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Anexo: Exposición sumaria del Presidente Interino del Directorio

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 1999
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Perspectivas de la economía mundial: Reunión del Directorio Ejecutivo del 2 de abril de 19991

Los directores coincidieron en que, si bien es probable que en 1999 continúe la desaceleración económica mundial, el riesgo de una recesión mundial ha cedido. A más largo plazo, los directores coincidieron con la proyección del personal que indica una moderada reactivación del crecimiento el próximo año. En cuanto a los aspectos positivos, señalaron los indicios del comienzo de la recuperación económica en las economías asiáticas de mercados emergentes afectadas por la crisis, la distensión generalizada de las condiciones monetarias en los países industriales y el mantenimiento de un firme crecimiento de la economía estadounidense. Sin embargo, también reconocieron que la proyección de referencia se basa en la materialización de una serie de circunstancias favorables, específicamente, que la economía de Estados Unidos registre un aterrizaje suave, que el crecimiento de la zona del euro repunte, pese a un entorno externo algo desfavorable, y que la recesión de Japón llegue a su fin en 1999. Los directores también opinaron que la crisis brasileña, pese a sus limitados efectos de contagio, ha impartido un nuevo impulso contractivo a la economía mundial, y que para muchos países de mercados emergentes probablemente las condiciones de financiamiento sigan siendo sumamente difíciles. Por lo tanto, los directores convinieron en que la balanza de riesgos sigue inclinándose hacia una evolución más desfavorable de la prevista.

La disparidad de la evolución del crecimiento entre Estados Unidos, la zona del euro y Japón desde comienzos de la década ha agravado los desequilibrios mundiales de pagos, lo cual plantea un grave riesgo para las perspectivas en opinión de muchos directores. Los oradores sostuvieron que los desequilibrios —sobre todo el déficit externo de Estados Unidos que ha facilitado el ajuste mundial tras las crisis de los mercados emergentes— puede dar lugar a fluctuaciones desestabilizadoras de los tipos de cambio entre las principales monedas y a un nuevo aumento de las presiones proteccionistas. Varios directores señalaron el desafío de restablecer el crecimiento mundial para que vuelva a situarse a un nivel cercano a su potencial en un período en que el crecimiento de la demanda interna en Estados Unidos probablemente tendrá que disminuir hasta una tasa inferior a la tasa de crecimiento del producto para permitir que el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos se reduzca en cierta medida. Sostuvieron que esta situación pone de relieve que debe asignarse prioridad a las políticas orientadas a generar una pronta recuperación en Asia, incluido Japón, y a contrarrestar la desaceleración registrada recientemente en gran parte de Europa continental y lograr que la evolución cambie de signo.

Consideraciones de política interna y mundial en Estados Unidos, Japón y Europa

Los directores se mostraron alentados por el impulso que mantiene la actual expansión en Estados Unidos, hecho destacable por su duración y por la inexistencia de presiones inflacionarias. Atribuyeron la prolongada expansión a una serie de factores, entre los que sobresalen el saneamiento de las finanzas públicas, la aplicación de políticas monetarias prudentes y ajustadas a las circunstancias, y la flexibilidad de los mercados de trabajo y de productos. También señalaron que la tendencia descendente de los precios de la energía y otros productos básicos ha contribuido a mantener un bajo nivel de inflación. No obstante, los directores también coincidieron en que la escalada de las cotizaciones de las acciones, que refleja en parte las expectativas de una menor inflación y la reducción de los rendimientos de los bonos, también ha ayudado de manera importante a sostener la demanda. Los directores consideraron que la posibilidad de correcciones bruscas en los mercados de acciones y en la excepcionalmente baja tasa de ahorro de las familias plantea importantes riesgos de que las perspectivas sean menos favorables de lo previsto.

La fortaleza de la economía de Estados Unidos está comenzando a plantear un dilema a las autoridades de política económica de ese país, según muchos directores. Si el crecimiento de la demanda interna no se desacelera pronto y adquiere un ritmo más moderado, varios oradores consideraron que será necesario adoptar con prontitud una política monetaria más restrictiva para evitar los riesgos de recalentamiento de la economía. Estos y otros directores expresaron su preocupación de que los desequilibrios actuales y proyectados del sector privado y de la balanza de pagos sean insostenibles a largo plazo, y opinaron que la experiencia indica que cuanto más se prolongan mayores son las posibilidades de una corrección brusca y difícil. Las consecuencias adversas de una corrección de este tipo para la economía mundial podrían transmitirse a otros países a través de abruptas reducciones de las importaciones de Estados Unidos y de oscilaciones de los tipos de cambio, los mercados de acciones y las condiciones monetarias, que podrían tener efectos perturbadores. Sin embargo, la mayor parte de los demás directores prefirieron adoptar una actitud más expectante, sosteniendo que no es necesario restringir las condiciones monetarias con carácter preventivo debido a que en Estados Unidos estas condiciones ya son bastante restrictivas, teniendo en cuenta el bajo nivel de inflación y la fortaleza del dólar, y que una medida de este tipo podría poner en peligro la recuperación de otros países, sobre todo los que están saliendo de la crisis. En lo que respecta a la política fiscal, los directores instaron a Estados Unidos a resistir las presiones para gastar el superávit fiscal actual y los previstos para el futuro.

El mantenimiento de la atonía de la actividad en Japón fue motivo de especial inquietud para todos los directores. La mayor parte opinó que las posibilidades de un nuevo estímulo fiscal son limitadas dado que se estima que en el ejercicio cerrado en marzo de 1999 el déficit ha ascendido a más del 10% del PIB; no obstante, consideraron que es crucial que el estímulo planeado se ponga en práctica plenamente, tanto en el gobierno central como en los gobiernos locales, para respaldar la demanda. En lo que respecta a la política monetaria, muchos directores coincidieron en que las fuerzas deflacionarias que operan en la economía justifican que las tasas de interés a corto plazo se mantengan a los niveles más bajos posibles, y que se apliquen también medidas que aseguren un crecimiento suficiente de la liquidez mediante compras de títulos de deuda pública y privada en el mercado abierto, con la debida consideración a la capacidad crediticia de las empresas prestatarias.

Si bien se requieren políticas macroeconómicas adecuadas para respaldar la demanda interna en la economía japonesa, los directores hicieron hincapié en la necesidad de reformas estructurales en esferas clave para revitalizar el crecimiento y la creación de empleo en el mediano plazo. Los directores mencionaron específicamente la reforma bancaria como una esfera esencial y expresaron su satisfacción por el reciente compromiso de fondos públicos para recapitalizar el sistema bancario. Destacaron el avance logrado en el fortalecimiento de los principales bancos, la resolución del problema de las instituciones insolventes, la aprobación de la legislación que autoriza la enajenación de los activos en situación de incumplimiento y el mejoramiento de la divulgación de información y la supervisión, e instaron a las autoridades a seguir adelante con la ejecución del programa de estabilización financiera, sobre todo en los casos en que subsisten problemas graves. Sin embargo, se cuestionó si el alcance de las reformas actualmente en curso o planeadas sería suficiente. Estos oradores destacaron en especial la creciente necesidad de reestructurar las empresas, necesidad que se pone de manifiesto en el excedente de capacidad productiva existente en algunos sectores y en los problemas creados por la carga de la deuda de las empresas, que complica la resolución de las dificultades del sector bancario. En términos más generales, los directores consideraron que es necesario seguir corrigiendo los aspectos ineficientes de la economía y eliminar los obstáculos a la creación de nuevas empresas. Las propuestas de desregulación en algunos sectores ya han ayudado a intensificar la competencia y a reducir los costos. Sin embargo, subsisten muchas restricciones en la agricultura, la distribución, el transporte y la construcción, y estas restricciones limitan el crecimiento y la creación de puestos de trabajo.

En lo que respecta a Europa, los directores expresaron su satisfacción por la auspiciosa puesta en marcha de la UEM. No obstante, advirtieron que las autoridades de política económica de la zona del euro siguen viéndose confrontadas con enormes desafíos. Los directores observaron que desde fines del año pasado se han ido sumando cada vez más indicios de que el crecimiento en dicha zona está desacelerándose, principalmente debido al deterioro de las circunstancias externas, aunque también por efecto del debilitamiento de la confianza de las empresas. Se espera que este año el crecimiento en la zona del euro sea inferior a la tasa potencial y, si bien se espera una recuperación el próximo año, los directores se mostraron preocupados por el riesgo de que la evolución sea más desfavorable de la prevista. Aunque las necesidades a mediano plazo siguen siendo importantes, al mismo tiempo es esencial que las políticas se adapten adecuadamente para respaldar la demanda interna, necesaria para estrechar la amplia brecha de producción y absorber el componente cíclico del desempleo. Muchos directores también subrayaron la importancia de que la zona del euro desempeñe un papel de mayor preponderancia en el respaldo del crecimiento mundial, no sólo a través de la demanda interna sino también mediante reformas estructurales en algunas esferas. Dadas estas consideraciones y en vista del limitado margen de maniobra de las políticas fiscales, y en vista de que en los últimos tiempos la inflación en dicha zona se ha mantenido por debajo del nivel medio de la banda fijada como objetivo, unos cuantos directores sostuvieron que existen ahora razones de peso para una mayor distensión monetaria. En opinión de estos directores, la pronta adopción de medidas acarrea pocos riesgos pero entraña importantes beneficios tanto para la zona del euro como para la economía mundial en términos más generales. Sería importante que los países de la zona del euro que están registrando un crecimiento relativamente vigoroso reaccionen ante una mayor distensión monetaria adoptando medidas fiscales anticíclicas para prevenir el sobrecalentamiento de la economía. Varios otros directores, sin embargo, no se mostraron convencidos de que se justificara una nueva distensión monetaria, destacando la firmeza de la confianza de los consumidores; asimismo, en opinión de estos directores la debilidad del euro es otro factor que milita en contra de la aplicación de una política monetaria más expansiva. No obstante, todos los directores coincidieron en que el BCE debería proceder con decisión a bajar las tasas de interés si persistieran los indicios de desaceleración.

Los directores convinieron en que el éxito de las reformas de los mercados de trabajo y de productos es crucial para mejorar las perspectivas de crecimiento y empleo en Europa, sobre todo a mediano plazo. En realidad, en los países que han logrado los mayores avances, un cúmulo considerable de datos evidencian los efectos positivos de dichas reformas, en categórico contraste con lo sucedido en los países donde la reforma del mercado de trabajo ha sido lenta. La desfavorable evolución del mercado de trabajo ha impuesto una gravosa carga a muchos países europeos, que se traduce en penurias para los propios desempleados, en ingresos sacrificados y pagos de transferencias para los gobiernos y, con criterios más generales, en pérdidas de producción y de bienestar.

Los directores reconocieron que, si bien las circunstancias difieren de un país a otro en lo que respecta al alcance y el carácter específico de los problemas que deben resolverse, el objetivo global que deben tener las medidas es claro: eliminar los obstáculos a la creación de puestos de trabajo y los desincentivos para que los desempleados busquen empleo. A tal efecto será necesario flexibilizar la legislación sobre protección laboral, aminorar la carga fiscal excesiva sobre el trabajo y reducir los desincentivos generados por las prestaciones de desempleo y otras transferencias sociales. Dado que muchas de las rigideces que existen actualmente en los mercados de mano de obra y de productos tienden a reforzarse mutuamente, los directores convinieron en que es más probable lograr éxito con reformas integrales que aplicando medidas parciales o fragmentarias.

Perspectivas económicas y respuestas de política económica en las economías afectadas por la crisis

Los directores convinieron en que los desequilibrios del sector público han sido la causa básica de la crisis en Brasil. El creciente desequilibrio fiscal también ha contribuido a ampliar el déficit externo, lo que hizo que Brasil fuera muy vulnerable a los cambios de actitud de los inversionistas y generó la impresión generalizada de que la banda cambiarias establecida en el país era insostenible. En este sentido, algunos directores observaron que lo sucedido recientemente en Brasil puso de relieve nuevamente la importancia de aplicar políticas macroeconómicas sólidas para respaldar la credibilidad de un sistema de tipo de cambio vinculado. Asimismo, varios directores señalaron la necesidad de que en las primeras etapas de una crisis económica se proceda con determinación a aplicar una política monetaria más restrictiva, mientras que otros subrayaron la importancia de que haya suficiente flexibilidad cambiarias. En cuanto al futuro, los directores consideraron que la economía brasileña puede comenzar a recuperarse ya el próximo año, dado que la crisis no parece estar enraizada en problemas estructurales y el sistema financiero es relativamente sólido. No obstante, el ritmo de la recuperación dependerá esencialmente de la velocidad con que las autoridades corrijan el déficit fiscal y del éxito en la contención de las expectativas de inflación y la estabilización de los mercados de cambio. Los directores se mostraron alentados por los primeros signos de que la inflación se halla reprimida, pero advirtieron que, para restablecer la confianza y permitir una distensión gradual de las condiciones monetarias, es crucial que se aplique con decisión el programa aprobado recientemente.

Los directores advirtieron que la recesión en Brasil tendrá un importante impacto en la región, exacerbado por la depreciación del real y por una mayor limitación del financiamiento externo para los países vecinos. Sin embargo, se mostraron alentados por el moderado impacto que ha tenido la crisis brasileña en los mercados financieros de otros países de América Latina, y la mayor parte de las economías de la región parecen estar en una situación relativamente adecuada para hacer frente a las repercusiones, lo cual refleja el hecho de que en la última década se ha logrado fortalecer considerablemente las variables fundamentales de las economías de la región. Sin embargo, los ajustes económicos que se requieren y los riesgos de un nuevo contagio exigen una férrea disciplina de política económica y una intensificación de los planes de reforma, sobre todo en los países en los cuales los desequilibrios fiscales y externos se han visto exacerbados por el reciente deterioro de los precios de los productos básicos y la situación desfavorable de los mercados financieros. En varios casos, las deficiencias del sector financiero exigen especial atención.

Al examinar las perspectivas de Rusia, los directores expresaron honda preocupación por el deterioro de los resultados económicos del país desde la crisis financiera de agosto de 1998, dado que se ha producido un abrupto aumento de la tasa de inflación y ha surgido el peligro de una recesión prolongada que podría tener importantes repercusiones negativas en las economías vecinas. Ante estas circunstancias, los directores destacaron los indicios recientes de que las autoridades rusas están desplegando esfuerzos por corregir los problemas fiscales y estructurales fundamentales, y subrayaron que se requiere una firme determinación de llevar a cabo las reformas para frenar y contrarrestar los graves problemas con que se ve confrontada Rusia. Los oradores destacaron en particular la necesidad de llevar a la práctica un enérgico programa de ajuste fiscal que limite la necesidad de que el banco central financie el presupuesto y que frene la acumulación de atrasos presupuestarios. Los directores también destacaron la importancia de intensificar los planes de reforma estructural en las esferas en las cuales la ejecución de los planes ha sido insatisfactoria, de recuperar el terreno perdido desde agosto de 1998 y de resolver los problemas que han surgido en el sector financiero tras la crisis.

Los directores se mostraron alentados por los indicios de que, a diferencia de la situación de gran parte de América Latina y de Rusia, la reactivación económica está a punto de iniciarse o ya está en marcha en las economías asiáticas de mercados emergentes que habían sufrido una profunda contracción después de las crisis financieras del segundo semestre de 1997. Observaron que el cambio de la coyuntura parece estar en una etapa más avanzada en Corea, seguida de Tailandia. En estos y otros países en crisis, la recuperación se está apoyando en un brusco giro de la situación de pagos externos y en el restablecimiento de la confianza de los inversionistas, el fortalecimiento de los tipos de cambio, la reanudación de los flujos de capital y el mejoramiento de la situación en los mercados financieros. El restablecimiento de la confianza ha creado mayor margen de maniobra para que las políticas macroeconómicas ayuden a la recuperación. Los directores consideraron que en Indonesia podría comenzar a producirse un cambio de signo de la actividad económica en el segundo semestre de 1999, aunque las demoras en los programas de reforma y la persistencia de la inestabilidad política han impedido que se restableciera la confianza. Al considerar las medidas necesarias para lograr que la incipiente recuperación que están registrando las economías de la región dé paso a un nuevo período de crecimiento vigoroso y sostenible, los directores hicieron firme hincapié en la necesidad de lograr nuevos avances con las reformas estructurales, sobre todo en la reestructuración del sector bancario y el sector empresarial y en las reformas orientadas a promover mercados de correcto funcionamiento y una asignación más eficiente de los recursos.

Ajuste en otros países de mercados emergentes y prevención del contagio

Los directores expresaron su satisfacción ante el hecho de que China, India y algunos países africanos parecen haber capeado razonablemente bien las recientes crisis financieras. En diverso grado, la capacidad de resistencia de estos países obedeció a que sus lazos comerciales con los países en crisis son limitados, a que dependen relativamente poco de los flujos de capital privado o a que su integración a los mercados financieros internacionales es escasa. Pese a que aparentemente durante el último año el crecimiento de China tuvo una vigorosa evolución, los directores expresaron inquietudes en torno a la firmeza de las bases de la economía, y sobre todo por las deficiencias del sector financiero y la gran necesidad de reformar las empresas de propiedad estatal. Sin embargo, hubo acuerdo general en que, en materia de política macroeconómica y política de tipos de cambio, China ha adoptado un curso apropiado, sobre todo para mantener la estabilidad del renminbi y proporcionar estímulo a la economía. En India, las repercusiones de la crisis asiática han sido relativamente moderadas, y se espera que el crecimiento se mantenga en niveles cercanos a los observados recientemente. No obstante, los directores hicieron hincapié en que las perspectivas de crecimiento económico a mediano plazo de India siguen estando limitadas por graves deficiencias fiscales y estructurales.

En lo que respecta a África, los directores observaron complacidos que las mejoras logradas en la ejecución de las políticas han ayudado a varios países a fortalecer sus resultados económicos y a reducir su vulnerabilidad a las circunstancias externas adversas. Al mismo tiempo, sin embargo, el descenso que registraron recientemente los precios del petróleo y de otros productos básicos ha provocado importantes disminuciones del ingreso real en muchos países africanos. Varios directores consideraron que es necesario ofrecer más opciones de reducción de la deuda externa y mantener la asistencia financiera internacional para respaldar los planes de ajuste y reforma en estos países. Algunos directores también indicaron que los países industriales deben ampliar el acceso de las exportaciones de los países en desarrollo a sus mercados, sobre todo en lo que respecta a los productos agropecuarios. Los directores también expresaron su preocupación por los graves costos económicos y sociales de los conflictos armados en varias partes del continente, e instaron a proporcionar la asistencia internacional adecuada a los países afectados.

El descenso de los precios del petróleo también ha entrañado cuantiosas mermas de los ingresos de exportación y de los ingresos fiscales en los países de Oriente Medio exportadores de petróleo. Esta merma se está cubriendo en parte utilizando las reservas oficiales y recurriendo a nuevos empréstitos externos. Los directores alentaron a estos países a llevar adelante los planes de ajuste ya en marcha para resguardar la estabilidad macroeconómica, sobre todo si los precios de sus exportaciones se mantienen en un nivel desfavorable.

Al tratar las cuestiones más generales del contagio financiero internacional y su prevención, los directores observaron que una característica inusual de las crisis financieras que sufrieron las economías de mercados emergentes en los últimos años ha sido la forma en que se propagaron en algunos casos entre países que aparentemente mantienen pocos vínculos comerciales o financieros y en situaciones en que no ha habido una perturbación común importante. Los directores coincidieron en que este fenómeno bien puede deberse, en parte, a la mayor globalización de los mercados financieros, que, si bien entraña el beneficio de ampliar el acceso al financiamiento externo, ha hecho que las economías sean más vulnerables a los cambios drásticos y repentinos de la actitud de los inversionistas. De hecho, la mayor globalización de los mercados financieros ha significado que las crisis de balanza de pagos comprometan más que en el pasado a la cuenta de capital, lo cual tiende a que sea más difícil predecir las crisis. Si bien el contagio financiero ayuda a explicar la mayor incidencia de crisis, los directores hicieron hincapié en que el contagio no es indiscriminado. Más bien, suele producirse en situaciones en que las variables fundamentales de la economía son débiles, sobre todo en lo que respecta a la balanza de pagos o a los aspectos vulnerables del sistema financiero, incluidos los resultantes de la acumulación excesiva de pasivos externos a corto plazo.

Si bien los esfuerzos por fortalecer la arquitectura financiera internacional son esenciales tanto para prevenir las crisis como para resolverlas, el problema del contagio debe abordarse también a nivel de los países. En este sentido, los directores destacaron que las políticas económicas internas desempeñan un papel central en la prevención de las crisis, en primer lugar, y en la reducción de la vulnerabilidad de los países a la crisis. En particular, destacaron la importancia de evitar una gran sobrevaluación del tipo de cambio y, en el caso de los regímenes de tipo de cambio fijo, de aplicar una política monetaria y una política fiscal coherentes con el compromiso asumido en materia cambiarias. Los directores también hicieron hincapié en que, en toda estrategia eficaz de prevención de crisis, las medidas orientadas a corregir las deficiencias de los sistemas financieros son cruciales. Por consiguiente, a fin de evitar crisis de liquidez es importante prestar atención a la estructura de vencimientos y a la composición monetaria de la deuda de los bancos y de sus empresas clientes. Los directores también hicieron hincapié en la necesidad de que en muchos países se logre mayor eficacia en la reglamentación prudencial y la supervisión de los bancos y de otras instituciones financieras. Algunos oradores se refirieron específicamente a la importancia de normas prudenciales sobre la obtención de préstamos a corto plazo por parte de los bancos. A este respecto, algunos directores señalaron la necesidad de mejorar la fiscalización, del lado de la oferta, de las actividades muy apalancadas de las instituciones financieras. También es necesario controlar cuidadosamente la estructura de vencimientos de la deuda pública debido a que un cambio en la actitud de los inversionistas podría tornar difícil para el gobierno renovar un gran volumen de deudas a corto plazo.

Ante el hecho de que muchas de las crisis que han afectado a los mercados emergentes en los últimos años han tenido lugar en países con tipos de cambio vinculados, varios directores cuestionaron la viabilidad de los sistemas de tipos de cambio fijo pero ajustable en el contexto de una mayor globalización de los mercados financieros. Hicieron hincapié en que, en muchos casos, un mayor grado de flexibilidad cambiarias podría ayudar a que los inversionistas nacionales y extranjeros tomaran más conciencia de los riesgos cambiarios. Otros directores sostuvieron que un tipo de cambio fijo puede ser especialmente útil como ancla nominal y ayudar a controlar la inflación cuando ha llegado a altos niveles. En particular, un régimen de caja de conversión podría ser una opción conveniente en algunos casos, pero los directores reconocieron que un régimen de este tipo impone muchas exigencias en lo que se refiere a la suficiencia de las reservas, la solidez del sistema financiero, la flexibilidad de los mercados y los resultados fiscales. Los directores coincidieron en que el sistema de tipos de cambio óptimo varía de un país a otro y que, independientemente del régimen escogido, las políticas económicas deben respaldar el régimen y fomentar la estabilidad macroeconómica para garantizar su éxito.

1

El Directorio Ejecutivo del FMI consideró el informe preparado por los funcionarios sobre las perspectivas de la economía mundial los días 31 de marzo y 2 de abril de 1999. Este texto es la exposición sumaria que elaboró el Presidente Interino sobre el debate que tuvo lugar.

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