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VI. Perspectivas

Author(s):
Michael Ainley
Published Date:
September 1984
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Las reformas de los AGP se necesitaban desde hacía mucho tiempo. Han restablecido la importancia relativa original de los Acuerdos Generales como valioso medio de defensa del Fondo. Con todo, no es fácil evaluar cómo funcionará o con qué grado de celeridad podrá el Fondo utilizar este medio de defensa en caso de crisis.

Por un lado, las reformas fortalecen al Fondo en diversos aspectos importantes. Primero, la triplicación de los AGP, junto con el aumento de cuotas de la octava revisión general de cuotas y los DEG 6.000 millones a que asciende el préstamo conjunto del BPI, el Banco Nacional de Bélgica, Japón y Arabia Saudita108, representan adiciones de gran importancia a la base de recursos del Fondo. El Fondo se encuentra ahora en una posición financiera mucho más segura. Los Acuerdos Generales ampliados, más el aumento de cuotas, acrecentarán en alrededor de DEG 23.000 millones109 la masa de recursos a disposición del Fondo hasta que concluya la próxima revisión de cuotas, probablemente en 1988. Se trata de sumas sustanciales. La disponibilidad de estos importes debiera dar a la banca privada y a los acreedores oficiales confianza en la capacidad del Fondo para encarar futuros problemas en el sistema monetario internacional. Aun cuando no se usen, los Acuerdos Generales ampliados servirán para realzar la autoridad y el prestigio del Fondo en el porvenir.

Un segundo aspecto, de mayor importancia directa, es que el Fondo está en condiciones de continuar dando asistencia a sus países miembros en escala adecuada. La política de mayor acceso ha continuado en 1984 y continuará en 1985, aunque con límites máximos de acceso progresivamente más reducidos, en términos de las cuotas, que los límites aplicados en 1981–83110. Por lo tanto, el Fondo ha de seguir siendo un agente eficaz del ajuste y un importante catalizador de otras corrientes financieras. Sin el aumento de cuotas, el préstamo de DEG 6.000 millones y el respaldo de los AGP ampliados, habría que haber reducido radicalmente la política de mayor acceso.

Tercero, la ampliación de los AGP significa que el Fondo está ahora en mejores condiciones de atender las posibles necesidades de préstamos de los principales países industriales. Si bien ninguno de estos países ha recurrido al Fondo desde 1978, no es posible descartar la posibilidad de que esto ocurra, particularmente si no se afianza la recuperación económica en Europa. Sin los AGP ampliados, los giros de los países industriales podrían haber impuesto una carga considerable a los recursos del Fondo. Ahora es mucho menor el riesgo de que, contrariamente a las finalidades del Convenio Constitutivo, el Fondo se convierta sencillamente en un banco para los países en desarrollo.

Cuarto, los Acuerdos Generales son ahora más abiertos y menos exclusivos. La circunstancia de que el Fondo pueda recurrir a los AGP para efectuar représtamos a no participantes es potencial mente muy significativa. Virtualmente todos los préstamos condicionales del Fondo en los últimos años se han concedido a países en desarrollo. También es probable que este grupo de países dependa mucho del apoyo financiero del Fondo en el futuro.

El acceso del Fondo a los AGP para atender las necesidades de crédito de los países en desarrollo, claro está, es altamente condicional. El Fondo debe tener una insuficiencia de liquidez y la estabilidad del sistema debe estar amenazada y no sólo deteriorada111. Sin embargo, las condiciones para activar los AGP se han interpretado con flexibilidad en el pasado. Una amenaza al sistema, por ejemplo, podría abarcar diversas posibilidades, que van desde problemas graves en un país grande, como Brasil, a problemas reales o potenciales en un grupo de países pequeños o en una región específica. También es relevante señalar que no se ha reservado una suma fija para el uso de los participantes. Por ende, es concebible que el acceso a los AGP en beneficio de los no participantes pudiera ser de gran cuantía.

Quinto, en el futuro la liquidez del Fondo se podría fortalecer considerablemente si el Grupo de los Diez estuviera dispuesto ahora a admitir a extraños en su club. La participación de Suiza establece un precedente importante, al igual que la adhesión de Arabia Saudita, que eventualmente podría pasar a ser participante. Asimismo, se incluyen disposiciones que autorizan otros acuerdos paralelos con otros países fuertes. Esos acuerdos podrían, análogamente, ser pasos preliminares a la participación. Quizá podría haber candidatos entre los países miembros de la OCDE, particularmente dado que existe ahora la atracción del tipo de interés relacionado con el del mercado que se aplicará a los títulos de deuda de los AGP.

Por otra parte, los Acuerdos Generales revisados dejan sin responder diversos interrogantes. Primero, se podría argüir que su importe total acaso sea insuficiente para atender las solicitudes que los participantes y no participantes podrían presentar al Fondo. Esto, claro está, tendría especial validez si pasaran otros 20 años hasta que los participantes aprueben un nuevo aumento de sus acuerdos de crédito.

En particular, el nuevo total de DEG 18.500 millones (incluida Arabia Saudita) sólo es equivalente al 35 por ciento de las cuotas de los participantes en el Fondo112, en comparación con 60 por ciento en 1962, y a sólo 8 por ciento de sus reservas al final de 1983113, en comparación con 15 por ciento en 1962, A diferencia de lo que ocurría en el período 1963–73, ya no es cierto que la balanza en cuenta corriente de los diez participantes originales en conjunto sea invariablemente positiva. Todos ellos registraron déficit en cuenta corriente por lo menos en dos de los seis años del período 1977–82. Algunos de los participantes siguen teniendo elevados déficit en cuenta corriente.

Por lo tanto, es concebible, por ejemplo, que dos participantes importantes puedan acudir al Fondo para tomar préstamos muy grandes cuando las posiciones externas de varios de los otros participantes no sean muy robustas. En ese caso, las líneas de crédito de los presuntos beneficiarios de los AGP no estarían disponibles para ser represtadas, y el Fondo sólo podría efectuar peticiones de importes limitados con cargo a los acuerdos de crédito de algunos de los otros participantes. Si se tiene presente que el Fondo ahora tiene que tomar debidamente en cuenta las peticiones posibles y efectivas en beneficio de los participantes, esto podría dejar una suma disponible muy exigua de los AGP ampliados para los no participantes.

Segundo, podría sostenerse que las condiciones para activar los AGP en beneficio de no participantes son excesivamente restrictivas. De tomar como guía las deliberaciones de 1961–62, sería menester que el sistema corra el riego de derrumbarse para que se efectúen esas activaciones114. A los países en desarrollo les preocupa también la posibilidad de que la amenaza al sistema la definan los participantes en los AGP y no el Fondo solamente. Temen que los Acuerdos Generales no sean activados en modo alguno en beneficio de los no participantes o, en caso afirmativo, que lo sean solamente en beneficio de un país grande, como México o Brasil, en el cual los acreedores de los AGP tienen importantes intereses.

Tercero, el posible uso de los AGP en beneficio de no participantes tal vez sea sólo temporario. Las nuevas disposiciones serán objeto de particular escrutinio por parte de los participantes antes de la próxima renovación de los Acuerdos Generales. Si a la atmósfera de crisis de 1982 le sucede una situación internacional más encalmada, los participantes podrían decidir que los Acuerdos Generales vuelvan a su función original de fuente de recursos financieros exclusivamente para atender los giros del Grupo de los Diez sobre el Fondo.

Cuarto, con carácter más general, podría decirse que la ampliación de los Acuerdos Generales, en lugar de un aumento mucho mayor de las cuotas, se podría interpretar como la adopción de una función más conservadora para el Fondo a mediados del decenio de 1980. El aumento de cuotas de la octava revisión general fue inferior al que podrían haber justificado las necesidades previsibles de los países miembros de obtener financiamiento del Fondo. Los nuevos recursos de los AGP están bajo el control de los participantes en los AGP y no del Fondo. En los últimos meses, los principales países industriales han instado constantemente al Fondo a que reconozca las restricciones que gravitan sobre sus recursos y se ajuste a ellas. Han insistido con éxito en que el Fondo provea menos recursos financieros, por plazos más breves y en condiciones más estrictas. Los participantes en los AGP estiman que el Fondo se ha sobreextendido y debe retomar a su función monetaria más tradicional de prestamista temporario de última instancia.

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