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I. Política y perspectivas económicas mundiales

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
June 1996
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La economía mundial ha seguido creciendo, en promedio, a un ritmo satisfactorio, respaldada sobre todo por el auge de la actividad que han registrado muchos países con mercados emergentes. No obstante, la desaceleración del crecimiento fue más pronunciada de lo previsto en 1995 en Europa occidental y Estados Unidos y Canadá, lo que ha hecho que aumente aún más el desempleo en algunos países en los que éste ya es elevado y que se tema una nueva desaceleración económica. Para hacer frente a esta situación, se han reducido significativamente las tasas de interés a corto plazo y varios países han adoptado diversas medidas fiscales y estructurales para reactivar la confianza y estimular la creación de empleo. Sin embargo, aunque las tasas de crecimiento económico han descendido claramente por debajo de los niveles potenciales en algunos casos, lo más probable es que los factores a los que parece obedecer la desaceleración sean temporales. Además, en Japón los indicios de recuperación son más claros. En general, no parece haber motivos para prever que la desaceleración se prolongue o se generalice, y se proyecta que el crecimiento económico mundial repuntará hasta un 4% anual, aproximadamente, en 1996 y 1997, frente al 3½% a que se redujo el pasado año (cuadro 1).

Cuadro 1.Panorámica de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
Proyecciones actualesDiferencias con las proyecciones de octubre de 1995
199419951996199719951996
Producto mundial3,73,53,84,3-0,2-0,3
Países industriales2,82,12,02,6-0,2-0,4
Estados Unidos13,52,01,82,2
Japón0,50,92,73,10,40,5
Alemania2,91,91,02,9-0,6-1,9
Francia2,92,41,32,8-0,5-1,4
Italia2,23,22,42,70,2-0,4
Reino Unido3,82,42,22,7-0,3-0,6
Canadá4,62,21,92,9-0,7
Los siete países indicados2,82,01,92,6-0,1-0,4
Otros países industriales3,02,82,42,6-0,4-0,6
Partida informativa
Unión Europea2,82,61,82,7-0,3-1,0
Países en desarrollo6,45,96,36,4-0,2
África2,43,25,34,50,1
América4,70,93,14,8-1,0-0,9
Asia8,88,48,27,7-0,30,3
Oriente Medio y Europa0,73,73,13,81,3-0,1
Países en transición-8,8-1,32,53,80,8-0,9
Europa central y oriental-2,91,43,04,21,2-1,3
Excluidos Belarús and Ucrania3,45,24,54,61,20,1
Rusia, región transcaucásica y Asia central-14,8-4,31,93,30,3-0,5
Volumen del comercio mundial (bienes y servicios)9,08,76,47,00,7-0,1
Importación
Países industriales9,17,34,85,00,2-0,6
Países en desarrollo9,011,810,111,60,50,6
Países en transición4,310,911,610,1
Exportación
Países industriales8,27,14,85,40,2-0,3
Países en desarrollo12,012,210,211,21,40,7
Países en transición5,311,88,97,2
Precios de los productos básicos en DEG
Petróleo2-9,13,34,8-7,22,210,9
Productos no combustibles310,82,42,0-1,60,52,2
Precios al consumidor
Países industriales2,32,42,32,5-0,1-0,3
Países en desarrollo48,019,912,69,80,4-0,3
Países en transición264,8128,238,213,6-19,612,8
LIBOR de seis meses (porcentaje)4
Sobre los depósitos en dólares de EE.UU.5,16,15,45,6-0,1-0,8
Sobre los depósitos en yenes japoneses2,41,31,02,4-0,1-0,3
Sobre los depósitos en marcos alemanes5,34,63,34,5-1,9
Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes en los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 16 de febrero y el 14 de marzo de 1996, salvo los tipos bilaterales entre las monedas del MAC, que se supone se mantienen constantes en valores nominales.

No es posible establecer comparaciones exactas con las estimaciones del crecimiento de la edición de octubre de 1995 de Perspectivas de la economía mundial debido a que, a finales de 1995, se remplazó el método de cálculo del PIB real, basado en un año base fijo, por el de ponderaciones concatenadas. Desde el punto de vista cualitativo, el crecimiento en 1995 fue algo menor de lo estimado hace seis meses, pero las proyecciones para 1996 son, en general, similares a las publicadas en octubre.

Promedio simple de los precios al contado de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate; el precio medio del petróleo en dólares de EE.UU. era de $17,17 el barril en 1995; para 1996 se supone un precio de $17,39 el barril, y, para 1997, de $16,12.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes en los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 16 de febrero y el 14 de marzo de 1996, salvo los tipos bilaterales entre las monedas del MAC, que se supone se mantienen constantes en valores nominales.

No es posible establecer comparaciones exactas con las estimaciones del crecimiento de la edición de octubre de 1995 de Perspectivas de la economía mundial debido a que, a finales de 1995, se remplazó el método de cálculo del PIB real, basado en un año base fijo, por el de ponderaciones concatenadas. Desde el punto de vista cualitativo, el crecimiento en 1995 fue algo menor de lo estimado hace seis meses, pero las proyecciones para 1996 son, en general, similares a las publicadas en octubre.

Promedio simple de los precios al contado de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate; el precio medio del petróleo en dólares de EE.UU. era de $17,17 el barril en 1995; para 1996 se supone un precio de $17,39 el barril, y, para 1997, de $16,12.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

El deterioro más pronunciado de la situación cíclica desde comienzos de 1995 se ha producido en Alemania, Francia, varios otros países cuya moneda se haya estrechamente vinculado al marco alemán, y Suiza. El momento en que se registrará el repunte previsto de la actividad en estos países, así como la intensidad del mismo, son un tanto inciertos, pero parecen darse las condiciones necesarias para que se acelere el ritmo de crecimiento económico en 1996. En estos países es necesario que aumente la actividad para asegurar un descenso del desempleo y facilitar el ajuste fiscal conforme al calendario acordado para la Unión Económica y Monetaria (UEM). Por el contrario, si el crecimiento poco vigoroso se prolongara demasiado, cabría la posibilidad de que aumentara la incertidumbre en cuanto al cumplimiento de dicho calendario y podrían producirse tensiones en los mercados financieros.

En otras regiones, la posibilidad de que se produzcan cambios en las percepciones de los mercados financieros como consecuencia de desviaciones de la política económica sigue entrañando también el peligro de que se deteriore la situación. Como ya se ha observado recientemente en varias ocasiones, los mercados financieros son muy sensibles a los desequilibrios económicos y financieros, y la economía mundial se ha hecho más vulnerable a las reacciones negativas de los mercados (véase la edición de octubre de 1995 de Perspectivas de la economía mundial). Cuando se ha puesto en duda la determinación de las autoridades para hacer frente a los problemas, los mercados han demostrado su capacidad para obligar a modificar las políticas económicas con un costo significativo. La disciplina que imponen los mercados con respecto a la política económica, a diferencia de la que pueden imponer los propios países, entraña con frecuencia una fuerte inestabilidad de los precios de los activos, que tiene graves repercusiones adversas en la actividad económica y el empleo. Afortunadamente, cada vez está más claro que la integración mundial de los mercados exige una mayor disciplina en este sentido y, precisamente porque se reconoce esta realidad, se han estado desplegando mayores esfuerzos para reforzar las variables fundamentales de la economía en un creciente número de países de todas las regiones.

En realidad, hay varias tendencias y hechos positivos que apuntan a la posibilidad de que en los próximos meses el crecimiento de la economía mundial seguirá siendo relativamente sólido (gráfico 1). Las presiones inflacionarias a escala mundial siguen estando bajo control. Pese al repunte del rendimiento de los bonos desde el mes de enero, las tasas de interés reales a largo plazo son mucho más bajas que en la mayoría del período transcurrido desde principios de los años ochenta, debido en parte a la percepción de que en muchos países industriales las autoridades están dando muestras de una mayor determinación para reducir los desequilibrios fiscales. Los precios de las acciones han seguido en alza, como consecuencia de la mayor rentabilidad de los títulos, así como del descenso de las tasas de interés. Los tipos de cambio de las principales monedas han vuelto a situarse en niveles más coherentes con las variables fundamentales de la economía, tras los desajustes que se produjeron en el segundo trimestre de 1995. La corrección del reajuste excesivo del yen ha contribuido especialmente a aclarar el panorama en la economía japonesa.

Gráfico 1.Indicadores mundiales1

(Porcentaje)

Se prevé que continúe la expansión a nivel mundial y que el producto y el comercio mundiales crezcan por encima de la tendencia; al mismo tiempo la inflación seguirá estando bajo control en los países industriales y se reducirá aún más en los países en desarrollo.

1La franja sombreada indica proyecciones del personal del FMI.

2Bienes y servicios, volumen.

3Promedio ponderado en función del PIB de las tasas de los bonos del Estado a diez años (o vencimiento más próximo) en Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Canadá. Excluida Italia antes de 1972.

Por otra parte, la afluencia de capital a los países con mercados emergentes se ha mantenido en general en niveles aceptables, una vez contenidos los efectos secundarios de la crisis de México. La recuperación ya parece estar en marcha tanto en México como en Argentina, y se observa un auge de la actividad en muchos otros países con mercados emergentes, en los que parece haberse disipado el peligro de un recalentamiento de la economía. En las economías en transición de Europa central y oriental, el impulso del crecimiento económico parece ser mayor de lo previsto en el cuarto trimestre de 1995. También hay indicios de una posible recuperación del producto en Rusia. Algunos de los países más pobres, sobre todo de África, han obtenido mejores resultados en materia de crecimiento y sus perspectivas son más halagüeñas tras la intensificación de las medidas de ajuste. El comercio mundial ha seguido en expansión a un ritmo más rápido de lo que parecían predecir en el pasado las relaciones entre el crecimiento del comercio y el producto; ello se debe a la liberalización del comercio internacional y a la tendencia a la convertibilidad de la cuenta corriente de la balanza de pagos que se han producido en los últimos años, y a las dinámicas fuerzas de la mundialización. Es evidente que los avances en la aplicación de medidas de política coherentes con la estrategia mundial delineada por el Comité Provisional hace tres años, y reafirmada en su Declaración de Madrid, en octubre de 19941 se han traducido en significativas mejoras en muchas áreas.

Al mismo tiempo, es evidente que hay que hacer frente a muchos problemas en forma más apropiada para reforzar el crecimiento en el mediano a largo plazo, reducir los riesgos de que se produzca una reacción negativa de los mercados financieros y aumentar la capacidad de recuperación de los países frente a las perturbaciones económicas. Pese a haberse logrado algunos avances, los desequilibrios presupuestarios de los países industriales siguen siendo una fuente de presiones alcistas sobre las tasas de interés y, por lo tanto, continúan desplazando la inversión privada. No sólo es necesario corregir oportunamente estos problemas fiscales, sino también reformar cuanto antes los sistemas de pensiones y de atención de la salud para evitar que las presiones sobre el presupuesto sean aún más intensas en el futuro, a medida que envejezca la población. Es mucho lo que se ha avanzado desde comienzos de los años ochenta en materia de desreglamentación de los mercados financieros y otras reformas estructurales, incluida una liberalización del comercio exterior de mayor alcance. Sin embargo, en muchos países —sobre todo de Europa— las reformas del mercado de trabajo siguen siendo un factor esencial para reducir el desempleo estructural y contribuir a corregir los desequilibrios fiscales.

La mayoría de los países en desarrollo han reducido notablemente los desequilibrios fiscales en los diez últimos años. Junto con la liberalización del comercio y otras reformas estructurales, ello ha contribuido al robusto desempeño económico que han tenido en los últimos años. No obstante, muchos de ellos, a través de los abultados déficit fiscales, siguen desviando recursos escasos en detrimento de la inversión productiva. Además, la intervención del Estado en la actividad económica a través de operaciones cuasifiscales o extrapresupuestarias afecta negativamente a la estructura de incentivos y al crecimiento económico en muchos países. Los países en transición también han alcanzado notables progresos en materia de estabilidad macroeconómica y han reducido significativamente sus desequilibrios presupuestarios, pero en muchos casos, el déficit fiscal sigue siendo demasiado grande y la continua intervención del Estado en la economía para ayudar a los sectores en crisis, incluso a través de las operaciones extrapresupuestarias, sigue constituyendo una amenaza para que las recientes reducciones de la inflación sean duraderas. Como este tipo de intervenciones evitan que las empresas y los consumidores queden totalmente expuestos al juego de las fuerzas del mercado, son prácticas que también retrasan el proceso de transformación estructural y ponen en peligro las perspectivas de una recuperación económica sostenida.

Como muchos de estos problemas de política macroeconómica y estructural —que con frecuencia guardan una estrecha relación entre sí— son de carácter fiscal, la política fiscal es objeto de especial atención en la presente edición de Perspectivas de la economía mundial.

Países industriales

En 1995, el crecimiento económico en los países industriales fue algo menos vigoroso de lo que se había previsto hace seis meses, dado que la expansión perdió mucho impulso durante el año en la mayoría de los países. Sin embargo, la desaceleración distó mucho de ser uniforme y fue deseable en muchos casos para evitar la acumulación de presiones inflacionarias. En Estados Unidos, aunque las tasas de crecimiento se moderaron a sólo 1¼% en el año transcurrido hasta el cuarto trimestre de 1995, la economía, en su quinto año de expansión, siguió manteniéndose en niveles próximos a los de plena utilización de la capacidad, y a principios de 1996, ya se observaban indicios de un nuevo repunte. En Japón, la actividad siguió siendo un tanto deslucida debido a la fortaleza del yen y a la incertidumbre resultante de la acumulación de problemas en el sector financiero, pero para final de año, era cada vez más claro que la recuperación estaba en curso. En Europa, se observó una diferencia de resultados entre los países cuya moneda se ha depreciado en los últimos años —Italia, Reino Unido, Suecia, y España— y los países de moneda fuerte: Alemania, Francia, otros países cuyas monedas se han mantenido estrechamente vinculadas al marco alemán, y Suiza. En el primer grupo, los países con “divisas periféricas”, el crecimiento fue más sostenido en general y la desaceleración que se produjo contribuyó a evitar que las tasas de inflación sobrepasaran el promedio. En el grupo de países de moneda fuerte, “el núcleo duro”, la actividad se estancó en el segundo semestre de 1995 y el desempleo volvió a aumentar antes de que la recuperación hubiese ganado mucho terreno (gráfico 2).

Gráfico 2.Principales países industriales: Tasas de desempleo

(Desestacionalizadas; porcentaje de la población activa)

En Europa continental, las tasas de desempleo sólo se han reducido ligeramente, con respecto a los niveles cíclicos máximos, y han comenzado a repuntar en los últimos meses.

1Hasta el final de 1991, los datos corresponden solamente a Alemania occidental. A partir de enero de 1992, los datos se basan en una metodología revisada y no son comparables con los datos anteriores.

Salvo en Estados Unidos y otros países que se hallan en una fase avanzada de recuperación, no se preveía a principios del año que se produjera una desaceleración económica en 1995, y sobre todo, en los países europeos del núcleo duro, la magnitud de dicha desaceleración no se apreció hasta hace muy poco. Desde la perspectiva actual, parece que la fuerte y generalizada subida de las tasas de interés reales a largo plazo en 1994 tuvo posteriormente un efecto de depresión sobre la actividad de los países industriales mayor de lo previsto. Además, parte de los efectos del ajuste fiscal que en un principio fueron absorbidos en algunos países por el ahorro privado, se materializaron después para reducir la demanda. Otros acontecimientos imprevistos a principios de 1995 también contribuyeron a la desaceleración: la aguda contracción en México y la espectacular mejora de la balanza comercial de este país tuvieron un efecto negativo significativo en la economía de Estados Unidos a principios de año; la fuerte apreciación del yen en el segundo trimestre socavó la incipiente recuperación en Japón, y, en lo que respecta a los países europeos del núcleo duro, la apreciación de sus monedas frente al dólar de EE.UU. y a otras monedas europeas tuvo un efecto similar aunque menos pronunciado.

Desde la perspectiva actual, también es mucho más fácil apreciar que las diferencias en los resultados entre estos dos grupos de países europeos se deben en cierta medida a diferencias en la composición y la orientación de su política económica. En los países con divisas periféricas, habida cuenta de la magnitud relativa de los desequilibrios fiscales, ha sido necesario aplicar una política fiscal bastante restrictiva, pero la política monetaria se ha tornado mucho más expansiva en los dos o tres últimos años, sobre todo teniendo en cuenta no sólo los descensos de las tasas de interés a corto plazo, sino también las depreciaciones que sufrieron las monedas de ese grupo de países tras las crisis del Sistema Monetario Europeo (SME) en 1992-93. En los países de moneda fuerte, no sólo ha sido restrictiva la política fiscal, aunque con diversa intensidad —algunos países no aprovecharon suficientemente la recuperación de 1994 para reducir el déficit fiscal— sino que también, lo ha sido relativamente por lo menos hasta los últimos meses, la política monetaria, definida igualmente en sentido amplio para tener en cuenta la evolución de los tipos de cambio. Con todo, para el conjunto de Europa occidental, donde el efecto neto de las fluctuaciones de los tipos de cambio sobre la demanda agregada ha sido relativamente pequeño, la orientación general y la combinación de las políticas parece haber sido un factor más restrictivo de lo que se pensó anteriormente. No obstante, el peso de la austeridad lo han soportado los países de moneda fuerte, en los que parece haber adquirido mayores proporciones por la firma de convenios salariales injustificadamente onerosos en Alemania y por cuestiones de confianza, entre ellas la incertidumbre con respecto a la futura orientación de las políticas y la inquietud suscitada en torno al proceso de convergencia de Maastricht. Todos estos factores han frenado el consumo privado y la inversión de las empresas, y han dado lugar además a reducciones de las existencias.

Claro está que las políticas económicas han reaccionado ante esta evolución imprevista de los acontecimientos. Sin embargo, dichas políticas, que siempre operan con un desfase, podrían no haber contrarrestado los elementos imprevistos de la desaceleración de la actividad en 1995. Si bien se aplicaron en general políticas monetarias más expansivas a medida que se fue disponiendo de información con respecto a la atenuación de las presiones de los precios y la desaceleración de la actividad, durante gran parte del año, la evaluación de la situación y de las perspectivas económicas en Europa no habría justificado una flexibilización mucho más rápida que la que de hecho se produjo.

No obstante, de cara al futuro, hay buenas razones para prever que se produzca un nuevo repunte del crecimiento económico en Europa a lo largo de 1996. La idea de que el reciente debilitamiento es de carácter temporal se sustenta en varios hechos. Lo más importante es que parece estar produciéndose una convergencia deseable entre la orientación de las políticas de los dos grupos de países. Concretamente, la política monetaria de los países de moneda fuerte se ha tornado mucho más expansiva durante el pasado año y también se prevé que se intensifiquen las medidas de ajuste fiscal corrigiendo la combinación de las políticas en una dirección que probablemente sea más conducente al crecimiento. (En el recuadro 1 se detallan los supuestos en los que se basan las proyecciones.) Además, los avances en materia de ajuste fiscal en los países con divisas periféricas han permitido que, en la mayoría de los casos, disminuyan las primas de riesgo sobre las tasas de interés y han contribuido también a corregir en parte la subvaloración de las monedas, aunque todavía hay margen de maniobra para una mayor apreciación de los tipos de cambio a medida que avancen las medidas de ajuste fiscal. Además, ya hay indicios de que el proceso de ajuste de las existencias puede haber llegado a su fin. Pese a que el momento y la intensidad de la recuperación prevista siguen siendo un tanto inciertos, es improbable que se prolongue la situación de debilitamiento.

Recuadro 1.Supuestos de política sobre los que se basan las proyecciones

Los supuestos de la política fiscal a corto plazo se basan en los presupuestos oficiales ajustados en función de las desviaciones con respecto a los resultados elaborados por el personal del FMI, y también en función de las diferencias entre los supuestos económicos elaborados por el personal del FMI y los de las autoridades nacionales. Para los supuestos a mediano plazo se tienen en cuenta las futuras medidas de política anunciadas que se estima que probablemente habrán de ponerse en práctica. En los casos en que las futuras intenciones con respecto al presupuesto no se han anunciado con la suficiente claridad para evaluar la factibilidad de su aplicación, se supone que el saldo estructural primario se mantiene invariable. A continuación se indican los supuestos concretos adoptados para algunos países industriales:

Estados Unidos: Para el período que concluye con el ejercicio 1999, el ingreso y el gasto fiscal a nivel federal se basan en el promedio de los ingresos y gastos que figuran en la propuesta de presupuesto presentada por el ejecutivo en marzo de 1996 (utilizando los supuestos de la Oficina Congresional del Presupuesto) y los de la Ley de equilibrio del presupuesto, aprobada por el Congreso en noviembre de 1995, ajustado en función de las diferencias entre los supuestos macroeconómicos del personal del FMI y los de la Oficina Congresional del Presupuesto. A partir del ejercicio 2000, se supone que el saldo primario del gobierno federal como porcentaje del PIB se mantiene invariable con respecto al nivel proyectado para el ejercicio 1999.

Japón: Se supone que las medidas que ya han sido anunciadas se pondrán en práctica en el mediano plazo. Dichas medidas comprenden una subida de la tasa del impuesto sobre el consumo del 3% al 5% en 1997 y la supresión simultánea del recorte temporal del impuesto sobre la renta, la aplicación del plan de reforma del sistema de pensiones de 1994, y la consecución del plan de inversión pública a mediano plazo.

Alemania: La proyección para el gobierno general correspondiente a 1996 se basa en el presupuesto federal de 1996 y en estimaciones oficiales recientes para los demás niveles de gobierno, ajustadas en función de las diferencias en las proyecciones macroeconómicas. En 1997, se supone que los fondos de seguridad social eliminarán sus déficit principalmente a través de una subida de las tasas de contribución (como lo establece la legislación vigente). Se supone asimismo que los demás niveles de gobierno mantendrán invariables las políticas actuales. Las proyecciones para 1998 y años posteriores se basan en el supuesto de que el saldo estructural primario se mantenga invariable.

Francia: Las proyecciones incorporan el presupuesto del Estado para 1996 y todas las medidas de política anunciadas por las autoridades, incluidos los recortes adicionales del gasto, por un monto de FF 20,000 millones, anunciados en marzo. No se incluyen, sin embargo, las medidas (todavía pendientes de determinar y de anunciar) que puedan adoptarse en relación con el presupuesto de 1997. El punto de referencia para la seguridad social es el conjunto de medidas de reforma anunciado en noviembre del año pasado. Algunas de estas medidas ya se han puesto en práctica y se incluyen en la proyección; también se supone que en 1996 y 1997 se aplicarán varias otras medidas importantes, que afectan principalmente al control de los gastos médicos; se excluye el número relativamente reducido de medidas que han sido eliminadas por el Gobierno. Sin embargo, la desaceleración de la actividad económica en el segundo semestre de 1995, y la relativa lentitud del crecimiento económico en 1996 afectarán negativamente a la recaudación de la seguridad social. Las proyecciones para 1998 y años posteriores se basan en el supuesto de que el saldo estructural primario se mantenga invariable.

Italia: Las proyecciones para 1996 se basan en el presupuesto oficial, ajustado en función de las desviaciones con respecto a las estimaciones de las autoridades sobre el posible resultado de las medidas legisladas, y en función de los gastos conocidos y no contemplados en el presupuesto (los pagos corrientes y atrasados conforme a las sentencias del Tribunal Constitucional en materia de pensiones, y el pago escalonado de la devolución de impuestos aplazada desde 1995). El interés de los bonos de cupón cero se incluye a medida que se devenga, y no cuando se paga (como se hace en la presentación oficial). Para 1997—98, se supone que las medidas (manovra) anunciadas en el plan trienal se aplican en su totalidad y generan los montos estimados oficialmente. A partir de entonces, se supone que el saldo estructural primario se mantiene invariable.

Reino Unido: Se supone que se respetarán los topes con respecto al gasto presupuestado. A partir del cuarto año, se supone que el gasto no cíclico aumentará al compás del PIB potencial. En cuanto al ingreso, las proyecciones incluyen por medio del horizonte presupuestario a tres años, el compromiso anunciado de elevar todos los años en valores reales los impuestos específicos sobre el consumo de tabaco y combustibles para vehículos automotores; después, se supone que las tasas tributarias reales se mantienen constantes.

Canadá: Los desembolsos del gobierno federal destinados a financiar el gasto de los distintos ministerios y las subvenciones a las empresas ajustan a los compromisos a mediano plazo anunciados en el presupuesto de marzo de 1996. Se supone que la evolución de otros gastos e ingresos será paralela a la evolución macroeconómica proyectada. No obstante, se supone que la prima del seguro de desempleo bajará en 1998/99 a un nivel congruente con el mantenimiento del superávit en la cuenta de dicho seguro. Se supone que la situación fiscal de las provincias será coherente con las respectivas metas establecidas para el déficit a mediano plazo.

Australia: Las proyecciones se basan en la estrategia de ajuste fiscal a mediano plazo anunciada por el Gobierno en el presupuesto para 1995/96 y en el supuesto de que no varíen las políticas de los gobiernos estatales y locales.

España: Las proyecciones para 1996 se basan en la aplicación del presupuesto de 1995, modificado por varios decretos leyes, y ajustado en función de las diferencias en los supuestos macroeconómicos y otras desviaciones similares con respecto a los gastos presupuestados, como ocurrió en 1995. Para 1997, las estimaciones del ingreso se basan en el supuesto de que no varía la estructura tributaria, pero la escala del impuesto sobre la renta de las personas físicas y los impuestos específicos sobre el consumo se ajustan en función de la inflación.

Países Bajos: Las proyecciones se basan en la trayectoria prevista del gasto público a mediano plazo para el gobierno central y la seguridad social. Sólo una parte del margen permitido conforme al establecido para el déficit anual del gobierno general se asigna a la reducción del déficit; la mayor parte se asigna a la reducción de impuestos y primas de seguridad social. Desde 1999 en adelante, se supone que el saldo estructural del gobierno general se mantiene constante.

Suecia: Las proyecciones a mediano plazo se basan en el programa multianual del ajuste del Gobierno aprobado por el Parlamento en 1995.

Suiza: Las proyecciones para 1997-99 se basan en estimaciones oficiales de los servicios corrientes. Para los años siguientes, se supone que el saldo estructural primario del gobierno general se mantiene constante.

* * *

Los supuestos de política monetaria se basan en el marco establecido para la política monetaria en cada país, lo que en la mayor parte de los casos implica que la orientación de la política monetaria no se ajusta en función del ciclo económico. En consecuencia, se supone en general que las tasas de interés oficiales suben cuando los indicadores económicos, incluidos los agregados monetarios, muestran que la inflación aumentará por encima de la tasa o margen aceptable, y bajan cuando, según los indicadores la inflación no superará la tasa o margen aceptable y el crecimiento previsto del producto será inferior a la tasa potencial. En los países del MAC, que utilizan la política monetaria para atenerse a las anclas cambiarías, se supone que las tasas de interés oficiales evolucionan al compás de las de Alemania, a menos que el avance en materia fiscal influya sobre los diferenciales de las tasas de interés con respecto a Alemania. En consecuencia, se supone que la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para los depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. alcanzará un promedio del 5,6% en 1996 y del 5½% en 1997; que en Japón la tasa de los certificados de depósito a tres meses alcanzará un promedio del 1% en 1996 y del 2,4% en 1997, y que en Alemania la tasa interbancaria para los depósitos a tres meses alcanzará un promedio del 3,6% en 1996 y del 4,6% en 1997.

No obstante, para facilitar una firme recuperación en Europa y protegerse del riesgo de un empeoramiento de la situación, es importante que los países con monedas fuertes aprovechen al máximo el margen de maniobra de que aún disponen para aplicar una política monetaria más expansiva sin comprometer el objetivo de la estabilidad de precios a mediano plazo. Los grandes márgenes de capacidad ociosa, la atenuación de las presiones sobre los precios, la fortaleza de los tipos de cambio y el moderado crecimiento de los agregados monetarios en la mayoría de los casos durante el pasado año son factores que indican que existe margen de maniobra para reducir aún más las tasas de interés a corto plazo. Es particularmente importante que la orientación de la política monetaria respalde la actividad a medida que se avanza en el proceso de ajuste fiscal. También los países con monedas débiles deben perseverar en las medidas de ajuste fiscal; es necesario que en estos países, la política monetaria se oriente con firmeza a la consecución de los objetivos de inflación a mediano plazo.

El hecho de que sea necesario perseverar en las medidas de ajuste fiscal refleja la capital importancia de lograr una combinación más equilibrada de las políticas que permita un crecimiento sostenido y más vigoroso en Europa. La intensificación del ajuste fiscal también es esencial para que el proceso de Maastricht pueda seguir adelante conforme a lo previsto. Por estos motivos y por las repercusiones que sobre las tasas de interés y la confianza de los mercados financieros tendría la aplicación de una política fiscal menos restrictiva, es imperativo avanzar suficientemente en materia de consolidación presupuestaria, sobre todo en lo que respecta a la columna de gastos del presupuesto del Estado. Prácticamente en todos los países convendría acelerar en cierta medida la consolidación del gasto. Si, contrariamente a la proyección esencial del presente informe, se prolongara el período de debilitamiento, un avance lo bastante significativo en la reducción de los desequilibrios estructurales todavía permitiría que la política fiscal proporcionase estabilizadores automáticos para la actividad económica. También es esencial seguir avanzando en la reforma del mercado de trabajo para corregir de raíz las principales causas del elevado desempleo estructural.

La desaceleración de la actividad económica en gran parte de Europa y los consiguientes aumentos del déficit fiscal han suscitado inquietud en torno a la viabilidad del calendario previsto para la UEM. Es importante cumplir los requisitos de participación establecidos en el Tratado de Maastricht; además, habida cuenta del repunte del crecimiento que se proyecta para 1996, está claro que resulta factible y beneficioso para la mayoría de los países de la UE cumplir los criterios que en materia fiscal establece el Tratado. Al mismo tiempo, la decisión histórica de adoptar una moneda común, y la decisión conexa sobre qué países participarán en principio en esta empresa, seguramente se basarán en consideraciones políticas y económicas más amplias. La introducción de una moneda común y la creación de un banco central europeo independiente dedicado al objetivo de lograr la estabilidad de los precios, podrían traer consigo importantes beneficios a largo plazo en forma de una mayor estabilidad financiera y macroeconómica en los países que participen en la unión monetaria. Para que estos beneficios se materialicen, los participantes tendrán que alcanzar y mantener un elevado nivel de disciplina fiscal. De lo que se desprende que, para evaluar en qué medida se están cumpliendo las condiciones necesarias para la participación habrá que considerarlas en un contexto de más largo plazo, teniendo en cuenta la capacidad de los gobiernos para corregir los desequilibrios fiscales, tanto estructurales como efectivos, y comprometerse en forma vinculante a aplicar los mecanismos adecuados de disciplina fiscal más allá del año de prueba de 1997 (véase el apéndice del capítulo II).

Los problemas presupuestarios son una amenaza para un crecimiento económico duradero y satisfactorio en casi todos los países industriales. Por supuesto, muchos países industriales se han esforzado en los últimos años en reducir los excesivos déficit fiscales, y las autoridades siguen haciendo gala de una firme determinación para restablecer un mayor equilibrio en las finanzas públicas. No obstante, el ajuste fiscal exige cada vez más recortes en programas de gasto que cuentan con el firme respaldo de ciertos grupos. Como los beneficios que dichos recortes suponen para el conjunto de la sociedad no son tan visibles y quizá no se dejen sentir sino en el largo plazo, los problemas políticos conexos —que se han puesto de manifiesto en la reciente agitación social observada en Francia, en el impasse con respecto al presupuesto en Estados Unidos, y en las costosas operaciones de rescate de algunas grandes empresas en varios países europeos— pueden retrasar los progresos necesarios. El riesgo de que se produzcan desviaciones en las medidas de ajuste fiscal es tanto más inquietante en la medida en que se prevé que la carga fiscal que representa la actual estructura de los sistemas de pensiones y de salud pública aumentará considerablemente en casi todos los países industriales en las próximas décadas.

No es probable que un aumento de los impuestos sea la mejor solución para los problemas fiscales, porque la carga tributaria ya es muy alta en la mayoría de los países y existe la inquietud de que un aumento de la tributación pueda distorsionar aún más la asignación de los recursos, afectar negativamente al empleo y reducir el crecimiento económico a largo plazo. También hay alguna evidencia, como se indica en el capítulo III, de que las medidas de ajuste fiscal basadas en subidas de los impuestos han sido mucho menos eficaces para alcanzar los objetivos fiscales que las medidas encaminadas a contener el aumento del gasto. De hecho, muchos países industriales podrían probablemente mejorar su desempeño económico reduciendo la proporción del gasto público y de los impuestos con respecto al PIB. Las presiones adicionales sobre las finanzas públicas como consecuencia del envejecimiento de la población subrayan la necesidad de reformar en profundidad los programas de gasto público. En muchos casos, será necesario replantearse el papel del sector público en la consecución de los principales objetivos sociales2. Un aspecto particularmente importante de la reforma es la amplia gama de políticas y de reglamentación sobre gasto social que obstaculizan el funcionamiento de los mercados de trabajo.

A diferencia de los resultados desiguales que en materia de crecimiento han registrado los países industriales, las bajas tasas de inflación siguen siendo uno de los aspectos más alentadores de la situación económica en la mayoría de estos países. Los países que más adelantados se hallan en la fase de expansión, entre ellos Estados Unidos y el Reino Unido, comenzaron a aplicar una política monetaria más restrictiva en 1994 en prevención de posibles presiones inflacionarias. Esta actitud vigilante se vio coronada por el éxito, y las moderadas tasas de inflación y crecimiento económico han permitido a estos países flexibilizar la política monetaria en los últimos meses. En otros países, los excelentes resultados en el terreno de la inflación han permitido a las autoridades monetarias hacer frente a la apreciación de la moneda, al aumento del desempleo y a la moderación del crecimiento económico rebajando las tasas de interés oficiales. En Japón, se ha utilizado prácticamente todo el margen de maniobra disponible para aplicar una política monetaria menos restrictiva, y la orientación flexible que se adoptó el verano pasado está contribuyendo a la recuperación de la actividad; si bien a corto plazo existe un riesgo de inflación, es evidente que, una vez que se consolide la recuperación, habrá que aplicar una política monetaria más restrictiva. En Alemania y muchos otros países de Europa, las tasas de interés oficiales se han reducido notablemente durante el pasado año ante la inquietud cada vez mayor suscitada por la atonía de la actividad y los indicadores monetarios y en el contexto de una fortaleza general de las monedas. En estas circunstancias, la flexibilización no ha entrañado ningún peligro de que se estimule la inflación, ni por lo tanto de comprometer las perspectivas de crecimiento a mediano plazo.

Con respecto a las perspectivas de cada país, se prevé que el crecimiento económico en Estados Unidos se mantendrá en tasas cercanas al nivel potencial en 1996-97, y que la inflación seguirá siendo moderada3. Los temores de que se desacelerara el crecimiento económico en 1996 se han atenuado ante el dinamismo de los datos, sobre todo los referentes al empleo, correspondientes a los primeros meses del año, y la economía seguirá viéndose estimulada por la política monetaria mucho menos restrictiva que se ha aplicado desde mediados de 1995. La evidencia de que está aumentando la actividad ha hecho desaparecer las expectativas de que pueda aplicarse una política monetaria menos restrictiva y ha contribuido a la reciente subida de las tasas de interés a largo plazo que, no obstante, siguen situándose muy por debajo del nivel registrado a principios de 1995. En cualquier caso, para aumentar el ahorro nacional y mejorar las perspectivas de crecimiento a largo plazo es fundamental intensificar el ajuste fiscal.

Aunque el déficit presupuestario de Estados Unidos se ha reducido drásticamente en los últimos años, amenaza con volver a aumentar si no se adoptan nuevas medidas. Desafortunadamente, el Gobierno y el Congreso no han podido hasta ahora resolver sus diferencias en lo tocante a medidas específicas para equilibrar el presupuesto en el mediano plazo, y las propuestas de ambas partes son decepcionantes con respecto al ritmo previsto del ajuste. Para justificar y mantener la confianza de los mercados financieros, el debate sobre el presupuesto debería resolverse de tal forma que se garantice la continua reducción del déficit en 1996 y en los años siguientes. Un programa de reducción diferida del déficit que se base excesivamente en medidas no especificadas que se adoptarán en el futuro, podría suscitar temores en cuanto a la posibilidad de que no se materialicen las reducciones del déficit prometidas. Además, los significativos recortes de los impuestos podrían posponerse hasta el momento en que se logre en gran medida la reducción del déficit.

En Canadá, se produjo una fuerte desaceleración de la recuperación económica en 1995, debido a la aplicación de una política monetaria más restrictiva a principios de año y a las primas de riesgo sobre las tasas de interés como consecuencia de la incertidumbre política y económica, y de la desaceleración en Estados Unidos. Tras la celebración del referéndum en Quebec en octubre, aumentó la confianza y las tasas de interés bajaron significativamente, lo que debería permitir un repunte de la actividad económica en 1996. Los desequilibrios fiscales han disminuido considerablemente en los últimos años, pero el gobierno federal y los gobiernos provinciales tendrán que velar por que se alcance un mayor grado de ajuste fiscal en 1996 y en el mediano plazo. La inflación ha seguido siendo baja, lo que permite cierta flexibilidad para aplicar una política monetaria más expansiva si así se justificara por consideraciones de orden cíclico y por nuevos avances en el frente fiscal. En general, la situación es favorable para que en Canadá se mantenga la expansión a una tasa vigorosa.

La actividad económica parece estar repuntando en Japón tras una prolongada fase de atonía que ha dejado a la economía con un margen considerable de recursos no utilizados. El respaldo brindado por la orientación de las políticas fiscal y monetaria, y la corrección de la excesiva apreciación del yen a principios de 1995, son razones fundadas para prever que la expansión continúe en 1996. La confianza en el sistema financiero ha empezado a asentarse con el anuncio de una estrategia para resolver los problemas financieros de los bancos japoneses, con las medidas para hacer frente con más eficacia a la situación de las instituciones en quiebra y con los planes para reforzar la supervisión bancaria. No obstante, las medidas necesarias para superar el problema de los préstamos incobrables de las instituciones financieras podrían ser un lastre para el proceso de recuperación. Se ha adoptado una política fiscal correcta encaminada a seguir respaldando la economía en 1996, pero habrá que reanudar el proceso de consolidación presupuestaria una vez que la recuperación cobre el suficiente impulso como para permitir que se retire el estímulo.

En los países europeos en los que la expansión se ha mantenido en un compás de espera desde mediados de 1995, no se puede aventurar todavía con claridad un cambio inmediato de situación, aun cuando parecen darse las condiciones para que se reactive el crecimiento en el segundo semestre de 1996. En Alemania, la fortaleza del marco y los decepcionantes resultados de la ronda de negociaciones salariales de 1995 parecen haber afectado negativamente al clima de inversión, al tiempo que se ha reducido el crecimiento de las exportaciones. Un problema conexo ha sido la caída de la confianza de los consumidores. El descenso de las tasas de interés y el auge del mercado de acciones permiten abrigar cierto optimismo con respecto a las posibilidades de que se produzca una recuperación más adelante en 1996, aunque es improbable que el aumento del PIB real en todo el año sobrepase el nivel del 1%. Aunque el crecimiento del principal indicador de la política monetaria —M3— repuntó un poco a principios de 1996, las bajas tasas de inflación y el margen de capacidad ociosa de la economía parecen indicar que podrían reducirse aún más las tasas de interés a corto plazo. Tras registrarse un déficit fiscal mayor de lo previsto en 1995, es importante mantener la disciplina con respecto a los gastos discrecionales, aunque podría justificarse un cierto margen para que operen los estabilizadores automáticos, si bien habrá que hacer los ajustes necesarios para compensar la disminución del ingreso. También es necesario limitar el déficit de los gobiernos estatales y locales y los fondos de pensiones que, de hecho, fueron la principal fuente de aumento del déficit fiscal global durante el pasado año.

Recuadro 2.Estados Unidos: Método de ponderaciones concatenadas para estimar el PIB real

El procedimiento de “ponderaciones concatenadas” se ha convertido recientemente en el método utilizado por el Bureau of Economic Analysis [Oficina de Análisis Económicos] (BEA) del Ministerio de Comercio de Estados Unidos para separar la variación nominal (o en dólares corrientes) del PIB en sus elementos de variación de cantidades y de variación de precios. Así pues, éste se ha convertido en el principal método utilizado para medir el crecimiento económico en Estados Unidos1. Este método está libre de los sesgos que tendían a surgir con el método anterior del “año base fijo” debido a los cambios estructurales de la economía de Estados Unidos, y en particular, al acusado descenso del precio de las computadoras.

Con el método del año base fijo, el PIB real se estimaba utilizando los precios en un año base determinado —el último de ellos fue 1987— para valorar todas las categorías de gasto de la economía. El PIB real se calculaba como suma de los componentes del gasto según su valor en los precios del año base; el crecimiento del PIB real era simplemente la variación porcentual de esta suma. Una importante ventaja de esta técnica radicaba en que era fácil desglosar el PIB real en sus componentes, (por ejemplo, los principales agregados del gasto en consumo privado, inversión, gasto público y exportación neta), de modo que resultaba relativamente fácil determinar la contribución de cada componente del gasto al crecimiento.

Sin embargo, los cambios en la estructura de la economía estadounidense, pusieron de relieve que el crecimiento del PIB estimado por el método del año base fijo era sensible a la selección del año base. Cuanto más lejano fuera el año base, mayor era la ponderación asignada a las partidas de gasto cuyos precios posteriormente hubieran bajado o subido con relativa lentitud. Estos eran casi siempre los gastos de mayor crecimiento, ya que la demanda de los bienes cuyos precios relativos estaban aumentando se volcaba hacia ellos. En consecuencia, cuanto más lejano fuera el año base, mayor era el sesgo al alza de las estimaciones del crecimiento subsiguiente del PIB real. Al actualizarse el año base—por lo general cada cinco años— la estimación del PIB real se ajustaba a la baja. El acusado descenso del precio de las computadoras, que comenzó en los años ochenta, y la espectacular expansión de la importancia de este sector en la economía, pusieron de relieve estas deficiencias del método del año base fijo. El BEA ha estimado que el anterior cambio del año base de 1982 a 1987 se tradujo en una disminución promedio de 0,3 de punto porcentual en el crecimiento del PIB del período 1982-88.

Estimaciones del PIB real, con año base fijo y con ponderaciones concatenadas

(Variación porcentual con respecto a cuatro trimestres antesí

Fuente: Oficina de Análisis Económicos, Ministerio de Comercio (Estados Unidos).

1El año base es 1987.

Con el método de las ponderaciones concatenadas, el año base se adelanta un año todos los años, y eso permite una actualización constante de las ponderaciones. La ventaja de este método es que elimina el sesgo al alza imprimido al crecimiento del PIB real que, por lo general, caracterizaba al método del año base fijo (véase el gráfico). Por ejemplo, la tasa de crecimiento del PIB real de 1995 se calcula obteniendo el promedio de dos estimaciones del crecimiento: una con año base 1995 y la otra, con año base 1994. Al utilizar el método de las ponderaciones concatenadas se reduce el riesgo de revisiones potencialmente grandes de las estimaciones históricas del PIB real. Con este método no es posible descomponer exactamente el nivel del PIB real en sus componentes, pero es posible descomponer el crecimiento del PIB real en las contribuciones imputables a la variación de los diferentes componentes (gasto o producto). Se ha estimado que con la sustitución del método de ponderaciones fijas con año base 1987 por el de ponderaciones concatenadas, el crecimiento medido del PIB real de 1995 bajó en alrededor de ½ de punto porcentual.

A partir de la presente edición de Perspectivas de la economía mundial, los datos y las proyecciones de las cuentas nacionales de Estados Unidos se basan en estimaciones ponderadas concatenadas.

1Entre otros países industriales, Noruega y los Países Bajos también utilizan el método de las ponderaciones concatenadas para estimar el PIB real.

La escasa confianza de los consumidores y de los inversionistas ha contribuido también al estancamiento de la actividad en Francia en el segundo semestre de 1995, y a que se hayan revisado a la baja las proyecciones de crecimiento para 1996, que se sitúan ahora en torno al 1%-1½%. No obstante, al igual que en Alemania, y como ya se analizó anteriormente, se prevé un aumento de la actividad durante el año. Es posible que la resistencia a las reformas fiscales y estructurales propuestas por el Gobierno, y el nuevo aumento del desempleo a casi el 12% de la fuerza laboral a principios de 1996, hayan contribuido al deterioro de la confianza. La firmeza de las medidas adoptadas por el Gobierno ha coadyuvado a restablecer la confianza de los mercados y a fortalecer el franco, y ha permitido una reducción de las tasas de interés a corto plazo con respecto a las de Alemania. Aunque todavía existe el riesgo de una desaceleración del crecimiento, con la posibilidad de que reaparezcan las turbulencias en el mercado de divisas, este riesgo podría limitarse si se persevera en los esfuerzos para adoptar una combinación de políticas más equilibrada.

Tras registrar una vigorosa expansión en 1994, las tasas de crecimiento económico en el Reino Unido fueron más moderadas en 1995, lo que contribuyó a aliviar las presiones inflacionarias. Los aumentos de la competitividad exterior desde 1992 y los recientes descensos de las tasas de interés están respaldando la economía, y se prevé que se mantenga el crecimiento a tasas moderadas y que la inflación se reduzca progresivamente ahora que los anteriores aumentos del costo de los insumos parecen haber surtido ya su efecto. Las medidas fiscales anunciadas en el presupuesto de noviembre son neutrales, pero debido sobre todo a insuficiencias en materia de ingreso, el proceso de ajuste fiscal a mediano plazo se ha retrasado un año. A menos que la actividad económica se reduzca drásticamente, no parece justificado aplicar una política monetaria menos restrictiva.

En Italia, la fuerte depreciación de la lira entre 1992 y principios de 1995 hizo que aumentara la competitividad exterior, lo que ha contribuido a impulsar la actividad económica y, al mismo tiempo, ha estimulado la inflación. Pese a las dificultades que sufren los principales países con los que comercia Italia, y a la incertidumbre política que se vive a nivel nacional, el crecimiento económico fue relativamente alto en 1995 debido al extraordinario dinamismo de las exportaciones, y se prevé que siga siendo más vigoroso que en la mayoría de los demás países europeos en 1996. Los progresos visibles en materia de ajuste fiscal, junto con la favorable situación de los mercados internacionales, ayudaron a la lira a recuperar terreno y contribuyeron a reducir los grandes diferenciales de las tasas de interés con respecto a Alemania. En los próximos meses, es esencial perseverar en las medidas de ajuste fiscal, a fin de crear un ciclo favorable de reducción del déficit, descenso de las tasas de interés, un deseable afianzamiento de la lira, reducción de la inflación y una expansión económica más equilibrada; sin embargo, cabe el riesgo de que la incertidumbre política y las desviaciones de la política económica provoquen un retroceso en las recientes mejoras económicas y financieras.

En cuanto a los demás países industriales, en Suecia, Finlandia y España también se ha observado un crecimiento relativamente rápido de las exportaciones tras haber registrado aumentos de la competitividad y una recuperación de la confianza de los mercados financieros gracias a los avances logrados en la reducción de los desequilibrios fiscales. En Irlanda, la expansión ha seguido siendo especialmente notable, y hay muy pocos indicios de presiones inflacionarias. En Dinamarca y Noruega, la desaceleración del crecimiento registrada desde mediados de 1995 ha atenuado el riesgo de recalentamiento que entrañaba la expansión económica relativamente vigorosa que registraron estos dos países desde 1993. Suiza se ha visto, en particular, gravemente afectada por la apreciación de su moneda —hasta el 20% en lo que respecta al tipo de cambio efectivo real desde 1992— y por la pérdida de cuota de mercado a escala nacional e internacional. Como consecuencia, las proyecciones indican que el PIB real crecerá menos del 1% en 1996, cifra no mucho más alta que la de 1995. Para hacer frente a la apreciación del tipo de cambio y al debilitamiento de la actividad, se han reducido considerablemente las tasas de interés oficiales, y las tasas de interés a largo plazo han bajado al 4%, aproximadamente, el nivel más bajo de Europa.

Pese a que en la mayoría de los países industriales se sigue librando una dura batalla para corregir los problemas fiscales, Nueva Zelandia es una notable excepción con un superávit presupuestario desde 1994. Gracias a la adopción de reformas estructurales e institucionales radicales, la disciplina fiscal que ha aplicado el país ha contribuido a que se registren tasas de crecimiento superiores a la media, a que descienda el desempleo y a que se estabilicen los precios. En cuanto a Australia, los resultados económicos han sido muy buenos en los últimos años y se ha observado una significativa mejora de la situación fiscal, aunque la inflación aumentó un poco en 1995. En ambos países, las perspectivas a corto plazo siguen siendo mejores que en la mayoría de los otros países industriales, aunque las políticas fiscal y monetaria habrán de mantenerse alerta para hacer frente al reto de mantener el crecimiento evitando al mismo tiempo las presiones inflacionarias y asegurando la viabilidad de la balanza en cuenta corriente.

Países en desarrollo

El ímpetu del crecimiento económico en muchos países en desarrollo, y la capacidad de recuperación cada vez mayor del mundo en desarrollo frente a las perturbaciones externas mencionada en números anteriores de Perspectivas de la economía mundial, son motivos más que fundados para prever que la reciente atonía que se observa en algunos países industriales no desembocará en una desaceleración mundial generalizada. Es probable que las economías con mercados emergentes de Asia sigan registrando momentos de auge, si bien se prevé una moderación del crecimiento en varias de ellas. Ello contribuirá seguramente a reducir las presiones inflacionarias y a reducir los actuales desequilibrios de la balanza en cuenta corriente debidos en parte a la gran afluencia de capital privado. No obstante, cabe pensar que quizá haya que complementar las medidas ya adoptadas en Indonesia, Malasia y Tailandia para atenuar la demanda interna con medidas adicionales de austeridad.

En China, la economía parece haber realizado un aterrizaje suave tras un período prolongado de recalentamiento. La inflación ha descendido a menos de la mitad del nivel observado en 1994, y el crecimiento del producto se ha reducido al 10%, aproximadamente; sin embargo, la rápida y continua expansión monetaria hace peligrar estos avances. El dinamismo del sector exterior constituye una buena oportunidad para acelerar la liberalización del comercio exterior y eliminar las restricciones cambiarías que aún se aplican a las transacciones corrientes. En materia de política económica, cabe mencionar entre otras prioridades el fortalecimiento de las finanzas públicas, la imposición de limitaciones presupuestarias más estrictas a las empresas estatales y la reforma del sector financiero.

En otros países de Asia, el crecimiento económico en India siguió siendo vigoroso en 1995, como consecuencia de un repunte de la inversión y del dinámico crecimiento de las exportaciones, aunque se prevé que se modere un poco en 1996 en la medida en que la subida de las tasas de interés frene la demanda interna. Después de las elecciones, es esencial seguir adelante con las medidas de consolidación presupuestaria y reforma estructural para sostener y reforzar el crecimiento. En Filipinas, se prevé que la recuperación económica se afiance más firmemente este año. Para mantener la economía en una trayectoria de crecimiento sostenible es necesario seguir aplicando reformas fiscales y estructurales, así como adoptar una firme política monetaria antiinflacionaria.

En América Latina, las consecuencias y los efectos secundarios de la crisis financiera que sufrió México a finales de 1994 y principios de 1995 han remitido notablemente. En México, tras un año difícil en el que el producto real registró una contracción de casi el 7%, se prevé que la recuperación que ya se ha iniciado cobre impulso a lo largo de 1996. No obstante, todavía existen riesgos debido a la fragilidad del sector bancario y habrá que seguir imponiendo disciplina fiscal para mantener la confianza de los mercados. También en Argentina, las medidas de ajuste adoptadas para hacer frente a las repercusiones de la crisis de México permitirán seguramente que la recuperación que parece estar produciéndose cobre impulso en 1996. En Brasil, se redujo la inflación mensual del 43% en el primer semestre de 1994 al 1½% en 1995. Ello se debe al éxito del Plan Real, que incluía la eliminación de casi todas las formas de indexación basada en valores anteriores, la introducción de una nueva moneda y la aplicación de una política crediticia restrictiva, que posteriormente dio lugar a una apreciación nominal del tipo de cambio. Sin embargo, la situación fiscal empeoró en 1995, y es esencial fortalecer las finanzas públicas y adoptar reformas estructurales para asegurar el éxito permanente del Plan Real y un crecimiento económico más sólido y sostenido. Chile, el país de América Latina que mejores resultados ha obtenido, aplicó una política monetaria más restrictiva a finales de 1995 en un clima de recalentamiento de la economía. Se prevé una desaceleración del crecimiento económico del 8% en 1995 a un 6% —cifra todavía notable— en 1996, y al mismo tiempo una mayor moderación de la inflación.

En África, sobre todo en los países situados al sur del Sahara, se prevé que las tasas de crecimiento económico seguirán aumentando como consecuencia de la adopción de políticas macroeconómicas y estructurales más vigorosas en un número creciente de países en los últimos años. En la mayoría de los países de la zona del franco CFA se ha observado una continua recuperación tras restablecerse la competitividad exterior con la devaluación de 1994 y las medidas de política complementarias. En Sudáfrica, la actividad, sobre todo en el sector de manufacturas, está repuntando con la reintegración del país a la economía mundial. En Ghana, Kenya, y Uganda, también se está produciendo una vigorosa recuperación. Sin embargo, en varios otros países, entre ellos Nigeria y Zaire, la situación económica sigue siendo difícil. Para elevar en forma significativa y sostenida el nivel de vida habrá que adoptar medidas de política más acertadas.

En la región de Oriente Medio y Europa, han mejorado las perspectivas y los resultados económicos en varios países como consecuencia de la adopción de políticas macroeconómicas y estructurales más firmes y de un cierto aumento general de la estabilidad regional (véase el anexo II). En Jordania, se prevé que el crecimiento económico seguirá siendo vigoroso gracias a la perseverancia en la aplicación de medidas de ajuste estructural. Sin embargo, para muchos de los países productores de petróleo, los abultados (aunque cada vez menores) déficit fiscales y el descenso de los precios del petróleo siguen ensombreciendo el panorama. En Egipto, las deficiencias estructurales son aún un obstáculo para la actividad económica. En Turquía se registró una rápida expansión en 1995, pero la persistencia de desequilibrios macroeconómicos sigue amenazando la viabilidad del crecimiento a más largo plazo.

Pese a que aún quedan muchos problemas por resolver, la adopción de una política fiscal más firme ha desempeñado un papel de primer orden en los sólidos resultados económicos de los países en desarrollo en los últimos años. En general, desde mediados de los años ochenta, se ha recortado el déficit fiscal del gobierno central en dos tercios, y actualmente asciende en promedio a un 2% del PIB, aproximadamente. En América, los desequilibrios que aún persisten son relativamente pequeños, pero el bajo nivel de las tasas de ahorro nacional de la región es indicativo de la importancia que tiene mejorar aún más la situación fiscal. En Asia, el panorama general también ha mejorado, aunque la persistencia de grandes desequilibrios fiscales en algunos países, sobre todo en el subcontinente indio siguen desviando recursos escasos de la inversión privada. En varios de los países con mercados emergentes de Asia, la aplicación de una política fiscal algo más restrictiva podría contribuir a atenuar los riesgos que entraña la gran afluencia de capital. En Oriente Medio, los déficit fiscales se han reducido en promedio de más del 12% del PIB en 1983-88 al 4% del PIB en 1995, pero es evidente que hay que desplegar un mayor esfuerzo, sobre todo en algunos de los países exportadores de petróleo. El déficit fiscal medio en África se ha reducido a la mitad desde 1993, para situarse también en torno al 4% del PIB en 1995 (la mediana del déficit ha bajado del 7% del PIB en 1993 al 4½% del PIB en 1995).

Las deficiencias en la movilización del ingreso, que son consecuencia no sólo de la escasa magnitud de las bases tributarias, sino también de la ineficiencia de las administraciones tributarias, constituyen un problema grave en muchos países en desarrollo, que reduce la capacidad de las autoridades para prestar servicios públicos básicos y mantener niveles adecuados de inversión en infraestructura. Además, en algunos casos son un factor que contribuye en gran medida a los grandes déficit fiscales que socavan la estabilidad macroeconómica.

En muchos países en desarrollo, el hincapié que se ha hecho en las reducciones del gasto en el proceso de ajuste fiscal puede haberse debido en parte a dificultades para movilizar un mayor volumen de ingreso, pero en general se ha observado una tendencia a reducir el gasto público en actividades que el sector privado podría desempeñar con más eficiencia. También ha disminuido la proporción del gasto militar con respecto al PIB. De mantenerse, la disminución de la proporción de gasto público que se asigna a actividades menos productivas seguramente permitiría dedicar un mayor volumen de recursos a sectores como la educación y la salud y al alivio de la pobreza. Además, y esto es importante tanto desde el punto de vista estructural como macroeconómico, la intervención del Estado en la economía a través de actividades cuasifiscales se ha reducido notablemente en muchos países en desarrollo gracias a la privatización, la desreglamentación y la liberalización del comercio exterior. Aunque el nivel general de intervención estatal en la economía sigue siendo mucho más alto de lo que cabría pensar, a juzgar por la proporción que el gasto público representa con respecto al PIB, y constituye a menudo un grave obstáculo para alcanzar tasas más altas de crecimiento económico sostenible, la tendencia general es muy prometedora.

Países en transición

Muchos de los países en transición han avanzado notablemente en materia de estabilización y reforma macroeconómicas, y los frutos del esfuerzo que están realizando para transformar su economía son cada vez más visibles. No cabe duda de que el proceso de transición está funcionando.

Tras el giro que dio la actividad económica en 1994, la recuperación en los países de Europa central y oriental (salvo Belarús y Ucrania) cobró nuevo impulso en 1995. Se prevé que la región seguirá creciendo en 1996-97 a una tasa similar a la del pasado año —del 4% al 5% anual— y que el potencial de crecimiento será aún mayor si se abordan con éxito los problemas que estos países enfrentan en materia de política económica. Polonia, las Repúblicas Checa y Eslovaca y Eslovenia han registrado algunos de los resultados más espectaculares. La disciplina en la aplicación de las políticas financieras, las reformas estructurales, la liberalización de los intercambios y el rápido crecimiento del comercio exterior, especialmente con Europa occidental, son factores importantes que contribuyen a la rápida transformación que se está produciendo en estas economías. De los países en transición de Asia central, Mongolia, con su desempeño económico, es otro buen ejemplo de los beneficios que conllevan las reformas.

Muchos de los países que han avanzado menos en el proceso de transición han logrado progresos significativos en materia de reforma estructural, incluidas la liberalización de los precios, la privatización y el desmantelamiento de los obstáculos al comercio exterior. También se ha progresado con respecto a la estabilidad macroeconómica, aunque la viabilidad de las recientes reducciones de la inflación todavía está por verse en algunos casos. El producto parece haber tocado fondo en 1995 en Rusia, y en 1996 debería iniciarse una recuperación convincente, siempre y cuando no se produzcan desviaciones de las políticas. Las perspectivas de la economía han mejorado también en Kazakstán, la República Kirguisa, Moldova, Armenia, Georgia y Uzbekistán. Ucrania ha avanzado considerablemente en materia de estabilización y reforma sistémica en 1995; si no se producen desviaciones de la trayectoria trazada, el descenso del producto debería tocar fondo en 1996. En Belarús, Tayikistán y Turkmenistán, en donde las medidas de reforma y estabilización han sido insuficientes hasta la fecha, es muy posible que se mantenga la contracción del producto. Los conflictos armados siguen retrasando las reformas necesarias en varios otros países, pero en todo el territorio de la antigua Yugoslavia, las perspectivas de recuperación han mejorado ya tras el cese de las hostilidades en Bosnia y Herzegovina.

El éxito inicial en materia de estabilización no es una garantía de que no vaya a resurgir la inflación. En algunos de los países que más han avanzado en el proceso de transición, la afluencia de capital ha contribuido a aliviar las restricciones financieras, a estimular la actividad y a permitir una sustitución más rápida de los bienes de equipo obsoletos. La afluencia de capital también facilita la privatización y la reestructuración de las empresas, dando así un papel más destacado a las fuerzas del mercado en la asignación de los recursos. Sin embargo, como en otras partes del mundo, si dicha afluencia es de gran escala puede hacer que aumenten las presiones inflacionarias a menos que se ajuste como es debido la política macroeconómica. Además, la afluencia de capital podría traducirse en salidas de capital perturbadoras cuando los desequilibrios internos o externos son grandes. Para reducir este riesgo, Hungría ha puesto en marcha un programa de ajuste fiscal con el que debería reducirse en forma sostenida la proporción que representa la deuda externa con respecto al PIB, mientras que Polonia ha permitido un ligero afianzamiento de la moneda y la República Checa ha ampliado la banda de intervención.

Para los países en transición, la consecución y el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica son objetivos muy estrechamente vinculados al proceso de reestructuración de las empresas y la banca y a la reforma de las redes de protección social. En muchos de estos países, de los indicadores fiscales estándar parece desprenderse que la reducción de los desequilibrios fiscales ha venido acompañada de una disminución sustancial de la intervención estatal en la economía. No obstante, en la mayoría de los casos es necesario reducir aún más el déficit. También hay varios cauces indirectos a través de los cuales las autoridades de algunos de estos países siguen influyendo en la asignación de los recursos, entre ellos el crédito dirigido y las garantías de préstamo explícitas o implícitas, así como el permitir la peligrosa acumulación de atrasos en el pago de impuestos y salarios y en los pagos entre las empresas. Además, es muy probable que las abultadas carteras de préstamos de dudoso cobro, tanto de los bancos estatales como de los privados tengan repercusiones sobre el presupuesto. Estos problemas, que varían en magnitud, constituyen en potencia una grave amenaza para la estabilidad macroeconómica y para una recuperación sostenida en algunos países por la posibilidad de que se moneticen los consiguientes gastos presupuestarios. Asimismo, en muchos casos estas prácticas están impidiendo o retrasando la transformación estructural de las empresas y, por consiguiente, siguen distorsionando el sistema de incentivos económicos. El incumplimiento de los compromisos contractuales y la renuencia de las autoridades a exigir la ejecución de los pagos amenazan con socavar los avances logrados para establecer una economía de mercado. Como destacaba Adam Smith,

No pueden florecer largo tiempo el comercio y las manufacturas en un Estado que no disponga de una ordenada administración de justicia; donde el pueblo no se sienta seguro en la posesión de su propiedad; en que no se sostenga y proteja, por obra de la ley, la buena fe de los contratos, y en que no se dé por sentado que la autoridad del gobierno se esfuerza en promover el pago de los débitos por quienes se encuentran en condiciones de satisfacer sus deudas4.

La preocupación por las cuestiones sociales es sin lugar a dudas uno de los motivos por los que se sigue recurriendo —y a veces con mayor intensidad— a medidas cuasifiscales de respaldo a la industria. Para superar este problema, es necesario poner en práctica programas de seguro de desempleo y de atención de la salud bien focalizados que permitan a las empresas desligarse de las responsabilidades sociales. También es apremiante reformar los sistemas de pensiones. Debido a tendencias demográficas particularmente adversas, muchos de los países en transición tendrán que reducir los incentivos a la jubilación anticipada, elevar las tasas de contribución al sistema y aumentar la edad de jubilación para que los sistemas de pensiones puedan ser viables a largo plazo.

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