Chapter

9. Hacia un nuevo contrato social en Rusia

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
September 1999
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Fragmentos de un discurso pronunciado ante el Foro Económico de San Petersburgo, Rusia, el 16 de junio de 1999.

Mi llegada a San Petersburgo me ha contagiado el fervor que se siente en este país con motivo de la celebración del bicentenario del nacimiento de Alejandro Pushkin. Incapaz, lamentablemente, de leer a este autor en su propio idioma, he quedado, sin embargo, conmovido por su poesía y sorprendido al descubrir que, además, era muy versado en economía contemporánea. Al parecer, su personaje inmortal, Eugenio Oneguin, de quien dijo:

No le gustaba Homero ni Teócrito;

sin embargo, leía a Adam Smith

y era un profundo economista …

comprendía que la prosperidad de un país no depende únicamente de la cantidad de oro que posee sino de su capacidad para producir bienes. En cambio, el padre pródigo de Eugenio no entendía mucho de estos principios, y en su afán por enriquecerse fácilmente, hipotecó todas las tierras ancestrales que pudo. ¿No les parece que muchas de las crisis económicas de los últimes 20 años, por no decir de los últimos 20 meses, han demostrado que muchos que en el mundo presumen de estar a cargo de las economías nacionales tendrían que releer a Pushkin? En lo que nos concierne hoy, propongo que examinemos las condiciones que tienen que darse para que Rusia pueda incrementar su capacidad para producir bienes y hallar la forma en que el Estado progrese, manteniendo al mismo tiempo un orden social justo y armonioso1.

Señor Presidente, las soluciones para superar este reto monumental no son ni fáciles ni instantáneas. El actual impasse económico exige, sin duda alguna, un cambio radical en la forma en que se concilian las exigencias de la política económica, la actividad legislativa, la administración pública y las empresas con las necesidades de los ciudadanos. Aunque preferiría no utilizar el lenguaje de un filósofo francés del siglo XVIII cuyas ¡deas me parecen casi totalmente equivocadas y que, además, no tuvo, como Voltaire y Diderot, el privilegio de entablar amistad con Catalina la Grande —me refiero a Jean Jacques Rousseau— diría que el desafío básico que enfrentan ustedes es cómo plasmar un nuevo“contrato social” genuinamente ruso entre los diversos sectores e instituciones de la sociedad —el gobierno, las empresas y los individuos— que establezca relaciones de mutua independencia entre las partes y fomente la calidad, eficiencia, integridad, buena fe y transparencia de estas relaciones. Todos éstos son valores que están presentes en sus tradiciones y que caracterizan exactamente a las relaciones que se dan en economías eficientes, donde no fueron fruto del azar ni se mantienen sin esfuerzo y desvelos. Siento admiración y simpatía por los numerosos líderes rusos en el poder ejecutivo, el poder legislativo y la sociedad civil que están emprendiendo iniciativas que parecen converger hacia un consenso entre todos los grupos clave de la sociedad para crear algo muy semejante a este nuevo contrato social. ¿Cuáles serían los elementos económicos clave de este contrato en el contexto de una economía de mercado democrática? Permítanme mencionar sólo algunos.

* * *

Primero, el Estado debe completar el proceso de autotransformación para dejar de ser el protagonista económico central —en la planificación, la producción y la fijación de precios— y asumir la función de establecer y defender el imperio de la ley y la protección social básica. Su tarea debe centrarse en la creación de un entorno en que la empresa privada pueda prosperar. Su función legítima es establecer el marco jurídico para el funcionamiento del mercado; actuar como regulador y supervisor de las normas y prácticas esenciales, y formular los objetivos y políticas económicos y sociales de carácter general. Debe abstenerse de participar en la actividad empresarial corriente y dejar de otorgar dispensas y exenciones a la ley. Y debe abstenerse de prometer lo que ya no se puede ofrecer en ninguna parte —una protección social decente para todos— si el presupuesto no cuenta con los recursos necesarios para alcanzar este objetivo que es uno de los más legítimos.

Igualmente fundamental, debe completarse la reorientación básica de la estructura económica del país para que sea más abierta y competitiva, mensaje transmitido sucintamente por el Presidente Yeltsin en marzo de 1999 en su discurso ante la Asamblea Federal cuando afirmó: “el lema del siglo (XXI) es la competitividad y la integración en los procesos mundiales”. Para ello se debe emprender la tarea a largo plazo de reestructurar el sector industrial, lo cual incluye su privatización. Asimismo, este proceso entrañará una reforma comercial y un enfoque ordenado para liberalizar los flujos de capital, respaldado por una reforma estructural y una política macroeconómica apropiadas.

Segundo, las empresas productivas y financieras deben completar el proceso de desvinculación del Estado y actuar simultáneamente como ciudadanos ejemplares. Ya no deben recurrir a las oficinas ministeriales en procura de algún tratamiento favorable, protección para las importaciones, exoneraciones tributarias o subvenciones. En su lugar, deben dedicarse a construir empresas que incrementen la producción, las exportaciones y los ingresos del país. Esta tarea exigirá aceptar las normas internacionales sobre la buena gestión empresarial; en otras palabras, fomentar una cultura y un estilo de gestión que valore la transparencia y la responsabilidad. Asimismo, significa operar en el marco de un sistema jurídico que defina los derechos de propiedad, vele por el cumplimiento de los contratos legítimos e imponga activamente, cuando sea necesario, sanciones en casos de quiebra o incumplimiento tributario. El sistema financiero debe ser eficaz para servir como instrumento para la realización de los pagos y para encauzar los recursos de los ahorristas hacia inversiones productivas en el país. A cambio, todas las empresas, ya sean privadas o públicas, internas o externas, deben exigir de las autoridades un tratamiento equitativo.

Tercero, en ningún lugar del mundo encontraremos una economía eficiente basada en el trueque o en transacciones no monetarias. Por lo tanto, es urgente abolir la cultura de incumplimiento de los pagos, volver a una economía monetizada y erradicar la corrupción. Para alcanzar estos objetivo el Estado debe velar por que:

  • Impere la transparencia y la responsabilidad en todas las instituciones públicas, lo cual, lamentablemente, aún no es una realidad.

  • Se fomente el imperio de la ley mediante un cuerpo central de legislación respaldado por un sistema judicial eficaz y autónomo y un conjunto de normas y códigos de procedimiento apoyados en organismos de reglamentación y supervisión sólidos.

  • Se rembolsen todas sus deudas y se liquiden los atrasos en los pagos de cualquier índole, incluidos los pagos por concepto de salarios, pensiones, insumos de proveedores u obligaciones frente a acreedores externos.

  • El sistema tributario sea sencillo, justo y eficiente y se base en leyes transparentes y en una administración tributaria eficaz.

  • Haya una clara delimitación entre el gobierno federal y los gobiernos regionales, de modo que cada uno tenga responsabilidades claramente definidas y cuente con recursos suficientes para desempeñar sus funciones.

Por último, y no menos importante para un contrato social sólido, el poder ejecutivo y el poder legislativo deben comprometerse clara e inequívocamente a lograr la equidad social. En gran medida, el concepto de equidad está vinculado a la cultura nacional, pero es evidente que la determinación de avanzar en este terreno es un componente esencial para definir cualquier visión nacional del futuro. El primer requisito es simple y consiste en impedir que personas sin escrúpulos se adueñen de ingresos y activos que son propiedad del Estado o de otras personas. No hay nada que cree tanta inequidad, o que socave tanto el respaldo popular a las reformas, como la malversación a gran escala de ingresos y activos públicos. Todo contrato social digno de esa denominación, y toda sociedad, como la rusa tradicionalmente preocupada por la comunidad, debe eliminar esta llaga. Asimismo, debe asegurarse a la población el acceso equitativo a la educación y los servicios de salud y la previsión para las personas de la tercera edad. Asimismo, en Rusia, donde el camino por recorrer aún es largo, es esencial que haya una red de protección social adecuada para ayudar a los más vulnerables a hacer frente a los costos de la transformación económica. Se trata básicamente de dar un mayor peso en el presupuesto público a las necesidades sociales que a las demandas de los grupos que persiguen intereses económicos particulares. Pero, para ello, señor Presidente, debe dotarse al Estado de recursos suficientes.

Al hablar del componente social de este“contrato” en un país democrático, no debemos perder de vista la piedra angular sobre la que está construida la democracia: la aceptación y el cumplimiento de las obligaciones tributarias. Se trata de uno de los requisitos básicos de la democracia y también de toda economía social de mercado que funcione eficientemente. El Estado no puede cumplir sus responsabilidades sociales si los ciudadanos y las empresas eluden su deber como contribuyentes, o si deciden esperar a que el sistema tributario se conforme a su idea de justicia antes de empezar a cumplir con este deber primordial de todo ciudadano libre. De allí proviene nuestra insistencia y respaldo para que Rusia resuelva su problema fiscal de modo tal que pueda construir su propia versión de una economía social del mercado eficiente.

* * *

Señor Presidente, hablar de un “contrato social” significa, por así decir, hablar del “primer día”de la historia de un país. Y, al contemplar los desafíos, los recursos y las ambiciones de Rusia para el futuro, creo que podemos decir que en cierta medida de eso se trata en el caso de este país, pese al extraordinario papel que ha tenido en la historia de la humanidad. En ese “primer día” la sociedad se define a sí misma, y las referencias con respecto al resto del mundo son menos significativas. Pero en una época en que la interdependencia es tan crucial, ¿no habrá alguna función que pueda desempeñar la comunidad internacional para ayudarlos a aplicar sus estrategias encaminadas a aliviar las penurias y la duración del ajuste inicial? Si cree que sí, recuerde que el FMI fue creado con ese fin y está dispuesto a continuar su labor aquí.

El desafío básico que enfrentan ustedes es cómo plasmar un nuevo contrato social genuinamente ruso.

El FMI ha mantenido un diálogo activo con el Gobierno durante todo el período de la transición. No me cabe la menor duda de que este dialogo se mantendrá en un espíritu constructivo y mutuamente respetuoso, con una idea realista de lo que necesitamos hacer. A medida que el país defina su visión de futuro, nuestra función —y la de la comunidad internacional en general— será ayudarlos a encontrar los instrumentos específicos necesarios para hacer de esa visión una realidad; seguir ofreciendo asistencia técnica para crear las instituciones que exige una economía de mercado y proporcionar financiamiento, a plazos relativamente cortos en el caso del FMI y y a más largo plazo en el caso de los otros organismos. Pero no debemos sobreestimar la importancia del financiamiento externo.

En resumen, nuestro objetivo es ayudar a Rusia a ayudarse a sí misma. Puede considerarse que el programa económico del nuevo gobierno es una orientación para dar los primeros pasos en lo que promete ser un largo viaje. Este programa tiene por objeto superar las consecuencias socioeconómicas negativas de la crisis de agosto de 1998. Si el programa se aplica cabalmente y con perseverancia, se recuperará la estabilidad macroeconómica mediante la adopción de políticas financieras suficientemente restrictivas y, sobre todo, una política fiscal que exija el cumplimiento de las obligaciones tributarias legales y el control de las autorizaciones de gasto público. Al mismo tiempo, se abordarán problemas estructurales clave a través de un programa integral —diseñado en colaboración con el FMI y nuestros colegas del Banco Mundial y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo— para reestructurar el sistema bancario, y se aplicarán una serie de medidas encaminadas a corregir el apremiante problema de la falta de pago. El objetivo esencial de lograr la viabilidad externa —sin la cual nada es posible— dependerá de que se encuentre una solución al problema de la deuda externa basada en relaciones de cooperación con los acreedores de Rusia. Me complace constatar que ya se han adoptado algunas de las medidas acordadas, lo cual me hace pensar que Rusia avanzará rápidamente en la enorme tarea que representa aplicar un programa cuyo objetivo es seguir haciendo frente a los desafíos históricos que se plantean.

Señor Presidente, a quienes estén familiarizados con el FMI posiblemente les sorprenda que, entre todas las medidas que he mencionado hoy, haya dejado casi para el final de mi alocución la mención del concepto de la estabilidad macroeconómica. Considero que es un condición sine qua non para el progreso que un país bien gobernado cuente con un marco fiscal y monetario sólido en el que se basen todas las demás políticas. Sé que ésta es una idea que goza de aceptación general en Rusia pese a que el pilar fiscal de la estabilidad macroeconómica aún no esté firmemente cimentado.

Mi intención hoy ha sido tratar de presentar una perspectiva a largo plazo y compartir con ustedes la tarea de formular una visión de largo alcance que oriente el desarrollo de Rusia y de identificar las políticas necesarias para transformar esa visión en realidad. El crecimiento de la economía y el mejoramiento de los niveles de vida sólo se materializarán si las empresas y las personas se comprometen con el país y si están dispuestas a invertir sus ahorros en Rusia y construir para el futuro, en lugar de apropiarse de todo cuanto esté al alcance hoy. A su vez, esto exige un entorno justo, estable y seguro para la actividad empresarial privada. Es con miras a la creación de ese entorno, así como una sociedad justa y armoniosa, que he intentado buscar en los valores nacionales los elementos de un nuevo contrato social para Rusia. Si se restablece el impulso de las reformas, el país podrá fortalecer su economía, lograr una mayor estabilidad y alcanzar la prosperidad que el pueblo ruso se merece. La tarea por delante es inmensa. Y es urgente, porque el pueblo ruso necesita ver que se ha adoptado una nueva estrategia para un futuro mejor. Tengan la certeza de que, una vez que se recobre el impulso, este gran país tendrá el potencial y la resistencia para reconstruirse y volver a ocupar el lugar que le corresponde en la vanguardia mundial del progreso humano, la cultura y la civilización.

Texto completo de la estrofa 1.7 de Eugenio Oneguin de Alejandro Pushkin.

No le gustaba Homero ni Teócrito; sin embargo, leía a Adam Smith y era un profundo economista; es decir sabía juzgar de qué manera el gobierno se enriquece, de qué vive y por qué no le hace falta oro cuando tiene materias primas. Su padre no le comprendía y empeñaba sus tierras.

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