Chapter

Introducción

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
December 2015
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Seis años después de que la economía mundial emergiera de la recesión más amplia y profunda desde la posguerra, la vuelta a una expansión robusta y sincronizada sigue siendo incierta. Los pronósticos revisados de esta última edición de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés) ponen de relieve los desafíos a los que se enfrentan todos los países. A pesar de las considerables diferencias en las perspectivas de cada uno de ellos, los nuevos pronósticos corrigen a la baja las tasas de crecimiento a corto plazo de manera marginal, pero para casi todos los países. Además, los riesgos a la baja para la economía mundial ahora parecen más pronunciados que hace tan solo unos meses.

En las economías avanzadas, el crecimiento económico a corto plazo aún parece sólido, en comparación con los últimos meses, pero es más débil en las economías de mercados emergentes y en desarrollo que representan una proporción cada vez mayor del producto mundial y aún constituyen la parte más importante del crecimiento mundial. En el grupo de economías avanzadas, las secuelas de recientes crisis son ahora más débiles, y esto, sumado a un apoyo prolongado de política monetaria y una vuelta a la neutralidad fiscal, ha respaldado una aceleración del producto y una caída del desempleo a nivel general, aunque persisten presiones deflacionarias. La recuperación se encuentra en una etapa más avanzada en Estados Unidos y el Reino Unido, donde la política monetaria probablemente se endurezca pronto, pero es más incierta en la zona del euro y Japón. En los países que no forman parte del grupo de economías avanzadas, las fuentes de la desaceleración del crecimiento son diversas, y van desde la caída de precios de las materias primas (que también afecta negativamente a algunas economías avanzadas), hasta el sobreendeudamiento generado anteriormente por el rápido crecimiento del crédito y las turbulencias políticas. Naturalmente, los países con múltiples diagnósticos se encuentran en una situación más difícil, y en ciertos casos también se enfrentan a tasas de inflación más altas. Para las economías de mercados emergentes y en desarrollo en su conjunto, nuestro pronóstico es que el crecimiento se reducirá por quinto año consecutivo en 2015.

¿En qué se basan los pronósticos de moderación del crecimiento? En primer lugar, la persistencia de un bajo crecimiento de la productividad parece indicar que el crecimiento potencial del producto a largo plazo puede haber caído en todas las economías. La inversión persistentemente baja ayuda a explicar el incremento limitado de la productividad de la mano de obra y de los salarios, aunque el crecimiento de la productividad conjunta de todos los factores de producción, no solo de la mano de obra, también ha sido lento. La baja demanda agregada es un factor que desalienta la inversión, como se demostró en la última edición del informe WEO. El lento crecimiento potencial previsto también reduce la demanda agregada, lo que limita aún más la inversión, generando un círculo vicioso. El envejecimiento de la población contrae aún más la inversión en algunos países; en otros, las deficiencias institucionales o la inestabilidad política son factores adversos disuasorios. En sus formas más extremas, los conflictos políticos han creado una gran cantidad de personas desplazadas en todo el mundo, tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales. Los costos económicos y sociales son enormes.

En el capítulo 1 se indica que las recesiones pueden tener un efecto negativo permanente no solo en los niveles tendenciales de la productividad, sino también en el aumento tendencial de la productividad. Como consecuencia de este mecanismo, el bajo nivel de productividad proyectado actualmente parece en parte el resultado de la turbulencia posterior a 2007. Algunos historiadores económicos señalan que la evolución del crecimiento mundial después de la posguerra refleja en gran medida los rendimientos decrecientes junto con el extenso margen de innovación tecnológica, jalonados temporalmente por la entrada de China y los antiguos Estados de la Unión Soviética en la economía de mercado mundial y por la revolución de la tecnología de la información y las comunicaciones. Otros sostienen, sin embargo, que la innovación transformadora continúa en muchos ámbitos, desde la robótica a la bioingeniería. Pero como en el caso de la electrificación hace más de un siglo, pueden pasar décadas hasta que estos avances se incorporen en los procesos de producción comercial cuyos productos se miden en los ingresos nacionales. Solo el tiempo zanjará estos debates.

En los países que exportan petróleo y otras materias primas, las variaciones de los precios afectan tanto a la brecha del producto como al producto potencial, de manera que los pronósticos del producto a corto plazo y a más largo plazo también se basan en los recientes movimientos de los precios de las materias primas. Estos movimientos han sido impresionantes, en parte debido a los cambios en la economía de China, y afectan muy particularmente a los exportadores de materias primas de bajo ingreso. China, que ahora es el importador de metales más importante del mundo, mantuvo tasas de crecimiento muy rápidas entre los años 2000 y 2011; a medida que los precios de las materias primas aumentaban, los países exportadores invirtieron mucho en capacidad, impulsando el crecimiento interno. Recientemente, la meta de las autoridades de China, sin embargo, ha sido mantener tasas más bajas de crecimiento a medida que el país intenta reequilibrar su economía impulsada anteriormente por la exportación y la inversión hacia un modelo basado más en el consumo, incluidos los servicios. Como se señala en los capítulos 1 y 2, los precios reales de muchas materias primas, incluidos los metales, han disminuido respecto de los máximos registrados en 2011, y han caído de manera particularmente drástica en las últimas semanas desde que comenzó la volatilidad financiera a mediados de agosto. Aún no está claro, en el momento de publicarse este informe, si las recientes caídas representan un reajuste excesivo a la baja, pero los efectos de anteriores reducciones ya se reflejan en el crecimiento de los países exportadores de materias primas. En el capítulo 2 se estima que, en promedio, alrededor de una tercera parte de las reducciones del crecimiento resultantes se atribuyen al componente estructural del crecimiento, sobre todo a través de una disminución de la inversión.

Los exportadores de materias primas, en particular, han registrado fuertes depreciaciones de sus monedas, pero la tendencia general a una disminución de las entradas de flujos financieros a los mercados emergentes ha dado lugar a una depreciación más generalizada frente al dólar de EE.UU., el euro y el yen. En el capítulo 3 se indica que estas variaciones del tipo de cambio deberían estar vinculadas al aumento de las exportaciones netas de los países cuya moneda se está depreciando, lo que forma parte del proceso natural de ajuste a las diferentes tasas de crecimiento que promueven los tipos de cambio flexibles. Aunque una consecuencia podría ser el aumento de los déficits en cuenta corriente de algunas economías avanzadas con un desempeño relativamente bueno en materia de crecimiento, es importante que estos ajustes del tipo de cambio se consideren como lo que suelen ser en general, es decir, amortiguadores naturales de shocks, y no como actos deliberados en una “guerra de divisas”. De hecho, los intentos anteriores en algunos mercados emergentes por fijar sus tipos de cambio al enfrentar grandes salidas de flujos financieros tuvieron consecuencias muy negativas para la estabilidad financiera mundial.

Una fuerte depreciación del tipo de cambio puede tener efectos negativos en el balance. Un aspecto importante que puede generar presiones es el endeudamiento offshore en moneda extranjera de las corporaciones de mercados emergentes. Estos riesgos se ven contrarrestados por sustanciales colchones de reservas, un mayor volumen de financiamiento patrimonial externo y una tendencia creciente a la denominación en moneda local de los préstamos onshore. Naturalmente, existen otros riesgos: las renovadas inquietudes sobre el potencial de crecimiento de China, el futuro de Grecia en la zona del euro, el impacto de una fuerte disminución del precio del petróleo y los efectos de contagio podrían generar la chispa que provoque volatilidad en los mercados. En las economías avanzadas y en China, las presiones deflacionarias, que siguen retrasando el ajuste de los balances, no se han disipado por completo.

No existe un solo conjunto de recomendaciones de política que se adapte a todos los países que están intentando mejorar su desempeño en materia de crecimiento o afianzar su capacidad de resistencia. Pero siguen aplicándose algunos principios generales conocidos en vista de los desafíos comunes a los que se enfrentan los países. Las economías de mercados emergentes y en desarrollo deben estar preparadas para la normalización de la política monetaria en Estados Unidos. Las economías avanzadas deben seguir haciendo frente a las secuelas de la crisis. Al mismo tiempo, donde las brechas del producto sean negativas se debería seguir aplicando una política monetaria acomodaticia, respaldada por medidas fiscales cuando el espacio fiscal lo permita. En particular, existen razones de peso que justifican la inversión en infraestructura en un momento en que las tasas de interés reales a largo plazo se mantienen muy bajas. La inversión es una forma de estimular el crecimiento potencial del producto, pero la aplicación de reformas estructurales focalizadas también puede ser importante. Estas reformas no solo ayudan a impulsar el crecimiento en el futuro, sino que también mejoran la resiliencia del crecimiento. Pueden ayudar a los países de bajo ingreso a diversificar las bases de sus exportaciones. En todos los países, el continuo fortalecimiento de los marcos de políticas micro y macroprudenciales también apuntalará la resiliencia a los shocks económicos, tanto de origen interno como externo.

Maurice Obstfeld

Consejero Económico

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