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III. Las economías avanzadas hacen frente a los problemas de la globalización

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 1997
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La globalización se refiere a la creciente dependencia económica mutua entre los países del mundo ocasionada por el creciente volumen y variedad de transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como por la de flujos internacionales de capitales, y por la aceleración de la difusión de la tecnología en más lugares del mundo. Trae consigo nuevas oportunidades y nuevos desafíos para las economías y los rectores de la política económica. En general, las ventajas que ofrece la globalización son en esencia semejantes a las que atribuían los economistas clásicos a la especialización y a la ampliación de los mercados a través del comercio. La globalización eleva la productividad y el nivel de vida promedio ya que incrementa la división internacional del trabajo y la eficiencia en la asignación del ahorro y, al tener los consumidores mayor acceso a los productos extranjeros, pueden disfrutar de una mayor oferta de bienes y servicios a precios inferiores. La globalización también ofrece otros beneficios: por ejemplo, puede permitir que un país movilice un mayor volumen de ahorro financiero (ya que los inversionistas tienen acceso a una mayor variedad de instrumentos financieros en diferentes mercados) y aumentar la competencia entre las empresas.

El comercio y la competencia internacionales, y por ende la globalización, son, al igual que el progreso tecnológico, fuentes básicas del crecimiento económico y de las transformaciones estructurales de las economías. Las economías de mercado son sistemas dinámicos cuyas estructuras están cambiando constantemente. El progreso económico consiste, en gran medida, en poder adaptarse y ajustarse a esos cambios e incluye no sólo el crecimiento de la producción en general, sino también un constante reacomodo de las proporciones que corresponden a cada sector del sistema económico y a la estructura del empleo, así como a la variación de la distribución del ingreso. Si bien la sociedad en su conjunto se beneficia con este proceso de desarrollo económico, es poco probable que los beneficios se distribuyan uniformemente. Algunos grupos quizá obtengan muchos beneficios al principio, mientras que otros posiblemente se beneficien pero de un modo gradual, o tal vez sufran una desmejora de su situación. Se ha cuestionado ya si la globalización afecta en forma negativa a grandes segmentos de la sociedad.

Por consiguiente, la creciente integración de los países en desarrollo y los países en transición a la economía mundial ha suscitado temores de que la competencia de las “economías de bajos salarios” desplace a los trabajadores que ocupan puestos de trabajo bien remunerados en empresas manufactureras hacia empleos con sueldos inferiores en el sector de los servicios, y por ende disminuya su nivel de vida. Lo anterior también guarda relación con el temor de que la globalización reduzca la demanda de mano de obra menos calificada en las economías avanzadas, lo que afectaría negativamente la distribución del ingreso ya que incrementa la brecha entre los sueldos de los trabajadores menos calificados y los más calificados, y aumentaría el desempleo de aquellos. Otra consecuencia indeseable que se piensa que produce la globalización, sobre todo la globalización financiera, es que pudiera disminuir la capacidad de gestión de la actividad económica que poseen las autoridades nacionales y restringir las opciones que tienen a su disposición los gobiernos en materia de tasas impositivas y regímenes tributarios.

En el presente capítulo se analizan dos conjuntos de temas relacionados con la creciente integración de la economía mundial, que revisten un interés especial para las economías avanzadas. El primero es ¿de qué forma la globalización ha afectado los salarios, la participación sectorial del empleo y la distribución del ingreso en las economías avanzadas? y ¿cuáles son sus consecuencias sobre las políticas del mercado laboral y las redes de protección social? y el segundo, ¿hasta qué punto la globalización ha incrementado la interdependencia en materia de política económica y reducido la soberanía de los países?

Características de la globalización moderna

La integración económica de los países no es un fenómeno nuevo. Efectivamente, la creciente integración de la economía mundial registrada en los últimos decenios puede considerarse, en muchos aspectos, como una reanudación de la intensa integración que se inició a mediados del siglo XIX y concluyó al estallar la primera guerra mundial. En ese lapso, eran pocas las barreras artificiales al intercambio económico entre los países; por consiguiente, los flujos de bienes y servicios y las corrientes migratorias, que cruzaban las fronteras eran de gran volumen (véase el anexo). Ese período inicial también se caracterizó por una fuerte convergencia económica, en términos del ingreso per cápita, de los actuales países industriales10.

El proceso de integración mundial que ha ocurrido en los últimos años presenta, sin embargo, muchas diferencias cualitativas con respecto a la integración que se produjo en ese período inicial: en éste está participando una proporción más elevada del mundo y un mayor número de países independientes. Los adelantos tecnológicos obtenidos han reducido acusadamente los costos de transporte, telecomunicaciones y computación, lo que ha elevado considerablemente la facilidad de incorporación de los mercados nacionales al mercado mundial (cuadro 11). Las distancias económicas han disminuido y los problemas de coordinación se han reducido a tal punto que la localización de diferentes fases de la producción de una empresa en diversos lugares del mundo se ha convertido en un método eficiente de organización industrial. El comercio exterior exige una estructura más intraindustrial e intraempresarial, y la inversión directa extranjera constituye un medio importante de globalización. Cada vez más, los países dependen de otros países para la transferencia de tecnología y para aprender métodos de manufactura, modelos de organización, comercialización y diseño de productos. Las externalidades de la investigación y desarrollo constituyen, por ende, otra particularidad de las relaciones económicas que se producen entre los países (recuadro 6). Además, esta variedad de elementos de la globalización (el comercio, las corrientes de inversión directa, las transferencias de tecnología) se han enlazado e interconectado de un modo más directo y la economía mundial se está convirtiendo cada vez más en el marco indicado para la toma de decisiones económicas.

Cuadro 11.Costo del transporte aéreo, llamadas telefónicas y deflactor de los precios de las computadoras(Dólares de EE.UU. de 1990, salvo indicación contraria)
AñoIngreso

promedio

del transporte

aéreo por

pasajero-milla
Costo de una

llamada de

tres minutos

Nueva York

a Londres
Deflactor de precios

de computadoras

del Departamento de

Comercio de EE.UU.

(1990 = 1.000)
19300,68244,65
19400,46188,51
19500,3053,20
19600,2445,86125.000
19700,1631,5819.474
19800,104,803.620
19900,113,321.000
Fuente: Richard J. Herring y Robert E. Litan. Financial Regulation in the Global Economy (Washington: Brookings Institution, 1995), pág. 14.
Fuente: Richard J. Herring y Robert E. Litan. Financial Regulation in the Global Economy (Washington: Brookings Institution, 1995), pág. 14.

Existen dos grupos de factores que han desempeñado una función importante para favorecer la integración de la economía mundial. Uno de ellos consiste en los adelantos tecnológicos, sobre todo en informática y comunicaciones, que permiten a las empresas coordinar de manera económica las actividades de producción que se realizan en diferentes lugares, y también permiten que las innovaciones tecnológicas y los conocimientos especializados se dise-minen más rápida y extensamente y se reduzcan, en general, las fricciones del comercio mundial. La influencia que ejercen las innovaciones tecnológicas para que se eliminen las barreras naturales de espacio y tiempo que separan a los mercados nacionales ha sido más evidente en el caso de los mercados financieros. Las políticas económicas también han ayudado a integrar las economías nacionales: los países han reducido las barreras artificiales a la circulación de bienes, servicios y capitales. Las instituciones de Bretton Woods, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y el marco de liberalización multilateral del comercio ofrecido por el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) (en la actualidad transformado en la OMC), han desempeñado una función vital en alentar a un creciente número de países a adoptar sistemas económicos abiertos y basados en el mercado. Un indicador de la creciente orientación de los países hacia los sistemas económicos abiertos es el aumento del número de países que han aceptado las obligaciones del Artículo VIII del FMI, que se refiere a la convertibilidad de las monedas para las transacciones en cuenta corriente. Dicho número ha aumentado acusadamente, pasando de 35 en 1970 (30% del número de países miembros) a 137 a principios de 1997 (76% del número de países miembros).

Alcance de la globalización

¿Hasta qué punto se han globalizado los mercados? La pregunta se refiere principalmente a la integración de los mercados de productos y de capitales. Los mercados laborales siguen siendo muy segmentados debido a las políticas de inmigración y las barreras del idioma, la cultura y de otra índole que afectan al movimiento internacional de la mano de obra. Si bien el porcentaje de la población total correspondiente a los residentes nacidos en el extranjero ha venido aumentando en muchas economías avanzadas, la cifra todavía es inferior al 5% en la mayoría de los países y sólo en cuatro países supera el 10%. Al parecer, en los últimos decenios no ha aumentado la integración de los mercados laborales11.

Recuadro 6.Investigación y desarrollo: Externalidades mundiales

Las economías nacionales son mutuamente dependientes. Cada país depende de los bienes de consumo, productos intermedios y bienes de capital que ofrecen los países que comercian con él, y del mercado que esos países ofrecen para sus productos. Asimismo, cada vez resulta más evidente que los países dependen de los demás en lo que se refiere a transferencias de tecnologías, lo que también influye sobre sus resultados económicos. En este recuadro se resumen algunos trabajos recientes en los que se evalúa la importancia cuantitativa de la investigación y desarrollo y el comercio como elementos que influyen sobre la productividad total de los factores y crecimiento del producto1.

En el presente trabajo se incorporaron a una versión ampliada de Multimod—el modelo macroeconómico de la economía internacional creado en el FMI—las estimaciones actuales de las externalidades internacionales de la investigación y desarrollo entre los países industriales y de los países industriales hacia los países en desarrollo. Las estimaciones corresponden a la relación entre la productividad y el gasto en investigación y desarrollo del sector empresarial. Más concretamente, se supone que la productividad total de los factores depende del acervo interno de investigación y desarrollo (en el caso de los países industriales), el promedio de las existencias externas de investigación y desarrollo ponderadas según el comercio exterior y la apertura de la economía (en el caso de los países en desarrollo)2. La versión ampliada de Multimod consiste en modelos econométricos vinculados para cada uno de los siete países industriales más grandes, los demás países industriales en su conjunto y cuatro “regiones” que representan las economías recientemente industrializadas, los países en desarrollo de África y de América que son deudores netos y otros países en desarrollo. El modelo se aplicó para simular variaciones del gasto en investigación y desarrollo en los países industriales y en la exposición al comercio internacional en el caso de los países en desarrollo, a fin de obtener estimaciones de las variaciones inducidas de la productividad total de los factores, el capital, la producción y el consumo.

Los resultados ilustran varias características de las ventajas que se obtienen de la investigación y desarrollo (véase el gráfico).

  • El aumento del gasto en investigación y desarrollo de una economía puede elevar significativamente la producción interna a largo plazo. Por ejemplo, se estima que un aumento sostenido de la inversión en investigación y desarrollo en Estados Unidos equivalente a ½% del PIB, corresponde a un aumento a largo plazo del acervo de investigación y desarrollo del 10% del PIB y eleva el producto real de EE.UU. en un porcentaje cercano al 9% a largo plazo. Casi tres cuartas partes de ese aumento provienen del aumento de la productividad total de los factores y el resto de una mayor inversión en capital físico inducida por el aumento de la productividad. La mitad del aumento total del producto tiene lugar durante los primeros quince años. Por consiguiente, en un lapso de uno o dos decenios, el aumento sostenido de la investigación y desarrollo genera un impulso significativo del crecimiento económico.
  • El gasto en investigación y desarrollo de un país genera importantes externalidades, ya que eleva el producto en otros países. Por ejemplo, cuando todos los países industriales incrementan el gasto en investigación y desarrollo en un monto equivalente al ½% del PIB, el aumento a largo plazo del producto de Estados Unidos es mayor en un 70% que si el aumento del gasto sólo se efectúa en Estados Unidos. Como el volumen de las externalidades del producto de los países depende principalmente de sus relaciones comerciales, tiende a ser especialmente grande entre los países europeos y entre Estados Unidos y Canadá. No obstante, las externalidades del producto tienden a ser mayores en los países en desarrollo que en los países industriales debido a la brecha tecnológica que existe entre ambos.
  • El consumo real sigue una tendencia similar a la del producto pero varía menos de un país a otro. El consumo aumenta menos que el producto en el país que realiza la investigación y desarrollo, pero aumenta más que el producto en los demás países. Ello se debe a que el país con mayor investigación y desarrollo tiene que reducir los precios para vender su mayor volumen de producto. Este deterioro de la relación de intercambio representa un mecanismo importante a través del cual se diseminan en el extranjero los beneficios del aumento del gasto interno en investigación y desarrollo. Por consiguiente, un incremento a largo plazo del consumo en Estados Unidos, por ejemplo, proveniente de un aumento del gasto en investigación y desarrollo en todos los países industriales equivalente al ½% del PIB, es más del doble del que se obtiene si sólo se aumenta el gasto en investigación y desarrollo en EE.UU. (16% frente al 7%). El volumen de las externalidades del consumo aumenta en función de la apertura de la economía, y beneficia, sobre todo, a los países que mantienen una estrecha relación comercial.
  • Como lo han demostrado las economías recientemente industrializadas, los países en desarrollo pueden beneficiarse de una política comercial de apertura ya que ésta facilita la transferencia de tecnología de los países industriales. Se estima que un aumento de la importación de manufacturas en los países en desarrollo equivalente a 5 puntos porcentuales de su PIB (aproximadamente equivalentes al aumento que se produjo en estos países entre 1992 y 1995) eleva el producto en cerca del 9% a largo plazo y el consumo en un 6%. Estos resultados parecen indicar que parte del éxito obtenido por las economías recientemente industrializadas en los últimos veinte años puede atribuirse a la mejora de la productividad derivada de externalidades de la investigación y desarrollo en el extranjero que se trasmitieron a través del comercio. Otros factores que han dado un gran impulso al crecimiento en estos países incluyen el acelerado incremento de los insumos laborales y de capital3.

Impacto del aumento de la investigación y desarrollo en el producto y el consumo

(Desviaciones con respecto al punto de referencia, porcentaje)

Los anteriores resultados deben emplearse para fines ilustrativos únicamente, ya que dependen del modelo, mecanismo y parámetros específicos que se empleen en cada simulación. Además, no debe inferirse que los beneficios que producen los aumentos en investigación y desarrollo inducidos por el gobierno serán equivalentes a los que generan los mecanismos del mercado. No obstante, demuestran claramente que, basándose en estimaciones aceptables de los parámetros, los vínculos de la investigación y desarrollo constituyen un elemento importante de la globalización.

1 En Tamim Bayoumi, David T. Coe y Elhanan Helpman, “R&D Spillovers and Global Growth”, documento de trabajo WP/96/47 (FMI, mayo de 1996) se ofrecen más detalles sobre los resultados.2 Las estimaciones de las externalidades internacionales de la investigación y desarrollo utilizadas en las simulaciones y que corroboran la importancia de las relaciones comerciales como principal mecanismo de trasmisión, se tomaron de David T. Coe y Elhanan Helpman, “International R&D Spillovers”, en European Economic Review, vol. 39 (mayo de 1995), págs. 859-87 y David T. Coe, Elhanan Helpman y Alexander W. Hoffmaister, “North-South R&D Spillovers”, en Economic Journal, vol. 107 (enero de 1997), págs. 134—49.3 Alwyn Young, “The Tyranny of Numbers: Confronting the Statistical Realities of the East Asian Growth Experience”, en Quarterly Journal of Economics, vol. 110 (agosto de 1995), págs. 641-80.

Una medida del grado de integración de los mercados de productos es la relación entre el comercio y la producción. Según este indicador, la integración del mercado de productos se ha duplicado desde 1950 y en el último decenio ha aumentado significativamente. No obstante, es probable que con este indicador se subestime el grado de integración, ya que una proporción creciente del producto de las economías avanzadas corresponde a los servicios, y gran parte de ellos no son comerciables. Al parecer, la importancia del comercio internacional es mucho mayor cuando el comercio de mercancías se calcula como proporción de la producción de bienes comerciables12. Otra forma de evaluar el grado de integración del mercado de productos consiste en examinar la convergencia de los precios de los productos comerciados por los países. Los estudios empíricos han permitido concluir que existen grandes y persistentes desviaciones con respecto a la ley del precio único en una gran cantidad de bienes comerciados, salvo en el caso de algunos productos básicos muy homogéneos, como el oro. Esto podría atribuirse a diversos costos del ajuste y a características comerciales, como los costos de transporte, los aranceles y las barreras no arancelarias y los costos de información. Por lo tanto, pese a que los mercados internacionales de bienes se están integrando cada vez más, es evidente que aún no están tan integrados como los mercados internos13.

Los mercados de capital también se han integrado más, sobre todo en los últimos 20 años. Más adelante se examina con mayor detenimiento el grado de integración de los mercados de capital. Por el momento basta decir que pese al extraordinario crecimiento de los flujos transfronterizos y la rapidez de la integración de los mercados financieros, la globalización financiera parece limitarse a los activos financieros que se negocian en grandes volúmenes o que revisten un alto grado de liquidez, en tanto que la inversión sigue dependiendo principalmente de las tasas internas de ahorro y no de la afluencia neta de capital de los países. No obstante, la movilidad del capital internacional es tan elevada, y el segmento muy integrado del mercado de capitales es tan grande, que los flujos pueden significar un problema mayor que en el pasado para la conducción y la eficacia de la política macroeconómica.

Causas y consecuencias de la desindustrialización

El empleo en la industria manufacturera como porcentaje del empleo total ha disminuido constantemente en la mayoría de las economías avanzadas desde comienzos de los años setenta. Esta disminución (un fenómeno que con frecuencia se ha denominado desindustrialización) ha coincidido con la creciente integración mundial de los mercados y las economías. Comúnmente se piensa que la desindustrialización es una consecuencia del aumento de la apertura y el comercio, pero, contrariamente a lo que se cree, la desindustrialización no es una consecuencia de la globalización, ni es un fenómeno negativo; más bien constituye, como se explica a continuación, un aspecto normal del progreso tecnológico y del desarrollo económico de las economías avanzadas, con el cual el comercio con los países en desarrollo ha tenido muy poco que ver. En el análisis que se realiza a continuación, en primer lugar, se examina el caso de los primeros países industriales y posteriormente se analizan los hechos más recientes ocurridos en las economías recientemente industrializadas.

En los países industriales en su conjunto, la participación del empleo en la industria manufacturera bajó de alrededor del 28% en 1970 a un nivel cercano al 18% en 1994 (gráfico 18). El descenso registrado en cada país ha sido desigual y varió asimismo el momento en que se inició la desindustrialización. La desindustrialización se remonta a mediados de los años sesenta en Estados Unidos, y en ese país la tendencia ha sido una de las más acentuadas, con un profundo descenso en la participación del empleo en la industria manufacturera, que pasó de aproximadamente 28% en 1965 a 16% en 1994. En los países de la Unión Europea en su conjunto, la participación del empleo en la industria manufacturera comenzó a descender más tarde, pero cobró un ritmo semejante al de Estados Unidos, al pasar del 30% en 1970 al 20% en 1994. En Japón, el descenso de la participación del empleo en la industria manufacturera se inició más tarde aún y fue menos precipitado que en otros países, con porcentajes que pasaron de un máximo de 27% en 1973 a alrededor de 23% en 1994. Si continúan las tendencias actuales, la participación del empleo en la industria manufacturera de los países industriales probablemente seguirá bajando y podría situarse a un nivel cercano al 14% dentro de diez años.

Gráfico 18.Participación del empleo por sectores en el total del empleo civil en algunas economías avanzadas

(Porcentaje)

En todos los países industriales ha descendido la participación del empleo en el sector manufacturero en tanto que ha aumentado la participación del empleo en el sector de los servicios.

El reverso del fenómeno ha sido un constante aumento de la participación del empleo en el sector de los servicios (véase el gráfico 18). Este aumento ha sido bastante uniforme: todos los países industriales han registrado incrementos prácticamente constantes desde 1960. Entre las principales economías avanzadas, la mayor participación del empleo en el sector de los servicios corresponde a Estados Unidos, con un porcentaje actual de aproximadamente el 73%.

¿Cuál es la causa de la desindustrialización? El descenso de la participación del empleo en la industria manufacturera al parecer guarda relación con el descenso de la participación a precios corrientes del valor agregado de la manufactura con respecto al PIB (gráficos 18 y 19), lo cual parece indicar que la desindustrialización quizá sea consecuencia del cambio del perfil de gastos, que se orienta más hacia los servicios que a las manufacturas. No obstante, cuando el producto de estos sectores se mide a precios constantes, el gasto en manufacturas no parece haberse sacrificado por el gasto en servicios en un monto proporcional a las variaciones en el nivel de empleo en los dos sectores. En relación con el producto total, el producto de la industria manufacturera y de los servicios se ha mantenido bastante estable en los países industriales en su conjunto (gráfico 20). Por lo tanto, la creciente participación a precios corrientes del valor agregado de los servicios obedece principalmente a un aumento de los precios relativos de los servicios en relación con los de las manufacturas, lo que puede atribuirse principalmente a un crecimiento más lento de la productividad de los servicios14.

Gráfico 19.Participación del valor agregado por sectores en el PIB, en precios corrientes, en algunas economías avanzadas

(Porcentaje)

En todos los países industríales ha descendido la participación del valor agregado de las manufacturas en el PIB, en precios corrientes, y ha aumentado la participación del valor agregado de los servicios.

A diferencia de lo que ocurre en el promedio de los países industriales, el porcentaje del producto total que corresponde al producto de la industria manufacturera sí presenta una tendencia en Japón (hasta principios de los años noventa) y en Estados Unidos (véase el gráfico 20). En estos dos países parece haberse presentado una reorientación significativa del gasto—de los servicios a la manufactura en Japón y de la manufactura a los servicios en Estados Unidos—que podría ofrecer una explicación de las diferencias en la evolución de la participación del empleo en la industria manufacturera registrada en los dos países. Un examen de los flujos de comercio revela, sin embargo, que el aumento de la participación correspondiente al volumen del producto manufacturero de Japón y su correspondiente descenso en Estados Unidos obedecen en gran medida a variaciones de la exportación neta de las manufacturas en estos países, concretamente el aumento del superávit comercial del sector manufacturero japonés y el creciente déficit comercial del sector manufacturero estadounidense (gráficos 20 y 21)15. Por lo tanto, incluso en estos casos, la reorientación del gasto interno no parece haber sido una fuente importante de variación de la estructura del empleo. Cabe señalar que desde principios de los años noventa, parece haberse empezado a registrar un descenso en la participación del empleo en la industria manufacturera de Japón, influido en parte por el descenso del superávit externo.

Gráfico 20.Participación del valor agregado de las manufacturas en el PIB, en precios constantes, en algunas economías avanzadas

(Porcentaje; ponderado según la paridad del poder adquisitivo)

En los países industriales, la participación del valor agregado de las manufacturas en el PIB, en precios constantes, no ha presentado tendencia alguna, pero ha aumentado en Japón y ha descendido en Estados Unidos.

Gráfico 21.Balanza comercial de bienes manufacturados en algunas economías avanzadas

(Porcentaje del PIB; ponderado según la paridad del poder adquisitivo)

El aumento de la participación del valor agregado de las manufacturas a precios constantes en Japón, y su descenso en Estados Unidos, se refleja en la evolución correspondiente de los saldos de la balanza comercial

Es posible que el comercio Norte-Sur tenga consecuencias negativas sobre el empleo en la industria manufacturera en los países industriales si supone un gran nivel de importación de manufacturas con uso intensivo de mano de obra a cambio de la exportación de productos con uso intensivo de capital. Como se plantea más adelante, en esas condiciones, incluso un aumento equilibrado del comercio Norte-Sur podría originar pérdidas de puestos de trabajo en la industria manufacturera de las economías avanzadas16. No obstante, las estimaciones de los efectos del comercio Norte-Sur sobre la participación del empleo en la industria manufacturera en las economías avanzadas indica que su impacto ha sido muy pequeño17. Si bien los países industriales se han convertido en grandes importadores de productos manufacturados provenientes de los países en desarrollo, siguen siendo exportadores netos de manufacturas. Esto ocurre especialmente en el caso de los productos de alto valor agregado, en los que los países industriales conservan apreciables ventajas comparativas.

Ni la reorientación del gasto real hacia los servicios en desmedro de las manufacturas, ni el comercio Norte-Sur, parecen haber sido importantes causas del descenso de la participación del empleo en la industria manufacturera en los países industriales. En cambio, la desindustrialización parece obedecer principalmente al impacto de las tasas desiguales de aumento de la productividad de la manufactura y los servicios. Es obvio que si no existe una tendencia sistemática del gasto real en servicios a aumentar más rápido que el gasto en bienes manufacturados, pero la productividad de la industria manufacturera sube constantemente a un ritmo más acelerado que los servicios, el empleo tenderá a trasladarse de la manufactura a los servicios. El sector de los servicios tendrá que absorber una proporción cada vez mayor del empleo total para poder mantener su producto al nivel del manufacturero. En el cuadro 12 se observa que estas tendencias a largo plazo se presentaron, en general, en los países industriales en su conjunto entre 1960 y 1994. Las tasas anuales de crecimiento del producto de los servicios y la manufactura han sido aproximadamente iguales pero la productividad de la mano de obra en la industria manufacturera siempre ha superado a la de los servicios. Si bien el perfil varía en los distintos subperíodos, las diferencias en el aumento de la productividad siempre han sido mucho mayores que las diferencias en el ritmo de crecimiento del producto de los dos sectores, lo cual indica la importancia que tiene la variación de la productividad para explicar la desindustrialización18.

Cuadro 12.Crecimiento del producto y del empleo en los países industriales
1960-701971-941960-94
Producto
Manufacturas6,32,53,6
Servicios5,33,33,8
Producto por persona empleada
Manufacturas4,63,13,6
Servicios3,01,11,6
Empleo
Manufacturas1,7−0,6
Servicios2,42,22,2

El descenso en la participación del empleo en la industria manufacturera ocurrido en los países industriales en los dos últimos decenios recuerda el tajante descenso de la participación del empleo en el sector agrícola que tuvo lugar durante casi todo este siglo y que obedeció al acelerado aumento de la productividad de ese sector. En el gráfico 22 se ilustra la tendencia típica de la evolución de la participación del empleo a medida que las economías se desarrollan. A comienzos del siglo, más de la mitad del empleo civil de la mayoría de los países industriales correspondía al sector agrícola; en la actualidad ese porcentaje asciende al 8% y en Estados Unidos a menos del 3%.

Gráfico 22.Estructura cambiante del empleo

En el presente gráfico se ilustra la evolución de la distribución sectorial del empleo durante el desarrollo económico. La participación del empleo en el sector agrícola desciende constantemente, en tanto que en los servicios aumenta con el incremento del ingreso per cápita. La participación del empleo en la industria aumenta durante la fase de industrialización y posteriormente desciende a medida que las economías maduran.

Obviamente la desindustrialización no puede considerarse como un síntoma de fracaso del sector manufacturero de un país, o de la economía en general. Por el contrario, la desindustrialización es una característica natural del proceso de desarrollo económico que ocurre en las economías avanzadas y, en general, guarda relación con un aumento del nivel de vida. Lo anterior no niega el hecho de que a veces la desindustrialización puede estar relacionada con dificultades del ajuste que se presentan en algunas ramas del sector manufacturero o en la economía en su conjunto. Es posible que el sector de los servicios no pueda absorber a corto plazo la totalidad de la mano de obra liberada por el sector manufacturero debido a que la economía global no está creciendo al ritmo suficiente a raíz de rigideces institucionales del mercado laboral o de limitaciones regulatorias que afectan al sector de los servicios, o al hecho de que la inversión en la expansión del sector de los servicios demora cierto tiempo. A veces, las dificultades del ajuste pueden también agravarse por el aumento de la competencia en los mercados internos y externos por parte de productores de “bajo costo” o de competidores externos que han efectuado sus ajustes con más rapidez o eficiencia. Por lo tanto, la desindustrialización podría, durante cierto tiempo, guardar relación con un incremento del desempleo o una desaceleración del ritmo de aumento del nivel de vida. Además, un país puede perder puestos de trabajo en la industria manufacturera debido a factores adversos, errores de política económica y perturbaciones temporales: por ejemplo, una fuerte apreciación del tipo de cambio real. Estos puntos destacan la importancia de una política estructural que maximice la flexibilidad de los mercados laborales y de productos y que facilite la transferencia de recursos productivos de un sector a otro, así como de políticas financieras que fomenten la estabilidad macroeconómica a altos niveles de empleo.

Al respecto, un buen ejemplo es el contraste entre Estados Unidos y Europa (gráfico 23). Pese al abismal descenso de la participación del empleo en la industria manufacturera en Estados Unidos, las cifras absolutas de empleados de la industria manufacturera se han mantenido aproximadamente iguales desde 1970, mientras que el total del empleo civil ha aumentado considerablemente. La economía de Estados Unidos pudo, por consiguiente, absorber un aumento relativamente mayor de su fuerza laboral. No obstante, los ingresos se han mantenido estancados y la disparidad de la renta ha aumentado (véanse los párrafos siguientes). En la Unión Europea ha ocurrido algo muy diferente. En esos países, el descenso de la participación del empleo en la industria manufacturera ha guardado relación con una fuerte reducción de las cifras absolutas de empleados del sector manufacturero. Además, y a diferencia de Estados Unidos, sólo se ha presentado un aumento relativamente pequeño del empleo total desde 1970, lo que se ha traducido en las elevadas cifras de desempleo que se registran en la actualidad en la Unión Europea. Por consiguiente, si bien el dinamismo de la economía explica en gran parte el descenso de la participación del empleo en la industria manufacturera tanto en Estados Unidos como en Europa, la desindustrialización se ha asociado con características negativas: estancamiento de los ingresos y aumento de la disparidad de la renta en un caso y alto nivel de desempleo en el otro. Aún en el caso de que las condiciones cíclicas y una política económica más favorables hubieran facilitado la transferencia de recursos del sector manufacturero al de los servicios, de todos modos se habría producido durante el período de ajuste una transferencia de recursos relacionada con la desindustrialización, pero con unas consecuencias más favorables sobre el empleo.

Gráfico 23.Empleo en algunas economías avanzadas

(Miles)

El número de personas empleadas en el sector manufacturero en la Unión Europea ha descendido desde principios de los años ochenta pero no así en Estados Unidos ni en Japón.

De las economías avanzadas de Asia oriental, tanto en Corea como en la provincia china de Taiwan, el proceso de desindustrialización se inició alrededor del segundo quinquenio de los años ochenta, en vista de que el ingreso per cápita había aumentado rápidamente y había alcanzado los niveles logrados por muchas de las economías avanzadas a principios de los años setenta (gráfico 24). No obstante, en los últimos decenios ha surgido una notable diferencia en el desarrollo de estas dos economías, por una parte, y Hong Kong y Singapur, por la otra. Mientras que la participación del empleo en la industria manufacturera aumentó aceleradamente hasta mediados de los años ochenta en Corea y en la provincia china de Taiwan, en Singapur sólo se presentó una tendencia moderadamente descendente a partir de 1981 y en Hong Kong el descenso empezó en los años setenta. Al parecer, la diferencia se debe principalmente al hecho de que Singapur y Hong Kong son ciudades-Estado, sin un sector agropecuario importante y, por consiguiente, no experimentaron el paso del empleo agropecuario al sector manufacturero relacionado con la industrialización. No obstante, es probable que los cambios en la estructura del empleo que entraña la fase de desindustrialización sigan una tendencia semejante en todas esas economías.

Gráfico 24.Participación de las manufacturas en el empleo en algunas economías de Asia oriental

(Porcentaje)

Las economías más dinámicas de Asia oriental también han comenzado a desindustrializarse en los últimos años.

Como consecuencia de la continuación de la desindustrialización, el crecimiento global de la productividad dependerá cada vez más de la evolución del sector de los servicios. Con el tiempo, la razón entre el empleo en la industria manufacturera y el empleo en los servicios probablemente seguirá descendiendo, de modo que aún si el aumento de la productividad del sector manufacturero es grande, su impacto será menor sobre el aumento de la productividad global de la economía. Lo anterior podría indicar que la desregulación y la liberalización comercial en el sector de los servicios y el aumento de la inversión en educación y capacitación para aprovechar plenamente las nuevas tecnologías, podrían contribuir en forma muy positiva al crecimiento económico.

Es probable que la desindustrialización también tenga consecuencias sobre las relaciones industriales en las economías avanzadas. En particular, las posibilidades de llevar a cabo negociaciones colectivas salariales en forma centralizada probablemente cambiarán en el curso del tiempo. En las economías que se basan principalmente en los servicios, cada vez será más importante la adopción de mecanismos de remuneración que no sólo tengan en cuenta las grandes diferencias en aptitudes y productividad, sino también que ofrezcan incentivos para la acumulación de capital humano (recuadro 7).

Comercio y salarios

Los mercados laborales de las economías avanzadas se han caracterizado por un acusado aumento de la desigualdad, en algunos países, entre los trabajadores más calificados y los menos calificados, y en otros países por el aumento del desempleo entre los menos calificados. Esto ocurre independientemente de la forma en que se definan los niveles de calificación, ya sea en términos de educación, experiencia o clasificación de los empleos. La causa de esa evolución del mercado laboral podría ser el aumento de la oferta de trabajadores menos calificados en relación con los más calificados, o el aumento de la demanda relativa de trabajadores más calificados. De hecho, los ingresos relativos y las perspectivas de empleo de los trabajadores más calificados han mejorado, pese a que su oferta relativa ha aumentado. Si los mercados laborales funcionan libremente, los ingresos pueden aumentar con un aumento de la oferta, sólo cuando la demanda aumenta en una cifra superior. De hecho, la demanda laboral se ha reorientado hacia los trabajadores calificados en dos aspectos: primero, la demanda de trabajadores en las economías avanzadas se ha reorientado en las industrias, ya que ha bajado el producto de las industrias que más emplean trabajadores poco calificados y ha subido el de las industrias que optan por trabajadores más calificados. No obstante, el cambio más importante ha sido el de la demanda de aptitudes dentro de las industrias, a medida que las empresas optan por los trabajadores calificados en vez de trabajadores no calificados19. Esta reorientación de la demanda hacia los trabajadores más calificados ha incrementado sus salarios relativos.

Recuadro 7.La desindustrialización y el mercado laboral en Suecia

La desindustrialización plantea importantes desafíos institucionales a aquellos países avanzados que tradicionalmente tenían mecanismos centralizados de negociación salarial. En esos países, las relaciones industriales deberán ajustarse al hecho de que probablemente la estructura del empleo se desplace de las manufacturas a los servicios. El caso de Suecia constituye un buen ejemplo de la relación que existe entre la desindustrialización y las instituciones de negociación salarial y sus implicaciones sobre los resultados económicos.

El tradicional “modelo laboral sueco” tenía dos elementos principales. El primero era la combinación de la negociación salarial centralizada y una política explícita de reducir sustancialmente los diferenciales salariales. El otro era el papel preponderante asignado al sector de los bienes comerciados en la determinación de los salarios. Además del objetivo de reducir la desigualdad de los ingresos, la política de comprimir los diferenciales salariales aplicada durante los años sesenta y setenta tenía por finalidad promover cambios en la estructura industrial, pasando de las industrias de baja tecnología (en las que la política salarial reducía las utilidades) a industrias de alta tecnología (en las que las utilidades eran relativamente elevadas porque los trabajadores tenían limitada capacidad para negociar salarios altos). Esta política logró acelerar el cambio estructural en la industria sueca y contribuyó a las tasas de crecimiento relativamente elevadas registradas en los años sesenta y principios de los setenta. Al mismo tiempo, en un intento por mantener la competitividad internacional de la industria sueca, los aumentos salariales en el sector de bienes comerciados estaban restringidos por acuerdos celebrados entre las partes, en virtud de los cuales tales aumentos no serían superiores a la suma de la inflación de los precios internacionales y el incremento de la productividad en ese sector. En el sector de bienes no comerciados, los salarios eran fijados con miras a mantener una amplia paridad con el sector de bienes comerciados. Más recientemente, las negociaciones salariales en Suecia han pasado a ser menos centralizadas, se ha debilitado el papel central asignado al sector de bienes comerciados, y en consecuencia se ha producido un cierto aumento de los diferenciales salariales. No obstante, en Suecia las negociaciones salariales siguen siendo más centralizadas, y los diferenciales salariales mucho más comprimidos que en la mayor parte de las demás economías avanzadas.

El modelo sueco de relaciones industriales no contribuyó a mantener altas tasas de crecimiento en el período posterior a la crisis petrolera de principios de los años setenta. El menor ritmo de crecimiento fue más pronunciado en Suecia que en la mayor parte de las demás economías avanzadas durante el período. Si bien las razones del crecimiento relativamente lento de la productividad sueca a partir de mediados de los años setenta son multidimensionales (las influencias parecen haber incluido las menores perspectivas de equipararse con otros contextos y el rápido crecimiento del sector público), la estructura institucional del mercado laboral parece haber desempeñado un papel en este sentido. Una de las razones es que parecen haberse agotado, en gran medida, las posibilidades de lograr un rápido crecimiento de la productividad desplazando la producción de las actividades de baja tecnología a las de alta tecnología. Por ejemplo, los datos muestran que para mediados de los años setenta, la proporción de las pequeñas empresas había disminuido considerablemente1. En consecuencia, el aumento adicional de la productividad tuvo que lograrse a través de una mayor eficiencia de operación de las empresas. Para eso fue necesario crear mecanismos apropiados de incentivos para recompensar a los trabajadores por su esfuerzo, su habilidad y la acumulación de capital humano. La puesta en práctica de esos incentivos se habría traducido en una tendencia a la ampliación de los diferenciales salariales, pero a las empresas les resultaba difícil introducir tales incentivos y se resintió el crecimiento de la productividad2.

En la medida en que el problema del lento crecimiento de la productividad en Suecia está vinculado a la naturaleza de las instituciones de negociación salarial, es probable que se vea agravado por la desindustrialización. Como se señala en este capítulo, la participación del empleo en el sector manufacturero ha experimentado una disminución secular en todas las economías avanzadas, pero este proceso ha sido particularmente pronunciado en Suecia (véase el gráfico). La participación del empleo en el sector manufacturero de Suecia se redujo en forma acusada de alrededor del 33% a mediados de los años sesenta a aproximadamente un 17% en 1994. En la actualidad, más del 70% del empleo civil corresponde al sector de servicios, que incluye una significativa proporción en el empleo del sector público. Como en otras economías avanzadas, el sector sueco de servicios abarca una amplia diversidad de empleos. Algunos, como los servicios financieros, requieren habilidades relativamente especializadas, mientras que otros, como ciertos tipos de actividades minoristas, probablemente requieran menor capacidad. En el sector de servicios también se observan amplias variaciones en cuanto a la seguridad en el empleo. Por ejemplo, en general el empleo en los servicios públicos es mucho más seguro que en muchos servicios minoristas. Si bien tales diferencias existen sin duda dentro del sector de las manufacturas, en el sector de los servicios la diversidad de los empleos con toda seguridad es mayor que en las manufacturas.

Participación del empleo por sectores en el total del empleo civil

(Porcentaje)

En vista de la diversidad de las habilidades requeridas, los niveles de productividad y el valor agregado asociados al empleo en el sector de servicios, resulta particularmente importante que los esquemas de remuneración reflejen las diferencias en el tipo de trabajo. Es preciso contar con diferenciales salariales apropiados no sólo para compensar las diferencias en la intensidad del esfuerzo y las habilidades, sino también para ofrecer incentivos a la acumulación de capital humano y a la motivación, con el fin de estimular la productividad y el crecimiento económico. A medida que continúe la desindustrialización, el crecimiento de la productividad en toda la economía, y en consecuencia la elevación de los niveles de vida, estarán determinados cada vez en mayor medida por la evolución de la productividad en el sector de los servicios. En este contexto, se hace más importante proporcionar estructuras adecuadas de incentivos para incrementar la productividad en los servicios. Un sistema de negociaciones salaríales que se base en los requisitos de competitividad del sector de bienes comerciados, y que tienda a imponer salarios relativamente uniformes en los distintos sectores, probablemente no constituya un esquema laboral óptimo en una economía que se basa cada vez más en los servicios, cualquiera que haya sido su justificación en el pasado.

Si bien será preciso que todas las economías avanzadas reformen en diverso grado sus relaciones industriales para enfrentar el proceso de desindustrialización, la adaptación puede resultar mucho más severa en países como Suecia, en los que existe una tradición de negociaciones centralizadas. Otros países, como Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, y Noruega, donde la acción sindical ha promovido objetivos de política social, deben enfrentar desafíos similares de diversa magnitud. Este análisis no implica que los países como Suecia, que muestran una fuerte tradición de promover una distribución relativamente equitativa de los ingresos, deban abandonar completamente los objetivos igualitarios como consecuencia de la desindustrialización. Estos países, y los que siguen una filosofía social similar, deberán sin embargo replantear las políticas apropiadas para fomentar esos objetivos en tanto permiten que el mercado laboral responda ante los cambios estructurales que están produciéndose en la economía.

1 Se ha estimado que en 1986 las empresas que tenían como mínimo 500 empleados representaban el 60,5% del empleo total en Suecia, en comparación con un 30,4% del empleo total en el conjunto de la Unión Europea. En el otro extremo del espectro, las empresas con menos de 10 empleados representaban sólo el 9,5% del empleo total, cerca de la mitad de la proporción registrada en la Unión Europea. Véase un análisis más detallado de estas tendencias en Steven Davis y Magnus Henrekson, “Industrial Policy, Employer Size, and Economic Performance in Sweden”, NBER, documento de trabajo No. 5237 (Washington: National Bureau of Economic Research, agosto de 1995).2 En Ramana Ramaswamy, “The Structural Crisis in the Swedish Economy: Role of Labor Markets”, Staff Papers, vol. 41 (FMI, junio de 1994), págs. 367-79, puede verse un análisis más detallado de la relación que existe entre las instituciones del mercado laboral y el crecimiento de la productividad en Suecia.

En países donde los salarios se fijan en forma relativamente flexible en mercados laborales descentralizados, como en Estados Unidos y el Reino Unido, el descenso de la demanda relativa de mano de obra menos calificada se ha traducido en un aumento de la brecha entre los salarios de los trabajadores calificados y los no calificados, con un descenso de los salarios relativos de los trabajadores no calificados. En Estados Unidos, los salarios de los trabajadores menos calificados, ajustados en función de la inflación, han descendido en cifras absolutas desde principios de los años setenta20. Este aumento de la desigualdad de los salarios puede observarse en el gráfico 25, que indica que en Estados Unidos y el Reino Unido los ingresos de los trabajadores de mayores ingresos (los que se encuentran ubicados en el noveno decil de la distribución de ingresos) aumentaron acusadamente en relación con los ingresos de los trabajadores ubicados en la mitad (el quinto decil), en tanto que los ingresos de los trabajadores de bajo ingreso (el primer decil) disminuyeron en relación con los que se encuentran en la mitad.

Gráfico 25.Variación de las proporciones entre los deciles de ingreso en algunas economías avanzadas1

(Variaciones entre 1980 y 1994; salvo indicación contraria)

La desigualdad de los salarios ha aumentado significativamente en algunos países, especialmente en el Reino Unido y en Estados Unidos.

1 Los datos se basan en los ingresos brutos por hora o en los ingresos brutos de los trabajadores de jornada laboral normal durante un año completo, salvo en el caso de Austria, que incluyen a los trabajadores de jornada parcial.

2D9, D5 y D1 se refieren a los límites superiores de los deciles noveno, quinto y primero, respectivamente. D5 equivale, por ende, a la mediana de la distribución.

En otros países industriales, la demanda laboral también ha evolucionado en favor de los trabajadores más calificados desde principios de los años ochenta, aunque con un efecto diferente sobre la estructura de los salarios. Australia, Austria, Canadá, Japón y Suecia han registrado un aumento moderado de las diferencias salariales, en tanto que Bélgica ha experimentado una reducción de las diferencias. Los países que han registrado los menores aumentos de la desigualdad de los ingresos, como Alemania y otros países europeos, han registrado en cambio una elevación de las tasas de desempleo de los trabajadores menos calificados, en vista de que la combinación de salarios relativamente rígidos (a menudo fijados en mercados laborales centralizados) y las políticas gubernamentales explícitas ha puesto límite al descenso de los salarios (gráfico 26)21.

Gráfico 26.Tasas de desempleo en algunas economías avanzadas

(Porcentaje)

Desde principios de los años ochenta hubo una fuerte disparidad entre las tasas de desempleo de Europa y las de Estados Unidos.

Reacción de los salarios ante la competencia de las importaciones

A menudo se afirma que una mayor globalización es la principal causa del descenso de los salarios relativos y del empleo de los trabajadores menos calificados en las economías avanzadas. Quizás el aspecto más visible de esta supuesta relación consiste en averiguar si el aumento del comercio internacional, sobre todo con países en desarrollo de bajos salarios, ha contribuido al descenso de los salarios y del empleo.

En principio, el canal a través del cual el comercio internacional podría afectar a los salarios es directo. La competencia de productos importados de bajo costo modifica las oportunidades de obtener utilidades para las empresas de las economías avanzadas. Las empresas reaccionan mediante una reorientación de los recursos hacia industrias en las que ha aumentado la rentabilidad. Las corrientes de comercio dan lugar, por ende, a cambios en la demanda de factores en el interior de los países. Por lo tanto, la competencia de productos importados de países en los que se elaboran con un uso intensivo de mano de obra no calificada tenderá a reducir los precios de dichos productos y la rentabilidad de su producción en relación con los precios y la rentabilidad de productos elaborados con un uso intensivo de mano de obra calificada, de modo que las empresas nacionales reorientarán la producción hacia estos últimos. Siendo fija la oferta de los factores de la producción, lo anterior entraña una variación de sus precios y sobre todo un descenso relativo de los ingresos de los trabajadores no calificados22. El factor importante en este canal de trasmisión del comercio a los salarios no es tanto el volumen de los bienes que fluyen entre los países sino el precio al que se comercian.

El asunto es. pues, de carácter empírico: ¿han cambiado efectivamente los precios de los productos en las economías avanzadas en forma consecuente con la idea de que la competencia de las importaciones ha reducido los ingresos relativos de la mano de obra no calificada? Es decir, ¿han descendido los precios de los productos que compiten con los importados y que hacen uso intensivo de mano de obra no calificada en relación con los precios de los productos que hacen uso intensivo de mano de obra calificada? En caso afirmativo, el comercio podría haber contribuido al aumento de la desigualdad de los ingresos. Pero antes de afirmar que el comercio ha sido la principal causa, es necesario demostrar que la variación de los precios de los productos se debe principalmente al comercio y no a otras influencias.

Efectivamente, existen pocas pruebas de que los precios de los productos en los países industriales han evolucionado de un modo que confirme esa relación. En el caso de las industrias manufactureras de los países industriales en los años ochenta y noventa, los precios de los bienes elaborados utilizando mano de obra relativamente más calificada han descendido en relación con los precios de los bienes elaborados utilizando mano de obra relativamente menos calificada23 e incluso después de considerar los efectos del progreso tecnológico sobre los precios relativos, la variación de los precios relativos atribuible al comercio internacional ha sido más favorable a los bienes elaborados con mano de obra poco calificada24.

Del mismo modo en que los datos indican que los productos importados no han reducido los precios relativos de los bienes elaborados con mano de obra no calificada. también indican que el efecto del comercio internacional sobre los salarios y el empleo de los países industriales ha sido pequeño25. En lo que respecta a Estados Unidos, se ha concluido que la variación de los precios de los productos importados apenas ha tenido un efecto pequeño sobre los salarios y el empleo. En Alemania. Francia. Italia y el Reino Unido no se ha observado una tendencia sistemática de los efectos de la competencia de los productos importados sobre los salarios y el empleo. En Alemania, las importaciones procedentes de los países en desarrollo al parecer sí han producido un efecto negativo sobre los salarios y el empleo, pero éste parece haber sido de poca monta. En Italia y el Reino Unido, sin embargo, los productos importados de países en desarrollo no han tenido repercusiones estadísticamente significativas sobre los salarios o el empleo, pero los productos importados de otros países industriales ejercen una influencia más importante.

No resulta extraño que los efectos de los productos importados de los países en desarrollo sobre los mercados internos de productos y mano de obra de los países industriales hayan sido, al parecer, pequeños en vista de la magnitud relativa de su participación de las importaciones. Pese a la creciente importancia de los países en desarrollo en la economía mundial, los productos importados de esos países representan entre el 20% y el 40% del total de las importaciones de mercancías de las economías avanzadas, lo que equivale a un porcentaje que fluctúa entre el 3% y el 8% del producto total. Los productos importados de países de bajos salarios simplemente no son tan importantes para la mayoría de las economías avanzadas, ni por su cantidad ni por su impacto sobre los precios internos. Es muy probable, por lo tanto, que sólo se pueda atribuir una pequeña parte del aumento de la dispersión de los salarios y de la reorientación de la demanda hacia los trabajadores altamente calificados al aumento del comercio con los países en desarrollo26. Obviamente, para los trabajadores afectados, es decir, los que se encuentran en la parte más baja de la distribución de ingresos, los efectos serán, de todos modos, significativos, y los efectos globales del comercio sobre los salarios y el empleo no son nulos, pero sí son significativamente menores que otras influencias. Por lo tanto, las estimaciones del aumento de la dispersión de los salarios registrado en los países industriales en los años ochenta y noventa que puede atribuirse al comercio fluctúan entre cero y un tercio, siendo los resultados más convincentes los que fluctúan alrededor de un 10% a un 20%. El aumento de la desigualdad de los salarios en los años ochenta y noventa parece haberse originado principalmente en los adelantos tecnológicos que favorecen a la mano de obra calificada y no tanto en la competencia de los productos importados de bajo precio27.

Movilidad del capital y mercados laborales

Los salarios también pueden depender de los movimientos del capital y de la mano de obra. En varias economías avanzadas se han expresado temores de que las salidas de capital—sobre todo la inversión directa extranjera, la “exportación” de empleos y la subcontratación de servicios por parte de las empresas nacionales—han reducido los salarios y el empleo nacionales. Por ejemplo, el fenómeno de “Standortwettbewerb” (competencia geográfica) en virtud del cual las empresas alemanas han incrementado la subcontratación de la producción en los últimos años, sobre todo en países de Europa oriental, ha recibido mucha atención de la opinión pública. Obviamente se puede remplazar la producción nacional mediante la producción y la creación de puestos de trabajo en el extranjero, dependiendo de los costos relativos, la competitividad. el acceso al mercado y otros factores. No obstante, los escasos datos de que se dispone hasta el momento sobre los efectos de la subcontratación en los mercados laborales de las economías avanzadas indican que los trabajadores del país de la casa matriz y los trabajadores empleados en las filiales extranjeras no se sustituyen plenamente entre sí en los procesos de producción o incluso podrían ser complementarios, de modo que el empleo tiende a aumentar o a descender al mismo ritmo en la casa matriz y en las filiales. En todo caso, si bien pueden haber ocurrido algunos efectos negativos en ciertas industrias, no parece que las empresas hayan sustituido trabajadores nacionales por extranjeros en grandes números28.

Otro efecto podría ser el hecho de que, con el aumento de la movilidad del capital, se puede incrementar el grado en que los trabajadores deben cargar con los costos del ajuste frente a las perturbaciones de la relación de intercambio. El aumento de la movilidad del capital reduce la gama de variación de la rentabilidad del capital dentro de un país, puesto que a medida que un país abre sus mercados de capital al resto del mundo, las tasas de rentabilidad ajustadas en función del riesgo se equiparan más con las tasas “mundiales”. Los efectos que produce la variación de la relación de intercambio no pueden, por consiguiente, ser absorbidos por todos los factores de producción, de modo que la mano de obra, más calificada y menos calificada, debe absorber una mayor parte del impacto de la variación de precios de los productos. El aumento de la movilidad del capital puede, por consiguiente, traducirse en un aumento de la inestabilidad de los salarios ante las conmociones externas, lo que podría originar una mayor dispersión de salarios si los de los trabajadores poco calificados se ajustan a la baja más rápidamente que los de los trabajadores altamente calificados. En países (como los de Europa) en que las variaciones de la rentabilidad del capital están muy limitadas debido a la movilidad del capital y los salarios de los trabajadores poco calificados prácticamente no bajan en cifras reales debido a rigideces estructurales, el impacto de las perturbaciones de la relación de intercambio tenderá a recaer sobre el número de trabajadores empleados y no sobre los salarios. El aumento de la movilidad del capital podría, por lo tanto, acrecentar los efectos de las conmociones externas sobre el desempleo.

Inmigración y salarios

En los últimos años, algunas economías avanzadas han recibido un número cada vez mayor de trabajadores poco calificados oriundos del extranjero, lo que ha suscitado temores sobre los posibles efectos negativos de la inmigración sobre los salarios y las perspectivas de trabajo de los trabajadores nacionales poco calificados. Los estudios empíricos, sin embargo, permiten concluir que los efectos de la inmigración de trabajadores poco calificados sobre los salarios y el empleo en las economías avanzadas en general son muy pequeños. aunque podrían ser mayores en ciertas regiones29. Como reflejo de las diferencias en los mercados laborales a ambos lados del Atlántico, la inmigración a los países de Europa comúnmente ha originado un aumento del desempleo en tanto que la inmigración a Estados Unidos afecta los salarios. Además, las rigideces de los mercados laborales europeos limitan la velocidad del ajuste ante fenómenos como la migración y la competencia de productos importados, de modo que los efectos negativos quizá tienden a durar más que en Estados Unidos. En ambos casos, el efecto de la inmigración de trabajadores poco calificados es más pronunciado sobre los trabajadores poco calificados, mientras que los salarios y el empleo de los trabajadores altamente calificados efectivamente aumentan.

La inmigración también puede dar origen a un mayor crecimiento, sobre todo si, como en el caso de la reciente llegada a Israel de inmigrantes altamente calificados de la antigua Unión Soviética, trae consigo capital humano que contrarresta el descenso inicial inherente del acervo de capital físico per cápita. En este caso, la inmigración tiene el potencial de generar un aumento de la inversión en la medida en que los mayores niveles de capital humano eleven la rentabilidad del capital físico. Por consiguiente, cabría prever que el crecimiento de la inversión ocasione un aumento de los salarios y del producto. No obstante, en los últimos años, los inmigrantes que llegaron a la mayoría de las economías avanzadas tenían, en promedio, un nivel más bajo de aptitudes que los ciudadanos locales, lo que parece indicar que los efectos de crecimiento a nivel de toda la economía ocasionados por los recientes flujos de inmigración no serán tan inmediatos.

Medidas gubernamentales de política ante la globalización

En muchas economías avanzadas existen temores frente al aumento de la globalización suscitados por la creencia común de que ésta perjudica los intereses de los trabajadores, sobre todo de los no calificados, ya sea directamente mediante la inmigración o indirectamente a través del comercio exterior y las salidas de capital. En el caso particular del comercio, estas creencias parecen reñir con los datos que indican que la competencia de los productos importados, en general, solamente ha tenido efectos pequeños sobre los salarios. el empleo y la desigualdad de los ingresos en las economías avanzadas.

Una explicación de ello es que, pese a que las economías avanzadas en su conjunto se benefician de una mayor integración económica, los beneficios comúnmente se distribuyen en forma desigual en el interior de los países, y los que se perjudican probablemente tengan que pagar los costos del ajuste y experimenten una dislocación social. Si bien los rectores de la política económica podrían optar por desaprovechar algunos beneficios de la globalización con el fin de mejorar el bienestar de determinados grupos, por ejemplo, los productores de ciertos sectores o los trabajadores menos calificados, las restricciones a las corrientes de comercio y los movimientos de capital constituyen una opción secundaria en comparación con medidas que compensen directamente a quienes no participan de los beneficios de la globalización. Las políticas que tratan de limitar o retrasar los efectos de la globalización reducirán sus ventajas, que se traducen en precios más bajos para los productos importados, así como aumento de los flujos de capital y de la innovación tecnológica en todos los países. En vez de tratar de limitar la globalización, las medidas de política económica más indicadas son remediar las rigideces estructurales que impiden que los mercados laborales se ajusten ante los cambios tecnológicos o la competencia externa. Para ello, la educación y la capacitación resultan esenciales, ya que constituyen un medio importante de actualización de las aptitudes de los trabajadores de las economías avanzadas que les permitirá satisfacer las demandas de una economía mundial en constante transformación. Asimismo, es importante que estén funcionando redes de protección social bien enfocadas y económicas que ofrezcan asistencia a las personas desplazadas y eviten su marginalización30. Dichas redes de protección social no deben, sin embargo, reducir los incentivos para que los trabajadores y las empresas efectúen los ajustes que exige la transformación del entorno económico y que constituyen una parte esencial e inevitable del progreso económico.

Integración de los mercados de capitales y repercusiones sobre la política económica

La creciente dependencia que existe entre los mercados financieros de los países ha modificado significativamente el entorno de aplicación de la política monetaria y fiscal. En la presente sección se exploran algunas de las repercusiones sobre la autonomía de los países, entre ellas la aplicación y la trasmisión de la política monetaria, la aplicación de la política fiscal, y las consecuencias sobre la competencia y los regímenes tributarios.

Flujos de capital y tasas de interés

A principios de los años setenta empezaron a desmantelarse las restricciones relativamente rígidas que aún existían para la circulación del capital en muchos países industriales. El proceso de liberalización fue gradual y se extendió hasta muy entrada esta década. La eliminación de los controles de capital y de cambios coincidió con un intenso período de desregulación de los mercados financieros nacionales y de grandes innovaciones financieras. La liberalización de los mercados financieros, el descenso de los costos de transacción y la aparición de nuevos instrumentos financieros, originaron un gran aumento de las transacciones financieras transfronterizas31.

Los flujos brutos de capital han aumentado enormemente desde principios de los años setenta y sobre todo en el decenio anterior. Por ejemplo, las transacciones transfronterizas en bonos y participaciones de capital efectuadas en los principales países adelantados equivalían a menos del 10% del PIB en 1980 pero en 1995 se encontraban, por lo general, a un nivel muy superior al 100% del PIB (cuadro 13). Los flujos brutos de inversión de cartera y de inversión directa extranjera en los países adelantados aumentaron a más del triple entre el primer quinquenio de los años ochenta y el primer quinquenio de los noventa (cuadro 14). Los flujos de inversión directa extranjera corresponden principalmente a la expansión de las actividades internacionales de las empresas multinacionales, de modo que el auge de la inversión directa extranjera es un reflejo de la globalización de los negocios que ha tenido lugar en los últimos años. A nivel mundial, los flujos de inversión directa extranjera empezaron a aumentar aceleradamente a mediados de los años ochenta, con un aumento de más del cuádruple en el total de inversión directa originada en los países industriales entre 1984 y 1990 (gráfico 27). En 1990-92, la inversión directa extranjera bajó a raíz de la desaceleración del crecimiento de los países industriales, pero después se reactivó vigorosamente. Hay tres factores que han contribuido a la expansión reciente: la inversión directa extranjera ya no se limita a las grandes empresas, pues un creciente número de empresas se han convertido en multinacionales; ha aumentado la diversidad sectorial de la inversión directa extranjera, con un acusado aumento de la participación del sector de los servicios, y ha crecido considerablemente el número de países que invierten en otros países o que reciben inversión directa extranjera de otros países32. Irlanda ofrece un ejemplo reciente de los beneficios que produce la inversión directa extranjera en el país receptor (recuadro 8).

Gráfico 27.Salidas de inversión directa extranjera de algunas economías avanzadas1

Los flujos de inversión directa extranjera han constituido un elemento importante de la globalización.

1 Los países incluidos son Alemania. Bélgica. Canadá. Estados Unidos, Francia. Italia, Japón, los Países Bajos, el Reino Unido. Suecia y Suiza. Estos países representan más del 80% del volumen total de inversión directa extranjera efectuada en otros países. Los datos correspondientes al período anterior a 1971 no incluyen a Alemania; en el período anterior a 1975, Francia y Bélgica; en el período anterior a 1977, Japón, y en el período anterior a 1983, Suiza.

Cuadro 13.Transacciones transfronterizas en bonos y participaciones de capital1(Porcentaje del PIB)
19701975198019851990199519962
Estados Unidos2,84,29,035,189.0135,3151.5
Japón31,57,763,0120,065,182,8
Alemania3,35,17,533,457,3169,4196,8
Francia8,4421,453,6179,6229,2
Italia0.91,14,026,6252,8435,4
Reino Unido367,5690,1
Canadá5,73,39,626,764,4194,5234,8
Fuente: Banco de Pagos Internacionales (BPI).

Compras y ventas brutas de valores entre residentes y no residentes.

Enero a septiembre.

Los datos correspondientes a 1996 se basan en las liquidaciones.

Esta cifra corresponde a 1982.

Fuente: Banco de Pagos Internacionales (BPI).

Compras y ventas brutas de valores entre residentes y no residentes.

Enero a septiembre.

Los datos correspondientes a 1996 se basan en las liquidaciones.

Esta cifra corresponde a 1982.

Cuadro 14.Inversión directa extranjera bruta más inversión de cartera1(Porcentaje del PIB)
1970-741975-791980-841985-891990-95
Alemania1,21,31,75,26,3
Bélgica-Luxemburgo3,45,114,341,52
Canadá1,73,43,66,17,2
Dinamarca0,60,93,57,2
España0,71,23,16,7
Estados Unidos1,01,51,42,93,3
Francia1,32,14,17,2
Italia0,90,30,61,75,7
Japón0,62,65,93,7
Noruega5,60,46,62,1
Países Bajos7,34,76,010,911,1
Portugal0,41,03,66,3
Suecia1,01,21,75,07,0
Suiza4,59,414,712,8
Reino Unido3,64,05,414,411,9

Suma del valor absoluto de las entradas y salidas de inversión directa extranjera y de la inversión de cartera.

Esta cifra corresponde al período 1990-94.

Suma del valor absoluto de las entradas y salidas de inversión directa extranjera y de la inversión de cartera.

Esta cifra corresponde al período 1990-94.

Como quiera que se le mida, el volumen de las transacciones financieras internacionales ha sido extraordinario. Para destacar una medida adicional, que es particularmente importante para la capacidad de las autoridades monetarias de influir sobre los tipos de cambio a través de la intervención oficial, el volumen promedio de operaciones del mercado de divisas ha crecido de tal modo que de unos $200.000 millones a mediados de los años ochenta pasó a alrededor de $1,2 billones, lo que equivale a aproximadamente el 85% de las reservas de divisas de todos los países (cuadro 15).

Cuadro 15.Operaciones en divisas(Miles de millones de dólares de EE.UU.; porcentaje)
1986198919921995
Volumen mundial estimado11885908201190
Como porcentaje de:
Exportación mundial de bienes y servicios7,415,817,419,1
Reservas totales, excluido el oro (todos los países)36,775,986,084,3
Fuentes: Banco de Pagos Internacionales y Fondo Monetario Internacional.

Volumen diario medio de transacciones al contado, directas a término y de swap de divisas, ajustadas para compensar la doble contabilización local y transfronteriza y las brechas de declaración estimadas.

Las cifras se basan en encuestas de las actividades realizadas en los tres centros bursátiles más grandes (Londres, Nueva York y Tokio) en 1986, y las bolsas de valores de 21 países en 1989 y 26 países en 1992 y 1995. Los mercados bursátiles de Londres, Nueva York y Tokio representaban el 57%del volumen mundial de operaciones en 1989, el 54% en 1992 y el 56% en 1995.
Fuentes: Banco de Pagos Internacionales y Fondo Monetario Internacional.

Volumen diario medio de transacciones al contado, directas a término y de swap de divisas, ajustadas para compensar la doble contabilización local y transfronteriza y las brechas de declaración estimadas.

Las cifras se basan en encuestas de las actividades realizadas en los tres centros bursátiles más grandes (Londres, Nueva York y Tokio) en 1986, y las bolsas de valores de 21 países en 1989 y 26 países en 1992 y 1995. Los mercados bursátiles de Londres, Nueva York y Tokio representaban el 57%del volumen mundial de operaciones en 1989, el 54% en 1992 y el 56% en 1995.

No obstante, el grado de integración del mercado de capitales es mucho más limitado de lo que a primera vista se desprende de las cifras correspondientes a los flujos brutos. Primero, es interesante señalar que los flujos netos de capitales internacionales no presentan el crecimiento explosivo de los flujos brutos. Los desequilibrios de la cuenta corriente de las economías avanzadas siguen siendo bastante pequeños, ya sea como porcentaje del PIB o en comparación con los niveles registrados en los años anteriores a 1914, época en que se utilizaba el patrón oro (véase el anexo). En los años noventa, el valor absoluto promedio de los desequilibrios en cuenta corriente de las economías avanzadas en relación con el PIB ha fluctuado alrededor del 2%. En cuanto a las corrientes de inversión directa extranjera, si bien la inversión directa originada en las principales economías avanzadas ha aumentado a un ritmo dos veces más rápido que el producto, aún sigue siendo una parte pequeña de la inversión nacional (véase el gráfico 27). Además, los datos empíricos indican que la inversión nacional se financia principalmente con el ahorro interno. Lo anterior ha sido interpretado en muchos círculos como una indicación de que la movilidad internacional del capital es baja33. En otros círculos se ha aducido, sin embargo, que la elevada correlación observada entre el ahorro interno y las tasas de inversión no tiene que ser incompatible con un alto grado de movilidad del capital si, entre otras cosas, los mercados de bienes están integrados en forma imperfecta, ni si los países fijan metas de la cuenta corriente o los activos financieros y reales no son sustitutos perfectos34.

De todos modos, el grado de integración de los mercados financieros no puede medirse únicamente en función del volumen de los flujos de capital. De hecho, los mercados financieros internacionales podrían estar muy integrados o incluso perfectamente integrados, con un ajuste de los precios de los activos cuando se prevé que se producirán flujos de capitales, pero en realidad no se producen flujos de arbitraje, o éstos son pocos. Para evaluar el grado de integración del mercado financiero, también hay que definir hasta qué grado se equiparan los precios de los activos.

Lo anterior se puede realizar a diversos niveles: En un nivel, la integración de los mercados financieros internacionales requiere que se equipare la rentabilidad en el país y en el extranjero de instrumentos iguales denominados en la misma moneda. Como no existe riesgo cambiado, la diferencia en las rentabilidades sólo puede atribuirse a los costos de transacción e información y a los obstáculos para la movilidad, como los controles de capital, el riesgo político y el riesgo de incumplimiento. A raíz del acelerado descenso de los costos de transacción y la eliminación de los controles de capital, el diferencial entre las tasas de interés en el país y en el extranjero ha descendido acusadamente en los últimos quince años y en la actualidad es ínfimo entre la mayoría de las economías avanzadas, lo que parece indicar que existe un grado muy alto de integración.

La tendencia a una mayor integración también se observa en la disminución de las desviaciones con respecto a la paridad de los intereses con cobertura cambiaria35. Con la fuerte reducción de las barreras entre los mercados nacionales, la falta de obstáculos a los flujos de arbitraje potenciales entre los mercados nacionales y la eliminación del riesgo cambiario gracias a la cobertura a término, las desviaciones promedio con respecto a dicha paridad han disminuido mucho36. La disparidad frente a la paridad de las tasas de interés a corto plazo de los países descendió a principios del decenio de 1980 debido a la desregulación financiera y la liberalización de los movimientos de capital que emprendieron muchos países (gráfico 28). Desde entonces, la dispersión parece haberse estabilizado a un nivel más bajo, exceptuando los aumentos temporales relacionados con grandes conmociones, como la crisis del Sistema Monetario Europeo (SME) de 1992.

Gráfico 28.Dispersión de los diferenciales de los intereses con cobertura cambiaria en algunas economías avanzadas1

(Porcentaje anual; tasas a tres meses)

Las divergencias en la paridad de los intereses con cobertura cambiaria se redujeron en los años ochenta a medida que aumentó la integración de los mercados financieros.

1 Desviación estándar del diferencial de los intereses con cobertura entre las tasas a tres meses de Estados Unidos y las tasas correspondientes cuya rentabilidad en dólares tiene cobertura en el mercado cambiario a término. En el panel inferior del gráfico, el diferencial se calcula con respecto a las tasas a tres meses de Alemania. Europa comprende a Alemania. Francia. Italia, los Países Bajos, el Reino Unido y Suiza. Los datos corresponden a promedios mensuales.

Recuadro 8.La evolución económica de Irlanda

Durante los años noventa Irlanda ha sido una de las economías de más rápido crecimiento de la Unión Europea (UE). El crecimiento ascendió a alrededor del 10% en 1995 y la inflación se mantuvo muy por debajo del promedio de la UE. Estos resultados económicos favorables—que pueden compararse con los de los países asiáticos recientemente industrializados—ha acelerado la convergencia de Irlanda hacia el nivel promedio del ingreso per cápita en la UE (véase el gráfico contiguo). Este es un notable resultado de la disciplina financiera, la mayor competitividad internacional, las políticas orientadas al exterior en la atracción de inversiones en actividades de rápido crecimiento, la existencia de una fuerza laboral calificada y en expansión, y las sustanciales transferencias de la UE.

En contraste con el período reciente, el comienzo de los años ochenta se caracterizó por el rápido incremento de la deuda pública, un modesto crecimiento económico y una inflación más elevada. Los déficit presupuestarios de dos dígitos (como porcentaje del PIB) incrementaron la razón deuda/PIB a casi un 120% en 1987 (véase el gráfico inferior). Las tasas de interés reales continuaron elevadas, agravando la creciente carga de la deuda. Reconociendo que la economía se hallaba al borde de un precipicio financiero, las autoridades se fijaron metas para lograr una marcada reducción del déficit. El cumplimiento de las metas fijadas en materia de déficit—alcanzadas principalmente mediante la contención de los gastos—combinado con una política monetaria orientada hacia la estabilidad de los precios y el ancla cambiaria ofrecida por el MAC, sentaron una sólida base para la recuperación económica de los años noventa. Este cambio en los resultados económicos ha colocado a Irlanda en una posición favorable para convertirse en uno de los miembros iniciales de la planeada Unión Económica y Monetaria (UEM).

Irlanda: Saldo presupuestario y deuda del gobierno general

(Porcentaje del PIB)

PIB per cápita

(Dólares de EE.UU. de 1987: en términos de la paridad del poder adquisitivo)

A principios de los años noventa, la demanda interna se vio deprimida por la debilidad de la demanda de consumo y la marcada contracción de las inversiones. Durante este período, la principal fuente de crecimiento de la economía fue el sector de exportación de alta tecnología, mayormente de propiedad extranjera, que se expandió durante el trienio 1990-93 a una tasa anual del 9½%. El notable incremento de la productividad laboral irlandesa en relación con sus socios comerciales se tradujo en una constante reducción del costo unitario de la mano de obra. A su vez, la depreciación efectiva real resultante de la libra irlandesa estimuló el sector de exportaciones (véase el gráfico superior). En 1994—96, sin embargo, el crecimiento global repuntó, alcanzando un promedio de alrededor del 8%. Varios factores contribuyeron a este notable incremento de la actividad económica. En primer lugar, la disminución de las tasas de interés y la mayor confianza de los consumidores provocaron un repunte de la demanda interna en comparación con los niveles de principios de los años noventa. En segundo lugar, la política fiscal restringió la demanda interna. En tercer lugar, y lo que es más importante, el entorno externo más favorable, combinado con el incremento de la competitividad asociado con una mayor productividad, contribuyó al comportamiento aún más satisfactorio de las exportaciones. Durante 1994—96, los ingresos provenientes de la exportación de bienes y servicios aumentaron a una tasa anual de un 15%, impulsados por los sectores de manufacturas de alta tecnología.

Irlanda: Indicadores de competitividad

(1980 = 100)

1Basado en el Índice de precios al consumidor.

2Basado en los costos unitarios normalizados de la mano de obra.

Las exportaciones han desempeñado un significativo papel, respaldando y estimulando el crecimiento de Irlanda, como reflejo de los sustanciales cambios que se han producido en el sector de las manufacturas. El producto y la productividad del sector han aumentado principalmente debido a la creciente importancia de la inversión extranjera directa en varios sectores dinámicos de alta tecnología, que incluyen equipos de oficina, ingeniería eléctrica, ingeniería de instrumentos y productos farmacéuticos. Como resultado, el sector manufacturero irlandés comprende dos partes bien diferenciadas: un sector moderno, orientado hacia la exportación, eficiente y dominado por grandes empresas de propiedad extranjera, y un sector tradicional, que tiende a ser menos dinámico y a producir mayormente para el mercado interno. La creciente importancia del sector manufacturero moderno se debe en parte a las políticas destinadas a atraer inversiones extranjeras directas. Las empresas manufactureras nacionales y extranjeras y ciertos servicios financieros internacionales están sujetos a una tasa tributaria preferencial. Además, como en otras partes, muchas empresas pueden obtener financiamiento para sufragar los costos iniciales de operación y los gastos de investigación y desarrollo. La fuerza laboral irlandesa cada vez más calificada, y la adhesión del país a la UE también son factores que han contribuido a la atracción de inversiones extranjeras—principalmente de Estados Unidos y Japón—y al incremento de la competitividad del sector manufacturero moderno.

Transferencias netas de la UE(Porcentaje del PNB)
1990199119921993199419951996
FEOGA5,35,34,24,63,83,43,7
Fondos estructurales11,93,43,33,42,22,62,3
Contribuciones a la UE1,21,41,31,61,71,61,3
Transferencias netas de la UE6,07,36,26,44,44,44,6
Fuente: Ministerio de Hacienda, Budget, diversos años.

Incluye pagos realizados en el marco del FEOGA, el Fondo Social Europeo, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo de Cohesión y fondos varios.

Fuente: Ministerio de Hacienda, Budget, diversos años.

Incluye pagos realizados en el marco del FEOGA, el Fondo Social Europeo, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo de Cohesión y fondos varios.

Las transferencias netas de la UE—que en 1996 decrecieron en un 4½%, en comparación con el nivel máximo alcanzado a principios de los años noventa—también han contribuido a los resultados económicos favorables de Irlanda (véase el cuadro de la página anterior). Las transferencias de fondos estructurales a Irlanda, que alcanzaron un 2¼% del PNB en 1996, han respaldado la inversión pública, especialmente en infraestructura, capacitación y educación. La disponibilidad de tales fondos está dada por la comparación entre el ingreso per cápita de Irlanda y el promedio de la UE. Con el mejoramiento del ingreso per cápita podrían reducirse las transferencias de fondos estructurales a partir de 1999, cuando finalizará el actual programa de transferencias. Sin embargo, ha obtenido más recursos en forma de subsidios recibidos en el marco de la Política Agrícola Común (PAC) a través del Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA). Estos pagos se basan principalmente en los precios y en el producto agrícola en Irlanda. A más largo plazo, una ulterior reforma de la PAC, que probablemente será necesaria por la expansión de la UE, se traduciría en una reducción de tales transferencias.

El vigoroso y amplio crecimiento experimentado por Irlanda durante 1994—96 contribuyó al incremento sin precedentes del ritmo de creación de puestos de trabajo, que hizo que el empleo creciera a una tasa anual de cerca del 4%. principalmente en el sector de servicios. El desempleo se redujo del 16½% en 1993 al 12% en 1996, porcentaje que todavía es superior en un punto porcentual al promedio de la UE. El desempleo a largo plazo—que afecta principalmente a los trabajadores no calificados y representa alrededor de la mitad del desempleo total—sigue siendo un importante problema, aunque los recientes programas de empleo destinados a incrementar el atractivo de la contratación de los desempleados a largo plazo parecen tener buenas perspectivas.

Las posibilidades de nuevos incrementos en la productividad, derivadas del constante mejoramiento de las habilidades de la fuerza laboral, el aumento relativamente rápido de la población económicamente activa (debido a los factores demográficos, las crecientes tasas de participación de las mujeres y al regreso de trabajadores irlandeses del exterior), y las nuevas inversiones extranjeras directas indican que posiblemente el producto potencial crezca a una tasa de alrededor del 4% al 5% anual. Ello permitiría a Irlanda continuar equiparando sus niveles de vida con el promedio del resto de Europa, si bien quizá a un ritmo más lento que en los últimos años.

Aún con una movilidad perfecta del capital y sin costos de transacción, las tasas de interés nominales internas pueden variar debido a las “primas cambiarias”, que comprenden las variaciones previstas del tipo de cambio y las primas por riesgo. En el caso de los países que mantienen tipos de cambio fijos, sin embargo, cabe prever que convergerán las tasas de interés nominales. Efectivamente, la dispersión entre las tasas de interés internas a corto plazo y las tasas de interés del Euromercado a corto plazo tendió a disminuir en los países europeos durante los años ochenta, y la tendencia se interrumpió a raíz de la inestabilidad del mercado cambiario en 1992 y la salida del MAC de algunas de las principales monedas europeas (gráfico 29). No resulta extraño que, dada la flexibilidad de sus tipos de cambio, es más difícil detectar una acusada tendencia a la convergencia de las tasas de interés de los tres principales países industriales. Las pruebas de paridad de los intereses sin cobertura cambiaria generalmente han revelado que no hay convergencia y que los activos denominados en monedas diferentes son sustitutos imperfectos37. Se ha observado que las primas de riesgo cambiario y los errores sistemáticos en la predicción de los tipos de cambio, ambos variables con el tiempo, causan desviaciones en la paridad de intereses sin cobertura cambiaria38.

Gráfico 29.Media y dispersión de las tasas de interés nominales a corto plazo en algunas economías avanzadas1

(Porcentaje anual; tasas a tres meses)

La dispersión de las tasas de interés nominales a corto plazo bajó en las economías europeas en los años ochenta.

1 La dispersión se define como la desviación estándar con respecto a la media de todos los países respectivos. Las economías europeas comprenden a Alemania. Francia. Italia, los Países Bajos, el Reino Unido y Suiza; las tres economías avanzadas principales son Estados Unidos, Japón y Alemania. Los datos corresponden a promedios mensuales.

Un mayor nivel de integración requiere una equiparación de los flujos de capital con las tasas de interés reales de los países. La paridad de las tasas de interés reales es una condición más estricta que la paridad de intereses sin cobertura ya que exige que las variaciones previstas de los tipos de cambio dependan también de los diferenciales de inflación previstos. Por lo tanto, hace falta también una estrecha integración de los mercados de bienes. De hecho, los tipos de cambio nominales se han alejado considerablemente de las predicciones de paridad del poder adquisitivo (PPA), sobre todo a corto plazo. La tendencia a que se produzca una PPA relativa sólo se produce en períodos largos (gráfico 30). La dispersión de las tasas de interés reales a corto plazo disminuyó en los años ochenta, pero aumentó a principios de los noventa a raíz de varias conmociones, sobre todo la reunificación de Alemania y las crisis del SME (gráfico 31)39.

Gráfico 30.Variación del tipo de cambio frente al dólar de EE.UU. y diferencial de inflación en las economías avanzadas

Las desviaciones con respecto a la PPA relativa pueden ser grandes a zorto plazo e incluso significativas a un plazo más largo.

Gráfico 31.Media y dispersión de las tasas de interés reales a corto plazo en algunas economías avanzadas1

(Porcentaje anual; tasas a tres meses)

La dispersión de las tasas de interés reales a corto plazo bajó en los años ochenta.

1 Las tasas de interés reales son las tasas nominales deflactadas por la variación a 12 meses ex post del índice de precios al consumidor. La dispersión se define como la desviación estándar con respecto a la media de todos los países respectivos. Las economías europeas comprenden a Alemania, Francia, Italia, los Países Bajos y el Reino Unido; las tres economías avanzadas principales son Estados Unidos, Japón y Alemania.

Con respecto a las tasas de interés a largo plazo, la falta de datos impide realizar un análisis detallado de la paridad: la mayoría de las veces no se dispone de tipos de cambio a término o estimaciones aceptables de la inflación prevista para períodos largos. Al parecer, la dispersión de la rentabilidad nominal de los bonos es paralela a la dispersión de las tasas de inflación. Las perturbaciones de la oferta ocurridas en los años setenta. junto con diversas medidas de política económica, ocasionaron grandes diferencias entre las tasas de interés de los países y un aumento correspondiente de la dispersión de la rentabilidad nominal de los bonos. El descenso de la dispersión que tuvo lugar en los años ochenta también fue pronunciado y se debió en gran medida a lo sucedido en Europa, donde las tasas de inflación y los parámetros fundamentales de la política económica convergieron aceleradamente en preparación para la UEM (gráfico 32). En las tres principales economías avanzadas, al parecer no se ha presentado ninguna tendencia fuerte de descenso de la dispersión de las rentabilidades nominales de los bonos en el curso del tiempo.

Gráfico 32.Media y dispersión de los rendimientos nominales de los bonos en algunas economías avanzadas1

(Porcentaje anual)

La dispersión de las tasas de interés a largo plazo bajó sensiblemente en los años ochenta, sobre todo en Europa.

1 La dispersión se define como la desviación estándar con respecto a la media de todos los países respectivos. Las economías europeas comprenden a Alemania, Bélgica, Francia, Italia, los Países Bajos, el Reino Unido y Suiza: las tres economías avanzadas principales son Estados Unidos, Japón y Alemania.

En resumen, los mercados financieros se están integrando cada vez más. pero están lejos de conformar un solo mercado mundial. No obstante, el grado de integración es tan alto que afecta fuertemente la orientación y los efectos de la política macroeconómica, regulatoria y de prudencia.

Consecuencias para la política macroeconómica

El problema de la autonomía de la política monetaria surge principalmente en el marco de los tipos de cambio flotantes. La autonomía de la política monetaria de los países en un régimen de tipos de cambio fijos se limita, en el mejor de los casos, al corto plazo, cuando se presenta una rigidez de los precios y los tipos de cambio pueden oscilar en bandas relativamente estrechas: a plazos más largos, la política monetaria interna depende del país ancla. Sin embargo, esta distinción entre los regímenes de tipo de cambio fijo y tipo de cambio flexible podría parecer más pronunciada que lo que realmente es en la práctica. La razón consiste en que, sea cual fuere el régimen cambiario, en la actualidad se considera que el principal objetivo de la política monetaria es una estabilidad aceptable de los precios, pero los medios que se elijan para lograr esa meta dependerán del grado de integración de los mercados de capital.

Una de las principales consecuencias del alto grado de movilidad del capital es que los tipos de cambio de paridades ajustables son más difíciles de sostener si no se aplica una estricta política de convergencia y parámetros económicos fundamentales acertados40. Asimismo, las conmociones reales de carácter asimétrico que requieran un reajuste del tipo de cambio real pueden crear dificultades, sobre todo en los países cuyos mercados laborales y de productos son rígidos. Por ello, quizá sea preferible que los países adopten tipos de cambio siempre fijos (como sucede en una unión monetaria o en una caja de conversión) o tipos de cambio plenamente convertibles. Los ejemplos más recientes de la vulnerabilidad de los sistemas de paridades fijas pero ajustables ante los cambios de opinión de los inversionistas son las crisis del MAC de 1992 y 1993 y la crisis financiera mexicana de 1995.

Los tipos de cambio flotantes ofrecen mayor independencia a las autoridades monetarias nacionales para la elección de sus objetivos de inflación. Si bien los mercados financieros internacionales influyen fuertemente sobre la política monetaria, la mayor integración de los mercados financieros no parece haber reducido su eficacia. No obstante, los mercados de capital vinculados muy estrechamente han modificado de manera fundamental el mecanismo de transmisión monetaria al amplificar los efectos del tipo de cambio. Las tasas de interés internas quizá tengan que ajustarse menos para lograr el objetivo de la política monetaria ya que se producen más ajustes a través del tipo de cambio. Las consecuencias pueden ser favorables para la distribución de la demanda entre los sectores ya que no toda la carga del ajuste recae sobre los componentes internos del gasto que son sensibles a los intereses. Además, puede tener efectos fiscales favorables, por ejemplo, en casos en que se requiere la aplicación de una política monetaria más restrictiva, la carga del servicio de la deuda que recae sobre el gobierno puede ser menor cuando el ajuste de la situación monetaria se realiza a través de las tasas de interés y el tipo de cambio que cuando se realiza principalmente a través de las tasas de interés41. No obstante, puede suceder lo contrario cuando el mercado teme que la política macroeconómica nacional es desacertada y ejerce una presión a la baja sobre el tipo de cambio, elevando las primas de riesgo sobre las tasas de interés del país. Lo ocurrido en Italia, Suecia y otros países europeos en 1993-95 demuestran este último punto; pero, como también lo demuestran esos casos, los mercados financieros internacionales pueden ayudar a “disciplinar” a los gobiernos (ya sea aumentando las primas de incumplimiento o mediante un ajuste forzoso en los tipos de cambio), estimulando la adopción de medidas acertadas y en última instancia recompensando la aplicación de buenas medidas.

Los mercados financieros integrados a nivel internacional pueden constituir un desafío para los rectores de la política económica si, como se cree en algunos círculos, los mercados financieros generan una inestabilidad “excesiva” de los precios de los activos. Qué constituye inestabilidad excesiva es materia de debate. Los datos no indican que en los últimos decenios haya aumentado la variabilidad de los precios de los activos financieros42. Ni tampoco existen bases analíticas para pensar que la integración del mercado financiero causa más inestabilidad, no obstante, la inestabilidad a corto plazo de los precios de los activos, sobre todo de los tipos de cambio, a veces puede parecer excesiva cuando se la compara con la inestabilidad de los factores fundamentales que los determinan. La pregunta crucial es si la inestabilidad de los precios de los activos refleja el funcionamiento eficiente de los mercados financieros. A este respecto, lo que debe despertar inquietud no es tanto la inestabilidad a corto plazo sino el desajuste significativo y sostenido de los precios de los activos con respecto a valores compatibles con los parámetros fundamentales de la economía, debido a los desequilibrios macroeconómicos y las distorsiones económicas que ello ocasiona.

Los precios en los mercados financieros a veces pueden desajustarse, como lo ilustra la sobrevaloración del dólar en 1984-85. el aumento del mercado bursátil antes de la caída de 1987 y la apreciación del yen a principios de 1995. Además de los problemas causados por la falta de alineación en sí, las eventuales correcciones pueden ser perturbadoras y crear apreciables riesgos para la estabilidad financiera. Los desajustes suelen ser difíciles de identificar porque no es sencillo determinar el nivel de precios de los activos que corresponde a los parámetros macroeconómicos fundamentales; e incluso cuando las autoridades monetarias puedan identificar una falta de alineación, por ejemplo en el mercado cambiario, el elevado volumen de los flujos del mercado privado puede hacer difícil la corrección. La intervención a nivel individual de los bancos centrales en el mercado cambiario podría resultar insuficiente. La intervención coordinada podría ser más eficaz, pero aún así quizá sea incapaz de equiparar los recursos del sector privado. No obstante, la intervención coordinada puede ser mucho más eficaz si constituye una señal para los mercados de que existe cooperación internacional en materia de política macroeconómica y un compromiso mutuo para la adopción de políticas sostenibles. La “calidad” de la intervención (en el sentido de que funcione como un mecanismo de señalización) podría ser más importante que la cantidad de la intervención. El ejemplo más reciente de ello fue la intervención coordinada de los principales bancos centrales que se realizó en el tercer trimestre de 1995 con el fin de ayudar a generar una corrección del tipo de cambio del yen frente al dólar en vista del nivel excesivamente apreciado que el yen registraba43.

Puede ocurrir también lo contrario. Los mercados pueden llegar a la conclusión de que un determinado tipo de cambio es insostenible, lo cual haría imposible su sostenimiento mediante la intervención oficial en el mercado cambiario. Las presiones en contra de la paridad pueden ser tan intensas que hasta un aumento extraordinario de las tasas de interés puede ser ineficaz, como ocurrió en septiembre de 1992 durante la crisis del MAC44.

Otra consecuencia de la integración de los mercados financieros es que las perturbaciones de un mercado se trasmiten más fácilmente a otros. Las perturbaciones de los precios de los activos en un país se han propagado rápidamente hacia otros países, pero generalmente no han producido efectos de contagio de la misma intensidad sobre los mercados de otros activos, de modo que las consecuencias sistémicas de las perturbaciones ocurridas en un determinado mercado han sido limitadas. Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de una interacción de los efectos de varios mercados de modo que se amplifiquen las perturbaciones, y aumente, por ende, el riesgo macroprudencial o sistémico. No obstante, el aumento de la integración también hace posible la absorción de las perturbaciones por parte de un mercado más grande, lo cual amortiguaría los efectos que se producen sobre un determinado mercado nacional. En todo caso, la constante globalización de los mercados financieros exigirá un enfoque cada vez más multilateral que permita mantener un sistema financiero internacional solvente y eficiente45.

El enorme crecimiento de los mercados financieros también ha acentuado la afluencia de capital a los países con mercados de capital abiertos. Si bien esto no resulta extraordinario en las economías avanzadas, en los últimos años se intensificó en algunas economías de mercados emergentes en rápido crecimiento que cuentan con mercados financieros en desarrollo. Las entradas de capital pueden aliviar los problemas de financiamiento externo de un país; pero un gran volumen también puede afectar la estabilidad macroeconómica porque acelera la inflación y eleva los tipos de cambio reales a niveles insostenibles. Esto último es más probable que ocurra cuando las entradas son temporales, y hayan sido estimuladas, por ejemplo, por la evolución de las tasas de interés internacionales o por la modificación de la actitud del mercado no basada en un cambio de los parámetros económicos fundamentales del país, y no por la mejora de las oportunidades de inversión a plazos más largos. A veces, el alto nivel de las tasas de interés internas que se requiere para la estabilización de la economía nacional puede atraer capital y eso puede ocasionar problemas cuando el alto volumen de las entradas impide su esterilización. Según la índole y la causa de la afluencia, y también según factores institucionales, como la estructura de los reglamentos de prudencia y supervisión, así como la solidez del sistema bancario interno, las autoridades pueden aplicar diversos instrumentos, además de la intervención esterilizada, para hacer frente a los elevados volúmenes de entradas de capital. Dichos instrumentos incluyen ajustes cambiarios, fiscales y monetarios, así como medidas de regulación financiera y controles de capital basados en los precios (es decir, varios tipos de impuestos sobre las transacciones financieras, impuestos de timbre y cargos)46. No obstante, la eficacia de los controles probablemente será limitada y es probable que las entradas continúen hasta que se adopten medidas de política económica que modifiquen los factores que incentiven la afluencia de capital.

La creciente integración de los mercados financieros ocurrida en los últimos años ha hecho más evidente aún la bien conocida tesis de que de los tres objetivos siguientes: una política monetaria independiente, tipos de cambio fijos y mercados de capital abiertos, las autoridades sólo pueden elegir dos de ellos al mismo tiempo. La aceptación de esta limitación ha llevado a que, en algunos círculos, se afirme que la aplicación de impuestos a las transacciones financieras transfronterizas equivale a “echar arena en los engranajes” del mercado financiero internacional47. La justificación se basa en la idea de que un impuesto tenderá naturalmente a desestimular las entradas de capital de corto plazo, que se consideran desestabilizadoras e indeseables, pero no afecta los flujos de capital de largo plazo, que se consideran convenientes y basados en los parámetros económicos fundamentales. Sin embargo, no todos los flujos de capital de corto plazo son socialmente indeseables y no existe una forma clara de distinguir entre las transacciones financieras a corto plazo deseables e indeseables a nivel social, o entre las estabilizadoras y las desestabilizadoras y tampoco existen datos que comprueben que los costos de transacción inferiores guardan relación con una mayor inestabilidad de los precios de los activos48. Además, en la práctica y a menos que el impuesto se aplique a nivel mundial y sobre una amplia gama de instrumentos financieros, su efecto se reducirá a un simple desplazamiento de la ubicación de las negociaciones y de los instrumentos empleados. Cada vez más, los gobiernos se dan cuenta de que la mejor forma de contrarrestar las limitaciones impuestas por la globalización del mercado financiero no es imponiendo restricciones al libre flujo de capital sino adoptando medidas de política macroeconómica acertadas, transparentes y sostenibles que reduzcan los riesgos de un cambio repentino de la actitud del mercado y participando en actividades cooperativas de política económica internacional. A nivel “micro”, la cooperación puede coadyuvar a establecer y velar por el cumplimiento de un conjunto de normas regulatorias y de supervisión y a nivel “macro”, puede ayudar en la identificación de medidas de política económica que generen una convergencia de la inflación a un nivel bajo y eviten fluctuaciones injustificadas de los tipos de cambio.

Consecuencias para los regímenes tributarios

Además de sus consecuencias para la aplicación de la política monetaria y fiscal, la globalización también produce efectos sobre los regímenes tributarios de los países. Los orígenes de los regímenes tributarios nacionales y la actual estructura del gasto del gobierno se remontan a un período en que las economías nacionales eran mucho menos abiertas y la movilidad de los factores era inferior. Por consiguiente, la imposición se basa en gran medida en el “principio de territorialidad”, es decir, el derecho a gravar los ingresos y las actividades que se producen dentro del territorio de la jurisdicción. En un entorno cada vez más globalizado. este principio pierde eficiencia y puede constituirse en una fuente potencial de conflictos49.

Cabe prever que la globalización limite cada vez más las opciones de estructuras tributarias y tasas impositivas que se encuentran a disposición de los gobiernos, sobre todo en los países más pequeños. La movilidad a nivel internacional de los factores de la producción—el capital financiero y algunos segmentos altamente capacitados del mercado laboral—pueden evitar más fácilmente los impuestos que se apliquen en determinados países. Asimismo, se han aumentado las posibilidades de evasión de impuestos por parte de los individuos y las sociedades. Efectivamente, muchos países han registrado un deterioro de la base tributaria correspondiente a las rentas del capital. Ante ese deterioro algunos gobiernos han reaccionado mediante el establecimiento de regímenes tributarios favorables. Esa “competencia tributaria” puede afectar el nivel medio de imposición de algunos países obligándolos a reducir las tasas de algunos impuestos. En la medida en que la asignación de capital sea impulsada por razones tributarias y no por tasas de rentabilidad antes de impuestos, la asignación de capital será menos eficiente. De un modo semejante, los impuestos sobre la renta personal y las políticas de egresos relacionadas con el gasto social probablemente se convertirán en un factor más importante para la migración laboral. Cabe pensar que la globalización tenderá a hacer que los regímenes tributarios converjan cada vez más, ya sea mediante la armonización tributaria o mediante la competencia tributaria entre jurisdicciones.

Consecuencias sobre el ciclo económico y la inflación

Por último, la mayor integración de las economías nacionales plantea otras dos cuestiones macroeconómicas: ¿ha aumentado la sincronización de las fluctuaciones del producto de los países? y ¿ayuda la globalización a reducir la inflación? La correlación de las variaciones cíclicas del producto a nivel internacional no parece haber aumentado, como se deduce de la divergencia en la evolución de la brecha entre el producto efectivo y el potencial registrada en las principales economías avanzadas en los últimos años. Las correlaciones fueron mayores en los años setenta debido a las grandes perturbaciones de la oferta que afectaron a todos los países en forma simultánea. Además, si bien las fluctuaciones del crecimiento de la producción industrial en las principales economías avanzadas están fuertemente correlacionadas con el “ciclo económico mundial” (es decir, el componente común de las fluctuaciones internacionales), no hubo diferencias sistemáticas en dicha correlación en el transcurso del tiempo50. La mayor parte de la variación del producto de las principales economías avanzadas se debe a las conmociones particulares de los países y las conmociones comunes (entre el 75% y el 95%, según una estimación efectuada recientemente)51. La trasmisión de conmociones particulares de un país a otro a través de las relaciones comerciales es más bien limitada, salvo las que se originan en Estados Unidos que, debido al tamaño de la economía de ese país, se sienten con más fuerza en el extranjero que las de otros países. Además, basándose en las correlaciones entre el comercio exterior y el producto no parece que la trasmisión de conmociones particulares de un país a través de las corrientes comerciales haya aumentado en los dos últimos decenios52. Por consiguiente, fuera de los efectos de perturbaciones comunes, como las crisis de los precios de los productos básicos o las perturbaciones de carácter tecnológico, las fluctuaciones del ciclo económico siguen siendo causadas principalmente por imprevistos internos.

En lo que respecta a la inflación, su descenso en los últimos años se debe principalmente a medidas de política económica aplicadas con determinación, pero la creciente apertura a los flujos de comercio y de capital también podría haber desempeñado alguna función en ciertos casos. La competencia extranjera, la subcontratación y la mayor internacionalización de la producción pueden haber ayudado a frenar las demandas salariales o a elevar el crecimiento de la productividad, reduciendo de este modo la presión de los costos. Estos efectos de la globalización tenderán, sin embargo, a producir un descenso por una sola vez del nivel de precios en vez de constituir un freno constante para la inflación. El aspecto de la globalización que tiene más probabilidades de ejercer una influencia duradera sobre la inflación es la disciplina que impone sobre la política financiera interna la creciente integración de los mercados financieros.

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¿Hace la globalización más difícil el logro de objetivos válidos y convenientes de la política económica? En general pareciera que no, si bien a veces los flujos de capital de corto plazo pueden perjudicar la estabilidad macroeconómica y los precios de los activos, y en consecuencia los tipos de cambio pueden terminar desalineados. Lo que la globalización hace es más bien limitar las posibilidades para que los países apliquen políticas incompatibles con la estabilidad financiera a mediano plazo. El efecto disciplinario de los mercados financieros y de productos mundiales se ejerce no solo sobre los rectores de la política económica, a través de las presiones del mercado financiero, sino también sobre el sector privado, al hacer más difícil sostener aumentos injustificados de los salarios y de los precios. No obstante, si los mercados adoptan una actitud demasiado optimista sobre la política y las perspectivas económicas de un país, se podría relajar la disciplina durante cierto tiempo y ello podría tener un costo elevado de ajuste cuando cambie la actitud del mercado. La globalización, en vez de actuar como un factor limitante para la aplicación de medidas de política económica acertadas, puede dar un efecto multiplicador a esas medidas. así como una mayor flexibilidad. El aumento de la movilidad internacional del capital privado, al reducir las restricciones financieras, puede ampliar el plazo para que los países apliquen los ajustes necesarios. Los mercados estarán dispuestos a ofrecer este período de gracia sólo si consideran que los países realmente están efectuando ajustes para tratar de solucionar de manera fundamental los desequilibrios actuales y futuros. De lo contrario, los mercados tarde o temprano ejercerán su propia disciplina, lo que puede traducirse en una tajante reducción del plazo para realizar los ajustes.

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