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IV. Crisis financieras: Características e indicadores de la vulnerabilidad

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 1998
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Las crisis financieras que estallaron en Asia oriental en el segundo semestre de 1997 son las últimas de una serie de episodios similares que han experimentado las economías de diversas regiones del mundo durante los últimos años. En los años noventa se han producido crisis cambiarias en Europa (la crisis del mecanismo de tipos de cambio del Sistema Monetario Europeo, el MTC, de 1992–93) y en América Latina (el “efecto tequila” de 1994–95), así como en Asia oriental (las crisis de 1997–98 en Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia). Estas crisis han sido costosas en diversa medida, y particularmente cuando han involucrado problemas del sector bancario, tanto en términos de pérdida de producto como en términos de los gastos fiscales y cuasifiscales necesarios para apuntalar los frágiles sectores financieros. También han involucrado significativos efectos indirectos internacionales y en varios casos han hecho que fuera necesario recurrir a la asistencia financiera internacional para limitar su severidad y sus costos, y contener su difusión y el contagio en otros países.

Por supuesto, las crisis financieras no ocurren solamente en los sistemas financieros actuales: la historia registra innumerables crisis financieras y cambiarias77. En este siglo, por ejemplo, pueden mencionarse las numerosas crisis financieras del período de entreguerras; las crisis de la libra esterlina y el franco francés de los años sesenta; la desintegración del sistema de Bretton Woods a principios de los años setenta, y la crisis de la deuda de los años ochenta. En los períodos anteriores también se experimentaron crisis financieras, especialmente crisis bancarias —dos ejemplos notables fueron la crisis de Barings de 1890, que guarda notables similitudes con la crisis mexicana de 1994–9578, y la crisis cambiaria estadounidense de 1894—96, que ha sido considerada como un ataque especulativo a la adhesión de los Estados Unidos al patrón oro y uno de los primeros ejemplos de la eficacia de la obtención de empréstitos oficiales en reservas internacionales para evitar una crisis cambiaria79. En efecto, fue en gran medida como respuesta a diversas crisis que se establecieron y evolucionaron las modernas instituciones y prácticas como la función de prestamista de última instancia de los bancos centrales, el seguro de depósitos, las normas de prudencia y regulación y los mecanismos financieros internacionales, especialmente el propio FMI.

Las crisis financieras no sólo no son un fenómeno reciente, sino que con frecuencia muchas de las mismas fuerzas han intervenido en otras crisis de distinta naturaleza. Las innovaciones financieras y la mayor integración de los mercados financieros mundiales que se observa en las últimas dos décadas, sin embargo, parecen haber introducido algunos nuevos elementos y preocupaciones, de manera que a pesar de que existen ciertas similitudes, las crisis de los años recientes difieren en algunos importantes aspectos de las ocurridas en un pasado más distante. En particular, los efectos indirectos y el contagio de las crisis parecen ser más pronunciados y de mayor alcance.

En este capítulo se analizan las crisis financieras del período posterior al sistema de Bretton Woods, con el fin de extraer enseñanzas acerca de sus causas, sus características macroeconómicas y las señales de alerta anticipada sobre la vulnerabilidad frente a las crisis. El análisis considera la experiencia de los países industriales y en desarrollo: para estos últimos, se concentra en las economías con mercados emergentes, es decir, aquellas economías que han recibido una significativa afluencia de capitales privados y en consecuencia son potencialmente más susceptibles a las variaciones en la actitud de los mercados.

Tipos de crisis

En términos generales, pueden distinguirse varios tipos de crisis financieras. Puede decirse que se produce una crisis cambiaria cuando un movimiento especulativo contra el valor de cambio de una moneda se traduce en una devaluación (o una fuerte depreciación), u obliga a las autoridades a defender la moneda mediante la utilización de un gran volumen de reservas internacionales o un fuerte incremento de las tasas de interés. Una crisis bancaria es una situación en la que las quiebras o los retiros masivos (reales o potenciales) de depósitos de los bancos inducen a éstos a suspender la convertibilidad interna de sus pasivos u obligan a las autoridades a intervenir para impedir tales quiebras o retiros otorgando asistencia en gran escala80. Una crisis bancaria puede ser tan generalizada que llegue a asumir proporciones sistémicas. Las crisis bancarias sistémicas son perturbaciones potencialmente severas de los mercados financieros que, al menoscabar su capacidad para funcionar eficazmente, pueden tener efectos negativos sobre la economía real. Una crisis financiera sistémica puede involucrar una crisis cambiaria, aunque una crisis cambiaria no involucra necesariamente una perturbación grave del sistema interno de pagos, de manera que puede no llegar a ser una crisis financiera sistémica. Por último, una crisis de deuda externa es una situación en la que un país no puede atender el servicio de la deuda contraída con el exterior, ya sea soberana o privada.

Con frecuencia, las crisis de todos los tipos han tenido orígenes comunes: la acumulación de desequilibrios económicos insostenibles y desajustes en los precios de los activos o los tipos de cambio, a menudo en un contexto de distorsiones del sector financiero y rigideces estructurales. Una crisis puede ser provocada por una súbita pérdida de confianza en una moneda o sistema bancario, ocasionada por acontecimientos tales como una repentina corrección en los precios de los activos o una interrupción del crédito o de los flujos de financiamiento externo que ponen de manifiesto las deficiencias económicas y financieras que son inherentes de la economía. Las crisis pueden entrañar abruptas reducciones de los precios de los activos y quiebras de instituciones financieras y sociedades no financieras81. Por supuesto, no todas las correcciones de desequilibrios involucran una crisis. El hecho de que lo hagan o no, aparte de la magnitud de los propios desequilibrios, depende de la credibilidad de las políticas que se aplican para corregir los desequilibrios y lograr un “aterrizaje suave” y de la solidez del sistema financiero de un país. Estos factores determinan la vulnerabilidad de la economía frente a las crisis. Entonces, puede considerarse que las crisis son la consecuencia de perturbaciones financieras o económicas cuando la economía tiene un alto grado de vulnerabilidad.

En algunos casos pueden estar presentes elementos de las crisis cambiarias, bancarias y de deuda, como en la reciente crisis de Asia oriental y la crisis mexicana de 1994–95. Las crisis del MTC de 1992–93 fueron esencialmente cambiarias, aunque los países nórdicos que experimentaron crisis cambiarias también habían sufrido crisis bancarias internas alrededor de la misma época. Además, lo que puede comenzar como un tipo de crisis también puede convertirse en otros tipos de crisis. En muchos casos las crisis bancarias han estado precedidas de crisis cambiarias, especialmente en los países en desarrollo, como ocurrió por ejemplo en Turquía y Venezuela a mediados de esta década. Las crisis de deuda también han estado precedidas de problemas bancarios, como en Argentina y Chile en 1981–82. También ha ocurrido lo contrario, como en los casos de Colombia, México, Perú y Uruguay, donde las crisis bancarias fueron precipitadas por el retiro del financiamiento externo en 1982. Más recientemente, las que comenzaron como crisis cambiarias en algunos países de Asia oriental se transformaron en crisis bancarias y de deuda, como lo ilustra más claramente el caso de Indonesia. Sin embargo, el hecho de que un tipo de crisis preceda a otro no implica necesariamente causalidad. Puede ocurrir que las dificultades del sector bancario no siempre sean evidentes, especialmente en países que tienen sistemas regulados en forma inadecuada o con una deficiente supervisión, o en circunstancias en que los auges de préstamos y la inflación de los precios de los activos puede ocultar los problemas bancarios hasta que la corrección de los precios de los activos pone en evidencia la fragilidad del sistema financiero. Lo mismo ocurre en el caso de los problemas vinculados al endeudamiento del sector empresarial. En estas situaciones, la fragilidad del sistema bancario o del sector empresarial puede revelarse plenamente sólo después de que un movimiento especulativo contra la moneda ha socavado la confianza en general y ha precipitado cambios especulativos que exponen o agravan los problemas bancarios y de deuda82. Esta ha sido obviamente una característica de la reciente crisis de Asia oriental.

Identificación de las crisis

¿Cuál ha sido la incidencia de las crisis cambiarias y bancarias en las economías con mercados emergentes y en los países industriales en las últimas dos décadas? ¿Se observa alguna tendencia a que prevalezca más o menos un determinado tipo de crisis? ¿Cuál ha sido el costo de las crisis financieras? Para responder a estas preguntas se requieren criterios operativos para identificar las crisis cambiarias y bancarias. La medición y la identificación del momento exacto en que se producen esas crisis presentan diversas dificultades. En este capítulo, siguiendo los procedimientos que utiliza la literatura económica, se identifican y se establece la cronología de los episodios de significativa presión sobre el mercado cambiario utilizando criterios estadísticos. Este enfoque, a la vez que permite captar las crisis cambiarias más severas, también identifica episodios en los que se observan presiones significativas, aunque menos críticas, sobre el mercado cambiario, y hace que los resultados sean sensibles a los criterios estadísticos utilizados. Ello debe tenerse en cuenta cuando se interpretan los resultados y se derivan de ellos inferencias de aplicabilidad general.

Una crisis cambiaria podría identificarse simplemente como una sustancial devaluación nominal de la moneda83. Este criterio, sin embargo, excluiría los casos en que la moneda se ve afectada por severas presiones, pero las autoridades logran defenderla exitosamente mediante una decidida intervención en el mercado de divisas, o aumentando marcadamente las tasas de interés, o por otros medios. Otro enfoque posible es construir un índice de presiones especulativas que tenga en cuenta no sólo las variaciones del tipo de cambio, sino también las fluctuaciones en las reservas internacionales o las tasas de interés que absorben presión y en consecuencia moderan las variaciones cambiarias84. Por lo tanto, las crisis que se identifican utilizando dicho índice incluyen no solamente aquellos episodios en los que la moneda se deprecia en forma significativa, sino también aquéllos en los cuales la acción de las autoridades evitó una gran devaluación o el abandono de la paridad cambiaria.

Las crisis bancarias son más difíciles de identificar empíricamente, en parte debido a la naturaleza del problema y en parte por la falta de datos pertinentes. Si bien la mayoría de los países disponen fácilmente de datos sobre los depósitos bancarios, y pueden utilizarlos para identificar crisis asociadas con un retiro masivo de los depósitos de un banco, la mayor parte de los problemas bancarios recientes no se han originado del lado del pasivo de los balances de los bancos. En los países industriales, ni las crisis bancarias de Finlandia, Noruega y Suecia de fines de los años ochenta y principios de los noventa, ni los primeros problemas bancarios observados en varios otros países, como en el caso de España a principios de los años ochenta, ni los más recientes problemas experimentados en Japón, estuvieron relacionados con retiros masivos de depósitos. Entre los países en desarrollo, los retiros masivos de depósitos de los bancos han sido más frecuentes: por ejemplo, las crisis bancarias de los años ochenta y noventa en Argentina, Filipinas, Tailandia, Turquía, Uruguay y Venezuela estuvieron relacionadas a esas corridas bancarias. La imposibilidad de renovar los depósitos interbancarios, como ocurrió recientemente en Corea, puede tener resultados similares a las corridas bancarias. Los episodios más graves, sin embargo, como la reciente crisis de Indonesia, han tendido a producirse después de haberse dado a conocer dificultades relacionadas con los activos o una difundida incertidumbre sobre la posibilidad de que la moneda mantenga su valor. En general, las corridas bancarias constituyen una consecuencia más bien que la causa de los problemas bancarios.

Las crisis bancarias generalmente se originan del lado del activo de los balances de los bancos, y derivan de un prolongado deterioro de la calidad de los mismos. Ello sugiere que los episodios de crisis podrían identificarse analizando variables como la proporción de préstamos incobrables en las carteras de los bancos, las grandes fluctuaciones en los precios de los bienes raíces y las acciones, y los indicadores de las quiebras comerciales. La dificultad es que en muchos países en desarrollo no se cuenta fácilmente con datos sobre tales variables, o los datos son incompletos, como ocurre en muchos países en el caso de los préstamos incobrables. En aquellos casos en que los bancos centrales cuentan con información detallada sobre esos préstamos, en general la falta de un análisis exhaustivo y de un debido seguimiento de los datos es lo que hace que la situación se deteriore hasta el punto de transformarse en una crisis.

Dadas estas limitaciones, en general los investigadores han identificado la ocurrencia de las crisis bancarias basándose en una combinación de hechos, como el cierre forzado, la fusión o la absorción de instituciones financieras por parte del gobierno, el retiro masivo de depósitos de los bancos o el otorgamiento de asistencia gubernamental a una o más instituciones financieras, o bien en evaluaciones en profundidad de la situación financiera, como en muchos estudios de casos concretos.

En el análisis que sigue se han identificado las crisis monetarias y bancarias en un grupo de más de 50 países en el período 1975—9785. Se construyó un índice de la presión sobre el mercado cambiario, basado en el promedio ponderado de las variaciones mensuales (una vez eliminada la influencia de la tendencia) del tipo de cambio y de las fluctuaciones de las reservas. Se consideraron como crisis aquellos casos en que el valor del índice superaba un determinado umbral86. Las crisis bancarias se compilaron de estudios anteriores87. Sobre esta base, entre 1975 y 1997 se identificaron 158 episodios en los cuales los países experimentaron sustanciales presiones sobre el mercado cambiario (referidos en adelante como crisis cambiarias) y 54 crisis bancarias88. En 55 de las crisis cambiarias identificadas, el componente de tipo de cambio del índice representó más del 75% de su valor total. Estos episodios fueron calificados como “desplomes de la moneda”. El componente de reservas de divisas representó el 75% del índice global en otros 55 casos. Los casos en los cuales una crisis afectó a más de un país, ya sea porque se vieron afectados por una conmoción común o como consecuencia del efecto de contagio, se consideraron como más de una crisis. Por ejemplo, la reciente crisis financiera de Asia oriental comprendió cinco crisis cambiarias89. De los datos surgen varios aspectos interesantes.

Sobre la base de los criterios operativos utilizados en este estudio, las crisis cambiarias fueron relativamente más comunes en la primera mitad del período de la muestra (1975-86) que en la segunda (1987-97). El número de crisis cambiarias fue particularmente elevado a mediados de los años setenta (un período de grandes conmociones externas que afectaron a muchos países) y en el período de principios a mediados de los años ochenta (cuando ocurrieron las crisis de la deuda en América Latina) (gráfico 25). Las crisis bancarias, por el contrario, fueron algo más prevalecientes en la segunda mitad del período de la muestra, reflejando una creciente incidencia desde principios de los años ochenta, lo que posiblemente estuvo relacionado con la liberalización del sector financiero que se produjo en muchos países durante este período.

Gráfico 25.Incidencia de las crisis cambiarias y bancarias1

(Número de crisis)

En las economías con mercados emergentes, la frecuencia de las crisis cambiarias no revela una tendencia discernible, mientras que las crisis bancarias se concentran en el período comprendido entre principios de los años ochenta y los años noventa.

Fuentes: Véanse las notas 86 y 87 en el texto.

1Se calificó como crisis al par de fecha y país cuando el promedio ponderado de la variación porcentual mensual despojada de su tendencia de los tipos de cambio, y la variación (negativa) porcentual mensual despojada de su tendencia de las reservas de divisas, superaban un valor considerado como umbral. Las ponderaciones se calcularon de forma que la varianza condicional de los dos componentes del índice fuera igual. Se calculó una tendencia para cada país. El umbral se fijó en 1,5 veces la desviación estándar combinada del índice calculado más la media combinada del índice. Las ponderaciones y los umbrales se calcularon separadamente para períodos con baja y alta inflación, en los que esta última se definió como tasas de inflación a 12 meses superiores al 80%. Las crisis identificadas dentro de los 18 meses de una crisis previa en el mismo país fueron consideradas parte de la crisis anterior y por lo tanto fueron excluidas.

Si se comparan los países industriales con los países con mercados emergentes, se observa que en el período de la muestra los primeros sufrieron menos crisis cambiarias y bancarias que los segundos (véase el gráfico 25). La incidencia de las crisis cambiarias en los países con mercados emergentes fue el doble de la registrada en los países industriales, mientras que la incidencia de las crisis bancarias en esos mismos países fue más de dos veces la registrada en los países industriales. También se observa que en los países industriales la mayor parte de las crisis cambiarias se produjeron en la primera mitad del período de la muestra y la mayoría de las crisis bancarias en la segunda mitad. En cuanto a los países con mercados emergentes, la frecuencia de las crisis cambiarias no muestra una marcada tendencia, mientras que las crisis bancarias se concentraron en el período comprendido entre principios de los años ochenta y los años noventa.

Dado que los dos tipos de crisis pueden tener orígenes comunes, o que un tipo de crisis puede inducir el otro, no resulta sorprendente que los países parecen haber experimentado crisis cambiarias y bancarias aproximadamente en la misma época. En estos casos, con más frecuencia las crisis bancarias precedieron a las cambiarias que éstas a las bancarias. Si se definen las fechas en que se producen las crisis sobre una base anual, se observa que las crisis bancarias tuvieron lugar un año antes que las cambiarias en 13 oportunidades, y dos años antes en otros 10 casos. En 12 oportunidades las crisis ocurrieron en el mismo período90. Las crisis cambiarias precedieron en un año a las bancarias sólo siete veces, y en dos años en otras cuatro oportunidades. Esta evidencia, aunque es sugestiva, debe interpretarse con cautela en vista de las dificultades que existen para determinar la fecha en que comienzan las crisis bancarias91.

Las crisis financieras pueden ser muy costosas, tanto en términos del costo fiscal y cuasifiscal que puede suponer la reestructuración del sector financiero como en un sentido más amplio, en términos del efecto que tiene sobre la actividad económica el hecho de que los mercados financieros no puedan funcionar eficazmente (cuadro 14)92. El costo de resolución de las crisis bancarias ha llegado en algunos casos al 40% del PIB (como, por ejemplo, en Argentina y en Chile a principios de los años ochenta), mientras que los préstamos incobrables han excedido el 30% de los préstamos totales (como, por ejemplo, en Malasia durante 1988 y en el caso de los bancos estatales de Sri Lanka a principios de los años noventa)93. En general, el costo de resolución de las crisis bancarias ha sido superior en los países con mercados emergentes que en los industriales: excepto en el caso de España, tales costos se han mantenido por debajo del 10% del PIB, mientras que en varios países con mercados emergentes, en particular en América Latina, han sido mucho mayores (recuadro 6)94.

Cuadro 14.Costo de reestructuración del sector financiero y préstamos incobrables en algunas crisis
PaísAñosCosto fiscal y cuasifiscal1Préstamos incobrables2
Argentina1980-8213-559
198530
Brasil1994-964-109
Chile1981-8519-4116
Colombia1982-875-625
España1977-8515-17
Estados Unidos1984-915-74
Filipinas1981-873-4
Finlandia1991-938-109
Indonesia19942
Japón31990s310
Malasia1985-88533
México1994-9512-1511
Noruega1988-9249
Sri Lanka1989-93935
Suecia1991-934-511
Tailandia1983-87115
Turquía1982-853
Uruguay1981-8431
Venezuela1980-8315
1994-9517
Fuentes: Véase la nota 92 del texto.

Además de su costo fiscal y cuasifiscal, las crisis cambiarias y bancarias también pueden conducir a una asignación ineficiente y a una subutilización de recursos, y en consecuencia a pérdidas de producto real. En algunos casos, sin embargo, las crisis pueden no conducir a pérdidas de producto, como cuando simplemente dan como resultado la necesaria corrección de un desajuste en el tipo de cambio. Con el fin de realizar una evaluación aproximada del costo en términos de producto perdido, se comparó el crecimiento del PIB después de una crisis con la tendencia del crecimiento del PIB. Luego se estimó el costo en términos de producto perdido sumando las diferencias entre el crecimiento tendencial y el crecimiento real en los años posteriores a la crisis hasta el momento en que el crecimiento anual del producto volvía a su nivel tendencial. En aproximadamente el 40% de las crisis cambiarias y el 20% de las crisis bancarias, no se estimaron pérdidas significativas de producto utilizando esta técnica95. En las crisis cambiarias, en promedio, el crecimiento del producto retornó a su nivel tendencial en algo más de un año a un año y medio, y la pérdida acumulada del crecimiento del producto por crisis fue de 4¼ puntos porcentuales (en relación con la tendencia) (cuadro 15)96. En los casos de crisis cambiarias “severas”, el tiempo de recuperación y la pérdida acumulada del crecimiento del producto por crisis cambiaria se incrementaron a 2¼% años y 8¼ puntos porcentuales, respectivamente97.

Cuadro 15.Costo de la crisis en pérdida de producto en relación con la tendencia
Número de crisisTiempo promedio de recuperación1 (años)Pérdida acumulada del producto por crisis2 (puntos porcentuales)Crisis con pérdida del producto3 (porcentaje)Pérdida acumulada del producto por crisis con pérdida de producto4 (puntos porcentuales)
Crisis cambiarias1581,64,3617,1
Países industriales421,93,1555,6
Mercados emergentes1161,54,8647,6
Desplomes de la moneda5552,07,17110,1
Países industriales132,15,0628,0
Mercados emergentes421,97,97410,7
Crisis bancarias543,111,68214,2
Países industriales124,110,26715,2
Mercados emergentes422,812,18614,0
Crisis cambiarias y bancarias6323,214,47818,5
Países industriales65,817,610017,6
Mercados emergentes262,613,67318,8

No debe resultar sorprendente que las crisis bancarias hayan sido más prolongadas y más costosas que las cambiarias: en promedio, se requirieron tres años para que el crecimiento del producto retornase a su nivel tendencial, y la pérdida acumulada del crecimiento del producto fue de 11½ puntos porcentuales98. Si bien intuitivamente ello podría parecer convincente, cabe proceder con cierta cautela, dado que los criterios utilizados para identificar las crisis bancarias pueden tender a seleccionar ocasiones en que los problemas del sector financiero son severos, mientras que los criterios estadísticos empleados para identificar las crisis cambiarias son independientes de tales juicios. Cuando las crisis bancarias se produjeron dentro de un año de haber ocurrido las crisis cambiarias, las pérdidas fueron sustancialmente mayores, alcanzando un promedio del 14½%. Es interesante señalar que tanto en las crisis cambiarias como en las bancarias, el período promedio de recuperación fue más breve en los países con mercados emergentes que en los países industriales, pero en promedio la pérdida acumulada del producto fue mayor. Las diferencias en el tiempo de recuperación y la pérdida acumulada del producto pueden deberse, en parte, a una media más alta y a una mayor varianza del crecimiento del producto que se observan en los países con mercados emergentes, en comparación con los países industriales99. Estos resultados corresponden al grupo de países y al período utilizados en el análisis que se efectúa en este capítulo; obviamente, los resultados difieren en cada caso particular.

Orígenes de las crisis cambiarias y bancarias

Los factores que subyacen al surgimiento de desequilibrios y que hacen que una economía sea vulnerable a las perturbaciones financieras pueden agruparse en las siguientes categorías (que no son mutuamente excluyentes): políticas macroeconómicas insostenibles, debilidad de la estructura financiera, situación financiera mundial, desajustes del tipo de cambio e inestabilidad política. Además, la actividad económica tiende naturalmente a fluctuar, dando lugar a variaciones en la actitud del mercado que pueden contribuir a provocar tensiones en el sistema financiero. Estos factores configuran las condiciones en las que se producen las crisis y deben distinguirse de las causas inmediatas o detonantes de las crisis, que por lo general son acontecimientos o informaciones que hacen que los agentes económicos reevalúen su actitud.

La inestabilidad macroeconómica ha sido un importante factor en muchas crisis financieras. En muchos casos, las políticas fiscales y monetarias excesivamente expansionistas han ocasionado auges de préstamos, una excesiva acumulación de deudas y una sobreinversión en activos reales, que han elevado a niveles insostenibles las cotizaciones de las acciones y los precios de los bienes raíces. La posterior aplicación de políticas restrictivas para contener la inflación y promover el ajuste de la posición externa, y la inevitable corrección del precio de los activos, han conducido a una desaceleración de la actividad económica, dificultades en el servicio de la deuda, menor valor de las garantías y el patrimonio neto y un creciente nivel de préstamos incobrables que ponen en peligro la solvencia de los bancos. Se ha hallado que los factores macroeconómicos, en particular los auges de préstamos, desempeñan un importante papel en la vulnerabilidad del sector financiero en muchos países latinoamericanos100, así como en otras economías con mercados emergentes101. La inestabilidad macroeconómica también ha sido un importante factor en la mayor parte de las crisis bancarias que han experimentado los países industriales en el período de posguerra.

Recuadro 6.Resolución de problemas en el sector bancario

Para resolver los problemas generalizados que aquejan al sector bancario se requiere, por lo general, adoptar una estrategia de reestructuración del sector financiero diseñada cuidadosamente, con el objeto de restablecer la confianza en el sistema bancario y encarrilarlo en una senda conducente a la solidez y a la rentabilidad. En la mayoría de los casos, la estrategia supone la recapitalización y la reestructuración de una serie de bancos y el establecimiento de incentivos y de la capacidad para supervisar adecuadamente las operaciones bancarias y asegurar una gestión prudente para tres grupos de importancia fundamental: propietarios y gerentes de bancos, acreedores (incluidos los depositantes) y autoridades de supervisión bancaria. La creación de incentivos adecuados para los tres grupos es de importancia crucial para evitar que se repitan las crisis bancarias1.

Cuando surgen dificultades bancarias por primera vez, los propietarios y gerentes de bancos y las autoridades públicas se ven tentados a ocultar la magnitud de las mismas. La motivación de los propietarios y gerentes bancarios es mantener la posición y el control del banco. La preocupación fundamental de las autoridades es mantener la confianza del público en el sistema bancario, sobre todo dada su función económica crucial en la intermediación financiera y en la operación del sistema de pagos. Además, no siempre es obvio desde el inicio si las dificultades bancarias van a ser permanentes o transitorias. Grandes conmociones macroeconómicas adversas (como una modificación de los términos de intercambio o un aumento de las tasas de interés) pueden afectar temporalmente incluso a los bancos bien administrados. Los efectos de una pérdida de confianza en el sistema bancario ante dichas conmociones son difíciles de predecir y pueden ser enormes e irreversibles.

En consecuencia, los propietarios de bancos, los gerentes y las autoridades públicas pueden intentar aplazar la divulgación de las pérdidas en el sistema bancario. Los bancos, para poder ocultar los préstamos no redituables y mantener la ilusión de solvencia, pueden otorgar nuevos créditos a clientes que están en bancarrota, a veces incluso con la anuencia de las autoridades, para que estos clientes puedan continuar pagando el servicio de las deudas ya contraídas. No obstante, la demora en la evaluación de las pérdidas puede en definitiva provocar pérdidas aún mayores porque se prestan fondos a empresas que quizá nunca recuperen su rentabilidad. Además, los gerentes bancarios pueden verse tentados a “apostar”, pagando tasas de interés superiores a las del mercado para atraer depósitos y luego represtando estos fondos para proyectos de alto riesgo y alto rendimiento, porque creen que no van a tener que absorber las consecuencias plenas de su comportamiento (por ejemplo, porque se amparan en cláusulas de responsabilidad limitada, existen seguros de depósitos explícitos e implícitos o cuentan con operaciones de salvataje por parte del gobierno).

Los estudios sobre crisis bancarias han demostrado, sin embargo, que los países que más rápidamente diagnostican los problemas subyacentes, evalúan las pérdidas y adoptan medidas para asegurar la estabilidad macroeconómica y reestructurar sus sectores bancarios son, generalmente, los que mejor se recuperan de las crisis2. Estas medidas traen aparejada la corrección de deficiencias de la política económica que puedan haber contribuido a la crisis. Varios países, como Argentina, Chile y Filipinas a principios de la década de los años ochenta, trataron de ocultar las pérdidas del sistema bancario suministrando un respaldo financiero excesivo, a menudo por medio del banco central. A la larga, esta política obligó al banco central a adoptar una orientación acomodaticia de la política monetaria a la vez que provocó una expansión monetaria y una alta inflación. En otros casos, la adopción de políticas excesivamente restrictivas (que den como resultado, por ejemplo, una compresión del crédito) o regímenes cambiarios inadecuados han exacerbado la crisis.

Las medidas necesarias para resolver los problemas en el sistema bancario, no obstante, son típicamente de índole estructural o microeconómica. Los requisitos más urgentes suelen ser la reestructuración de los balances generales de los bancos para abordar la situación de los préstamos problemáticos y restablecer la viabilidad y la confianza financiera en los bancos. Los países han adoptado distintos enfoques para este proceso, aunque en la mayoría de los casos ha sido inevitable el respaldo financiero temporal del gobierno a los bancos en dificultades dado que, por su magnitud, las pérdidas no podían ser cubiertas por el sector privado en forma oportuna. En varios países, el banco central ha tomado la iniciativa asumiendo amplias responsabilidades, inclusive el respaldo financiero y la gestión del banco y de sus activos (préstamos morosos). En otros países, el banco central ha desempeñado una función mucho más limitada y solamente proporciona liquidez a corto plazo. En Suecia, por ejemplo, se impusieron límites estrictos al financiamiento que podía otorgar el banco central cuando surgieron problemas bancarios sistémicos3. La experiencia sugiere, en general, que cuanto más reducida sea la función del banco central más puede avanzar el país en materia de reestructuración bancaria, principalmente porque la participación directa del banco central puede crear conflictos con los objetivos de la política monetaria4.

Los países cuyo banco central no asumió una función directa en la recapitalización de los bancos recurrieron a menudo a una entidad independiente para dirigir los esfuerzos de reestructuración. Estas entidades pusieron en práctica firmes políticas de salida, cerraron o fusionaron bancos insolventes, facilitaron la distribución de las pérdidas entre el Estado, los bancos y el público, y ayudaron a los bancos solventes a vender bonos o participaciones de capital a cambio de préstamos morosos. Este tipo de entidades pueden establecerse para gestionar una crisis específica (por ejemplo, la Resolution Trust Corporation de Estados Unidos), o para gestionar casos de reestructuración bancaria en forma continua (una función que desempeña la Federal Deposit Insurance Corporation en Estados Unidos).

Si no se logra la gestión dinámica de los activos de cobro dudoso de todos los bancos, así como los activos restantes de los bancos que quebraron, aumenta el costo total de la reestructuración. Además se crea una distribución desigual de pérdidas porque se recompensa a quienes no cumplieron y se anulan los incentivos para el rembolso de deudas en el futuro. En algunos casos puede ser necesario liquidar al banco, pero la reestructuración de los préstamos o de las deudas puede ser la opción menos costosa en ciertas circunstancias. La liquidación masiva, en particular, puede provocar una deflación de los precios de los activos, lo que exacerbaría las dificultades macroeconómicas del país. Las unidades que se ocupan de reestructurar los préstamos, ya sean descentralizadas o centralizadas, y que están activamente administradas para obtener el máximo rendimiento posible y mantener los valores de los activos, pueden contribuir a la recuperación de los costos de reestructuración bancaria y enviar las señales adecuadas a los prestatarios que no cumplen sus obligaciones5.

En los casos en que las dificultades se concentraban en los bancos estatales, a veces se privatizaban los bancos que se encontraban en problemas. El diseño de los programas de privatización es muy importante en estas situaciones, porque un programa mal diseñado puede llevar en su interior la semilla de una crisis bancaria. En algunos de estos casos se dio preferencia a ciertos licitantes, se fijaron precios excesivos a los activos bancarios y las deficiencias legislativas permitieron que conglomerados no bancarios adquiriesen grandes porciones del sistema financiero.

Una vez comenzada la recapitalización, debe mejorarse el desempeño operacional de los bancos creando los incentivos adecuados para los propietarios de bancos, los gerentes, las autoridades de supervisión y el mercado, a efectos de que se vigile la operación de los bancos y se asegure una administración prudente y una rentabilidad continua. Deben resolverse, en particular, las deficiencias en el marco supervisorio, reglamentario, jurídico y contable y en los regímenes tributarios excesivos y distorsionados. En Chile, por ejemplo, donde la reestructuración logró un avance significativo tras las crisis de los años ochenta, se despidieron a gerentes, los accionistas absorbieron pérdidas y se entablaron procesos judiciales en todos los casos de fraude. Además, se modificaron las reglas contables y la supervisión de conformidad con las normas internacionales y se impidió a los bancos otorgar créditos a prestatarios que hayan incurrido en incumplimiento, los cuales fueron obligados a someterse a la clasificación de entidades de crédito privadas por los menos dos veces al año6. En Malasia se estableció una oficina de crédito para que los bancos puedan tener mejor acceso a la información sobre prestatarios potenciales. El enfoque de mercado de Nueva Zelandia, que quizá no pueda aplicarse como tal en todos los países, se centra en la divulgación de información y en los incentivos. Además de publicar los estados de resultados y el balance general, los bancos están obligados a divulgar otro tipo de información trimestralmente, como la calidad de los activos y la constitución de reservas, los sistemas de gestión de riesgo, la concentración de préstamos y la calificación crediticia. Todos los bancos deberán tener a la vista del público estados financieros abreviados y facilitar el acceso a los estados detallados cuando se soliciten. Es más, los gerentes bancarios deberán dar fe de que los estados no contienen información engañosa y pueden estar sujetos a sanciones penales y a una responsabilidad civil ilimitada7.

1Los componentes de las estrategias de reestructuración son complejos y no pueden examinarse plenamente en tan poco espacio. En este recuadro se enumeran únicamente algunos de ellos. Véase una explicación más detallada, por ejemplo, en Carl-Johan Lindgren, Gillian Garcia y Matthew I. Saal, Bank Soundness and Macroeconomic Policy (Washington: FMI, 1996) y en la edición a cargo de Charles Enoch y John H. Green, Banking Soundness and Monetary Policy (Washington: FMI, 1997).2Por ejemplo, Claudia Dziobek y Ceyla Pazarbasioglu, determinaron que los países que lograron un avance considerable en la reestructuración de sus sectores bancarios comenzaron a adoptar medidas, en promedio, en menos de 10 meses después de que surgieron los problemas bancarios, en tanto que los países que avanzaron lentamente esperaron más de 40 meses; “Lessons from Systemic Bank Restructuring: A Survey of 24 Countries”, documento de trabajo WP/97/161 (Washington: FMI, diciembre de 1997).3La provisión de fondos del banco central o de otras entidades del gobierno puede también ser inevitable cuando se produce una crisis sistémica que entraña el riesgo inminente de corridas en bancos que de otra manera serían solventes. En este caso, puede requerirse una garantía general temporal sobre los pasivos bancarios para estabilizar la provisión de fondos del banco (sobre todo, la base de depósitos).4Véanse más detalles en Dziobek y Pazarbasioglu, “Lessons from Systemic Bank Restructuring”. Sin embargo, en el estudio también se encontró que en los países en transición el banco central puede tener que tomar la iniciativa de reestructurar el sector financiero dada la poca experiencia bancaria del sector público.5En Suecia, el costo fiscal neto de la reestructuración bancaria fue disminuyendo con el transcurso del tiempo, principalmente debido a que las empresas de gestión de activos tuvieron mucho éxito con la recuperación de préstamos.6Véase en el recuadro 7 una explicación de los principios básicos cruciales para la eficacia de la reglamentación y supervisión bancarias.7Véanse más detalles en Gerard Caprio, hijo, y Daniela Klingebiel, “Bank Insolvency: Bad Luck, Bad Policy, or Bad Banking?”, en Annual World Bank Conference on Development Economics (Washington: Banco Mundial, 1996) y en Gerard Caprio, hijo, “Safe and Sound Banking in Developing Countries: We’re Not in Kansas Anymore”, documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo No. 1739 (Washington: Banco Mundial, marzo de 1997).

Además de la situación macroeconómica interna, la situación externa también ha desempeñado un papel en las crisis financieras, especialmente en las economías con mercados emergentes102. Las repentinas y significativas variaciones en la relación de intercambio y en las tasas de interés mundiales han sido los factores más notables. Una caída no anticipada en los precios de las exportaciones, por ejemplo, puede menoscabar la capacidad de las empresas nacionales para atender el servicio de su deuda y traducirse en un deterioro de la calidad de las carteras de préstamos de los bancos. Las fluctuaciones de las tasas de interés en los principales países industriales han pasado a ser cada vez más importantes para las economías con mercados emergentes en todo el mundo, reflejando la creciente integración de los mercados mundiales de capital y la globalización de las inversiones103. La sostenida disminución de las tasas de interés mundiales ha inducido un incremento de los flujos de capital a los países con mercados emergentes, en la medida en que los inversionistas internacionales han buscado mayores rendimientos y la capacidad crediticia de los países endeudados externamente se ha beneficiado de las tasas más bajas. Un incremento repentino de las tasas de interés en los países industriales, sin embargo, puede reducir el flujo de financiamiento externo a los mercados emergentes, aumentando el costo que representa para los bancos (y las empresas) nacionales la obtención de financiamiento en el extranjero e incrementando los problemas de selección adversa y riesgo moral y la fragilidad del sistema financiero104. Algunas investigaciones empíricas recientes encuentran que la incidencia de las crisis bancarias en las economías con mercados emergentes se relaciona sistémicamente con cambios en la situación financiera global105.

Se ha considerado que la composición de la afluencia de capitales constituye un importante factor en ciertas crisis cambiarias ocurridas en los países con mercados emergentes. En la reciente crisis de Tailandia y en la crisis mexicana de 1994—95, la dependencia de los préstamos a corto plazo para financiar grandes déficit en cuenta corriente fue uno de los factores cruciales que precipitaron las crisis106. Con frecuencia se considera que la inversión extranjera directa, a diferencia de la afluencia generadora de deuda, constituye una forma más segura y estable de financiar el desarrollo, ya que se relaciona con la propiedad y el control de las plantas, los equipos y la infraestructura, y en consecuencia financia la capacidad de una economía para generar crecimiento, mientras que los préstamos externos a corto plazo probablemente se utilizarán para financiar el consumo107. Además, en el caso de una crisis, si bien los inversionistas pueden desprenderse de los valores internos y los bancos pueden negarse a renovar los préstamos, los propietarios de capital físico no encuentran compradores con tanta facilidad. En la práctica, sin embargo, pueden suscitarse dudas acerca de la confiabilidad de los datos que distinguen a la inversión directa de otros flujos de capital, y algunas investigaciones han demostrado que de hecho los flujos de inversión extranjera directa son bastante volátiles108.

Los cambios registrados en las últimas décadas en la composición y la estructura de vencimientos de los flujos de inversiones de cartera y las tasas de interés han alterado la vulnerabilidad de los países frente a las conmociones. En el entorno altamente inflacionario de los años setenta, las transacciones internacionales se desplazaron hacia vencimientos más cortos y tasas de interés variables. En consecuencia, la crisis de la deuda de 1982 se vio agravada por el hecho de que gran parte de la deuda externa de los países latinoamericanos afectados por la crisis estaba vinculada a tasas a corto plazo. Más recientemente, las inversiones en acciones y bonos pasaron a convertirse en el medio preferido para realizar inversiones internacionales, reemplazando a los préstamos otorgados por los consorcios bancarios de los años ochenta. Algunos observadores consideran que ello dificulta los retiros repentinos de capitales, porque durante las crisis los inversionistas extranjeros pueden no solamente incurrir en pérdidas de divisas, sino también verse afectados por la caída de los precios de los activos internos. Las crisis de México y de Asia oriental, sin embargo, han puesto claramente de manifiesto los peligros que suponen los elevados niveles de deuda a corto plazo denominada en moneda extranjera, ya sea soberana o privada.

Otra enseñanza que puede recogerse de las crisis recientes es que los desajustes monetarios en los balances del sector privado (ya se trate de instituciones financieras o sociedades) pueden convertirse en un problema más grave en los países que tienen tipos de cambio inflexibles, dado que la existencia de un tipo de cambio fijo puede inducir a los prestatarios a ignorar el riesgo cambiario. En resumen, la experiencia sugiere que es probable que los países con elevados niveles de deuda a corto plazo, deuda a tasa variable, deuda denominada en moneda extranjera o una deuda externa intermediada a través de instituciones financieras internas, sean particularmente vulnerables a las conmociones internas o externas, y en consecuencia más susceptibles a las crisis financieras.

Las distorsiones del sector financiero, junto con la volatilidad macroeconómica, constituyen otro grupo de factores que influyen sobre las crisis bancarias. Con frecuencia estas distorsiones surgen en períodos de rápida liberalización financiera e innovación en países con políticas débiles de reglamentación y supervisión, o en los que el gobierno interviene directamente en la asignación o la fijación de precios del crédito. En los entornos financieros más liberalizados, los regímenes reglamentarios que no son suficientemente estrictos han creado un riesgo moral al alentar a las instituciones financieras con bajos coeficientes de capital a que asuman riesgos imprudentes. También han tendido a aumentar los errores en que incurren las instituciones financieras al evaluar y vigilar los riesgos en el entorno más competitivo que surge de la desregulación o la privatización de bancos de propiedad estatal109. En algunos casos, los préstamos otorgados a prestatarios relacionados con los bancos, los préstamos políticamente motivados y el fraude disminuyen aún más la calidad de las carteras de activos. Las deficiencias contables, la falta de divulgación y los marcos legales agravan el problema permitiendo que las instituciones financieras oculten el verdadero alcance de sus dificultades (recuadro 7). A todo ello debe agregarse que con frecuencia los gobiernos no adoptan medidas correctivas con rapidez cuando aparecen los problemas, con la consecuencia de que las pérdidas se hacen más grandes y más difíciles de manejar.

Las crisis cambiarias y el contagio

Con frecuencia los desequilibrios macroeconómicos han sido la base de las crisis de los mercados de divisas. La experiencia demuestra claramente que los déficit en cuenta corriente voluminosos e insostenibles pueden producir una repentina reversión de la afluencia de capitales y cambios bruscos en el tipo de cambio (recuadro 8). En muchos casos, las crisis han surgido cuando los grandes desequilibrios externos se han convertido en regímenes cambiarios inflexibles que han permitido una significativa sobrevaluación de la moneda. Una notable característica de las crisis recientes, sin embargo, ha sido la medida en que la inestabilidad de los mercados de divisas se ha transmitido de un país a otro. Un movimiento especulativo contra una moneda se ha extendido o difundido por efecto de contagio a las monedas de otros países en los que aparentemente las variables macroeconómicas fundamentales son más sólidas.

Resulta útil distinguir tres tipos de razones para explicar por qué las crisis cambiarias tienden a concentrarse en el tiempo110. Una es que las crisis pueden provenir de una causa común, como por ejemplo, importantes cambios económicos en los países industriales que originan crisis en los mercados emergentes, o sea lo que se ha dado en llamar el “efecto monzón”111. El marcado incremento de las tasas de interés en Estados Unidos a principios de los años ochenta fue un importante factor en la crisis de la deuda de América Latina. De igual forma, la fuerte apreciación del dólar de Estados Unidos frente al yen entre mediados de 1995 y 1997 contribuyó al debilitamiento del sector externo de varios países del sudeste asiático. Pero si bien los acontecimientos externos pueden contribuir a que se produzca una crisis o precipitarla, la vulnerabilidad de un país frente a una crisis depende de la situación económica y de las políticas internas, como el exceso de préstamos para usos improductivos, un frágil sector financiero o un régimen cambiario inflexible. Una segunda razón para que las crisis se concentren en determinados momentos es que las crisis que se producen en un país pueden afectar las variables fundamentales de la economía en otro país, ya sea por los vínculos del comercio y los mercados de capital (por ejemplo, la devaluación en un país afecta negativamente la competitividad internacional de otros países) o por la interdependencia de las carteras de los acreedores (por ejemplo, la liquidez en un mercado obliga a los intermediarios financieros a liquidar activos en otros mercados)112. Se ha señalado que los “efectos indirectos” resultantes de la interdependencia contribuyeron en forma importante a la difusión de las crisis de Asia oriental. Una tercera razón por la que las crisis se concentran en el tiempo es que las crisis que ocurren en un país pueden hacer que los acreedores reevalúen las variables fundamentales de otras economías, incluso si éstas objetivamente no han cambiado, o los inducen a reducir el riesgo de sus carteras y optar por inversiones de mayor calidad. Es específicamente este efecto el que a veces se denomina contagio (o contagio “puro”)113; puede estar vinculado a un comportamiento de imitación de los inversionistas, en un intento de participar de las ganancias de los demás, impulsado por la asimetría de la información o los incentivos a los que tienen acceso los administradores de fondos.

Recuadro 7.Eficacia de la reglamentación bancaria prudencial

La eficacia de la reglamentación prudencial y de la supervisión de los bancos es esencial para la estabilidad financiera y el funcionamiento eficiente de toda economía, dado que el sistema bancario desempeña una función fundamental en el sistema de pagos y en la movilización y distribución del ahorro. La reglamentación y la supervisión tienen por objeto asegurar que los bancos operen de manera prudente y mantengan montos suficientes de capital y reservas para cubrir los riegos que puedan surgir en el curso de sus operaciones. El establecimiento de normas y de una supervisión firmes y eficaces proporcionan un bien público que es necesario para complementar las fuerzas del mercado y asegurar la operación prudente del sistema bancario del país.

Las deficiencias del sistema bancario de un país pueden amenazar la estabilidad financiera en el país y en el resto del mundo. Es por eso que cada vez se presta más atención al fortalecimiento del sistema financiero. Varios órganos oficiales, entre ellos el Comité de Basilea de Supervisión Bancaria1, el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el FMI y el Banco Mundial, han examinado recientemente mecanismos para lograrlo2.

El Comité de Basilea de Supervisión Bancaria formuló 25 principios básicos que deben cumplirse para que un sistema de supervisión sea eficaz. Estos principios pueden resumirse de la siguiente manera3.

Condiciones previas de una supervisión bancaria eficaz

1. Para que un sistema de supervisión bancaria sea eficaz deben asignarse responsabilidades y objetivos claros a las entidades que se ocupen de esa función, dotándolas de independencia en sus operaciones y recursos suficientes. También se requiere un marco jurídico adecuado para la supervisión bancaria que incluya disposiciones vinculadas a la autorización de las organizaciones bancarias y a su supervisión constante; facultades para verificar el cumplimiento de las leyes y para resolver inquietudes sobre seguridad y solidez, y protección jurídica para los supervisores. Además, deberán establecerse mecanismos para compartir información entre los supervisores y proteger la índole confidencial de dicha información.

Autorización para operar y estructura de la organización

2. Deberán definirse claramente las actividades permisibles de las instituciones autorizadas que están sujetas a supervisión, como los bancos, y deberá controlarse en la medida de lo posible el uso del término “banco” en la razón social.

3. La autoridad que otorga la autorización debe tener el derecho de establecer criterios y rechazar solicitudes de los establecimientos que no satisfagan las normas fijadas. Como mínimo, el proceso de autorización debe incluir una evaluación de la estructura de propiedad de la organización bancaria, el organigrama de los cuadros superiores, el plan de operaciones y los controles internos y la condición financiera proyectada, incluyendo su base de capital. Cuando la organización propietaria o casa matriz solicitante sea un banco extranjero, deberá obtenerse previamente el consentimiento de las autoridades de supervisión del país de origen.

4. Los supervisores bancarios deberán tener facultades para examinar y rechazar cualquier propuesta que transfiera una parte significativa de la propiedad o del control del banco a otros particulares o entidades.

5. Los supervisores bancarios deberán estar facultados para establecer criterios de examen de las adquisiciones o inversiones de gran cuantía de un banco y para asegurar que las filiales o las estructuras empresariales no expongan al banco a riesgos indebidos ni impidan una supervisión eficaz.

Reglamentación prudencial

6. Los supervisores bancarios deben fijar niveles mínimos prudentes y adecuados de recursos propios para todos los bancos. Estos requisitos deberán reflejar los riesgos que corren los bancos, y definir los componentes del capital, recordando que deben estar dispuestos a absorber pérdidas. Estos requisitos, por lo menos para los bancos con operaciones internacionales, no deberán ser inferiores a los que se establecen en el Acuerdo de Basilea sobre coeficientes mínimos de capital y sus enmiendas.

7. Una parte esencial de todo sistema de supervisión es la evaluación de las políticas, prácticas y procedimientos del banco en relación con la concesión de préstamos, las inversiones y la gestión cotidiana de las carteras de préstamos e inversiones.

8. Los supervisores bancarios deberán cerciorarse de que los bancos establezcan y observen políticas, prácticas y procedimientos adecuados para evaluar la calidad de los activos y verificar que cuenten con un nivel adecuado de provisiones y reservas para préstamos incobrables.

9. Los supervisores bancarios deberán cerciorarse de que los bancos cuenten con sistemas de información para la gerencia que permitan identificar concentraciones de préstamos en la cartera, y los supervisores deberán fijar límites prudenciales para restringir la exposición del banco a un solo prestatario o a grupos de prestatarios relacionados entre sí.

10. Para evitar abusos derivados de préstamos conexos, los supervisores bancarios deberán establecer el requisito de que los bancos concedan préstamos a empresas e individuos vinculados entre sí en condiciones de igualdad, que se supervisen eficazmente las concesiones de ese tipo de créditos y que se tomen otras medidas para controlar o mitigar los riesgos.

11. Los supervisores bancarios deberán cerciorarse de que los bancos cuenten con políticas y procedimientos adecuados para identificar, vigilar y controlar el riesgopaís y transferirlo en sus actividades de préstamos e inversiones internacionales, así como para mantener reservas adecuadas contra dichos riesgos.

12. Los supervisores bancarios deberán cerciorarse de que los bancos cuenten con sistemas que les permitan medir, vigilar y controlar con precisión y en forma adecuada los riesgos del mercado; los supervisores deberán tener facultades para imponer límites específicos o un cargo de capital específico sobre exposiciones a riesgos del mercado, o ambos, cuando sea necesario.

13. Los supervisores bancarios deberán cerciorarse de que los bancos cuenten con un proceso completo de gestión de riesgos (que incluya la supervisión adecuada del directorio y de la alta gerencia) para identificar, medir, vigilar y controlar todos los demás riesgos materiales y, cuando corresponda, cuente con el capital necesario para hacer frente a esos riesgos.

14. Los supervisores bancarios deben verificar que los bancos cuenten con controles internos adecuados para la índole y la escala de sus operaciones. Deberán incluir mecanismos claros para la delegación de autoridad y responsabilidad; la separación de las funciones y la contabilidad de sus activos y pasivos; la conciliación de estos procesos; la salvaguarda de sus activos, y funciones apropiadas de auditoría y cumplimiento independientes, internas o externas, para verificar la observancia de estos controles y de las leyes y reglamentos pertinentes.

15. Los supervisores bancarios deben verificar que los bancos hayan adoptado políticas, prácticas y procedimientos adecuados, incluyendo reglas sobre la identificación de los clientes, que fomenten normas éticas y profesionales elevadas en el sector financiero y eviten que el banco sea utilizado, de manera intencional o no, por elementos delictivos.

Métodos de supervisión bancaria constante

16. Un sistema eficaz de supervisión bancaria deberá incluir alguna forma de supervisión dentro y fuera del establecimiento.

17. Los supervisores bancarios deben mantener contactos regulares con la gerencia del banco y tener un conocimiento cabal de las operaciones de la institución.

18. Los supervisores bancarios deben contar con un mecanismo para recolectar, examinar y analizar informes prudenciales y estadísticas de los bancos individuales e información consolidada.

19. Los supervisores bancarios deben contar con un medio de validación independiente de la información obtenida mediante inspecciones en el establecimiento o recurriendo a auditores externos.

20. Unos de los elementos esenciales de la supervisión bancaria es la capacidad de los supervisores para supervisar al grupo bancario en forma consolidada.

Requisitos de información

21. Los supervisores bancarios deben cerciorarse de que el banco mantenga registros adecuados elaborados de conformidad con políticas y prácticas contables congruentes que permitan al supervisor formarse una opinión verdadera y justa de la situación financiera del banco y de la rentabilidad de sus operaciones, y de que el banco publique regularmente estados financieros que reflejen adecuadamente su situación.

Facultades formales de los supervisores

22. Los supervisores bancarios deben tener a su disposición medidas supervisorias adecuadas para imponer acciones correctivas oportunas cuando los bancos no observen los requisitos prudenciales (como los coeficientes de recursos propios mínimos), cuando se detecten contravenciones a los reglamentos o cuando se presente cualquier otra amenaza para los depositantes. En circunstancias extremas, esto deberá incluir la facultad para revocar o recomendar la revocación de la autorización del banco para operar.

Banca transfronteriza

23. Los supervisores bancarios deben ejercer una supervisión consolidada global de las organizaciones bancarias con operaciones internacionales, vigilando adecuadamente y aplicando normas prudenciales adecuadas a todos los aspectos de las operaciones de estas organizaciones bancarias en el mundo, sobre todo en las sucursales en el extranjero, empresas conjuntas y filiales.

24. Un componente fundamental de la supervisión consolidada es establecer contactos e intercambiar información con otros supervisores, sobre todo con autoridades de supervisión del país donde está establecido el banco.

25. Los supervisores bancarios deben exigir que las operaciones locales de bancos extranjeros se realicen conforme a las mismas normas de calidad que deben observar las instituciones nacionales y deben tener facultades para compartir la información que necesitan los supervisores del país donde realizan operaciones esos bancos, con el fin de llevar a cabo la supervisión consolidada.

1El Comité de Basilea de Supervisión Bancaria fue establecido por los gobernadores de bancos centrales de los países del Grupo de los Diez en 1975 y está integrado por representantes de alto nivel de las autoridades de supervisión bancaria y de bancos centrales de Alemania, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Luxemburgo, los Países Bajos, el Reino Unido, Suecia y Suiza.2Véanse detalles en David Folkerts-Landau y Carl-Johan Lindgren, Toward a Framework for Financial Stability (Washington: FMI, enero de 1998).3Véase un resumen completo de estos principios en Folkerts-Landau y Lindgren, Toward a Framework for Financial Stability. Véase también Comité de Basilea de Supervisión Bancaria, Core Principles for Effective Banking Supervision (Basilea, Suiza: Banco de Pagos Internacionales, 1996).

Recuadro 8.La cuenta corriente y la sostenibilidad de la posición externa

Al evaluar las implicaciones macroeconómicas y externas de los déficit persistentes en cuenta corriente, suelen plantearse tres preguntas: ¿Es solvente el país deudor? ¿Es sostenible la situación de desequilibrio de la cuenta corriente? ¿Es excesivo el déficit en cuenta corriente? En este recuadro se describe el concepto de sostenibilidad de la posición de la cuenta corriente, su relación con la solvencia y los dos enfoques principales que se han utilizado para poner en práctica este concepto1, pero no se analiza detenidamente si el déficit en cuenta corriente es “excesivo” o no2.

Uno de los primeros enfoques para analizar la sostenibilidad de la cuenta corriente consiste en proyectar hacia el futuro la orientación actual de la política económica, el comportamiento del sector privado, o ambas variables; si la trayectoria resultante de la balanza comercial es congruente con la solvencia intertemporal, la sostenibilidad de la situación estará asegurada. Si la orientación de la política económica no se modifica y a la larga provoca un cambio drástico invirtiendo la posición de la balanza comercial (por ejemplo, un tensionamiento repentino de la política económica provoca una gran recesión), o induce una crisis de balanza de pagos (por ejemplo, un colapso del tipo de cambio incrementa la probabilidad de incumplimiento de las obligaciones externas), se supone que el saldo de la cuenta corriente es insostenible. El cambio drástico en la política económica o la situación de crisis pueden obedecer a una conmoción interna o externa que altere la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros y cambie el sentido de los flujos internacionales de capital3. El segundo enfoque para evaluar si la posición externa es sostenible, un enfoque que está vinculado a una amplia bibliografía sobre crisis de balanza de pagos y cambiarias, se basa en una combinación de indicadores macroeconómicos, financieros y externos para evaluar el riesgo de que se produzca una crisis de balanza de pagos4.

Hasta hace poco, los análisis de la sostenibilidad de la posición externa basados en el primer enfoque se apoyaban en la condición estándar que relaciona la dinámica de la acumulación de deuda con la balanza comercial, la tasa de crecimiento de la economía, la tasa de interés real sobre la deuda y el tipo de cambio real. Al modificarse la composición de los flujos de capital durante esta década, este enfoque proporciona sólo una imagen parcial de la dinámica de los pasivos externos, porque no tiene en cuenta la evolución del activo neto del país ni sus repercusiones sobre las salidas futuras de renta de la inversión. Por consiguiente, es necesario ampliar el enfoque para considerar también el impacto de los flujos no generadores de deuda, como la inversión directa extranjera y la inversión de cartera en participaciones de capital, sobre los pasivos externos del país. Esto plantea importantes problemas de medición así como cuestiones interesantes con respecto a la distribución de riesgos entre la economía nacional y los inversionistas extranjeros.

Es evidente para que una economía mantenga su solvencia no puede crecer ilimitadamente la razón entre los pasivos externos y el producto o las exportaciones. Por lo tanto, la transferencia neta de recursos en el largo plazo (superávit comercial) que debe iniciar un país endeudado para mantener constante la razón entre los pasivos externos y el PIB se ha utilizado a menudo como una medida sencilla de la solvencia. No obstante, cabe señalar que esta medición tiene graves inconvenientes. En primer lugar, si bien establece una condición de largo plazo para la estabilidad de la razón entre los pasivos externos y el PIB, no es posible determinar si esa razón es “óptima” o apropiada. En segundo lugar, en los países en desarrollo, los desequilibrios persistentes en la cuenta corriente pueden caracterizar su transición hacia niveles más altos de producción, lo que implica que las condiciones de estabilidad pueden no ser referencias adecuadas para evaluar si es posible mantener una situación de desequilibrio en la cuenta corriente. En otras palabras, no es posible suponer que a corto y mediano plazo, una economía en rápido crecimiento con un bajo nivel de pasivos externos deberá procurar estabilizar la razón entre los pasivos externos y el PIB o las exportaciones a su nivel actual. Tercero, este cálculo se basa en el supuesto de que el país no confrontará “limitaciones de liquidez” futuras, porque los inversionistas extranjeros estarían dispuestos a continuar otorgando préstamos en las condiciones actuales. En un mundo de alta movilidad del capital y rápida respuesta de los flujos de capital a las “noticias”, este supuesto puede ser inadecuado. Por ejemplo, estas pruebas sencillas de solvencia seguramente no hubiesen podido detectar problemas en ciernes para la mayoría de las economías asiáticas de rápido crecimiento, incluidas Indonesia y Corea.

Por estas razones, algunos autores están muy en contra de los análisis de sostenibilidad que se centran exclusivamente en las condiciones de solvencia y en las variables de flujo, como la cuenta corriente, y sostienen que pueden producirse crisis externas debido a los desequilibrios de las tenencias y a factores del mercado de capitales y no solamente por el saldo de la cuenta corriente5. Esto sugiere la necesidad de seguir más de cerca un conjunto más completo de indicadores de la cuenta de capital y financieros, además de la cuenta corriente, para evaluar correctamente la sostenibilidad de la situación externa. El enfoque basado en indicadores puede complementar el estudio de la dinámica de los pasivos externos, en tanto que un conjunto más general de variables macroeconómicas, financieras y externas puede aportar información útil sobre la vulnerabilidad de un país ante los embates externos y los cambios de actitud de los inversionistas extranjeros.

En la bibliografía sobre el tema se ha propuesto una serie de indicadores. La importancia de algunos de ellos (como el crecimiento económico, la tasa de inversión, la evolución de las exportaciones, la apertura al comercio, etc.) puede vincularse directamente a la capacidad de un país para generar excedentes comerciales futuros que le permitan liquidar sus obligaciones externas. La tasa de crecimiento del crédito privado, la evolución del mercado bursátil y, especialmente, los indicadores de la situación del sistema bancario (como el nivel de préstamos de cobro dudoso y la calidad de la supervisión prudencial) pueden ser útiles para determinar si el comportamiento del sector privado es compatible o no con sus limitaciones presupuestarias intertemporales debido a, por ejemplo, garantías reales, implícitas o percibidas de rescates, o burbujas de precios de los activos6. También pueden aclarar si el mercado financiero interno está actuando realmente como un mecanismo eficiente de asignación de recursos, que canaliza el ahorro externo disponible a usos productivos. Otros indicadores, como la volatilidad de los términos de intercambio, pueden proporcionar una medida de la vulnerabilidad de un país a las conmociones externas. La composición de los pasivos externos, la razón entre M2 y las reservas y la magnitud de los pasivos de deuda externa a corto plazo en relación con los activos externos a corto plazo (reservas netas en divisas) pueden ser indicadores útiles de la vulnerabilidad de un país a oscilaciones repentinas en la actitud de los inversionistas. Lo ocurrido en México y más recientemente en Tailandia y en Corea da fe de la importancia de estos elementos. El nivel del tipo de cambio real puede ser otro indicador importante de la sostenibilidad, aunque su interpretación es más compleja: una apreciación real puede ser el resultado de efectos en la vertiente de la oferta, como un rápido crecimiento de la productividad en el sector de bienes transables, pero también podría ser un indicador de desajuste, si refleja, por ejemplo, los efectos de un auge insostenible del consumo sobre el precio de los bienes no transables7.

La complicación principal de los análisis de sostenibilidad basados en indicadores es determinar cómo clasificarlos en orden de importancia y cómo traducirlos en una medida global de la sostenibilidad de la posición externa o de vulnerabilidad ante conmociones externas. Se están realizando estudios al respecto, como se describe en este capítulo.

1Véase una explicación más amplia en Gian Maria Milesi-Ferretti y Assaf Razin, Current Account Sustainability, Princeton Studies in International Finance No. 81 (Princeton, Nueva Jersey: Princeton University, octubre de 1996).2Para resolver esto se requiere un punto de referencia que proporcione información sobre el nivel “apropiado” de los desequilibrios en cuenta corriente. Este punto de referencia puede basarse en un modelo que especifique el comportamiento del consumo, la inversión y el producto, en el que los sectores público y privado observen sus limitaciones presupuestarias intertemporales. De esa manera podrán compararse los desequilibrios reales con los que se habían proyectado para determinar si han sido excesivos o no. Los modelos intertemporales para la determinación de la cuenta corriente utilizando datos de países industriales y en desarrollo han sido estimados por, entre otros, Atish Ghosh y Jonathan Ostry, “The Current Account in Developing Countries: A Perspective from the Consumption-Smoothing Approach”, en World Bank Economic Review, vol. 9 (No. 2, mayo de 1995), págs. 305–33; Leonardo Leiderman y Assaf Razin, “Determinants of External Imbalances: The Role of Taxes, Government Spending, and Productivity”, en Journal of the Japanese and International Economies, vol. 5 (diciembre de 1991), págs. 421–50, y Reuven Glick y Kenneth S. Rogoff, “Global Versus Country-Specific Productivity Shocks and the Current Account”, en Journal of Monetary Economics, vol. 35 (febrero de 1995), págs. 159–92.3Véase un análisis de las reducciones bruscas del déficit en cuenta corriente y sus consecuencias para la actividad económica en Gian Maria Milesi-Ferreti y Assaf Razin, “Sharp Reductions in Current Account Deficits: An Empirical Analysis”, documento de trabajo WP/97/168 (Washington: FMI, diciembre de 1997), y Gian Maria Milesi-Ferreti y Assaf Razin, “Current Account Reversals and Currency Crises”, ponencia presentada ante la conferencia de la National Bureau of Economic Research de Estados Unidos (NBER) sobre crisis monetarias (Cambridge, Massachusetts: 6 y 7 de febrero de 1998).4Véase por ejemplo, Rudiger Dornbusch, Han Goldfajn, y Rodrigo Valdés, “Currency Crises and Collapses”, en Brookings Papers on Economic Activity 2 (1995), págs. 219–93; Morris Goldstein, “Presumptive Indicators/Early Warning Signals of Vulnerability to Financial Crises in Emerging Market Economies” (inédito; Washington, Instituto de Economía Internacional, enero de 1996); Graciela Kaminsky, Saul Lizondo y Carmen M. Reinhart, “Leading Indicators of Currency Crises”, documento de trabajo WP/97/79 (Washington: FMI, julio de 1997); Gian Maria Milesi-Ferreti y Assaf Razin, “Current Account Sustainability: Selected East Asian and Latin American Experiences”, documento de trabajo WP/96/110 (Washington: FMI, octubre de 1996), y Jeffrey Sachs, Aaron Tornell y Andrés Velasco, “Financial Crises in Emerging Markets: Lessons from 1995”, en Brookings Papers on Economic Activity: 1 (1996), págs. 147–98.5Véase, por ejemplo, Guillermo A. Calvo, “Varieties of Capital Market Crises”, edición a cargo de G. A. Calvo y Mervyn King, en The Debt Burden and Its Consequences for Monetary Policy (Nueva York: St. Martin’s, 1997) y Guillermo A. Calvo, “Balance of Payments Crises in Emerging Markets”, ponencia presentada en la conferencia de la NBER sobre crisis monetarias (Cambridge, Massachusetts: 6 y 7 de febrero, 1998).6Véase Asli Demirgüç-Kunt y Enrica Detragiache, “The Determinants of Banking Crises: Evidence from Developed and Developing Countries”, donde se efectúa un estudio comparativo de crisis bancarias en distintos países; documento de trabajo WP/97/106 (Washington: FMI, septiembre de 1997).7La dificultad para determinar el grado de desajuste de los tipos de cambio reales reside en que las estimaciones de los tipos de cambio reales de equilibrio son de por sí imprecisas (véase el recuadro 5).

La posibilidad de que las presiones especulativas se difundan a otros países ha sido motivo de preocupación para los responsables de la formulación de políticas desde las crisis del MTC de 1992–93, y especialmente desde la crisis mexicana de 1994–95 y la reciente crisis asiática. Durante las crisis del MTC, el franco francés, la libra irlandesa y la corona sueca experimentaron presiones especulativas como consecuencia de la flotación de la lira italiana, la libra esterlina y el marco finlandés. Noruega experimentó presiones similares cuando se abandonó la paridad de la corona sueca con la unidad de cuenta europea (el ecu), y lo mismo ocurrió con el escudo portugués ante la devaluación de la peseta española. La depreciación del peso mexicano en diciembre de 1994 ocasionó presiones especulativas sobre otras monedas de países con mercados emergentes, especialmente las de Argentina y Brasil, y en menor escala la de Filipinas. Por último, la crisis de Tailandia de mediados de 1997 se expandió rápidamente con gran fuerza y persistencia a Filipinas, Indonesia y Malasia y un poco más tarde a Corea, y más brevemente a la Región Administrativa Especial de Hong Kong, Singapur y la provincia china de Taiwan dentro de la región, así como a varias economías con mercados emergentes de otras regiones.

Las evidencias empíricas de las crisis del MTC sugieren el papel que desempeñaron los efectos indirectos y de contagio. Los países que fueron objeto de ataques especulativos tenían variables macroeconómicas fundamentales bastante diferentes, y sólo en algunos casos podrían explicarse por deficiencias en este sentido. En cambio, parece haber desempeñado un importante papel la percepción de los inversionistas acerca de los incentivos de las autoridades para aplicar políticas menos estrictas con el fin de promover la recuperación económica114.

Los efectos indirectos y de contagio también parecen haber influido en la crisis mexicana de 1994–95. Se ha interpretado que una mayor correlación en los movimientos de capitales y en el rendimiento de los bonos Brady entre los mercados emergentes de América Latina después de la crisis, junto con la heterogeneidad de las variables fundamentales de la economía, es indicativa de un mayor comportamiento de imitación por parte de los inversionistas o del efecto de la venta de valores por parte de los inversionistas en varios mercados emergentes con el objeto de reunir efectivo para hacer frente a los aumentos previstos en los rescates en otros mercados (esto es lo que se denomina interdependencia entre las carteras de los acreedores)115. Algunos observadores han sostenido que es difícil encontrar variables fundamentales que puedan justificar este “efecto tequila”; el efecto tequila es considerado más bien como un reflejo del pesimismo de los inversionistas. Se sugiere que lo ocurrido en México hizo pensar a los inversionistas que otras economías con mercados emergentes podrían experimentar dificultades similares y provocar una desaceleración de los flujos de capital y una corrida sobre otras monedas aún cuando las variables fundamentales de la economía se mantenían esencialmente sin cambios116. Otros observadores han sostenido, sin embargo, que el cambio en las expectativas generado por la crisis mexicana sólo afectó a aquellos países en los que las variables fundamentales de la economía eran débiles. Estos países eran vulnerables a las situaciones desfavorables provocadas por el propio pesimismo de los inversionistas, o contagio, mientras que los países en que dichas variables eran sólidas sólo experimentaron una desaceleración pasajera en la afluencia de capitales117.

La evolución de las crisis de Asia oriental sugiere que en este caso también influyeron los efectos indirectos y de contagio, quizá en mayor medida aún que en el efecto tequila. Sin embargo, aún no se dispone de evidencias empíricas formales118. También debe señalarse que las evidencias empíricas sobre el contagio nunca pueden ser definitivas, ya que es imposible tener la certeza de que el modelo estimado incorpore las verdaderas variables fundamentales o si lo hace en forma correcta. Por ejemplo, puede resultar particularmente difícil construir un modelo adecuado de las deficiencias del sector bancario. El análisis empírico sistemático del contagio de las crisis financieras se halla en su infancia, especialmente en lo que se refiere a los mercados emergentes. Los resultados observados en los países industriales, sin embargo, respaldan la hipótesis de que los ataques especulativos en los mercados de divisas se transmiten de un país a otro. Específicamente, se ha hallado que la probabilidad de que se produzca una crisis cambiaria en un determinado país se incrementa cuando ocurre una crisis en otro lado. Además, parece que los vínculos comerciales explican mejor la transmisión internacional de las crisis cambiarias que las similitudes en las características macroeconómicas de las distintas economías119.

Indicadores de la vulnerabilidad

En vista del costoso ajuste en que las economías deben incurrir después de las crisis financieras, se observa un considerable interés en identificar las configuraciones de las variables económicas que puedan utilizarse como señales de alerta anticipada de las crisis120. Los intentos realizados, sin embargo, han tenido limitado éxito. Si bien muchos de los sistemas propuestos de alerta anticipada han logrado predecir determinadas crisis, pocos de ellos han podido hacerlo en todos los casos.

De hecho, es sumamente improbable que pueda identificarse un conjunto de indicadores que permitan detectar futuras crisis con la suficiente anticipación y un alto grado de certeza, y no proporcionar al mismo tiempo señales falsas. En efecto, si pudieran identificarse tales indicadores, posiblemente perderían su utilidad porque modificarían el comportamiento: los mercados los tomarían en cuenta y, al prever las crisis, las harían precipitar, o bien las autoridades podrían adoptar medidas para impedir que ocurran. En consecuencia, los indicadores perderían su capacidad para predecir crisis. Pero incluso aunque la búsqueda de indicadores confiables de las crisis pudiera parecer una tarea imposible, es útil investigar si existen variables que se hayan relacionado sistemáticamente con la vulnerabilidad frente a las crisis. Tales indicadores de la vulnerabilidad podrían utilizarse para identificar situaciones en las cuales la economía enfrenta el riesgo de una crisis financiera producida por cambios en la situación económica mundial, efectos indirectos de crisis ocurridas en otros países, u otras fuerzas que pudieran ocasionar repentinos cambios en la actitud de los mercados si no se tienen debidamente en cuenta los desequilibrios existentes.

Un enfoque comúnmente utilizado para construir un “sistema de alerta anticipada”, que se describe a continuación, es identificar un conjunto de variables cuyo comportamiento anterior a los episodios de crisis o de presiones sobre el mercado financiero es sistemáticamente diferente del observado en períodos normales o tranquilos121. Vigilando de cerca esas variables puede ser posible detectar perfiles de comportamiento similares a los observados en el pasado antes de las crisis. La dificultad reside en identificar las variables que deben vigilarse: aquéllas que no sólo advierten con un alto grado de éxito la inminencia de crisis, sino que al mismo tiempo no producen frecuentes señales falsas, de manera que puedan utilizarse con cierto grado de confianza.

Existe un número potencialmente grande de variables que pueden utilizarse como indicadores de la vulnerabilidad. La selección de dichas variables está determinada en gran medida por la comprensión que se tenga de las causas y de los determinantes inmediatos de las crisis. Por ejemplo, si se considera que las crisis cambiarias se deben principalmente a problemas fiscales, variables tales como el déficit fiscal, el consumo público y el crédito del sistema bancario al sector público tienden a figurar en forma prominente en el conjunto de indicadores122. Si se percibe que la base de las crisis cambiarias son las deficiencias del sistema financiero, entonces podrían utilizarse como indicadores variables tales como el crecimiento del crédito al sector privado, las medidas de liberalización financiera, el nivel del endeudamiento a corto plazo del sistema bancario, la estructura de las tasas de interés internas, los cambios en las cotizaciones de las acciones, la calidad de los activos bancarios medidos en función de los préstamos de cobro dudoso, etc123. De igual forma, si se considera que las crisis cambiarias son causadas en gran medida por problemas del sector externo, pueden utilizarse el tipo de cambio real, el saldo en cuenta corriente, las variaciones en la relación de intercambio, el diferencial entre las tasas de interés internas y externas, las variaciones en el nivel y la estructura de vencimientos de la afluencia de capitales extranjeros y otras variables similares124. También se han empleado variables del sector real, como la tasa de crecimiento del producto, la tasa de desempleo, las variables sustitutivas de los factores institucionales y estructurales y los acontecimientos políticos125.

A diferencia de las crisis cambiarias, en las que pueden determinarse las fechas en forma relativamente directa mediante cambios abruptos de variables de alta frecuencia como las reservas internacionales, las tasas de interés y el propio tipo de cambio, la falta de datos de alta frecuencia que puedan emplearse para identificar en forma consistente el inicio de las dificultades bancarias, hace que la construcción de los principales indicadores de las crisis bancarias resulte más difícil. La determinación de la fecha en que se inician las crisis bancarias es mucho más aproximada que en el caso de las crisis cambiarias, ya que depende de “acontecimientos” tales como el cierre o la absorción de instituciones financieras por parte del gobierno, corridas bancarias, etc. Por lo tanto, existe un mayor riesgo de calcular las fechas de las crisis “demasiado tarde” —ya que por lo general los problemas financieros comienzan mucho antes del cierre de los bancos o de las corridas bancarias— o “demasiado pronto”, porque el punto culminante de la crisis se alcanza generalmente mucho después. No obstante, incluso con fechas aproximadas del inicio de las crisis bancarias, el análisis del comportamiento de las variables pertinentes en el período aproximado de las crisis puede resultar útil para construir un sistema de alerta anticipada de indicadores de la vulnerabilidad.

En los estudios sobre las crisis bancarias, la selección de indicadores, que puede haber estado influenciada por la forma en que se han medido tales crisis, se ha basado principalmente en la premisa de que las deficiencias de este sector probablemente se pondrán de manifiesto cuando a un período sostenido de altas expectativas acerca de las perspectivas económicas, que aumenta la demanda de préstamos y eleva sustancialmente los niveles de endeudamiento con relación al capital propio, le siguen inesperadas “malas noticias” que afectan negativamente el patrimonio neto de los bancos. Tales noticias pueden ser acontecimientos que elevan marcadamente el riesgo crediticio de una significativa fracción de prestatarios —como una pronunciada disminución de los precios de las exportaciones o de los bienes— o un incremento en el costo de financiamiento de los préstamos, como serían las mayores tasas de interés internas o externas o una depreciación del tipo de cambio. Además, la propia salud del sistema bancario constituye un importante determinante de la vulnerabilidad de la economía frente a las crisis.

Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario. Por su naturaleza, las actividades bancarias se llevan a cabo en base a expectativas acerca del estado futuro de la economía. Cuando una economía experimenta una desaceleración no anticipada, las inversiones pueden volverse no redituables, lo que a su vez puede afectar negativamente la calidad de las carteras de préstamos de los bancos. En los países en desarrollo en rápido crecimiento, especialmente aquéllos que reciben una voluminosa afluencia de capitales, el hecho de que las reglamentaciones de prudencia no se hayan mantenido a la par de los adelantos en materia de liberalización financiera ha determinado con frecuencia que los sistemas bancarios se hayan vuelto cada vez más vulnerables a los cambios repentinos en la actitud de los inversionistas. En consecuencia, para identificar las vulnerabilidades del sector bancario se han utilizado las variables macroeconómicas que reflejan factores que afectan las perspectivas de los prestatarios y por ende su capacidad para atender el servicio de sus préstamos —tales como el crecimiento del producto, las cotizaciones de las acciones, la inflación, las tasas de interés reales, el tipo de cambio real, la relación de intercambio y la afluencia de capitales— y las variables que pueden proporcionar una indicación de la salud del sistema bancario, como el crecimiento del crédito interno, la razón entre préstamos y depósitos, las variaciones en el multiplicador monetario y otras medidas del grado de liberalización financiera126.

Por último, como las causas de las crisis bancarias con frecuencia son similares a las de las crisis cambiarias —en particular, una situación monetaria poco restrictiva, el recalentamiento de la economía y el estallido de burbujas de precios de los activos— muchos de los indicadores también son similares.

Comportamiento frecuente de las variables macroeconómicas antes y después de las crisis

El enfoque que se acaba de describir se utilizó para analizar el comportamiento de una serie de variables macroeconómicas en el período aproximado de las crisis cambiarias ocurridas en 1975–97 en el grupo de 50 países avanzados y con mercados emergentes indicado anteriormente. Se halló que el comportamiento del tipo de cambio real, de algunos agregados del mercado financiero y monetario y algunas variables relacionadas con el comercio fue notablemente distinto en los meses anteriores a una crisis que en los períodos de tranquilidad127. Sin embargo, estas diferencias en el comportamiento promedio, que se describen a continuación, no implican un vínculo causal entre las variables y la ocurrencia de las crisis, y en determinadas instancias el comportamiento de las variables referidas difirió significativamente del perfil promedio. Además, estas diferencias promedio reflejan la muestra de países y el criterio utilizado para identificar episodios de presiones sobre el tipo de cambio.

En el período inmediatamente anterior a una crisis, el valor real de la moneda nacional fue, en promedio, significativamente superior a la media observada durante los períodos de tranquilidad. Alrededor de 24 meses antes del estallido de la crisis (gráfico 26), el tipo de cambio real, en promedio, fue alrededor de un 7% superior a su nivel normal. Pero aproximadamente tres meses antes de la crisis, el tipo de cambio real comenzó a decrecer acercándose a la media observada durante el período tranquilo, al intensificarse las presiones sobre el tipo de cambio nominal. En algunos países, sin embargo, no se observó una sobrevaluación del tipo de cambio en el período inmediatamente anterior a la crisis. La sobrevaluación relativa de la moneda local continuó reduciéndose después de la fecha de la crisis, decreciendo a un promedio de alrededor del 7% por debajo del promedio del período tranquilo en el segundo año posterior a la crisis. Podría decirse que no resulta sorprendente que el tipo de cambio real tendiera a apreciarse en relación con su nivel anterior a una crisis, ya que la mayor parte de las crisis cambiarias involucran significativas depreciaciones nominales. En consecuencia, la apreciación refleja en cierta medida la forma en que las crisis han sido definidas e identificadas.

Gráfico 26.Características macroeconómicas de las crisis cambiarias

Típicamente, en el período inmediatamente anterior a una crisis cambiaria se recalienta la economía.

1Cada panel representa el comportamiento de una variable, en relación con la media del período tranquilo y promediada entre todas las crisis, durante un período determinado centrado alrededor de las crisis (línea roja). El período de muestra de los datos fue de enero de 1975 a noviembre de 1997. Para cada crisis se construyó un período de 49 meses, que incluye los 24 meses anteriores a la crisis (t - 24), el mes de la crisis (t) y los 24 meses posteriores a la crisis (t + 24). Luego se calcularon los promedios correspondientes a todas las crisis para cada mes del período centrado alrededor de la crisis. Los meses que quedaron fuera del período de crisis de 49 meses constituyen lo que se denominó período tranquilo, y se calculó un promedio para todo ese período. Cada panel representa las diferencias entre el valor promedio de una variable durante cada mes del período de 49 meses menos el valor promedio de la totalidad del período tranquilo.

2Las bandas de error estándar se calcularon utilizando los errores estándar del período centrado alrededor de la crisis y las medias del período tranquilo.

3Se despojó de su tendencia el tipo de cambio efectivo real utilizando la media correspondiente al país. Si no se elimina la tendencia de la variable, aumenta la sobrevaluación que precede a la crisis.

4Debido a la falta de datos mensuales para el PIB, la balanza comercial está representada por las exportaciones netas como porcentaje de las importaciones.

5El crecimiento del producto se sustituye por el crecimiento del producto industrial o el crecimiento de la producción manufacturera cuando no se dispone de datos sobre el producto industrial.

6Medida en términos de la moneda del país de referencia (dólar de EE.UU. o marco alemán).

La robustez del comportamiento del tipo de cambio real se analizó dividiendo la muestra en diversas submuestras: crisis en los países industriales, crisis en los países con mercados emergentes, crisis caracterizadas principalmente por “desplomes de la moneda”, crisis caracterizadas principalmente por pérdidas de reservas, crisis “severas” y crisis relacionadas con problemas serios del sector bancario. Excepto en los casos de crisis caracterizadas por pérdidas de reservas y aquéllas asociadas con problemas del sector bancario, el perfil promedio del comportamiento del tipo de cambio real fue similar. En el caso de las crisis con pérdidas de reservas no hubo significativas diferencias en la dinámica del tipo de cambio real durante los cuatro años centrados en la crisis pero, en promedio, el tipo de cambio real se mantuvo sobrevaluado en relación con el período tranquilo durante todo el período. En las crisis cambiarias acompañadas de problemas del sector bancario, no se observaron señales discernibles de sobrevaluación antes de las crisis128.

La apreciación real de la moneda nacional en el período anterior a las crisis estuvo acompañada de un deterioro en el comportamiento de las exportaciones. Pero después de revertirse la apreciación durante y después de la crisis, las exportaciones crecieron significativamente. El comportamiento de las importaciones, por otra parte, no mostró una diferencia discernible entre el período inmediatamente anterior a la crisis y durante los períodos de tranquilidad, aunque después de la crisis se contrajeron marcadamente. De igual forma, la balanza comercial no mostró grandes diferencias en el período anterior a la crisis, excepto un deterioro cerca del momento del estallido de la misma. Las reservas internacionales, medidas en meses de importaciones, tampoco mostraron un perfil pronunciado, aunque en términos absolutos de dólares su valor se derrumbó al estallar la crisis. Si bien, en promedio, se produjo cierto deterioro en la relación de intercambio inmediatamente antes de una crisis, en especial en los países con mercados emergentes, no se observaron variaciones discernibles en los meses anteriores. En consecuencia, el deterioro de la relación de intercambio simplemente pudo haber hecho que una situación vulnerable se convirtiera en una verdadera crisis.

En el período de dos años en torno a una crisis, la inflación fue significativamente mayor que en los períodos de tranquilidad. Pero desde alrededor de 15 meses anteriores a la crisis, la tasa de inflación se moderó en cierta medida, posiblemente como consecuencia de los esfuerzos de las autoridades por contener la sobrevaluación del tipo de cambio real y atemperar las presiones del recalentamiento. Al iniciarse la crisis, la tasa de inflación se incrementó súbitamente en los siguientes 12 a 18 meses, cuando la depreciación del tipo de cambio comenzó a reflejarse en los precios internos. Después de ese repunte inicial, sin embargo, el ritmo de la inflación comenzó a disminuir en los 18 meses posteriores al comienzo de la crisis. La inflación superior a la normal que precede a la crisis es una de las pocas características que se observaron en todos los diversos subgrupos de crisis.

Muchas crisis han estado relacionadas con una reversión de los flujos de capital, al agotarse una voluminosa afluencia anterior. Además, en algunos casos los tenedores de pasivos bancarios líquidos internos tratan de convertirlos a divisas. De esta manera, la capacidad del sistema bancario para resistir las presiones sobre la moneda depende en parte de la medida en que los pasivos internos estén respaldados por reservas de divisas, lo que puede derivarse aproximadamente de la inversa de la razón entre el dinero en sentido amplio y las reservas internacionales oficiales. Esta razón mostró un notable perfil alrededor del momento en que se produjo la crisis: comenzó en un nivel casi igual al del promedio del período tranquilo, pero fue incrementándose en el período de 24 meses anteriores a la crisis, particularmente al acercarse el momento del estallido. (Como en el caso de la apreciación del tipo de cambio real, sin embargo, en algunas crisis la razón no se elevó por encima de su promedio del período normal). Pocos meses después de la crisis, la razón se redujo marcadamente y dos años después era inferior al promedio del período de tranquilidad. Este tipo de comportamiento fue más evidente en las crisis más severas y en aquéllas caracterizadas por grandes devaluaciones. En las crisis cambiarias relacionadas con problemas del sector bancario, la razón no se elevó apreciablemente antes de las crisis. Como esta variable capta en parte la capacidad de la economía para resistir las presiones especulativas sin una fuerte corrección del tipo de cambio, puede considerarse un indicador de la confianza de los inversionistas en el sistema financiero interno.

La expansión monetaria —el crecimiento del dinero en sentido estricto y en sentido amplio— también tendió a mostrar un pronunciado aumento casi dos años antes de una crisis cambiaria, alcanzando un máximo aproximadamente 18 meses antes de su estallido. A partir de este punto, la tasa de expansión monetaria del dinero en sentido amplio baja casi constantemente hasta la fecha en que se produce la crisis y sigue bajando durante otros nueve meses después de esa fecha en lo que respecta al dinero en sentido estricto. Posteriormente vuelve a repuntar la tasa de expansión monetaria. El crecimiento de los agregados crediticios demostró fluctuaciones similares. En el período inmediatamente anterior a las crisis se registraron altas tasas de crecimiento —superiores al promedio— de los agregados monetarios en los diferentes subgrupos de países y tipos de crisis.

Con frecuencia las crisis cambiarias han estado precedidas de un ciclo de auge y caída del precio de los activos. Por ejemplo, en casi todos los países afectados por la actual crisis asiática, los precios de los bienes raíces y las cotizaciones de las acciones se incrementaron marcadamente a principios de los años noventa y luego decrecieron en forma abrupta desde alrededor de mediados de 1996. En forma congruente con esta experiencia, en crisis previas la tasa de crecimiento de las cotizaciones de las acciones típicamente comenzó a decrecer en forma marcada en los 6 a 12 meses anteriores a la crisis, tornándose negativa aproximadamente en el sexto mes, y luego cayendo poco después de la crisis a alrededor de 25 puntos porcentuales por debajo del promedio del período tranquilo. En muchos casos, sin embargo, este comportamiento del precio de los activos no es típico. Por ejemplo, en las crisis en que el período de recuperación fue relativamente corto, los precios de los activos se mantuvieron ligeramente por encima del promedio del período tranquilo. De igual forma, en las crisis caracterizadas por grandes pérdidas de reservas en vez de profundas depreciaciones, los precios de los activos no disminuyeron. Típicamente, las cotizaciones de las acciones comenzaron a recuperarse alrededor de un año después del punto más álgido de la crisis.

Por último, si bien la actividad real, medida por la variación en 12 meses de la producción industrial, no mostró un perfil distintivo antes de la crisis, y con posterioridad a ésta generalmente se contrajo en forma marcada, en promedio. Sin embargo, por lo general comenzó a recuperarse en el término de un año, y 18 meses después del estallido de la crisis había llegado a un nivel superior al del período tranquilo.

Algunos estudios previos han hallado que los saldos fiscales y los saldos en la cuenta corriente de la balanza de pagos han desempeñado un papel significativo en las crisis cambiarias. Como no se dispone de datos mensuales para estas variables, se utilizaron datos anuales. Se encontró que aunque en el año anterior a una crisis aumenta el déficit fiscal como porcentaje del PIB, no difiere significativamente del que se observa durante los períodos de tranquilidad. Sin embargo, el déficit en cuenta corriente como porcentaje del PIB es significativamente mayor que durante los períodos tranquilos. Estos resultados sugieren tentativamente que mientras que los déficit insostenibles en cuenta corriente tendieron a ser parte del recalentamiento general de la economía que se observa antes de una crisis, los grandes déficit fiscales desempeñaron un papel menos regular.

El comportamiento de los diversos indicadores analizados sugiere que, típicamente, antes de una crisis cambiaria la economía se recalienta: la inflación es relativamente elevada y la moneda nacional está sobrevaluada, lo que afecta negativamente al sector exportador. La política monetaria es marcadamente expansionista, el crédito interno crece vigorosamente, poniendo en peligro las metas cambiarias de los países con regímenes cambiarios fijos o inflexibles. La vulnerabilidad financiera de la economía se incrementa, al crecer los pasivos del sistema bancario sin el respaldo de reservas extranjeras y caer los precios de los activos. Por supuesto, estas observaciones son específicas de la técnica utilizada para identificar los episodios de crisis y de la muestra de países. Además, el comportamiento de las variables en determinadas crisis ha diferido en muchas ocasiones de este perfil promedio: por ejemplo, en varios de los países asiáticos afectados por la reciente crisis, la inflación se mantuvo en niveles relativamente bajos.

Un análisis similar al realizado en el caso de las crisis cambiarias sugiere que antes de las crisis bancarias el crédito interno crece rápidamente, y que con frecuencia las presiones sobre el sistema bancario están precedidas por una liberalización financiera (como lo indica el crecimiento de la razón entre el dinero en sentido amplio y el dinero en sentido estricto)129. La liberalización de los mercados financieros también puede reflejarse en un incremento de los depósitos y en elevadas tasas de interés reales, que tienden a alcanzar un valor máximo aproximadamente en el momento de la crisis. Las altas tasas de interés, sin embargo, también podrían reflejar intentos infructuosos de las autoridades por adoptar una política crediticia más estricta e inducir un aterrizaje suave. En varios casos, las crisis bancarias también han estado precedidas por una mayor afluencia de capitales a corto plazo. A partir de alrededor de un año antes de una crisis, el mercado de valores comienza a contraerse, y la actividad real inicia una tendencia descendente (gráfico 27). Para el momento en que la crisis ya se encuentra en marcha, el crecimiento del producto es significativamente más lento que el promedio registrado durante el período tranquilo y las cotizaciones de las acciones han caído en forma marcada130. En muchos países, con frecuencia el colapso del mercado de valores ha estado acompañado de correcciones igualmente bruscas en otros mercados de activos, principalmente en el sector inmobiliario.

Gráfico 27.Características macroeconómicas de las crisis bancarias

Generalmente, en el período inmediatamente anterior a una crisis bancaría, como en el caso de una crisis cambiaria, se recalienta la economía.

1Cada panel representa el comportamiento de una variable, en relación con la media del período tranquilo y promediada entre todas las crisis, durante un período determinado centrado alrededor de las crisis (líneas rojas). El período de muestra de los datos fue de enero de 1975 a noviembre de 1997. Para cada crisis se construyó un período de 7 años, que incluye los 3 años anteriores a la crisis (t - 3), el año de la crisis (t) y los 3 años posteriores a la crisis (t + 3). Los años que quedaron fuera del período de crisis de 7 años constituyen lo que se denominó período tranquilo, y se calculó un promedio para todo ese período. Luego se calcularon los promedios correspondientes a todas las crisis para cada año del período centrado alrededor del período de los 7 años de la crisis. Cada panel representa las diferencias entre el valor promedio de una variable durante cada año del período de 7 años menos el valor promedio de la totalidad del período tranquilo.

2Las bandas de error estándar se calcularon utilizando los errores estándar del período centrado alrededor de la crisis y las medias del período tranquilo.

3Se despojó de su tendencia el tipo de cambio efectivo real utilizando la media correspondiente al país.

4Logaritmos.

5Medida en términos de la moneda del país de referencia (dólar de EE.UU. o marco alemán).

El perfil promedio de las variables económicas y financieras descritas más arriba sugiere una posible interpretación de la situación que habitualmente conduce a una crisis bancaria. Tienden a sentar las bases de la crisis un prolongado período de recalentamiento, alta inflación y voluminosos déficit en cuenta corriente, junto con un vigoroso crecimiento del crédito asociado en parte con una afluencia de capitales a corto plazo superior a la normal, y reflejando en algunos casos la reciente liberalización de los sistemas financieros. En esa situación, el sistema bancario ya sobreextendido puede verse debilitado por una conmoción, como una caída de la actividad real, una desaceleración de la afluencia de capitales, un deterioro de la relación de intercambio131, una abrupta caída de los precios de los activos o un incremento de las tasas de interés mundiales132.

Las deficiencias del marco institucional y reglamentario del sector financiero constituyen a menudo una importante característica de las crisis del sistema bancario. La falta de datos congruentes en este sentido dificulta el análisis de la vinculación que existe entre dicho marco y la capacidad del sector financiero para superar situaciones adversas. No obstante, se han obtenido pruebas que sugieren que en muchos de los países que han experimentado crisis bancarias, el sistema estaba sujeto a una excesiva influencia gubernamental o había sido liberalizado antes de que se hubieran puesto en vigor adecuadas reglamentaciones de prudencia y de supervisión. Por ejemplo, antes de la crisis que estalló en Sri Lanka a principios de esta década, se estima que los bancos de propiedad estatal, que representaban casi el 70% del sistema bancario, tenían alrededor de un 35% de su cartera total en préstamos de cobro dudoso, mientras que en Costa Rica, antes de la crisis de mediados de los años ochenta, los bancos públicos, que habían concedido el 90% del crédito total, consideraban que aproximadamente un 30% de sus préstamos eran incobrables133. En cambio, la crisis bancaria colombiana de mediados de los años ochenta, la venezolana de 1994–95, la española de principios de los años ochenta, la tailandesa de 1983–87 y la crisis malaya de 1985–88 pueden atribuirse en gran medida al hecho de que se liberalizó el sistema financiero sin haberse fortalecido previamente el marco reglamentario y contable ni la supervisión bancaria134.

Señales de alerta anticipada de la vulnerabilidad frente a las crisis cambiarias

Las diferencias identificadas antes en el comportamiento promedio de varias variables macroeconómicas entre los períodos anteriores a una crisis cambiaria y los períodos tranquilos son sugestivas, pero no podrían utilizarse con confianza como un sistema de alerta anticipada de las crisis, por varias razones. En primer lugar, no se ha establecido la significación estadística de las diferencias encontradas. En segundo lugar, un sistema de alerta anticipada debería indicar la vulnerabilidad frente a las crisis con bastante anticipación, y muchas de las variables antes mencionadas tienden a no indicar la vulnerabilidad hasta que la crisis está a punto de estallar. Además, en muchos casos la información sobre el comportamiento de las variables económicas examinadas sólo se dispone con un retraso demasiado grande como para que resulte útil como indicador.

Cuando se tienen en cuenta estos requisitos, puede considerarse que sólo un reducido número de variables proporciona información fiable sobre la vulnerabilidad con respecto a una crisis cambiaria, en el sentido de que advierten correctamente sobre las crisis un número significativo de veces y no producen frecuentes falsas alarmas, y proporcionan señales con la suficiente anticipación como para que puedan adoptarse medidas correctivas. Estas variables son el tipo de cambio real, el crecimiento del crédito y la razón M2/reservas. Las tres pueden proporcionar informaciones útiles acerca del riesgo de que ocurra una posible crisis. Específicamente, si estas variables se han mantenido siempre por encima de los niveles promedio registrados en períodos normales, un país parecería potencialmente vulnerable a una crisis en el caso, digamos, de un alza de las tasas de interés mundiales o alguna otra perturbación que afecte negativamente la confianza de los inversionistas (cuadro 16). Estos resultados son preliminares y deben considerarse como ilustrativos de un sistema de alerta anticipada de la vulnerabilidad.

Cuadro 16.Significación de los indicadores de alerta anticipada de la vulnerabilidad frente a crisis cambiarias1
Meses previos a una crisis
IndicadorGrupo de países1383
Apreciación del tipo de cambio realPaíses industriales
Mercados emergentes
Expansión del crédito internoPaíses industriales
Mercados emergentes
Aumento de la razón M2/reservasPaíses industriales
Mercados emergentes
Disminución de las cotizaciones bursátilesPaíses industriales
Mercados emergentes
Bajas tasas internas de interés realPaíses industriales
Mercados emergentes
Deterioro de la relación de intercambioPaíses industriales
Mercados emergentes
Incremento de las tasas de interés reales mundialesPaíses industriales
Mercados emergentes

La sobrevaluación del tipo de cambio real fue una de las primeras y más persistentes señales de vulnerabilidad. Hasta 13 meses antes de una crisis, la apreciación real de la moneda nacional en relación con el promedio de los dos años anteriores tendió a indicar la posibilidad de una crisis cambiaria. Además, esta señal persistió durante todo el período de gestación de la crisis. Otras variables que mostraron estas propiedades fueron la razón M2/reservas y el crecimiento del crédito interno135. La baja de las cotizaciones de las acciones constituyó una señal significativa de crisis cambiarias sólo en el caso de los países industriales. Las bajas tasas de interés reales, que reflejan una situación monetaria expansionista, también constituyeron una variable indicadora útil. El deterioro de la relación de intercambio alrededor de los ocho meses anteriores a la crisis emitió una fuerte señal para los países con mercados emergentes. Por su parte, las tasas de interés mundiales no demostraron ser un indicador significativo, excepto en el período muy cercano a una crisis. Por supuesto, estas conclusiones dependen de la metodología empleada en este capítulo (que se describe en el cuadro 16).

En los casos en que las crisis que se producen en un país se transmiten o se extienden por contagio a otros países como consecuencia, digamos, de la existencia de vínculos comerciales o financieros, estas variables pueden no ser los mejores indicadores para los países en los que no se originan las crisis136. En estos casos, en una economía estrechamente vinculada o que se percibe que tenga características similares, las crisis pueden constituir las señales más informativas. No obstante, las variables antes indicadas pueden ser indicadores de la vulnerabilidad frente a los efectos indirectos. En la crisis cambiaria asiática reciente, si bien evidentemente intervinieron algunos efectos de contagio en la difusión de la crisis, las economías afectadas, en general, también mostraron señales de vulnerabilidad macroeconómica.

La apreciación del tipo de cambio real, el crecimiento del crédito interno real y el crecimiento de los pasivos internos sin respaldo del sector bancario (la razón M2/reservas internacionales)137, se utilizaron para construir un índice de la vulnerabilidad macroeconómica frente a una crisis cambiaria, calculado para seis países asiáticos y cuatro países latinoamericanos (gráfico 28)138. Debe señalarse que el índice debe utilizarse supuestamente para identificar vulnerabilidades que dan lugar a un sustancial riesgo de crisis, y no para predecir las crisis. Las políticas adoptadas o un cambio en la situación económica pueden disipar el riesgo de crisis. Debe señalarse además que las crisis pueden producirse aunque no existan vulnerabilidades aparentes, y deberse solamente al efecto de contagio.

Gráfico 28.Crisis cambiaria asiática: Indicadores de la vulnerabilidad

(Desviaciones estándar)

A principios de 1997, varias de las economías de Asia oriental mostraban señales de vulnerabilidad.

1El índice de vulnerabilidad se calcula como el promedio ponderado de las desviaciones del tipo de cambio real, la variación porcentual en 12 meses del crédito interno real, y la razón entre M2 y las reservas de divisas con respecto a sus respectivas medias a tres años. Las ponderaciones son la inversa de la desviación estándar a tres años para cada país.

2Basada en el índice de la presión sobre el mercado cambiario que se describe en el texto.

3Debido a la falta de datos, en el caso de Malasia, el índice para el período posterior a noviembre de 1996 no incluye el crecimiento del crédito interno real.

El índice muestra que a partir de principios de 1997 la vulnerabilidad se incrementó en casi todas las economías de Asia oriental más afectadas por las perturbaciones recientes. Según el índice, todas las economías —Malasia, Tailandia, y en menor medida Corea e Indonesia— eran vulnerables. Con frecuencia, la acumulación sostenida de desequilibrios macroeconómicos está seguida de un repentino salto en el índice de la presión sobre el mercado cambiario, que se utilizó para identificar la erupción de una crisis cambiaria. Esto resulta más evidente en los casos de Malasia y Tailandia, y una situación similar se observó también en la crisis mexicana de 1994–95. En los principales países con mercados emergentes que han logrado resistir los efectos indirectos y de contagio de la crisis de Asia oriental, no se observaban tales señales de vulnerabilidad a mediados de 1997. Por ejemplo, Argentina, Brasil, Chile, México y Singapur mostraban pocas señales de vulnerabilidad. El período más bien breve que antecedió a la crisis de Tailandia, que muestra el índice, y la ausencia de vulnerabilidad en algunas de las economías no asiáticas con mercados emergentes que experimentaron efectos de contagio, sugieren que también es preciso observar otros indicadores, como desequilibrios en la cuenta corriente, no incluidos en el índice.

Posiblemente ningún índice capte la complejidad de la coyuntura que conduce a una crisis, que por lo general incluye elementos de vulnerabilidad acompañados de perturbaciones económicas, acontecimientos políticos o cambios en la actitud de los inversionistas asociados con los efectos de contagio. Los indicadores de la vulnerabilidad deben complementarse con información específica de los países para formarse un juicio acerca de la verdadera vulnerabilidad de un país frente a una crisis cambiaria. También debe señalarse que si bien el índice funcionó razonablemente bien en el caso de los países con mercados emergentes, no lo hizo en el caso de muchos países industriales, lo que quizá refleja la importancia que revisten otros factores como la situación del mercado laboral. Como se señaló anteriormente, la utilidad del índice como sistema de alerta anticipada depende también de la disponibilidad de información oportuna. Si no se cuenta con la información pertinente en el momento oportuno, el índice simplemente sirve para resumir ciertos elementos de vulnerabilidad después de producida la crisis, y sólo resulta útil como herramienta analítica para estudiar las crisis históricas.

El índice de la vulnerabilidad frente a las crisis cambiarias presentado en esta sección constituye sólo un ejemplo de los indicadores resultantes de las investigaciones que están llevándose a cabo en este campo. Otros índices pueden conducir a conclusiones algo diferentes, y todos tienen sus limitaciones. Los funcionarios del FMI, por supuesto, reconociendo la complejidad de las causas de las crisis financieras, no utilizan un solo indicador, sino que basan sus evaluaciones de la situación macroeconómica de los países y su vulnerabilidad frente a las perturbaciones financieras en un análisis exhaustivo de la información disponible, en consulta con las autoridades de los países miembros.

* * *

La reciente crisis de Asia oriental y el “efecto tequila” de 1994–95 son las últimas de un gran número de crisis financieras ocurridas en los últimos veinte años. Estas crisis han resultado muy costosas para los países más directamente afectados: los países en los que se originaron las crisis y aquéllos que, aunque quizá eran vulnerables a las mismas, podrían haber escapado a sus consecuencias si no hubiera sido por los efectos indirectos y de contagio. En vista de estos costos, una preocupación clave de las autoridades y los mercados financieros debe ser identificar las causas de las crisis y prevenirlas.

Por supuesto, es imposible predecir las crisis con total fiabilidad, y cualquier intento exitoso de construir modelos para hacerlo presumiblemente afectaría el comportamiento de los responsables de la formulación de políticas y de los participantes en los mercados financieros, lo que haría que los modelos se tornaran rápidamente obsoletos. Además, en el caso de las crisis que surgen como consecuencia del efecto de contagio puro, puede no contarse con señales de alerta anticipada, ya que las crisis derivan de reacciones inherentemente impredecibles del mercado. Más factible resulta identificar los tipos de deficiencias que normalmente hacen que las economías se tornen vulnerables a las crisis financieras, incluidos los efectos indirectos, independientemente de que la crisis se materialice o no. En este capítulo se ha examinado el comportamiento de una serie de variables macroeconómicas en el período aproximado en que se produjeron crisis cambiarias y bancarias durante las últimas dos décadas, con el objeto de identificar los indicadores de la vulnerabilidad.

El análisis sugiere que típicamente, en el período que precede a una crisis cambiaria o bancaria, hay un recalentamiento de la economía: la inflación es relativamente elevada, el tipo de cambio real está apreciado, se amplía el déficit en cuenta corriente, el crédito interno ha estado creciendo a un ritmo rápido, y con frecuencia los precios de los activos están inflados. Como reflejo de este perfil habitual, se encuentra que la apreciación del tipo de cambio real, la excesiva expansión del crédito interno y el rápido incremento de la razón entre el dinero en sentido amplio y las reservas internacionales proporcionan señales de vulnerabilidad frente a las presiones en los mercados monetarios. Otras variables, especialmente la caída de las cotizaciones bursátiles y el deterioro de la relación de intercambio también proporcionan señales anticipadas, pero con menos regularidad, mientras que el alza de las tasas de interés mundiales consti tuye una fuerte señal cuando se acerca el momento del estallido de la crisis.

Como una aplicación inicial ilustrativa de las investigaciones que están llevándose a cabo en este campo, la combinación de las tres variables más significativas indicó el surgimiento de vulnerabilidades en la mayor parte de los países asiáticos afectados por la crisis reciente y en la anterior crisis mexicana. Debe señalarse, sin embargo, que tales indicadores de la vulnerabilidad pueden fácilmente producir señales falsas, y no pueden predecir las crisis. También debe destacarse que los indicadores examinados en este capítulo se prestan mejor al análisis de las crisis relacionadas con la acumulación de presiones que provocan recalentamiento, y pueden no ser adecuados para analizar otros tipos de crisis, por ejemplo aquéllas relacionadas con divergencias en los requisitos de política derivados de crecientes diferencias en el ciclo económico y la situación del mercado laboral en los países que mantienen un tipo de cambio fijo, o las crisis que se originan en los efectos indirectos o de contagio. No obstante, ya que probablemente estos efectos sean más marcados en los países que presentan desequilibrios macroeconómicos, los indicadores del tipo que se describe más arriba pueden resultar útiles, por lo menos para complementar otros indicadores de la vulnerabilidad que han recibido particular atención en el curso de la crisis asiática, como los indicadores de los préstamos de cobro dudoso en el sistema bancario o el volumen de crédito a corto plazo en moneda extranjera en el sistema financiero y en el sector empresarial.

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