Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
October 2009
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    Estudios económicos y financieros

    PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

    Octubre de 2009

    Sustentar la recuperación

    Fondo Monetario Internacional

    ©2009 International Monetary Fund

    Edición en español ©2009 Fondo Monetario Internacional

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Composición gráfica: Julio Prego

    Edición en español

    Sección de Español y Portugués

    Departamento de Tecnología

    y Servicios Generales del FMI

    Cataloging-in-Publication Data

    World economic outlook (International Monetary Fund). Spanish.

    Perspectivas de la economía mundial – [Washington, DC] : Fondo Monetario Internacional, 1980-

    v. ; 28 cm. – (Estudios económicos y financieros, 1020-5071)

    Semiannual

    Has occasional updates. Some issues also have distinctive titles.

    Spanish translation of: World economic outlook.

    1. Economic history, 1971–1990 — Periodicals. 2. Economic history, 1990– —Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Series: Occasional paper (International Monetary Fund). III. Series: World economic and financial surveys.

    HC10.W7979 84-640155 338.5’443’09048—dc19

    AACR2 MARC-S

    ISBN 978-1-58906-899-5

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    Internet: www.imfbookstore.org

    en papel reciclado

    Índice

    Supuestos y Convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 30 de julio y el 27 de agosto de 2009, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio 2 (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $61,53 el barril en 2009 y $76,50 el barril en 2010, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 1,2% en 2009 y 1,4% en 2010; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 1,2% en 2009 y 1,6% en 2010, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 0,7% en 2009 y 0,6% en 2010. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta mediados de septiembre de 2009.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    . . . Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2006–07 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2006/07) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    Cuando no se menciona la fuente en los cuadros y gráficos, los datos provienen de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

    En los casos en que los países no se enumeran en orden alfabético, el orden se basa en el tamaño de su economía.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes, debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información Adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se publica en el sitio del FMI en Internet, wvww.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    www.imf.org/weoforum Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI, tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales —el Departamento de África, el Departamento de Asia y el Pacífico, el Departamento de Europa, el Departamento del Hemisferio Occidental y el Departamento del Oriente Medio y Asia Central—, conjuntamente con el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación, el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios, bajo la dirección general de Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director de Estudios. El proyecto ha estado dirigido por Jörg Decressin, Jefe de División del Departamento de Estudios.

    Los principales colaboradores fueron Abdul Abiad, Ravi Balakrishnan, Petya Koeva Brooks, Stephan Danninger, Antonio Fatás, Prakash Kannan, Daniel Leigh, Pau Rabanal, Alasdair Scott, Marco Terrones e Irina Tytell. Toh Kuan, Gavin Asdorian, Stephanie Denis, Angela Espiritu, Murad Omoev, Andy Salazar, Min Kyu Song, Ercument Tulun y Jessie Yang colaboraron en las tareas de investigación. Mahnaz Hemmati y Emory Oakes procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Jemille Colon, Tita Gunio, Shanti Karunaratne, Patricia Medina y Sheila Tomilloso Igcasenza se encargaron de la preparación del texto en inglés. Julio Prego asistió en el diseño gráfico. También colaboraron Irena Asmundson, Kevin Cheng, Nese Erbil, Deniz Igan, Thomas Helbling, Armine Khachatryan, Heejin Kim, Prakash Loungani, Shaun Roache, Jair Rodríguez, Marina Rousset y Mika Saito. Charles Collyns y David Romer, del Departamento de Estudios, brindaron asesoramiento y apoyo. El asesor externo fue Jordi Galí, y Linda Griffin Kean, del Departamento de Relaciones Externas, coordinó la producción de la publicación. La versión en español estuvo a cargo de la Sección de Español y Portugués del Departamento de Tecnología y Servicios Generales.

    El análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos tras el debate de este informe el día 16 de septiembre de 2009. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción De Perspectivas De La Economía Mundial y Global Financial Stability Report

    La recuperación está en marcha: El reto es sustentarla

    La economía mundial se encuentra nuevamente en expansión y las condiciones financieras mejoraron notablemente. Sin embargo, pasará tiempo hasta que se despeje sustancialmente el panorama del empleo.

    Las economías emergentes y en desarrollo están más adelantadas en la senda hacia la recuperación gracias al resurgimiento de Asia; en general, las economías emergentes soportaron la turbulencia financiera mucho mejor de lo que cabía esperar a la luz de la experiencia, y lo hicieron en virtud del afianzamiento de los marcos de política económica. Pero la reanimación de la actividad está ocurriendo a nivel más amplio, incluso en las grandes economías avanzadas. El optimismo de los mercados financieros y la propensión al riesgo están nuevamente a la vista, los bancos han logrado movilizar capitales, los mercados de financiamiento mayorista han vuelto a abrir las puertas y los riesgos en los mercados emergentes han disminuido.

    El motor de esta reactivación lo constituyen políticas públicas enérgicas adoptadas por economías avanzadas y emergentes, que, junto con las medidas desplegadas por el FMI a escala internacional, alejaron las inquietudes en torno a un colapso financiero sistémico, apuntalaron la demanda y disiparon casi por completo el temor a una depresión mundial. Esa aprensión había contribuido a la caída más pronunciada de la actividad y del comercio internacional desde la segunda guerra mundial. Los bancos centrales se apresuraron a instituir recortes excepcionalmente pronunciados de las tasas de interés y a lanzar medidas inusitadas para inyectar liquidez y sustentar el crédito. Los gobiernos pusieron en marcha extensos programas de estímulo fiscal mientras sometían a los bancos a pruebas de tensión y los respaldaban con garantías e inyecciones de capital. El FMI, por su parte, recurrió a su capacidad crediticia ampliada y a sus mecanismos flexibilizados para ayudar a las economías emergentes y en desarrollo a afrontar los riesgos generados por la crisis. Sumadas, estas medidas diluyeron la incertidumbre y reforzaron la confianza.

    Pero no hay lugar para la autocomplacencia. Pese a estos avances, se prevé que la recuperación será lenta y, durante bastante tiempo, insuficiente para reducir el desempleo. Además, la pobreza podría agudizarse significativamente en una serie de economías en desarrollo cuyo PIB real per cápita se está contrayendo por primera vez en diez años. La actividad podría reavivarse rápidamente a corto plazo, pero las fuerzas que están alimentando el repunte actual —vigorosos estímulos fiscales, respaldo de los bancos centrales a los mercados de crédito y reposición tras recortes de producción y reducciones de existencias excepcionalmente drásticos— son pasajeras en parte y se debilitarán a lo largo de 2010.

    Otra limitación crítica que frena el ritmo de la recuperación son las restricciones a la disponibilidad del crédito. El desapalancamiento bancario limitará la oferta de crédito durante el resto de 2009 y parte de 2010 tanto en Estados Unidos como en Europa, donde la oferta de crédito depende aún más del sistema bancario. Los balances de los bancos se han beneficiado de campañas de movilización de capitales y niveles positivos de utilidades, pero continuarán estando comprimidos como consecuencia del deterioro constante del crédito. De acuerdo con nuestro análisis, los bancos estadounidenses ya han reconocido algo más de la mitad de las pérdidas proyectadas hasta 2010 a causa de activos dañados. En Europa el reconocimiento de las pérdidas está menos adelantado, debido a las diferencias del ciclo económico. Aunque el aumento de las utilidades bancarias está sustentando la capitalización, seguramente no compensará del todo las rebajas contables durante los 18 próximos meses. Además, es probable que las utilidades en su estado estable sean inferiores a los registros previos a la crisis, y se prevé que las reformas de la regulación bancaria que están en curso reducirán el ingreso neto y encarecerán el autoaseguro al incrementar las exigencias de capitalización y liquidez. Las proyecciones para las economías emergentes presumen que los flujos de capital, que sufrieron un duro golpe el año pasado, se estabilizarán o crecerán moderadamente. El crecimiento del crédito seguirá disminuyendo o se mantendrá a niveles muy bajos, lo cual desalentará la inversión, con la excepción notable de China. En términos generales, es poco probable que se produzca una contracción significativa del crédito, excepto en algunas economías emergentes de Europa y partes de la Comunidad de Estados Independientes.

    Entre tanto, el consumo y la inversión están recobrando el aliento lentamente, lastrados por la necesidad de sanear los balances, la abundante capacidad excedentaria y las fuertes limitaciones al financiamiento, y el creciente desempleo, que según lo proyectado tocará un máximo superior a 10% de la fuerza laboral en las economías avanzadas. El consumo será particularmente débil en las economías avanzadas, especialmente en las que experimentaron auges crediticios, burbujas en el sector de la vivienda y profundos déficits en cuenta corriente, como Estados Unidos, el Reino Unido y otras economías europeas (especialmente emergentes). Los consumidores estadounidenses, en particular, probablemente mantengan tasas de ahorro sustancialmente más altas que antes de la crisis.

    Por ende, Perspectivas de la economía mundial proyecta una contracción de la actividad de alrededor de 1% en 2009 y una expansión de alrededor de 3% en 2010, es decir, muy por debajo de los niveles previos a la crisis.

    Los riesgos a la baja siguen siendo preocupantes. El más apremiante es que persista la aguda debilidad de la demanda en las economías avanzadas. En ese caso, las autoridades pueden verse enfrentadas a la espinosa disyuntiva de mantener el estímulo fiscal, poniendo en juego la sostenibilidad de la deuda, o eliminarlo paulatinamente, arriesgando interacciones perniciosas entre la actividad real, la salud del sector financiero y la situación fiscal. Sin embargo, también existe la posibilidad de una sorpresa agradable. Concretamente, una vez que se han disipado los temores a un crash parecido al de los años treinta y se ha renovado vigorosamente el optimismo de los mercados financieros, podría producirse a corto plazo un aumento inesperadamente fuerte del consumo y la inversión.

    Retos para la política económica

    Sería prematuro que las autoridades cejaran en el empeño por restablecer la salud del sector financiero y robustecer la demanda con políticas macroeconómicas expansivas. El reto consiste en impedir que el continuo respaldo a corto plazo distorsione los incentivos y ponga en peligro los balances públicos, con consecuencias perjudiciales a mediano plazo. Además, las políticas deben comenzar a abordar los principales retos a mediano plazo, entre ellos la necesidad de reformar los sistemas financieros, impulsar el crecimiento potencial y reequilibrar los patrones de la demanda mundial.

    Pese a los déficits ya grandes y a la creciente deuda pública de muchos países, será necesario mantener el estímulo fiscal hasta que la recuperación se afirme, y posiblemente ampliarlo o prolongarlo más allá de lo actualmente planificado en caso de que se hagan realidad los riesgos a la baja para el crecimiento. Sin embargo, es probable que la política fiscal tenga una eficacia decreciente como sostén de la demanda si los inversionistas y los contribuyentes no tienen la seguridad de que, llegado el momento, se recortarán los déficits y la deuda. Para eso probablemente se necesite una voluntad decidida de contención del gasto, reformando los derechos automáticos a prestaciones y comprometiéndose a efectuar recortes drásticos de los déficits una vez que la recuperación avance a paso firme. Esos recortes podrían ganar en credibilidad a través de marcos fiscales más sólidos, integrados entre otras cosas por reglas fiscales adecuadas y mecanismos rigurosos de cumplimiento que contribuyan a frenar las presiones de gasto cuando retorne la prosperidad.

    Las autoridades monetarias deben decidir dos cuestiones fundamentales: cuándo comenzar a endurecer la política y cómo reducir los abultados balances de los bancos centrales. Los retos para las economías avanzadas y las emergentes son diferentes. En las economías avanzadas, los bancos centrales, con contadas excepciones, pueden permitirse condiciones acomodaticias durante un período extenso porque la inflación probablemente se mantendrá moderada mientras la brecha del producto siga siendo amplia. Además, la política monetaria deberá dar cabida al impacto del desmantelamiento paulatino del respaldo fiscal. Llegado el momento, existen instrumentos para comenzar a endurecer las condiciones monetarias aun cuando los balances de los bancos centrales estén mucho más cargados de lo habitual. El ritmo de descompresión de esos balances dependerá del ritmo de normalización de las condiciones de mercado y de los tipos de intervención realizados. Gracias a la regularización de las valoraciones, las operaciones de liquidez a corto plazo ya están llegando naturalmente a su fin a medida que mejoran las condiciones del mercado. Sin embargo, podría llevar mucho más tiempo evacuar los activos ilíquidos acumulados en los balances de algunos bancos centrales.

    Entre las economías emergentes la situación es más variada, pero es probable que el momento de comenzar a endurecer la política monetaria llegue antes que en las economías avanzadas. En algunos casos quizá sea necesario flexibilizar el tipo de cambio para poder crear un ambiente monetario más restrictivo que en las economías avanzadas y alejar el riesgo de nuevas burbujas de precios de los activos.

    En cuanto al sector financiero, las autoridades tienen ante sí dos grandes retos. El primero es lograr que los mercados y los bancos puedan sustentar la recuperación económica, y exige más que nada redoblar los esfuerzos por incrementar los capitales de los bancos y sanear sus balances. Hasta el momento el avance ha sido solo parcial. Las pruebas de estrés oficiales son instrumentos importantes para diagnosticar la condición de los bancos y elaborar estrategias adecuadas de recapitalización y reestructuración de las instituciones viables, y de resolución cuidadosa de las instituciones no viables. Además, es necesario comunicar con claridad las estrategias de desmantelamiento del respaldo público para guiar los mercados. Los programas deberán eliminarse se manera muy paulatina, utilizando incentivos de mercado para ir diluyendo la dependencia del apoyo público. Además, la claridad en torno a las nuevas regulaciones de capital, las exigencias sobre riesgos de liquidez, el previsionamiento, las normas contables y, de ser posible, los acuerdos sobre estrategias de resolución, será fundamental para que los bancos puedan decidir cómo desplegar sus recursos y qué líneas comerciales tienen probabilidades de rentabilidad.

    El segundo reto consiste en llevar a cabo reformas financieras que impidan una crisis parecida en el futuro. Esa meta exige cambios profundos de las políticas prudenciales, que no deben peligrar a causa de la creciente confianza en que lo peor de la crisis ya se ha superado, el temor a perder ventajas competitivas nacionales o la preocupación de que las soluciones ideales sean técnicamente inviables. Cuatro temas merecen especial mención. Primero, es necesario ampliar y flexibilizar el perímetro de la regulación para abarcar todas las instituciones sistémicamente importantes, creando a la vez incentivos para impedir que sigan creciendo las instituciones que, por su tamaño o sus conexiones, se consideran actualmente inabandonables a la quiebra. Segundo, habrá que fomentar una disciplina de mercado eficaz, promoviendo la transparencia y la divulgación, así como la reforma de la gobernabilidad de las instituciones financieras. Tercero, los marcos macroprudenciales deben llevar a los bancos a acumular más reservas, en forma de capitalización y aprovisionamiento, en los días de bonanza, con destino a las malas épocas. Y, cuarto, es necesario estrechar la colaboración y la coordinación internacional para abordar debidamente los retos que plantean las instituciones transfronterizas. De cara al futuro, para evitar una crisis parecida, se necesitarán no solo reglas más eficaces (mediante una regulación reforzada), sino también una ejecución adecuada de las reglas (mediante una supervisión eficaz) y un comportamiento prudente por parte de las instituciones financieras (mediante procesos internos apropiados de control del riesgo).

    Reequilibrio de la demanda mundial

    Otra condición fundamental para lograr un crecimiento saludable sostenido a mediano plazo será reequilibrar el patrón mundial de la demanda. Concretamente, muchas economías con superávits en cuenta corriente que siguieron estrategias de crecimiento liderado por la exportación tendrán que apoyarse más en el crecimiento de la demanda interna para compensar la probable moderación de la demanda interna en las economías deficitarias que sufrieron colapsos de los precios de los activos (ya sea acciones o viviendas). Del mismo modo, muchos países con déficits externos tendrán que depender menos de la demanda interna y más de la externa. Ello requerirá reformas estructurales significativas, muchas de las cuales son necesarias también para estimular el producto potencial, vapuleado por la crisis. Será crítico reparar los sistemas financieros, mejorar la gobernabilidad del sector corporativo y la intermediación financiera, estimular la inversión pública y reforzar las redes de protección social.

    En lo que respecta a las políticas sociales, el aumento del desempleo constituirá un serio reto para muchas economías avanzadas, al que habrá que hacer frente robusteciendo los ingresos, capacitando a los desempleados y facilitando los ajustes salariales frente a los shocks. La crisis significa también un revés para la lucha contra la pobreza en muchos países de bajo ingreso, y se necesitará un apoyo firme e ininterrumpido de los donantes para defender los grandes adelantos logrados por estos países hacia la estabilización económica.

    Olivier Blanchard

    Consejero Económico

    José Viñals

    Consejero Financiero

    Resumen Ejecutivo

    Tras una profunda recesión mundial, el crecimiento económico ha entrado en terreno positivo gracias a extensas intervenciones públicas que apuntalaron la demanda y alejaron la incertidumbre y el riesgo sistémico en los mercados financieros. La recuperación seguramente será lenta: los sistemas financieros siguen dañados, el respaldo público deberá retroceder poco a poco, y los hogares y las economías que vieron desplomarse los precios de los activos continuarán reconstituyendo los ahorros mientras luchan con un desempleo elevado. La misión crítica para la política económica sigue siendo restablecer la salud del sector financiero y mantener al mismo tiempo políticas macroeconómicas propicias hasta que la recuperación se afiance. Con todo, las autoridades deben comenzar a prepararse para un desmantelamiento ordenado de los niveles extraordinarios de intervención pública.

    La recesión mundial está finalizando, pero la recuperación se perfila moderada

    La economía mundial parece estar nuevamente en expansión, impulsada por el enérgico desempeño de las economías asiáticas y por una estabilización o una ligera reactivación en otras regiones. En las economías avanzadas, la histórica intervención pública estabilizó la actividad e incluso restituyó un crecimiento ligero en varias economías. En términos generales, las economías emergentes y en desarrollo están más adelantadas en la senda hacia la recuperación, gracias al resurgimiento de Asia. El reciente repunte de los precios de las materias primas y las políticas que lo propiciaron están ayudando a muchas de estas economías. La crisis asestó un golpe especialmente duro a muchas economías emergentes de Europa y de la Comunidad de Estados Independientes, y en términos generales su evolución está rezagada en comparación con otras regiones.

    El ritmo de la recuperación es lento y la actividad se mantiene muy por debajo de los niveles previos a la crisis. A la vanguardia de la reactivación se encuentran el repunte de la manufactura y la inflexión del ciclo de existencias; se observan algunos indicios de estabilización paulatina de las ventas minoristas, afianzamiento de la confianza de los consumidores y consolidación de los mercados de la vivienda. A medida que mejoran las perspectivas, los precios de las materias primas dejan atrás los mínimos registrados este año, y el comercio mundial comienza a reavivarse.

    El motor de la reactivación son políticas públicas enérgicas adoptadas por las economías avanzadas y por muchas economías emergentes que apuntalaron la demanda y disiparon casi del todo el temor a una depresión mundial. Ese temor contribuyó a la caída más pronunciada de la actividad y del comercio internacional desde la segunda guerra mundial. Los bancos centrales se apresuraron a instituir recortes excepcionalmente amplios de las tasas de interés y a lanzar medidas inusitadas para inyectar liquidez y sustentar el crédito. Los gobiernos pusieron en marcha importantes programas de estímulo fiscal, al tiempo que apoyaban a los bancos con garantías e inyecciones de capital. Sumadas, estas medidas diluyeron la incertidumbre y reforzaron la confianza, promoviendo la mejora de las condiciones financieras, que se manifestó entre otras cosas en fuertes repuntes en numerosos mercados y en la reanimación de las corrientes internacionales de capital. Sin embargo, la situación sigue siendo muy difícil para los prestatarios menos calificados. En términos más generales, como señala la edición de este mes del informe Global Financial Stability Report (GFSR), el riesgo de un vuelco constituye una preocupación considerable para el mercado y varios indicadores del estrés financiero se mantienen elevados.

    De cara al futuro, las fuerzas públicas que alimentan esta recuperación irán debilitándose gradualmente, en tanto que las fuerzas reales y financieras pese a tomar cuerpo poco a poco siguen siendo débiles. Concretamente, el estímulo fiscal disminuirá y la reconstitución de existencias perderá influencia paulatinamente. Entre tanto, el consumo y la inversión están recobrando el aliento lentamente, ya que las condiciones financieras siguen siendo duras en muchas economías. Por ende, de acuerdo con las proyecciones, tras contraerse alrededor de 1% en 2009, la actividad mundial se expandirá aproximadamente 3% en 2010, un nivel muy inferior a las tasas registradas antes de la crisis. Estas proyecciones representan una ligera revisión al alza de las presentadas en la actualización de Perspectivas de la economía mundial de julio de 2009.

    • Las economías avanzadas experimentarían una expansión anémica durante gran parte de 2010 y el desempleo continuaría aumentando hasta muy entrado el año. El crecimiento anual de 2010 rondaría 1¼%, tras una contracción de 3½% en 2009. La recuperación de la actividad se observa con más claridad en el último trimestre: se prevé que entre el cuarto trimestre de 2009 y el cuarto trimestre de 2010 el PIB real crecerá más o menos 1¾%, en comparación con una expansión de alrededor de ½% (anualizado) durante el segundo semestre de 2009 y una contracción de 2% el primero.

    • En las economías emergentes, el crecimiento del PIB real está previsto en casi 5% para 2010, frente a 1¾% en 2009. El repunte está liderado por China, India y otras economías emergentes de Asia. Otras economías emergentes están registrando ligeras reactivaciones, facilitadas por políticas de estímulo y por la mejora de las condiciones comerciales y financieras internacionales.

    Los riesgos a la baja para el crecimiento están disminuyendo paulatinamente, pero siguen siendo preocupantes. El principal riesgo a corto plazo es que la recuperación se estanque. El abandono prematuro de las políticas monetarias y fiscales acomodaticias parece ser un riesgo considerable, dado que el repunte que generaron estas políticas podría confundirse con un incipiente reavivamiento vigoroso de la demanda privada. En general, la frágil economía mundial aún parece vulnerable a una variedad de shocks; entre ellos, el encarecimiento del petróleo, un retorno virulento de la gripe porcina, sucesos geopolíticos o un resurgimiento del proteccionismo.

    Sin embargo, los riesgos a corto plazo no son solo a la baja, como lo demuestra la mejora reciente e inesperadamente rápida de las condiciones financieras. En particular, la disipación del temor a un crash como el de los años treinta —lograda gracias a las políticas públicas— y la sólida recuperación del optimismo en los mercados financieros podrían desembocar en una escalada imprevistamente fuerte del consumo y la inversión en una serie de economías avanzadas y emergentes.

    A mediano plazo, otros riesgos importantes amenazan una recuperación sostenida, sobre todo en las principales economías avanzadas. En el flanco financiero, una grave inquietud es que el continuo escepticismo público en torno a lo que se percibe como un rescate de las propias empresas consideradas responsables de la crisis erosione el respaldo de la ciudadanía a favor de una reestructuración financiera, sentando las condiciones para un prolongado estancamiento. En el flanco macroeconómico, el riesgo más grave es el empeoramiento de la situación fiscal, en parte como resultado de las medidas adoptadas para apuntalar el sector financiero.

    Más allá de 2010: Reequilibrar la economía mundial

    La condición fundamental para lograr un crecimiento saludable sostenido a mediano plazo será corregir los trastornos de la oferta causados por la crisis y reequilibrar el patrón mundial de la demanda.

    Reducción del producto potencial

    Serán necesarias una reestructuración de las empresas financieras y una recomposición de los mercados para generar el crédito que exige un aumento sostenido de la inversión y la productividad, además de una redistribución de la mano de obra entre sectores. Los datos históricos presentados en el capítulo 4 indican que por lo general las crisis financieras causaron daños grandes y permanentes en el producto, aunque es difícil determinar su magnitud y los resultados son ampliamente variados. Las proyecciones actuales del producto a mediano plazo son efectivamente muy inferiores a las que se contemplaban antes de la crisis, lo que es coherente con una pérdida permanente del producto potencial. La inversión ya se redujo notablemente, sobre todo en las economías golpeadas por crisis financieras e inmobiliarias, lo cual, sumado a la creciente tasa de descarte a medida que las empresas quiebran o se reestructuran, está reduciendo la masa de capital efectivo. Además, se prevé que las tasas de desempleo seguirán siendo elevadas a mediano plazo en varias economías avanzadas.

    Reequilibrio del lado de la demanda

    Como complemento de la corrección del lado de la oferta, también habrá que ajustar los patrones de la demanda internacional para sustentar una recuperación dinámica. Concretamente, muchas economías que siguieron estrategias de crecimiento liderado por la exportación y acumularon superávits en cuenta corriente tendrán que apoyarse más en la demanda interna y la importación. Esto ayudará a compensar la moderación de la demanda interna en las economías que solían incurrir en déficits en cuenta corriente y que sufrieron colapsos de los precios de los activos (acciones o vivienda), como Estados Unidos, el Reino Unido, parte de la zona del euro y muchas economías emergentes de Europa. Para hacer lugar a los cambios del lado de la demanda, también será necesario hacer ajustes del lado de la oferta en numerosos flancos; por ejemplo, reparando los sistemas financieros, mejorando la gobernabilidad del sector corporativo y la intermediación financiera, estimulando la inversión pública y reformando las redes de protección social para desalentar el ahorro precautorio. Sin embargo, aun si todos los países se comprometieran firmemente a llevar a cabo esta reforma y otras parecidas, reequilibrar la demanda mundial será un proceso dilatado y tendrá que estar respaldado por la flexibilización de los tipos de cambio.

    Retos para la política económica

    Las prioridades máximas de la política económica siguen siendo restablecer la salud del sector financiero y mantener políticas macroeconómicas propicias hasta que la recuperación se encuentre afianzada, aunque las autoridades al mismo tiempo deben comenzar los preparativos para desmantelar los extraordinarios niveles de intervención pública. El abandono prematuro del estímulo parece ser el riesgo más grave a corto plazo, pero la formulación de la estrategia macroeconómica que se aplicará a mediano plazo, más allá de la crisis, es crítica para mantener la confianza en la solvencia fiscal y para preservar la estabilidad financiera y de precios. El reto es encontrar un término medio entre desmantelar las intervenciones públicas demasiado pronto, lo que haría peligrar los adelantos logrados hacia la recuperación y la estabilidad financiera, y retirarlas demasiado tarde, distorsionando los incentivos y dañando los balances públicos.

    Cuándo endurecer las condiciones monetarias

    Para las autoridades monetarias, las decisiones clave son cuándo comenzar a endurecer la política y cómo reducir los abultados balances de los bancos centrales. Estos dos objetivos no presentan necesariamente grandes conflictos porque existen instrumentos para endurecer las condiciones monetarias aun cuando los balances están mucho más cargados de lo habitual. El ritmo de descompresión de los balances de los bancos centrales depende del ritmo de normalización de las condiciones de mercado y de los tipos de intervención realizados.

    En cuanto al momento en que corresponde restringir las condiciones monetarias, los retos para las economías avanzadas y las emergentes son diferentes. En las economías avanzadas, los bancos centrales con contadas excepciones pueden permitirse condiciones acomodaticias durante un período extenso porque la inflación probablemente se mantenga moderada mientras la brecha del producto siga siendo amplia. Además, las autoridades monetarias deberán dar cabida al impacto del desmantelamiento paulatino del respaldo fiscal. Entre las economías emergentes la situación es más variada, y en varias de ellas probablemente convenga comenzar a aplicar una política monetaria más restrictiva antes que en las economías avanzadas. En algunos casos, para alejar el riesgo de nuevas burbujas de precios de los activos quizá sea necesario flexibilizar el tipo de cambio, evitando así importar una distensión monetaria excesiva de las economías avanzadas.

    Como enfatiza la edición de este mes del informe GFSR, es probable que muchas economías sigan necesitando apoyo de los bancos centrales durante todo el año próximo como mínimo, y podría llevar mucho más tiempo evacuar los activos ilíquidos acumulados en los balances de algunos de ellos. En el ínterin, los bancos centrales poseen herramientas para absorber reservas y endurecer así las condiciones monetarias. Más allá de los retos a corto plazo, cabe preguntarse algunas de las lecciones de la crisis para la conducción de la política monetaria. Los datos históricos hacen pensar que un nivel relativamente estable de inflación y crecimiento del producto ofrece escasa protección cuando el estallido de una burbuja de precios de los activos sacude profundamente una economía: el producto y la inflación son malos predictores de los colapsos de precios de los activos. El capítulo 3 muestra que otras variables especialmente la expansión del crédito y el saldo en cuenta corriente son mejores predictores y que quizá merezcan recibir más atención por parte de las autoridades monetarias. Por ende, si se agudiza la inquietud en torno a la demanda interna y los precios de los activos, convendrá que las autoridades se planteen para el año próximo y quizás el siguiente una política monetaria más dura de lo que sería estrictamente necesario para mantener controlada la inflación. En el capítulo también se argumenta que las autoridades deben pensar en complementar las metas de inflación con herramientas macroprudenciales para ayudar a estabilizar las economías. Las herramientas macroprudenciales tienen la ventaja de funcionar directamente en sentido contrario a los ciclos crediticios y así pueden complementar la función de las tasas de interés en la estabilización económica. Sin embargo, es necesario tener expectativas realistas sobre lo que se puede lograr.

    Mantener el respaldo fiscal salvaguardando la sostenibilidad fiscal

    Pese a los déficits ya profundos y a la creciente deuda pública de muchos países, será necesario mantener el estímulo fiscal hasta que la recuperación se encuentre afirmada, y posiblemente ampliarlo o prolongarlo más allá de lo actualmente planificado si se hacen realidad los riesgos a la baja para el crecimiento. Por eso, los gobiernos deben estar preparados para desplegar nuevas iniciativas, según sea necesario. Al mismo tiempo, deben comprometerse a recortar ampliamente los déficits una vez que la recuperación esté bien encauzada y deben comenzar a abordar los retos fiscales a largo plazo con reformas que impriman mayor sostenibilidad a las finanzas públicas. Esos recortes podrían verse facilitados con marcos fiscales más sólidos, integrados entre otras cosas por reglas fiscales adecuadas y mecanismos rigurosos de cumplimiento. Estos marcos y reglas pueden ayudar a contener las presiones de gasto cuando retorne la prosperidad, de modo que los inversionistas sientan cierta tranquilidad sabiendo que los déficits y la deuda disminuirán llegado el momento, lo que es fundamental para recuperar un margen significativo para la política anticíclica y reconquistar el apoyo público a favor de los mercados financieros; ambos serán necesarios para hacer frente a shocks futuros.

    Sanear los sectores financieros mientras se reforman los marcos prudenciales

    Para retomar la senda de crecimiento sostenido es indispensable sanear el sector financiero y reformar los marcos prudenciales. La reestructuración de las actividades de las empresas financieras es vital para la normalización del crédito. Como se explica con más detalles en la edición de este mes del informe GFSR, eso exige la rectificación de los balances, la recapitalización y la elaboración de nuevos planes comerciales que sean coherentes con nuevos modelos de financiamiento y nuevos marcos prudenciales. Hasta el momento se ha adelantado muy poco en la eliminación de los activos dañados de los balances de los bancos. Ahora el problema más apremiante es el deterioro de la calidad de los activos. En ese sentido, las pruebas de estrés oficiales son instrumentos importantes para diagnosticar la condición de los bancos y elaborar estrategias adecuadas de recapitalización y reestructuración de las instituciones viables, y resolución cuidadosa de las instituciones no viables. El avance entre los distintos países al respecto ha sido desigual, y resulta preocupante observar que el respaldo público a favor de la recapitalización enfrenta obstáculos políticos. Las estrategias de salida deben estar claramente expresadas para ayudar a guiar los mercados. Los bancos tienen por delante un aluvión de vencimientos en los dos próximos años, lo cual exacerba el riesgo de refinanciamiento. En vista de estas circunstancias, los programas deberán desmantelarse se manera muy paulatina, utilizando incentivos de mercado para ir diluyendo la dependencia del apoyo público.

    En cuanto a la reforma fundamental, el logro de cambios profundos no debe peligrar a causa de la creciente confianza en que lo peor de la crisis ya se ha superado, el temor a perder ventajas competitivas nacionales o la preocupación de que las soluciones ideales sean técnicamente inviables. Como subraya el citado informe GFSR, cuatro metas merecen especial mención. Primero, es necesario ampliar y flexibilizar el perímetro de la regulación para abarcar todas las instituciones sistémicamente importantes, creando a la vez incentivos para impedir que sigan creciendo las instituciones que, por su tamaño o sus conexiones, actualmente se consideran inabandonables a la quiebra. Segundo, habrá que fomentar una disciplina de mercado eficaz, promoviendo la transparencia y la divulgación, así como la reforma de la gobernabilidad de las instituciones financieras. Tercero, los marcos macroprudenciales deben llevar a los bancos a acumular más reservas, en forma de capitalización y previsionamiento para las malas épocas en los días de bonanza. Y, cuarto, es necesario estrechar la colaboración y la coordinación internacional para abordar debidamente los retos que plantean las instituciones transfronterizas.

    Retos a las políticas estructurales y sociales

    El aumento del desempleo constituirá un serio reto para muchas economías avanzadas y la pobreza seguirá siendo un problema para muchas economías en desarrollo. Los datos del capítulo 4 llevan a pensar que las tasas de desempleo suelen aumentar significativamente después de los shocks financieros y a mantenerse más elevadas durante muchos años. Para limitar el alcance de la destrucción de puestos de trabajo se necesitará un crecimiento salarial más lento o incluso recortes salariales para muchos trabajadores. El impacto de los ajustes necesarios en los segmentos más pobres de la fuerza laboral podría amortiguarse mediante reembolsos del impuesto sobre el ingreso o programas parecidos que limiten las repercusiones sociales de los ajustes salariales. Además, el perfeccionamiento de los programas de compaginación de demanda y oferta de empleo, formación y capacitación puede contribuir a contener la pérdida de puestos de trabajo y salarios. La pobreza podría aumentar significativamente en varias economías en desarrollo, sobre todo en África subsahariana, donde el PIB real per cápita se está contrayendo en 2009 por primera vez en una década. El apoyo ininterrumpido de los donantes de las economías avanzadas será crucial para que estas economías puedan defender los avances hacia la estabilidad macroeconómica que tanto les costó conseguir.

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