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IV. El funcionamiento de los AGP, 1962–82

Author(s):
Michael Ainley
Published Date:
September 1984
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Por un lado, los Acuerdos Generales han fortalecido considerablemente al Fondo. Lo han puesto en condiciones de ayudar a los mayores de sus países miembros en escala adecuada. También le han permitido preservar sus recursos ordinarios, al menos en alguna medida64, para atender los giros de otros países miembros que no pertenecen al Grupo de los Diez. El acceso del Fondo a un caudal de reserva de monedas ha fortalecido su autoridad y ha constituido un elemento de confianza en tiempo de crisis en los mercados cambiarios. Por otro lado, los Acuerdos Generales siempre han sido impopulares entre los países no participantes. Además, la circunstancia de que los participantes no hayan podido adaptar los AGP a los transcendentales cambios del sistema monetario internacional posteriores a 1971 dio lugar a crecientes dudas en cuanto a su función y suficiencia.

1. Activaciones

a. El decenio de 1960

Entre 1964 y 1970, los Acuerdos Generales fueron activados en seis oportunidades a fin de ayudar al Fondo a financiar cuatro grandes giros del Reino Unido y dos de Francia. Los préstamos totales recibidos por el Fondo en este período a tenor de los AGP ascendieron al equivalente de $2.155 millones, suma que se había rembolsado íntegramente en agosto de 1971. En el cuadro 2 figuran los detalles respectivos.

Cuadro 2.Financiamiento Del Fondo con Recursos de Los AGP, 1964–70(En millones fíe dolores de EE.UU.)
Giro financiado con:
FechaPaís miembro compradorImporte compradoAGPPorcentaje del totalVentas de oro del FondoPorcentaje del totalTenencias de monedas del FondoPorcentaje del total
Die. 1964Reino Unido1.000405(41)250(25)345(34)
Mayo 1965Reino Unido1.400525(38)400(28)475(34)
Nov. 1967Reino Unido1.400476(34)365(26)559(40)
Jun. 1968Francia745265(36)182(24)298(40)
Jun. 1969Reino Unido500200(40)50(10)250(50)
Sep. 1969/
Feb. 1970Francia985284l(29)200(20)501(51)
Total6.0302.155(36)1.447(24)2.428(40)

Importe efectivamente girado sobre los AGP. Fue inferior al importe activado (5375 millones) porque la suma propuesta para el Banco Federal Alemán se redujo en $90 millones luego de un cambio en la balanza de pagos de la República Federal de Alemania.

Importe efectivamente girado sobre los AGP. Fue inferior al importe activado (5375 millones) porque la suma propuesta para el Banco Federal Alemán se redujo en $90 millones luego de un cambio en la balanza de pagos de la República Federal de Alemania.

La solicitud de uso de recursos del Fondo presentada por el Reino Unido y el uso de los AGP por el Fondo para atenderla no fueron imprevistos. Los Acuerdos Generales, después de todo, se habían formulado fundamentalmente para financiar grandes giros condicionales sobre el Fondo (en los llamados tramos de crédito) de los dos centros de reserva. La posición de la cuenta corriente del Reino Unido fue endeble durante gran parte del decenio de 1960, pero las opciones de política, especialmente la devaluación, se vieron restringidas por la función de moneda de reserva de la libra esterlina y por el cuantioso excedente de saldos en libras esterlinas mantenido en Londres, principalmente por países de la Mancomunidad Británica. La presión sobre la libra esterlina se intensificó a partir de 1964, y las autoridades del Reino Unido se vieron obligadas a adoptar una serie de medidas, primero para resistir y luego, en 1967, para apoyar una devaluación. Entre estas medidas figuraron, además del uso del crédito del Fondo, créditos del BPI, créditos recíprocos con bancos centrales y restricciones de pagos.

Los Acuerdos Generales fueron activados también a favor de Francia, en circunstancias similares a las del Reino Unido, primero para resistir la devaluación del franco en 1968 y luego para respaldarla en 1969. La posición de balanza de pagos de Francia no era fuerte en esa época, y la devaluación de la libra esterlina en noviembre de 1967 fue seguida por una intensa especulación en otras monedas, en previsión de modificaciones de paridad más frecuentes, y por la fuga de las monedas hacia el oro, lo cual llevó a la creación de un mercado doble del oro en marzo de 1968. La especulación respecto de los tipos de cambio del franco francés y el marco alemán continuó hasta mediados de 1969, cuando se devaluó el franco francés en agosto y se revaluó el marco alemán en octubre.

En vista del objetivo central de los AGP, quizá llame la atención que no se hayan activado a favor de Estados Unidos en el decenio de 1960. Por otra parte, los sucesivos Gobiernos de Estados Unidos se mostraron renuentes, por razones políticas internas, a aceptar las condiciones que el Fondo imponía a los giros en los tramos de crédito. Los giros de Estados Unidos en este período se efectuaron en parte por razones técnicas, no rebasaron los límites del tramo de oro incondicional, y se financiaron sin recurrir a los AGP65.

El Fondo también pudo financiar los giros de otros participantes, especialmente en 1968–69, época durante la cual se observó una extremada inestabilidad en los mercados cambíanos, sin recurrir a los AGP. Todos los giros se hicieron en el tramo de oro y, por lo tanto, fueron relativamente limitados; las tenencias ordinarias de monedas del Fondo se ampliaron a principios de 1966 con un nuevo aumento general de cuotas de 25 por ciento y los aumentos especiales para ciertos países “fuertes”.

b. El decenio de 1970

Los Acuerdos Generales fueron activados tres veces en el decenio de 1970. Se emplearon para contribuir a financiar los grandes giros efectuados por el Reino Unido en enero de 1977, Italia en mayo de 1977, y Estados Unidos en noviembre de 1978. En el cuadro 3 figuran los detalles relativos a la forma en que el Fondo financió estos giros.

Cuadro 3.Financiamiento Del Fondo Con Recursos de Los AGP, 1977–78(En millones de DEC)
Giro financiado con:
FechaPaís miembro compradorImporte compradoAGPPorcentaje del totalBanco Nacional de SuizaPorcentaje del totalTenencias de monedas del FondoPorcentaje del total
Enero 1977Reino Unido3.36012.560(76)300,0(9)500(15)
Mayo 1977Italia4501337(75)37,5(8)75(17)
Nov. 1978Estados Unidos2.275777(34)1.498(66)

Importe propuesto, pero no íntegramente girado.

Importe propuesto, pero no íntegramente girado.

El Reino Unido e Italia acudieron al Fondo más de una vez durante este período. De 1974 a 1976 Italia giró DEG 1.455 millones a tenor del servicio financiero del petróleo y DEG 1.000 millones conforme a un acuerdo de derecho de giro. A finales de 1975, el Reino Unido giró DEG 1.000 millones conforme al servicio del petróleo y DEG 700 millones a tenor de un acuerdo de derecho de giro en el primer tramo de crédito. Los giros bajo el servicio del petróleo se financiaron con empréstitos bilaterales concedidos por los países productores de petróleo y los países industriales con superávit de balanza de pagos; los acuerdos de derecho de giro se financiaron con las tenencias ordinarias de monedas del Fondo, que eran suficientes para ese fin.

Sin embargo, esta asistencia, gran parte de la cual se concedió en términos liberales, no fue acompañada de un ajuste suficiente a los efectos del alza de los precios del petróleo ni por esfuerzos sostenidos por resolver deficiencias estructurales. Por lo tanto, no restableció la confianza externa en la política de los dos países ni en sus monedas, que continuaron siendo sumamente vulnerables en el curso de sucesivas crisis cambiarías en 1976. El Reino Unido primero y luego Italia se vieron obligados por las presiones de los mercados cambiarios y los agudos problemas de balanza de pagos a solicitar nuevamente asistencia del Fondo por sumas abultadas en condiciones muy estrictas, en momentos en que la liquidez de esta última nación ya era ajustada66.

Los Acuerdos Generales fueron activados también para encarar otra crisis en los mercados cambíanos. Esta vez se trató del dólar, que se había depreciado en forma pronunciada frente a las demás monedas importantes entre septiembre de 1977 y octubre de 1978, a pesar de una serie de medidas adoptadas por el Gobierno del Presidente Carter (sin éxito) para invertir la situación. En noviembre de 1978 las autoridades estadounidenses movilizaron el equivalente de $30.000 millones, principalmente en marcos alemanes y en yen, para defender el dólar; entre las demás medidas tomadas figuraban grandes ventas de tenencias de DEG y un fuerte giro sobre el tramo de reserva en el Fondo67.

2. Principios y prácticas

A pesar de su carácter altamente contingente, los Acuerdos Generales han sido una valiosa fuente de financiamiento suplementario para el Fondo, como previeron sus creadores. En la práctica, a juzgar por las diversas activaciones, han servido para atender giros condicionales e incondicionales toda vez que un participante (y no sólo un centro de reserva) confrontaba problemas graves, cualquiera fuese la causa, y el Fondo tenía o podía tener una escasez de recursos68. En todos estos casos tanto el Fondo como los participantes en los AGP han interpretado muy ampliamente el objetivo de preservar la estabilidad del sistema.

Igualmente importante ha sido la flexibilidad con que se han aplicado los procedimientos de activación. Las consultas oficiosas anticipadas entre el Director Gerente y los participantes han reducido al mínimo las posibles diferencias. No ha sido necesario invocar las complejas salvaguardias enunciadas en la carta de Baumgartner. Los suplentes del Grupo de los Diez, que se reúnen normalmente en París, han considerado las políticas y las perspectivas de balanza de pagos de los presuntos beneficiarios de los AGP sobre la base de análisis preparados en el Grupo de Trabajo 3 de la OCDE69. Afortunadamente, estas evaluaciones del Grupo de los Diez han sido similares a las del Fondo. El Grupo de los Diez sólo rara vez ha tratado de modificar los términos propuestos por el Fondo para represtar los recursos de los AGP. Nunca ha objetado a una propuesta del Director Gerente ni ha tenido que votarla.

Los procedimientos de activación, además, han funcionado de manera expeditiva, debido fundamentalmente a los estrechos vínculos oficiosos entre la administración del Fondo y los directores ejecutivos del Grupo de los Diez en Washington y al contacto regular entre los ministros de Hacienda del Grupo de los Diez y entre sus suplentes. Los procedimientos, a decir verdad, se aceleraron en noviembre de 1978, cuando se recurrió a los Acuerdos Generales para financiar parte del giro de emergencia de Estados Unidos en el tramo de reserva.

Análogamente, la distribución de las peticiones de fondos entre los participantes en los AGP se ha resuelto en forma oficiosa, al tiempo de cada activación, ateniéndose a la iniciativa del Director Gerente. Los regateos entre participantes han sido más la excepción que la regla. En la práctica, los participantes establecieron sin tardanza un concepto de solidaridad a fin de manifestar su apoyo público al beneficiario de los AGP. Por eso, casi todos ios participantes estuvieron con frecuencia incluidos en las operaciones, a veces por importes nominales, con prescindencia de los criterios económicos. Hasta la fecha la única línea de crédito contra la cual el Fondo no ha propuesto peticiones de fondos es la del Reino Unido. (En el apéndice V, cuadros 5 y 6, figura la distribución de las peticiones de fondos del Fondo.)

Este enfoque oficioso, aunque en otro plano, prevaleció también en 1978, cuando las peticiones del Fondo sobre los AGP para financiar el giro de Estados Unidos se limitaron a dos participantes, el Banco Federal Alemán y Japón. Estados Unidos tenía particular interés en obtener marcos alemanes y yen en préstamo para usarlos en apoyo del dólar. Aunque se discutió mucho la licitud de esta medida, los participantes respetaron la preferencia de Estados Unidos.

Otras prácticas oficiosas responden a deseos de los participantes. Por ejemplo (como lo muestra el cuadro 2), los participantes quisieron que el Fondo combinara las peticiones de fondos de los Acuerdos Generales con el uso de sus propias tenencias ordinarias de monedas, a fin de no dar la impresión de que tenían un “fondo especial” que les permitía prescindir de los recursos ordinarios del Fondo70. Acaso más significativa fue la práctica de combinar las peticiones del Fondo sobre los AGP, en el decenio de 1960, con cuantiosas ventas de oro del Fondo a los participantes, a cambio de las monedas necesarias. Estas ventas, para las cuales existían precedentes de mucho peso71, se efectuaron por haberlo pedido insistentemente el Grupo de los Diez por razones políticas, a la vez que económicas. Según el Grupo de los Diez, había que movilizar las tenencias de oro del Fondo a fin de distribuir la carga del financiamiento. Por otra parte, los integrantes del Grupo de los Diez también querían adquirir oro, que se podría vender en una emergencia, particularmente porque se les estaba pidiendo que prestaran, o comprometieran, una creciente proporción de sus reservas de divisas al Fondo. El Fondo determinó en cada caso, en consulta con los participantes de los AGP, la cantidad precisa de oro que se vendería.

Estas ventas de oro, sin embargo, no fueron bien acogidas por algunos de los demás países miembros del Fondo, ni tampoco por algunos de los altos funcionarios del organismo. Se pensaba que había que preservar las existencias de oro del Fondo, en la mayor medida posible, a fin de afianzar su posición financiera o de utilizarlas, en todo caso, en una crisis que afectara a todos los países miembros del Fondo y no únicamente en beneficio de un solo país miembro del Grupo de los Diez. El deseo de economizar el uso del oro del Fondo fue una razón importante por la cual los Acuerdos Generales no se utilizaron con más frecuencia a finales del decenio de 1960.

A finales de la década de 1970, sin embargo, el Fondo ya no estaba en condiciones de reponer sus existencias de monedas mediante ventas de oro, encrucijada resultante de los engorrosos compromisos sobre la venta del oro del Fondo. El Fondo, por lo tanto, tuvo que recurrir a los AGP para financiar los giros del Reino Unido y de Italia en escala mucho mayor que en circunstancias similares en los años sesenta (véase el cuadro 3). Esta mayor utilización se complicó con la escasez de monedas utilizables que experimentaba el Fondo, causada por los giros más frecuentes de los países en desarrollo no petroleros y las dilaciones en la ratificación de los aumentos de cuota decididos en oportunidad de la sexta revisión general de cuotas. En este caso, los acuerdos de derecho de giro para el Reino Unido e Italia promovieron con notable éxito el rápido restablecimiento de la confianza en ambos países, y los importes solicitados a los participantes en los AGP y el Banco Nacional de Suiza fueron muy inferiores a los importes propuestos72.

3. Críticos

Aunque los Acuerdos Generales fueron útiles al Fondo, y a pesar de que funcionaron con flexibilidad, la controversia acerca de las ventas de oro (descrita anteriormente) fue sólo un ejemplo de la impopularidad de los AGP, que siempre han sido controversiales.

Ni siquiera al principio el Directorio Ejecutivo se sintió “cautivado” por los Acuerdos, y algunos países miembros criticaron abiertamente sus aspectos no globales73. Varios países, y no solamente los países en desarrollo, los resintieron debido a su carácter exclusivo. El número de participantes era limitado y los préstamos que habían convenido dar al Fondo no financiaban más que sus propias transacciones con el organismo. Segundo, se estimaba que los Acuerdos Generales reducían la autoridad del Fondo. Constituían únicamente un compromiso en ponerse de acuerdo. Atribuían a un pequeño club de países miembros ricos un veto real sobre importantes decisiones operativas del Fondo. Tercero, los Acuerdos Generales y la carta de Baumgartner, en particular, fueron la razón de ser del Grupo de los Diez, que comenzó sin tardanza a desempeñar un papel mucho más importante en el análisis de los problemas relacionados con el Fondo. A decir verdad, muchos de los estudios de la liquidez internacional y las principales negociaciones que llevaron a la creación de los DEG en 1969 se realizaron en el Grupo de los Diez. Esto llevó posteriormente a los países en desarrollo a formar su propio grupo, el Grupo de los Veinticuatro, en noviembre de 1971, inicialmente para asegurarse de que se tuviera en cuenta su opinión en las negociaciones que entonces se estaban llevando a cabo respecto de la reforma monetaria internacional y, además, para proteger los intereses de los países en desarrollo en la esfera monetaria en general74.

Estas (comprensibles) preocupaciones no fueron disipadas por los argumentos de que los participantes habían adquirido nuevas responsabilidades y no sólo nuevos derechos, o de que la existencia de los AGP dejaba un mayor acervo de recursos ordinarios del Fondo para las transacciones con los demás países miembros. Estas preocupaciones fueron otra razón importante por la cual los Acuerdos Generales no se han empleado con más frecuencia. La actitud prevalente de los países no participantes y del personal del Fondo es que el Fondo no debe acudir como “suplicante” al Grupo de los Diez, si puede evitarlo.

Estas preocupaciones han persistido hasta ahora. Los países en desarrollo, en particular, sólo han consentido con renuencia en las renovaciones sucesivas de los AGP. Periódicamente han pedido que el Fondo se atenga más a sus recursos ordinarios basados en las cuotas o que remplace los Acuerdos Generales con acuerdos más amplios de obtención de préstamos que estén a disposición de todos los países miembros.

4. Reformas aplazadas

Los participantes mismos reexaminaron los AGP en diversas oportunidades con anterioridad a 1982, pero sin modificarlos sustancialmente.

En 1965, por ejemplo, antes de la primera renovación, se plantearon dos posibilidades: la de liberalizar o abolir el requisito de que el sistema monetario internacional corriera el riesgo de un deterioro y la de simplificar los procedimientos de activación. Sin embargo, las deliberaciones no fueron concluyentes. A mediados de 1968, antes de la segunda renovación, el personal y la gerencia del Fondo estimaron justificado que se introdujeran cambios de gran alcance, tales como el aumento de las líneas de crédito individuales o la admisión de nuevos participantes. Con todo, abrigaron la sospecha—atinadamente—de que los participantes no se mostrarían receptivos. También en 1969 y en 1970 el Fondo exploró la posibilidad de actualizar los AGP luego de la primera reforma del Convenio Constitutivo. Sin embargo, aunque se consideró que quizá convenían algunos de los cambios propuestos, al Directorio Ejecutivo no le parecieron apremiantes.

La renuencia de los participantes a introducir reformas en el decenio de 1960 fue, en muchos aspectos, comprensible. Los Acuerdos Generales eran todavía relativamente nuevos y habían cumplido adecuadamente sus fines. Seguían constituyendo una valiosa defensa contra dificultades temporales en el sistema de Bretton Woods.

En el decenio de 1970, sin embargo, los Acuerdos Generales funcionaban en condiciones muy distintas de las que habían motivado su institución. Su función, y también la del Fondo mismo, era mucho menos definida. El sistema de paridades fue remplazado por una situación asistemática75 de tipos de cambio de flotación más o menos regulados en los principales países industriales, y la economía mundial experimentó cambios profundos a raíz de los grandes aumentos de los precios del petróleo en 1973–74. La autoridad del Fondo se debilitó, especialmente en la esfera de los tipos de cambio, y sus recursos resultaron limitados frente a la escala de los desequilibrios relacionados con el petróleo. La expansión sin precedentes de los euromercados, que asumieron la tarea de reciclar los superávit de los países petroleros a los países deficitarios, eclipsó la capacidad del Fondo no ya para controlar, sino incluso para influir en el proceso de creación de liquidez internacional.

Al propio tiempo, los aumentos de los precios del petróleo en 1973–74 y 1979–80 desplazaron el centro de gravedad del poderío económico y financiero, en detrimento de los participantes en los AGP. En el decenio de 1970, el Fondo tomó fuertes empréstitos, pero el Grupo de los Diez dejó de ser el único o incluso el principal proveedor de recursos suplementarios. El Fondo acudió en mayor medida a los países productores de petróleo y a Arabia Saudita, en especial, para financiar primero los servicios financieros del petróleo de 1974–75, luego el servicio de financiamiento suplementario y, en fecha más reciente, la política de mayor acceso.

Frente a estos antecedentes, cabe observar que los Acuerdos Generales declinaron en los aspectos de magnitud e importancia relativas. Incluso después del aumento del acuerdo de crédito de Japón en 1976, la cuantía global de los AGP continuó siendo muy similar al nivel de 1962, debido a los efectos de las variaciones de los tipos de cambio en el valor de los compromisos individuales (expresados en DEG). Aunque los acuerdos de crédito del Banco Federal Alemán y Japón se acrecentaron a apreciarse el marco alemán y el yen frente al DEG, los del Reino Unido, Estados Unidos e Italia bajaron en forma pronunciada. Para mediados de 1982 los Acuerdos Generales totalizaban alrededor de DEG 6.300 millones, suma equivalente a sólo el 20 por ciento de las cuotas de los participantes en el Fondo, en comparación con 60 por ciento en 1962, y únicamente 2 por ciento (15 por ciento) de sus reservas. En consecuencia, aunque los Acuerdos Generales se activaron en 1977–78, pasó a ser cada vez más dudoso que sus recursos fueran suficientes para cumplir el objetivo original de influir en los mercados cambiarios y prevenir las crisis.

Era de esperar, pues, que se hablara tanto de reforma. Sin embargo, poco se logró. En 1975, en oportunidad de la tercera renovación, solamente se introdujeron dos cambios dignos de mención, a saber, la fórmula del tipo de interés más elevado y la ampliación de los medios con los cuales el Fondo podía pagar intereses y rembolsar a los acreedores76. Igual que antes, el personal del Fondo examinó posibles reformas radicales, incluido el aumento de los importes y del número de monedas que los participantes prestarían, la abrogación de la restricción relativa al uso de los AGP para financiar giros exclusivamente del Grupo de los Diez y la inclusión de nuevas circunstancias en las cuales el Fondo podría recurrir a los AGP. También se planteó oficiosamente a los participantes la posibilidad más transcendental de remplazar los AGP con acuerdos bilaterales de crédito entre el Fondo y los principales países industriales, conforme al esquema del servicio financiero del petróleo de 1974. Esto habría dado al Fondo un margen de flexibilidad mayor que el que le conferían los AGP.

Sin embargo, estas propuestas no fructificaron, en parte porque la gerencia del Fondo no quiso provocar controversias y negociaciones prolongadas que podrían haber perjudicado la renovación de los AGP. Algunas de las propuestas habrían requerido nuevas autorizaciones legislativas que a algunos participantes, especialmente Estados Unidos, no les habría sido fácil obtener. Varios miembros del Grupo de los Diez prefirieron mantener inalterados los elementos básicos de los AGP como una base acordada para la acción concertada en caso de crisis, en lugar de comenzar otra vez con un conjunto nuevo de arreglos sin el beneficio de la experiencia.

En 1977–78 se actualizaron los Acuerdos Generales a fin de conformarlos a la segunda reforma del Convenio Constitutivo. La actualización, con todo, se limitó a un número restringido de cambios esencialmente formales que se derivaron más o menos automáticamente del nuevo Convenio Constitutivo y de los cambios correlativos en las prácticas del Fondo. Más importante fue el hecho de que en el lapso transcurrido entre abril y septiembre de 1978 los representantes del Grupo de los Diez examinaron la función de los AGP, análisis que ostensiblemente fue de gran alcance, si bien no pudo decirse lo mismo de los resultados.

En particular, los participantes concluyeron que los Acuerdos Generales, en su conjunto, habían prestado buen servicio y que debían preservarse como una fuente potencialmente valiosa de financiamiento adicional del Fondo. Con todo, no pudieron siquiera convenir en un aumento modesto del importe total de los AGP. Algunos participantes estaban dispuestos a aceptar este aumento, en ciertas condiciones, pero los participantes más poderosos, Estados Unidos y la República Federal de Alemania, se mostraron partidarios del statu quo. La imposibilidad de que los participantes concordaran en esta cuestión hizo descartar toda tentativa de reordenar la participación de los participantes individuales.

Hubo otras propuestas de carácter más radical que recibieron aún menos apoyo. No se observó entusiasmo alguno por agregar nuevos participantes, por ejemplo, otros países de la OCDE o los países productores de petróleo con superávit estructural de balanza de pagos. Esta falta de entusiasmo no fue una novedad. Si bien algunos participantes estuvieron dispuestos, en diferentes oportunidades, a considerar la inclusión de nuevos países—Austria, España y otros—, siempre hubo uno o más que se opusieron. El Grupo de los Diez estimó que la cohesión de los participantes era una de las principales razones de la eficacia de los Acuerdos Generales, de lo cual se desprendía que la ampliación del círculo de participantes podía restarles eficacia. A lo sumo, el Grupo de los Diez pensó que podría ser útil intercambiar opiniones periódicamente con otros prestamistas del Fondo, pero no se estimó necesaria ninguna medida en esa oportunidad.

Análogamente, los participantes eran partidarios de que el acceso a los AGP continuara limitado a los países del Grupo de los Diez. Ello se debió en parte a que ya entonces los AGP parecían insuficientes para financiar giros concurrentes del Grupo de los Diez sobre el Fondo y, en consecuencia, mucho más para financiar los de otros países. Otra razón fue que los participantes temían que el Fondo pudiera tener problemas de liquidez para atender los giros del Grupo de los Diez si los Acuerdos Generales pasaban a ser un componente de los recursos del Fondo que se usara con frecuencia y regularidad.

Asimismo, a los participantes les fue imposible llegar a un consenso respecto de una nueva fórmula de tipo de interés para los préstamos de los AGP. Algunos participantes querían establecer un tipo de interés más elevado, vinculado con el del mercado, pero otros estimaban que el Fondo debía derivar un ingreso neto de los préstamos financiados con recursos de los AGP. Algunos estaban dispuestos a sacrificar, total o parcialmente, el cargo por transferencia en beneficio de la posición financiera del Fondo, pero la mayoría deseaba mantenerlo. En consecuencia, se conservaron las disposiciones derivadas de la solución conciliatoria adoptadas en 197577.

Se decidió también no sustituir la denominación en moneda nacional de los acuerdos de crédito individuales por la denominación en DEG. Si bien se reconoció que las fluctuaciones en los tipos de cambio, particularmente desde el abandono del sistema de paridades, habían tenido un efecto desigual sobre la distribución de la carga del financiamiento, algunos participantes pensaron que los nuevos valores en DEG de estos acuerdos de crédito reflejaban cambios en la capacidad básica de los participantes para proveer financiamiento78. Algunos participantes creyeron también que la sustitución de esa denominación por una denominación en DEG plantearía problemas prácticos y jurídicos. En consecuencia, nada se hizo.

Los únicos cambios que se introdujeron fueron de importancia relativamente menor. El primero tuvo por objeto realzar la liquidez de los títulos de crédito derivados de los AGP, para lo cual se facilitó su transferencia entre participantes79. El segundo fue un entendimiento para permitir, en un régimen ad hoc, que los préstamos de los AGP permanecieran insolutos por un lapso superior a cinco años si el crédito correlativo del Fondo al participante se concedía por un plazo superior a los cinco años. De este modo se contempló la posibilidad de que el Fondo concediera a un participante un crédito en virtud del servicio ampliado con plazos de amortización más largos, cosa que hasta ahora, sin embargo, no ha ocurrido.

Los Acuerdos Generales, en consecuencia, se mantuvieron virtualmente inalterados de 1962 a 1982. Esta inercia acaso se deba a tres razones principales, particularmente en el decenio de 1970. Primera, los participantes consideraron que el Fondo era una línea de apoyo menos necesaria en este período. La transición de tipos de cambio fijos a tipos de cambio flotantes dio a los participantes una gama más amplia de opciones sustantivas. Tuvieron menos necesidad de defender un determinado tipo de cambio y de acudir al Fondo en apoyo de esas medidas; el Fondo, por su parte, tuvo menos necesidad de utilizar los Acuerdos Generales.

Segunda, la rápida expansión de los euromercados como fuente de crédito para los países prestatarios constituyó una alternativa más cara, aunque incondicional, a los giros sobre el Fondo. La expansión de la red de créditos recíprocos de la Reserva Federal y la creación por la Comunidad Europea de nuevos servicios de financiamiento a corto y mediano plazo suministraron también otras fuentes de crédito oficial a los principales países industriales. La tendencia de estos países a gestionar sus propios arreglos de financiación fuera del Fondo, excepto in extremis, se vio reforzada por cambios en las operaciones del Fondo que limitaron la capacidad de éste para satisfacer posibles giros de estos países miembros. El establecimiento de nuevos servicios de crédito, la liberalización de los existentes, los límites de acceso más elevados y el aumento del número de países en desarrollo prestatarios se conjugaron para agobiar seriamente los recursos del Fondo durante el decenio de 1970. Las dificultades habrían sido considerablemente mayores si los participantes del Grupo de los Diez hubieran utilizado los recursos del Fondo con la misma frecuencia con que lo habían hecho en el segundo lustro de los años sesenta.

La tercera razón, más general, fue la renuencia de los países industriales más poderosos a contraer nuevos compromisos internacionales en un momento en que sus propias economías estaban pasando por el arduo, y a veces penoso, proceso de ajuste a crecientes presiones inflacionarias, precios más elevados del petróleo y desequilibrios estructurales muy arraigados. Este enfoque más introspectivo y la preocupación por los problemas internos inmediatos no fueron características exclusivas de los principales países industriales, ni tampoco fueron los Acuerdos Generales la única víctima de estas circunstancias. En el decenio de 1970, la cooperación monetaria internacional se limitó principalmente a la administración de las crisis de corto plazo. El Fondo pudo establecer nuevos servicios para atender problemas específicos y obtener empréstitos temporales de los países superavitarios. Sin embargo, las cuotas del Fondo se rezagaron mucho frente al crecimiento del comercio mundial y al acelerado incremento de los movimientos de capital. Los DEG—que teóricamente debían constituirse en un activo de reserva importante y bajo control internacional—concluyeron el decenio como un suplemento relativamente menor de las reservas de los países miembros. Análogamente, las deliberaciones dentro del Fondo respecto del establecimiento de un conjunto más ordenado de arreglos relativos a los tipos de cambio para las principales monedas exhibió exiguo progreso80.

Desde un punto de vista retrospectivo, por lo tanto, la voluntad política—que había sido un elemento vital en la creación de los AGP—fue relativamente endeble en los principales países industriales. Sin embargo, los Acuerdos Generales continuaron en vigor. Siguieron manteniendo un valor potencial, al tiempo que se observaban presiones en favor de su reforma. Todas estas corrientes se conjugaron en 1982.

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