Chapter

II. Cuestiones que se plantean en la coyuntura actual

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1997
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El panorama global de la economía mundial ha variado poco desde la edición de Perspectivas de la economía mundial de mayo de 1997 (cuadro 1). Las proyecciones indican que el producto mundial crecerá 4¼% este año y en 1998, es decir a un ritmo ligeramente más lento que el previsto en mayo, aunque sigue siendo la mayor expansión en diez años. Se proyecta nuevamente que la inflación se mantendrá reprimida en las economías avanzadas, situándose en promedio entre el 2% y el 2¼%, y que seguirá bajando en los países en desarrollo y los países en transición. En lo que respecta al volumen del comercio mundial, se prevé una expansión de 7¾% en 1997 y 6¾% en 1998, tasas que representan un ritmo de expansión algo más rápido que en 1996 pero menor que el de 1994–95, período en que se registraron tasas de crecimiento de extraordinaria magnitud.

Cuadro 1.Panorámica de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
Proyecciones

actuales
Diferencias con

las proyecciones

de mayo de 1997
199519961997199819971998
Producto mundial3,74,14,24,3−0,1−0,2
Economías avanzadas2,52,73,02,90,1
Principales países industriales2,02,42,82,50,2−0,1
Estados Unidos2,02,83,72,60,70,4
Japón1,43,51,12,1−1,1−0,9
Alemania1,91,42,32,8−0,2
Francia2,11,52,22,8−0,2−0,2
Italia2,90,71,22,10,2−0,3
Reino Unido2,72,33,32,6−0,2
Canadá2,31,53,73,50,30,1
Otras economías avanzadas4,23,73,94,20,10,1
Partidas informativas
Países industriales2,12,42,82,60,2
Unión Europea2,51,72,52,80,1−0,1
Economías asiáticas recientemente industrializadas7,46,45,96,00,2−0,1
Países en desarrollo6,06,56,26,2−0,4−0,3
África2,85,23,75,0−0,90,2
América1,33,44,14,4−0,3−0,7
Asia8,98,27,67,4−0,6−0,3
Oriente Medio y Europa3,54,84,64,20,70,3
Países en transición−0,80,11,84,1−1,2−0,6
Europa central y oriental1,61,52,13,6−0,9−1,1
Excluidos Belarús y Ucrania5,03,32,83,9−0,6−0,8
Rusia, región transcaucásica y
Asia central−3,9−1,91,54,9−1,5
Volumen del comercio mundial (bienes y servicios)9,56,37,76,80,4
Importación
Economías avanzadas8,96,17,16,41,20,3
Países en desarrollo11,48,78,47,8−2,4−0,7
Países en transición17,06,79,58,5−0,31,7
Exportación
Economías avanzadas8,85,58,26,61,3−0,1
Países en desarrollo10,58,67,57,0−3,5−0,9
Países en transición14,94,35,37,1−1,60,1
Precios de los productos básicos
Petróleo1
(en DEG)1,924,30,3−0,8−1,15,5
(en dólares de EE.UU.)8,018,9−5,1−1,8−1,54,9
Otros productos2
(en DEG)2,13,12,8−1,6−2,4−1,6
(en dólares de EE.UU.)8,2−1,3−2,7−2,5−2,7−2,2
Precios al consumidor
Economías avanzadas2,52,42,22,3−0,3−0,2
Países en desarrollo22,713,210,08,90,30,4
Países en transición119,240,432,314,11,62,6
LIBOR a seis meses (porcentaje)3
Sobre los depósitos en dólares de EE.UU.6,15,65,96,3−0,10,2
Sobre los depósitos en yenes japoneses1,30,70,71,1−0,3−1,6
Sobre los depósitos en marcos alemanes4,63,33,34,00,2
Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen en los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 18 de julio y el 14 de agosto de 1997, salvo los tipos bilaterales entre las monedas del MTC, que se supone se mantienen constantes en valores nominales.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai, y West Texas Intermediate. En 1996 el precio medio del petróleo por barril fue $20,42; se supone que el precio será $19,39 en 1997 y $19,03 en 1998.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen en los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 18 de julio y el 14 de agosto de 1997, salvo los tipos bilaterales entre las monedas del MTC, que se supone se mantienen constantes en valores nominales.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai, y West Texas Intermediate. En 1996 el precio medio del petróleo por barril fue $20,42; se supone que el precio será $19,39 en 1997 y $19,03 en 1998.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

Tras esta ligera revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento económico mundial se ocultan una serie de cambios importantes en las proyecciones elaboradas por los funcionarios del FMI para los distintos países y grupos de países, que en gran medida se compensan entre sí. En realidad, las proyecciones relativas al crecimiento de todo el grupo de economías avanzadas casi no han variado, mientras que en lo que respecta a los países en desarrollo y los países en transición ha habido revisiones a la baja más significativas.

En las economías avanzadas, el mayor cambio ha sido la revisión a la baja del crecimiento de Japón en alrededor de un punto porcentual tanto en 1997 como en 1998. En Estados Unidos y en menor medida en Canadá, las proyecciones indican ahora un mayor crecimiento. Las proyecciones sobre el crecimiento de la UE en su conjunto prácticamente no se han modificado, aunque dentro de la UE las perspectivas de crecimiento se presentan ligeramente más desfavorables para Alemania y Francia, mientras que han mejorado para algunas de las economías más pequeñas (cuadro 2). En lo que respecta a las economías asiáticas recientemente industrializadas, también se mantienen prácticamente sin cambios las proyecciones de crecimiento, aunque en algunos casos ha habido revisiones a la baja.

Cuadro 2.PIB real, precios al consumidor y tasas de desempleo en las economías avanzadas(Variación porcentual anual y porcentaje de la población activa)
PIB realPrecios al consumidorTasas de desempleo
199519961997199819951996199719981995199619971998
Economías avanzadas2,52,73,02,92,52,42,22,37,37,37,16,9
Principales países industriales2,02,42,82,52,32,22,12,16,96,96,76,7
Estados Unidos2,02,83,72,62,82,92,42,85,65,45,15,3
Japón1,43,51,12,1−0,10,11,60,73,13,33,43,2
Alemania1,91,42,32,81,81,51,92,39,410,311,311,2
Francia2,11,52,22,81,82,01,11,311,612,412,612,3
Italia2,90,71,22,15,23,91,82,112,012,112,211,9
Reino Unido12,72,33,32,62,82,92,62,78,27,55,85,0
Canadá2,31,53,73,52,21,71,51,69,59,79,28,7
Otras economías avanzadas4,23,73,94,23,73,32,72,88,68,58,27,8
España2,82,23,13,44,73,52,02,222,922,220,819,9
Países Bajos2,12,83,33,72,02,12,32,38,37,66,85,9
Bélgica2,11,52,22,61,52,11,61,912,912,612,812,6
Suecia3,61,12,13,02,80,81,02,07,78,08,57,7
Austria1,81,01,72,72,21,91,51,66,67,07,16,9
Dinamarca2,62,73,02,72,02,22,52,610,18,77,87,7
Finlandia5,13,34,73,51,00,61,32,317,216,314,813,9
Grecia2,02,63,53,58,98,25,74,710,010,09,69,2
Portugal2,33,33,33,54,13,12,22,37,27,36,86,6
Irlanda10,47,77,35,82,51,61,72,112,211,210,310,3
Luxemburgo3,53,73,73,51,91,82,02,03,03,33,53,6
Suiza0,1−0,70,72,01,80,80,71,04,24,75,55,5
Noruega3,65,33,83,22,51,32,52,54,94,84,03,8
Israel7,14,43,14,210,011,38,17,07,06,77,37,0
Islandia1,25,74,04,01,72,32,53,55,04,43,63,1
Corea8,97,16,06,04,54,94,23,72,02,02,52,2
Australia23,23,93,24,02,72,71,72,18,58,68,68,3
Taiwan, provincia china de6,05,76,26,43,73,12,83,41,72,52,52,4
Hong Kong, China4,54,95,35,08,76,07,16,53,22,82,62,5
Singapur8,87,06,05,51,71,42,22,02,73,03,03,0
Nueva Zelandia23,52,71,23,92,42,31,41,36,36,16,86,5
Partida informativa
Unión Europea2,51,72,52,82,92,51,92,211,211,411,110,7

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés; en el caso de Australia también se excluyen otras partidas de gran variabilidad.

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés; en el caso de Australia también se excluyen otras partidas de gran variabilidad.

Como resultado de la evolución reciente se han ampliado aún más las divergencias en la posición de los principales países industriales en el ciclo económico y, según las proyecciones, en el próximo año o en los dos próximos años estas divergencias se reducirán sólo de manera limitada (gráfico 4). Estados Unidos y el Reino Unido, los países industriales principales que se encuentran más cerca de la plena utilización de la capacidad productiva, han seguido registrando un pujante crecimiento económico en 1997. En Estados Unidos, el crecimiento en el primer semestre fue de alrededor del 4½%, medido como tasa anual, lo que supera holgadamente la tasa de crecimiento potencial de la economía, que es de alrededor de 2¼%. El desempleo descendió a menos de 5% en el segundo trimestre pero, aun cuando la mayoría de las estimaciones de la tasa de desempleo no aceleradora de la inflación se sitúa en el 5½% o por encima de ese nivel, se han observado pocos indicios de aumento de la inflación (véase más adelante). La expansión en Estados Unidos registró una cierta moderación desde el primer trimestre, y se espera que el crecimiento se sitúe en un nivel cercano al potencial en el resto de 1997 y en 1998 como resultado de una desaceleración del gasto de consumo y de la inversión empresarial, que representa en parte una reacción basada en la presunción de que en el segundo semestre del año las condiciones monetarias serán algo más restrictivas. (La Reserva Federal ha mantenido la tasa de los fondos federales en el 5½% desde fines de marzo). Dado que el saldo presupuestario estructural prácticamente no variará en 1996–98, la política fiscal tendrá una repercusión muy limitada en la demanda global (cuadro 3). En el primer semestre de 1997 también en el Reino Unido se registró una tasa de crecimiento superior a la potencial (3¾ % anualizada), pero también allí se prevé que la expansión se desacelere hasta situarse en tasas más sostenibles, debido a la fortaleza de la libra esterlina, los aumentos de las tasas de interés a corto plazo y la continuación de un importante ajuste fiscal. En Canadá, la recuperación sigue cobrando fuerza, dado que la demanda se está expandiendo a un ritmo muy vigoroso. En el segundo trimestre, el desempleo bajó al 9%, el nivel más bajo desde 1990.

Gráfico 4.Brecha de producción en los principales países industriales1

(Producto efectivo menos producto potencial, como porcentaje del producto potencial)

Recientemente han surgido diferencias más acusadas en la posición relativa de los principales países industriales en el ciclo económico.

1Las franjas sombreadas indican proyecciones de los funcionarios del FMI. La diferencia estimada entre el producto efectivo y el potencial está sujeta a un considerable margen de incertidumbre. Véase un análisis de los métodos de cálculo del producto potencial en Paula De Masi, “IMF Estimates of Potential Output”, Staff Studies for the World Economic Outlook (FMI, documento de próxima publicación).

2Hasta el final de 1991 los datos corresponden solamente a Alemania occidental.

Cuadro 3.Saldo fiscal y deuda del gobierno general en los principales países industriales1(Porcentaje del PIB)
1980–901991199219931994199519961997199820002002
Principales países industriales
Saldo efectivo−2,9−2,7−3,8−4,3−3,5−3,4−2,9−1,6−1,3−0,8−0,5
Brecha de producción−0,20,6−0,3−1,8−1,3−1,6−1,4−0,9−0,6−0,2
Saldo estructural−2,8−3,1−3,5−3,3−2,7−2,6−2,1−0,9−0,8−0,6−0,5
Estados Unidos
Saldo efectivo−2,6−3,3−4,4−3,6−2,3−1,9−1,1−0,3−0,30,6
Brecha de producción−0,8−0,9−0,6−0,60,4−0,10,21,41,50,8
Saldo estructural−2,3−3,0−4,1−3,3−2,3−1,9−1,1−0,8−0,8−0,30,6
Deuda neta35,446,750,052,052,753,753,751,750,146,742,7
Deuda bruta49,462,164,666,465,765,966,064,462,458,353,2
Japón
Saldo efectivo−1,12,91,5−1,6−2,3−3,7−4,4−2,7−2,3−1,9−2,6
Brecha de producción0,33,91,3−1,4−3,3−4,2−3,1−4,3−4,4−2,0−0,1
Saldo estructural−1,21,51,0−1,1−1,1−2,0−3,2−1,0−0,5−1,1−2,6
Deuda neta20,94,84,25,28,011,815,918,220,222,826,1
Deuda bruta66,566,770,075,182,490,195,6100,4104,6109,3114,7
Partidas informativas
Saldo efectivo excluida la seguridad social−4,0−0,8−2,0−4,8−5,1−6,5−7,2−5,3−4,8–4,8−5,2
Saldo estructural excluida la seguridad social−4,1−2,0−2,4−4,3−4,0−5,1−6,1−3,9−3,3−4,2−5,2
Alemania2
Saldo efectivo−2,1−3,3−2,8−3,5−2,4−3,5−3,6−3,1−2,9−2,1−1,5
Brecha de producción−1,33,42,0−2,0−2,0−2,4−3,2−3,1−2,6−1,0−0,1
Saldo estructural−1,5−5,4−4,0−2,5−1,3−2,2−1,7−1,2−1,2−1,4−1,4
Deuda neta21,021,427,735,440,749,151,953,453,954,353,7
Deuda bruta40,141,144,148,250,458,160,762,262,763,162,5
Francia
Saldo efectivo−2,0−2,0−3,8−5,6−5,6−5,0−4,1−3,2−3,2−2,6−1,7
Brecha de producción0,60,6−0,5−3,8−3,0−2,7−3,3−3,2−2,6−1,4
Saldo estructural−2,3−2,4−3,4−3,1−3,5−3,1−1,8−0,9−1,3−1,6−1,7
Deuda neta322,027,130,234,440,243,646,348,650,151,150,2
Deuda bruta29,435,339,245,248,152,255,457,759,260,259,3
Italia
Saldo efectivo−10,9−10,1−9,6−10,0−9,6−7,0−6,7−3,2−3,0−2,1−1,4
Brecha de producción2,61,9−3,1−2,7−1,7−2,7−3,3−3,1−1,4
Saldo estructural−12,0−11,0−9,6−8,5−8,2−6,1−5,4−1,7−1,6−1,5−1,4
Deuda neta73,496,1103,0112,8118,3117,8117,2116,3114,8108,8102,1
Deuda bruta79,0101,5108,7119,1124,9124,4123,8122,9121,2114,9107,9
Reino Unido
Saldo efectivo−2,0−2,6−6,3−7,9−6,9−5,6−4,7−2,0−0,60,40,7
Brecha de producción−0,6−2,3−4,5−4,7−2,7−1,8−1,0−0,5
Saldo estructural−1,3−2,7−3,9−4,4−4,1−4,0−3,8−1,5−0,40,40,7
Deuda neta44,027,729,033,839,442,345,747,944,340,235,2
Deuda bruta51,534,936,142,548,450,553,854,552,448,243,1
Canadá
Saldo efectivo−4,5−6,6−7,4−7,3−5,3−4,1−1,80,20,81,42,1
Brecha de producción0,1−2,6−3,7−4,0−2,6−2,6−3,3−2,1−1,1
Saldo estructural−4,4−4,9−4,8−4,6−3,6−2,71,31,41,52,1
Deuda neta30,149,756,961,964,767,569,066,562,553,845,2
Deuda bruta60,279,486,992,594,898,4100,497,091,480,169,5
Nota: Las proyecciones sobre presupuesto se basan, en general, en la información disponible al 31 de marzo de 1997. Los supuestos específicos para cada país se presentan en el Recuadro 1.

La brecha de producción se calcula restando el producto potencial del producto efectivo, y se expresa como porcentaje del producto potencial. Los saldos estructurales se expresan como porcentaje del producto potencial. El saldo presupuestario estructural es la posición presupuestaria que se observaría si el nivel del producto efectivo coincidiera con el del producto potencial. En consecuencia, las variaciones del saldo presupuestario estructural incluyen los efectos de las medidas fiscales temporales, el impacto de las fluctuaciones de las tasas de interés y del costo del servicio de la deuda, así como otras fluctuaciones no cíclicas del saldo presupuestario. Los cálculos de los saldos presupuestarios estructurales se basan en las estimaciones del PIB potencial y de la elasticidad del ingreso y el gasto efectuadas por los funcionarios del FMI (véase el anexo I de la edición de octubre de 1993 de Perspectivas de la economía mundial). La deuda neta se define como la deuda bruta menos los activos financieros, que incluyen los activos que constituyen tenencias del sistema de seguridad social. Las estimaciones de la brecha de producción y del saldo presupuestario estructural están sujetas a amplios márgenes de incertidumbre.

Los datos anteriores a 1990 corresponden a Alemania occidental. En cuanto a la deuda neta, la primera columna corresponde a 1986–90. A partir de 1995, la deuda y las obligaciones de servicio de la deuda del Treuhandanstalt (y de otros organismos) fueron asumidas por el gobierno general. Esta deuda equivale al 8% del PIB y el consiguiente servicio de la deuda, a½% del PIB.

La cifra para 1980–90 es el promedio de 1983–90.

Nota: Las proyecciones sobre presupuesto se basan, en general, en la información disponible al 31 de marzo de 1997. Los supuestos específicos para cada país se presentan en el Recuadro 1.

La brecha de producción se calcula restando el producto potencial del producto efectivo, y se expresa como porcentaje del producto potencial. Los saldos estructurales se expresan como porcentaje del producto potencial. El saldo presupuestario estructural es la posición presupuestaria que se observaría si el nivel del producto efectivo coincidiera con el del producto potencial. En consecuencia, las variaciones del saldo presupuestario estructural incluyen los efectos de las medidas fiscales temporales, el impacto de las fluctuaciones de las tasas de interés y del costo del servicio de la deuda, así como otras fluctuaciones no cíclicas del saldo presupuestario. Los cálculos de los saldos presupuestarios estructurales se basan en las estimaciones del PIB potencial y de la elasticidad del ingreso y el gasto efectuadas por los funcionarios del FMI (véase el anexo I de la edición de octubre de 1993 de Perspectivas de la economía mundial). La deuda neta se define como la deuda bruta menos los activos financieros, que incluyen los activos que constituyen tenencias del sistema de seguridad social. Las estimaciones de la brecha de producción y del saldo presupuestario estructural están sujetas a amplios márgenes de incertidumbre.

Los datos anteriores a 1990 corresponden a Alemania occidental. En cuanto a la deuda neta, la primera columna corresponde a 1986–90. A partir de 1995, la deuda y las obligaciones de servicio de la deuda del Treuhandanstalt (y de otros organismos) fueron asumidas por el gobierno general. Esta deuda equivale al 8% del PIB y el consiguiente servicio de la deuda, a½% del PIB.

La cifra para 1980–90 es el promedio de 1983–90.

En cambio, en Japón, tras fortalecerse la recuperación a fines de 1996 y principios de 1997, la actividad económica sufrió una fuerte reducción en el segundo trimestre al llegar a su fin el auge del consumo que tuvo lugar en el primer trimestre ante la previsión de un aumento del impuesto sobre el consumo a partir de abril. La recuperación de Japón se analiza con mayor detalle más adelante.

Las proyecciones indican que en las principales economías de Europa continental la tasa de crecimiento durante la totalidad de 1997 será inferior a la potencial, al igual que en 1996. No obstante, han aparecido una serie de indicios de crecimiento más satisfactorio, y las proyecciones indican que tanto en Alemania como en Francia el producto crecerá un 2¾% en 1998, con lo cual por primera vez desde 1994 se producirá una reducción, aunque sólo modesta, de la brecha de producción. Dado que recientemente el desempleo ha aumentado en ambos países hasta los niveles más altos de la era de posguerra, esa reducción del desempleo cíclico es imperiosamente necesaria; no obstante, también será preciso reducir la desocupación a niveles más tolerables (véase más adelante). Entre los factores que estimularon la recuperación en Europa continental, probablemente el más importante haya sido el tono más expansivo de las condiciones monetarias desde principios de 1995, que se debe en parte a nuevas reducciones de las tasas de interés oficiales y en parte a la depreciación en los mercados de cambio del marco alemán y las monedas estrechamente vinculadas a éste en el MTC (gráficos 5 y 6). La influencia expansiva de una orientación monetaria más acomodaticia y el mejoramiento de la competitividad internacional se han manifestado en forma más evidente en la evolución de las exportaciones netas. Esto ha contribuido a neutralizar los efectos del saneamiento presupuestario realizado de manera continua con miras a lograr los objetivos de Maastricht y del bajo nivel de gasto de consumo e inversión empresarial, que posiblemente obedezca en parte al deterioro de la confianza ante la incertidumbre en torno a las perspectivas de empleo, ajuste fiscal y políticas económicas en general. En Alemania y Francia, la confianza de los consumidores se ha fortalecido en cierta medida desde principios de 1996, pero sigue siendo débil, en franco contraste con la situación en Estados Unidos (gráfico 7).

Gráfico 5.Índices de las condiciones monetarias en los principales países industriales1

Se prevé que, en Alemania y Francia, las condiciones monetarias más expansivas—definidas en un sentido amplio de manera que incluyan tanto las tasas de interés como los tipos de cambio—faciliten la reanudación del crecimiento económico.

1Para cada país, el índice se define como el promedio ponderado de la variación en puntos porcentuales de la tasa de interés real a corto plazo y la variación porcentual del tipo de cambio efectivo real con respecto a un período de referencia (enero de 1990). En el caso de Canadá, Francia, Italia y el Reino Unido, se utilizan ponderaciones relativas de 3 a 1; en el caso de Alemania, de 4 a 1, y en el caso de Japón y Estados Unidos de 10 a 1. Las ponderaciones permiten cuantificar los efectos relativos de las tasas de interés y los tipos de cambio sobre la demanda agregada; deben considerarse como cifras indicativas y no como estimaciones precisas. Por ejemplo, una proporción de 3 a 1 indica que una variación de la tasa de interés real a corto plazo de 1 punto porcentual producirá, con el tiempo, aproximadamente el mismo efecto sobre la demanda agregada que una variación del tipo de cambio efectivo real del 3%. Por lo tanto, las fluctuaciones del índice equivalen a variaciones en puntos porcentuales de las tasas de interés reales. El desfase con el que una variación del índice puede afectar a la demanda agregada depende de la medida en que dicha variación obedezca a una fluctuación de la tasa de interés o del tipo de cambio, y varía en función de la posición en el ciclo. El desfase también difiere en los distintos países. El valor absoluto del índice no tiene importancia en sí; más bien indica hasta qué punto las condiciones monetarias son más restrictivas o expansivas con respecto al período de referencia (escogido en forma arbitraria). Ciertas variaciones menores de las ponderaciones relativas utilizadas pueden modificar el valor del índice pero no el panorama cualitativo.

Gráfico 6.Tasas de interés indicativas de la política monetaria y rendimientos de los bonos del Estado a 10 años en tres países industriales principales1

(Porcentaje anual)

En Japón y Alemania, las tasas de interés indicativas de la política monetaria de Alemania y Japón han bajado considerablemente en los últimos tres años.

1La tasa “meta” de los fondos federales de Estados Unidos, la tasa interbancaria de un día para otro de Japón, la tasa de recompra de Alemania y todos los rendimientos de los bonos del Estado a 10 años son promedios mensuales. Las demás series corresponden a datos de fin de mes.

Gráfico 7.Indicadores de la confianza de los consumidores en la Unión Europea y Estados Unidos1

La confianza de los consumidores sigue siendo frágil en los países de la Unión Europea.

Fuentes: Conference Board (para Estados Unidos) y Comisión Europea.

1Los indicadores no son comparables entre los distintos países.

2Porcentaje de respuestas que revelan la expectativa de mejoramiento de la situación menos porcentaje de respuestas que prevén un deterioro.

En las economías más pequeñas de Europa occidental, el crecimiento económico ha registrado, en general, una evolución más favorable que en las economías más grandes de esa región, y en varios casos, entre ellos España, los Países Bajos, Portugal y la mayoría de los países escandinavos, las perspectivas a mediano plazo han mejorado como resultado del tono más expansivo de las condiciones monetarias y del fortalecimiento de la confianza. Las proyecciones indican que Irlanda seguirá siendo la economía avanzada de Europa de crecimiento más rápido, aunque se prevé que su expansión se modere el próximo año hasta situarse en una tasa ligeramente inferior al 6%. Sin embargo, Austria, Bélgica, y sobre todo Suiza, permanecen en una fase retrasada del ciclo. Se proyecta que el desempleo en el conjunto de la UE bajará del 11½% en 1996 a poco menos del 11 % el próximo año, aunque en Alemania y Francia las tasas de desempleo se mantendrán en niveles cercanos a los máximos del período de posguerra.

El hecho de que casi no hayan variado las proyecciones de crecimiento de las economías de Asia recientemente industrializadas refleja los efectos compensatorios del carácter predominantemente temporal de la desaceleración de las exportaciones registrada el año pasado en esa región—que se analizó en la edición de Perspectivas de la economía mundial de mayo de 1997—y las revisiones a la baja del crecimiento debido a la reciente turbulencia en los mercados cambiados de Asia.

En lo que respecta al grupo de países en desarrollo, a pesar de ligeras revisiones a la baja de las proyecciones presentadas en la edición de mayo de 1997 de Perspectivas de la economía mundial, para 1997 y 1998 se prevén tasas de crecimiento superiores al 6%, que se aproximan a las registradas en la mayoría de los años desde 1992, y son claramente más altas que las registradas en los años ochenta y principios de los noventa (cuadro 4). Las revisiones a la baja de las perspectivas de crecimiento para 1997 alcanzan la mayor magnitud en el caso de África, pero se distribuyen de manera bastante amplia entre todas la regiones, con excepción de la región del Oriente Medio y Europa. Para 1998, las proyecciones indican que la reducción del crecimiento afectará principalmente a Asia y América Latina.

Cuadro 4.PIB real y precios al consumidor en algunos países en desarrollo(Variación porcentual anual)
PIB realPrecios al consumidor
199519961997199519961997
Países en desarrollo6,06,56,222,713,210,0
Mediana4,14,34,510,07,05,1
África2,85,23,733,125,014,8
Argelia3,94,04,521,915,17,0
Camerún3,35,05,130,96,44,2
Côte d’Ivoire7,16,86,114,22,82,9
Ghana4,55,23,759,546,627,3
Kenya4,44,23,51,79,011,5
Marruecos−7,611,8−1,16,13,03,6
Nigeria2,32,43,670,029,318,0
Sudáfrica3,43,12,28,67,410,2
Sudán4,54,35,085,094,0103,0
Tanzania3,84,54,734,025,715,0
Túnez2,46,95,16,23,73,9
Uganda9,87,07,07,46,35,0
Países con acuerdos en el marco del SAE y el SRAE14,86,14,922,015,58,2
Países de la zona del franco CFA4,65,25,316,15,23,9
América1,33,44,141,720,513,5
Argentina−4,64,47,53,40,21,0
Brasil24,22,93,511,17,8
Chile8,57,25,58,27,46,0
Colombia5,42,12,020,920,818,8
Ecuador2,32,02,822,924,326,8
Guatemala4,93,14,08,410,69,5
México−6,15,14,535,034,420,4
Perú7,02,85,011,111,59,4
República Dominicana4,87,38,09,23,810,0
Uruguay−1,95,04,042,228,319,6
Venezuela3,4−1,63,759,999,947,3
Asia8,98,27,611,96,65,8
Bangladesh5,25,65,56,33,94,9
China10,59,79,514,86,14,5
Filipinas4,85,55,38,18,46,5
India7,46,96,610,27,37,1
Indonesia8,27,87,09,46,67,3
Malasia9,58,27,53,43,53,9
Pakistán5,15,13,112,410,411,2
Tailandia8,76,42,55,85,97,0
Vietnam9,59,59,512,86,07,0
Oriente Medio y Europa3,54,84,635,924,822,1
Arabia Saudita0,52,41,85,01,00,7
Egipto3,24,35,09,47,26,2
Irán, República Islámica del2,85,15,249,423,216,2
Jordania6,95,26,52,46,54,0
Kuwait1,61,61,22,71,81,2
Turquía7,57,15,493,682,378,6

Países de África que al final de 1996 tenían acuerdos con el FMI en el marco del servicio de ajuste estructural (SAE) o del servicio reforzado de ajuste estructural (SRAE).

Los precios al consumidor se basan en un índice de precios de la demanda interna, que es un promedio ponderado del índice de precios al consumidor, el índice de precios al por mayor y un índice de precios para la construcción. En 1995, el incremento medio de este índice de precios respecto al año anterior fue de 59,6%, en gran medida resultado de los efectos diferidos de la elevada tasa de inflación que prevaleció antes de la introducción del real el 1 de julio de 1994. En consecuencia, la tasa de inflación entre diciem-bre de 1994 y diciembre de 1995, que fue del 14,8%, refleja con más exactitud la tasa subyacente de 1995. Entre diciembre de 1995 y diciembre de 1996 la tasa de inflación fue de 9,3% y según las proyecciones, calculada de la misma forma, será del 6,6% en 1997.

Países de África que al final de 1996 tenían acuerdos con el FMI en el marco del servicio de ajuste estructural (SAE) o del servicio reforzado de ajuste estructural (SRAE).

Los precios al consumidor se basan en un índice de precios de la demanda interna, que es un promedio ponderado del índice de precios al consumidor, el índice de precios al por mayor y un índice de precios para la construcción. En 1995, el incremento medio de este índice de precios respecto al año anterior fue de 59,6%, en gran medida resultado de los efectos diferidos de la elevada tasa de inflación que prevaleció antes de la introducción del real el 1 de julio de 1994. En consecuencia, la tasa de inflación entre diciem-bre de 1994 y diciembre de 1995, que fue del 14,8%, refleja con más exactitud la tasa subyacente de 1995. Entre diciembre de 1995 y diciembre de 1996 la tasa de inflación fue de 9,3% y según las proyecciones, calculada de la misma forma, será del 6,6% en 1997.

En África, se prevé actualmente que el crecimiento bajará a menos del 4% en 1997 y repuntará a un 5% en 1998. Un importante factor que explica este desfavorable cambio temporal este año es la grave sequía que asoló a gran parte de África septentrional, que previsiblemente provoque una reducción del 1% en la actividad económica de Marruecos; la producción de Argelia y Túnez también se ve gravemente afectada. Las proyecciones de crecimiento correspondientes a Nigeria también han sufrido una revisión desfavorable como resultado de una recuperación de la producción industrial más lenta que la esperada; por su parte, en Sudáfrica, las medidas de estabilización económica y diversas deficiencias estructurales siguen limitando el ritmo de crecimiento económico. En África al sur del Sahara, con exclusión de Nigeria y Sudáfrica, se espera que el crecimiento se mantenga en el orden del 5% al 5½ %. Las perspectivas de crecimiento de Kenya parecen actualmente algo menos favorables debido a la incertidumbre política, a una significativa desaceleración de las reformas y a los efectos adversos sobre la confianza del sector privado. Sin embargo, en varios otros países africanos, entre los que se incluyen Cote d’Ivoire, otros países de la zona del franco CFA, Etiopía y Uganda, la evolución y las perspectivas han mantenido un perfil muy favorable.

En los países en desarrollo de América, las proyecciones siguen indicando que el repunte del crecimiento continuará en 1997 y 1998, aunque a un ritmo más paulatino que el previsto en la edición de mayo de 1997 de Perspectivas de la economía mundial. Las principales revisiones a la baja afectan a las proyecciones relativas a Brasil y Colombia. Para ambos países, se han formulado supuestos menos optimistas con respecto al ajuste fiscal. Al elaborar las nuevas proyecciones sobre Brasil se partió del supuesto de que se requerirán tasas de interés reales más altas para contener la fuerte demanda interna. En Colombia, la desaceleración de la actividad en el sector de la construcción y la industria manufacturera y la incertidumbre política han debilitado el crecimiento. En cambio, las proyecciones de crecimiento económico de Argentina en 1997 se han modificado al alza en casi 2½ puntos porcentuales y medio e indican ahora una tasa de 7½% como resultado del avance continuo de las reformas, el entorno de estabilidad de precios y el consiguiente fortalecimiento de la confianza del sector privado. En lo que atañe al crecimiento de México y Venezuela, el panorama no ha variado mayormente.

Se prevé que Asia siga siendo la región de crecimiento más rápido en el mundo en desarrollo, y aun cuando se han revisado a la baja las proyecciones de crecimiento para 1997 y 1998, debido principalmente a la reciente turbulencia en los mercados cambiarios de varios países de Asia sudoriental, la expansión en este año, que ascendería a 7½%, de todos modos superaría por un margen considerable el crecimiento medio de los años ochenta y principios de los noventa. En el caso de Tailandia, a raíz de la crisis en el mercado de cambios se prevé que el crecimiento sea entre 3½ y 4 puntos porcentuales más bajo, como resultado de la crisis en sí y de las medidas de ajuste aplicadas. La crisis tuvo efectos de contagio en las Filipinas, Indonesia y Malasia, por lo cual se prevé que el crecimiento de todos estos países sea entre medio punto porcentual y un 1½ porcentual más bajo. Si persistiera la turbulencia, muy probablemente los cuatro países sufrirían una desaceleración más pronunciada. Más adelante se examinan la crisis financiera y su impacto. En lo que respecta a los otros países en desarrollo de Asia, también se han revisado a la baja las proyecciones de crecimiento de Pakistán, donde se ha producido una importante desaceleración de la actividad económica tras la crisis de balanza de pagos del año pasado y las medidas de ajuste adoptadas consiguientemente; el logro de un repunte sostenido del crecimiento económico está supeditado a la aplicación de políticas macroeconómicas adecuadas y la introducción de las reformas estructurales que se analizan más adelante. En cambio, en China se espera que se mantenga una tasa de crecimiento de alrededor del 9% y que la inflación siga bajando hasta situarse el año próximo en una tasa media anual inferior al 5%.

En la región del Oriente Medio y Europa, se espera actualmente que el crecimiento se mantenga en torno al 4½% en 1997 y 1998 y que la inflación permanezca estable. Las revisiones al alza de las proyecciones de crecimiento de la región se deben en su mayor parte a la evolución de la República Islámica del Irán y Turquía. En lo que respecta a la República Islámica del Irán, las proyecciones parten del supuesto de que se acelerará el ritmo de las reformas económicas, sentando así las bases para lograr tasas de crecimiento mucho más altas, sobre todo en el sector no petrolero. En Turquía, el crecimiento ha sido mayor que el esperado, pero dado que la inflación se mantiene en un nivel de alrededor de 80%, la situación económica es precaria y el sistema financiero frágil.

En los países en transición considerados como grupo, las proyecciones actuales indican que en 1997 el producto aumentará 1¾%, tasa que sigue representando el primer crecimiento positivo de importancia en ocho años, pero que es menor en más de un punto porcentual a la prevista en la edición de mayo de 1997 de Perspectivas de la economía mundial (cuadro 5). Pese a que se efectuó una pequeña revisión a la baja para 1998, se prevé que el próximo año la tasa de crecimiento sea superior al 4%. Las revisiones a la baja de las proyecciones de crecimiento reflejan principalmente la situación en Rusia, Ucrania y varios otros países de Europa central y oriental, entre los que se incluyen Albania, Moldova, la República Checa y la República Eslovaca. En la República Checa y en Polonia, y en menor medida en la República Eslovaca, el crecimiento del producto durante este año podría verse afectado negativamente por las grandes inundaciones producidas entre mayo y julio.

Cuadro 5.PIB real y precios al consumidor en los países en transición(Variación porcentual anual)
PIB realPrecios al consumidor
199519961997199519961997
Países en transición−0,80,11,81194032
Mediana2,32,73,5462415
Europa central y oriental1,61,52,1703241
Excluidos Belarús y Ucrania5,03,32,8252443
Albania8,98,2−10,081352
Belarús−10,42,65,07095376
Bulgaria2,1−10,9−7,4621231,059
Croacia2,44,75,5234
Eslovenia4,13,14,013109
Estonia4,34,05,0292312
Hungría1,51,03,0282418
Letonia0,42,84,0251910
Lituania3,13,64,5392510
Macedonia, ex República Yugoslava de−1,41,15,016−12
Moldova−3,4−8,01,4302411
Polonia6,55,55,5282015
República Checa4,84,12,0999
República Eslovaca6,86,94,51066
Rumania7,14,1−1,53239109
Ucrania−12,0−10,0−3,03768017
Rusia−4,0−2,81,51904816
Región transcaucásica y Asia central−3,71,61,32607043
Armenia6,95,85,8177198
Azerbaiyán−11,01,35,7412207
Georgia2,410,510,01634012
Kazajstán−8,91,11,51763920
Mongolia6,32,63,0574951
República Kirguisa5,45,66,9533027
Tayikistán−12,5−7,0−5,361044332
Turkmenistán−8,2−3,0−18,51,00599296
Uzbekistán−0,91,62,23055470

En general, los países que se encuentran en una etapa más avanzada del proceso de transición han logrado nuevos avances en la lucha contra la inflación, en tanto que el crecimiento económico ha repuntado en varios países, entre ellos Hungría, tras la desaceleración registrada en 19965. Tanto la República Checa como la República Eslovaca se han visto afectadas por presiones en los mercados de cambio relacionadas con los cuantiosos déficit en cuenta corriente (véase más adelante). En Polonia, la inflación, medida sobre un período de doce meses, ha bajado a menos del 15%. En el primer semestre de 1997, una tasa (anualizada) de crecimiento del producto superior al 7%, generada por una fuerte demanda interna, dio origen a una ampliación del déficit en cuenta corriente. El crecimiento de las importaciones, sin embargo, se ha concentrado en bienes de capital relacionados con la inversión más que con el consumo, y las entradas de capital han consistido principalmente en inversiones extranjeras directas. En Hungría, se ha registrado un repunte del crecimiento tras una pausa en 1996, en tanto que la inflación ha mantenido una tendencia ascendente.

En lo que respecta a los países menos avanzados en la transición, las medidas de estabilización macroeconómica adoptadas han dado lugar a una importante disminución del producto en Bulgaria y a una recesión más moderada este año en Rumania, aunque también han creado un panorama más alentador en ambos casos. En Bulgaria, la inflación bajó con rapidez, pasando del 400% en el primer trimestre de 1997 a alrededor de 4% en julio, y el rendimiento de los títulos públicos registró un descenso sustancial. El programa de estabilización emprendido por las autoridades se centra en un régimen de caja de conversión, que entró en vigor el 1 de julio al establecerse una paridad fija de 1.000 a 1 entre el leva y el marco alemán; para respaldar dicho programa se acelerarán las reformas estructurales y se ha adoptado un presupuesto que no requiere financiamiento bancario interno neto. En Rumania, la inflación mensual bajó a menos del 1% en julio tras haber llegado hasta el 31 %, y el programa de política económica elaborado por las autoridades se basa en la austeridad fiscal, la liberalización de precios, la reforma bancaria y la reestructuración industrial. En Albania todavía no se ha restablecido plenamente el orden público tras la crisis que afectó al país en los primeros meses de este año, y aún no se han adoptado las reformas, incluida las medidas para desarticular los mecanismos financieros de tipo piramidal. Tras cuatro años de rápido crecimiento, se prevé que en 1997 el producto descenderá un 10% en Albania.

En otros países que se encuentran en una etapa menos avanzada del proceso de transición, en Rusia y en la mayoría de los demás países de la antigua Unión Soviética se han logrado considerables avances en la reducción de la inflación. A mediados de 1997, las tasas de inflación de 12 meses se situaban por debajo del 10% en Armenia y Azerbaiyán, por debajo del 15% en Georgia, Moldova y Rusia, y entre el 20% y el 25% en Kazajstán y Ucrania. En estos países se espera una nueva reducción de la inflación, aunque los desequilibrios fiscales o los retrasos en las reformas estructurales plantean riesgos en lo que respecta a la evolución de los precios. En Belarús, Turkmenistán y Uzbekistán, sin embargo, se han seguido aplicando políticas financieras relativamente expansivas, por lo cual estos países no han logrado reducir la inflación con la misma rapidez que los otros países de la región.

Por último, en lo que respecta a la evolución de la balanza de pagos, las proyecciones indican que los desequilibrios en cuenta corriente de algunos de los principales países industriales se ampliarán en cierta medida, pero no obstante se mantendrán, en general, en niveles más bajos que los observados en algunos casos en los años ochenta. Al reducirse las divergencias en la posición de los países en el ciclo económico, según lo indican las proyecciones, habrán de limitarse tanto el déficit de Estados Unidos como el superávit de Japón y la UE (cuadro 6). En Japón se prevé que el superávit en cuenta corriente, que disminuyó al 1½% del PIB en 1996, aumente a medida que la depreciación que viene registrando el yen desde 1995 estimule las exportaciones. Se espera que el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos se amplíe ligeramente en 1998 en la medida en que el dinamismo de la actividad económica y la reciente apreciación del dólar sigan estimulando la demanda de importaciones. En el Reino Unido, se espera que la cuenta corriente, tras haber llegado casi a una situación de equilibrio en 1996, arroje un moderado déficit en 1997–98 debido a la reciente apreciación de la libra esterlina y al fuerte crecimiento de la demanda interna. Dado el crecimiento continuo de las exportaciones, en un contexto de atonía de la demanda interna, se espera que prácticamente se elimine el déficit en cuenta corriente en Alemania y que en Francia el superávit en cuenta corriente aumente a alrededor de 2¼% del PIB para 1998. En Italia, se espera que el superávit en cuenta corriente no registre mayores variaciones.

Cuadro 6.Saldo en cuenta corriente de algunas economías(Porcentaje del PIB)
19941995199619971998
Economías avanzadas1
Estados Unidos−1,9−1,8−1,9−2,2−2,4
Japón2,82,21,42,32,2
Alemania−1,0−1,0−0,6−0,5
Francia0,51,11,31,92,2
Italia1,42,53,43,23,4
Reino Unido−0,2−0,5−0,1−0,3−1,0
Canadá−2,7−1,00,5−1,1−0,8
Australia−5,0−5,3−3,7−3,5−4,0
Austria−0,9−2,0−1,8−1,6−1,4
Corea−1,2−2,0−4,9−3,5−2,5
España−1,40,20,30,90,5
Finlandia1,34,23,33,53,6
Grecia−1,0−2,7−3,5−4,2−5,0
Hong Kong, China1,6−3,2−0,7−1,00,1
Irlanda2,72,82,02,11,3
Israel−3,1−4,5−5,1−3,6−3,0
Noruega2,43,47,18,19,0
Nueva Zelandia−2,5−3,7−4,1−5,2−5,6
Singapur17,016,915,015,014,8
Suecia0,42,12,43,74,4
Suiza6,96,97,07,17,1
Taiwan, provincia china de2,61,93,83,43,0
Partida informativa
Unión Europea0,30,61,01,11,2
Países en desarrollo
Arabia Saudita−8,7−5,5−0,2−1,5−3,7
Argelia−5,4−5,32,70,30,2
Argentina−3,7−1,5−1,9−3,2−2,9
Brasil−0,3−2,5−3,2−4,5−5,0
Camerún−4,2−0,4−2,41,3−2,3
Chile−1,20,2−4,1−3,4−4,1
China1,40,20,50,3
Côte d’Ivoire−1,0−5,0−4,7−5,1−4,1
Egipto0,42,3−0,30,8−0,4
Filipinas−4,6−4,4−4,3−4,3−3,6
India−1,0−1,5−1,3−1,6−1,9
Indonesia−1,7−3,4−3,5−3,5−3,2
Malasia−6,3−8,5−5,2−5,8−4,4
México−7,0−0,6−0,6−1,5−2,2
Nigeria−2,6−0,92,30,50,3
Pakistán−3,6−4,0−6,8−6,7−5,3
Sudáfrica−0,3−2,1−1,6−1,1−1,2
Tailandia−5,6−8,0−7,9−5,0−3,0
Turquía2,0−1,4−0,8−1,3−0,8
Uganda−2,5−2,0−1,1−1,2−0,8
Países en transición
Hungría−9,5−5,6−3,8−3,9−4,5
Polonia22,33,3−1,0−4,9−5,5
República Checa−1,9−2,7−8,1−7,2−6,9
Rusia3,71,10,50,5−0,8

En lo que respecta a los países de la Unión Europea (UE), las transferencias del presupuesto de la UE para financiar desembolsos de capital se consideran transferencias de capital de acuerdo con la metodo-logía normalizada empleada en las cuentas nacionales y la balanza de pagos; dichas transferencias no se incluyen en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Basado en datos de la balanza de pagos en cuenta corriente; se incluye un superávit por transacciones de comercio exterior no registradas, según estimaciones de los funcionarios del FMI.

En lo que respecta a los países de la Unión Europea (UE), las transferencias del presupuesto de la UE para financiar desembolsos de capital se consideran transferencias de capital de acuerdo con la metodo-logía normalizada empleada en las cuentas nacionales y la balanza de pagos; dichas transferencias no se incluyen en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Basado en datos de la balanza de pagos en cuenta corriente; se incluye un superávit por transacciones de comercio exterior no registradas, según estimaciones de los funcionarios del FMI.

En lo que atañe a otras economías avanzadas, en Australia y Nueva Zelandia se espera que el déficit en cuenta corriente, ya relativamente alto, registre un nuevo aumento. Se espera que el déficit en cuenta corriente de Corea, que llegó al 5% del PIB en 1996 se reduzca en 1997 al desacelerarse el crecimiento de las importaciones. En Singapur, pese a la desaceleración de las exportaciones, el superávit en cuenta corriente se mantuvo en el 15% del PIB y se espera que permanezca a ese nivel durante el año próximo.

La evolución de la cuenta corriente de varios países en desarrollo de Asia en 1996 refleja los efectos parcialmente compensatorios de la desaceleración del crecimiento de las exportaciones en 1995–96 y las medidas aplicadas para contener la demanda interna y evitar el recalentamiento de la economía. En Malasia en 1996, la desaceleración de la demanda interna fue el factor predominante, por lo cual el déficit en cuenta corriente disminuyó considerablemente. Las proyecciones indican que este déficit aumentará ligeramente en 1997 pero se reducirá a 4½ % del PIB en 1998 como reacción ante la depreciación del tipo de cambio y la moderación del crecimiento de la demanda interna. En Tailandia, se espera que, a medida que siga moderándose el crecimiento económico y surtan efecto las medidas de ajuste macroeconómico aplicadas después de la crisis en el mercado de cambios, el déficit en cuenta corriente disminuya al 5% del PIB este año, tras haber llegado al 8% en 1995–96. En Indonesia, se espera que la reciente depreciación de la rupia estimule las exportaciones y contribuya a lograr un moderado descenso del déficit en cuenta corriente en 1998. En las Filipinas, las proyecciones indican que el déficit en cuenta corriente se mantendrá prácticamente en el mismo nivel este año, pero que el año próximo disminuirá a 3½% del PNB. En China, se espera que la cuenta corriente se mantenga en una situación cercana al equilibrio.

Ante el alto volumen de entradas de capital y el repunte del crecimiento económico en América Latina, los déficit en cuenta corriente se han ampliado. En México, se espera que el déficit en cuenta corriente llegue al 2¼ % del PIB para 1998 en la medida en que la demanda interna siga creciendo. También se espera que el déficit en cuenta corriente aumente en Argentina, a poco más del 3% del PIB en 1997, y en Brasil, al 5% del PIB en 1998.

En varios países de África, el déficit en cuenta corriente creció en 1996 debido al descenso de los precios de los productos básicos, y para 1997 se espera nuevamente en la región un ligero deterioro de la cuenta corriente. Las proyecciones muestran que el déficit en cuenta corriente aumentará en cierta medida en Etiopía, pero se reducirá o permanecerá invariable en varios países de la zona del franco CFA, Kenia, Sudáfrica, Tanzania, Uganda y Zimbabwe. Se espera que el reciente descenso de los precios del petróleo dé lugar a una reducción del superávit en cuenta corriente de Argelia y Nigeria.

En muchos países en transición el déficit en cuenta corriente aumentó en 1996, y se espera que los déficit mantengan un nivel relativamente alto. En la República Checa y la República Eslovaca, el déficit creció hasta sobrepasar el 8% del PIB en 1996, como resultado de una fuerte demanda de importaciones y de la apreciación de las monedas. En Polonia, se espera que la vigorosa demanda interna contribuya a un considerable incremento del déficit en cuenta corriente en 1997.

Todo indica que los flujos de capital hacia los países en desarrollo, que llegaron a un nivel sin precedentes en 1996, han seguido siendo cuantiosos en 1997 en la mayoría de dichos países (cuadro 7). Sin embargo, en algunos países cuya moneda ha sido objeto de ataques recientemente—según se analiza más adelante—puede producirse una reducción de la entrada neta de capital durante la totalidad del año.

Cuadro 7.Flujos de capital a los países en desarrollo, los países en transición y las economías recientemente industrializadas1(Miles de millones de dólares de EE.UU.)
1983–8821989–952199119921993199419951996
Total
Flujos netos de capital privado311,7116,8135,2123,6160,0148,1188,7249,0
Inversión directa neta11,947,232,337,455,578,192,9117,1
Inversión de cartera neta4,251,439,657,8106,598,030,757,8
Otras inversiones netas
Flujos oficiales netos27,921,520,813,721,28,441,5−18,4
Variación de las reservas4−8,6−65,6−63,3−67,1−73,2−67,0−111,3−103,9
Países en desarrollo
Flujos netos de capital privado315,8103,3131,3118,7140,9117,4147,3207,4
Inversión directa neta10,342,526,933,848,872,178,2100,8
Inversión de cartera neta3,543,636,151,688,984,115,643,2
Otras inversiones netas2,117,268,333,33,2−38,853,563,3
Flujos oficiales netos27,321,218,914,020,119,733,7−8,6
Variación de las reservas410,1−41,8−46,8−45,1−39,1−37,9−62,3−93,7
África
Flujos netos de capital privado33,94,24,00,22,39,610,610,7
Inversión directa neta1,12,22,32,01,73,82,85,0
Inversión de cartera neta−0,9−0,2−1,6−0,70,80,41,90,6
Otras inversiones netas3,72,23,3−1,0−0,25,45,95,1
Flujos oficiales netos5,06,85,38,25,97,56,23,2
Variación de las reservas40,3−1,9−3,01,9−0,7−5,2−1,4−5,9
América
Flujos netos de capital privado3−2,033,325,054,862,946,435,879,7
Inversión directa neta4,713,710,912,911,223,024,436,5
Inversión de cartera neta−1,125,514,730,461,161,1−7,227,8
Otras inversiones netas−5,7−5,9−0,611,5−9,4−37,618,615,5
Flujos oficiales netos9,75,33,3−1,6−0,1−4,323,2−12,6
Variación de las reservas40,4−12,5−16,1−21,1−19,710,7−23,6−22,2
Asia
Flujos netos de capital privado311,943,432,320,953,262,388,898,4
Inversión directa neta3,625,112,117,634,143,649,558,2
Inversión de cartera neta1,24,90,51,011,710,09,38,0
Otras inversiones netas7,113,419,62,37,48,729,932,2
Flujos oficiales netos7,68,410,510,710,06,05,97,8
Variación de las reservas4−2,2−23,0−26,7−15,1−25,3−41,5−28,4−48,1
Oriente Medio y Europa
Flujos netos de capital privado32,122,470,142,822,6−1,012,118,5
Inversión directa neta1,01,51,61,31,81,81,41,2
Inversión de cartera neta4,213,422,421,015,312,511,66,8
Otras inversiones netas−3,17,546,120,55,4−15,3−0,910,5
Flujos oficiales netos4,90,7−0,3−3,34,310,5−1,6−6,9
Variación de las reservas411,6−4,5−1,1−10,86,7−1,9−9,0−17,5
Países en transición
Flujos netos de capital privado3−4,511,0−1,47,410,817,028,726,1
Inversión directa neta−0,24,52,44,26,05,413,012,4
Inversión de cartera neta1,50,8−0,83,62,93,72,1
Otras inversiones netas
Flujos oficiales netos1,51,11,7−0,13,0−11,08,5−9,1
Variación de las reservas4−3,4−8,60,4−6,0−12,7−8,0−34,52,9
Economías recientemente industrializadas5
Flujos netos de capital privado40,42,55,3−2,58,313,612,615,5
Inversión directa neta1,90,33,0−0,60,80,61,73,9
Inversión de cartera neta0,76,42,87,114,011,011,312,5
Otras inversiones netas−2,2−4,2−0,5−9,0−6,52,1−0,4−1,0
Flujos oficiales netos−0,8−0,80,2−0,3−1,9−0,3−0,7−0,6
Variación de las reservas4−15,2−15,2−16,8−16,0−21,4−21,1−14,5−13,2

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos de inversión netos a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados.

Promedios anuales.

Debido a limitaciones de los datos, en otras inversiones netas pueden incluirse algunos flujos oficiales.

El signo menos indica un aumento.

Corea, Hong Kong (China), Israel, provincia china de Taiwán, y Singapur.

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos de inversión netos a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados.

Promedios anuales.

Debido a limitaciones de los datos, en otras inversiones netas pueden incluirse algunos flujos oficiales.

El signo menos indica un aumento.

Corea, Hong Kong (China), Israel, provincia china de Taiwán, y Singapur.

* * *

En el resto de este capítulo se examinan algunas de las principales cuestiones que se plantean en relación con las fuerzas en juego en la coyuntura económica.

Cuestiones mundiales

¿Cuál es la magnitud del riesgo de inflación?

En los años noventa, la evolución de la economía se ha caracterizado por la caída de la inflación mundial a niveles que no se habían registrado en varias décadas, tendencia que en gran medida se mantuvo en 1997 (gráfico 8). En lo que respecta a las economías avanzadas, en Estados Unidos y el Reino Unido la inflación se ha mantenido dentro de los estrechos límites observados desde principios de los años noventa, a pesar de la tensión en el mercado de mano de obra y del crecimiento del producto por encima de la tasa potencial estimada (cuadro 8). En la mayor parte de los demás países europeos la inflación se ha estabilizado en un nivel bajo o ha seguido disminuyendo, notablemente en España, Italia y Portugal, observándose una apreciable convergencia de las tasas inflación en toda Europa. En Japón, el aumento del impuesto al consumo establecido en abril tuvo un efecto aislado sobre el nivel de precios, aunque no hay indicios de una presión al alza de los precios de carácter más general. Canadá también ha mantenido la inflación dentro de los límites del 1% al 3% fijados como objetivo oficial. Muchos países en desarrollo han logrado extraordinarios avances en la lucha contra la inflación en los años noventa, con lo cual se ha estrechado en gran medida la brecha entre los países avanzados y los países en desarrollo en lo que respecta a las tasas de inflación (gráfico 9). Para mediados de 1997, la inflación había bajado a un nivel del 5% o menos en muchos de los países en desarrollo de Asia. En América Latina, los precios se han mantenido esencialmente estables en Argentina, y la inflación ha descendido a casi el 5% en Chile y a niveles de un solo dígito en Brasil y Perú.

Gráfico 8.Inflación en algunas economías avanzadas

(Variación porcentual anual)

En la mayoría de las economías avanzadas la inflación se ha estabilizado en bajos niveles o ha seguido descendiendo en 1997.

Cuadro 8.Indicadores de presiones inflacionarias en los principales países industriales1
AlemaniaCanadáEstados UnidosFranciaItaliaJapónReino Unido
1.¿Se encuentra la inflación fuera de una gama que las autoridades consideran compatible con la estabilidad de precios?NoNoNoNoNoNoNo
2.¿Pronostica el FMI un repunte de la inflación en 1998?Sí, pero ligeroNoSí, pero ligeroSí, pero ligeroSí, pero ligeroNoSí, pero ligero (excluidos los intereses hipotecarios)
3.¿Prevén los pronósticos privados un repunte de la inflación en 1998?2Sí, pero ligeroSí, pero ligeroSí, pero ligeroSí, pero ligeroSí, pero ligeroNoSí, pero ligero (excluidos los intereses hipotecarios)
4.¿Suscita inquietud el crecimiento de la masa monetaria?NoNoNoNoNoNo
5.¿Se está cerrando la brecha entre el producto efectivo y el potencial?NoNoNoSí, pero sigue siendo relativamente amplia
6.¿Se está absorbiendo con demasiada rapidez el excedente de capacidad instalada?NoNoResta, si acaso, poca capacidad ociosaNoNoNoQuizás
7.¿Existe tensión en el mercado de mano de obra?NoNoNoNoNoCada vez más
8.¿Sugieren las curvas de rendimiento o las variaciones de las tasas de interés del mercado un aumento de la inflación esperada?NoNoNoNoNoNoNo
9.¿Está la debilidad del tipo de cambio estimu-lando la inflación?ModeradamenteNoNoSí, pero ligeramenteNoNoNo
10.¿Indican las cuentas externas un recalenta- micnto de la economía?NoNoNoNoNoNoNo
11.¿Han subido rápida-mente las cotizaciones de las acciones?No
12.¿Han subido rápidamente los precios de los bienes raíces en los últimos tiempos?NoNoNoNoNoNo

Este cuadro, en el que se presenta un panorama general de las presiones inflacionarias en diferentes países, refleja las opiniones de los funcionarios del FMI. Ciertos indicadores difieren de un país a otro en cuanto a la medida en que contribuyen al proceso inflacionario.

Consensus Forecasts, 11 de agosto de 1997 (Londres: Consensus Economics, Inc., 1997).

Este cuadro, en el que se presenta un panorama general de las presiones inflacionarias en diferentes países, refleja las opiniones de los funcionarios del FMI. Ciertos indicadores difieren de un país a otro en cuanto a la medida en que contribuyen al proceso inflacionario.

Consensus Forecasts, 11 de agosto de 1997 (Londres: Consensus Economics, Inc., 1997).

Gráfico 9.Inflación en los países en desarrollo1

(Mediana; variación porcentual anual)

Durante los años noventa muchos países en desarrollo han logrado avances en la reducción de la inflación.

1La franja sombreada indica proyecciones de los funcionarios del FMI.

El mantenimiento de una inflación baja o decreciente en una amplia gama de países parece haber incrementado la confianza de los mercados financieros en que perdurará el entorno favorable observado en los últimos tiempos en lo que respecta a la inflación. En las economías avanzadas, las tasas de interés a largo plazo han mostrado una tendencia general descendente desde principios de 1995, pese a haber registrado importantes fluctuaciones a corto plazo (gráfico 10). En este período, el rendimiento de los bonos se redujo entre 150 y 300 centesimos de punto porcentual en la mayoría de los principales países industriales y entre 500 y 600 centesimos de punto porcentual en Italia y en otros mercados de alto rendimiento de Europa. Excepto en Japón, los rendimientos crecieron moderadamente en el primer trimestre de 1997 ante el temor suscitado por la restricción monetaria en Estados Unidos, aunque posteriormente han vuelto a disminuir al atenuarse ese temor. El descenso de los rendimientos de los bonos obedece principalmente a la disminución de la inflación: en términos nominales, las tasas de interés a largo plazo han alcanzado su nivel más bajo desde los años sesenta, aunque en varios países los rendimientos reales todavía se acercan al nivel medio registrado durante la última década.

Gráfico 10.Tasas de interés nominales en los principales países industriales

(Porcentaje anual)

En la mayoría de los países, las tasas de interés a largo plazo han seguido una tendencia descendente y las tasas a corto plazo se mantuvieron relativamente estables.

Fuentes: WEFA, Inc. y Bloomberg Financial Markets.

1Rendimiento de los bonos del Estado con vencimientos residuales a 10 años o con el vencimiento más próximo a 10 años.

2Vencimientos a tres meses.

Como se observó en los años ochenta, las presiones inflacionarias pueden reflejarse en fluctuaciones de los precios en los mercados de acciones y bienes raíces antes de manifestarse en aumentos de los precios de bienes y servicios menos flexibles6. En el período reciente, el hecho más notable en este contexto ha sido el fuerte aumento que registraron las cotizaciones de las acciones desde el final de 1994 en las economías avanzadas, que en la mayor parte de los mercados registraron alzas del 50% al 100%. En 1995, inmediatamente después de la crisis mexicana, el aumento de las cotizaciones de las acciones fue, en general, más moderado en los países en desarrollo, aunque en América Latina los precios, medidos en dólares de EE.UU., han recuperado gran parte de las pérdidas sufridas anteriormente, mientras que en algunos otros países los mercados han registrado aumentos espectaculares en comparación con el año pasado (gráfico 11). Si bien una parte significativa de estos aumentos puede atribuirse a los factores fundamentales de las propias economías, también puede ser indicio de una disminución del rendimiento nominal de los activos en las economías avanzadas, relacionada con la menor inflación y la orientación relativamente acomodaticia de la política monetaria. En los mercados de bienes raíces, si bien no se observan señales de la situación generalizada de auge que caracterizó al período de fines de los años ochenta, se han producido importantes aumentos de precios en el Reino Unido y en algunas economías avanzadas más pequeñas, mientras que en varias economías asiáticas existen indicios de burbujas de precios en dichos mercados. Por consiguiente, si bien se han observado señales de presión en algunos mercados de activos, en general la situación no indica inequívocamente la perspectiva de una inflación en aumento.

Gráfico 11.Cotizaciones de las acciones

(Dólares de EE.UU.; escala logarítmica; enero de 1990 = 100)

Las cotizaciones de las acciones han registrado nuevamente fuertes aumentos en muchas economías avanzadas y países en desarrollo.

Fuentes: WEFA, Inc. y Corporación Financiera Internacional, base de datos sobre mercados emergentes.

Las proyecciones elaboradas por los funcionarios del FMI reflejan en términos generales el punto de vista de que probablemente la inflación mundial se mantenga reprimida en el período venidero, con una inflación baja y estable en las economías avanzadas y nuevas disminuciones en los países en desarrollo. ¿En qué se basan las expectativas de que la inflación seguirá siendo baja? ¿Y en qué se diferencia la situación actual del período de crecientes presiones inflacionarias a escala mundial de fines de los años ochenta? Una consideración clave es la mayor determinación de los gobiernos y los bancos centrales de lograr y mantener una inflación baja, que ha sido un importante factor en el mejoramiento de la situación inflacionaria mundial en los últimos años. Esta tendencia refleja la conclusión, producto de la experiencia acumulada durante los anteriores episodios inflacionarios, de que una inflación alta tiene un costo elevado en términos de pérdida de producto y resulta difícil de reducir. Como reflejo de la creciente importancia que se asigna a la baja inflación, en los años noventa varios países han fijado metas oficiales en materia de inflación y han establecido mecanismos institucionales para fortalecer la credibilidad de dichas metas, entre los que se cuenta el otorgamiento de mayor independencia al banco central7. Asociado a esta tendencia se observa un difundido reconocimiento de la importancia que reviste la adopción temprana de medidas de política económica para combatir la acumulación de presiones inflacionarias antes de que éstas se reflejen en tasas de inflación muchos más elevadas. Los beneficios de este enfoque quedaron demostrados por la aplicación preventiva de una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos, el Reino Unido y Australia en 1994, mediante la cual se logró contener las excesivas presiones de demanda sin poner en peligro la expansión económica en curso. Ejemplos más recientes han sido las medidas adoptadas este año en Estados Unidos y el Reino Unido con el fin de aplicar una política monetaria más restrictiva en circunstancias en que los datos indicaban que la inflación efectiva (por oposición a la anticipada) se había mantenido en general estable o había disminuido. De hecho, en particular en Estados Unidos, este enfoque ha contribuido a mantener la expansión durante seis años, reducir el desempleo a bajos niveles y contener la inflación.

Otra razón por la que cabe esperar que las presiones inflacionarias mundiales se mantengan moderadas en el corto plazo es la divergencia que aún existe en la posición de los principales países industriales en el ciclo económico. A diferencia de lo ocurrido a fines de los años ochenta, cuando todas las economías más grandes experimentaban en forma sostenida un crecimiento superior al potencial, ejerciendo presión sobre la capacidad productiva, en la actualidad sólo en Estados Unidos y el Reino Unido la economía está operando por encima o cerca de su potencial, mientras que en gran parte de Europa continental, así como en Japón y Canadá, la brecha entre el producto efectivo y el potencial sigue siendo amplia. A pesar de la recuperación que se está produciendo en estos últimos países, las proyecciones de los funcionarios del FMI indican que dicha brecha sólo se reducirá en forma modesta en los próximos dos años. En los mercados de trabajo, el desempleo históricamente elevado registrado en la mayor parte de Europa continental, Canadá y Japón ha contribuido en los últimos años a un bajo crecimiento de los salarios y, particularmente en Europa continental, se prevé que la situación del mercado de trabajo avance con relativa lentitud en el período venidero (gráfico 12). No obstante, incluso en Estados Unidos y el Reino Unido, donde ya hay escasez de oferta de mano de obra, los aumentos salariales, si bien han sido ligeramente superiores a los del año pasado como consecuencia de la disminución del desempleo, se han mantenido por debajo de la inflación salarial registrada a fines de los años ochenta. En Estados Unidos, la mayor inseguridad laboral puede haber sido un factor que ha atenuado las reivindicaciones salariales en el ciclo actual. En dicho país, el costo de la mano de obra también se ha mantenido en niveles bajos en los años noventa debido a un crecimiento más lento de las prestaciones, que refleja en gran medida el efecto aislado de la reducción del costo de las prestaciones médicas. Es posible que el costo unitario de la mano de obra también se haya mantenido en niveles bajos debido a un aumento de la productividad mayor que el que revelan las estimaciones oficiales.

Gráfico 12.Principales países industriales: Remuneración media y costos unitarios de la mano de obra en el sector manufacturero1

(Variación porcentual anual)

En los últimos años de la década de los ochenta, el crecimiento salarial se mantuvo en niveles relativamente bajos, sobre todo en Europa continental, Canadá y Japón, donde el desempleo es alto.

1Las franjas sombreadas indican proyecciones de los funcionarios del FMI.

En los mercados de bienes, las presiones inflacionarias se han visto atenuadas por el crecimiento relativamente débil del producto del grupo de economías avanzadas en comparación con el observado entre mediados y fines de los años ochenta. En los principales países industriales, las tasas de utilización de la capacidad productiva en el sector industrial en general se mantienen por debajo de los niveles alcanzados a fines de los años ochenta, lo que lleva a pensar que a corto plazo las limitaciones de capacidad posiblemente no constituyan una fuente de presión generalizada sobre los precios. Incluso en Estados Unidos, donde el ciclo se encuentra en una etapa más avanzada, el dinamismo de la inversión destinada a la creación de capacidad productiva ha contribuido a que las tasas de utilización de la capacidad se mantengan moderadamente por debajo de los máximos observados en ciclos anteriores, mientras que en el Reino Unido se han evidenciado presiones sobre los precios, especialmente en el sector de servicios, ya que la apreciación de la libra esterlina ha mantenido reprimidos los precios de los bienes que son objeto de comercio exterior. De hecho, las fluctuaciones que registraron los tipos de cambio entre las monedas de los principales países en los últimos dos años han sido otro factor que ha coadyuvado a reducir las presiones inflacionarias en los países en los que el crecimiento ha sido más vigoroso, sin exacerbar los riesgos de inflación en otros países. En Estados Unidos, se ha señalado que el menor nivel de existencias y la reducción de los costos del transporte posiblemente también hayan sido factores que han ejercido presiones a la baja sobre la inflación.

Además del énfasis asignado por los bancos centrales de manera sostenida al logro de una baja inflación, de la situación cíclica favorable a escala mundial y de diversas circunstancias aisladas, varios otros factores probablemente hayan contribuido a la reciente disminución de la inflación mundial. El avance del proceso de saneamiento de las finanzas públicas en las economías avanzadas de América del Norte y Europa ha contribuido a atenuar las presiones inflacionarias, previéndose que esta situación se mantendrá en la mayor parte de los países en el período venidero. Además de estas influencias macroeconómicas, la estrecha vinculación de los procesos de globalización y avance tecnológico también ha contribuido en los últimos años a transmitir los beneficios de la mayor eficiencia entre los países y a limitar las posibilidades de aumentos excesivos de los salarios y otros costos. Dado que es probable que estos procesos continúen, podría esperarse que también tengan un efecto favorable sobre la inflación en el futuro. Por último, en 1996 y 1997 en términos globales los precios mundiales de los productos básicos, medidos en dólares, se han mantenido relativamente estables. Esta estabilidad obedece en parte a la fortaleza del dólar de EE.UU.; medidos en DEG, el aumento de los precios de los productos básicos es más significativo (gráfico 13)8. Esta situación parece reflejar presiones en determinados mercados—principalmente en los mercados de petróleo y cereales en 1996 y el mercado del café en el primer semestre de 1997—más que un alza generalizada de los productos básicos que pudiera traducirse en presiones inflacionarias de carácter general.

Gráfico 13.Precios de los productos básicos1

(Dólares de EE.UU.; 1990 = 100)

En el primer semestre de 1997 el precio del petróleo registró un brusco descenso, pero subieron los precios de los productos básicos no combustibles.

1La franja sombreada indica proyecciones de los funcionarios del FMI.

2Las ponderaciones son 57,7% para el índice de productos básicos no combustibles y 42,3% para el índice de precios del petróleo.

En consecuencia, si bien existen varias razones para prever que la inflación mundial se mantenga en un nivel bajo, también hay algunos riesgos. El riesgo de inflación se ha intensificado a lo largo del último año en los países en los cuales la demanda interna ha crecido en forma vigorosa y la utilización de recursos es elevada. En general, los mercados financieros han descartado en gran parte estos riesgos debido a que los nuevos datos han continuado revelando escasos indicios de aumento de la inflación y a que los bancos centrales han demonstrado estar resueltos a actuar en forma preventiva. No obstante, la posibilidad de que la inflación aumente súbitamente en estos países en particular, exige a todas luces un seguimiento especial. Parecería que el riesgo de un aumento más generalizado de la inflación mundial depende en gran medida de la trayectoria futura de la demanda en las principales economías del mundo. Si bien los funcionarios del FMI y la mayor parte de los analistas privados prevén una desaceleración del crecimiento en Estados Unidos y el Reino Unido, la desaceleración podría ser menor que la que indican estos pronósticos. Específicamente, la demanda interna sigue creciendo en forma vigorosa en el Reino Unido, mientras que en Estados Unidos la confianza de los consumidores se halla en el punto más alto de los últimos 28 años y el empleo continúa aumentando a ritmo acelerado. Si se generaliza la tendencia a un fortalecimiento sorpresivo de la expansión puede generarse un entorno menos favorable en lo que respecta a la inflación mundial que el que parece previsible actualmente. Por último, existe el riesgo de que los recientes incrementos generalizados de las cotizaciones de las acciones y los indicios de tensión en los mercados inmobiliarios de varios países también sean una señal de crecientes presiones inflacionarias.

¿Han sido congruentes con las variables fundamentales de la economía las recientes fluctuaciones de los tipos de cambio entre las principales monedas?

Los principales acontecimientos que han tenido lugar desde el segundo trimestre del año con respecto al tipo de cambio de las principales monedas han sido la recuperación del yen japonés y una nueva alza moderada del dólar de EE.UU. frente a la mayoría de las monedas con excepción del yen (gráfico 14). Después de caer a un nivel de 127 yenes por dólar de EE.UU. al final de abril, la cotización del yen registró un fuerte repunte, de aproximadamente 14%, en mayo y principios de junio, alcanzando un máximo de 111 yenes por dólar, el mayor nivel registrado desde noviembre de 1996. El alza fue generalizada y se observó igualmente frente a todas las demás principales monedas y frente a las monedas de los principales socios comerciales de Japón en Asia. Posteriormente, el yen volvió a bajar frente al dólar, y en menor medida frente a las demás monedas, descendiendo a 121 yenes por dólar a principios de septiembre. En lo que respecta al resto de las principales monedas, la libra esterlina inicialmente mantuvo el firme avance iniciado en agosto de 1996 y subió un 12% adicional frente al marco alemán entre abril y principios de agosto, antes de sufrir una corrección parcial. En contraste, las monedas alemana y francesa y otras monedas estrechamente vinculadas se debilitaron frente a otras divisas importantes en el período transcurrido hasta principios de agosto, en parte debido a la percepción de que han seguido ampliándose las divergencias cíclicas entre Europa continental y Estados Unidos. La inquietud en torno a la posibilidad de que se adoptara una política monetaria más restrictiva en Alemania dio lugar a un moderado repunte de estas monedas. Como reflejo de estos movimientos divergentes, desde el segundo trimestre el dólar de EE.UU. en general se ha debilitado moderadamente frente al yen, pero se ha fortalecido frente a las principales monedas de Europa continental.

Gráfico 14.Tipos de cambio efectivos en los principales países industriales

(1990 = 100; escala logarítmica)

Tras bajar hasta el nivel de principios de 1993, el yen registró un fuerte repunte en el segundo trimestre de 1997; la libra esterlina mantuvo la firme tendencia ascendente iniciada en agosto de 1996.

1Definido en función del costo unitario normalizado relativo de la mano de obra del sector manufacturero, estimado con el sistema de indicadores de competitividad del FMI, utilizando ponderaciones del comercio exterior de 1989–91.

2Calculado utilizando ponderaciones del comercio exterior de 1989–91.

Un importante factor que ha influido en las recientes fluctuaciones del yen ha sido la modificación de la evaluación que ha hecho el mercado del avance de la recuperación económica japonesa y de las perspectivas de que se reduzca la divergencia entre las posiciones de las economías de Japón y Estados Unidos en el ciclo económico. A principios del año el yen sufrió un mayor debilitamiento al tiempo que se fortalecía el crecimiento en Estados Unidos y persistía la inquietud acerca de las perspectivas de una recuperación económica sostenida en Japón. Como reflejo de estos factores, los diferenciales de las tasas de interés a largo plazo entre ambos países se incrementaron a 480 centésimos de punto porcentual a principios de abril, dado que en Japón los rendimientos cayeron a nuevos niveles mínimos históricos, al tiempo que la preocupación acerca de la necesidad de una política monetaria más restrictiva contribuyó a que aumentaran los rendimientos en Estados Unidos. A fines de abril, sin embargo, comenzó a mejorar la actitud de los mercados en torno a las perspectivas económicas de Japón, y el rendimiento de los bonos japoneses se incrementó ante las expectativas de que el Banco de Japón podría elevar las tasas de interés oficiales en el curso del año. Al mismo tiempo, los datos iniciales que indicaban que el crecimiento en Estados Unidos había sido más lento en el segundo trimestre atenuaron las expectativas de nuevos aumentos de la tasa de los fondos federales, y los diferenciales de las tasas de interés a largo plazo entre Estados Unidos y Japón se redujeron a menos de 400 centésimos de punto porcentual a principios de julio. Además de estos factores, el alza del yen se produjo poco antes de que los ministros de Hacienda y los gobernadores de los bancos centrales de los siete principales países industriales reafirmaran en una declaración pública que los principales desajustes se habían corregido y destacaran la importancia de evitar tipos de cambio que pudieran conducir al resurgimiento de grandes desequilibrios externos. Los indicios de un aumento del superávit comercial japonés también pueden haber contribuido al repunte. Posteriormente, sin embargo, volvieron a surgir dudas acerca de la firmeza de la recuperación japonesa ante las señales de que el gasto de las familias estaba tardando más de lo esperado en repuntar tras el aumento impositivo dispuesto en abril, y el rendimiento de los bonos japoneses retrocedió hasta neutralizar los incrementos del segundo trimestre y situarse en nuevos niveles mínimos. Estas circunstancias, sumadas a las renovadas señales de dinamismo de la economía estadounidense y a la inquietud acerca de los efectos de las perturbaciones que afectaron a las monedas de Asia sudoriental, hicieron que el yen volviera a caer a principios de septiembre, particularmente frente al dólar de Estados Unidos, aunque frente a las demás monedas se mantuvo en un nivel muy superior a los mínimos registrados con anterioridad.

En el caso del dólar de Estados Unidos, las fluctuaciones cambiarias bilaterales registradas entre abril y principios de septiembre se compensaron en gran medida, de manera que el dólar sólo experimentó una modesta apreciación en términos efectivos nominales. Mientras que el dólar se depreció frente al yen, se apreció moderadamente frente a las monedas de la mayor parte de los demás países industriales. El dólar también se fortaleció frente a las monedas de los países en desarrollo de Asia, mientras que se debilitó ligeramente frente a las de otros países en desarrollo. Desde una perspectiva a plazo algo mayor, en agosto los valores efectivos nominales y reales de la moneda estadounidense se mantenían en niveles superiores a los del final de 1996, y en niveles moderadamente más altos que los registrados en 1990–96. Si el dólar se mantuviera cerca o por encima de los niveles recientes durante un período prolongado, es probable que con el tiempo el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos aumentara nuevamente, lo que suscitaría inquietudes en lo que respecta al crecimiento de la deuda externa y su viabilidad a mediano plazo. A corto plazo, sin embargo, la persistente fortaleza del dólar refleja la posición cíclica relativa de la economía del país y contribuye a contener las presiones de demanda e inflación.

Los factores cíclicos a corto plazo también explican en gran medida el acusado aumento registrado por la libra esterlina durante el año transcurrido hasta principios de agosto de 1997, cuando alcanzó niveles moderadamente superiores a sus valores de negociación frente al marco alemán a principios de los años noventa, antes de su retiro del MTC. En términos efectivos reales, la libra esterlina se apreció aproximadamente un 25% durante este período, alcanzando en el mes de julio su nivel máximo desde principios de los años ochenta. A partir de principios de agosto se produjo una moderada corrección, provocada por las menores expectativas de que el Reino Unido aplicara una política monetaria más restrictiva y por las inquietudes acerca de la competitividad de las exportaciones. La apreciación de la libra esterlina desde mediados de 1996 ha sido útil en cuanto ha atenuado el riesgo de inflación a corto plazo en el Reino Unido, pero ha repercutido negativamente en la competitividad internacional del país, previéndose que, si se mantiene, en el período venidero podría dejar sin efecto la reciente mejoría del saldo en cuenta corriente. Los diferenciales actuales de las tasas de interés a largo plazo indican que los participantes en el mercado prevén que la libra esterlina sufra una depreciación a mediano plazo frente a otras monedas importantes, lo que en términos generales parece congruente con una evaluación de las condiciones de equilibrio interno y externo de la economía a más largo plazo.

La cotización del yen repuntó en el mes de mayo después de haber caído más de un 30% en términos efectivos reales y nominales en comparación con la cotización máxima a que llegó en abril de 1995, situándose en su nivel más bajo desde principios de 1993. Si bien una parte importante de esta caída reflejó una apropiada corrección del reajuste excesivo que había registrado el yen anteriormente, esta depreciación también proporcionó un importante impulso al sector de bienes comerciables en momentos en que la economía japonesa procuraba denodadamente recuperarse de su prolongada desaceleración. No obstante, la constante depreciación registrada en los primeros cuatro meses de 1997 al parecer llevó al yen a un nivel que, de mantenerse, probablemente hubiera producido un incremento del superávit en cuenta corriente que podría no haber estado plenamente justificado por las variables fundamentales de la economía japonesa. En consecuencia, desde una perspectiva a mediano plazo, el moderado fortalecimiento neto experimentado por el yen desde el segundo trimestre parece apropiado (véase también el recuadro 2).

En el caso de Alemania, si bien las fluctuaciones bilaterales del marco alemán frente al dólar y el yen registradas en los últimos años han sido bastante amplias, en gran medida se han compensado mutuamente, y en términos efectivos reales las fluctuaciones han sido relativamente modestas, lo cual refleja también la alta ponderación asignada a los principales socios comerciales europeos de Alemania. En 1997, el marco alemán se ha debilitado moderadamente en términos efectivos nominales y reales, continuando la tendencia observada desde principios de 1995. Sin embargo, en general se ha mantenido por encima de los niveles registrados a principios de los años noventa en términos efectivos reales. En este contexto, la continuada fluctuación a la baja experimentada por el marco alemán puede considerarse en parte como una inversión de la tendencia a la apreciación registrada inmediatamente después de la unificación alemana. En términos generales, esta tendencia parece ser congruente con la posición relativa de la economía alemana en el ciclo económico y no suscita mayores inquietudes desde una perspectiva a mediano plazo.

¿Qué factores han influido en los recientes ataques especulativos que sufrieron las monedas de algunas economías de mercados emergentes?

En los últimos meses, las monedas de varias economías en desarrollo y en transición de Asia y Europa oriental se han visto sometidas a fuertes presiones a la baja. En Asia, el país que inicialmente sufrió las presiones más fuertes fue Tailandia, donde las dudas acerca de la viabilidad del régimen cambiario vigente, basado en un tipo de cambio fijo frente a una canasta de monedas en la que predomina el dólar de EE.UU., dieron origen a mediados de mayo a un movimiento especulativo contra el baht. Durante el año anterior Tailandia había experimentado periódicos episodios de especulación contra el baht, pero en esta ocasión se produjeron significativos efectos de contagio en otros países de la región, sobre todo en Filipinas, Indonesia y Malasia. En Europa oriental, las monedas de la República Checa y la República Eslovaca fueron objeto de ataques en abril, con efectos de contagio limitados en algunos países vecinos. En cada caso, las autoridades procuraron inicialmente defender las respectivas monedas mediante una combinación de intervenciones en el mercado de cambios y aumentos de las tasas de interés internas. Además, en algunos casos se establecieron restricciones administrativas para limitar las posibilidades de especulación en los mercados cambiarios por parte de no residentes. Excepto en la República Eslovaca, tales medidas no fueron suficientes para contrarrestar las presiones en el mercado cambiario, y las autoridades de los distintos países se vieron obligadas a abandonar el régimen cambiario anterior y permitir la depreciación de su moneda. Las autoridades checas abandonaron la banda de fluctuación de la corona a fines de mayo, y a principios de julio se permitió la flotación del baht tailandés y poco después la del peso filipino. Posteriormente se intensificaron las presiones sobre el ringgit malayo y la rupia indonesia, y ambas monedas sufrieron una fuerte depreciación en julio y agosto; las autoridades de Indonesia abandonaron la banda de fluctuación de la rupia a mediados de agosto.

¿Qué factores explican el surgimiento de presiones especulativas en estos países?

Considerando en primer término los casos de Tailandia, la República Checa y la República Eslovaca, donde las presiones iniciales sobre el tipo de cambio fueron más severas, se observa que los tres países venían registrando déficit muy elevados en la cuenta corriente externa, que oscilaron entre el 8% y el 10% del PIB en 1996. Además, al igual que varios otros países de Asia y Europa oriental, los tres países habían experimentado recientemente una desaceleración del crecimiento de las exportaciones, de manera que no se preveía una reducción significativa del déficit de la balanza de pagos en 1997. Ni la teoría ni la experiencia sugieren de manera concluyente un umbral a partir del cual el déficit en cuenta corriente puede desatar una crisis externa9. Por el contrario, es probable que el punto a partir del cual se puede desencadenar una crisis dependa de las circunstancias y las características de la economía en cuestión, en las que quedan comprendidas su política cambiaría, su grado de apertura, su comportamiento en lo que respecta al ahorro y la inversión, la índole de los flujos de capital que financian el déficit de balanza de pagos y la solidez de su sistema financiero. Además, las variaciones del entorno externo—por ejemplo, un alza de las tasas de interés mundiales—y el efecto de contagio de perturbaciones producidas en otros países también pueden ser factores importantes.

Si bien no debe exagerarse el paralelismo entre Tailandia, la República Checa y la República Eslovaca, corresponde destacar algunas características comunes. En los tres países se había producido recientemente una apreciación sostenida del tipo de cambio efectivo real, como reflejo de una inflación interna superior a la de sus principales socios comerciales, combinada en el caso de Tailandia con una apreciación efectiva nominal resultante del estrecho vínculo entre el baht y el dólar de Estados Unidos. La conjunción de un tipo de cambio efectivo real en aumento y un elevado y creciente déficit en cuenta corriente puede haber llevado a que se percibiera un mayor riesgo de crisis, y haber suscitado inquietudes en torno a la viabilidad a mediano plazo. La composición del financiamiento externo obtenido recientemente también parece haber sido un factor que influyó en estos casos. El endeudamiento externo privado constituyó la principal fuente de financiamiento externo, en tanto que la inversión extranjera directa desempeñó un papel relativamente menor, sobre todo en Tailandia (aunque sólo en los últimos años) y en la República Eslovaca. La dependencia de los empréstitos externos (denominados en moneda extranjera) hace que la economía quede más expuesta al riesgo cambiario, y también puede hacerla más vulnerable a una huida de capitales, especialmente si la mayoría de los empréstitos se contratan a corto plazo. En el frente interno, en lo que se refiere al saldo ahorro-inversión, los desequilibrios fiscales no parecen haber sido un factor importante en estos casos, aunque en los últimos tiempos se ha observado un debilitamiento de la situación presupuestaria de la República Eslovaca. Sin embargo, el crecimiento económico se ha desacelerado recientemente en Tailandia y la República Checa, lo que puede haber planteado dudas acerca de la persistencia de la determinación de las autoridades de respaldar el tipo de cambio manteniendo tasas de interés altas. Por último, en todos estos países se plantearon inquietudes relacionadas con la fragilidad del sector financiero. Estas inquietudes fueron suscitadas por los problemas vinculados con el proceso de reforma en Europa oriental, mientras que en el caso de Tailandia se relacionan, en parte, con el rápido crecimiento que había registrado el financiamiento garantizado por bienes raíces, el elevado endeudamiento externo asumido por las empresas sin la debida cobertura y los efectos de la desaceleración económica.

Como ocurrió en la crisis mexicana, los acontecimientos recientes demuestran la tendencia a que la crisis desatada en un país produzca efectos de contagio en otros países donde los mercados financieros perciben la existencia de los mismos factores de riesgo. Este fenómeno ha quedado ilustrado en forma elocuente en la reciente experiencia de Filipinas, Indonesia y Malasia. Los tres países han experimentado un crecimiento vigoroso y, hasta hace poco tiempo, habían recibido una voluminosa afluencia de capitales. Sin embargo, lo sucedido en Tailandia hizo que los mercados concentraran la atención en la existencia de factores comunes de riesgo en estos países, entre ellos la apreciación real de la moneda en un entorno de relativa inflexibilidad del tipo de cambio y de cuantiosos—aunque considerablemente menores—déficit en cuenta corriente, un elevado endeudamiento externo y un rápido crecimiento del crédito interno vinculado en parte al auge experimentado por los sectores de la construcción y de bienes raíces. El efecto de contagio de las dificultades observadas en Tailandia se hizo evidente inicialmente en los mercados bursátiles, particularmente en Filipinas y Malasia, donde en dichos mercados se registró una tendencia a la baja a principios de 1997. Sin embargo, las presiones se extendieron rápidamente a los mercados cambiarios en julio y agosto, después de que la pronunciada devaluación del baht tailandés pusiera en duda la posibilidad de que se mantuvieran los tipos de cambio en los países vecinos. De allí en adelante, las presiones a la baja en los mercados financieros de la región se autoalimentaron en cierta medida, en parte debido a la incertidumbre en torno a los posibles efectos sobre el crecimiento al conjugarse el deterioro del tipo de cambio, las altas tasas de interés y la caída de los precios de los activos.

A principios de septiembre, en general los efectos de contagio de las recientes crisis monetarias sobre otras economías de mercados emergentes seguían siendo bastante limitados. En Asia, el dólar de Singapur sufrió un moderado debilitamiento en julio y agosto, y el nuevo dólar de Taiwán y el won coreano experimentaron caídas de menor magnitud, mientras que el dólar de Hong Kong se vio sometido brevemente a presiones a mediados de agosto. Las cotizaciones de las acciones en general bajaron en toda la región durante los meses de julio y agosto. En Europa oriental, el zloty polaco se debilitó a mediados de julio como consecuencia de las inquietudes en torno a los daños producidos por las inundaciones y de un deterioro del saldo en cuenta corriente en un contexto de rápida expansión de la demanda interna. Cabe señalar, sin embargo, que Hungría logró evitar efectos adversos de importancia, lo cual se debe aparentemente al éxito de las políticas aplicadas por las autoridades desde 1994 con el fin de corregir un anterior déficit en cuenta corriente, que había alcanzado proporciones insostenibles.

A pesar de las recientes dificultades experimentadas en algunos casos aislados, hasta ahora no ha habido indicios de una alteración generalizada de los flujos de capital hacia los países en desarrollo, que llegaron a niveles sin precedentes en 1996 y siguieron siendo cuantiosos en los primeros siete meses de 1997. Cabe destacar que los flujos a América Latina parecen haberse visto relativamente poco afectados, ante una mejoría general en toda la región en lo concerniente a los factores de vulnerabilidad que desataron la crisis mexicana, aunque el saldo en cuenta corriente se ha deteriorado en algunos casos. Los flujos hacia otros países en desarrollo también han mantenido su vigor. Si bien las perspectivas generales en lo que se refiere a los flujos de capital hacia los países en desarrollo continúan siendo positivas en términos globales, los acontecimientos recientes deberían constituir otra señal de alerta de la posibilidad de un retiro repentino de los capitales en los casos en que los mercados perciban que la situación de la balanza de pagos se ha vuelto insostenible. Es difícil predecir qué factores podrían desatar este cambio de tendencia, ya que ello depende de factores específicos de cada país, de acontecimientos externos y de la actitud de los mercados. No obstante, la mejor defensa para evitar una situación de ese tipo es aplicar medidas encaminadas a corregir los desequilibrios que puedan surgir antes de que éstos alcancen niveles que puedan percibirse como insostenibles.

Economías avanzadas

¿Cuáles son las perspectivas de una disminución del desempleo en Europa?

En la Unión Europea, el desempleo ha mantenido una tendencia ascendente, y actualmente se sitúa en el 11 ¼ %, tasa que es más del doble de la de Estados Unidos y más de tres veces la de Japón. Estos contrastes en los niveles de desempleo se reflejan en diferencias en la creación de empleos. El empleo civil en Estados Unidos y Japón se incrementó más de un 50% entre 1970 y 1996, mientras que en la UE el empleo sólo registró un ligero incremento (gráfico 15).

Gráfico 15.Empleo y desempleo en algunas economías avanzadas1

Desde mediados de los años noventa, la evolución del mercado de trabajo en la Unión Europea ha sido menos favorable que en Estados Unidos y Japón.

1Las franjas sombreadas indican proyecciones de los funcionarios del FMI.

2Basadas en las definiciones nacionales.

Mientras que, en promedio, la evolución del mercado de trabajo en la UE ha sido desalentadora durante las últimas dos décadas, en los cinco últimos años el desempleo se ha reducido significativamente en algunos países de esa región (gráfico 16). El desempleo ha disminuido más acusadamente en el Reino Unido, donde se redujo al 5½% en julio, en comparación con un máximo de más del 10% en 1993, aunque también se ha reducido de manera apreciable en Dinamarca, Irlanda y los Países Bajos. La evolución del mercado laboral en estos países muestra un fuerte contraste con la observada, por ejemplo, en Alemania, Francia e Italia, donde el desempleo ha continuado incrementándose en los años noventa hasta llegar a los niveles máximos del período de posguerra.

Gráfico 16.Tasas de desempleo en algunas economías avanzadas1

(Porcentaje)

El desempleo ha llegado a nuevos niveles máximos en la Unión Europea, y específicamente en Alemania, Francia e Italia. En Dinamarca, Irlanda, los Países Bajos y el Reino Unido sin embargo, el desempleo disminuyó.

1Basadas en las definiciones nacionales. Las franjas sombreadas indican proyecciones de los funcionarios del FMI.

La disminución del desempleo en el primer grupo de países se ha debido en parte a factores de índole cíclica. En Irlanda, en particular, el rápido crecimiento del producto—de alrededor del 7% anual—ha constituido la principal causa de la fuerte reducción del desempleo desde 1994. En Dinamarca y el Reino Unido, las menores tasas de actividad de la mano de obra también contribuyeron a que disminuyera la desocupación en este período10. En estos casos, si bien la evolución del mercado de trabajo ha mejorado, la tasa de disminución del desempleo exagera el grado de mejoría estructural. No obstante, en el Reino Unido y también en los Países Bajos, el desempleo estructural (que puede definirse como la tasa de desempleo a la cual la inflación sería estable) ha disminuido, como resultado de la reforma integral del mercado laboral11. Se prevé una modesta disminución adicional del desempleo en el Reino Unido (a un promedio del 5% en 1998) y en los Países Bajos (a algo menos del 6%). En contraste, a pesar de haberse acelerado el crecimiento económico hasta llegar a tasas algo superiores a las potenciales, las proyecciones indican que en el año venidero el desempleo se reducirá sólo ligeramente en Alemania, Francia e Italia (véase el gráfico 16). Se anticipa que también en toda la UE el desempleo disminuirá sólo ligeramente, situándose en un promedio de poco menos del 11% en 1998, lo que indica que, en lo que respecta a la totalidad de la región, la combinación de crecimiento económico y reformas del mercado laboral será insuficiente para reducir en forma significativa el desempleo a corto y mediano plazo. Por su parte, se proyecta un incremento muy reducido del empleo total.

El elevado desempleo estructural en la UE se ha atribuido a una diversidad de leyes y normas del mercado laboral que en muchos países han tenido el efecto de desalentar a los empleadores en la contratación de empleados y a éstos en la búsqueda activa de empleo. El pago de elevados subsidios de desempleo durante períodos relativamente prolongados, y el otorgamiento de las prestaciones sociales mínimas, con frecuencia de duración ilimitada, tienden a desalentar a los trabajadores a buscar activamente oportunidades de empleo, y en ciertos casos a aceptar los empleos que se les ofrecen; los salarios mínimos demasiado altos reducen las perspectivas de empleo de los trabajadores jóvenes y no calificados, y las normas restrictivas en lo que respecta a la contratación, los despidos y la naturaleza de los contratos de trabajo que los empleadores pueden ofrecer, sumadas a los elevados impuestos sobre la nómina, tienden a reducir los incentivos de los empleadores para aumentar el empleo. En algunos países de la UE, las negociaciones salariales centralizadas, que reducen las diferencias salariales, tienden a producir efectos negativos sobre las perspectivas de empleo de los trabajadores no calificados y sobre el crecimiento de la productividad porque los empleadores no pueden ofrecer escalas de remuneración que se ajusten a sus necesidades individuales. Además, como consecuencia de tales leyes y normas, el aumento del desempleo resultante de perturbaciones adversas tiende a enraizarse. Al mismo tiempo, los esfuerzos por reducir el desempleo a través de mecanismos de reparto del trabajo y de retiro anticipado están fortaleciendo aún más el poder de negociación de quienes tienen trabajo a expensas de los desempleados. De esta manera, cada perturbación negativa eleva un escalón la tasa de desempleo, y deja tras de sí una masa de desempleados a largo plazo12.

Varios países de la UE han tratado de reformar sus mercados de trabajo. En Italia se eliminaron a principios de los años noventa los mecanismos de indexación de salarios, y en Francia y en Alemania se redujo el porcentaje de sustitución de ingresos para el cálculo de los subsidios de desempleo en 1993 y 1994, respectivamente. Sin embargo, salvo en unos pocos países—de los cuales el Reino Unido y los Países Bajos son los ejemplos más obvios—se ha logrado escaso éxito en la reducción del desempleo estructural. ¿Cómo se explica que persistan problemas en el mercado de trabajo de la mayor parte de los países de la UE a pesar de los intentos de reforma? Una razón de la falta de éxito parece ser el carácter fragmentario de las reformas laborales emprendidas en muchos países. La solución al problema del desempleo estructural en la UE parece residir en un conjunto integral de reformas de las políticas e instituciones que afectan al mercado laboral. Por ejemplo, la adopción de medidas para reducir los subsidios de desempleo, sin liberalizar simultáneamente las normas de contratación y despido, o reducir los impuestos sobre la nómina, posiblemente reporten escasos beneficios en lo que atañe a la reducción del desempleo. Ello se debe a que, mientras que es posible que los trabajadores tiendan a buscar empleo más activamente porque el régimen de prestaciones se ha vuelto más estricto, los empleadores pueden, de todos modos, mostrarse reacios a contratar un número mucho mayor de empleados, incluso al menor salario que éstos estarían dispuestos a aceptar, porque sus propios incentivos para proporcionar empleo no han cambiado. De igual forma, las políticas tendientes a fomentar la educación y la capacitación pueden tener escaso efecto sobre el desempleo de los jóvenes si los salarios mínimos son muy elevados13.

En contraste con la naturaleza fragmentaria de las reformas del mercado laboral en la mayor parte de los países de la UE, el Reino Unido y los Países Bajos introdujeron reformas integrales a partir de principios de los años ochenta. Probablemente las de mayor alcance hayan sido las reformas introducidas en etapas en el Reino Unido a lo largo de los años ochenta. Las Leyes de Empleo de 1980 y 1982 y la Ley de Sindicatos de 1984 redujeron progresivamente el poder de negociación de los sindicatos, tanto en el ámbito nacional como en el ámbito de cada industria. Se liberalizaron las leyes que rigen la contratación y el despido, y se estableció la obligación de realizar una votación secreta entre los empleados antes de las huelgas. Al mismo tiempo, se derogaron las leyes de salarios mínimos para todas las categorías de empleados, excepto los trabajadores agrícolas; los subsidios de desempleo se redujeron a una de las tasas más bajas de Europa, y se modificaron otras medidas de mantenimiento del ingreso con el objeto de crear mayores incentivos para buscar empleo14.

Los Países Bajos también comenzaron a reformar sus mercados laborales a principios de los años ochenta. El porcentaje de sustitución de ingresos para el cálculo de los subsidios de desempleo se redujo del 80% al 70%, y se establecieron requisitos más estrictos para otorgar estos subsidios. A mediados de los años ochenta también se establecieron requisitos más rigurosos para las prestaciones por incapacidad. Asimismo, se redujo el salario mínimo de los trabajadores adultos y jóvenes, con el resultado de que para 1996 el salario mínimo real bruto para adultos era un 22% menor que en 1979 y el salario mínimo bruto para los trabajadores de 18 años un 43% más bajo. Como en el Reino Unido, a principios de los años ochenta se adoptaron medidas para descentralizar las negociaciones salariales. Sin embargo, es debatible el grado de descentralización, y la moderación salarial parece ser atribuible principalmente a un cambio en las relaciones laborales que estuvo respaldado por la política gubernamental más que a las reformas del régimen de negociación per se. Otras reformas del mercado laboral incluyen las medidas adoptadas en los años noventa con el objeto de reducir los costos laborales no salariales, especialmente en cuanto a los trabajadores menos calificados. En fecha más reciente se eliminaron casi todas las contribuciones sociales de los empleadores en relación con los empleados menos calificados contratados después de un período de desempleo prolongado. A pesar de los significativos adelantos en lo que respecta a la reforma del mercado laboral en los Países Bajos, los porcentajes de sustitución de ingresos siguen siendo elevados en comparación con otras economías avanzadas, y las tasas de actividad de la fuerza laboral continúan siendo relativamente bajas.

Tanto en los Países Bajos como en el Reino Unido, el desempleo registró una fuerte reducción durante el período de rápido crecimiento económico de los años ochenta, a diferencia de lo ocurrido en muchos otros países de la UE. El contraste entre la evolución del mercado laboral del Reino Unido y los Países Bajos por un lado y el resto de los países de la UE por el otro, es aún mayor en los años noventa. En la actual fase de expansión económica, en el Reino Unido y en los Países Bajos el desempleo comenzó a disminuir mucho antes que en los años ochenta, mientras que la reciente recuperación del producto prácticamente no ha generado empleos en varios de los demás países de la UE. Una posible interpretación de la evolución registrada en el Reino Unido y los Países Bajos es que las reformas del mercado laboral sólo producen plenamente sus efectos con un considerable retraso15.

Lo sucedido en el Reino Unido, los Países Bajos y el resto de la UE lleva a pensar que, a menos que las reformas del mercado laboral sean de carácter integral, la actual recuperación del producto probablemente sólo tenga un impacto de escasa importancia sobre la reducción del desempleo. Además, incluso si se emprenden ahora reformas de tal naturaleza, habrán de transcurrir varios años antes de que las mismas ejerzan un efecto favorable sobre los mercados laborales de la UE.

¿Es sólida la recuperación japonesa?

Después de cuatro años de crecimiento inferior a la tendencia, en 1996 la economía japonesa mostró alentadoras señales de que la recuperación estaba adquiriendo carácter autosostenido. A pesar de la aparente pausa observada a mediados del año pasado—relacionada en parte con las dificultades experimentadas para ajustar las estadísticas por los efectos del año bisiesto—el crecimiento del PIB llegó al 3½% en todo el año 1996. El crecimiento estuvo respaldado por el estímulo proporcionado a través de la política monetaria y la política fiscal, aunque también puede atribuirse a los indicios de que habían comenzado a desaparecer los desequilibrios estructurales que habían obstaculizado la recuperación en años anteriores. El importante avance registrado en el ajuste de los balances y las cuentas de capital también ayudó a promover un sustancial repunte de la inversión empresarial. El consumo de los hogares y la inversión en viviendas aumentaron considerablemente como reacción ante el repunte del empleo y el crecimiento de los ingresos de los trabajadores en comparación con los bajos niveles registrados en los años recientes, así como el aumento de la confianza después del terremoto de Kobe y de los atentados terroristas de 1995. Para el segundo semestre de 1996, la corrección de la sobrevaluación del yen, que había alcanzado su punto máximo a mediados de 1995, también significó que el sector externo ya no constituía un freno para la actividad económica global.

No obstante, a fines del año pasado se suscitaron importantes interrogantes acerca de la solidez intrínseca de la recuperación, interrogantes que han persistido en 1997, principalmente debido a la incertidumbre en torno a la magnitud y la oportunidad del impacto que habrá de tener sobre la demanda agregada el sustancial ajuste fiscal contemplado en el presupuesto del ejercicio 1997. Esta incertidumbre también se debe a las deficiencias de que adolecen los mercados financieros y ha intensificado dichas deficiencias. Si bien la tasa de crecimiento del PIB registró un fuerte aumento en el primer trimestre y llegó a una tasa anual de 5¾%, el aumento se debió en gran medida a la demanda de los hogares anticipando el aumento del impuesto al consumo en abril. Este incremento se vio compensado con creces en el segundo trimestre, ya que el consumo privado y la inversión en viviendas registraron una abrupta disminución al llegar a su fin el anterior aumento de la demanda. La inestabilidad de la actividad económica durante el primer semestre del año ha hecho que resulte difícil evaluar el impulso intrínseco de la recuperación o medir el impacto a corto plazo del ajuste fiscal. Sigue habiendo un bajo nivel de confianza, y las cotizaciones de las acciones han vuelto a caer en los últimos meses. Además, se teme que las recientes dificultades financieras y económicas en Asia sudoriental puedan afectar negativamente las perspectivas económicas de Japón, aunque es improbable que dichas dificultades tengan un efecto de gran magnitud en el crecimiento de la economía japonesa.

Al mismo tiempo, existen varios factores que son positivos para las perspectivas de crecimiento de la economía de Japón. En particular, las fluctuaciones que registraron los tipos de cambio estimularán la demanda externa, el mejoramiento de la situación del mercado laboral probablemente fortalezca la demanda de los hogares, y el mantenimiento de condiciones monetarias expansivas seguramente ha de alentar la inversión privada16. Además, la abrupta caída de la inversión pública que ya se había producido en el segundo semestre de 1996 y el primer trimestre de 1997 lleva a pensar que posiblemente ya se haya hecho sentir gran parte del impacto del ajuste fiscal. Sin embargo, ante la fuerte reducción de la actividad registrada en el segundo trimestre, de todos modos el crecimiento durante todo el año 1997 sólo llegaría, en promedio, a algo más del 1%—lo que supone una ampliación de la brecha entre el producto efectivo y el potencial (gráfico 17)—y en 1998 se elevaría a un poco más del 2%.

Gráfico 17.Evolución del producto en Japón1

Tras los alentadores resultados logrados en 1996, parece probable que la recuperación de Japón se desacelere temporalmente en 1997–98.

Fuentes: Autoridades nacionales y estimaciones de los funcionarios del FMI.

1La franja sombreada indica proyecciones de los funcionarios del FMI.

Además, parece haber disminuido la preocupación suscitada por la posibilidad de que las dificultades que atraviesa el sector bancario japonés constituyan un importante freno a la actividad. Las utilidades sin precedentes registradas durante los últimos dos años han permitido a la mayoría de los bancos pasar a pérdidas y ganancias una gran parte de los préstamos incobrables y constituir reservas para pérdidas futuras. Las inquietudes acerca de la situación de los principales bancos, que se intensificaron a fines de 1996, parecen haber disminuido ante el anuncio de los planes de reestructuración de dos de los bancos en situación más precaria. Las autoridades también han adoptado importantes medidas para restablecer la confianza en el sector financiero. Los supervisores han cerrado o reestructurado varias instituciones más pequeñas. En 1996 se aprobaron medidas encaminadas a resolver la situación de las instituciones insolventes de préstamos para la vivienda (las jusen), fortalecer el marco de reglamentación y supervisión y recapitalizar el sistema de garantía de depósitos. Asimismo, se ha creado un organismo independiente de supervisión, que iniciará sus actividades en el primer semestre de 1998.

Si se tienen en cuenta todos estos factores, parece razonable prever que en el resto de 1997 la recuperación económica de Japón retomará un ritmo moderado, y que en 1998 avanzará con mayor firmeza que durante el último año y medio.

Países en desarrollo

¿Es sostenible la recuperación económica de América Latina y África al sur del Sahara?

En el mundo en desarrollo, algunas de las mejoras más evidentes registradas en los últimos años en lo que respecta a la evolución y las perspectivas de crecimiento económico, han tenido lugar en América y África al sur del Sahara. En América, el año pasado el crecimiento se elevó al 3½% después de la desaceleración producida a raíz de la crisis mexicana, y las proyecciones indican que el crecimiento se mantendrá en un nivel del 4% al 4½% en 1997–98, lo cual supone una tasa media considerablemente más alta que en los años ochenta y principios de los noventa. En África al sur del Sahara, el año pasado el crecimiento llegó a la tasa más alta registrada en dos décadas (4½%), después de haberse fortalecido en forma constante desde 1992; se proyecta que se mantendrá en un nivel del 4% al 5% en 1997–98.

Durante los últimos diez años poco más o menos, los países de ambas regiones han puesto en práctica políticas financieras más disciplinadas, han adoptado reformas fiscales orientadas a reducir el tamaño del sector público y han introducido reformas financieras, comerciales y cambiarías y otras reformas estructurales destinadas a dar mayor participación al sector privado en la economía. Como consecuencia, la inflación disminuyó en ambas regiones, la inversión privada experimentó un repunte, y los países han recobrado rápidamente el acceso a los mercados internacionales de capital, aunque dicho acceso continúa siendo desigual, y es mucho más reducido en el caso de los países de África al sur del Sahara que en América Latina. Si bien estas mejoras son alentadoras, aún subsisten interrogantes acerca de su viabilidad. Desde 1985, América Latina ya ha experimentado dos pronunciados ciclos económicos. ¿Representa la actual recuperación el comienzo de un nuevo ciclo? ¿Constituye el vigoroso crecimiento de los países de África al sur del Sahara simplemente el resultado de mejores condiciones climáticas y externas, o es una consecuencia de la aplicación de mejores políticas económicas?

La recuperación que se está registrando en América Latina representa el tercer episodio de aumento del crecimiento después de la desaceleración que siguió a la crisis de la deuda de 198217. La recuperación de 1996–97 es similar a la experimentada en los primeros dos años de las dos recuperaciones anteriores—1984–85 y 1991–92—en el sentido de que ha sido la demanda privada interna la que ha estimulado el crecimiento (cuadro 9). Al igual que en 1991–92, la reciente expansión económica se ha traducido en una ampliación del déficit en cuenta corriente, que se ha financiado mediante un incremento de la afluencia de capitales. En otros sentidos, sin embargo, la recuperación actual presenta características propias, principalmente por el hecho de que la inflación ha sido mucho menor que en los episodios anteriores. Si bien el éxito del Plan Real de Brasil y del Plan de Convertibilidad de Argentina constituyen logros especialmente notables, en casi todos los países la inflación se ha reducido a niveles extraordinariamente bajos comparados con la tendencia histórica. Además, si bien al igual que en los dos casos anteriores la recuperación ha estado impulsada en su mayor parte por el consumo, en la actual recuperación también la inversión ha contribuido significativamente a la expansión.

Cuadro 9.Indicadores macroeconómicos de cambio cíclico en algunos países latinoamericanos1(Promedio anual; en porcentaje del PIB salvo indicación contraria)
1983

Desaceleración
1984–85

Recuperación
1990

Desaceleración
1991–92

Recuperación
1995

Desaceleración
1996–972

Recuperación
Crecimiento3−3,74,80,52,60,43,9
Contribución al crecimiento
Balanza externa3,80,9−1,1−0,8−0,6−1,3
Demanda interna−7,43,81,63,40,95,1
Consumo público−0,10,40,9−0,41,00,2
Consumo privado−2,12,31,02,41,22,9
Inversión bruta−4,60,8−0,50,7−0,41,8
Consumo del gobierno9,89,412,712,013,713,5
Consumo privado67,066,765,168,166,666,7
Inversión privada13,914,217,216,316,617,0
Flujos netos de capital privado−1,7−0,41,43,31,74,7
Saldo de la cuenta corriente−1,4−0,2−1,0−1,6−2,3−3,1
Saldo fiscal del gobierno central−4,0−3,2−0,1−0,1−1,6−1,7
Ahorro privado15,915,714,713,616,015,6
Ahorro total19,020,020,018,017,617,6
Precios al consumidor (mediana)3111,1136,82.314,799,420,910,5
Tipo de cambio efectivo real3−14,92,116,6−0,3−6,85,9
Deuda externa50,948,835,835,538,234,9

Comprende Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú.

Estimaciones de los funcionarios del FMI para 1997.

Variación porcentual anual del PIB real.

Comprende Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú.

Estimaciones de los funcionarios del FMI para 1997.

Variación porcentual anual del PIB real.

La favorable evolución económica registrada en América Latina refleja no sólo la disciplina en materia de política financiera sino también los considerables avances logrados desde principios de los años noventa en lo relativo a la reforma de los planes de pensiones, la desindexación de los salarios, la reestructuración y privatización de las empresas estatales18, y la reforma del comercio, que incluye la reducción de las barreras no arancelarias y del nivel y dispersión de las tasas de los aranceles de importación19. Si bien todo ello ha creado un entorno más propicio para un crecimiento impulsado por el sector privado, en la mayoría de los casos—como se analiza en el capítulo I—se requiere una “segunda generación de reformas” para mejorar la calidad del gasto público, crear sistemas reglamentarios más transparentes y de aplicación más ecuánime, y mejorar la gestión de gobierno en otros aspectos. También es preciso promover la flexibilización del mercado laboral y reestructurar los sectores bancarios, logrando que sean menos susceptibles a las fallas sistémicas a través de una reglamentación prudencial más estricta y una supervisión más eficaz. Si bien las bajas tasas de inflación y las altas tasas de inversión en la actual fase de expansión son señales positivas, se debe prestar atención al aumento del déficit en cuenta corriente, financiado por entradas de capital de magnitud sin precedentes, y a la apreciación del tipo de cambio real que consiguientemente se ha producido en algunos casos. Si se pone en práctica de manera vigorosa la segunda generación de reformas, el mejoramiento de las variables económicas fundamentales que ha determinado la recuperación en curso, aunado al mantenimiento de la restricción fiscal y monetaria, no sólo ayudará a mantener un crecimiento ininterrumpido sino que incluso facilitará un crecimiento más rápido.

En África al sur del Sahara se destacan dos características en el reciente mejoramiento de los resultados económicos. En primer lugar, el fortalecimiento del crecimiento se ha extendido a una amplia gama de países. Mientras que en 1992 sólo 17 de los 47 países de la región registraron un crecimiento superior al 3%, en 1995 dicho número se había elevado a 29, y se espera que llegue a 35 en 1997 (cuadro 10). En segundo lugar, aunque en el período 1995–96 la mayor parte de los países debió enfrentar conmociones adversas que afectaron al comercio exterior, los factores internos—entre ellos la aplicación de mejores políticas macroeconómicas y la introducción de reformas estructurales en un gran número de países—contribuyeron en forma significativa al logro de un mayor crecimiento y una menor inflación. No obstante, el éxito económico aún presenta una distribución desigual entre los distintos países. En Etiopía, Ghana, Malawi y Uganda se lograron importantes avances que han dado al sector privado un papel más relevante y se ha mejorado la disciplina macroeconómica. En muchos de los países de la zona del franco CFA, la devaluación de 1994 y las medidas complementarias adoptadas permitieron restablecer la competitividad externa, en tanto que las reformas fiscales más recientes han fortalecido aún más el proceso de recuperación. En Sudáfrica, para lograr mejores perspectivas de crecimiento será preciso perseverar en las medidas de reforma y estabilización de acuerdo con los lineamientos de la estrategia anunciada por las autoridades; en Nigeria, por su parte, aún se requieren importantes reformas estructurales para que la economía comience a acercarse a su potencial productivo.

Cuadro 10.África al sur del Sahara: Resultados económicos recientes y su distribución(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
19901991199219931994199519961997
Crecimiento medio del PIB real2,11,50,71,92,63,84,54,1
Número de países con
Crecimiento negativo1815171510941
Crecimiento positivo2932303237384346
Inferior al 3%8141312119911
Superior al 3%2118172026293435
Variación media de la relación de intercambio2,4−1,7−2,5−0,32,1−1,8−1,2−1,3
Número de países con
Deterioro de la relación de intercambio2828292422233429
Mejora de la relación de intercambio1919182325241318
Promedio de las entradas netas de capital privado (porcentaje del PIB)−1,31,80,20,62,22,52,01,1
Número de países con
Flujo neto de capital negativo2212181812201118
Flujo neto de capital positivo2535292935273629
Tasa de inflación media16,827,637,737,646,441,131,818,7
Número de países con
Inflación inferior al 10%2323222712172833
Inflación superior al 10%2424252035301914

Teniendo en cuenta el considerable grado de avance en la liberalización económica, la reforma fiscal y la apertura de los mercados africanos al comercio mundial a través de reformas comerciales y cambiarías20, existen buenas posibilidades de que las tasas de crecimiento se mantengan en niveles similares a los observados recientemente o incluso en niveles aún mayores en el mediano plazo. Sin embargo, esta evaluación depende en gran medida de que las reformas se mantengan y profundicen. A pesar de observarse signos en general positivos, las economías de la región siguen siendo frágiles y vulnerables a las perturbaciones externas y continúan enfrentando desafíos de política económica para mejorar la asignación de recursos y estimular mayores tasas de ahorro e inversión, que siguen estando muy retrasadas en comparación con los países en desarrollo más exitosos.

¿Qué desafíos deberán enfrentar en el futuro los países en desarrollo de la región del Oriente Medio, África septentrional y Europa?

En varios países en desarrollo de la región del Oriente Medio, África septentrional y Europa, el crecimiento económico ha repuntado desde 1995, restableciéndose tasas positivas de crecimiento del ingreso per cápita. Estos resultados obedecen en gran medida al progreso logrado mediante las medidas de estabilización macroeconómica y reforma estructural, que han colocado a los países en una posición favorable para enfrentar diversos desafíos económicos a corto y mediano plazo21.

Se prevé que en muchos países de la región se mantenga un vigoroso crecimiento del PIB real en 1997. Las mayores expansiones se observan en Egipto, Jordania, Líbano, Túnez, Turquía, la República Islámica del Irán y la República del Yemen, donde se proyecta que las tasas de crecimiento alcanzarán niveles del 5% al 7½% en 1997. Con excepción de Turquía, estos países han logrado significativos adelantos en la disminución de la inflación, el fortalecimiento de los saldos externos y la reducción de la carga de la deuda. Si se excluye a Turquía, donde se prevé que la inflación se mantenga en un nivel de alrededor del 80%, se proyecta que la inflación promedio se reducirá a menos del 9% en 1997, la tasa más baja registrada desde principios de los años ochenta. Se anticipa que la inflación se mantendrá en un nivel de alrededor del 6% o menos en la mayoría de los países, alcanzando tasas cercanas o inferiores al 4% en algunos de ellos, entre los que se incluyen Jordania, Marruecos y Túnez. Se estima que en la región los coeficientes de la deuda global y el servicio de la deuda seguirán disminuyendo en 1997, incluso en algunos de los principales países deudores como Egipto, Jordania y Yemen; las operaciones de alivio y reprogramación de la deuda de estos países han creado un clima más propicio para las inversiones y seguramente darán lugar a mejores perspectivas de crecimiento.

La aplicación de políticas fiscales más restrictivas y políticas monetarias más prudentes y las exitosas reformas estructurales introducidas han sentado las bases para que estos países lograran mejores resultados macroeconómicos, y han permitido a muchos de ellos aprovechar un entorno internacional que les ha sido favorable en muchos sentidos. Los déficit fiscales se han reducido sustancialmente en muchos países de la región. Los adelantos en materia de saneamiento de las finanzas públicas han sido particularmente notables en los países exportadores de petróleo, y se han logrado en su mayor parte a través de una drástica disminución de los gastos22. Se prevé que en 1997 Argelia registre un superávit fiscal por segundo año consecutivo, mientras que Egipto se halla en vías de lograr el equilibrio fiscal. En Egipto, Jordania y Yemen se encuentra en ejecución una amplia gama de reformas estructurales en el ámbito financiero, cambiario, comercial y de las finanzas públicas, y se ha emprendido el proceso de privatización. Los países productores de petróleo del Consejo de Cooperación del Golfo han seguido desplegando esfuerzos para diversificar su base productiva y estimular una mayor participación del sector privado en la economía, incluso en materia de refinación y productos petroquímicos23.

A mediano plazo, para que aumenten las tasas de crecimiento probablemente sea necesario incrementar la participación de la inversión en el producto, lograr una mayor eficiencia del capital y, en consecuencia, una mayor proporción de inversiones del sector privado en la composición de la inversión. Además, el financiamiento de la inversión en la región deberá depender menos de los flujos de capitales a corto plazo y de los inestables ingresos derivados del petróleo, y basarse en mayor medida en fuentes de financiamiento internas, así como en la inversión extranjera directa24. También resulta esencial realizar nuevas reformas estructurales—entre ellas la desreglamentación, la reforma del comercio exterior y, en términos más generales, la reducción del papel del Estado en la economía—para mejorar las perspectivas de crecimiento a mediano plazo. El éxito de tales reformas depende en cierta medida del fortalecimiento de las instituciones públicas. Los países de la región también deberán fomentar políticas orientadas hacia el exterior si desean mantener elevadas tasas de crecimiento. En este sentido, la aceleración de la reforma estructural permitirá a la región capitalizar las oportunidades que ofrece la rápida expansión actual del comercio y los flujos de capital internacionales, la iniciativa mediterránea de la UE y la Ronda Uruguay. En particular, existen importantes posibilidades de expandir las exportaciones no petroleras y atraer un mayor volumen de inversiones directas25.

¿Cuáles son las perspectivas de crecimiento del subcontinente indio?

Tras el programa de reforma emprendido en India en 1991–92, el crecimiento del PIB real se recuperó y luego se aceleró, alcanzando una tasa de alrededor del 7% anual en el período 1994–96 (gráfico 18). Recientemente se ha observado una cierta desaceleración de la actividad económica, concentrada en la producción industrial y derivada de un menor nivel de inversiones y exportaciones. No obstante, dado que la agricultura se benefició de los efectos de un monzón favorable, las proyecciones siguen indicando para 1997 un crecimiento del 6½%, muy superior al promedio del 5% registrado en los años ochenta. Se prevé que la inflación siga siendo moderada, en tanto que la situación externa debería seguir siendo holgada dado que el déficit en cuenta corriente será inferior al 2% del PIB y sigue registrándose una gran afluencia de capitales privados. El ritmo de crecimiento de la inversión se redujo a lo largo del último año, en parte como consecuencia de la incertidumbre política, pero principalmente por el hecho de que el sector público continuó absorbiendo una gran proporción del ahorro financiero para financiar su déficit, y consiguientemente las tasas de interés reales se mantuvieron en un nivel elevado. Entre los factores que han determinado recientemente un apreciable deterioro de las exportaciones cabe señalar la atonía de la demanda en los países que comercian con la India, incluso en la región de Asia, el descenso del precio internacional de los diamantes y las mayores barreras no arancelarias aplicadas por la Unión Europea a los productos textiles de la India. No obstante, también obedeció a la disminución del impulso expansivo proporcionado por la liberalización del comercio y el ajuste cambiario de principios de los años noventa. La intensificación de los problemas de infraestructura, como la limitada capacidad vial y portuaria, también ha afectado negativamente el crecimiento de la inversión y las exportaciones.

Gráfico 18.Indicadores macroeconómicos en India y Pakistán1

En India, se espera que se mantenga un crecimiento vigoroso, aunque persisten desequilibrios fiscales. En Pakistán, las perspectivas de lograr un mayor crecimiento dependen del éxito del programa de reforma.

1Las franjas sombreadas indican proyecciones de los funcionarios del FMI.

2Incluye las empresas públicas del gobierno central.

Para mantener los resultados recientes en materia de crecimiento económico y lograr mejoras que permitan materializar todo su potencial, India necesitará no sólo reducir el déficit del presupuesto estatal sino también llevar a cabo una segunda serie de medidas de reforma de mayor alcance y profundidad. Si bien desde 1991–92 se han logrado importantes avances, especialmente en lo que se refiere a la liberalización cambiaria y comercial, la reducción de las tasas tributarias y la eliminación de las licencias industriales, aún debe ponerse en práctica una amplia gama de reformas. El logro de un mayor crecimiento a mediano plazo en India dependerá de la aplicación de reformas estructurales y medidas fiscales que se refuercen mutuamente. En materia fiscal, las recientes reducciones de impuestos deberán complementarse con medidas encaminadas a ampliar la base tributaria, reducir las subvenciones e incrementar la eficiencia de las empresas públicas administradas por el gobierno central y los gobiernos estatales, incluso intensificando las privatizaciones. A fin de lograr un aumento de las exportaciones en el mediano plazo es preciso profundizar la reforma del comercio exterior, aspecto que incluye el desmantelamiento de las restricciones cuantitativas que aún subsisten y la reducción de las tasas arancelarias medias a los niveles mundiales. En un contexto de mercados de capital cada vez más abiertos puede resultar necesaria una mayor flexibilidad cambiaría como componente de una respuesta equilibrada frente a un posible aumento súbito de los flujos de capitales privados. La adopción de la convertibilidad de la cuenta de capital contemplada por las autoridades podría traducirse en un considerable aumento de la eficiencia, pero debe llevarse a cabo en forma gradual y paralelamente a un sustancial avance en el proceso de saneamiento de las finanzas públicas y la reforma de los sectores bancario y financiero.

En cuanto a Pakistán, el crecimiento del PIB real, después de expandirse rápidamente a un ritmo de alrededor del 6% anual durante los años ochenta, se desaceleró en forma bastante brusca a principios de los años noventa, como consecuencia de una combinación de políticas inadecuadas y catástrofes naturales que ocasionaron una grave reducción de la producción de algodón, el principal cultivo comercial y producto de exportación de la economía (véase el gráfico 18). Pese a que las importaciones registraron un ritmo más lento como consecuencia de la abrupta desaceleración del crecimiento del producto en 1993, surgieron dificultades de balanza de pagos y el déficit en cuenta corriente aumentó a más del 7% del PIB.

En 1993 el gobierno de Pakistán inició un programa de ajuste macroeconómico y reforma estructural para lograr nuevamente la estabilidad financiera y reanudar el crecimiento de la economía. Sin embargo, en 1994 y 1995 se registraron pocos avances en la aplicación de estas políticas, sobre todo en el ámbito fiscal, en el que no se mantuvieron las medidas de restricción presupuestaria, se registraron dificultades administrativas en la recaudación impositiva y se otorgaron nuevas exenciones y concesiones tributarias. Dado que no se mantuvieron adecuadamente los planes de ajuste y reforma, la situación de la balanza de pagos continuó siendo frágil, lo cual ha provocado un deterioro de la confianza del sector privado.

El crecimiento repuntó transitoriamente en 1995 y principios de 1996. Sin embargo, los grandes desequilibrios financieros siguieron entorpeciendo la evolución macroeconómica de Pakistán. Como consecuencia de una política fiscal de orientación expansiva, la situación de la balanza de pagos experimentó un deterioro en 1996. Se incrementó el déficit comercial, se redujo la afluencia de capitales privados y se intensificaron las presiones sobre las reservas oficiales. Ante el aumento de los desequilibrios macroeconómicos y la amenaza de una crisis cambiaría en el segundo semestre de 1996, las autoridades adoptaron un amplio conjunto de medidas para fortalecer las políticas macroeconómicas y poner en práctica las reformas estructurales. Durante el primer semestre de 1997 se reforzaron sustancialmente los componentes estructurales de dicho conjunto de medidas en aspectos tales como la reforma arancelaria, la reforma tributaria y la reestructuración del sector financiero. Se espera que estas medidas permitan reactivar el crecimiento del PIB a un nivel del 5% al 6% y crear un entorno macroeconómico más estable. Esta perspectiva depende, sin embargo, de que se mantengan las medidas estructurales y de estabilización. El mejoramiento de las finanzas públicas de Pakistán sigue siendo un elemento clave para superar las recurrentes dificultades financieras.

En Bangladesh, el programa de reforma emprendido a fines de los años ochenta contribuyó a contener la inflación, estimular las exportaciones y restablecer una situación externa viable. Si bien la economía creció a una tasa cercana al 5% durante la primera mitad de los años noventa, la pobreza sigue afectando a vastos sectores de la población. El escaso avance en la eliminación de las rigideces estructurales profundamente arraigadas en la economía, entre las que se incluyen un abultado sector público y un sistema bancario débil e insuficientemente capitalizado, dificultó el logro de una tasa más rápida de crecimiento económico y reducción de la pobreza.

La expansión económica se vio amenazada por el resurgimiento de desequilibrios financieros a mediados de los años noventa. Si bien el crecimiento superó el 5% en 1995–96, ello se debió en parte al repunte de la producción agrícola originado por factores climáticos favorables. La actividad industrial y la inversión se vieron afectadas negativamente por la interrupción de las reformas y la incertidumbre suscitada en los mercados en vísperas de las dos rondas de elecciones parlamentarias. Ante los bajos niveles de ayuda y la menor afluencia de capitales privados, resurgieron las presiones sobre la balanza de pagos, quedando parcialmente sin efecto la acumulación de reservas que se había logrado anteriormente.

En Bangladesh las reformas han avanzado lentamente, y los préstamos del banco central al gobierno, que constituyeron la principal causa de los desequilibrios financieros del período 1995–96, han continuado ejerciendo presión sobre las reservas. El fortalecimiento del ahorro público, aspecto que incluye la adopción de medidas que debieron haberse tomado hace tiempo para eliminar el déficit cuasifiscal, será fundamental para restaurar la estabilidad externa. A fin de fomentar un mayor crecimiento e inversión, las medidas de estabilización deberán complementarse con reformas encaminadas a privatizar las empresas públicas en dificultades, restablecer la solidez del sistema bancario y liberalizar el comercio exterior.

En Sri Lanka la situación macroeconómica ha mejorado desde mediados de 1996 al finalizar la sequía y resolverse el problema de escasez de energía eléctrica. Se prevé que el ritmo de crecimiento, que había disminuido a menos del 4% en 1996, repunte al 6% en 1997. Al mejorar el abastecimiento de alimentos, la inflación se redujo a niveles de un solo dígito para mediados del año. La situación externa continúa siendo manejable, previéndose que el déficit en cuenta corriente disminuirá ligeramente a menos del 5% del PIB en 1997.

La persistencia de cuantiosos déficit fiscales constituye la base de muchos de los problemas económicos de Sri Lanka, entre ellos la falta de un control duradero de la inflación y un crecimiento relativamente modesto. Tras dos años consecutivos de déficit fiscales superiores al 10% del PIB, el déficit se contrajo ligeramente al 9½% en 1996. No obstante, subsisten deficiencias estructurales en lo que respecta al presupuesto, como lo evidencian la ampliación del déficit de las operaciones corrientes y la poca elasticidad de los ingresos fiscales. El presupuesto para 1997, que se orienta a reducir el déficit en dos puntos porcentuales del PIB, representa un importante paso inicial hacia el necesario reordenamiento a mediano plazo de las finanzas públicas, aunque se requiere un mayor ajuste fiscal. Para eliminar los arraigados obstáculos estructurales que traban el crecimiento es preciso aplicar varias medidas: reformas encaminadas a mejorar el desempeño de los bancos comerciales de propiedad estatal; una nueva ronda de privatizaciones para fortalecer el papel del sector privado en la economía, y una mayor liberalización del comercio exterior para facilitar la diversificación de la base de exportaciones y de producción.

Países en transición

¿Qué factores causaron las crisis recientes en Bulgaria y Rumania?

A fines de 1996 y principios de 1997, Bulgaria y Rumania sufrieron crisis macroeconómicas que dieron lugar a un estallido de la inflación y, en Bulgaria, a una significativa contracción del producto que dejó sin efecto gran parte de los avances que se habían logrado. Los factores que intervinieron en ambas crisis fueron el insuficiente progreso de las reformas estructurales, que dio origen a déficit cuasifiscales y a un excesivo crecimiento de la masa monetaria como resultado de los créditos otorgados por el Banco Central de Bulgaria a los bancos insolventes que enfrentaban un retiro masivo de depósitos y de los créditos concedidos por el Banco Central de Rumania a bancos insolventes y empresas agrícolas e industriales que arrojaban pérdidas. Estas situaciones son bastante diferentes de los problemas experimentados recientemente en la República Checa y otros países que se hallan en una etapa relativamente más avanzada de la transición, en los cuales las crisis tuvieron su origen en la conjunción del dinamismo del gasto interno y la aplicación de políticas monetarias restrictivas que condujeron a una excesiva apreciación del tipo de cambio real y ampliaron los déficit en cuenta corriente. A diferencia de los países vecinos que han logrado un mayor grado de éxito, Bulgaria y Rumania no habían completado la primera etapa de la transición estabilizando la inflación y sentando las bases macroeconómicas para un crecimiento sostenido, ni habían emprendido reformas estructurales adecuadas para establecer las bases microeconómicas del crecimiento. Sus problemas más recientes ilustran la fragilidad de los avances en las primeras etapas de la transición.

Aunque Bulgaria inició la transición a partir de una posición relativamente desfavorable en comparación con otros países de Europa central y oriental—es decir, con una elevada deuda externa, una economía sumamente centralizada y una fuerte dependencia con respecto a los mercados de exportación en rápida desintegración de los países bálticos, Rusia y otros países de la antigua Unión Soviética—, la crisis reciente se debió principalmente a los retrasos experimentados en la reforma de las empresas, a las medidas que debieron adoptarse en rescate de los bancos que habían acumulado préstamos incobrables y a un bajo grado de disciplina monetaria y fiscal. En consecuencia, la crisis se desencadenó debido al colapso de la confianza en el sistema bancario después del reconocimiento público de que muchos bancos eran insolventes. En 1996, los intentos por aplicar una política monetaria y una política fiscal más restrictivas se vieron socavados por los cuantiosos retiros de depósitos en moneda extranjera, ante las dudas acerca de la capacidad del país para atender el servicio de su voluminosa deuda externa, y por el debilitamiento de la economía. A medida que se redujo la razón ingresos/PIB y se agotaron las fuentes de financiamiento del déficit, se redujeron drásticamente los gastos discrecionales, pero la aceleración de la inflación y el consiguiente aumento de las tasas de interés nominales incrementaron el gasto por concepto de intereses y contribuyeron a la duplicación del déficit presupuestario global, que se elevó al 13% del PIB. La crisis económica culminó en febrero de 1997, mes en que la inflación mensual llegó al 243%.

En Rumania la crisis se debió principalmente a la monetización del déficit fiscal, que aumentó del 2% del PIB en 1994 al 5¾% en 1996 y obedeció a un considerable aumento de las subvenciones a la agricultura y de los salarios y pensiones, los créditos otorgados para liquidar atrasos entre empresas y la tolerancia de los atrasos en el pago de impuestos como una forma de apoyo a las empresas de propiedad estatal que se hallaban en dificultades. El rápido crecimiento del consumo y la apreciación de la moneda se tradujeron en un fuerte deterioro de la balanza de pagos, en la que el déficit en cuenta corriente creció del 1¾% del PIB en 1994 al 6½ % del PIB en 1996. Si bien en Rumania se produjo un crecimiento del producto en los años anteriores a la crisis, estuvo impulsado en gran medida por las subvenciones directas e indirectas otorgadas a la industria, que resultaban insostenibles.

En la actualidad, Bulgaria y Rumania se ven confrontadas con la tarea de poner en práctica programas de reforma que les permitan ponerse a la par de otros países de Europa central y oriental. Entre otras medidas es necesario liberar los precios aún sujetos a control, liberalizar el comercio exterior, privatizar las empresas de propiedad estatal, fortalecer la recaudación de ingresos fiscales y formular reglamentaciones y normas de prudencia para supervisar el sector bancario. En ambos países, los acuerdos alcanzados en lo que respecta a los programas de estabilización y reforma han permitido la reanudación del apoyo oficial del FMI y el Banco Mundial.

¿Han iniciado Rusia y Ucrania el camino hacia el crecimiento?

Desde hace tiempo se esperaba la reanudación del crecimiento en dos importantes países en transición, Rusia y Ucrania. Entre 1991 y 1996 ambos países experimentaron una masiva y prolongada contracción del producto, estimándose oficialmente que el PIB real se redujo alrededor de un 40% en Rusia y un 60% en Ucrania. El proceso de disminución parece haber llegado a su fin en Rusia, aunque no en Ucrania. Según los datos oficiales más recientes sobre las cuentas nacionales de Rusia, el PIB real fue aproximadamente ¼% más bajo en los primeros siete meses de 1997 que en el mismo período del año anterior, y el incremento de la producción industrial, que fue del 1¼%, se vio contrarrestado por una desaceleración de la actividad en la agricultura y la construcción. En Ucrania, los datos oficiales muestran una disminución del PIB real del 7% en el período enero-julio de 1997 en comparación con el mismo período de 1996.

A pesar de las dificultades para efectuar un seguimiento preciso de la evolución de la actividad económica, existen pocas dudas de que el repunte del crecimiento en Rusia y Ucrania se ha materializado con mayor lentitud que en los países en transición del Báltico y Europa central y oriental26. Parte de la explicación puede hallarse en los retrasos de la estabilización. La experiencia recogida en estas otras economías en transición revela que, en general, hay un desfase de alrededor de dos años entre el momento en que se afianza la estabilización y el momento en que se reinicia el crecimiento. En Rusia y Ucrania, la estabilización macroeconómica comenzó a cobrar impulso a mediados de 1995, y la inflación se redujo a niveles moderados sólo en 1996. En ambos países las tasas de inflación sobre un período de 12 meses se sitúan en el 15% aproximadamente, y sus monedas han logrado una razonable estabilidad en los mercados cambiarios, de manera que se han establecido las condiciones macroeconómicas para el crecimiento. No obstante, en varios campos subsisten deficiencias estructurales que siguen trabando el crecimiento en los dos países.

La precaria situación del sector bancario ha conducido a una apreciable reducción del papel de la intermediación financiera, lo que obstaculiza la función de los bancos en el financiamiento de un crecimiento económico sostenible. Al mismo tiempo, debido al bajo grado de desarrollo relativo de los mercados internos de bonos y acciones, el acceso de las empresas de Rusia y Ucrania a otras fuentes de financiamiento ha sido limitado. Al final de 1996, los créditos del sector bancario frente al sector privado representaban menos del 10% del PIB en ambos países, en comparación con alrededor del 40% del PIB en los países de Europa central y oriental y más del 80% en las economías avanzadas. El bajo porcentaje de créditos a largo plazo en el total de préstamos al sector privado—menos del 10%—y el elevado margen entre las tasas activas y pasivas, que asciende a 20 puntos porcentuales o más, constituyen otro indicio del bajo grado de intermediación. La significativa disminución de las tasas de las letras de tesorería observada en los últimos meses ha creado mayores posibilidades de que los bancos orienten sus préstamos hacia las empresas y de que bajen las tasas activas. También se requieren nuevas medidas para mejorar la infraestructura del mercado de capitales y establecer un sistema bancario sólido.

Otro ámbito en el que subsisten deficiencias estructurales es el sector de las antiguas empresas estatales, cuya reestructuración ha experimentado un limitado grado de avance. El hecho de que la estructura de la propiedad se caracterice por la dispersión y el papel preponderante de accionistas con acceso a información privilegiada ha sido uno de los factores que ha debilitado la calidad de la gestión empresarial, lo que a su vez ha reducido los incentivos para reestructurar las empresas. Se estima que en Rusia las tres cuartas partes de las empresas que anteriormente pertenecían al Estado aún requieren una reestructuración radical, que alrededor de la mitad de ellas arroja pérdidas actualmente, y que por lo menos la cuarta parte de las mismas debería quedar sometida a un proceso de quiebra; en Ucrania la situación parece ser aún peor27. La continua y desusada variabilidad de la composición sectorial del crecimiento de la producción en ambos países constituye otro indicio de que el proceso de reestructuración aún está lejos de haberse completado28. Análogamente, ante los pocos cambios introducidos en lo que respecta a la administración y los incentivos, la producción y la productividad de las antiguas granjas estatales mantienen una secular trayectoria descendente.

En términos más generales, en ninguno de los dos países se ha establecido plenamente un entorno de mercado en el que pueda florecer la actividad del sector privado. Aún se observan elementos del antiguo sistema dominado por el Estado, sobre todo en Ucrania, ya que la reglamentación y la intervención estatal en la economía siguen estando muy difundidas, lo cual da pábulo a procedimientos administrativos incorrectos y perpetúa las distorsiones. En la estructura del gasto público sigue observándose una gran proporción de gastos improductivos, y se plantean dificultades para recaudar los ingresos fiscales debido a que el sistema tributario es ineficiente, oneroso y poco transparente. Al mismo tiempo, el marco institucional para el nuevo sistema de mercado está lejos de haberse completado: en gran parte todavía no se cuenta con un eficaz sistema jurídico y judicial que defina y proteja el derecho de propiedad, asegure el cumplimiento de los contratos y garantice el mantenimiento de la ley, el orden y la seguridad personal. En todos estos aspectos aún es preciso proseguir la reforma estructural. La rápida integración a la economía mundial, que se vería facilitada por la incorporación a la OMC, contribuirá a dicha reforma al hacer que la economía se halle más expuesta a los precios mundiales y a la competencia extranjera.

Las deficiencias estructurales de los sistemas reglamentario, judicial y tributario inhiben la inversión, lo que coadyuva a la lentitud de la reanudación del crecimiento. Según las estimaciones oficiales, en Rusia la formación bruta de capital fijo representó en 1996 sólo una cuarta parte del nivel de 1990 en términos reales, mientras que en Ucrania la formación de capital alcanzó sólo una quinta parte de los niveles de 1990; existen indicios de que la inversión global se mantuvo en bajos niveles en el primer semestre de 1997. Al mismo tiempo, la inversión extranjera directa, si bien se incrementó en el primer semestre de 1997, sigue siendo relativamente reducida en ambos países, por lo cual sólo se observa un limitado progreso en el remplazo del capital ineficiente y obsoleto y en la generación de nueva capaciad de producción.

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