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Informe sobre la estabilidad financiera mundial: FMI: Hay que contener la crisis y reconsiderar el sistema financiero

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2009
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La conmoción del sistema financiero mundial exigirá un esfuerzo integral de las autoridades nacionales para restablecer la confianza, reparar el funcionamiento de los mercados de crédito y formular políticas a largo plazo para restaurar el sistema, señaló el FMI en el Informe sobre la estabilidad financiera mundial.

Se precisa una estrategia uniforme y coherente para contener la crisis crediticia desencadenada por las hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos. El proceso debe regirse por cinco principios:

  • Aplicar medidas que sean integrales y oportunas, y darlas a conocer claramente.

  • Fijarse como objetivo el establecimiento de políticas uniformes y coherentes.

  • Asegurar una respuesta rápida en base a la detección precoz de tensiones.

  • Garantizar que las intervenciones gubernamentales de emergencia sean temporales y que se protejan los intereses de los contribuyentes.

  • Procurar alcanzar el objetivo a mediano plazo de crear un sistema financiero más sólido, competitivo y eficiente.

Según el informe publicado el 7 de octubre, el principal desafío a mediano plazo para las autoridades consiste en romper —y revertir— el círculo vicioso de repercusiones adversas entre el sistema financiero y la economía real, en el que la tensión de las instituciones financieras entorpece la intermediación y el crecimiento económico, y exacerba el deterioro del crédito.

Las autoridades estadounidenses han renunciado a las soluciones parciales y están trazando una estrategia integral y sistemática para ayudar a reanimar los mercados privados y facilitar la recapitalización. Entre otras cosas, el plan actual comprende un mayor apoyo de liquidez a los mercados de crédito, que están paralizados porque las instituciones no se atreven a prestarse entre sí; la compra de activos problemáticos para sanear los balances de los bancos, y la ampliación de las garantías de depósitos.

Pero aunque que estos son pasos acertados, el FMI deja entrever la posibilidad de que no basten para devolver la confianza al sistema de crédito, ya que aún no se concretan muchos detalles. La compra de activos tiene que gestionarse bien, y los objetivos deben puntualizarse para generar respaldo público.

Para revertir la espiral que afecta a los mercados financieros y restablecer la confianza hay que abordar simultáneamente tres cuestiones interrelacionadas: la caída del valor de los activos, los trastornos de los mercados de financiamiento y la insuficiencia de capital para apoyar el crecimiento del crédito. En particular:

  • Capital: Los bancos mundiales necesitan unos US$675.000 millones en capital adicional. Dada la limitada capacidad para captar nuevo capital privado, las autoridades podrían inyectar capital en las instituciones viables y proceder a la resolución ordenada de los bancos inviables.

  • Financiamiento: Como a muchas instituciones les resulta muy difícil obtener financiamiento mayorista, cabría constituir garantías para cubrir pasivos de deuda privilegiada y subordinada por cierto tiempo. También podrían ampliarse las garantías de depósito de las cuentas personales.

  • Activos: Los balances del sector público pueden usarse para absorber activos y evitar las liquidaciones a precios irrisorios que pueden descapitalizar a los bancos. Los países cuyos bancos están muy expuestos a activos en dificultades podrían considerar la venta de activos al gobierno o el financiamiento mediante una administradora de activos que brinde un marco de claridad legal y rendición de cuentas.

Además de enfrentar la crisis inmediata, las autoridades tienen que empezar a pensar a largo plazo. A raíz de la crisis ha disminuido la presión para preservar las actuales prácticas empresariales y estructuras reglamentarias, y eso brinda una oportunidad para replantear la arquitectura financiera mundial. Según el FMI, el sector privado también ha de cumplir una función.

“Hay una oportunidad y una necesidad de avanzar hacia una arquitectura macroprudencial y regulatoria más integrada y uniforme, y eso conlleva una coordinación y cooperación internacional más estrecha y eficaz entre supervisores, reguladores y bancos centrales”, señala el informe.

Para mejorar la estructura financiera mundial, el FMI recomienda lo siguiente:

  • Las autoridades tienen que garantizar que las empresas determinen el riesgo con una saludable perspectiva a largo plazo y armonicen las normas de divulgación del riesgo entre empresas y países.

  • Los bancos y las empresas de valores deben mejorar la gestión de la liquidez, y los bancos centrales tienen que adoptar mecanismos de apoyo que puedan activarse en forma rápida y flexible si surgen presiones sistémicas.

  • Los bancos con fuerte presencia en otros países deben revaluar sus planes de préstamos internacionales, y las autoridades tienen que cooperar y elaborar planes internacionales de contingencias, cerciorándose de que las leyes internas no interfieran con la cooperación internacional.

Las instituciones financieras siguen acumulando pérdidas, y la viabilidad de algunas de ellas es incierta si no reciben inyecciones de capital adecuadas. Se estima que las pérdidas por préstamos y valores en Estados Unidos pueden ascender a US$1,4 billones, es decir, muy por encima de los US$945.000 millones estimados en abril de 2008.

A finales de septiembre de 2008 las pérdidas efectivas eran de US$560.000 millones, pero los precios de las acciones han seguido desplomándose y las perspectivas de ingresos se han estancado. Las dificultades para captar capital están complicando el saneamiento de los balances de los bancos.

El riesgo más grave será una agudización del círculo vicioso de repercusiones adversas entre el sistema financiero y la economía real. El informe —basado en Perspectivas de la economía mundial del FMI— prevé que en Estados Unidos, la zona del euro y el Reino Unido el crecimiento descenderá casi a cero en el próximo año y repuntará en 2010.

El desapalancamiento es necesario e inevitable, pero no tiene que ser desordenado. En las condiciones actuales, las ventas de activos y la menor renovación de depósitos han complicado el proceso porque los precios de numerosos valores con respaldo hipotecario están deprimidos y hay pocos compradores. Los intentos del mercado privado por apuntalar estos valores han sido infructuosos.

El gobierno de Estados Unidos aprobó hace poco un plan de US$700.000 para que el Tesoro comprase, con ciertas restricciones, activos estadounidenses en dificultades, a fin de limitar las ventas a precios irrisorios y establecer precios realistas. Pero con la actual incertidumbre es difícil determinar los flujos de fondos que generarán estos activos.

El apoyo a los precios de los activos es solo uno de tres aspectos de la solución. Las instituciones financieras tienen que captar más capital, pero no pueden hacerlo en las condiciones actuales. Algunos inversionistas mostraron interés antes, pero ahora se resisten. Los modelos de negocios y flujos de ingresos actuales son más inciertos porque la titulización prácticamente se ha detenido, y eso hace más arriesgadas las inversiones de capital privado en los bancos.

Como no puede obtenerse capital nuevo en los mercados privados, es hora de pensar en la recapitalización a través de los balances del sector público, ya que las inquietudes de solvencia han paralizado el financiamiento interbancario. Por último, los gobiernos están tomando medidas para proporcionar la liquidez que tanto necesitan el sector financiero y sus clientes.

Ya no se piensa, como hasta hace poco, que los mercados emergentes resistirán bien las repercusiones de los mercados maduros. Las salidas de capital se han intensificado, dando lugar a una mayor restricción de la liquidez internacional y en ciertos casos hasta nacional. Los problemas son más graves en las economías cuya banca y empresas apalancadas dependen del financiamiento externo.

El “desacoplamiento” —o la idea de que los mercados emergentes dependen menos de las economías maduras— se ha borrado del vocabulario de los economistas, pero hay quienes abrigan la esperanza de que esta vez los mercados emergentes no sucumbirán.

Las economías emergentes en general tienen saldos fiscales más altos, menos deuda soberana, más reservas de divisas, mejores marcos de política y economías más saludables. Muchas de las mejoras se deben al reciente boom de las materias primas. Pero aún así, los vínculos con los mercados mundiales y otras economías han seguido aumentado y han empezado a minar los mejores fundamentos internos.

Además, hay otras economías emergentes que siguen siendo vulnerables. Los países que enfrentan los mayores riesgos son los que dependen de mejoras en los términos de intercambio o del crédito externo.

En Europa, las economías emergentes recurrieron al crédito otorgado por bancos o inversionistas extranjeros mediante la emisión de bonos de bancos locales en el extranjero. Esa fuente se ha agotado, y aun cuando las matrices mantengan su compromiso con las filiales, será casi inevitable que restrinjan el crédito local y extranjero si el financiamiento en el país sede se complica.

Peter Dattels y Laura Kodres

FMI, Departamento de Mercados

Monetarios y de Capital

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