Chapter

Capítulo II: Definicion “Central” de Deuda Externa

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
March 1988
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1. Fines de la Definicion “Central”

La definición central representa una perspectiva, en torno a la cual existe un acuerdo, de los elementos esenciales de la definición de deuda externa. En los casos fundamentalmente de sistemas que se centran en un determinado sector, esta definición ofrece criterios que permiten incluir o excluir los diversos tipos de instrumentos financieros. Constituye asimismo un patrón que facilita la comparación de las prácticas adoptadas por los diversos organismos.

Ahora bien, la definición central no pretende ser una definición única de la deuda que responda a todos los fines. Quizás haya que revisarla a su debido tiempo teniendo en cuenta los nuevos avances que se logren en la declaración de datos estadísticos, la evolución de los mercados financieros o los cambios que se registren en las necesidades de los usuarios de las estadísticas. Asimismo, ninguno de los cuatro organismos aplica en su totalidad la definición central debido a ciertas razones que quedarán claras cuando se examinen los diversos sistemas de declaración de datos en los próximos capítulos. Sin embargo, la adopción de esta definición ya ha hecho que algunos de los organismos modifiquen sus prácticas, a veces en lo que respecta a la composición de los totales efectivos de la deuda registrados y a veces en la presentación de los datos de manera que permitan la conciliación de los totales con la definición central.

La definición central ofrece también un punto de partida para la considerable labor que aún queda por realizar.

2. La Definicion Central y Su Interpretacion

2.1. Redacción

La definición central convenida es la siguiente:

  • - “Por deuda externa bruta se entiende el monto, en un determinado momento, de los pasivos contractuales desembolsados y pendientes de reintegro que asumen los residentes de un país frente a no residentes, con el compromiso de rembolsar el capital, con o sin intereses, o de pagar los intereses, con o sin rembolso del capital.”

Esta formulación fue la convenida por los cuatro organismos aunque, como en toda definición condensada, su interpretación exige un cierto grado de explicación y comentario.

La primera cuestión que se observa es que la definición se refiere únicamente a la deuda bruta. Ello obedece a ciertas razones de peso: primero, la deuda externa es el agregado que está directamente relacionado con el problema del servicio de la deuda, elemento fundamental en la situación actual; segundo, es el primer paso claro hacia una labor más depurada sobre los agregados que comprende. Limitar la definición a la deuda bruta no significa que la deuda “neta” no sea también un concepto analítico útil1, sino que es un concepto que añade un elemento más de complejidad en lo que toca a su definición, recopilación e interpretación. Por consiguiente, la definición central se ha elaborado con el fin de estudiar la deuda bruta, dejándose el análisis de la deuda neta para más adelante.

La utilización del concepto de pasivos contractuales es un elemento fundamental de la definición, pues constituye un criterio bien claro para determinar si se incluyen o no ciertas clases de pasivos. Significa, en el contexto de la definición, que existe la obligación de efectuar los pagos especificados, entre otros, por ejemplo, la obligación financiera que se deriva del fallo de un tribunal o una corte, aun de no mediar un acuerdo contractual. Excluye las participaciones de capital, a las cuales evidentemente no se aplica este criterio.

La referencia que se hace en la definición central al capital y a los intereses significa que la cobertura es más limitada que la definición más amplia del capítulo I, es decir, “todos los instrumentos que representan pasivos financieros, independientemente de la clase de pago o de rembolso que entrañen”. Sin embargo quedan algunos casos “ambiguos” que corresponden a instrumentos clasificados en los rubros 9 y 10 del cuadro 1. El tema se examinará con cierto detalle en el apartado 3.2. Algunos de estos casos son difíciles de resolver.

Los términos capital e intereses no establecen ninguna distinción entre pago en efectivo o en especie. Las palabras capital, con o sin intereses permiten que en la definición central se incluyan los préstamos exentos de intereses, ya que éstos entrañan igualmente una obligación contractual de rembolso; intereses, con o sin rembolso del capital se refiere a los préstamos que tienen un período de vencimiento indefinido, como los correspondientes a una ampliación reciente de bonos “perpetuos”, pues éstos entrañan la obligación contractual del pago de intereses.

Con la frase desembolsados y pendientes de reintegro se establece una importante distinción entre la parte de un préstamo que ha sido girada y está pendiente de rembolso —la cual se incluye—y los montos no desembolsados, que se excluyen de la definición central aunque haya un acuerdo contractual. Si bien, para ciertos fines, los saldos no desembolsados de los préstamos forman parte de una obligación contractual y pueden ser importantes para evaluar la situación financiera de un país, esos saldos constituyen una obligación contingente —no real—de rembolso que contrae el prestatario y, por consiguiente, no forman parte de la definición central. Muchas veces es útil presentar agregados que incluyen los montos no desembolsados de préstamos, aunque hay que identificarlos con sumo cuidado; tal es el caso de Deuda total, incluidos los montos no desembolsados. La expresión desembolsados y pendientes de reintegro también excluye algunos acuerdos financieros, tales como los acuerdos marco, en virtud de los cuales ciertos contratos de préstamo habrán de concertarse en una fecha futura determinada, hasta el momento en que se hayan firmado los contratos necesarios y desembolsado los montos respectivos.

El hecho de que la definición no se refiera específicamente al vencimiento de la deuda significa que se incluye tanto la deuda a corto plazo como a largo plazo. A los fines de la definición central, “largo plazo” significa más de un año y “corto plazo” significa un período de un año o menos. La misma norma se aplica en el Manual de balanza de pagos, en tanto que en el SCN (1968) las transacciones de un año se consideran a largo plazo. Cabe señalar que el período de vencimiento puede medirse según el período de vencimiento original, ampliado o residual. Independientemente de la definición de que se trate, las estadísticas publicadas presentan un desglose entre corto y largo plazo (véanse los capítulos IV a VII).

2.2. Interpretación de la definición central

La utilización de la definición central también entraña varias cuestiones importantes de interpretación. Estas cuestiones sólo podrían haberse incluido explícitamente en la definición si se hubiera sobrecargado la redacción, pero son importantes a efectos de aplicación.

Un aspecto fundamental que hay que tener en cuenta es que la definición debe considerarse conjuntamente con el cuerpo de definiciones tradicionales y bien establecidas que figuran en el Manual de balanza de pagos del FMI. Es muy importante emplear las definiciones del sistema de balanza de pagos (SBP) para poder determinar si un pasivo contractual es externo o interno, ya que los criterios del Manual definen claramente los términos “residente” y “no residente”. Cabe citar a continuación el texto completo de la definición del criterio de residencia que figura en el Manual de balanza de pagos (cuarta edición)2:

“Los residentes de una economía comprenden el gobierno general, la personas físicas, las instituciones privadas sin fines de lucro que prestan servicios a éstas, y las empresas, todos los cuales se definen en función de su vinculación al territorio de esa economía. El territorio de una economía comprende también sus aguas territoriales y las aguas internacionales situadas fuera de éstas sobre las cuales tiene o pretende tener jurisdicción exclusiva. Los territorios y posesiones de ultramar pueden o no considerarse como economías separadas” (Manual de balanza de pagos, párrafo 52).

El concepto de residencia correspondiente a las personas físicas se define de la siguiente manera:

“El concepto de residencia adoptado en el caso de las personas físicas se enuncia de forma que incluya todas las personas de quienes puede esperarse que consuman bienes y servicios, participen en la producción o se dediquen a otras actividades económicas de una manera no temporal en el territorio de una economía. Son las personas cuyo centro general de interés se encuentra en dicha economía” (Manual de balanza de pagos, párrafo 59).

En la interpretación de la palabra “temporal”, también se ha aceptado en general que las personas físicas que viven en una economía determinada durante un año o más son residentes de esa economía.

El criterio escogido ha sido el de la residencia. Entre otras posibilidades podría haberse determinado que una transacción sea externa o interna sobre la base de la nacionalidad de los agentes en las transacciones. Sin embargo, la distinción basada en la nacionalidad crearía graves problemas, debido especialmente a la gran cantidad de países afectados por corrientes migratorias importantes, ya sea como país de inmigración o de emigración. Además, el criterio de nacionalidad significaría que una transacción que se efectúa en Londres entre un banco estadounidense y un banco británico sería clasificada como una transacción externa tanto por las autoridades británicas como estadounidenses. Es más, en muchos casos, dejaría de ser cierto un aspecto de sentido común: que una transacción externa es la que realizan entre sí residentes de diferentes países, es decir, en la que se produce un cruce de frontera. Ahora bien, la nacionalidad es un criterio de clasificación útil con fines específicos, por ejemplo, en relación con la supervisión de los bancos internacionales o para el control de la concesión de préstamos de diferentes grupos de bancos a los países en desarrollo.

Otro criterio de clasificación habría podido ser la moneda de denominación del instrumento de deuda, es decir, la moneda nacional o extranjera. No obstante, de utilizarse este criterio, una transacción también se clasificaría como deuda externa, sin que mediase un cruce de frontera, cuando el residente de una economía mantuviera pasivos en moneda extranjera frente a otro residente de la misma economía. Este enfoque también pasa por alto el hecho de que la moneda de denominación tiene poca importancia en un contexto de deuda externa en que se utilizan monedas que pueden intercambiarse libremente, de manera que todo pago por servicio de la deuda puede ser convertido fácilmente en cualquier otra moneda que elija el acreedor. Sin embargo, en el caso de países con monedas no convertibles, o en los que la reglamentación cambiaria restringe la conversión de la moneda nacional en monedas extranjeras, la moneda de denominación es un factor pertinente debido a su importancia para la gestión cambiaria.

Por encima de todo, el concepto de residencia —que es un criterio básico para el análisis macroeconómico—presenta la gran ventaja de haber sido utilizado durante mucho tiempo en otros sistemas estadísticos que también sirven para la medición de la deuda y con los cuales es conveniente mantener la coherencia. Además, se trata de un sistema que resulta familiar —en contextos vinculados a este campo—para los compiladores y analistas.

La residencia como criterio de clasificación significa, según la definición central, que un pasivo contractual en moneda extranjera frente a un residente no forma parte de la deuda externa, en tanto que un pasivo contractual en moneda nacional frente a un no residente forma parte de la deuda externa. De igual manera, un pasivo contractual frente a un residente que no es ciudadano del país en cuestión no forma parte de la deuda externa. Sin embargo, con fines analíticos, puede ser ventajoso tratar estos pasivos de manera diferente, por ejemplo, con el propósito de determinar la situación de las obligaciones en moneda extranjera de una determinada economía.

A veces, el criterio de residencia produce resultados que quizá requieran un trato especial, o por lo menos una presentación especial, en la medición de la deuda externa. Los problemas que surgen conciernen sobre todo a las siguientes situaciones: a) las entidades o centros bancarios extraterritoriales, especialmente si los saldos de estas unidades o centros son considerables en relación con la economía del país anfitrión, b) los países que acogen a compañías de “pabellón de conveniencia” o de “placa de bronce” pero no las incluyen en su sector externo, c) el trato que conceden los países a los depósitos bancarios efectuados por los ciudadanos de un país que viven en el extranjero (depósitos de emigrantes) en la medición de la deuda externa, d) el trato que conceden los países a los depósitos de residentes en moneda extranjera y e) algunas cuentas cuya propiedad se encuentra en manos del gobierno nacional y del gobierno donante extranjero o a las cuales tienen acceso ambos gobiernos3.

El problema de las entidades o centros bancarios extraterritoriales se presenta y es importante en los sistemas estadísticos de los cuatro organismos que se consideran en este informe; los organismos abordan este problema de la diferente manera que se describe en los capítulos correspondientes. Básicamente, el problema se debe al hecho de que los países, o los sistemas que utilizan los organismos, no siguen el mismo criterio para las entidades bancarias extraterritoriales. Por ejemplo, algunos países declaran a estas entidades como no residentes mientras que otros (y algunos sistemas) las consideran como residentes. Una manera de resolver este problema es asegurar que la presentación de la deuda externa de países que cuentan con entidades bancarias extraterritoriales identifica por separado los pasivos de estas entidades e indica generalmente también el saldo de su activo. En el caso de las compañías de “pabellón de conveniencia” y de “placa de bronce” surge un problema semejante en la medida en que existe una contradicción en torno a la noción de centro de interés económico; para la mayoría de estas entidades y “subsidiarias” el centro de interés económico es el país de origen o el país de origen de la empresa matriz mientras que en el Manual de balanza de pagos se señala que hacen falta doce meses de residencia en un país para que éste sea considerado como centro de interés económico. Al respecto, lo que se recomienda es que los saldos correspondientes a esta categoría de entidades o unidades se incluyan en la definición central de deuda (véase el apéndice 1).

En lo concerniente a los países en los cuales algunas personas no residentes (emigrantes temporales, marineros, personal de las compañías de aviación) mantienen grandes depósitos, se sabe que estos depósitos generalmente no entrañan más adelante una salida de divisas. Sin embargo, en la medida en que el dueño de la cuenta sea no residente, es evidente que esos depósitos forman parte de la definición central de deuda.

3. Relacion De Las Diversas Clases De Titulos Financieros Con La Definicion Central.

Con el fin de evitar ambigüedades, el Grupo ha identificado las clases especiales de pasivos que, a su juicio, forman parte de la definición central y las que no entran en esa definición.

Como se señaló en la sección 3 del capítulo I, los instrumentos financieros correspondientes a los rubros 2 a 8 del cuadro 1 de ese capítulo deben ser considerados como deuda externa, aun en el marco de la definición restrictiva, siempre que el correspondiente pasivo sea frente a no residentes. Convendría enumerar estos rubros e indicar brevemente su contenido exacto antes de tratar algunos casos especiales.

Rubro 2: Billetes, moneda y depósitos transferibles

Depósitos pagaderos a la vista y tenencias de billetes y moneda.

Rubro 3: Otros depósitos

Títulos representados por libretas de depósito.

Rubro 4: Efectos y bonos a corto plazo4

Efectos y bonos con un vencimiento de menos de un año.

Rubro 5: Bonos a largo plazo

Bonos, obligaciones sin garantía, etc., que tienen un período de vencimiento de más de un año (incluidas las acciones preferentes, excepto los valores preferentes de participación).

Rubro 6: Préstamos a corto plazo, no especificados en otra parte (n.e.p.)

Todos los préstamos no especificados en algún otro lugar, con un vencimiento de un año o menos (incluidos todos los préstamos pagaderos a la vista). Se incluyen los préstamos que conceden los bancos, las sociedades financieras y otros, a las empresas, los gobiernos, las unidades familiares, etc., incluidos los préstamos para compras a plazos y los préstamos para financiar el crédito al comercio.

Rubro 7: Préstamos a largo plazo (n.e.p.)

Todos los préstamos no especificados en otro rubro que tienen un período de vencimiento de más de un año. Se pueden dar los mismos ejemplos que en el rubro 6, a los cuales es importante añadir con frecuencia los préstamos hipotecarios.

Rubro 8: Créditos comerciales y anticipos

Crédito comercial otorgado a las empresas, gobiernos y unidades familiares así como los anticipos por trabajos en curso o por realizar.

3.1. Elementos incluidos específicamente en la definición

Hay ciertas clases de instrumentos que no se identifican con claridad en los rubros 2 a 8 del cuadro 1, por lo que su inclusión en la definición central exige un comentario.

Conforme a la definición central, el “uso de crédito del Fondo Monetario Internacional (UCF)” forma parte de la deuda externa. El UCF no siempre ha sido considerado como deuda pues entraña un intercambio de moneda nacional por otras monedas o DEG5. Sin embargo, el efecto que produce el UCF en un país es semejante al que tienen otros préstamos externos, y los pasivos presentan las mismas características que las modalidades de deuda externa incluidas generalmente en la definición central. Algunos organismos han adoptado la práctica de presentar un total general en el cual se incluye el uso de crédito del Fondo y un total más restringido que excluye el UCF6.

Los préstamos de empalme, tanto bilaterales como multilaterales, se incluyen en la definición central. En todo desglose por período de vencimiento, estos préstamos se clasifican como deuda a corto plazo, a menos que se sepa que tienen un período de vencimiento de más de un año.

Los préstamos rembolsables en la moneda del prestatario forman parte de la definición central, si bien las prácticas de presentación difieren de un organismo a otro. Por ejemplo, la OCDE clasifica estos préstamos en sus estadísticas sobre flujos de recursos a los países en desarrollo (“estadísticas del CAD”) como flujos con un “elemento de donación” cada vez que —como es costumbre—el país donante expresa en el compromiso original su intención de no repatriar los reintegros sino de mantenerlos en la economía beneficiaría. No obstante, en lo concerniente a las estadísticas sobre la deuda, la OCDE ha decidido ser coherente con la definición central e incluir estos montos como deuda externa. En el sistema de notificación de la deuda del Banco Mundial, esos flujos se clasifican por separado y, actualmente, se excluyen de las estadísticas publicadas sobre la deuda.

Los atrasos en el pago del capital y de los intereses se incluyen en la definición central. Es evidente que los atrasos en el pago del capital forman parte de la deuda externa, de la misma forma que el pago que se efectúa en la fecha de vencimiento reduce el volumen de la deuda. También es evidente que los atrasos en el pago de intereses, si se incorporan oficialmente al capital en virtud de un acuerdo de reorganización de la deuda, deben registrarse en los datos declarados por el deudor y el acreedor. El Grupo consideró que no existe una diferencia fundamental, a efectos de la compilación de estadísticas de la deuda bruta, entre los atrasos que se han capitalizado oficialmente y los atrasos por intereses en mora. Si se conocen los montos, ambos tipos de atrasos deberán incluirse en los agregados de la deuda bruta. Para ello se incluyen todos los atrasos por intereses en mora sumándolos a los saldos de la deuda a corto plazo, como se hace actualmente en la contabilidad de balanza de pagos, hasta que cambie la situación como resultado de una amortización o de la reprogramación de la deuda. (Véase en el apartado 3.4 el caso en que un acreedor cancela o reduce un préstamo incobrable en sus registros contables.) En las cifras publicadas, los atrasos se incluyen sin distinción en la deuda a corto plazo (en el sistema de notificación de la deuda del Banco Mundial y en el caso de atrasos en el pago del capital de deudas a largo plazo, el registro se incluye ahora en deuda a largo plazo).

En cuanto al registro de una disminución de los atrasos, la multiplicidad de prácticas contables utilizadas plantea un problema. En las declaraciones de los deudores, los atrasos se reducen mediante el pago efectivo o por refinanciamiento, reprogramación, conversión o quita. En las declaraciones de los acreedores, los atrasos también se eliminan del registro si media una cancelación contable o se constituyen fondos específicos. El pago efectivo reduce indudablemente el volumen de endeudamiento; la reducción de los atrasos a través de diversas formas de reorganización de la deuda es más compleja y se examina en el apartado 3.4.

Los bonos perpetuos y otros valores (bonos consolidados, etc.) que no tienen una fecha fija de rembolso se incluyen en la definición conforme a la referencia específica que se hace a obligaciones contractuales de pago de intereses aun en el caso de que no se rembolse el capital.

3.1.1. Instrumentos cuya inclusión plantea problemas especiales de definición

Es evidente que hay varios instrumentos que forman parte de la definición central pero son objeto de diferentes interpretaciones en cuanto a su definición y registro. Se mencionan en este epígrafe con el fin de presentar un panorama completo de la cobertura de la definición central. Ahora bien, hará falta continuar el estudio, como se menciona en el capítulo III, para poder lograr un mayor grado de compatibilidad entre definiciones y métodos de registro, y también entre los organismos, y para alcanzar más coherencia con los demás componentes de la definición central.

3.1.1.1. Arrendamientos financieros

En los últimos años, y especialmente en los campos de la informática y la aviación, se ha establecido la costumbre de que los usuarios arrienden equipo en lugar de comprarlo. En muchos casos, la transacción de “arrendamiento financiero”, es —con fines prácticos—similar a un traspaso de propiedad que entraña una obligación contractual de efectuar pagos regulares y, por lo tanto, constituye un sustituto directo de una deuda que se contrae y que debe incluirse en la definición central. La dificultad se plantea al tratar de determinar exactamente la línea que separa el arrendamiento financiero, que sin lugar a dudas se puede comparar directamente con las transacciones de deuda, del arrendamiento de tipo “operativo” más convencional. En el inciso 2.1.2.1 del capítulo III se examina este asunto en más detalle.

3.1.1.2. Acuerdos de canje o permutas

Las palabras “canje” o “permuta” se emplean actualmente para describir una variedad de acuerdos financieros que son muy diferentes en cuanto a su relación con la deuda y, por consiguiente, en cuanto a su significado para las estadísticas de la deuda.

Las operaciones oficiales de crédito recíproco entre bancos centrales son transacciones que forman parte de la definición central de la deuda externa. Desde el punto de vista técnico, son semejantes al uso de crédito del Fondo. Entrañan un canje de moneda nacional por moneda extranjera con el compromiso de que en el futuro se efectuará una operación en sentido contrario.

Las permutas de moneda y tipos de interés que entrañan transacciones entre deudores no modifican el monto de la deuda, aunque alteran el riesgo de los respectivos pasivos; estas transacciones de canje permiten a los deudores cambiar la moneda de pago del servicio de la deuda o la base sobre la cual se efectúa el pago de los intereses (generalmente se pasa de una tasa fija a una tasa variable o viceversa). Las estadísticas sobre la deuda basadas en el registro de los acreedores no tienen en cuenta estos aspectos que, por otra parte, quizá los deudores tampoco declaren en forma apropiada.

El canje de activos que entrañe un intercambio de títulos de crédito entre prestamistas modifica la identidad del acreedor pero, aparte de esto, no influye en las estadísticas de la deuda a menos que uno de los acreedores sea residente del país deudor.

Con respecto a la tendencia reciente de algunos países en desarrollo de intercambiar deuda por participaciones de capital (canje de deuda por capital), es evidente que, de acuerdo con la definición central, el monto de la deuda se reduce, aunque el monto de pasivos extrafronterizos, definidos de manera amplia, puede seguir siendo el mismo.

Algunas transacciones ordinarias en moneda extranjera también se denominan canjes, aunque los saldos a plazo que crean estas transacciones no se incluyen en las estadísticas de la deuda y no forman parte de la definición central.

3.1.2. Instrumentos cuya inclusión plantea problemas especiales de notificación

En algunos casos, se reconoce que el acuerdo en torno a la inclusión de una determinada clase de pasivo en la definición central plantea dificultades prácticas de notificación. Ya se han mencionado antes algunas de estas dificultades, por ejemplo, la notificación de los atrasos.

Otro ejemplo son los instrumentos negociables de deuda. Un bono denominado en moneda nacional o extranjera debe registrarse como deuda externa si el tenedor es no residente. El problema práctico se plantea al tratar de determinar con certeza la residencia del tenedor. La solución a este problema se ha complicado por la reciente tendencia de algunos países —en condiciones de hacerlo—de recomprar los valores que emitieron inicialmente en los mercados extranjeros de capital. Ahora bien, con los sistemas de notificación de los bancos y cuando éstos son a la vez tenedores y declarantes, la residencia del tenedor no parece albergar dudas.

El Grupo ha convenido que la deuda contraída entre empresas de un mismo grupo residentes en países diferentes forma parte de la definición central, aunque esto plantea problemas sobre todo porque en las estadísticas de balanza de pagos esta clase de deuda se incluye como inversión directa sin establecer ningún tipo de distinción. El ajuste efectuado en la cuenta de capital no crea ningún problema especial, siempre y cuando se notifiquen los datos con suficiente detalle; ahora bien, con el sistema actual no existe ningún mecanismo para identificar en la balanza en cuenta corriente el pago de intereses por esa deuda.

Otro ejemplo es la deuda militar. Si bien en principio no hay razón para establecer una distinción entre la deuda contraída por transacciones de carácter militar y otras clases de deuda, y por ello esa deuda se incluye en la definición central, a menudo se presentan problemas prácticos y políticos que dificultan la obtención de información.

Es evidente que el rubro 2, “billetes, moneda y depósitos transferibles”, forma parte de la definición central aunque, si bien es cierto que los depósitos se pueden registrar con relativa facilidad en el marco de los sistemas de declaración normales, no ocurre lo mismo con los billetes y la moneda en poder de no residentes.

3.2. Casos dudosos

Los casos dudosos, cuya inclusión debe examinarse en más detalle, corresponden principalmente a los rubros 9 y 10 del cuadro 1, es decir, “participación neta de los hogares en las reservas de los seguros de vida y de las cajas de pensiones” y “otras cuentas por pagar”.

El primero de estos rubros, correspondiente a las reservas y otras formas de ahorro que mantienen las compañías de seguros y los fondos de pensiones con el fin de hacer frente a riesgos futuros, puede ser importante a la hora de medir la “deuda neta”. Actualmente no cabe considerar que su magnitud sea considerable en el contexto del endeudamiento de los países en desarrollo.

El problema de las “cuentas por pagar” es más complicado. Estas cuentas pueden formar parte, en efecto, de la deuda contractual a corto plazo pues incluyen “las cuentas por pagar no especificadas en otra parte, por ejemplo, en relación con impuestos, intereses, dividendos, renta, sueldos y salarios”. Es evidente que se trata de una categoría heterogénea y su pertinencia respecto de la definición central de la deuda externa depende mucho de la naturaleza de la transacción; es prácticamente imposible llegar a una generalización satisfactoria, aunque es probable que una definición “amplia” de deuda incluiría esta categoría (lo que significa que la deuda externa comprendería los rubros 2 a 8 y los rubros 9 y 10).

Entre otros casos dudosos están las clases de títulos de crédito que no figuran de manera específica en la lista del SCN. Por ejemplo, el crédito relacionado con transacciones de trueque y los pasivos en forma de anualidades.

3.3. Instrumentos que son objeto de exclusión específica

3.3.1. Acciones y participaciones de capital

Los casos más importantes que se excluyen de la lista general de pasivos son las dos modalidades de acciones y participaciones de capital identificadas en el capítulo I.

La definición que ofrece el SCN de acciones y participaciones de capital (rubro 11 del cuadro 1) es la siguiente: “los instrumentos y títulos que reconocen un derecho al valor residual y a la renta residual de las sociedades, después que se han cubierto las obligaciones con todos los acreedores”. La definición continúa señalando que “estos títulos de participación no proporcionan el derecho a una renta predeterminada o a una cantidad fija en caso de disolverse la sociedad”.

Por consiguiente, queda claro que no entrañan la obligación contractual señalada en la definición central.

Lo mismo cabe decir del rubro 12, “patrimonio neto de los propietarios en las empresas”.

3.3.2. Otros instrumentos que son objeto de exclusión específica

En los pocos casos en que la definición central no indica con claridad si una categoría debe incluirse o excluirse, el Grupo ha optado por excluirla.

Uno de esos casos corresponde a los intereses que se están acumulando pero cuyo plazo de pago aún no ha vencido. Según las prácticas contables convencionales, los intereses en casi todos los tipos de préstamos siguen un proceso de acumulación continua. Esto se ve claramente en el caso de los bonos y de otros títulos de deuda de cartera, para los cuales se suelen calcular los intereses devengados desde la fecha anterior de pago de intereses y se incluyen en el precio de la transacción en el momento de la venta. Por analogía, se podría considerar que los intereses devengados forman parte del valor del pasivo. Sin embargo, en virtud de los contratos, los intereses no se adeudan hasta la fecha efectiva de pago y, por esta razón, el monto de los intereses devengados no se incluye en la definición central de la deuda. Además, su inclusión distorsionaría la relación entre los saldos de deuda y los pagos futuros por servicio de la misma.

Por idénticas razones, los intereses futuros aún no devengados se excluyen también de la definición central.

Los pasivos frente al FMI que entrañan DEG constituyen una contrapartida de los activos externos que se adquieren cuando se usan los DEG, pero el proceso de creación de los DEG es semejante a una transferencia unilateral en el sentido de que el tenedor adquiere un activo financiero sin intercambiarlo por algo que tenga un valor económico. En otras palabras, el “pasivo” es contingente y deberá rembolsarse únicamente si el pais deja de participar en el Departamento de DEG o si se liquida el Departamento de DEG. Por consiguiente, los pasivos en DEG se excluyen de la definición central. Aunque todo uso de activos en DEG que lleve a una disminución de las tenencias de un país por debajo de su asignación acumulativa crea la obligación de pagar cargos, este uso neto no se incluye en la deuda externa.

3.4. Trato de la reorganización de la deuda

La incidencia cada vez más marcada que ha tenido la reorganización de la deuda en sus diversas formas en los últimos años ha creado nuevos problemas en la presentación de las estadísticas sobre la deuda. Muchos de estos problemas se refieren al momento de registro y a la identificación de los flujos financieros —uno de los principales temas en torno al cual se centrará la labor futura del Grupo—y no al registro en sí de los saldos de la deuda; estas cuestiones se examinan con más detalle en el apartado 2.5 del capítulo III.

En todo análisis del registro de la deuda es importante describir la forma en que la reorganización de la deuda influye en las estadísticas. Algunos acuerdos de reorganización no repercuten en el monto del endeudamiento pero pueden afectar su clasificación por sector del acreedor y deudor y modifican sin duda las fechas del pago futuro del servicio de la deuda.

Fundamentalmente, existen tres técnicas de reorganización de la deuda, cada una de las cuales presenta diversas variantes; pueden aplicarse ya sea para aliviar la situación de un deudor que se encuentra en posición precaria o para ofrecer al deudor la posibilidad de beneficiarse de otros arreglos financieros. Las tres técnicas principales7, de las cuales pueden emplearse más de una en un caso particular, son las siguientes:

  • - Reprogramación, en virtud de la cual se modifica el contrato de deuda con el fin de reescalonar el calendario de pago de intereses y capital adeudados a los acreedores;

  • - Refinanciamiento, que entraña la concesión de un nuevo préstamo ya sea a) para remplazar el préstamo original o crédito inicial o b) para cubrir parte o la totalidad de los pagos que se adeudan del préstamo original o del crédito inicial;

  • - Quita, que significa la cancelación de parte o de la totalidad de un préstamo por acuerdo entre el deudor y el acreedor.

En relación con la definición central, se verá que únicamente la quita disminuye el monto total del endeudamiento.

Todas estas modalidades, salvo la quita, pueden tener un efecto considerable en la sectorización de la deuda, por ejemplo, si un organismo oficial otorga el préstamo de refinanciación con el fin de remplazar préstamos del sector privado. En la mayoría de los casos la operación influirá en el desglose de la deuda por período de vencimiento.

Frecuentemente también se producirá una resectorización de las partidas que notifica el deudor, sobre todo si la reorganización significa que el banco central o el gobierno asumen deudas contraídas previamente por el sector privado.

Además de estas modalidades acordadas de reorganización de la deuda, existen ciertos procedimientos unilaterales que pueden modificar los totales de la deuda notificados por el deudor o el acreedor.

Por ejemplo, un banco puede constituir fondos de reserva o cancelar contablemente parte del valor de los títulos correspondientes a préstamos cuyo rembolso considera incierto teniendo en cuenta la política que se haya fijado o la reglamentación bancaria del caso. Esta medida unilateral no afecta a la existencia de los títulos en cuestión, pero puede provocar una asimetría entre los sistemas de notificación del acreedor y del deudor, ya que el deudor continúa notificando la totalidad del pasivo mientras que el acreedor declara únicamente el valor residual una vez descontadas las reservas constituidas o efectuada la reducción contable. La constitución de provisiones puede realizarse ya sea mediante la creación de una reserva en el pasivo del balance del acreedor o, en el lado del activo, deduciendo el valor correspondiente del saldo de préstamos concedidos. Los ajustes que se realicen en el activo pueden dar origen a una subestimación del valor efectivo de los títulos frente a los países deudores. Al efectuar la declaración de datos —en los casos en que se han reducido los activos declarados sin una correspondiente reducción de los títulos efectivos—será conveniente proporcionar la información correspondiente a esas reducciones con el fin de permitir un ajuste de los datos del acreedor para que reflejen la totalidad del valor de esos títulos. Con este procedimiento se impedirá una incoherencia entre los datos del deudor y del acreedor, y seguiría existiendo compatibilidad con la definición central.

La medida unilateral equivalente que adopta el deudor es el repudio de la deuda, es decir, el rechazo, por parte del deudor, de una obligación registrada por el acreedor. En este caso, a menos que se adopten medidas especiales, se producirá una asimetría entre los datos declarados por el deudor, en los cuales ya no figurará el pasivo, y los datos declarados por el acreedor, en los cuales la obligación se seguirá registrando como un título de crédito.

Notas y Referencias Bibliograficas

Este concepto se analiza en el apartado 2.2 del capítulo III.

Esta definición también se utiliza en el SCN.

Con el fin de no recargar esta sección, los argumentos detallados concernientes al trato de estos casos especiales se examinan en un apéndice técnico separado (véase el apéndice 1).

Véase en el último párrafo del apartado 2.1 de este capítulo un análisis de los períodos de vencimiento.

El Fondo Fiduciario del FMI no se ha clasificado como “uso de crédito del Fondo” pues los préstamos del Fondo Fiduciario fueron préstamos directos financiados por las ventas de oro del Fondo en el periodo 1976–80, y no un intercambio de monedas por recursos ordinarios del Fondo. El rembolso de estos préstamos suministró los recursos para la concesión de préstamos en virtud del nuevo servicio financiero de ajuste estructural, recursos que sí se clasifican, en la base de datos del Fondo, como uso de crédito del Fondo. En el apéndice 3 se presenta una lista de los principales servicios financieros del FMI.

Por ejemplo, la OCDE en su publicación Financing and External Debt of Developing Countries.

Debe señalarse que la terminología sobre reorganización de la deuda y los métodos relacionados con la reorganización de la deuda difieren en los diversos sistemas de notificación. Los tres términos que se emplean en este documento tienen un sentido genérico amplio; consulte el lector en los capítulos IV a VII las definiciones y métodos que se utilizan en los diversos organismos.

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