Chapter

3. Conceptos Y Alcance

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
November 2006
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Introducción

3.1 El propósito de este capítulo es definir y esclarecer los conceptos básicos de precio y consumo que se utilizan en un índice de precios al consumidor (IPC) y explicar el alcance del índice. Si bien el objetivo general de un índice de precios al consumidor es medir los cambios en los precios de bienes y servicios de consumo, el concepto de “consumo” es impreciso y puede interpretarse de diversas maneras, cada una de las cuales puede dar como resultado un IPC diferente. La agencia gubernamental u oficina de estadística responsable de elaborar el IPC también debe decidir si se quiere que el índice incluya a todos los consumidores (o sea, todos los hogares) o solo a un grupo determinado de hogares. El alcance exacto del IPC se ve necesariamente influido por lo que se pretende, o cree, que será la utilización principal del índice. Por otro lado, las oficinas de estadística deben tener en cuenta que, con frecuencia, el IPC se utiliza como medida de la inflación general, aunque pueda no haber sido diseñado para ello.

3.2 El consumo es una actividad en la que las personas, individual o colectivamente, utilizan bienes o servicios para satisfacer sus necesidades y deseos. En economía, no se hace ningún intento por observar y registrar esta actividad en forma directa. Antes bien, el consumo se mide, ya sea por el valor de los bienes y servicios consumidos parcial o totalmente en un período, ya sea por el valor de los bienes y servicios que se compran, o adquieren de algún otro modo, con el propósito de consumirlos.

3.3 El término “consumidor” se refiere a un tipo de unidad económica, por lo general una persona u hogar, y así lo utilizaremos en esta sección. Llamaremos a los bienes utilizados por los consumidores “bienes de consumo”. Un bien o servicio de consumo se define como un bien o servicio que utilizan los miembros del hogar, directa o indirectamente, para satisfacer sus deseos y necesidades personales. Por definición, los bienes o servicios de consumo proporcionan utilidad. La utilidad es, simplemente, el término técnico genérico elegido por los economistas para referirse a la satisfacción, bienestar o beneficio que los individuos o los hogares obtienen del uso de un bien o servicio de consumo.

3.4 En general, se considera que el IPC es un índice de precios que mide los cambios en los precios de los bienes y servicios de consumo adquiridos o utilizados por los hogares. Tal como se explica en el capítulo 14, se pueden definir índices de precios más amplios, con un alcance que se extienda más allá de los bienes y servicios de consumo, pero el IPC se limita deliberadamente al consumo de los hogares. Sin embargo, es posible definir al IPC de modo que incluya los precios de activos físicos tales como tierras o viviendas adquiridas por los hogares. En el caso de las viviendas ocupadas por sus propietarios, una cuestión clave es si se incluyen en el IPC los alquileres imputados en los flujos de servicios de vivienda, o bien si se incluyen en el índice los precios de las viviendas mismas (a pesar de que en el sistema de cuentas nacionales—SCN—se las trata como activos fijos y no como bienes de consumo). Existen opiniones encontradas al respecto. En cualquier caso, se excluye la compra de activos financieros, como bonos o acciones, porque no son bienes ni servicios de ningún tipo y no se utilizan para satisfacer las necesidades o deseos personales de los integrantes de un hogar. Las transacciones financieras no afectan la riqueza, ya que sencillamente suponen el intercambio de un tipo de activo financiero por un activo financiero de otro tipo. Por ejemplo, cuando se compran valores, se intercambia dinero por un bono o acción; cuando se contrae una deuda, se recibe dinero a cambio de la creación de un pasivo.

3.5 Aunque el IPC, por definición, mide los precios de los bienes y servicios que consumen los hogares, esto no implica que necesariamente deba abarcar todos los hogares ni todos los bienes y servicios que estos consumen. Por ejemplo, podría en algunos casos excluirse los bienes que el Estado proporciona a los hogares por los cuales estos no deben hacer ningún pago. A pesar de que el propósito general del índice esté claro, hay muchas decisiones que tomar respecto del alcance exacto del IPC. Estos temas se analizan en este capítulo y en el siguiente.

Agregados de consumo alternativos

3.6 Como ya se señaló, el concepto de consumo no es preciso y puede interpretarse de diversas maneras. En esta sección se examina una jerarquía de distintos conceptos y agregados de consumo.

3.7 Los hogares adquieren bienes y servicios con el propósito de consumirlos de cuatro maneras principales:

– Pueden comprarlos mediante transacciones monetarias.

– Pueden producirlos ellos mismos para su propio consumo.

– Pueden recibirlos como pago en especie en operaciones de trueque, en particular como remuneración en especie a cambio de trabajo.

– Pueden recibirlos como donaciones o transferencias de otras unidades económicas.

3.8 Para un IPC, el concepto de consumo más amplio sería aquel que abarque estas cuatro categorías de bienes y servicios de consumo. Este conjunto de bienes y servicios de consumo puede describirse como adquisiciones totales. Las adquisiciones totales equivalen al consumo individual total efectivo de los hogares, tal como lo define el SCN (véase el capítulo 14). Cabe señalar que las adquisiciones totales constituyen un concepto más amplio de consumo que el gasto total de consumo.

Adquisiciones y gasto

3.9 Los gastos son realizados por las unidades económicas que pagan por los bienes y servicios o, en otras palabras, por las unidades económicas que afrontan los costos. No obstante, muchos de los bienes y servicios que consumen los hogares son financiados o pagados por el gobierno o por instituciones sin fines de lucro. Se trata, por lo general, de servicios como educación, salud, vivienda y transporte. Los bienes y servicios que el gobierno o instituciones sin fines de lucro proveen a hogares individuales en forma gratuita o a precios económicamente no significativos se denominan transferencias sociales en especie. Estas pueden contribuir sustancialmente al bienestar o nivel de vida de los hogares individuales que las reciben. (Las transferencias sociales en especie no incluyen servicios colectivos que el gobierno provee a toda la comunidad, como la administración pública y la defensa.)

3.10 El gasto en transferencias sociales en especie corre por cuenta de los gobiernos o de las instituciones sin fines de lucro que pagan por ellas, y no por cuenta de los hogares que las consumen. Podría decidirse que el IPC se limite a los gastos de consumo de los hogares, en cuyo caso las transferencias sociales en especie gratuitas no se incluirían en el índice. Aun si se incluyeran, en la práctica pueden ser ignoradas cuando son gratuitas, sobre la base de que el gasto que los hogares realizan por ellas equivale a cero. Desde luego, su precio no es cero desde la perspectiva de las unidades que las financian, pero los precios que interesan a los fines del IPC son los que pagan los hogares.

3.11 En cambio, las transferencias sociales no se pueden ignorar cuando los gobiernos y las instituciones sin fines de lucro deciden cobrar algún cargo por ellas, práctica cada vez más frecuente en muchos países. Por ejemplo, si se desea que el IPC mida el cambio en el valor total de una canasta de bienes y servicios de consumo que incluye las transferencias sociales, el aumento de los precios de dichas transferencias de cero a algún monto positivo eleva el costo de la canasta y debe ser contemplado por el IPC.

Gasto monetario y gasto no monetario

3.12 También puede distinguirse entre gasto monetario y no monetario según la naturaleza de los recursos utilizados para pagar por los bienes y servicios. Un gasto monetario tiene lugar cuando los hogares pagan en efectivo, con cheque o con tarjeta de crédito, o de algún modo contraen una deuda financiera, a cambio de la adquisición de un bien o servicio. Un gasto no monetario se origina cuando los hogares no contraen un pasivo financiero sino que afrontan el gasto por la adquisición de bienes o servicios de algún otro modo.

3.13Gasto no monetario. Se puede pagar en especie en lugar de efectivo, como en las transacciones de trueque. Los bienes y servicios ofrecidos como pago en el trueque equivalen a gastos negativos y los cambios en sus precios deberían, en principio, tener una ponderación negativa en el IPC. Si aumenta el precio de los bienes vendidos, la situación del hogar mejora. Sin embargo, como en principio las dos partes del trueque deberían tener igual valor, el gasto neto en que incurren los dos hogares que efectúan el trueque debería ser cero. Por lo tanto, en la práctica, con fines de elaboración del IPC las operaciones de trueque entre hogares pueden no tenerse en cuenta.

3.14 Los hogares también incurren en gastos no monetarios cuando sus integrantes reciben bienes y servicios de sus empleadores como remuneración en especie. Los empleados pagan por esos bienes y servicios con su trabajo, no en efectivo. En principio, los bienes y servicios de consumo recibidos como remuneración en especie pueden incluirse en el IPC utilizando los precios estimados a los que estos bienes y servicios se ofrecerían en el mercado.

3.15 Una tercera categoría importante de gasto no monetario es la que se origina cuando los hogares consumen bienes y servicios producidos por ellos mismos. Los hogares incurren en los costos, mientras que se considera que los gastos tienen lugar cuando los bienes y servicios se consumen. Este tipo de gastos por cuenta propia incluyen los gastos en servicios de vivienda que producen los dueños/ocupantes para consumo propio. El modo de abordar los bienes y servicios producidos para consumo propio plantea problemas conceptuales importantes que se tratan con mayor profundidad más adelante.

3.16Gasto monetario. El concepto más restringido de consumo que puede utilizarse para el IPC es el que se basa exclusivamente en el gasto monetario. Ese agregado excluiría muchos de los bienes y servicios que los hogares efectivamente adquieren y utilizan para su consumo. Solo el gasto monetario genera los precios monetarios que se necesitan para elaborar el IPC. Los precios de los bienes y servicios adquiridos mediante gastos no monetarios solo se pueden imputar sobre la base de los precios observados en transacciones monetarias. Los precios imputados no generan más información de precios, sino que afectan la ponderación asignada a los precios monetarios aumentando la ponderación de aquellos precios monetarios que se utilizan para valorizar el gasto no monetario.

3.17 Si el objetivo principal por el que se elabora el IPC es medir la inflación, puede decidirse restringir su alcance al gasto monetario, en especial debido a que el gasto no monetario no genera ninguna demanda de dinero. Los Índices de Precios de Consumo Armonizados (IPCA), empleados para medir la inflación en la Unión Europea, se limitan al gasto monetario (véase el anexo 1).

Adquisición y usos

3.18 En la bibliografía acerca del IPC suele distinguirse entre la adquisición de los bienes y servicios de consumo por parte de los hogares y su posterior utilización para satisfacer sus necesidades o deseos. En general, los bienes de consumo se adquieren en un momento del tiempo y se utilizan en otro, con frecuencia mucho después, o bien pueden utilizarse reiteradamente, o aun continuamente, durante un largo período de tiempo. No obstante, para muchos servicios los momentos de adquisición y de utilización coinciden; si bien existen otros tipos de servicios que proporcionan beneficios duraderos y no se consumen por completo en el momento en que se prestan.

3.19 El momento de adquisición de un bien es el momento en que la propiedad del bien se transfiere al consumidor. En una situación de mercado, es el momento en que el consumidor incurre en una obligación de pago, sea en efectivo o en especie. El momento en que se adquiere un servicio no es tan fácil de determinar con precisión, ya que la prestación de un servicio no supone traspaso de propiedad. Por lo general, la adquisición de un servicio conlleva alguna mejora de la situación del consumidor. El consumidor adquiere un servicio al mismo tiempo que el productor lo proporciona y que el consumidor acepta asumir una obligación de pago.

3.20 Por lo tanto, en una situación de mercado, el momento de adquisición tanto de bienes como de servicios es el momento en el que se incurre en una obligación de pago. Cuando los pagos no se realizan en efectivo en el mismo momento, puede transcurrir un lapso prolongado antes de que el pago de la compra se debite de la cuenta bancaria del consumidor, ya sea que este haya pagado con cheque, tarjeta de crédito u otros medios similares. El momento en el que finalmente se efectúa este débito depende de conveniencias administrativas y de los mecanismos financieros e institucionales vigentes. Este momento no tiene importancia a efectos del registro de las transacciones o los precios.

3.21 La distinción entre el momento de la adquisición y el momento de la utilización es de especial importancia en el caso de los bienes duraderos y de cierto tipo de servicios.

Bienes duraderos y no duraderos

3.22Bienes. La mejor manera de describir un bien “no duradero” es describirlo como un bien que se utiliza una sola vez. Por ejemplo, la comida y la bebida se utilizan solo una vez para satisfacer el hambre o la sed. El combustible para calefacción, el carbón y la leña pueden utilizarse una sola vez; sin embargo, son de duración física muy prolongada y pueden almacenarse indefinidamente. Los hogares pueden mantener grandes existencias de bienes no duraderos, tales como productos alimenticios y combustible, especialmente en períodos de incertidumbre política o económica.

3.23 Por el contrario, la característica distintiva de los bienes de consumo duraderos, como los muebles, artefactos domésticos o vehículos, es que son duraderos cuando son utilizados. Pueden utilizarse repetida o continuamente para satisfacer los deseos y necesidades de los consumidores a lo largo de extensos períodos de tiempo, posiblemente durante muchos años. Por esta razón, un bien duradero suele ser descrito como aquel que presta un flujo de “servicios” al consumidor durante el período en el que es utilizado (véase también el capítulo 14, recuadro 14.3). Existe un paralelo cercano entre la definición de bienes de consumo duraderos y la de activos fijos. Los activos fijos se definen como bienes que se utilizan repetida o continuamente a lo largo de extensos períodos de tiempo en procesos de producción; por ejemplo, edificios y otras estructuras, maquinaria y equipos. Más adelante se enumeran los distintos tipos de bienes de consumo duraderos según la Clasificación del Consumo Individual por Finalidades (CCIF). Algunos bienes duraderos tienen una vida más larga que otros; la CCIF define los menos duraderos como “semiduraderos”, por ejemplo, la vestimenta. La CCIF no clasifica las viviendas como bienes duraderos; las considera activos fijos, no bienes de consumo y, por lo tanto, quedan excluidas de la CCIF. Sin embargo, los servicios de vivienda producidos y consumidos por los dueños de las viviendas se incluyen en la CCIF y se clasifican del mismo modo que los servicios de vivienda que consumen los inquilinos.

3.24Servicios. Algunas veces, los consumidores continúan beneficiándose y obteniendo utilidad de ciertos servicios mucho tiempo después de haber sido prestados, porque estos servicios traen aparejadas mejoras significativas y duraderas, o incluso permanentes, en la situación de los consumidores. La calidad de vida de aquellas personas que reciben tratamientos médicos como, por ejemplo, cirugía de cataratas o implantaciones de prótesis de cadera, mejora sustancial y permanentemente. De manera similar, los consumidores de servicios educativos pueden derivar beneficios de ellos a lo largo de toda su vida.

3.25 Para ciertos fines analíticos, puede ser conveniente considerar determinadas clases de servicios, como los educacionales o de salud, como el equivalente en servicios de los bienes duraderos. El gasto en tales servicios puede verse como una inversión que aumenta el stock de capital humano. Otra característica común a los servicios educacionales y de salud y los bienes duraderos es que su costo es tan elevado que es necesario financiarlos mediante préstamos o desacumulando otros activos.

Índices de precios al consumidor basados en la adquisición y la utilización

3.26 La distinción entre la adquisición y la utilización de un bien o servicio de consumo llevó a proponer dos conceptos diferentes de IPC:

  • El IPC puede estar elaborado pensando en medir el cambio promedio, entre dos períodos de tiempo, en los precios de los bienes y servicios de consumo adquiridos por los hogares.

  • O bien, con un IPC se puede tratar de medir la variación media, entre dos períodos, de los precios de los bienes y servicios de consumo utilizados por los hogares para satisfacer sus deseos y necesidades.

3.27 Los flujos de adquisición y utilización pueden diferir mucho en el caso de los bienes duraderos. La adquisición de bienes duraderos, como los bienes de capital para producción, es propensa a fluctuaciones que dependen del estado general de la economía, mientras que el agotamiento de las existencias de bienes duraderos que poseen los hogares tiende a ser un proceso gradual y sin variaciones pronunciadas. Un IPC basado en el enfoque de la utilización debe medir cambios de un período a otro en los precios de los flujos de servicios que prestan los bienes duraderos. Tal como se explica en el capítulo 23, el valor del flujo de los servicios de un bien duradero puede estimarse mediante su “costo para el usuario”, que consiste esencialmente en la depreciación del activo (a precios corrientes) más el costo de los intereses. La inclusión del costo de los intereses y de la depreciación implica que, a largo plazo, la ponderación asignada a los bienes duraderos es mayor que cuando se miden solo por la adquisición. En principio, los flujos de los servicios, o los beneficios, derivados de gastos importantes en educación o salud también pueden estimarse sobre la base de los costos de utilización.

3.28 Cuando se alquilan bienes duraderos en el mercado, los alquileres deben cubrir no solo los valores de los flujos de servicios, sino también costos adicionales como la administración y la gestión, la reparación y el mantenimiento y los gastos generales. Por ejemplo, el monto que se paga por utilizar una lavadora en una lavandería debe cubrir los costos del espacio en el que se ubica la máquina, la electricidad, la reparación y el mantenimiento, los salarios del personal supervisor, etc., además de los servicios que proporciona la máquina misma. De igual manera, el costo del alquiler de un automóvil puede superar significativamente el costo del flujo de servicios que provee el automóvil en sí. En ambos casos, el cliente está comprando un conjunto de servicios que incluye más que la mera utilización del bien duradero.

3.29 Es difícil estimar los valores y los precios de los flujos de servicios que se derivan de las existencias de bienes duraderos que poseen los hogares; en cambio, resulta sencillo registrar los gastos en bienes duraderos, así como los precios a los que se compran. En parte debido a estas dificultades prácticas de medición, hasta ahora los IPC se basaron en gran medida o por completo en el enfoque de adquisición. De modo similar, las cuentas nacionales tienden a registrar los gastos en bienes duraderos, o su adquisición, en lugar de los flujos de servicios que estos prestan. Como ya se señaló, el SCN trata a las viviendas como activos fijos y no como bienes de consumo duraderos. El caso de las viviendas ocupadas por sus propietarios se analiza por separado más adelante.

Índices de canasta e índices del costo de vida

3.30 Puede trazarse una distinción conceptual fundamental entre un índice de canasta y un índice del costo de vida. En el contexto del IPC, un índice de canasta es un índice que mide el cambio entre dos períodos de tiempo en el gasto total necesario para comprar un determinado conjunto, o canasta, de bienes y servicios de consumo. En este manual se denomina “índice de Lowe”. Un índice del costo de vida (ICV) es un índice que mide el cambio en el costo mínimo de mantener un determinado nivel de vida. Por lo tanto, estos dos índices persiguen objetivos muy similares en el sentido de que ambos procuran medir el cambio en el gasto total necesario para comprar o bien la misma canasta o bien dos canastas que pueden diferir en su composición pero entre las que el consumidor es indiferente.

Índices de Lowe

3.31 En la práctica, los IPC se calculan casi siempre como índices de Lowe. En distintos capítulos de este manual se describen detalladamente las propiedades y el comportamiento de dichos índices. El objetivo operacional de la mayoría de los IPC es medir el cambio a lo largo del tiempo en el valor total de una determinada canasta de bienes y servicios de consumo que compra o adquiere un determinado grupo de hogares en un período especificado. El significado de un índice de este tipo es claro. Desde luego, es necesario asegurar que la canasta seleccionada resulte pertinente para las necesidades de los usuarios y, además, que se mantenga actualizada. La canasta puede modificarse a intervalos regulares: no tiene por qué permanecer fija durante largos períodos de tiempo. La determinación de la canasta se analiza con mayor profundidad más adelante en este capítulo y en el siguiente.

Índices del costo de vida

3.32 El enfoque económico de la teoría de los números índice considera que las cantidades consumidas dependen de los precios. Se considera a los hogares como agentes sin influencia en el precio que reaccionan a los cambios en los precios relativos ajustando las cantidades relativas que consumen. Un índice de canasta elaborado sobre la base de un conjunto fijo de cantidades no tiene en cuenta la tendencia sistemática de los consumidores a sustituir artículos que se han vuelto relativamente más caros por otros que ahora son relativamente más baratos. En cambio, el índice del costo de vida basado en el enfoque económico sí tiene en cuenta este efecto de sustitución. Tal índice mide el cambio en el gasto mínimo necesario para mantener un determinado nivel de vida cuando los consumidores, maximizadores de utilidad, ajustan sus patrones de compra en respuesta a los cambios en los precios relativos. A diferencia de lo que ocurre en un índice de canasta, las canastas de cada uno de los dos períodos del índice del costo de vida difieren como consecuencia de estas sustituciones.

3.33 En el capítulo 17 se explican con cierto detalle las propiedades y el comportamiento de los índices del costo de vida (ICV); en el capítulo 1 se brindó una explicación a modo de síntesis. El alcance máximo de un ICV sería el conjunto completo de bienes y servicios que consumen los hogares designados y de los cuales derivan utilidad, e incluiría los bienes y servicios que estos hogares reciben en forma gratuita como transferencias en especie de parte del gobierno o de instituciones sin fines de lucro. Como el ICV mide el cambio en el costo de mantener un determinado nivel de vida o de utilidad, se presta a un enfoque de utilización más que a un enfoque de adquisición, pues la utilidad se deriva no mediante la adquisición de un bien o servicio, sino mediante su utilización para satisfacer necesidades y deseos personales.

3.34 El bienestar puede interpretarse no solo como bienestar económico, es decir, como la utilidad vinculada con actividades económicas tales como la producción, el consumo y el trabajo, sino también como el bienestar general asociado a otros factores tales como la seguridad contra ataques de terceros. Tal vez no sea posible trazar una distinción clara entre factores económicos y no económicos, pero no hay duda de que el bienestar total depende solo parcialmente de la cantidad de bienes y servicios que se consume.

3.35Índices condicionales e incondicionales del costo de vida. En principio, el hecho de que el ICV sea condicional o incondicional influye en su alcance. El bienestar total de un hogar depende no solo de las cantidades de bienes y servicios que se consumen sino, además, de una serie de factores no económicos tales como el clima, las condiciones del entorno físico, social y político, el riesgo de sufrir ataques delictivos o de fuerzas extranjeras, la incidencia de enfermedades, etc. Un índice incondicional del costo de vida mide el cambio en el costo que representa para un hogar mantener un determinado nivel de bienestar total, permitiendo que varíen los factores no económicos así como los precios de los bienes y servicios de consumo. Si ocurren cambios en los factores no económicos que hacen que el bienestar disminuya, será necesario un aumento en el nivel de consumo que compense esta disminución a fin de que el nivel de bienestar total se mantenga constante. Por ejemplo, un cambio adverso en el clima exige un mayor consumo de combustible para mantener el mismo nivel de confort que antes. El costo de esa cantidad mayor de combustible consumido eleva el índice del costo de vida incondicional, independientemente del comportamiento de los precios. Existe un sinnúmero de circunstancias que pueden afectar el índice del costo de vida incondicional, desde catástrofes naturales, como los terremotos, hasta desastres provocados por el hombre, como Chernobyl o las acciones terroristas.

3.36 Si bien un índice incondicional del costo de vida puede revestir interés para ciertos fines analíticos y de diseño de políticas, se lo define de un modo tal que tenga por finalidad medir los efectos de muchos otros factores además de los precios. Si el objetivo es medir solamente los efectos de los cambios en los precios, los demás factores deben mantenerse constantes. Dado que el propósito del índice del costo de vida es servir como un índice de precios al consumidor, su alcance debe excluir los efectos de cualquier acontecimiento que no sea la variación de los precios. El índice condicional del costo de vida se define como el cociente de los gastos mínimos necesarios para mantener un determinado nivel de utilidad o bienestar en respuesta a cambios en los precios, suponiendo que todos los demás factores que influyen sobre el bienestar se mantienen constantes. Es condicional no solo respecto de un nivel de vida y un conjunto de preferencias determinados, sino también respecto de un determinado estado de los otros factores (no relacionados con los precios) que afectan el bienestar. En este manual, cuando nos referimos a los ICV nos referimos a índices condicionales del costo de vida.

3.37 Un ICV condicional no debe ser percibido como una opción subóptima. Un ICV incondicional puede ser un índice del costo de vida más amplio que un ICV condicional, pero no es un índice de precios más abarcador. Un índice incondicional no incluye más información acerca de los precios que el condicional, ni permite entender mejor el impacto que causan las variaciones de los precios sobre el bienestar. Por el contrario, a medida que se incluyen dentro del índice más variables que afectan el bienestar, el impacto de las variaciones de precios se diluye y resulta más difícil de percibir.

3.38 Los índices de Lowe, incluidos los de Laspeyres y de Paasche, también son condicionales, y dependen de la canasta que se elija. El hecho de que el valor de un índice de canasta varíe de manera predecible según la canasta elegida ha dado lugar a gran parte de la extensa bibliografía acerca de la teoría de los números índice. Conceptualmente, los índices de Lowe y los ICV condicionales tienen mucho en común. El índice de Lowe mide el cambio en el costo de una canasta específica de bienes y servicios, mientras que el ICV condicional mide el cambio en el costo de mantener el nivel de utilidad asociado a una canasta específica de bienes y servicios, ceteris paribus.

Gastos y otros pagos excluidos del índice de precios al consumidor

3.39 Dado que, conceptualmente, la mayoría de los IPC están diseñados para medir los cambios en los precios de bienes y servicios de consumo, se deduce que las compras de artículos que no son bienes o servicios quedan excluidas del IPC, por ejemplo, la compra de bonos, acciones u otros activos financieros. De manera análoga, los pagos que no constituyen compras porque nada se recibe a cambio están excluidos del índice, por ejemplo, los pagos del impuesto sobre la renta o las contribuciones al seguro social.

3.40 No siempre resulta sencillo implementar estos principios, ya que, en la práctica, la distinción entre un gasto en un bien o servicio y otros pagos no siempre es tan clara. A continuación se analizan algunos casos conceptualmente complejos, entre los cuales se incluyen algunos casos que pueden prestarse a confusión.

Transferencias

3.41 Se define como transferencia aquella transacción en la que una unidad proporciona a otra un bien, servicio o activo sin recibir ningún bien, servicio o activo a cambio, es decir, operaciones en las que no hay contrapartida. Como los hogares no adquieren bienes o servicios de ninguna clase cuando realizan una transferencia, esta debe quedar excluida del IPC. Lo difícil es determinar si ciertos tipos de transacciones constituyen o no transferencias, problema que es común a los IPC y a las cuentas nacionales.

3.42Las contribuciones a la seguridad social y los impuestos sobre la renta y sobre el patrimonio. Como los hogares no reciben ningún bien o servicio específico a cambio del pago de las contribuciones al seguro social, este pago se considera una operación que ha sido excluida del IPC. De manera similar, todos los pagos de impuestos que gravan la renta o el patrimonio (la propiedad de activos) quedan excluidos del IPC porque son transferencias obligatorias al gobierno sin contrapartida. Los impuestos sobre las viviendas (que suelen establecerse como impuestos o tasas de las autoridades locales) están excluidos del índice. Sin embargo, cabe señalar que las transferencias obligatorias sin contrapartida podrían incorporarse en un ICV incondicional o en un ICV condicional más amplio que tenga en cuenta los cambios en algunos otros factores además de los cambios en los precios de los bienes y servicios de consumo.

3.43Licencias. Los hogares deben pagar para obtener diversos tipos de licencias, y con frecuencia no resulta claro si estas son simplemente impuestos con otro nombre o si la agencia gubernamental que otorga la licencia proporciona como contrapartida alguna clase de servicio, por ejemplo, mediante el ejercicio de alguna función de supervisión, regulación o control. En este último caso, las licencias podrían considerarse adquisiciones de servicios. Algunos casos son tan ambiguos que, a pesar de haber estado sujetos a debate por expertos en materia tributaria bajo los auspicios del FMI y otros organismos internacionales, no se ha llegado a un acuerdo al respecto. Como consecuencia, los expertos establecieron una serie de convenciones basadas en las prácticas implementadas en la mayoría de los países. Resulta conveniente recurrir a estas convenciones tanto a los fines del IPC como de las cuentas nacionales. Ellas se enumeran en las Estadísticas de las finanzas públicas (2001) del FMI y también se utilizaron en el SCN 1993.

3.44 Los pagos que efectúan los hogares por licencias que les permitan poseer o hacer uso de bienes e instalaciones se clasifican, por convención, como gastos de consumo, no como transferencias, y por lo tanto están incluidos en el IPC. Por ejemplo, se incluyen las tarifas por licencias de radio y televisión, permisos para conducir, para portar armas de fuego, etc., así como las tarifas por el trámite de pasaportes. Por otro lado, las licencias para poseer o utilizar vehículos terrestres, barcos y aviones y para cazar y pescar se clasifican convencionalmente como impuestos directos, con lo cual quedan excluidos del IPC. Sin embargo, muchos países incluyen los impuestos a la utilización de vehículos privados porque, a los fines del IPC, los consideran impuestos al consumo. Como las circunstancias concretas en las que se otorgan las licencias y las condiciones que se relacionan con ellas pueden variar de manera considerable entre un país y otro, en algunos casos es posible que las oficinas de estadística no se atengan a las convenciones propuestas. Sin embargo, por lo general, lo apropiado es utilizar las convenciones que los expertos han acordado internacionalmente.

3.45Donaciones y suscripciones. Las donaciones son, por definición, transferencias, y por lo tanto no se incluyen en el IPC. Los pagos por suscripciones o donaciones a entidades de beneficencia a cambio de los cuales no se recibe ningún servicio fácilmente identificable también constituyen transferencias. Por otro lado, los pagos por suscripciones a clubes y sociedades, incluidas las entidades de beneficencia que ofrecen a sus miembros algún tipo de servicio (como reuniones periódicas, revistas, etc.), pueden considerarse gastos de consumo final e incluirse en el IPC.

3.46Propinas. Las propinas no obligatorias son donaciones que no forman parte del IPC. En ocasiones, sin embargo, aunque la propina no sea obligatoria, puede ser muy difícil obtener un bien o servicio sin algún tipo de pago adicional, en cuyo caso la propina debe incluirse en el gasto, y en el precio, del bien o servicio en cuestión.

Seguros

3.47 Existen dos clases principales de seguro: los seguros de vida y los demás seguros. En ambos casos, las primas tienen dos componentes: uno es el pago por el seguro en sí mismo, por lo general llamado “prima neta”; el otro es un cargo implícito por servicio que cobra la compañía de seguros por la contratación del seguro, es decir, por calcular los riesgos, determinar las primas, administrar la recaudación e inversión de las primas y pagar las indemnizaciones.

3.48 El cargo implícito por servicio no es directamente observable, sino que es parte integral de la prima bruta y, en la práctica, no puede individualizarse. Al ser un pago por un servicio queda comprendido en el IPC, pero no es fácil estimarlo.

3.49 En el caso de los seguros que no son de vida, la prima neta es esencialmente una transferencia que va a un fondo común utilizado para cubrir el riesgo colectivo de los titulares de las pólizas en su conjunto. En tanto es una transferencia, está excluida del IPC. En el caso de los seguros de vida, la prima neta es en esencia una forma de inversión financiera que constituye la compra de un activo financiero, por lo que también está excluida del IPC.

3.50 Por último, cabe señalar que cuando el seguro se contrata a través de un corredor o agente que no pertenece a la compañía aseguradora, las comisiones que cobran por sus servicios los corredores o agentes se incluyen en el IPC, además del cargo implícito por servicios que cobran los aseguradores.

Juegos

3.51 El monto que se paga por un billete de lotería o que se juega en una apuesta también se compone de dos elementos que por lo general no se pueden individualizar: el pago de un cargo implícito por servicio (parte del gasto en consumo) y una transferencia corriente que se suma al pozo de donde saldrán los premios para los ganadores. En el IPC se toma en cuenta únicamente el cargo implícito o explícito por servicios que se abona a los organizadores del juego. Los cargos por servicios suelen calcularse en un nivel agregado como la diferencia entre lo que se paga (las apuestas) y lo que se cobra (los premios).

Transacciones con activos financieros

3.52 Los activos financieros no son bienes ni servicios de consumo. La creación y la extinción de activos/pasivos financieros (por ejemplo, al otorgar préstamos, obtener préstamos o cancelarlos) son transacciones financieras que difieren bastante del gasto en bienes y servicios y se llevan a cabo de manera independiente de él. Desde luego, la compra de un activo financiero no constituye un gasto en consumo, ya que es una forma de inversión financiera.

3.53 Algunos activos financieros, especialmente los valores como letras, bonos y acciones, son negociables y tienen un precio de mercado. Para ellos existen índices de precios exclusivos, como los índices de precios bursátiles.

3.54 Muchos activos financieros que poseen los hogares se adquieren indirectamente a través de planes de jubilación y seguros de vida. Si se excluyen los cargos por servicio, los aportes jubilatorios efectuados por los hogares resultan muy similares a los pagos de primas de seguros de vida. Son, esencialmente, formas de inversión del ahorro, por lo cual se las excluye del IPC. Por el contrario, los honorarios explícitos o implícitos que pagan los hogares por los servicios de auxiliares financieros como corredores de activos financieros, bancos, compañías aseguradoras (de seguros de vida y de otros seguros), administradores de fondos de pensiones, asesores financieros, contadores, etc., quedan comprendidos en el IPC. El pago de estos cargos constituye simplemente una adquisición de servicios.

Compra y venta de moneda extranjera

3.55 La moneda extranjera es un activo financiero; por lo tanto, su compra y venta quedan excluidas del IPC. Tampoco forman parte del índice los cambios en los precios que se pagan o cobran por la moneda extranjera como consecuencia de las variaciones de los tipos de cambio. Por el contrario, los cargos por servicio que cobran los agentes de cambio cuando los hogares adquieren moneda extranjera para uso personal sí están comprendidos en el IPC. Estos cargos incluyen no solo cargos de comisión explícitos sino también los márgenes entre los tipos comprador o vendedor que ofrecen los agentes y el promedio de ambos tipos.

Pagos, financiamiento y crédito

3.56 Conceptualmente, el momento en el que se incurre en un gasto es el momento en el que el comprador contrae una obligación de pago: es decir, el momento del traspaso de la propiedad del bien o de la prestación del servicio. El momento del pago es el momento en el que se salda el pasivo. Estos dos momentos coinciden cuando el pago es inmediato y en efectivo, o sea, en billetes o monedas, pero la utilización de cheques, tarjetas de crédito y otras facilidades de crédito hace que cada vez con mayor frecuencia el pago tenga lugar después del gasto. Una complicación adicional es que el pago puede hacerse por etapas, con un depósito pagado por anticipado. Dados el desfase temporal y la complejidad de los instrumentos financieros y los mecanismos institucionales, puede ser difícil determinar con exactitud cuándo ocurre el pago. Ese momento puede incluso no coincidir desde el punto de vista del comprador y del vendedor.

3.57 Para que haya coherencia con los datos de gastos que se utilizan como ponderaciones en los IPC, los precios deben registrarse en el momento en que efectivamente se produce el gasto. Ello condice con el enfoque de adquisición.

Transacciones financieras y préstamos

3.58 Algunos gastos pueden ser muy cuantiosos: por ejemplo, los tratamientos médicos costosos, un bien duradero importante o unas vacaciones caras. Si el hogar no cuenta con suficiente efectivo o no desea pagar el monto total en forma inmediata y en efectivo, tiene distintas opciones:

  • El comprador puede pedir un préstamo a un banco, a un prestamista o a otra institución financiera.

  • El comprador puede utilizar una tarjeta de crédito.

  • El vendedor puede otorgar un crédito al comprador, o bien puede gestionar que un tercero—algún tipo de institución financiera—otorgue un crédito al comprador.

Creación de activos/pasivos financieros

3.59 Cuando un consumidor obtiene un préstamo para adquirir un bien o servicio, tienen lugar dos operaciones bien diferenciadas: la compra del bien o servicio y el préstamo de los fondos requeridos para esa compra. La segunda es una transacción puramente financiera entre un acreedor y un deudor por medio de la cual se crea un nuevo activo/pasivo financiero. Esta transacción financiera está excluida del IPC. Como ya se señaló, las transacciones financieras no modifican la riqueza y no suponen consumo alguno, sino que se limitan a reorganizar la cartera de activos de quien las lleva a cabo, intercambiando un tipo de activo por otro. Por ejemplo, en el caso de un préstamo, el prestamista cambia efectivo por un derecho financiero sobre el deudor. Del mismo modo, el prestatario adquiere efectivo a cambio de la creación de un pasivo financiero equivalente. Estas transacciones son irrelevantes a los fines del IPC.

3.60 En general, cuando un hogar toma un préstamo de una institución financiera, por ejemplo, los prestamistas, los fondos obtenidos pueden utilizarse para diversos propósitos, entre ellos la compra de activos como viviendas o activos financieros (por ejemplo, bonos o acciones), así como la compra de bienes y servicios onerosos. De manera similar, el crédito obtenido por el titular de una tarjeta de crédito puede utilizarse para una gran diversidad de fines. Por sí sola, la creación de activos y pasivos financieros mediante préstamos nuevos no ejerce ninguna influencia sobre el IPC. No hay adquisición de ningún bien o servicio, no hay gasto y tampoco hay precio.

3.61 Cabe señalar que los pagos de intereses no constituyen en sí mismos transacciones financieras. Los pagos de intereses difieren considerablemente de los préstamos y de otras transacciones financieras que los originan. El interés se analiza por separado más adelante.

3.62 La compra a plazos y los préstamos hipotecarios deben tratarse de manera análoga a los demás préstamos. El hecho de que ciertos préstamos se otorguen con la condición de que el prestatario utilice los fondos para determinado fin no afecta el tratamiento del préstamo en sí. Más aún, los préstamos condicionales no se limitan en absoluto a la compra a plazos de bienes duraderos. Los préstamos personales condicionales pueden otorgarse para otros fines, como ocurre con los gastos importantes en educación o salud. En cada caso, la obtención del préstamo es una transacción diferente del gasto en el bien o servicio y debe distinguirse de este. Cada una de estas dos transacciones puede involucrar distintas partes y ocurrir en momentos diferentes.

3.63 Si bien el otorgamiento de financiamiento es una transacción diferente de la compra del bien o servicio para el que se lo utiliza, puede influir sobre el precio pagado. Cada caso debe examinarse detenidamente. Por ejemplo, supongamos que el vendedor acepta diferir el pago por un año. Parecería que el vendedor otorga un préstamo anual sin intereses, pero esta no es la realidad económica. El vendedor otorga un préstamo, pero este no está exento del pago de intereses. Además, el monto prestado no es igual al precio “total”. Implícitamente, el comprador emite una letra a corto plazo para el vendedor que será rescatada un año después, y utiliza el efectivo que recibe del vendedor para pagar por el bien. Sin embargo, el valor presente de una letra en el momento en que se emite es su valor de rescate al cual se le ha aplicado un descuento correspondiente a un año de interés. El monto que debe pagar el comprador en el momento en que efectivamente ocurre la compra del bien es el valor presente descontado de la letra y no el valor total de rescate que se pagará un año después. Este precio descontado es el que interesa registrar a los fines del IPC. La diferencia entre el precio descontado y el precio de rescate es, desde luego, el interés que el comprador paga de manera implícita sobre el valor de la letra en el transcurso de ese año. Este método para ejecutar los registros corresponde a la manera en que las letras y los bonos se valúan en los mercados financieros y también a la forma en que son registrados tanto en las cuentas comerciales como en las económicas. El diferimiento de los pagos así descrito equivale a una reducción en el precio y debe reconocerse como tal en el IPC. El pago implícito de intereses no forma parte del precio; por el contrario, lo reduce. Este ejemplo demuestra que, en determinadas circunstancias, la tasa de interés del mercado puede afectar el precio a pagar, pero esto depende de las circunstancias precisas del arreglo crediticio convenido entre el vendedor y el comprador. Cada caso debe considerarse cuidadosamente en función de sus propias características.

3.64 Este caso no debe confundirse con la compra a plazos—analizada en la próxima sección—en la cual el comprador efectivamente paga el precio total y toma prestado un monto igual al precio total, al tiempo que acuerda repagar el monto del préstamo y además realizar pagos explícitos de intereses.

Compra a plazos

3.65 En el caso de los bienes duraderos comprados a plazos, es necesario distinguir la propiedad de facto, o económica, del bien, de su propiedad jurídica. El momento de la adquisición es el momento en que se firma el contrato de compra a plazos y el comprador toma posesión del bien duradero. A partir de entonces, es el comprador quien lo utiliza y se beneficia con esta utilización. El hogar comprador se convierte en el propietario de facto en el momento de la adquisición, aunque es posible que no obtenga la propiedad jurídica hasta que el préstamo se haya pagado en su totalidad.

3.66 Por convención se considera, entonces, que el hogar compra el bien en el momento en que toma posesión de él y que paga el precio total en efectivo en ese preciso instante. Al mismo tiempo, el comprador toma prestada del vendedor o de alguna institución financiera que este determine una suma suficiente para cubrir el precio de compra y los posteriores pagos de intereses. La diferencia entre el precio en efectivo y la suma de todos los pagos que deben efectuarse es igual al interés total a pagar. A los fines del IPC, el precio pertinente es el precio en efectivo que se paga en el momento de la compra, independientemente de que medie o no alguna forma de financiamiento. El modo de abordar la compra a plazos es el mismo que en el caso del “arrendamiento financiero”, mediante el cual una institución financiera compra activos fijos (por ejemplo, aviones) para fines productivos y los arrienda al productor por toda o casi toda la vida útil del activo. Este constituye esencialmente un método de financiar la adquisición de un activo mediante un préstamo y debe distinguirse del arrendamiento de explotación, como el alquiler de automóviles por breves períodos. El tratamiento de la compra a plazos y del arrendamiento financiero que acaba de exponerse es el que se utiliza tanto en la contabilidad de la economía como en la de las empresas.

Pagos de intereses

3.67 El tratamiento de los pagos de intereses de los diversos tipos de deuda que los hogares pueden contraer presenta dificultades conceptuales y prácticas. El interés nominal es un pago compuesto que cubre cuatro elementos principales cuya participación puede variar considerablemente:

  • El primer componente es el cargo puro por intereses, es decir, el interés que se cobraría si hubiera mercados de capitales perfectos e información perfecta.

  • El segundo componente es una prima de riesgo que depende de la solvencia de cada prestatario. Puede considerarse un cargo por seguro incorporado cuando existe incertidumbre con respecto al incumplimiento por parte del deudor.

  • El tercer componente es un cargo por servicio que los hogares contraen al tomar un préstamo de una institución financiera cuya actividad es otorgar préstamos de dinero.

  • Por último, cuando hay inflación, el valor real de un préstamo (es decir, su poder adquisitivo respecto de bienes y servicios reales), fijado en términos monetarios, se reduce con la tasa de inflación. No obstante, los acreedores pueden contrarrestar las pérdidas por tenencia de bienes reales, o de capital, que prevén contraer, fijando tasas de interés nominal suficientemente altas. Por ello, resulta habitual que en condiciones inflacionarias las tasas de interés nominal varíen en forma directamente proporcional a la tasa de inflación general. En tales circunstancias, el principal componente del interés nominal puede ser la compensación implícita del deudor al acreedor para contrarrestar las pérdidas reales por tenencia sufridas por este último. Cuando la inflación es muy elevada, este componente puede representar casi todo el interés nominal cobrado.

3.68 El modo de abordar el primer componente, el interés puro, genera cierta controversia, pero dicho componente solo puede representar una pequeña porción del interés nominal cobrado. También suscita cierta polémica el modo de abordar el segundo componente: el seguro contra el riesgo de incumplimiento por parte del prestatario.

3.69 El cuarto componente, la compensación que se le da al acreedor por la pérdida de tenencias reales, queda claramente excluido del IPC. Se trata, en esencia, de una transacción de capital. En condiciones inflacionarias, puede representar casi todo el interés nominal.

3.70 El tercer componente constituye la compra de un servicio a una institución financiera cuya actividad consiste en ofrecer fondos a prestatarios. Se denomina cargo implícito por servicio y sin lugar a dudas debe incluirse en el IPC. Figura también en la CCIF. El cargo por servicio no se limita a los préstamos de “intermediarios financieros”, instituciones que toman fondos prestados para luego otorgárselos a otros. Las instituciones financieras que prestan sus propios recursos ofrecen a los prestatarios el mismo tipo de servicio que los intermediarios financieros. Cuando los vendedores prestan fondos propios, se considera que implícitamente están creando su propia institución financiera, la que opera como actividad distinta de la principal. Las tasas de interés de las instituciones financieras también incluyen cargos implícitos por servicio. Como algunos mercados de capitales suelen ser muy imperfectos y la mayoría de los hogares suele no tener acceso a mercados de capitales adecuadamente desarrollados, muchos prestamistas son, en la práctica, monopolistas que cobran precios muy altos por los servicios que ofrecen, como ocurre, por ejemplo, en muchos países, en el caso de los prestamistas de pueblo.

3.71 Resulta evidente que los pagos de intereses no deben tratarse como si fueran simplemente interés puro, ni siquiera interés puro más una prima de riesgo. Es muy difícil desglosar los diversos componentes del interés; puede ser prácticamente imposible estimar de modo realista y confiable los cargos implícitos por servicio incorporados en la mayoría de los pagos de intereses. Más aún, a los fines del IPC es necesario estimar no solo losvalores de los cargos por servicio sino también los cambios en los precios de los servicios a lo largo del tiempo. Dada la complejidad de los flujos de interés y el hecho de que los distintos flujos deben tratarse en forma diferente, no parece justificarse la inclusión de los pagos de interés nominal en el IPC, especialmente en condiciones inflacionarias.

Producción doméstica

3.72 Los hogares pueden llevar a cabo diversas actividades productivas, las que pueden orientarse al mercado o bien a la producción de bienes y servicios para consumo propio.

Actividades empresariales

3.73 Los hogares pueden realizar actividades comerciales o industriales como la agricultura, el comercio minorista, la construcción, la prestación de servicios profesionales y financieros, etc. Los bienes y servicios que se consumen en el proceso de producción de otros bienes y servicios que se venden en el mercado constituyen el consumo intermedio, y no forman parte del consumo final de los hogares. Los precios de los bienes y servicios intermedios que compran los hogares no deben incluirse en el IPC. En la práctica, suele ser difícil establecer una clara distinción entre consumo intermedio y final, ya que algunos bienes pueden utilizarse para cualquiera de estos propósitos.

Consumo de la producción propia

3.74 En rigor, los hogares no consumen directamente todos los bienes y servicios que adquieren con el propósito de consumirlos, sino que, en algunos casos, los utilizan como insumos para la producción de otros bienes y servicios que luego utilizan para satisfacer sus necesidades y deseos. Los ejemplos son numerosos: los productos alimenticios básicos como la harina, los aceites de cocina, las carnes crudas y las verduras, pueden procesarse para obtener pan, pasteles o comidas con la ayuda de otros insumos, como los combustibles, los servicios que proporcionan los bienes de consumo duraderos como el refrigerador y la cocina, y el trabajo de integrantes del hogar. Para limpiar, mantener y reparar las viviendas se utilizan insumos de materiales, equipos y trabajo. Asimismo, para producir verduras o flores, se emplean insumos de semillas, fertilizantes, insecticidas, equipos y trabajo. Y la lista continúa.

3.75 Algunas de las actividades de producción de los hogares, como la jardinería o la cocina, pueden ser fuente de satisfacción en sí mismas. Otras, como la limpieza, pueden considerarse quehaceres que reducen la utilidad. En cualquier caso, los bienes y servicios que se utilizan como insumos para estas actividades productivas no proporcionan utilidad en sí mismos. Son ejemplos de estos insumos los productos alimenticios crudos que no resultan comestibles sin cocción; los artículos de limpieza; los combustibles como el carbón, el gas, la electricidad o la gasolina; los fertilizantes; los refrigeradores y congeladores, etc.

3.76 Los hogares obtienen utilidad del consumo de los productos que producen para su propio consumo. Por lo tanto, es necesario decidir si el IPC debe medir los cambios en los precios de estos productos en vez de los cambios en los precios de los insumos. En principio, si bien este método encuentra serias objeciones, puede tener ventajas medir los precios de los productos.

3.77 En un nivel conceptual, resulta difícil decidir cuál es la producción final real de muchas de las actividades de producción doméstica más difíciles de encuadrar. Es particularmente difícil determinar con exactitud cuál es la producción de algunas actividades de importantes servicios desarrolladas en los hogares, como el cuidado de niños, enfermos o ancianos. Aun si se pudieran identificar sin problemas, conceptualmente habría que medirlas y asignarles un precio. Como no hay transacciones de venta, tampoco hay precios que observar. Deberían imputárseles precios, que serían no solo hipotéticos sino también, necesariamente, muy especulativos. Su utilización en el IPC no representa, en general, una posibilidad realista y, casi con seguridad, no resultaría aceptable para la mayoría de los usuarios, interesados principalmente en los precios de mercado que pagan los hogares.

3.78 La alternativa práctica es que los bienes y servicios que los hogares adquieren en el mercado para destinarlos a insumos en los diferentes tipos de actividades de producción doméstica se consideren como bienes y servicios de consumo final en sí mismos. Ellos generan utilidad indirectamente, suponiendo que se los utiliza en forma exclusiva para producir bienes y servicios que los hogares consumen directamente. Esta es la solución práctica que suele adoptarse no solo en el IPC sino también en las cuentas nacionales, donde el gasto de los hogares en tales artículos se clasifica como consumo final. Si bien esta parece ser una solución sencilla y conceptualmente aceptable a un problema por lo demás irresoluble, se pueden hacer excepciones para uno o dos tipos de producción doméstica particularmente importantes cuya producción puede identificarse con suma facilidad.

3.79Agricultura de subsistencia. En las cuentas nacionales se procura registrar el valor de la producción agrícola para consumo propio. En algunos países, la agricultura de subsistencia puede representar gran parte de la producción y del consumo agrícola. Las cuentas nacionales requieren que esta producción se valúe a su precio de mercado. No hay certeza respecto de la medida en que conviene aplicar este procedimiento al IPC.

3.80 El IPC puede registrar o bien los precios efectivos de los insumos o bien los precios imputados de la producción, pero no ambas cosas. Si en el IPC se incluyen los precios imputados de la producción agrícola de subsistencia, deben excluirse los precios de los insumos comprados. Esto podría ocasionar que se suprima del índice la mayoría de las transacciones comerciales que efectúan los hogares. El gasto en insumos puede constituir el principal contacto entre los hogares y el mercado, a través del cual experimentan los efectos de la inflación. Por lo tanto, parece preferible registrar en el IPC los precios efectivos de los insumos y no los precios imputados de la producción.

3.81Servicios de vivienda producidos para consumo propio. El modo de tratar el caso de la vivienda ocupada por su propietario es complejo y un tanto polémico. Puede no existir consenso acerca de cuál es la mejor práctica. Varios capítulos de este manual se ocupan de este tema, en especial los capítulos 10 y 23. Desde el punto de vista conceptual, la producción de servicios de vivienda para consumo propio por parte de propietarios que ocupan su propia vivienda no difiere de otros tipos de producción por cuenta propia realizada en los hogares. A diferencia de otros tipos de producción doméstica, la característica distintiva de la producción de servicios de vivienda para consumo propio es que requiere utilizar un activo fijo extremadamente grande, a saber, la vivienda misma. Por lo general, la ciencia económica, al igual que la contabilidad nacional, considera la vivienda un activo fijo, con lo cual la compra de una vivienda se clasifica como formación bruta de capital fijo, y no como la adquisición de un bien de consumo duradero. Los activos fijos se destinan a la producción, y no al consumo. La vivienda en sí misma no se consume directamente, sino que proporciona un flujo de servicios de capital que se consumen como insumos para la producción de servicios de vivienda. La producción de estos servicios también requiere otros insumos tales como reparaciones, mantenimiento y seguros. Los hogares consumen los servicios de vivienda que resultan de esta producción.

3.82 Cabe destacar que concurren dos flujos de servicios muy diferentes:

  • Uno consiste en el flujo de servicios de capital que proporciona la vivienda, los cuales se consumen como insumos en la producción de servicios de vivienda.

  • El otro es el flujo de servicios de vivienda generados como productos que son consumidos por los integrantes del hogar.

Estos dos flujos no son iguales. El valor del flujo de productos será mayor al del flujo de insumos. Los servicios de capital se definen y se miden exactamente de la misma manera que los servicios de capital proporcionados por otros tipos de activos fijos, como equipos o construcciones no destinadas a vivienda. Tal como se explica en detalle en el capítulo 23, el valor de los servicios de capital es igual al costo para el usuario y se compone básicamente de dos elementos: la depreciación y el interés (el costo del capital). Se incurre en costos de capital ya sea que se recurra o no a un crédito hipotecario para comprar la vivienda. Cuando la vivienda se compra con fondos propios, los costos por concepto de interés representan el costo de oportunidad del capital comprometido en la vivienda, es decir, el interés que se dejó de percibir por no haber invertido en otro activo.

3.83 Existen dos opciones respecto de cómo tratar a la producción por cuenta propia y al consumo de servicios de vivienda para los fines del IPC. Una es considerar el precio del producto de los servicios de vivienda consumidos. La otra es considerar el precio de los insumos, incluidos los insumos de servicios de capital. Para que haya coherencia entre el modo de tratar los servicios de vivienda y otras formas de producción para consumo propio dentro del hogar, se debe adoptar el criterio de los insumos. Sin embargo, puede considerarse que la producción y el consumo de servicios de vivienda por parte de los propios propietarios son de tal magnitud que ameritan un tratamiento especial.

3.84 Si se considera el precio de los productos, los precios pueden estimarse utilizando los valores de mercado de los alquileres correspondientes a alojamientos similares. Este método se denomina enfoque del alquiler equivalente. En la práctica puede surgir el problema de que en el mercado no haya alojamientos similares en alquiler. Por ejemplo, puede no existir un mercado de alquiler de viviendas rurales en países en desarrollo donde la mayoría de las viviendas son construidas por los propios miembros de los hogares. También es necesario asegurarse de que los alquileres de mercado no incluyan otros servicios adicionales a los servicios de vivienda propiamente dichos, como por ejemplo la calefacción. Otro problema es que los alquileres de mercado, al igual que los alquileres cobrados cuando se arriendan bienes de consumo duraderos, deben cubrir los costos operativos de las agencias de alquiler además de los costos de los propios servicios de vivienda, y también deben generar algún beneficio para los propietarios. Finalmente, una vivienda alquilada es inherentemente distinta de la ocupada por su propietario debido a que puede brindar mayor flexibilidad y movilidad a los inquilinos. Los costos de transacción de una mudanza pueden ser sustancialmente menores para los inquilinos.

3.85 En principio, si se adopta el enfoque del producto, o del alquiler equivalente, no se deberían incluir los precios de los insumos de la producción de servicios de vivienda para consumo propio, tales como gastos en reparaciones, mantenimiento y seguros, ya que, de lo contrario, habría doble contabilización.

3.86 La alternativa es considerar los precios de los insumos de la producción de servicios de vivienda para consumo propio de la misma manera que se tratan otras formas de producción para consumo propio dentro del hogar. Además de los gastos intermedios como reparaciones, mantenimiento y seguros, se deben estimar los costos de los servicios de capital, y sus precios deben incluirse en el IPC. Los detalles técnicos de la estimación de los valores del flujo de servicios de capital se examinan en el capítulo 23. Al igual que en el caso de otros tipos de producción para consumo propio dentro del hogar, no es adecuado incluir el costo estimado del trabajo que desempeñan los propios propietarios.

3.87 Ya sea que se adopte el enfoque de insumo o de producto, resulta difícil estimar los precios pertinentes. A veces las dificultades que surgen en la práctica son tan grandes que los compiladores y quienes utilizan los índices pueden llegar a cuestionar la confiabilidad de los resultados. También existe cierta renuencia a utilizar precios imputados en los IPC, ya sea que se refieran a insumos o a productos. Por ello se ha sugerido dejar de medir los precios de los flujos de servicios de vivienda. En cambio, puede ser preferible incluir en el IPC los precios de las viviendas propiamente dichas. En la mayoría de los casos se trata de precios de mercado observables, aunque muchas viviendas, sobre todo en las zonas rurales de los países en desarrollo, también son construidas por sus propietarios, en cuyo caso se deberían seguir estimando sus precios sobre la base de los costos de producción.

3.88 Incluir los precios de la vivienda en el IPC implica un cambio significativo en el alcance del índice. Una vivienda es sin duda un activo y su adquisición constituye formación de capital y no consumo. Si bien el mismo argumento vale para los bienes duraderos, existe una diferencia de grado sustancial entre un bien de consumo duradero y una vivienda, según lo demuestran las diferencias considerables de sus precios y de sus respectivas vidas útiles. Por lo tanto, en principio, si se amplía el alcance del IPC para que incluya la vivienda, se amplía el alcance de este índice para que incluya la formación de capital bruto fijo por parte de los hogares.

3.89 La ventaja de esta solución es que no requiere una estimación de los flujos de servicios de insumos ni de productos pero, en términos conceptuales, se desvía significativamente de la noción tradicional de un IPC. En el caso tanto de los bienes de consumo duraderos como de la vivienda, existen dos opciones: o bien registrar en el IPC las adquisiciones de los activos a sus precios de mercado o bien registrar los precios estimados de los flujos de servicios; pero no ambas cosas. Así como en la actualidad no se incluyen en el IPC los flujos de servicios de los bienes duraderos porque se registra su adquisición, de modo similar, si se tomaran los precios de las viviendas para la elaboración del IPC, deberían excluirse los flujos de servicios. Como se explica en el capítulo 23, en el largo plazo el enfoque de adquisición puede asignar una ponderación insuficiente a los bienes duraderos y a las viviendas debido a que no tiene en cuenta los costos de capital que contraen los propietarios de los activos.

Cobertura de hogares y puntos de venta

3.90 A menudo, se denomina “hogares de referencia” o “población de referencia” al grupo de hogares que mide el IPC.

Definición de hogar

3.91 Para los fines del IPC, se puede recurrir a la misma definición de hogar que se utiliza para los censos de población. La siguiente es la recomendada a tal efecto (Naciones Unidas [1998a]):

Un hogar se clasifica ya sea como a) un hogar unipersonal definido como un arreglo por el cual una persona se provee a sí misma alimento y otros artículos de primera necesidad sin interactuar con ninguna otra persona de manera de formar un hogar de varias personas; o b) un hogar pluripersonal, definido como un grupo de dos o más personas que conviven y se abastecen de alimento y otros artículos de primera necesidad. Las personas del grupo pueden reunir sus respectivos ingresos y compartir, en mayor o menor medida, un presupuesto; pueden tener o no algún grado de parentesco o puede tratarse de una combinación de personas que son parientes entre sí y otras que no lo son.

3.92 Esta definición coincide, en esencia, con la que se utiliza en el SCN y en las encuestas de presupuesto de los hogares. Por lo general el alcance del IPC se limita a los hogares particulares y excluye a los institucionales tales como los grupos de personas que conviven en instituciones religiosas, hospitales con internación, cárceles y hogares de retiro. Sin embargo, no se consideran hogares institucionales las clínicas de reposo, los colegios y universidades, la milicia, etc.: sus miembros se consideran parte de sus respectivos hogares particulares. De cualquier modo, la cobertura de hogares de los IPCA coincide con la definición del SCN 1993 y, por lo tanto, incluye los hogares institucionales.

Tipos de hogares

3.93 En casi todos los países el IPC se diseña de forma tal que abarque tantos hogares particulares como sea posible y que no esté limitado a los de determinado grupo socioeconómico. La reglamentación de los IPCA exige que se incluyan los hogares cualquiera que sea su nivel de ingresos.

3.94 No obstante, en algunos países se excluyen los hogares muy ricos por diversos motivos. Puede considerarse que sus gastos son muy atípicos y sus datos de gastos, tal como son recopilados en las encuestas de presupuesto de los hogares, pueden no ser confiables. Las tasas de respuesta a dichas encuestas por parte de los hogares ricos suelen ser bastante bajas. Además, puede resultar demasiado oneroso recopilar los precios de algunos de los bienes y servicios de consumo que adquieren exclusivamente los ricos. Algunos países pueden decidir excluir otros tipos de hogares. Por ejemplo, el IPC del Reino Unido excluye no solo al 4% de los hogares de mayores ingresos sino también a aquellos que dependen en mayor medida de pensiones del Estado, con lo cual queda excluido aproximadamente el 15% de los hogares y el 15% del gasto. Japón y la República de Corea excluyen los hogares que se dedican principalmente a la agricultura, la pesca y la silvicultura, así como también a todos los hogares unipersonales. En la medida en que los patrones de gasto de los grupos excluidos difieran de los del resto de la población, estas exclusiones afectarán las ponderaciones de gasto.

3.95 Muchos países publican, además de un único IPC oficial (global) aplicable al país en su totalidad, un conjunto de índices subsidiarios relacionados con subsectores de la población. Por ejemplo, la República Checa elabora índices para cada uno de los siguientes sectores:

– Todos los hogares.

– Todos los empleados.

– Empleados con hijos.

– Empleados de bajos ingresos.

– Empleados, familias incompletas.

– Jubilados y pensionados.

– Jubilados y pensionados de bajos ingresos.

– Hogares de Praga.

– Hogares de poblaciones de más de 5.000 habitantes.

3.96 En India, la elaboración del IPC se originó en la necesidad de mantener el poder adquisitivo del ingreso de los trabajadores; por ese motivo, se elaboran cuatro IPC diferentes a nivel nacional para hogares de referencia encabezados por los siguientes tipos de trabajadores:

– Trabajadores agrícolas.

– Trabajadores industriales.

– Trabajadores rurales.

– Empleados urbanos que realizan trabajos no manuales.

Cobertura geográfica

3.97Urbana y rural. La cobertura geográfica puede referirse tanto a la cobertura geográfica de los gastos como a la cobertura de la recopilación de precios. Idealmente, se trate de un IPC de alcance nacional o regional, ambas deberían coincidir. En la mayoría de los países solo se recopilan precios en áreas urbanas debido a que se considera que sus variaciones son representativas de las variaciones en las zonas rurales. En estos casos se aplican ponderaciones nacionales y puede considerarse que el índice resultante es un IPC nacional. Si se creyera que las variaciones de precios en las áreas urbanas difieren significativamente de aquellas en zonas rurales—aunque la recopilación se limite solo a las áreas urbanas debido a los escasos recursos—entonces deberían aplicarse ponderaciones urbanas, y el índice que resulta debe ser considerado un IPC exclusivamente urbano y no un IPC nacional. Por ejemplo, los índices de los países enumerados a continuación abarcan solo hogares urbanos (las ponderaciones de gasto y los precios): Australia, Estados Unidos, México, República de Corea y Turquía. La mayoría de los demás países desarrollados suele utilizar ponderaciones que abarcan hogares urbanos y rurales, aunque en casi todos los casos solo se recopilan precios en áreas urbanas. Desde luego, la frontera entre urbano y rural es, por fuerza, arbitraria y puede variar entre un país y otro. Por ejemplo, en Francia la recopilación de precios urbanos incluye poblaciones de apenas 2.000 habitantes.

3.98 Las decisiones acerca de la cobertura geográfica en términos de cobertura urbana frente a cobertura rural dependen de la distribución de la población y del grado de discrepancia en los patrones de gasto y las variaciones de precios entre zonas urbanas y rurales.

3.99Adquisiciones en el exterior de residentes y adquisiciones en el país por parte de no residentes. Surgen problemas cuando los hogares efectúan gastos fuera de las fronteras de la región o del país en que residen. Las decisiones acerca del modo de tratar tales gastos dependen de la utilización principal que se dé al IPC. Para analizar la inflación, lo que interesa es la variación de precios dentro del país. Se necesita un índice de inflación que abarque todos los gastos de consumo llamados “internos” que realicen tanto los residentes como los no residentes dentro de las fronteras geográficas del país. Los Índices de Precios de Consumo Armonizados (IPCA) (véase el anexo 1) se definen de esta manera como índices de inflación interna. Por consiguiente, excluyen los gastos de consumo efectuados por residentes cuando están fuera del país (que, en cambio, corresponden a los índices de inflación de los países donde se realizaron las compras) e incluyen los gastos realizados dentro del país que efectúan residentes de otros países. En la práctica puede ser difícil estimar los gastos de los visitantes extranjeros, ya que las encuestas de presupuesto de los hogares no abarcan los hogares de no residentes, aunque sí pueda ser posible realizar estimaciones para algunos productos básicos mediante datos de ventas minoristas o de encuestas exclusivas a visitantes. Estas cuestiones adquieren mayor importancia cuando existe un considerable comercio transfronterizo, así como un nutrido turismo.

3.100 Cuando se utilizan IPC para actualizar los ingresos de residentes en una escala conviene adoptar el concepto de gasto llamado “nacional” que abarca todos los gastos de los residentes tanto dentro como fuera del país, incluidas también las compras a distancia a puntos de venta no residentes, por ejemplo, a través de Internet, por teléfono o por correo. Las encuestas de presupuesto de los hogares pueden abarcar todos estos tipos de gasto, aunque quizá resulte difícil identificar el país de origen de las compras a distancia (Internet, correo, etc.). También deben incluirse los precios pagados por pasajes aéreos y paquetes turísticos adquiridos dentro del territorio nacional. No obstante, puede ser difícil conseguir datos de precios de los bienes y servicios adquiridos por residentes en el exterior, aunque en algunos casos se podrían utilizar subíndices de los IPC de los países extranjeros en cuestión.

3.101Índices regionales. Cuando se elaboran índices regionales, el concepto de residencia se refiere a la región en la cual reside el hogar. Ello permite distinguir entre los gastos dentro de una región y los gastos de los residentes de esa región, de manera análoga a la distinción entre los conceptos a nivel nacional de gasto “interno” y “nacional”. En el caso de los índices regionales surgen las mismas cuestiones que las analizadas en el párrafo 3.97. Los principios que rigen el comercio interregional son los mismos que se aplican al comercio internacional transfronterizo, pero en general la disponibilidad de datos no es la misma. Si el alcance del índice regional se define de manera de incluir las compras de residentes regionales en otras regiones (fuera de la región), se suscita el problema de que, aunque se disponga fácilmente de los datos de precios de otras regiones, es poco probable que los datos sobre el gasto se encuentren disponibles con el necesario desglose entre gasto realizado dentro, y gasto realizado fuera, de la región de residencia.

3.102 Todo comercio transfronterizo se debe tratar de la misma manera en todas las regiones; de lo contrario, se corre el riesgo de incurrir en doble contabilización u omisión de gastos al agregar los datos regionales. Cuando los índices regionales se agregan para obtener un índice nacional, las ponderaciones deberían basarse en los datos de gasto regional y no solo en los datos de la población.

3.103 Muchos países tratan de satisfacer las diferentes necesidades de sus múltiples usuarios de IPC mediante la elaboración de una familia de índices con diferente cobertura siendo el principal índice el IPC oficial de amplia cobertura (global) aplicable al país en su conjunto. En algunos países grandes, los índices regionales se utilizan más que el IPC nacional, particularmente cuando los índices se utilizan para establecer escalas de ingresos. Así se publican, además del IPC global que tiene la cobertura más amplia posible, índices secundarios que pueden referirse a:

– Subsectores de la población.

– Regiones geográficas.

– Grupos específicos de productos básicos; deben publicarse subíndices del IPC global (oficial de todos los artículos) con el máximo nivel de detalle posible, pues muchos usuarios están interesados en la variación de precios de grupos específicos de productos básicos.

3.104 En efecto, muchas oficinas de estadística avanzan hacia una situación en la que se mantiene una base de datos de precios y ponderaciones de la cual se obtiene una diversidad de índices secundarios.

Cobertura de puntos de venta

3.105 La cobertura de puntos de venta queda determinada por el comportamiento de compra de los hogares de referencia. Como ya se señaló, en principio, los precios pertinentes para el IPC son aquellos que pagan los hogares. En la práctica, sin embargo, es poco frecuente que la información de precios pueda recopilarse directamente de los hogares, aunque a medida que se realicen más compras en puntos de venta electrónicos—que registran e imprimen la información sobre los artículos que se compran y sus precios—posiblemente será cada vez más factible recopilar la información de los precios de las transferencias que efectivamente pagan los hogares. Mientras tanto, no queda otra alternativa más que basarse principalmente en los precios a los que los artículos se ofrecen en comercios minoristas u otros puntos de venta. Todos los puntos de venta en los que compra la población de referencia están incluidos en el IPC y deben incluirse en el marco muestral del cual se seleccionan los puntos de venta.

3.106 Son ejemplos de puntos de venta:

– Comercios minoristas: desde los puestos permanentes muy pequeños hasta las cadenas multinacionales de tiendas.

– Puestos en mercados y vendedores callejeros.

– Establecimientos que brindan servicios domiciliarios: electricistas, plomeros, limpiadores de ventanas, etc.

– Proveedores de servicios de recreación y entretenimiento.

– Proveedores de servicios de salud y educación.

– Agencias de venta por correo o teléfono.

– Internet.

– Servicios públicos.

– Organismos y departamentos gubernamentales.

3.107 En los capítulos 5 y 6 se analizan en mayor detalle los principios sobre los que se rige la selección de una muestra de puntos de venta, de los cuales se recopila información sobre precios.

Dispersión de precios

3.108 La dispersión de precios ocurre cuando en el mismo momento se vende exactamente el mismo bien o servicio a diferentes precios. Distintos puntos de venta pueden vender exactamente el mismo producto a precios diferentes, y un mismo punto de venta puede vender a diferentes precios un mismo producto a distintas categorías de compradores.

3.109 Si los mercados fueran “perfectos” en el sentido de la ciencia económica, aquellos productos que son idénticos se venderían al mismo precio. Si se cotizaran distintos precios, todas las compras se realizarían al precio más bajo. En un mercado perfecto, los productos que se venden a precios distintos no son idénticos entre sí sino que debe existir entre ellos alguna diferencia cualitativa. Cuando las diferencias de precios se pueden atribuir de hecho a diferencias de calidad, entonces solo son diferencias aparentes y no genuinas. En estos casos, una variación en el precio promedio que resulte de un cambio en el esquema de cantidades vendidas a precios diferentes reflejaría una variación en la calidad promedio de los productos vendidos. Esto afectaría el índice de volúmenes pero no el índice de precios.

3.110 Si las agencias de estadística carecen de información suficiente acerca de las características de los bienes y servicios que se venden a distintos precios, deben decidir si asumen que las diferencias de precios observadas son genuinas o meramente aparentes. En estas circunstancias, el método más utilizado es asumir que las diferencias de precios son aparentes. Generalmente, a los fines del IPC y de las cuentas nacionales, este es el método que se adopta.

3.111 No obstante, rara vez los mercados son perfectos. Una de las razones de la existencia simultánea de precios diferentes para productos idénticos radica en que quienes venden pueden recurrir a la discriminación de precios. Otra puede ser simplemente que los consumidores carecen de información y compran a precios más altos por ignorancia. Además, los mercados pueden encontrarse momentáneamente desequilibrados debido a perturbaciones o a la aparición de nuevos productos. Por lo tanto, es necesario reconocer que las diferencias de precios genuinas sí existen.

Discriminación de precios

3.112 La teoría económica muestra que la discriminación de precios tiende a aumentar los beneficios. Es probable que no resulte factible discriminar precios en el caso de los bienes, porque estos se pueden revender. Los compradores que se vieran discriminados dejarían de comprar en forma directa y tratarían de persuadir a quienes pudieran comprar a menor precio para que lo hagan en su lugar. Los servicios, en cambio, no se pueden revender dado que no hay traspaso alguno de propiedad.

3.113 La discriminación de precios parece ser muy común, prácticamente la norma, en el caso de muchos tipos de servicios como los servicios de salud, de educación y de transporte. Por ejemplo, a las personas de la tercera edad se les puede cobrar menos que a otras personas por exactamente el mismo tipo de servicios de salud o de transporte. Las universidades pueden cobrar más a los estudiantes extranjeros que a los nacionales. Como también es fácil variar la calidad de los servicios brindados a consumidores diferentes, puede resultar difícil determinar si las diferencias de precios observadas se deben a diferencias de calidad o a discriminación pura de precios. Quienes venden pueden incluso agregar diferencias espurias o triviales en los términos o condiciones de venta a los servicios que venden a distintas categorías de compradores a fin de disfrazar la discriminación de precios.

3.114 La discriminación de precios puede causar problemas con relación a los índices de precios. Supongamos, por ejemplo, que un proveedor de servicios discrimina por edad y cobra a las personas mayores de 60 años un precio p2 y, a las demás, p1, donde p1 > p2. Supongamos además que luego el proveedor decide redefinir la categoría de los mayores de edad de modo que abarque solo a mayores de 70 años, mientras mantiene los precios iguales. En este caso, aunque no hayan variado ni p1 ni p2, se modificó el precio pagado por personas de entre 60 y 70 años y aumentó el precio promedio pagado por todos los hogares.

3.115 Este ejemplo ilustra una cuestión de principios. Si bien no cambia ninguno de los precios establecidos para los servicios p1 y p2, sí cambian los precios pagados por algunos de los hogares si se encuentran obligados a pagar p2 en vez de p1. Desde la perspectiva de los hogares, se produjo una variación de precios de la cual, en principio, el IPC debería dar cuenta. Es poco probable que se registren estas variaciones de precios cuando los precios se obtienen de los vendedores y no de los hogares.

Dispersión de precios entre puntos de venta

3.116 La existencia de precios diferentes en distintos puntos de venta plantea problemas similares. Casi inevitablemente surgirán diferencias puras de precios cuando existan imperfecciones de mercado, aunque más no sea porque los hogares no tienen información perfecta. Cuando se inauguran nuevos puntos de venta con precios por debajo de los vigentes puede transcurrir cierto lapso durante el cual exactamente el mismo artículo se venda a distintos precios en distintos puntos de venta debido a la ignorancia o a la inercia de los consumidores.

3.117 Los hogares pueden elegir sustituir un punto de venta por otro, o incluso pueden verse forzados a cambiar porque el universo de puntos de venta está continuamente cambiando: aparecen unos y cierran otros. El efecto sobre el IPC cuando los hogares dejan de comprar en un punto de venta para comprar en otro dependerá de si las diferencias de precios son puras o aparentes; si son genuinas, cambiará el precio promedio que pagan los hogares. Estos cambios deben ser captados por el IPC. Por otra parte, si las diferencias de precios reflejaran diferencias de calidad, la sustitución de un punto de venta por otro modificaría la calidad promedio de los productos adquiridos y, por lo tanto, modificaría el volumen y no el precio.

3.118 La mayoría de los precios recopilados para elaborar el IPC son los precios a los que se ofrecen los productos y no los verdaderos precios pagados por los hogares. En estas circunstancias, los efectos del cambio en el patrón de compra de los hogares entre distintos puntos de venta pueden pasar inadvertidos en la práctica. Cuando las diferencias de precio reflejan diferencias de calidad, no se introduce ningún sesgo en el IPC si no se detectan tales sustituciones de puntos de venta. Comprar a un precio inferior significa comprar un producto de menor calidad, lo cual no afecta al índice de precios. Sin embargo, cuando las diferencias de precios son genuinas, si las sustituciones de puntos de venta no se detectan, se incorporará un sesgo alcista al índice, dado el supuesto de que los hogares tienden a favorecer con sus compras a los puntos de venta que venden más barato. Este sesgo potencial se denomina sesgo de sustitución de puntos de venta.

Rotación de puntos de venta

3.119 Una complicación adicional es que, en la práctica, los precios se obtienen solamente de una muestra de puntos de venta y las muestras pueden variar, ya sea porque los puntos de venta aparecen y desaparecen, o bien porque deliberadamente se rota la muestra con periodicidad. Cuando los precios en los puntos de venta recién incluidos en la muestra difieren de los de los puntos de venta que ya no están, nuevamente es necesario decidir si las diferencias de precios son aparentes o genuinas. Si se suponen aparentes, la diferencia entre el precio registrado previamente en el punto de venta anterior y el nuevo precio en el punto de venta actual no se considera como una variación de precios a los fines del IPC sino como producto de diferencias de calidad. Como se explica con mayor detalle en el capítulo 7, si este supuesto es correcto las variaciones de precios registradas en los nuevos puntos de venta podrán sencillamente encadenarse con las registradas en los puntos de venta anteriores sin sesgar el índice. El desplazamiento de las compras de viejos puntos de venta a nuevos no incide en absoluto sobre el IPC.

3.120 Pero si las diferencias de precios entre los puntos de venta nuevos y viejos resultan genuinas, el empalme simple recién descrito puede sesgar el índice. Las variaciones de precio a las que están expuestos los hogares como consecuencia de comprar en otros puntos de venta deben ser captadas por el IPC. Como se explica con mayor detalle en el capítulo 7, la mayoría de las oficinas de estadística tienden a suponer que las diferencias de precios no son genuinas y por ello simplemente unen la nueva serie de precios a la vieja. Si bien este procedimiento es el que más se aplica, resulta polémico porque es poco realista suponer que los mercados son siempre perfectos y que nunca ocurren variaciones puras de precios. Además, proceder de esta manera puede provocar un sesgo al alza, denominado sesgo de rotación de puntos de venta. Una estrategia posible es suponer genuina la mitad de la diferencia de precios que se observa entre puntos de venta nuevos y viejos y atribuir la otra mitad a una diferencia de calidad. Esta estrategia se basa en que, aunque esta suposición sea sin duda algo arbitraria, probablemente se acerque más a la verdad que suponer que la diferencia es totalmente genuina o totalmente atribuible a una diferencia de calidad (véase McCracken, Tobin y otros [1999]).

Tratamiento de algunos gastos específicos de los hogares

3.121 Algunos de los gastos realizados por los hogares pueden no ser en bienes y servicios para el consumo de los hogares, por lo cual pueden quedar excluidos del IPC. Una de las categorías principales comprende los gastos empresariales de los hogares.

Comisiones de agentes y corredores

3.122 Cuando se compra una vivienda para ser ocupada por el propietario mismo, se puede argumentar que los costos de transferencia asociados con la compra (y venta) deberían considerarse gastos de consumo, al igual que las comisiones que se deben pagar al comprar o vender activos financieros. Las comisiones pagadas a un agente por comprar o vender una vivienda se incluyen en numerosos IPC nacionales siempre y cuando la vivienda sea ocupada por el propio dueño en lugar de alquilarse a un tercero.

Bienes y servicios indeseables e ilegales

3.123 Todos los bienes y servicios que los hogares compran voluntariamente para satisfacer sus necesidades o deseos personales constituyen gastos del consumidor y, por lo tanto, están incluidos en el IPC, independientemente de si su producción, distribución o consumo es legal o si ocurre en la economía subterránea o en el mercado negro. Determinados tipos de bienes y servicios considerados indeseables, nocivos o censurables no deben excluirse del índice. Tales exclusiones podrían resultar bastante arbitrarias y socavar la objetividad y credibilidad del IPC:

  • En primer lugar, cabe observar que algunos bienes y servicios podrían considerarse indeseables en algunos momentos y deseables en otros, o viceversa. Las actitudes de las personas cambian a medida que obtienen más información gracias a los adelantos científicos. De manera similar, en un mismo momento algunos bienes y servicios pueden considerarse indeseables en algunos países pero no en otros. El concepto de un bien indeseable es inherentemente subjetivo y de cierta manera arbitrario y volátil.

  • En segundo lugar, si se acepta que algunos bienes y servicios pueden ser excluidos sobre la base de que no son deseables, el índice queda expuesto a manipulación o a intentos de manipulación por parte de grupos de presión.

  • En tercer lugar, los intentos por parte de grupos de presión de excluir ciertos bienes y servicios pueden estar basados en una comprensión errónea acerca de las consecuencias de tal exclusión. Por ejemplo, si el IPC se utiliza para reajustar ingresos, se puede pensar que no hay razón para compensar a los hogares ante el aumento de precio de ciertos productos indeseables. Sin embargo, excluirlos no implica disminuir el índice. A priori, excluir algún artículo puede tanto aumentar como disminuir el IPC según que el aumento de precio del artículo en cuestión se encuentre por encima o por debajo del aumento de precio promedio de los demás bienes y servicios. Por ejemplo, si se decide excluir del IPC los productos relacionados con el hábito de fumar, y el aumento de precios de estos productos está por debajo del promedio, la exclusión del hábito de fumar de hecho aumenta el ingreso de los fumadores (así como también aumenta el de los no fumadores).

3.124 Mientras que, en principio, los bienes y servicios que los hogares eligen consumir voluntariamente no deberían excluirse del IPC por el hecho de haber sido adquiridos en la economía subterránea o incluso de manera ilegal, puede resultar imposible obtener los datos sobre los gastos y los precios que se necesitan, sobre todo en el caso de bienes y servicios ilegales. Por eso podrían ser perfectamente excluidos en la práctica.

Bienes y servicios de lujo

3.125 Cuando el IPC se utiliza como índice de inflación general, debe incluir todos los hogares independientemente del grupo socioeconómico al que pertenezcan, así como también todos los bienes y servicios de consumo al margen de cuán caros sean. De manera similar, un índice que se utiliza para reajustar ingresos debería incluir todos los bienes y servicios comprados por los hogares de referencia, ya sea que cualquiera de dichos bienes y servicios se considere de lujo, innecesario o indeseable.

3.126 Por supuesto, si los hogares de referencia se limitan a un grupo seleccionado de hogares, efectivamente todos aquellos artículos comprados exclusivamente por los hogares que no están en el grupo serán excluidos del índice. Por ejemplo, en la práctica, excluir al 5% más rico de los hogares dejará fuera del índice a numerosos artículos de lujo. Como ya se señaló, puede decidirse excluir a dichos hogares por varias razones, tales como la falta de confiabilidad de sus datos de gasto y el hecho de que recopilar precios de artículos comprados únicamente por una pequeñísima minoría de hogares podría no ser eficiente en términos de costos. Sin embargo, una vez decidido y definido el grupo de hogares de referencia, no deben cuestionarse los gastos que habrá que excluir por considerarse no esenciales o superfluos.

Bienes de segunda mano

3.127 Para la mayoría de los bienes duraderos, existen mercados de productos usados o de segunda mano. Los gastos de los hogares incluyen gastos en bienes de segunda mano, los que, por lo tanto, están incluidos en el IPC. Las ventas de bienes duraderos por parte de los hogares constituyen gastos negativos, de manera que las ponderaciones de los productos de segunda mano se basan en los gastos netos, es decir, el total de las compras menos el total de las ventas. El gasto total en un tipo determinado de bien de segunda mano es una función de la tasa a la que se vende y se compra, es decir, una mayor velocidad de rotación (cantidad de transacciones) resulta en un gasto total mayor. Sin embargo, una rotación mayor no aumenta la tasa a la cual se puede utilizar cualquier bien individual para fines de consumo ni el flujo de servicios que se puede obtener de ese mismo bien.

3.128 Los hogares pueden comprar bienes de segunda mano por cualquiera de las siguientes vías:

  • Directamente de otro hogar: el hogar que vende registrará lo obtenido de la venta como un ingreso. Los gastos netos, es decir, los gastos menos los ingresos, son iguales a cero, de manera que no se asigna ponderación alguna a las compras y ventas entre hogares.

  • De otro hogar mediante un intermediario: en principio, los gastos de los hogares por los servicios de intermediarios están dados por el valor de los márgenes (la diferencia entre los precios de compra y de venta). Estos servicios de intermediación deberían incluirse en el IPC. Deberían ser tratados del mismo modo que las comisiones cobradas por agentes tales como los asistentes financieros. En la práctica puede resultar muy difícil estimar estos márgenes. Debe prestarse atención y registrar la entrega de bienes como compras, ya sea por parte de los intermediarios o como ingresos por parte de los hogares.

  • Directamente de otro sector, es decir, de una empresa o del exterior: la ponderación sería compras de bienes de segunda mano por los hogares a otros sectores menos las ventas a otros sectores.

  • De una empresa o del exterior mediante un intermediario: la ponderación adecuada corresponde a las compras que hacen los hogares de los intermediarios menos toda venta de los hogares a los intermediarios más la suma de los márgenes que los intermediarios cobran sobre los productos que compran y revenden a los hogares. Los bienes dados como parte del pago deberían computarse como parte de la venta de los hogares (en el caso de los autos, la ponderación asignada a los autos nuevos no debería incluir ninguna deducción por el valor de lo que se ha dado como parte del pago).

3.129 En algunos países, muchos de los bienes duraderos que compran los hogares, en especial los vehículos, pueden ser importaciones de bienes de segunda mano de otros países. Los precios y los gastos en estos bienes se ingresan en el IPC de la misma forma que los de productos nuevos. De manera similar, en algunos países las compras netas de vehículos de segunda mano por parte de los hogares al sector empresarial pueden ser significativas y la ponderación en el índice de dichas compras puede superar la de los vehículos nuevos.

Gastos imputados en bienes y servicios

3.130 Como se explicó en secciones anteriores, muchos de los bienes y servicios adquiridos y utilizados por los hogares para consumo propio no se compran mediante transacciones monetarias sino a través de trueque o en carácter de remuneración en especie, o bien son producidos por los hogares mismos. Es posible estimar lo que los hogares hubieran pagado de haber comprado estos bienes y servicios en transacciones monetarias o, si no, lo que costó producirlos. En otras palabras, se pueden imputar valores a estos gastos no monetarios.

3.131 Del propósito principal del IPC dependerá, en parte, hasta qué punto conviene incluir gastos imputados en el índice. Si se pretende que el IPC mida la inflación al consumidor, se podría argumentar que deben incluirse solo los gastos monetarios. La inflación es un fenómeno monetario que se mide por las variaciones de los precios monetarios registrados en las transacciones monetarias. Aun cuando el propósito principal del IPC sea la indexación, puede argumentarse que solo debería reflejar los cambios en los precios monetarios que efectivamente paga la población de referencia. El objetivo de los Índices de Precios de Consumo Armonizados (IPCA) que elabora Eurostat, en consonancia con la finalidad de realizar un seguimiento de la inflación en la Unión Europea, es medir la tasa de inflación para los consumidores. El concepto de “gasto monetario en consumo final de los hogares” (GMCFH) que se utiliza en el IPCA define tanto la cobertura de bienes y servicios como el concepto de precio que se utilizará, es decir, los precios netos de reembolsos, subsidios y descuentos. El GCMFH se refiere solo a las transacciones monetarias y no incluye ni el consumo de la producción propia (por ejemplo, productos agrícolas o servicios de viviendas ocupadas por sus propietarios) ni el consumo de bienes y servicios recibidos como ingreso en especie.

3.132 Cuando el IPC tiene por finalidad servir como índice del costo de vida, algunos de los gastos imputados quedarían normalmente incluidos en el IPC partiendo de la base de que los bienes y servicios adquiridos en transacciones no monetarias afectan el nivel de vida de los hogares. Como ya se señaló, la mayoría de los países incluyen gastos imputados de los hogares en servicios de vivienda producidos por propietarios que habitan sus viviendas, pero no incluyen gastos imputados en bienes tales como los productos agrícolas producidos para consumo propio.

Cobertura de precios

3.133 El IPC debe reflejar las transacciones realizadas por los consumidores que toma como referencia y, por lo tanto, debería registrar lo que los consumidores efectivamente pagan por los bienes y servicios que están incluidos en el índice. Los gastos y precios registrados deberían reflejar lo que pagan los consumidores, incluido cualquier impuesto sobre los productos y teniendo en cuenta todos los descuentos, los subsidios y la mayoría de los reembolsos, aun si son selectivos o condicionales. No obstante, en la práctica puede resultar que es imposible tener en cuenta todos los descuentos y reembolsos. Es necesario encontrar soluciones prácticas sensatas, para lo cual se presentan recomendaciones y ejemplos en el capítulo 6.

3.134 Cuando los hogares pagan por los productos el precio de mercado sin descuentos de ninguna índole y luego reciben un reembolso parcial por parte de los gobiernos o los sistemas de seguridad social, los IPC deberían registrar los precios de mercado menos los reembolsos. Este tipo de solución es común en los casos de los gastos en educación y salud.

Impuestos y subsidios

3.135 Todos los impuestos que gravan productos, tales como los impuestos sobre las ventas, los impuestos selectivos al consumo y el impuesto al valor agregado (IVA), forman parte de los precios de adquisición que los consumidores pagan y que deben considerarse a los fines del IPC. De manera similar, los subsidios deberían tenerse en cuenta en calidad de impuestos negativos sobre los productos.

3.136 Para algunos propósitos analíticos y de política, puede resultar útil estimar un IPC que mida las variaciones de precios sin incluir el impacto de las modificaciones de los impuestos y subsidios. Para los encargados de formular la política monetaria, los aumentos de precios que resultan de variaciones en los impuestos indirectos o en los subsidios no forman parte de un proceso inflacionario subyacente sino que deben atribuirse a la manipulación que ellos mismos hacen de estos instrumentos económicos. De manera similar, cuando un IPC se utiliza para realizar ajustes, cualquier aumento en el IPC derivado de aumentos en los impuestos indirectos produce un aumento en los salarios y beneficios vinculados al IPC, a pesar de que la intención del aumento de los impuestos puede haber sido reducir el poder adquisitivo del consumidor. Otra posibilidad es que un aumento en los subsidios tenga por finalidad estimular el consumo, pero los menores precios resultantes podrían ser contrarrestados mediante un menor aumento en los salarios y beneficios indexados.

3.137Índices de precios netos. Se pueden elaborar índices de precios netos en los cuales los impuestos que gravan bienes y servicios de consumo se deducen de los precios de adquisición y los subsidios se agregan a ellos. Sin embargo, tales índices no muestran necesariamente cómo habrían variado los precios si no hubiera impuestos o si estos no hubieran cambiado. Resulta muy difícil estimar la verdadera incidencia de los impuestos sobre los productos, es decir, la medida en que los impuestos o subsidios, o sus cambios, se trasladan a los consumidores. También es complejo tener en cuenta los efectos secundarios de las modificaciones en los impuestos. A fin de estimar estos efectos, se puede utilizar el análisis insumo-producto para calcular el impacto acumulado de los impuestos y subsidios a lo largo de todas las etapas de producción. Por ejemplo, algunos de los impuestos a los combustibles para vehículos aparecerán en el precio de los servicios de transporte que, a su vez, se reflejará en el precio de los productos transportados, algunos de los cuales se trasladarán a los precios de los bienes de consumo pagados por los minoristas y, por lo tanto, también a los precios que estos les cobran a los consumidores. Rastrear todos estos efectos requeriría una matriz de insumo-producto mucho más completa y actualizada que la que se encuentra disponible en la mayoría de los países. Una alternativa más fácil sería sencillamente limitar la corrección de los impuestos y subsidios aplicados en la última etapa de la venta minorista: es decir, básicamente los impuestos a las ventas, al consumo y al valor agregado. Resulta más factible estimar los precios descontando únicamente estos impuestos, o los precios corregidos por los cambios en solo estos impuestos. En el caso de un impuesto sobre las ventas o IVA porcentual, el cálculo es simple; pero, en el caso de los impuestos selectivos al consumo, es necesario verificar el sobreprecio porcentual del minorista, ya que dichos impuestos también se ven afectados por este porcentaje.

Descuentos, reembolsos, programas de fidelización y productos “gratuitos”

3.138 Los IPC deberían tomar en cuenta los efectos de los reembolsos, los programas de fidelización y los cupones de descuento. Como se espera que el IPC abarque todos los hogares de referencia, ya sea de todo un país o de una región en particular, los descuentos deberían incluirse aunque se ofrezcan solo a ciertos hogares o a consumidores que satisfagan determinadas condiciones de pago.

3.139 Por razones prácticas puede ser difícil registrar descuentos discriminatorios o condicionales. Cuando solo un grupo selecto de hogares puede gozar de cierto descuento sobre un producto específico, el estrato original de ese producto se divide en dos nuevos estratos, cada uno de los cuales es afectado por distintas variaciones de precios y requiere su propia ponderación. Entonces, a menos que se conozcan los gastos del período base para todos los estratos posibles, no se podrán registrar correctamente los descuentos discriminatorios. De manera similar, con los descuentos condicionales—por ejemplo, por pago adelantado en el caso de las boletas de servicios públicos—puede ser difícil registrar el efecto de la introducción de tales beneficios a menos que se disponga de datos sobre el porcentaje de clientes que se benefician de estos descuentos. En la práctica estos problemas también surgen cuando hay discriminación de precios y los vendedores modifican los criterios que definen a los grupos a los cuales pagan precios diferentes, con lo cual se obliga a algunos hogares a pagar más o menos de lo que pagaban antes de que se hubieran modificado los precios. Estos casos se analizan con mayor profundidad en el capítulo 7.

3.140 Aunque resulta deseable registrar todas las variaciones de precios, también es importante asegurarse de que en el proceso no cambie la calidad de los bienes y servicios cuyos precios se recopilan. Si bien se pueden recopilar los precios de descuento durante las temporadas de liquidación, deberían tomarse las precauciones necesarias para garantizar que no haya disminuido la calidad de los productos cuyos precios se compilan.

3.141 El límite entre descuentos y reembolsos puede ser impreciso y quizá la mejor forma de fijarlo sea según el momento en que ocurren. En otras palabras, un descuento se hace efectivo al momento de la compra mientras que el reembolso entra en vigor algún tiempo después. Según esta clasificación, los cupones de descuento constituyen descuentos y, como sucede en el caso de los descuentos condicionales mencionados antes, solo se pueden contabilizar en un IPC si se relacionan con un producto único y si la información sobre su uso se conoce al momento de elaborar el índice. Como esto es muy improbable, por lo general el efecto de los cupones de descuento no se incluye en el índice. Cabe observar que se registra el descuento solo cuando se canjea el cupón, y no cuando el consumidor lo obtiene por primera vez.

3.142 Los reembolsos se pueden hacer respecto de un solo producto, por ejemplo el kilometraje aéreo, o pueden ser más generales, como los programas de fidelización de los supermercados donde se otorga un vale de US$10 por cada US$200 gastados. Al igual que con los descuentos analizados antes, tales reembolsos solo se pueden registrar como disminuciones de precio si se relacionan con un único producto y se los puede ponderar en función de su uso. Los productos que se brindan “gratuitamente” al consumidor como bonificación, ya sea mediante envases de mayor tamaño o promociones del tipo “dos al precio de uno”, deberían considerarse reducciones de precios, aunque en la práctica pueden pasarse por alto cuando las ofertas son solo temporales. Cuando se producen modificaciones de carácter permanente en el tamaño de los envases, deberían realizarse ajustes de calidad (véase el capítulo 7).

3.143 Dadas las dificultades prácticas de registrar correctamente todos estos tipos de disminuciones de precios, a menudo se reflejan solo los descuentos y reembolsos incondicionales y se dejan de lado los programas de fidelización, los cupones de descuento y otros incentivos. Los descuentos obtenidos durante las temporadas de liquidación pueden registrarse siempre y cuando no varíe la calidad de los bienes.

Clasificación

3.144 El sistema de clasificación sobre el que se construye cualquier IPC brinda la estructura esencial para numerosas etapas de la elaboración del índice. Desde luego, brinda la estructura de ponderación y agregación, pero además proporciona el esquema de estratificación de los productos en el marco muestral, al menos hasta cierto grado de detalle, y fija el rango de subíndices que es posible publicar. Cuando se desarrolla un sistema de clasificación de IPC deben tenerse en cuenta varios factores.

  • En primer lugar, la clasificación ha de reflejar la realidad económica. Por ejemplo, debe ser posible incorporar bienes y servicios nuevos de un modo tal que minimice la necesidad de futuras reestructuraciones de las categorías superiores. No es aconsejable reestructurar la clasificación porque muchos usuarios requieren series temporales prolongadas y la reestructuración provocaría discontinuidades en las series.

  • En segundo lugar a la hora de construir grupos agregados, se debe priorizar la necesidad de subíndices por parte de los usuarios, de manera que, por ejemplo, si a algunos usuarios les interesa particularmente la variación de los precios de los alimentos, la clasificación pueda dar cuenta de esta con el debido detalle.

  • En tercer lugar, un requisito de toda clasificación es que sus categorías sean mutuamente excluyentes sin ambigüedad alguna y que, al mismo tiempo, brinden una cobertura completa de todos los productos que se consideran dentro de su alcance. En la práctica esto significa que la tarea de asignar cualquier gasto o precio determinado a una única categoría del sistema de clasificación debería resultar muy sencilla.

3.145 La disponibilidad y la naturaleza de los datos afectan también el diseño del sistema de clasificación. La disponibilidad de datos de gastos y de precios determinará cuál es el grado de detalle mínimo que es posible lograr con estos datos. Desde luego, no es factible elaborar un índice separado para un producto si no se conoce su ponderación o su precio. Cuando se ha logrado el máximo grado de detalle posible, la varianza alta de las modificaciones de precios o de los precios relativos indicará dónde es necesario agregar nuevas categorías. En consonancia con los procedimientos de muestreo estándar, el esquema de estratificación debería minimizar la varianza dentro de cada estrato y, a la vez, maximizar la varianza entre estratos. La clasificación debería reflejar este requisito.

Criterios para clasificar el gasto en consumo

3.146 Aunque se puede concebir una clasificación de acuerdo con la teoría económica o con los requisitos de los usuarios utilizando un enfoque de arriba hacia abajo, en la práctica el compilador del índice recopila los datos sobre productos individuales y luego los agrega según el esquema de clasificación (una implementación de abajo hacia arriba). Por ejemplo, las unidades de la Clasificación del Consumo Individual por Finalidad (CCIF) son gastos que los consumidores efectúan para comprar bienes y servicios de consumo y no para una finalidad en sí misma. Las divisiones 01 a 12 de la CCIF convierten estas estadísticas básicas en una clasificación según finalidad agrupando los bienes y servicios que parecen perseguir una finalidad determinada, como nutrir el cuerpo, protegerlo de las inclemencias del clima, prevenir y curar enfermedades, adquirir conocimientos, viajar de un lugar a otro, etc.

3.147 Las clasificaciones de los datos de gasto son formas que se utilizan para agregar gastos en productos de acuerdo con ciertos criterios teóricos o definidos por el usuario, tales como:

  • El tipo de producto. Los productos se pueden agregar según:

    • – Las características físicas de los bienes y la naturaleza de los servicios; por ejemplo, se puede clasificar a las galletas según estén o no cubiertas de chocolate. Este criterio puede ser instrumentado de manera que tenga sentido hasta el nivel más detallado y constituye la base de la Clasificación Central de Productos 1.0 (Naciones Unidas [1998b]).

    • – La actividad económica de la cual resultó el producto. La Clasificación Industrial Internacional Uniforme de todas las Actividades Económicas (CIIU), Revisión 3.1 (Naciones Unidas [2002]) es la clasificación estándar internacional.

    • – El proceso de producción que generó el producto.

    • – El tipo de punto de venta minorista en el que se compró el producto.

    • – El origen geográfico del producto.

  • La finalidad para la que se utiliza el producto; por ejemplo, brindar alimento, abrigo, transporte, etc. El estándar internacional es la CCIF.

  • El entorno económico, según el cual los productos se podrían agregar en virtud de criterios tales como:

    • – Sustituibilidad de los productos.

    • – Complementariedad de los productos.

    • – Aplicación de impuestos sobre las ventas y al consumo, subsidios al consumo, derechos aduaneros, etc.

    • – Importaciones de distintos países (y, en algunos casos, puede resultar de interés una clasificación de productos exportables).

Clasificación por tipo de producto

3.148 Una clasificación según producto podría ser apropiada cuando se requieren índices de variaciones de precios para grupos de productos específicos. Las clasificaciones según producto pueden combinar varios de los criterios ya mencionados; por ejemplo, la Clasificación de Productos por Actividad (CPA) de la Comunidad Económica Europea (Eurostat [1993]), que se vincula con la CCP a nivel detallado y con la CIIU a nivel agregado.

3.149 Inevitablemente, los agentes encargados de recopilar los precios y los compiladores de los índices se encontrarán con productos para los cuales no existe una clase o subclase específica, por ejemplo, productos totalmente nuevos o productos mixtos que son paquetes de productos existentes. Este es un problema que surge con frecuencia en el caso de los productos de alta tecnología, los bienes y servicios de telecomunicaciones y los alimentos preparados “listos para ser consumidos”. Inicialmente, el gasto en estos productos puede registrarse en la clase “otros” o n.c.o.p. (no clasificado en otra partida), pero en cuanto el monto de tales gastos se torne significativo se deberá crear una clase propia.

Clasificación por finalidades

3.150 Cuando el objetivo del IPC consiste en medir la variación del costo de satisfacer determinadas necesidades, resulta adecuada una clasificación por finalidad. La CCIF se desglosa según finalidad en su mayor nivel de agregación, de forma tal que sus 12 divisiones representan categorías de finalidad, y debajo de este nivel los grupos y clases son tipos de producto. En otras palabras, los productos se asignan a las distintas finalidades. Pero esto se complica por la existencia de productos “que cumplen múltiples propósitos” (pueden servir para distintos fines), tales como la electricidad, y productos (en paquete) de finalidad mixta, tales como los paquetes de vacaciones que engloban transporte, alojamiento, comida y demás.

3.151Bienes y servicios que cumplen propósitos múltiples. La mayoría de los bienes y servicios pueden asignarse sin ambigüedad a un único propósito, pero puede ocurrir que algunos puedan asignarse a más de un propósito. Algunos ejemplos son el combustible, que puede utilizarse para vehículos clasificados como de transporte así como a vehículos de esparcimiento, y también las motos de nieve y las bicicletas, que se pueden comprar tanto para transporte como para recreación.

3.152 Al elaborar la CCIF, la regla general que se siguió fue la de asignar los bienes y servicios que cumplen propósitos múltiples a la división que represente la finalidad predominante. Así, los combustibles se encuentran bajo “Transporte”. Cuando la finalidad predominante varía entre países, los artículos que cumplen propósitos múltiples se asignan a la división que represente la finalidad principal en los países donde el artículo es particularmente importante. Así, las motos de nieve y las bicicletas se asignan ambos a “Transporte” porque esta es su función más frecuente en las regiones donde más se compran tales artefactos, es decir, América del Norte y los países nórdicos en el caso de los primeros y África, Asia sudoriental, China y los países bajos del norte de Europa en el caso de las bicicletas.

3.153 Otros ejemplos de artículos que cumplen múltiples propósitos en la CCIF son: los alimentos consumidos fuera del hogar, que se incluyen bajo “Hoteles y restaurantes” en lugar de estar en “Alimentos y bebidas no alcohólicas”; las casas rodantes, bajo “Esparcimiento y cultura”, y no en “Transporte”; y el calzado para baloncesto y otros deportes apto para el uso diario o los momentos de ocio, que se encuentra bajo “Vestimenta y calzado” y no “Esparcimiento y cultura”.

3.154 Si los agentes de la oficina nacional de estadística consideran que alguna otra finalidad resulta más adecuada en su país, pueden realizar una reclasificación de los artículos que sirven para múltiples propósitos; en cuyo caso deben aclararlo en notas al pie de página.

3.155Bienes y servicios de finalidad mixta. A veces mediante un único desembolso se compra un paquete de bienes y servicios que sirve a dos o más finalidades. Por ejemplo, la compra de un paquete turístico con todo incluido cubrirá los gastos de transporte, alojamiento y comida, mientras que la adquisición de servicios educativos puede incluir gastos de salud, transporte, alojamiento y comida, materiales de estudio y demás.

3.156 Los desembolsos que abarcan dos o más finalidades se consideran caso por caso con el objetivo de obtener un desglose según finalidad que resulte lo más exacto posible, así como consistente con cuestiones prácticas relacionadas con la disponibilidad de datos. Es por ello que las compras de paquetes vacacionales figuran en el rubro “Paquetes vacacionales”, sin que se intente individualizar otros fines como transporte, alojamiento y comida. Por el contrario, los pagos por servicios de educación deberían asignarse en la medida de lo posible a “Educación”, “Salud”, “Transporte”, “Hoteles y restaurantes” y “Esparcimiento y cultura”.

3.157 Otros dos ejemplos de artículos de finalidad mixta son: la compra de servicios de internación hospitalaria, que incluyen pagos por tratamiento médico, alojamiento y comida, y la compra de servicios de transporte, que incluyen comidas y alojamiento en el precio del billete. En ninguno de los dos casos se busca individualizar las finalidades. Los servicios de internación hospitalaria se clasifican como “Servicios hospitalarios” y los servicios de transporte con comida y alojamiento como “Servicios de transporte”.

Clasificaciones para índices de precios al consumidor

3.158 En la práctica, la mayoría de los países utilizan para el IPC un sistema de clasificación híbrido en el sentido de que la desagregación del gasto en el nivel superior obedece a la finalidad, mientras que en los niveles inferiores se realiza por producto. En algunos países, las clasificaciones según finalidad de los niveles superiores se desarrollaron hace muchos años para IPC originalmente concebidos como medida de las variaciones del costo de una canasta de bienes y servicios que en ese momento se consideraban necesarios para la supervivencia o para mantener cierto nivel de vida “básico”. Así, las clasificaciones se basaban en las necesidades del consumidor, aunque la “necesidad” puede haberse interpretado de manera subjetiva según las exigencias de índole política.

3.159 Hoy en día se aconseja seguir utilizando una clasificación según finalidad en el nivel superior y un desglose por producto en los niveles inferiores, pero también utilizar las clasificaciones internacionales estándar más recientes en la medida de lo posible, adaptadas a los requisitos nacionales cuando corresponda; en otras palabras, las divisiones 01 a 12 de la CCIF, y sus correspondencias con las clases y subclases de la Clasificación Central de Productos (CCP) para establecer los dos niveles de detalle subsiguientes.

Nivel de publicación

3.160 Como se mencionó antes, cualquier reestructuración de la clasificación de los índices publicados ocasionará inconvenientes a los usuarios y por eso debería evitarse en la medida de lo posible mediante una cuidadosa planificación y desarrollo del esquema de clasificación. Existe una relación de compensación entre brindar a los usuarios el nivel de detalle que requieren de índices de productos y ponderaciones, y reservarse cierta libertad para reestructurar los niveles inferiores (no publicados) sin afectar visiblemente la serie publicada.

3.161 Las muestras de artículos por debajo del nivel al cual se publican las ponderaciones pueden revisarse entre las distintas revisiones integrales de ponderaciones. Como se explica en el capítulo 9, también se pueden introducir variedades y artículos nuevos y otros que reemplacen a artículos anteriores, siempre y cuando sea posible incluirlos dentro de una ponderación existente ya publicada. Un producto nuevo importante, como una computadora personal, solamente podría incorporarse en el momento de una revisión de ponderaciones integral, mientras que puede ser posible incorporar teléfonos móviles en cualquier momento si el nivel más bajo en la categoría telecomunicaciones, que cuenta con una ponderación publicada, es servicios telefónicos.

Clasificación del Consumo Individual por Finalidades (CCIF)

3.162Estructura de la CCIF. La clasificación internacional estándar de los gastos de consumo individual es la Clasificación del Consumo Individual por Finalidades (CCIF). La CCIF es una clasificación funcional que también se utiliza en el SCN 1993 y cubre los gastos de consumo individual realizados por tres sectores institucionales: los hogares, las instituciones sin fines de lucro que sirven a los hogares (ISFLSH) y el gobierno general. Los gastos de consumo individual son aquellos que benefician a individuos u hogares.

3.163 La CCIF tiene 14 divisiones:

– Divisiones 01 a 12 que abarcan el gasto en consumo final de los hogares.

– División 13 que abarca el gasto en consumo final de las ISFLSH.

– División 14 que abarca el gasto en consumo individual del gobierno general.

En la clasificación hay tres niveles de detalle:

– División o nivel de dos dígitos, por ejemplo 01. Alimentos y bebidas no alcohólicas.

– Grupo o nivel de tres dígitos, por ejemplo 01.1 Alimentos.

– Clase o nivel de cuatro dígitos, por ejemplo 01.1.1 Pan y cereales.

3.164 Las 12 divisiones que abarcan los hogares consisten en 47 grupos y 117 clases, y se enumeran en el anexo 2. Por debajo del nivel clase, los compiladores del IPC deben profundizar el grado de detalle subdividiendo aún más las clases según las necesidades de cada país. Desde luego, si se mantiene la estructura del nivel superior de la CCIF, existen claras ventajas en términos de comparaciones internacionales y comparación de distintos usos de la CCIF (IPC, estadísticas de gastos de los hogares, agregados de las cuentas nacionales).

3.165 Existen algunas clases en la CCIF que pueden incluirse o no en la mayoría de los IPC o para las cuales los datos de gastos no se pueden recopilar directamente de los hogares. Por ejemplo, la CCIF tiene una clase para los alquileres imputados a propietarios que ocupan sus propias viviendas, los cuales podrían quedar excluidos de algunos IPC. La CCIF también tiene una clase para servicios de intermediación financiera medidos indirectamente, que podrían estar excluidos de ciertos IPC debido a dificultades prácticas de medición. En cualquier caso, los gastos en estos servicios no se pueden recopilar a partir de encuestas de presupuesto de los hogares. Análogamente, la CCIF tiene un grupo para gastos en cargos por servicio de seguros que podrían quedar comprendidos en los IPC pero que no se contemplan en las encuestas de hogares.

3.166Tipo de producto. Las clases de la CCIF están divididas en: servicios (S), no duraderos (ND), semiduraderos (SD) y duraderos (D). Esta clasificación suplementaria deja abierta la posibilidad a otras aplicaciones analíticas. Por ejemplo, es posible que se requiera una estimación de las existencias de bienes de consumo duraderos de los hogares, en cuyo caso los bienes de las clases de la CCIF clasificados como “duraderos” brindan los elementos básicos para tales estimaciones.

3.167 Como se explicó anteriormente, la distinción entre bienes no duraderos y duraderos depende de si los bienes se pueden utilizar una sola vez o si se pueden utilizar en forma reiterada o continua durante un período mucho mayor a un año. Además, los bienes duraderos, como los automotores, los refrigeradores, las lavadoras y los televisores, tienen un valor a precios de comprador relativamente alto. Los bienes semiduraderos difieren de los duraderos en que, si bien su vida útil esperada supera el año, suele ser considerablemente más corta, y su valor a precios de comprador es muy inferior. Dada la importancia que se les atribuye a los bienes duraderos, se enumeran a continuación las categorías de los bienes definidos como duraderos en la CCIF:

– Muebles, accesorios, alfombras y otros revestimientos para pisos.

– Electrodomésticos grandes para el hogar.

– Herramientas y máquinas para la casa y el jardín.

– Aparatos y equipos terapéuticos.

– Vehículos.

– Aparatos de teléfono y fax.

– Equipos audiovisuales, fotográficos y de procesamiento de información (salvo medios de grabación).

– Bienes duraderos de grandes dimensiones para esparcimiento.

– Artefactos eléctricos para higiene personal.

– Joyas, relojes y relojes pulsera.

Los siguientes bienes se clasifican como bienes semiduraderos:

– Vestimenta y calzado.

– Textiles de uso doméstico.

– Pequeños artefactos eléctricos para el hogar.

– Cristalería, vajilla y utensilios de cocina.

– Repuestos para vehículos.

– Medios de grabación.

– Juegos, juguetes, pasatiempos, equipos deportivos, elementos para campamento, etc.

3.168 Algunas de las clases de la CCIF comprenden tanto bienes como servicios porque, por razones prácticas, resulta difícil desglosarlas según esas categorías. Las clases se señalan con una (S) cuando predomina el componente de servicios. De manera similar, hay clases que contienen bienes no duraderos y semiduraderos y clases que contienen semiduraderos y duraderos. Nuevamente, se las señala con (ND), (SD) o (D) según el tipo de bien que se considera más importante.

Apéndice 3.1 Índices de precios al consumidor y deflactores de precios de las cuentas nacionales

1. El propósito de este apéndice es explicar por qué y cómo difieren entre sí los índices de precios al consumidor (IPC) y los índices de precios que se utilizan para deflactar los gastos de consumo de los hogares en las cuentas nacionales. En numerosas ocasiones estas diferencias no se comprenden cabalmente.

Cobertura de hogares

2. No se pretende que los IPC y las cuentas nacionales abarquen el mismo conjunto de hogares: los IPC generalmente abarcan un conjunto más reducido de hogares. Los gastos de consumo de los hogares en las cuentas nacionales abarcan los gastos realizados por todos los hogares, incluidos los hogares institucionales residentes en el país o la región, ya sea que esos gastos se efectúen dentro o fuera del país o la región de residencia. Los IPC tienden a abarcar los gastos y los precios pagados por los hogares dentro de los límites geográficos de un país o región, independientemente de si los hogares son residentes o no. Y lo que es más importante, la mayoría de los IPC se definen con la intención de incluir solo determinados grupos de hogares no residenciales. Por ejemplo, los IPC pueden excluir hogares muy ricos o pueden limitarse a hogares ubicados en zonas urbanas o a aquellos cuyos jefes de hogar son asalariados.

Cobertura de gastos de consumo

3. Tampoco se pretende que los IPC y las cuentas nacionales abarquen el mismo conjunto de gastos de consumo: los IPC abarcan un conjunto más reducido de gastos. La mayoría de los IPC no abarcan la mayor parte de los gastos de consumo no monetarios imputados que se incluyen en las cuentas nacionales, ya sea por cuestión de principios o por razones prácticas relacionadas con la falta de datos. Muchos IPC incluyen los alquileres imputados a las viviendas ocupadas por sus propietarios, pero el objetivo del IPC no es abarcar los gastos y precios imputados de los productos agrícolas u otros bienes producidos para consumo propio que se incluyen en las cuentas nacionales.

Período de medición

4. La mayoría de los IPC miden variaciones de precios entre dos momentos o intervalos muy breves tales como una semana. Los índices de precios de las cuentas nacionales tienen por objetivo deflactar gastos agregados a lo largo de períodos más prolongados, generalmente un año. Es difícil que la forma de promediar los IPC mensuales o trimestrales para obtener un IPC anual resulte conceptualmente consistente con el índice anual de precios de las cuentas nacionales.

Fórmulas de números índice

5. Los IPC y las cuentas nacionales no tienen por qué utilizar las mismas fórmulas de números índice. En la práctica, la mayoría de los IPC tiende a utilizar algún tipo de índice de precios de Lowe que emplee las cantidades de un período anterior, mientras que por lo general se espera que los índices de precios, o deflactores de precios, de las cuentas nacionales sean índices de Paasche. Los índices de Paasche se utilizan para obtener índices de volumen de Laspeyres. Si tanto los IPC como las cuentas nacionales adoptaran el encadenamiento anual, se reducirían estas diferencias que se derivan del uso de distintas fórmulas de índices.

Conclusiones

6. Queda claro que, por lo general, los IPC y los deflactores de precios de las cuentas nacionales pueden diferir por una multiplicidad de razones, tales como diferencias sustanciales en la cobertura de hogares y gastos, diferencias en cuanto a los períodos de medición y diferencias entre las fórmulas de números índice aplicadas. Estas diferencias son intencionales y justificadas. Desde luego, los datos de precios recopilados para elaborar el IPC también se pueden utilizar para construir los detallados deflactores de precios que se utilizan en las cuentas nacionales, pero los IPC y los deflactores de cuentas nacionales pueden ser muy diferentes a nivel agregado por los motivos recién expuestos.

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