única constituirá un cambio fundamental de régimen que tendrá consecuencias importantes en la estructura de las perturbaciones que puedan presentarse en el área del euro. En particular, la incidencia de perturbaciones asimétricas de la demanda probablemente disminuya una vez que se adopte la moneda única, ya que los países integrantes del área del euro no podrán seguir aplicando políticas monetarias independientes y se eliminarán las fluctuaciones cambiarías dentro de la zona.

Más difícil resulta predecir los efectos que tendrá la modificación de régimen cambiario sobre la estructura de las perturbaciones de la oferta. La adopción de la moneda única podría llevar a una especialización manufacturera de los países de la UE mayor que la actual. Por consiguiente, la posibilidad de aumento de la incidencia de perturbaciones asimétricas de la oferta (y de la demanda) debido a este factor quizá sea mayor una vez que se adopte la moneda única5. No obstante, es probable que la modificación del emplazamiento de la producción manufacturera sólo se produzca en forma gradual. Además, los estudios realizados indican que únicamente la producción de manufacturas es más especializada por regiones en Estados Unidos que en la UE y que no existen diferencias significativas en la especialización regional en el resto de la economía6. En resumen, si bien una mayor especialización manufacturera podría tender a incrementar las perturbaciones asimétricas en el área del euro, es probable que ello se compense con la reducción de las perturbaciones asimétricas de la demanda que traen implícitas la aplicación de una política monetaria unificada y las estrictas limitaciones a la política fiscal de los países que participen en la UEM.

1En los últimos años, en varios estudios se ha tratado de comparar la incidencia de las perturbaciones y los mecanismos de ajuste de Estados Unidos con los de la UE. Véase T. Bayoumi y B. Eichengreen, “Shocking Aspects of European Monetary Unification,” en Adjustment and Growth in the European Monetary Union, edición a cargo de Francisco Torres y Francesco Giavazzi (Cambridge, Inglaterra; Nueva York: Cambridge University Press, 1993), y T. Bayoumi y E. Prasad, “Currency Unions, Economic Fluctuations and Adjustment: Some New Empirical Evidence”, en Staff Papers (FMI, marzo de 1997), págs. 36–58.2Alemania occidental, por ser la mayor economía y por haber desempeñado la función de ancla del MTC, constituye el patrón de comparación lógico en el caso de la UE. La región centro-oriental de Estados Unidos, por ser la mayor en términos económicos, constituye el respectivo patrón de comparación frente al resto de las regiones del país. La elección del año 1990 como punto final del análisis obedece a la necesidad de excluir los efectos de la unificación alemana en el estudio de las correlaciones del producto de los países de la Unión Europea. El uso de las tasas medias de crecimiento de Estados Unidos y de la Unión Europea en lugar de las tasas correspondientes a la región centro-oriental y a Alemania occidental no altera significativamente los resultados. Estas cuestiones se examinan más detalladamente en Bayoumi y Eichengreen, “Shocking Aspects”.3La agrupación regional de los estados de Estados Unidos corresponde a la definición que emplea la Dirección de análisis económico del Ministerio de Comercio de Estados Unidos.4Bayoumi y Eichengreen, “Shocking Aspects”.5Paul R. Krugman, Geography and Trade (Lovaina, Bélgica, Leuven University Press, 1991), señala que la producción manufacturera en la actualidad está más especializada por regiones en Estados Unidos que en la UE, y sostiene que la adopción de la moneda única originará una mayor especialización regional a medida que las empresas intenten maximizar los beneficios derivados de la cercanía a sus proveedores y compradores. No obstante, la integración de los mercados de productos probablemente no aumente la incidencia de perturbaciones asimétricas si la integración se caracteriza más por una especialización dentro de cada industria que entre las distintas industrias, y si la incidencia de perturbaciones restringidas a ciertas industrias es más importante que las perturbaciones restringidas a ciertos países. Véase el examen realizado en Alan C. Stockman, “Sectoral and National Aggregate Disturbances to Industrial Output in Seven European Countries”, Journal of Monetary Economics, vol. 21 (mayo de 1988), págs. 387–4096Véase Bayoumi y Prasad, “Currency Unions”.

Evaluación global del marco de política económica

Del análisis anterior se desprende que una de las omisiones importantes del marco establecido en Maastricht es que no se reconoce de forma explícita la importancia de la flexibilidad de los mercados de trabajo. En los años transcurridos desde que se firmó el Tratado se han realizado esfuerzos dentro de la UE, motivados por la persistencia de altas tasas de desempleo, para reforzar la supervisión de las políticas relativas a los mercados de trabajo. No obstante, esta supervisión ha tenido un alcance relativamente limitado, en parte debido al principio de que las políticas en este campo son principalmente de la competencia de las autoridades nacionales. Por lo tanto, en las orientaciones económicas generales formuladas cada año por el Consejo se ha evitado hacer referencia a las circunstancias específicas de cada país en este ámbito, y el carácter global de los debates mantenidos en el seno de la UE sobre la estrategia en materia de empleo posiblemente explique en cierta medida el hecho de que no se prestara la atención necesaria a ciertas cuestiones difíciles relativas a los sistemas de prestaciones sociales y la reglamentación de los mercados de trabajo.

Reconociendo que no se ha avanzado lo suficiente para resolver los problemas del mercado de trabajo en la UE, en el proyecto de tratado aprobado en Amsterdam en junio de 1997 se establece específicamente que las políticas de empleo son una cuestión de interés común y se definen los procedimientos para la supervisión de estas políticas. Al mismo tiempo, los jefes de Estado y de Gobierno subrayaron la necesidad de que el Consejo preste más atención al empleo en el marco de las orientaciones generales de política económica y previeron la celebración de una reunión cumbre sobre el empleo en el curso de 1997. Aunque, sin duda, estas medidas podrían contribuir a reforzar el marco de política económica a nivel de la UE, será necesario vencer la resistencia de muchos países de la UE a emprender reformas fundamentales del mercado de trabajo. La propia UEM podría desempeñar un papel importante en este sentido, puesto que ya no podrá utilizarse el tipo de cambio como instrumento de ajuste a nivel nacional (y sobre todo no se podrá recurrir a la depreciación de la moneda para superar una situación difícil), por lo que cabe esperar que los responsables de la política económica comprendan mejor la necesidad de utilizar otros medios de ajuste.

En los ámbitos fiscal y monetario, el nuevo marco de política económica parece ofrecer un equilibrio adecuado entre la rigidez impuesta por las normas y la flexibilidad necesaria para el ejercicio de cierta discreción en la aplicación de las políticas. El Pacto de Estabilidad y Crecimiento es un buen ejemplo en este sentido. El logro por parte de los Estados miembros de los objetivos a mediano plazo establecidos en el pacto, sumado a la flexibilidad disponible para hacer frente a circunstancias “excepcionales” y “especiales”, debería permitir un margen de maniobra suficiente a fin de utilizar la política presupuestaria para hacer frente a las perturbaciones. Por lo tanto, la inexistencia de un mecanismo fiscal central no debería plantear los problemas a los que suele aludirse. No obstante, a falta de este mecanismo, para asegurar que la orientación de la política fiscal de toda el área del euro y la combinación de las políticas fiscales y monetarias sean adecuadas, deberán reforzarse los procedimientos de coordinación de las políticas. En cuanto a la política monetaria, la prioridad asignada a la estabilidad de precios entre las funciones del SEBC es una sólida garantía de disciplina, respaldada por otras disposiciones que aíslan a las autoridades monetarias de las presiones políticas. Al mismo tiempo, el SEBC debería tener la flexibilidad necesaria para hacer frente a la incertidumbre con respecto a la demanda de activos financieros y el mecanismo de transmisión, que podría ser especialmente intensa al principio de la tercera fase.

Sin embargo, no hay que subestimar los problemas a los que se enfrentarán las autoridades responsables de la política económica en los primeros años de la UEM. En el ámbito de la política monetaria, las autoridades de la UE, que proceden de distintos países, deberán establecer posiciones comunes y tomar decisiones operativas en el momento oportuno con respecto a temas que hasta la fecha han sido de la competencia de las autoridades nacionales. Al mismo tiempo, la incertidumbre señalada en el párrafo anterior dificultará la evaluación del impacto de las políticas. Es probable que estas dificultades sean más intensas cuanto mayor sea el número inicial de países participantes.

Si bien las bajas tasas de inflación que se registran en la UE constituyen un buen punto de partida para la política monetaria única, cabe pensar que los mercados seguirán muy de cerca las decisiones del SEBC hasta que éste haya consolidado su credibilidad, a fin de cerciorarse de que la política monetaria se mantiene fiel a su objetivo antiinflacionario. Para garantizar este objetivo y, al mismo tiempo, llevar a cabo una política equilibrada que permita al SEBC tener debidamente en cuenta otros objetivos, tales como la estabilización del producto, el SEBC deberá explicar cautelosa y claramente su estrategia y las razones en las que se basan sus decisiones.

En el ámbito de la política fiscal, la coordinación también deberá ser mayor que hasta ahora. Dado que no se ha logrado establecer una situación tan sólida como en el ámbito monetario, se prestará especial atención a la aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento por parte del Consejo. Si los mercados están convencidos de la determinación de mantener la disciplina fiscal, el Consejo podrá disponer más fácilmente del margen de flexibilidad previsto en el pacto, si lo considera necesario. Por lo tanto, como se analiza a continuación, es imprescindible lograr nuevos progresos duraderos en materia de convergencia fiscal en lo que resta de la segunda fase.

Cómo establecer las condiciones para garantizar el éxito de la UEM

Desde que la unión monetaria se convirtió en una aspiración de las autoridades de Europa, se reconoce claramente que, para el buen funcionamiento de la UEM, las economías participantes deberán cumplir una serie de condiciones con respecto a la convergencia de sus resultados económicos. Para determinar si un país satisface los requisitos para participar en la UEM, en el Tratado de Maastricht se establecen criterios de convergencia en materia de inflación, finanzas públicas, tasas de interés y tipos de cambio (véase la nota del cuadro 11), y antes de que se decida qué países podrán acceder a la UEM, la Comisión y el IME presentarán informes en los que se evaluará el cumplimiento de estos criterios por parte de los países, y el Parlamento Europeo emitirá también su opinión. Estos informes se basarán en los resultados efectivos alcanzados en 1997, pero se tendrán en cuenta también los presupuestos para 1998 al evaluar si la situación fiscal es viable. Muchos observadores suponen que para llegar a una decisión sobre la puesta en marcha de la UEM, el Consejo considerará también otros factores, por ejemplo, si el número de países que cumplen las condiciones es suficiente, si es conveniente que la unión monetaria sea lo más amplia posible, aunque con sujeción a la necesidad de garantizar una base sólida para el euro, y la importancia política del proyecto.

Desde la firma del tratado, los países de la UE han realizado importantes avances en materia de convergencia económica (véase el cuadro 11). Para 1997, las proyecciones indican que la inflación de los precios al consumidor en la UE en su conjunto se situará en una tasa media del 2%, es decir, menos de la mitad del nivel de 1991, año en que se aprobó el tratado, y se prevé que todos los países de la UE, salvo Grecia, registren una tasa de inflación inferior al 3%. La inflación en la UE se sitúa en el nivel más bajo de los últimos 35 años (gráfico 21). Se observa también una mejora importante en el ámbito fiscal. Según las proyecciones, el déficit del gobierno general en la UE en su conjunto se situará en 1997 en 2¾% del PIB, unos 3½ puntos porcentuales por debajo del nivel máximo alcanzado en 1993. El déficit del gobierno general, ajustado según los efectos del ciclo económico, ha ido descendiendo continuamente desde 1991 (gráfico 22).

Gráfico 21.Inflación y saldo del gobierno general en la Unión Europea

La convergencia constante de las tasas de inflación desde los años setenta contrasta con el crecimiento continuo de los déficit fiscales hasta principios de los años noventa.

1Excluida Grecia.

Gráfico 22.Inflación, saldo del gobierno general y deuda bruta en la Unión Europea

En los años noventa se produjo una convergencia continua de las tasas de inflación, acompañada de un importante ajuste fiscal.

El alto grado de convergencia en materia de inflación y finanzas públicas y la aceleración de los avances hacia la UEM han contribuido a que los diferenciales de las tasas de interés a largo plazo con respecto a Alemania bajaran a un nivel sin precedentes. Actualmente el diferencial es de menos de un punto porcentual para todos los países de la UE, y en varios casos ha desaparecido. Paralelamente a la convergencia de las tasas de interés, la situación en el MTC se ha mantenido relativamente estable desde el segundo trimestre de 1995 y, dada la tendencia al fortalecimiento del dólar de EE.UU., se observa una gran convergencia de los tipos de cambio de mercado y los tipos centrales frente al marco alemán59.

Los esfuerzos realizados por los países en los últimos años para mejorar sus resultados en materia de inflación y déficit público han entrañado inevitablemente ciertos costos a corto plazo desde el punto de vista de la actividad económica, en un momento en que la coyuntura macroeconómica ya era relativamente desfavorable. No obstante, en la mayoría de los países, era preciso corregir la situación fiscal, independientemente de los requerimientos del Tratado de Maastricht. Además, no hay que sobrestimar los costos del ajuste fiscal. En varios países, la reducción del déficit fiscal ha contribuido a una fuerte disminución de las primas sobre las tasas de interés y, en general, a la adopción de una política monetaria menos restrictiva. Además, el lento ritmo de la recuperación en Europa en 1995–96 fue el resultado de una pérdida de confianza debida a las deficiencias de las políticas estructurales de muchos países, en particular, a la lentitud de la reforma del mercado de trabajo, pero también a los escasos progresos realizados en la reforma de los programas de gasto público y, por consiguiente, a la dependencia excesiva de las medidas fiscales para llevar a cabo el reordenamiento de las finanzas públicas.

A pesar de los esfuerzos realizados, ha sido más difícil de lo previsto respetar todos los valores de referencia establecidos en el tratado. Todos los países que aspiran a participar en la UEM desde su inicio satisfacen ya las condiciones requeridas en el tratado en materia de inflación y tasas de interés. Además, no se prevé que el tipo de cambio suponga un obstáculo para estos países60. Sin embargo, en el ámbito fiscal, se prevé que los tres países más importantes—Alemania, Francia e Italia—sobrepasen ligeramente el valor de referencia relativo al déficit, si no adoptan nuevas medidas, y que algunos otros logren respetar dicho valor por muy poco margen. Dada la incertidumbre que caracteriza a las proyecciones macroeconómicas—ya que la situación fiscal podría ser más favorable de lo previsto, sin una modificación de las políticas, pero también podría empeorar—todavía no puede determinarse claramente el número de países que presentarán un déficit del 3% del PIB o menor en 1997. Además, las dificultades para reducir el déficit han retrasado los avances previstos en el ámbito de la reducción de la deuda: la proporción de la deuda bruta del gobierno general de la UE en su conjunto no comenzó a estabilizarse hasta 1997 y en la mayoría de los países sobrepasa el valor de referencia.

Naturalmente, el tratado deja un cierto margen de flexibilidad en la evaluación del cumplimiento de los criterios de convergencia. Es importante que al considerar los resultados de los países se tengan en cuenta las razones económicas en las que se basan dichos criterios, en el sentido de que éstos constituyen indicadores de la capacidad de un país para aplicar ciertas políticas económicas que faciliten el funcionamiento armonioso de una unión monetaria con bajos niveles de inflación y, en particular, que no tengan efectos negativos sobre la credibilidad de la política monetaria. No cabe duda de que los resultados obtenidos por los países de la UE en materia de inflación en los últimos años constituyen un punto de partida propicio para el nuevo banco central pero, no está tan claro cómo han de evaluarse las desviaciones con respecto al criterio fiscal.

Los valores de referencia en materia de déficit y de deuda establecidos en el tratado no representan límites que indiscutiblemente sería peligroso rebasar; no existen límites tan precisos. Sin embargo, pese a un inevitable grado de arbitrariedad, estos límites constituyen parámetros de referencia que permiten evaluar si los países se han desviado excesivamente del objetivo a mediano plazo de mantener una situación fiscal equilibrada y, por lo tanto, permiten medir su determinación de cumplir dicho objetivo. Los resultados de un país a este respecto deben interpretarse a la luz de su posición en el ciclo económico. Es evidente que a lo largo de los años noventa los países han reforzado considerablemente su saldo fiscal ajustado en función de las variaciones cíclicas. De hecho, las proyecciones indican que el déficit fiscal estructural de la UE en su conjunto se situará en un 1¼ % del PIB en 1997, alrededor del 2½ % por debajo del nivel registrado en 1995, y que en todos los países que tienen intención de participar en la UEM desde su inicio el déficit se situará muy por debajo del 3%. Además, si bien la mayoría de los países deben seguir desplegando esfuerzos para lograr un saldo fiscal tendencial que permita el funcionamiento de los estabilizadores automáticos en circunstancias normales sin sobrepasar los valores de referencia del tratado, también han subrayado su determinación de mantener la disciplina fiscal al suscribir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

No obstante, hay algunos aspectos de la situación presupuestaria que son preocupantes. En primer lugar, en 1997 varios países han recurrido, en mayor o menor grado, a medidas temporales para reducir el déficit, que en algunos casos han sido superficiales. Desde un punto de vista más general, al no haber logrado sus objetivos mediante reformas estructurales que dieran lugar a recortes duraderos del gasto, muchos países han desaprovechado la oportunidad de poner de manifiesto su clara determinación de mantener la disciplina fiscal. Por consiguiente, es importante que los países sigan haciendo esfuerzos para alcanzar sus objetivos de política fiscal y adopten nuevas medidas de reforma que garanticen un nuevo y sustancial ajuste en 1998 y fortalezcan a la vez la confianza en la continuidad del ajuste. El acceso de ciertos países a la tercera fase, a pesar de una ligera desviación con respecto a los valores de referencia establecidos en el Tratado de Maastrich, se justificaría en mayor medida si se tuviera la garantía de que se está procediendo a un ajuste fiscal sostenido. La reducción de los déficit estructurales es también esencial para evitar posibles contratiempos en la aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento al iniciarse la tercera fase.

Para llegar a una decisión con respecto a qué países cumplen las condiciones necesarias para participar en la tercera fase, el Consejo no analizará explícitamente si los mercados de productos y de trabajo de estos países son lo suficientemente flexibles para compensar la pérdida del instrumento del tipo de cambio. Como se ha señalado anteriormente, éste es, sin duda, un aspecto fundamental para los países miembros, no sólo por los costos sociales, económicos y presupuestarios que entrañan los altos niveles actuales de desempleo, sino también porque será necesaria una mayor flexibilidad de los mercados para hacer frente a las perturbaciones y lograr que las economías sean más productivas. Además, no deberían subestimarse las repercusiones sistémicas para el área del euro. Si no se resuelven los problemas de los mercados de trabajo, las economías europeas no podrán materializar plenamente su potencial de crecimiento, y podría debilitarse la credibilidad del euro si los mercados financieros consideran que la persistencia del desempleo resta apoyo a la aplicación de políticas macroeconómicas prudentes.

La persistencia de altos niveles de desempleo estructural en la UE, que, según las estimaciones, afecta de un 8% a 9% de la población activa en 1997, demuestra que los avances realizados por muchos países de la UE para resolver los problemas estructurales de los mercados de trabajo han sido limitados. Se deberá hacer un esfuerzo más sostenido y de mayor alcance para fomentar la integración en el mercado de trabajo, la adquisición de conocimientos profesionales y la creación de puestos de trabajo productivos. A tal efecto se requerirá una reforma fundamental de los sistemas de protección social excesivamente generosos y de las disposiciones pertinentes de los sistemas tributarios, de la legislación relativa al salario mínimo y de otras normas que obstaculizan la flexibilidad de los salarios y desalientan la creación de nuevos empleos al limitar la capacidad de los empleadores en lo que respecta al despido de personal. Como complemento de estas medidas, deberán adoptarse nuevas disposiciones encaminadas a mejorar la competitividad de los mercados de productos61.

Cómo hacer frente a la incertidumbre en torno a los preparativos para la UEM

Los avances realizados por los países de la UE en el ámbito de la convergencia macroeconómica y el marco institucional establecido para la formulación de la política macroeconómica en la UEM constituyen ya una base sólida para el euro. Además, existe una firme voluntad política de poner en marcha la UEM a partir del 1 de enero de 1999. Sin embargo, persisten importantes factores de incertidumbre que podrían desencadenar tensiones en los mercados financieros.

Se plantearía una situación particularmente difícil si se percibiera que existe una gran posibilidad de retraso de la fecha de comienzo de la UEM62. Aunque los diferenciales de las tasas de interés indican que el mercado confía en que la UEM comenzará en la fecha prevista, persiste la inquietud de que algunos países clave no puedan lograr los valores de referencia establecidos en el tratado en lo que respecta al déficit fiscal. Esto, a su vez, ha puesto de relieve el problema de saber cómo utilizará el Consejo el margen de apreciación previsto en el tratado en la evaluación de los resultados fiscales, de qué magnitud deberá ser la desviación con respecto a los valores de referencia para justificar un retraso y qué importancia se asignará a los presupuestos para 1998. Además, no se sabe claramente a partir de qué nivel el Parlamento o el Tribunal Constitucional de Alemania considerarán que la interpretación de los criterios de convergencia constituye una violación de las disposiciones del tratado63.

También existe incertidumbre con respecto a si ciertos países podrán cumplir los requisitos para participar en la UEM desde el inicio en el caso de que ésta empiece en la fecha prevista. Además de las dudas con respecto a si estos países llevarán a cabo los programas presupuestarios anunciados y a cómo se utilizará el margen de interpretación previsto en el tratado, uno de los interrogantes que se plantea es si una posible exclusión del grupo inicial podría debilitar el respaldo político en favor de la disciplina fiscal, dado que la exclusión pondría de manifiesto la falta de una firme voluntad política para integrar dicho grupo.

La decisión con respecto a qué países participarán inicialmente en la UEM no despejará totalmente la incertidumbre. Si no se establecen directrices claras y creíbles, podrían plantearse interrogantes con respecto a los tipos de cambio que se fijarán irrevocablemente. El tratado es poco explícito en esta cuestión; el requisito relativo a la estabilidad de los tipos de cambio sólo se aplica hasta el momento en que se tome la decisión de poner en marcha la UEM. También existe incertidumbre en lo que atañe a las paridades centrales frente al euro de las monedas que participarán en el MTC2, ya que no se fijarán oficialmente hasta el comienzo de la tercera fase.

Si se pusiera en tela de juicio el desarrollo de la totalidad del proceso tal como está previsto podrían producirse turbulencias generalizadas en los mercados financieros europeos, lo que podría debilitar aún más la confianza, desacelerar el crecimiento del producto y ampliar los déficit fiscales. El peligro de inestabilidad financiera sería aún mayor si la recuperación económica en Europa fuera más lenta de lo que se prevé actualmente, si aumentara aún más el desempleo y si se intensificaran las presiones a favor de la adopción de medidas de política económica contraproducentes encaminadas a la creación de empleos a través de un aumento del gasto público. Además, si se anunciara un retraso de la puesta en marcha de la UEM sin ofrecer garantías creíbles de que la propia UEM no está en discusión—y no está muy claro cómo podrían ofrecerse estas garantías puesto que en el tratado no está contemplada la posibilidad de retraso—la agitación que probablemente se generaría podría poner en peligro todo el proceso. Ello, a su vez, podría afectar a otros proyectos orientados a fortalecer la integración económica de Europa y pondría en duda la viabilidad del MTC. Aun cuando en este contexto se lograra llevar a cabo el proceso de la UEM, las turbulencias en los mercados tendrían graves consecuencias tanto para los propios países de la UE como para otros países que mantienen relaciones comerciales o cambiarías estrechas con la UE. Si la agitación se produjera en las últimas etapas hacia la UEM, también podría quedar debilitada la credibilidad inicial del euro.

La mejor forma de reducir al mínimo toda incertidumbre en torno al inicio de la UEM y sentar una base sólida y viable para que ésta empiece en la fecha prevista sería que los países adoptaran medidas fiscales, en lo que resta de 1997 y 1998, que demuestren su determinación de cumplir las condiciones establecidas en el Tratado de Maastricht y en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, en particular mediante reformas de gran alcance que permitan erradicar algunas de las causas del problema del desempleo y de los niveles excesivos del gasto público en Europa. El desarrollo del proceso de la UEM también se vería facilitado si los gobiernos llegaran cuanto antes a acuerdos que despejaran la incertidumbre señalada anteriormente sobre la forma en que se decidirá qué países participarán en la UEM. Estos acuerdos no tendrían que divulgarse necesariamente, pero contribuirían a evitar un disenso público que podría ser peligroso. El avance en estos ámbitos favorecería, a su vez, una mayor coordinación de las políticas monetarias, adaptadas a la situación económica en el MTC en su conjunto, lo que reforzaría la confianza en que la UEM comenzará en la fecha prevista.

La incertidumbre con respecto a un país determinado, que no ponga en duda todo el proceso de la UEM, tendría efectos más limitados, pero igualmente podría ser perjudicial para la evolución económica del país en cuestión y de los países que mantengan estrechas relaciones con éste. Los riesgos serían mayores si existieran dudas sobre la voluntad del país de seguir aplicando políticas económicas rigurosas. Un país en esta situación tendría que adoptar medidas que demostraran su perseverante determinación de llevar a cabo el proceso de ajuste fiscal. Estas medidas podrían complementarse con declaraciones de los dirigentes de la UE en las que se garantice claramente la admisión del país en cuestión en el área del euro en cuanto sus resultados económicos lo permitan, conforme a los mismos criterios aplicables a los países que participen desde el inicio64.

La fijación irrevocable de los tipos de cambio

En el tratado se establece que la fijación de los tipos de cambio no modificará por sí misma el valor externo del ecu (unidad de cuenta europea), la cesta oficial de monedas que se convertirá en el euro a la par. Aunque esta disposición no ha sido objeto de interpretaciones oficiales ulteriores, en general se prevé que los tipos de cambio bilaterales se fijarán irrevocablemente tomando como base los valores de mercado del último día hábil anterior al inicio de la unión monetaria, lo cual permitiría garantizar que el valor de las monedas en euros sea el mismo al comienzo de la primera jornada de operaciones que su valor en ecu al cierre de la última jornada65. No obstante, existen distintas posibilidades para la fijación de los tipos de cambio en los últimos meses del período de transición a la UEM66.

Una posibilidad sería seguir utilizando el mecanismo de tipos de cambio vigente. Una de las ventajas de esta estrategia consistiría en que el riesgo sería mínimo, puesto que ya estarían consolidados los fundamentos macroeconómicos y, como lo exige el tratado, los tipos de cambio entre las monedas de los países participantes se habrían mantenido estables durante dos años, como mínimo, antes de la decisión. Además, esta opción permitiría efectuar reajustes si se produjeran perturbaciones asimétricas importantes antes del inicio de la UEM. No obstante, esta última consideración parecería fuera de lugar tratándose de países a los que se considera en condiciones para integrar una unión monetaria. De forma más general, la experiencia de los años noventa parece indicar que, aun cuando se estimara que no existen distorsiones en los tipos centrales, los tipos de cambio podrían estar sujetos a presiones especulativas suscitadas, entre otros factores, por acontecimientos políticos o por la incertidumbre con respecto a la evolución de las políticas económicas. Por ejemplo, el mercado podría considerar que un país vería de buen grado que su moneda se depreciara y mejorara su competitividad antes de entrar en el área del euro.

Por consiguiente, existen razones de peso para anunciar con anticipación los tipos bilaterales que se fijarán irrevocablemente entre las monedas participantes, es decir, antes de que se tomen las decisiones relativas a la entrada en la UEM en la primavera de 199867. No obstante, es esencial que los tipos anunciados reflejen, en general, las variables económicas fundamentales. Mientras no se adopten las medidas necesarias para mejorar el funcionamiento de los mercados de trabajo de la UE—lo cual tomará cierto tiempo, aun si se intensifican los esfuerzos para llevar a cabo la reforma—la inflexibilidad a la baja de los salarios nominales, sumada a los bajos niveles de inflación en el área del euro, dificultará el logro de ajustes significativos y rápidos de la estructura de los tipos de cambios reales dentro del área del euro68. También es importante que, cuando se anuncien con anticipación los tipos de cambio, las autoridades monetarias demuestren una determinación que inspire confianza.

Se supone, en general, que en la hipótesis de un anuncio anticipado de los tipos de conversión bilaterales, la decisión con respecto a dichos tipos se basará en la experiencia acumulada durante el período anterior. Para la mayoría de los países, es probable que los tipos de cambio bilaterales se hayan mantenido relativamente estables durante los dos años anteriores. Además, como la decisión sobre los tipos de cambio que se fijarán irrevocablemente entre las monedas de los países participantes exige una decisión unánime del Consejo, posiblemente sea más fácil llegar a un acuerdo basado en los tipos vigentes que en otros valores. Se podrían utilizar, por ejemplo, los tipos centrales bilaterales actualmente en vigor en el MTC. Si se seleccionaran otros tipos de cambio, se correría el riesgo de sentar un precedente peligroso para los países que eventualmente se incorporaran al área del euro, ya que se pondría en duda si la paridad central de la moneda frente al euro en el MTC2 constituye una buena indicación del tipo de cambio que se fijaría cuando el país entrara en la UEM. Otra solución, parecida a la anterior, sería utilizar la media de los tipos de cambio durante un determinado período anterior al anuncio. Para la mayoría de los países, el resultado obtenido se aproximaría más al que se obtendría utilizando los tipos centrales, pero permitiría en cierta medida tener en cuenta circunstancias especiales, tales como la divergencia de la libra irlandesa con respecto a sus tipos centrales bilaterales frente a otras monedas del MTC durante el último año.

Es difícil definir con precisión los riesgos que supondría adoptar la actual estructura de tipos de cambio bilaterales como base para efectuar la conversión. Si bien no parece haber signos de que los tipos de mercado actualmente en vigor en el MTC se aparten sensiblemente de los parámetros fundamentales de la economía, las estimaciones de los tipos de cambio de equilibrio comportan por lo general amplios márgenes de error. Además, la evolución de las economías del área del euro requerirá inevitablemente una modificación de la estructura de los tipos de cambio reales, que refleje, entre otros factores, el grado de éxito relativo en la corrección de los desequilibrios existentes69. Estas consideraciones ponen aún más de relieve la importancia de llevar a cabo con dinamismo las reformas estructurales, de forma que la flexibilización de los mercados de productos y de trabajo facilite las modificaciones necesarias de los tipos de cambio reales.

Cabe preguntarse si el hecho de anunciar los tipos de cambio con anticipación requeriría una modificación fundamental de la política monetaria. Algunos consideran que el compromiso público de las autoridades de intervenir sin límite el último día de la segunda fase bastaría para incitar a los mercados a adoptar, en el curso del período anterior al anuncio, un comportamiento favorable. Los partidarios de este enfoque sostienen que las consecuencias monetarias de una intervención el último día de la segunda fase podrían neutralizarse en lo que respecta a toda el área del euro; por consiguiente, debería ser posible demostrar una determinación creíble a favor de esta estrategia sin que la liquidez se viera afectada en el área del euro en su conjunto. Sin embargo, si no se demuestra una voluntad firme de respaldar los tipos de cambio acordados durante el período anterior al último día de la segunda fase podría ponerse en duda la voluntad efectiva de respetar el acuerdo, sobre todo si hubiera factores importantes de incertidumbre política. Además, resultaría sorprendente que las consecuencias monetarias de una intervención se consideraran un obstáculo a un respaldo más amplio a los tipos de conversión bilaterales acordados, ya que cabría esperar que los países próximos a integrar una unión monetaria fueran capaces de llegar a un acuerdo sobre la orientación de la política monetaria.

Por consiguiente, no cabe duda de que sería conveniente intensificar la coordinación de la política monetaria durante el período inmediatamente posterior al anuncio de los tipos de conversión bilaterales, lo que podría lograrse si todos los bancos centrales participantes se comprometieran a intervenir sin límite a fin de que los tipos de cambio se aproximaran a los valores anunciados, llegaran a un acuerdo sobre la orientación general de la política monetaria y decidieran no esterilizar las intervenciones, si fuera necesario. En la mayoría de los casos, una reacción inmediata y firme de los bancos centrales ante todo intento de los mercados de poner a prueba los tipos de cambio establecidos debería convencer rápidamente a los mercados de la voluntad de mantener los tipos acordados. Otra estrategia aún más transparente sería coordinar explícitamente la política monetaria a través del BCE, una vez que éste haya sido creado. De esta manera no sólo se sentaría una base sólida para los tipos bilaterales acordados, sino que también se facilitaría la transición de la segunda fase—en que la política monetaria se aplica separadamente en cada país—, a la tercera fase, caracterizada por una política monetaria única.

Efectos externos de la UEM

Los efectos de la UEM en la economía mundial dependerán de las repercusiones externas derivadas de los cambios económicos que se produzcan en Europa y de la medida en que se utilice el euro en las transacciones internacionales. La utilización de la nueva moneda dependerá de su fortaleza y estabilidad, y de la evolución de las monedas de los posibles participantes en la UEM a lo largo del período de transición. El debilitamiento que sufrieron recientemente las economías de la UE y la consiguiente depreciación de sus monedas frente al dólar y el yen han reducido la demanda de exportaciones de los países con que comercia la UE, en tanto que el crecimiento de las exportaciones netas de la UE ha respaldado la evolución del producto y el empleo, que de otro modo habría sido poco satisfactoria. Estas repercusiones negativas de la reciente evolución de la situación económica en Europa deberían disiparse a medida que se reanude un crecimiento económico más sólido en la UE.

Características del euro

A mediano y largo plazo, varios factores parecen indicar que el euro desempeñará un papel más importante y, por ende, su demanda será mucho mayor que la de las actuales monedas de la UE, cuya utilización en el comercio mundial es menos relevante que la del dólar, a pesar de que la base económica es de magnitud comparable (cuadro 12). Si bien Estados Unidos y la UE concentran alrededor del 20% del producto mundial y del 15% de las exportaciones mundiales, casi la mitad de los flujos comerciales mundiales se expresan en dólares y sólo alrededor del 30% en monedas de la UE. Además, la parte expresada en dólares de los activos financieros mundiales, tanto públicos como privados, es desproporcionada e incluye la mitad de la deuda emitida por los países en desarrollo y el 37% del total de títulos internacionales de deuda (cifra que equivale a tres veces el valor de la deuda emitida en Estados Unidos), frente a alrededor del 16% y el 34%, respectivamente, en monedas de la UE. El dólar ocupa un lugar mucho más destacado que las monedas de la UE en las reservas oficiales y es la moneda que se utiliza con más frecuencia en las operaciones de cambio (una vez efectuado el ajuste por el doble conteo resultante del uso de dos monedas en cada operación), ya que se utiliza en más del 40% de estas transacciones, frente al 35% en el caso de todas las monedas de la UE, incluidas las operaciones entre estas mismas monedas70.

Cuadro 12.Estados Unidos, Japón y la Unión Europea: Dimensión económica relativa y uso relativo de las monedas(Porcentaje)
Estados

Unidos
Japón15 países

de la UE
Dimensión económica relativa
Proporción del PIB mundial, 199620,78,020,4
Proporción de las exportaciones mundiales (excluidas las exportaciones entre los países de la UE), 199615,26,114,7
Uso relativo de las monedas1
Comercio mundial, 199248,05,031,0
Títulos de deuda mundiales, septiembre de 199637,217,034,5
Deuda de los países en desarrollo, al 31 de diciembre de 199650,218,115,8
Reservas de divisas mundiales, al 31 de diciembre de 199556,47,125,8
Transacciones de divisas, abril de 1995241,512,035,0

La ampliación de la base económica del euro y la eliminación de los costos de transacción que genera la multiplicidad de tipos de cambio dentro de la UE probablemente genere un aumento progresivo del uso de la nueva moneda europea como unidad de cuenta en los flujos comerciales, sobre todo, en las transacciones entre el área del euro y los países en desarrollo y en transición. La mayor integración de los mercados financieros europeos al sustituirse diversas monedas por la moneda única debería reducir los costos de las transacciones financieras, estrechar los márgenes de las tasas de interés y ampliar la oferta de activos denominados en euros a medida que aumente el número de prestatarios que recurran a un sistema financiero europeo más extenso. También es probable que el euro se vaya convirtiendo, como complemento del dólar, en una moneda de reserva importante, en parte con fines de intervención, pero también porque la ampliación de su uso y la extensión y variedad de los activos financieros denominados en euro, en comparación con la actual multiplicidad de monedas europeas, alentarán a los países a diversificar la composición de sus reservas de divisas para adaptarla a la de sus transacciones comerciales y financieras; este fenómeno será particularmente importante en el caso de los países en desarrollo que actualmente mantienen reservas, sobre todo en dólares. Entre los países de la UEM, los activos denominados actualmente en monedas de otros países de la UE se convertirán a euros y, por consiguiente, ya no constituirán reservas, si bien seguirán siendo una contrapartida de la base monetaria. A partir de entonces, los países de la UEM mantendrán sus reservas de divisas principalmente en dólares y probablemente reduzcan el nivel de sus reservas porque el comercio entre los países del área del euro ya no deberá respaldarse mediante reservas internacionales, aunque toda reducción estará sujeta a la aprobación del BCE, que se asegurará que sea compatible con su política monetaria.

Todos estos cambios contribuirán a aumentar la demanda de euros (con respecto a la demanda global de las monedas europeas preexistentes), pero la sustitución del dólar por otras monedas en las carteras oficiales y privadas sólo representará una pequeña parte de los activos y pasivos internacionales de Estados Unidos, que al 31 de diciembre de 1996 ascendían a un total de US$3.350 billones y US$4.130 billones, respectivamente. Por otra parte, esta sustitución se producirá gradualmente a medida que los participantes en los mercados vayan conociendo las características del euro y mientras las otras monedas de reserva y de pago sigan disfrutando de las ventajas que han ofrecido hasta ahora. De hecho, los efectos de un aumento de la demanda de euros en razón de la recomposición de las carteras quedarán sobradamente neutralizados por otros factores, como la orientación de la política económica y las diferencias en los resultados económicos entre los países, que influyen en el rendimiento de la inversión y, por lo tanto, en las ventajas de mantener una moneda sobre otra. En particular, es probable que la combinación y orientación de la política fiscal y la política monetaria en el área del euro, así como el dinamismo y la eficiencia de las economías participantes, sean los factores principales que determinen en mayor medida la fortaleza o debilidad de la nueva moneda.

Independientemente de la firmeza futura del euro con respecto a los tipos de cambio actuales, uno de los interrogantes que se plantea es si la puesta en marcha de la UEM podría generar una inestabilidad más pronunciada del valor de cambio del euro frente al resto de las principales monedas—sobre todo, el dólar—que la observada en los tipos de cambio del marco alemán y de las monedas vinculadas a esta moneda en el MTC con respecto a las monedas de países que no forman parte de la UE. La respuesta es dudosa. Por una parte, en la medida en que, en el contexto de la UEM, una variación determinada del tipo de cambio efectivo tendrá menos repercusión que antes en los precios internos, las autoridades del SEBC podrían preocuparse mucho menos que sus predecesoras por la evolución de los tipos de cambio y, por lo tanto, podrían mostrarse menos proclives a resistir los movimientos cambiarios. Por otra parte, sin embargo, una variación determinada del tipo de cambio del euro con respecto al dólar probablemente tenga el mismo efecto sobre los precios en el área del euro que una variación correspondiente de los tipos de cambio de las monedas del MTC frente al dólar en el período anterior, y lo mismo ocurriría con cualquier otra moneda que no integre la UEM; por lo tanto, podría pensarse que la preocupación de las autoridades monetarias con respecto a las fluctuaciones del tipo de cambio frente al dólar, o cualquier otra moneda ajena a la UEM, posiblemente no sufra mayores cambios.

En cuanto a los factores cíclicos, el grado en que las fluctuaciones del tipo de cambio puedan atribuirse a divergencias cíclicas entre el área del euro y otras economías dependerá de la naturaleza y la magnitud de las perturbaciones a las que se vean expuestas las economías. Desde hace algunos años se observa, en general, una mayor coincidencia de los ciclos económicos de los países de la UE, y la importancia de los factores comunes a los países de la UE seguramente aumentará como consecuencia de la mayor integración comercial y financiera en el marco de la UEM. Sin embargo, no parece que haya habido una mayor sincronización de las fluctuaciones cíclicas entre la UE y las principales economías avanzadas no pertenecientes a Europa71. Por lo tanto, es posible que las diferencias en la situación económica entre las tres principales regiones monetarias derivadas de perturbaciones asimétricas, de desfases de los ciclos económicos, y de divergencias en la orientación de la política económica, generen fluctuaciones relativamente pronunciadas de los tipos de cambio. No debería considerarse que estas fluctuaciones serán intrínsecamente indeseables o desestabilizadoras, siempre que no sean excesivas. De hecho, en un contexto de integración de los mercados de capital, las variaciones de los tipos de cambio constituyen un elemento importante del mecanismo de ajuste que permite equiparar la tasas reales de rendimiento y garantiza la asignación internacional del capital entre países a los usos más productivos. A medida que vayan sincronizán-dose los ciclos económicos dentro del área del euro, la situación cíclica en esta área podría tener una influencia cada vez mayor en otras regiones, a través del comercio, las condiciones financieras y las variaciones del tipo de cambio, del mismo modo que Estados Unidos ejerce una influencia significativa en el ciclo económico mundial72.

Consecuencias de la UEM para los países europeos avanzados que no participen en el área del euro

Dados sus estrechos vínculos económicos con los países de la UEM, las economías europeas avanzadas que no formen parte del área del euro se beneficiarán en gran medida, a mediano y largo plazo, de la existencia de una UEM bien administrada, pero por las mismas razones, a corto plazo, la forma en que las autoridades fiscales y monetarias del área del euro hagan frente a las dificultades que puedan surgir en un primer momento tendrá una gran influencia sobre estas economías. Los efectos de la UEM en las mismas dependerán del número de países que constituyan inicialmente el área del euro, ya que una UEM basada en un grupo más reducido de países se vería más afectada por el comercio exterior y, por lo tanto, llevaría una política económica menos autocentrada. También influirá el hecho de que estos países participen o no en el MTC2.

Como en el actual MTC, los participantes en el MTC2 deberán demostrar que están dispuestos a luchar contra la inflación, mediante la aplicación de políticas fiscales y monetarias cautelosas, a fin de mantener un tipo de cambio estable frente al euro. En el caso de los países que deseen ingresar en la UEM, es probable que los mercados presten especial atención a sus políticas y que reaccionen vivamente mediante un aumento de los diferenciales de las tasas de interés si un país se aleja aún más de los criterios de convergencia necesarios para entrar en el área del euro, por ejemplo, debido a desviaciones de la política fiscal. Si la articulación de las políticas en el área del euro se convierte en un foco de tensión en la fase inicial de la UEM (por ejemplo, si las autoridades del área del euro no pudieran hacer frente de forma adecuada a algunas de las dificultades señaladas anteriormente), los mercados podrían verse tentados a poner a prueba algunas de las paridades establecidas en el MTC2.

Cabe prever que los países que no participen en el MTC2 puedan mantener, en general, la orientación actual de sus políticas monetarias. Esta estrategia les permitiría disponer de cierta flexibilidad para hacer frente a las perturbaciones asimétricas entre el área del euro y ellos mismos, incluso durante la transición al euro73. Es posible que algunos países de este grupo cuyos mercados financieros son importantes (como Suiza, y también el Reino Unido si, como parece probable, no participa inicialmente en la tercera fase) también tengan que hacer frente a dificultades en la gestión de su política económica, si la incertidumbre con respecto a la orientación de las políticas en el área del euro, en particular durante el período inmediatamente anterior a la tercera fase, dan lugar a cuantiosos flujos de capitales hacia o desde el área del euro74.

Consecuencias de la UEM para otras economías avanzadas

Es probable que Estados Unidos y Japón, debido a la gran dimensión de sus economías, sólo se vean ligeramente afectados si la variabilidad del euro difiere de la variabilidad media de los tipos de cambio de las monedas europeas a las que sustituirá, aunque es obvio que el saldo de la balanza comercial de estos dos países con los países de la UEM dependerá de los tipos de cambio del dólar y del yen frente al euro. La utilización más amplia del euro como moneda de reserva y de pago en las transacciones comerciales y financieras también afectaría a estos dos países, pero es difícil precisar cuál será la importancia de estos efectos. De forma más directa, la sustitución de tenencias de dólares por parte de no residentes por tenencias de euro como reserva de valor reduciría los ingresos de Estados Unidos por concepto de señoreaje. Según las estimaciones, al 31 de diciembre de 1995 las tenencias de billetes de dólares representaban más de la mitad del total de US$375.000 millones de billetes en circulación, y estas tenencias extranjeras suponen un ahorro anual de US$10.000 millones a US$15.000 millones en intereses sobre valores del Tesoro75. Sin embargo, posiblemente la propensión de los extranjeros a mantener activos en dólares sea un factor más importante, ya que permite a Estados Unidos financiar más fácilmente su déficit de balanza de pagos; el hecho de que a veces un simple rumor de que los inversionistas extranjeros podrían deshacerse de las tenencias de valores del Tesoro haya dado lugar a fuertes aumentos de las tasas de interés a largo plazo en Estados Unidos indica claramente las ventajas que se derivan para Estados Unidos de la amplia aceptación del dólar. Sin embargo, el previsible aumento de la liquidez en los mercados financieros mundiales como consecuencia de la UE podría reducir los costos de financiamiento de todos los países, comprendido Estados Unidos. El yen se utiliza mucho menos que el dólar en las transacciones internacionales, e incluso el dólar es la moneda predominante en el comercio entre Japón y los otros países de Asia. La aparición del euro podría afectar el desarrollo del yen como moneda internacional, si bien la desreglamentación prevista del sector financiero japonés debería aumentar el atractivo del yen para los no residentes.

Consecuencias de la UEM para los países en desarrollo y en transición

Las variaciones del valor de las principales monedas y el grado de variabilidad del tipo de cambio del euro repercutirán en los países en desarrollo y en transición que mantienen relaciones económicas con los países de la UEM. Es posible que los países que más sufran estos efectos sean los de Europa central y oriental y los países de la zona del franco CFA que, en parte debido a sus estrechas relaciones comerciales con los países de la UE, vinculan sus monedas a las de estos países (y en el futuro al euro), pero liquidan en dólares o yenes sus obligaciones financieras contractuales relacionadas con la deuda (gráfico 23). Debido a esta asimetría, una depreciación del euro se traduciría en un aumento del costo en moneda nacional del servicio de la deuda, que quizá no se compensara totalmente con una mejora del comercio exterior. Es probable que este problema afecte sobre todo a los países muy endeudados que no pueden diversificar libremente sus obligaciones debido a que tienen un acceso limitado a los mercados internacionales de capital. En el caso de los países con acceso al capital privado, la UEM les proporcionará un mercado más amplio en el que podrán colocar sus bonos denominados en euro, lo que permitirá a los grandes países prestatarios en dólares reducir las discordancias entre la moneda a la que está vinculado su tipo de cambio y la moneda de pago de sus obligaciones financieras.

Gráfico 23.Relaciones comerciales y financieras de algunos países en desarrollo y en transición con la Unión Europea

(Porcentaje)

Los países de África y de Europa central y oriental que han vinculado sus tipos de cambio a monedas europeas en general mantienen relaciones comerciales estrechas con la Unión Europea (UE), pero efectúan pagos de servicio de la deuda denominada tanto en monedas de los países de la UE como en monedas de otros países.

Un alto grado de variabilidad del euro también podría afectar la relación de intercambio si las variaciones de los tipos de cambio tienen efectos divergentes en los precios en moneda nacional de las importaciones y exportaciones de un país. Por ejemplo, una apreciación del euro podría repercutir negativamente en la relación de intercambio de los países que importan manufacturas de los países de la UE pero exportan productos primarios a un grupo más diversificado de países; el precio en moneda nacional de las importaciones aumentaría y el precio de las exportaciones se reduciría, a menos que la modificación de la oferta y demanda mundiales derivada de movimientos de los tipos de cambio permitieran compensar las variaciones de los precios en euro y en dólares76. Sin embargo, la asimetría de los flujos comerciales tiene consecuencias bastante limitadas, ya que las proporciones de importaciones y exportaciones de los países con la UE suelen ser similares (gráfico 24).

Gráfico 24.Proporción del comercio de algunos países en desarrollo y en transición con la Unión Europea

(Porcentaje del comercio total)

En general, hay pocos indicios de asimetría en las relaciones comerciales de los países.

1Eslovenia, Hungría, Polonia, la República Checa y la República Eslovaca.

2Benin, Burkina Faso, Camerún, Chad, Comoras, Congo, Cóte d’Ivoire, Gabón, Guinea Ecuatorial, Malí, Niger, República Centroafricana, Senegal y Togo.

3Estonia, Letonia y Lituania.

4Armenia, Azerbaiyán, Belarus, Georgia, Kazajstán, Moldova, República Kirguisa, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán.

Es probable que los países en transición de Europa central y oriental y los Estados bálticos que vinculan sus monedas al marco alemán o a una cesta en la que el marco alemán tiene un peso importante, adopten el euro como ancla; por ejemplo, Bulgaria y Estonia ya han manifestado su intención en este sentido. Dado que los principales socios comerciales de estos países, tanto en lo que se refiere a exportaciones como a importaciones, figuran entre los probables participantes en la UEM, la fortaleza o debilidad del euro no debería influir mayormente en su relación de intercambio, aunque un euro débil podría dar lugar a un aumento de los precios de las importaciones de energía denominadas en dólares y, por lo tanto, podría intensificar las presiones sobre los precios internos, del mismo modo que afectaría a los países participantes en la UEM que importan energía. La composición por monedas de la deuda externa de los países de Europa central y oriental es un poco más diversificada que la de sus flujos comerciales, y una parte significativa de sus obligaciones están denominadas en dólares y en yen. De todas formas, aunque el euro fluctuara, estos países no deberían tener problemas para atender el servicio de la deuda, ya que pueden recurrir en todo momento a los mercados financieros internacionales y su nivel de endeudamiento externo es, en general, entre moderado y bajo. Hungría es una excepción, ya que el nivel de su deuda externa es más elevado, pero ha logrado reducir su vulnerabilidad a las fluctuaciones cambiarias recurriendo a operaciones a plazo, de forma que la composición de sus obligaciones de servicio de la deuda coincide con la de la cesta de divisas a la cual está vinculada su moneda. No cabe duda de que, a largo plazo, las economías en transición de Europa central y oriental y los Estados bálticos se beneficiarán del éxito de la UEM, puesto que coadyuvará a un mayor crecimiento de sus principales mercados de exportación y a una reducción de las tasas de interés reales que les permitirá obtener el financiamiento necesario para seguir reestructurando sus economías. Además, la persistencia de bajas tasas de inflación en los países de la UEM constituirá un objetivo valioso que deberán alcanzar estos países para realizar sus aspiraciones de incorporarse a la UE.

Los países de la zona del franco CFA también mantienen relaciones comerciales estrechas con la UE, sobre todo, con Francia, país que garantiza la libre convertibilidad del franco CFA a la paridad acordada. Sin embargo, a diferencia de los países en transición, una parte importante de las exportaciones e importaciones de la zona del franco CFA se realiza con países que no forman parte de la UE, de forma que aunque la transición del franco francés al euro sea fluida, la relación de intercambio de estos países seguirá modificándose conforme fluctúen los tipos de cambio. Además, las fluctuaciones cambiarías podrían tener repercusiones graves en la capacidad de estos países para atender el servicio de la deuda, ya que una parte importante de su deuda externa está denominada en dólares y algunos de ellos han acumulado un volumen muy elevado de deuda y probablemente tengan dificultades para obtener financiamiento de los mercados financieros internacionales. Si bien los efectos sobre el comercio y sobre la deuda son de sentido contrario (por ejemplo, una depreciación del euro mejoraría la relación de intercambio pero aumentaría la carga de la deuda denominada en dólares) dado que el volumen de la carga de la deuda es mayor que el de los flujos comerciales, cabe pensar que el efecto sobre la deuda sea más importante.

Consecuencias institucionales de la UEM

La incertidumbre que planteará inevitablemente la introducción de la nueva moneda y la posibilidad de que se produzcan grandes variaciones de los tipos de cambio podrían suscitar mayores presiones en favor de una coordinación internacional de las políticas económicas entre la UEM y otros países, sobre todo para hacer frente a lo que podría interpretarse como un desequilibrio de la estructura de los tipos de cambio. Aun en ese caso, es preciso actuar con mucha cautela, ya que la experiencia indica que es difícil distinguir entre las variaciones normales, aunque relativamente importantes, y las distorsiones de los tipos de cambio que exigirían la adopción de medidas concertadas.

Para hacer frente a un desequilibrio de este tipo podría modificarse la orientación de las políticas monetarias y fiscales de las principales economías. La función primordial que desempeñará el BCE en la determinación de la política monetaria de la UEM permitirá a los países del área del euro adoptar una posición común, en lugar de que el BCE sea una voz más, que pueda ser disonante frente a la de los países, y adoptar decisiones de forma rápida y eficaz. Para lograr que las políticas fiscales respalden la política monetaria en la creación de un entorno que favorezca la estabilidad a mediano plazo, podría ser conveniente fortalecer los mecanismos de coordinación internacional de las políticas económicas, inclusive en el marco del FMI. Esto subraya la importancia de establecer mecanismos e instituciones que mejoren la coordinación de las políticas fiscales entre los países que participen en el área del euro. Así, las autoridades del área del euro tendrían un mayor margen de maniobra para modificar la combinación de políticas, lo que debería contribuir a la evolución del euro cuando éste se alejara de su valor de equilibrio.

Los cambios en el sistema monetario internacional que entrañará la UEM requerirán que el FMI adapte de distintas formas la supervisión de las economías del área del euro. De conformidad con el Convenio Constitutivo del FMI cada uno de los países de esta área mantendrá la calidad de miembro de la institución y, por lo tanto, las consultas del Artículo IV seguirán llevándose a cabo con cada uno de ellos. Sin embargo, como complemento de las medidas adoptadas para fortalecer la supervisión regional que ejerce el FMI, deberá mantenerse un diálogo con las instituciones del área del euro, tales como el BCE y otros interlocutores apropiados, a fin de examinar las cuestiones que ya no sean de la competencia de las autoridades nacionales.

La creación de una moneda única en Europa tendrá una serie de repercusiones en las operaciones financieras del FMI, entre las que se destaca la modificación de la composición y valoración del DEG, de los medios utilizados en las operaciones del FMI y de la interpretación de la balanza de pagos y el saldo de reservas de los países miembros de la UEM. El Directorio Ejecutivo del FMI examinará estas cuestiones en el curso del próximo año.

Cómo beneficiarse de las ventajas de la UEM: La importancia de las reformas de las finanzas públicas y del mercado de trabajo

No cabe duda de que la unión monetaria en Europa será un hecho de gran trascendencia para los países participantes y para la economía mundial, pero las políticas fiscales y estructurales que apliquen los países del área del euro seguirán teniendo una influencia decisiva en su evolución económica y en los efectos que dicha unión tendrá en el resto del mundo.

En la presente sección se examinan las repercusiones de distintos marcos hipotéticos de política fiscal y estructural en el área del euro, utilizando una versión del modelo econométrico multirregional (MULTIMOD) del FMI. En el primer marco hipotético (escenario 1), la UEM desempeña un papel de catalizador que favorece una reorientación positiva de las políticas fiscales y estructurales. En el ámbito fiscal, el reordenamiento presupuestario va más allá de lo previsto en las proyecciones de la presente edición de Perspectivas de la economía mundial—la reducción suplementaria del gasto público equivale al 2% del PIB en el mediano plazo—y se aproxima más a las intenciones expresadas por las autoridades de política económica de los países de la UE77. En el ámbito estructural, se supone que la liberalización de los mercados de productos, respaldada por el aumento de la eficiencia derivado de la introducción de una moneda única, da lugar a un crecimiento de la productividad total de los factores de medio punto porcentual; paralelamente, mediante importantes reformas de los mercados de trabajo se logra una mayor flexibilidad de los salarios reales y una reducción de la tasa natural de desempleo de 2 puntos porcentuales, que se sitúa así en alrededor del 7%.

El segundo marco hipotético (escenario 2), denominado de “agotamiento de las reformas” pone de relieve las repercusiones que tendría un retraso de las reformas estructurales: en este caso, sigue habiendo flexibilidad de los salarios reales y la tasa natural de desempleo aumenta de forma gradual hasta alcanzar aproximadamente el nivel efectivo de desempleo en la UE. También se supone que en esta hipótesis los gobiernos nacionales tratan de contrarrestar los efectos de un deterioro de las condiciones del mercado de trabajo sobre el producto y el empleo aumentando el gasto público, aunque el margen de maniobra en este campo es limitado debido al Pacto de Estabilidad y Crecimiento. En ambos escenarios se supone que el pacto se aplicará rigurosamente y que todos los Estados miembros de la UE participarán en la UEM desde su inicio y según el calendario actual. Los supuestos de política económica en que se basan los escenarios 1 y 2 difieren a partir del año 2000. Estos dos escenarios son variantes construidas a partir de una proyección hipotética de referencia basada en una extrapolación de las tendencias básicas observadas en los años noventa o estimadas para dichos años (véase una explicación más detallada en el anexo II).

En la hipótesis en que la UEM desempeña un papel catalizador de la reforma (escenario 1), el nivel del producto en los países miembros de la UEM aumenta a mediano plazo casi un 3% con respecto al marco de referencia (véase el cuadro 13). El efecto sobre la situación fiscal es favorable y, cuando también se tiene en cuenta la reducción del gasto público que se adopta como supuesto, el déficit fiscal en 2003 es alrededor de un 2% del PIB inferior al del marco de referencia. Esta situación ofrece cierto margen de maniobra para reducir la carga tributaria a mediano plazo y la deuda pública se reduce un 12½% del PIB para el año 2010. El aumento del ahorro público que se produce como resultado viene acompañado de un mayor ahorro privado al elevarse el potencial de producción y el patrimonio de los hogares. El aumento del ahorro nacional en el área del euro es superior al crecimiento, de por sí sólido, de la demanda de inversiones, por lo cual el saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos mejora durante los primeros diez años de reformas. El efecto sobre los otros países industriales es bastante limitado. A mediano plazo, el producto de estos países crece en cierta medida como consecuencia de la reducción de las tasas de interés mundiales debido al aumento del ahorro en el área del euro y en la economía mundial. El incremento del producto de los países en desarrollo es algo mayor que el de los otros países industriales y alcanza a mediano plazo ¼ %. Estos países en su conjunto no sólo se benefician de una reducción de las tasas de interés mundiales, sino también del efecto de estimulación de la demanda en la medida en que el aumento del crecimiento en Europa viene acompañado de una mayor demanda de sus productos.

Cuadro 13.Repercusiones de la UEM para Europa y el resto del mundo: Resultados de la simulación

(Desviaciones con respecto al escenario de referencia, en porcentaje, salvo indicación contraria)1

20002001200220032010
Escenario 1: La UEM con nuevas medidas de ajuste fiscal y reformas del mercado de trabajo
Países participantes en la UEM2
PIB real0,20,91,01,12,9
Deflactor del PIB−0,3−0,7−1,1−1,4−1,9
Tasa de interés a largo plazo0,1−0,1−0,3−0,4
Tasa de desempleo−0,2−0,4−0,6−0,8−2,0
Saldo del gobierno general (porcentaje del PIB)0,40,91,52,10,8
Ingreso neto0,10,2−1,1
Gasto−0,4−0,9−1,4−1,9−1,9
Deuda del gobierno general (porcentaje del PIB)−0,4−1,4−2,7−4,5−12,6
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)−3,513,822,831,627,9
Países del G-7 no europeos3
PIB real−0,10,10,1
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)−0,6−16,6−25,5−31,5−31,9
Otros países industriales4
PIB real−0,10,10,10,2
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)−1,0−1,9−2,6−3,5−1,7
Países en desarrollo5
PIB real0,10,20,20,3
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)5,14,75,33,45,7
Escenario 2: La UEM sin nuevas medidas de ajuste fiscal ni reformas del mercado de trabajo
Países participantes en la UEM2
PIB real0,1−0,3−0,6−0,9−2,5
Deflactor del PIB0,10,30,60,92,3
Tasa de interés a largo plazo0,20,30,40,50,5
Tasa de desempleo0,20,40,70,92,0
Saldo del gobierno general (porcentaje del PIB)−0,2−0,5−0,7−0,9−1,3
Ingreso neto−0,1−0,2−0,3−0,7
Gasto0,20,40,50,60,6
Deuda del gobierno general (porcentaje del PIB)0,10,71,42,39,8
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)−1,722,131,738,867,3
Países del G-7 no europeos3
PIB real−0,10,10,1
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)−2,6−22,6−29,5−33,7−57,5
Otros países industriales4
PIB real−0,10,1
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)−0,8−2,4−3,1−3,6−6,1
Países en desarrollo5
PIB real−0,1−0,2
Balanza comercial (miles de millones de dólares de EE.UU.)5,12,90,9−1,5−3,7

Es probable que las perspectivas económicas del área del euro sean mucho menos favorables si no se llevan a cabo la reforma estructural y el ajuste fiscal previstos actualmente (escenario 2). Según las estimaciones, si los mercados de trabajo son inflexibles y el desempleo estructural aumenta, el PIB se reducirá a mediano plazo un 2½% con respecto al marco de referencia (o más de un 5% en comparación con la hipótesis de aceleración de las reformas prevista en el escenario 1). Como resultado, se produciría un aumento del déficit fiscal del 1¼% del PIB para el 2010 y la relación entre la deuda pública y el PIB aumentaría 10 puntos porcentuales. Si las perspectivas económicas y la situación presupuestaria se deterioran, es probable que aumente la prima de riesgo de los activos denominados en euros, y en el ejercicio de simulación se supone que el aumento será del orden de 40 centésimos de punto porcentual. En este escenario, la reducción del ahorro del sector público y de los hogares se ve compensada con creces por una fuerte caída de la inversión, y la balanza comercial y en cuenta corriente mejoran un ¼ %del PIB para el 2010. La contrapartida es principalmente un deterioro de la balanza comercial de los otros países industriales. Sin embargo, el producto global de estos últimos es ligeramente superior al previsto en la proyección de referencia, debido básicamente a una reducción de las tasas de interés en estos países. Sin embargo, a diferencia del escenario 1, en el cual un aumento del ahorro público y privado en el área del euro da lugar a la reducción de las tasas de interés en los otros países industriales, en este caso dicha reducción sólo se observa en este grupo de países y obedece a que el aumento de la prima de riesgo sobre el euro implícitamente reduce las primas de riesgo aplicables a otras monedas. La desaceleración de la actividad en los países industriales y la consiguiente contracción de la demanda de importaciones provenientes de países en desarrollo se traduce en un ligero descenso del producto en este último grupo, aunque los efectos de contagio también son limitados en este caso.

Los diferentes resultados obtenidos en los escenario 1 y 2 también tienen repercusiones importantes en la capacidad del área del euro para absorber perturbaciones desfavorables, como las que suelen afectar a la demanda y a la oferta durante el ciclo económico. En primer lugar, el margen de maniobra de la política fiscal será sumamente restringido si el déficit se mantiene cercano a los límites impuestos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. En el marco hipotético de “agotamiento de las reformas”, las autoridades no sólo ven limitada su capacidad para dejar que actúen los estabilizadores automáticos durante una fase de desaceleración cíclica, sino que incluso pueden verse obligadas a tomar medidas fiscales procíclicas para respetar los límites relativos al déficit (véase el anexo II). En el escenario 1, caracterizado por reformas más enérgicas, es improbable que las limitaciones sean tan restrictivas. En segundo lugar, independientemente de las limitaciones fiscales, las reformas del mercado de trabajo también pueden desempeñar un papel decisivo en la capacidad del euro para hacer frente a perturbaciones desfavorables, y limitar los posibles efectos negativos sobre otras regiones. Si las reformas dan mayor flexibilidad a los mercados de trabajo, como se prevé en el escenario 1, los costos económicos de estas perturbaciones serán menores (tanto en lo que se refiere a la reducción del producto como al aumento del desempleo) dentro del área del euro y en el resto de la economía mundial. Los efectos también serían menos persistentes y la economía reanudaría con relativa rapidez su ritmo de crecimiento potencial a largo plazo.

Estos dos marcos hipotéticos ponen de relieve la influencia decisiva que tendrán en el éxito de la UEM las políticas fiscales y estructurales que se apliquen en el área del euro. Si la UEM constituye un agente catalizador de la reforma económica, no sólo en el ámbito fiscal sino también en los mercados de trabajo y de productos, podría reportar grandes ventajas a los países participantes y producir efectos secundarios positivos, aunque en general limitados, en el resto de la economía mundial. No obstante, si en el contexto de la UEM no se siguen realizando esfuerzos en el ámbito de las reformas estructurales y el ajuste fiscal, las consecuencias para Europa podrían ser graves y las otras regiones podrían verse igualmente afectadas.

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