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Décimo aniversario del euro: El euro marca un hito en medio de la desaceleración

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
September 2008
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Hace diez años, los jefes de Estado de la Unión Europea (UE) dieron el visto bueno a la tercera etapa de la Unión Económica y Monetaria (UEM) al aprobar la adopción del euro en 11 Estados miembros el 1 de enero de 1999.

Desde entonces, otros cuatro países han adoptado esa moneda, y la República Eslovaca será el próximo, a comienzos de 2009.

Un éxito manifiesto

En su examen anual de las políticas económicas de la zona del euro, el Directorio Ejecutivo del FMI celebró ese aniversario como un logro trascendente, señalando que la unión monetaria representa un éxito manifiesto y que los marcos de política de la UEM han creado un espacio de estabilidad en la economía internacional.

Pero el Directorio también recalcó que el proyecto está inconcluso: el crecimiento de la productividad ha sido decepcionante y hay amplias disparidades económicas entre los 15 países que emplean el euro.

Una sucesión de shocks

Esos desafíos estructurales se han visto agravados por varios hechos. La zona del euro soporta las tensiones emergentes de shocks como los que han afectado los mercados de materias primas y los mercados financieros. Los precios del petróleo han alcanzado máximos históricos, los saldos financieros han caído sustancialmente, los costos de endeudamiento y las primas por riesgo de incumplimiento han aumentado y los diferenciales entre las tasas de interés para operaciones de distintos plazos en los mercados monetarios se mantienen elevados.

La mayoría de esos shocks son de alcance mundial, pero sobre la zona del euro ha recaído desproporcionadamente la depreciación del dólar (gráfico 1). El FMI estima que el tipo de cambio efectivo real del euro se sitúa al menos 10% por encima del nivel que justificarían los parámetros fundamentales a mediano plazo.

Gráfico 1¿Una ventaja contraproducente?

El euro se ha apreciado frente a las principales monedas del mundo.

Citation: 37, 9; 10.5089/9781451943795.023.A006

Fuente: Haver Analytics.

Aunque al principio la zona del euro resistió los embates, hoy enfrenta una inflación preocupantemente alta y una deceleración económica. La inflación ha alcanzado un máximo sin precedentes de 4,1% (aunque se mantiene por debajo del 2% si se excluyen la energía y los alimentos); asimismo el crecimiento está perdiendo impulso rápidamente y el FMI prevé que seguirá siendo débil en los próximos trimestres antes de recuperar su tendencia durante 2009 (gráfico 2).

Gráfico 2Una mala racha

Se prevén varios trimestres de lento crecimiento en la zona del euro.

(Crecimiento del PIB por trimestre, porcentaje)

Citation: 37, 9; 10.5089/9781451943795.023.A006

Fuentes: Eurostat y cálculos del personal técnico del FMI.

1Proyección preliminar de Perspectivas de la economía mundial del FMI.

Difíciles disyuntivas de política

En este contexto, la política monetaria tiene que equilibrar el riesgo de que el actual shock de precios provoque un aumento generalizado y duradero de la inflación, y la perspectiva de que la desaceleración gradualmente comience a empujar los precios y los salarios a la baja.

Mucho dependerá de la evolución de los costos de la mano de obra y las expectativas de inflación. La persistente moderación salarial de la última década indica que las anteriores reformas del mercado de trabajo han mejorado el equilibrio entre inflación y empleo. Este es un hecho tranquilizador, como lo es la ausencia de señales de descontrol de las expectativas inflacionarias. No obstante, subsiste el riesgo de efectos de segunda ronda.

La actual turbulencia financiera complica la política monetaria: las condiciones financieras se han endurecido sustancialmente desde el verano pasado y el contexto financiero sigue bajo presión. Así, el ajuste de la política monetaria plantea sus propios riesgos. Luego de elevar su principal tasa de referencia a 4,25% el 3 de julio, el Banco Central Europeo (BCE) anunció que vigilaría la situación y que haría lo necesario para mantener la estabilidad de precios, la única aguja que guía la brújula de sus objetivos de política. El FMI considera que por el momento lo mejor es mantener inalteradas las tasas de referencia.

La contracción del crédito

El BCE ha desempeñado un papel fundamental frente a la turbulencia financiera mundial, dentro de un marco de gestión de la liquidez flexible y robusto. El principal desafío es restablecer la profundidad y el funcionamiento ordenado de los mercados interbancarios. El BCE está actuando correctamente al someter su marco operativo a una revisión constante, especialmente en lo concerniente a las garantías que admite.

Pero sus operaciones de liquidez no pueden resolver los problemas básicos que genera la turbulencia, y la estabilidad financiera plantea un panorama sumamente incierto. Si bien el sistema bancario de la zona del euro es esencialmente sólido, su entorno operativo y su rentabilidad se han visto perjudicados.

Si hay un aspecto positivo, quizá sea el ímpetu que ha cobrado el debate sobre el marco de estabilidad financiera de la UE. El compromiso de desarrollar un mercado único de servicios financieros exige un mayor grado de responsabilidad conjunta y rendición de cuentas para la estabilidad del sector. Los avances recientes son importantes, como la adopción de principios comunes para la gestión de las crisis transfronterizas y un memorando de entendimiento para ponerlos en práctica.

Pero hay que armonizar los marcos nacionales de estabilidad financiera con dichos principios, y eso exige liderazgo político, como el que llevó a la creación del euro.

Un enfoque disciplinado

Las tensiones financieras y de otra índole no deben desviar la atención de la importancia de políticas fiscales y estructurales sólidas, esenciales para el desempeño económico a largo plazo.

Lo más conveniente es seguir un marco de política fiscal basado en reglas, como lo dispone el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Este ha contribuido a fomentar la disciplina fiscal, pero es fundamental avanzar más en la reducción del déficit público para atender los costos del envejecimiento de la población, que se dispararán después de 2010.

Por otra parte, las reformas estructurales anteriores y actuales están rindiendo frutos, especialmente en cuanto a una mayor utilización de la mano de obra. Para capitalizar estos logros y construir una unión económica próspera, será necesario focalizar coordinadamente las políticas estructurales en los mercados de servicios, todavía protegidos, y en la capacidad de los países de ajustarse a los shocks.

Al cabo de diez años de existencia, la zona del euro tiene mucho que celebrar, y está en condiciones de prevenir los nuevos riesgos emergentes de la contracción del crédito, siempre que adopte las decisiones de política correctas.

Martin Cihák y Wim Fonteyne

FMI, Departamento de Europa

Este artículo se basa en el informe del personal del FMI sobre las políticas en la zona del euro e informes conexos (http://www.imf.org/external/np/sec/pn/2008/pn0898.htm).

Economías emergentes y avanzadas de Europa: Se cierra la brecha del ingreso

Las economías emergentes de Europa se expanden con rapidez. El crecimiento anual del PIB real de la región promedió cerca del 6% en el último quinquenio, acelerando la recuperación iniciada a fines de los años noventa, y fue especialmente rápido en los Estados bálticos, seguidos del sur y el centro de Europa oriental.

Entre las economías emergentes, solo las de Asia crecieron con más celeridad esta década. Así se redujo la marcada diferencia de ingresos entre las economías emergentes y avanzadas de Europa, pero aun si el crecimiento continuara al ritmo de los cinco últimos años, Europa central y oriental tardaría dos decenios en ponerse al nivel de Europa occidental.

Los nuevos miembros de la UE, de la región báltica y la mayor parte de Europa central y oriental, han realizado reformas estructurales sustanciales, reduciendo el papel del Estado en la economía y creando un clima de negocios propicio que está atrayendo inversión extranjera directa. También están muy abiertos al comercio internacional, y sus mercados laborales son más flexibles que los de la zona del euro.

En cambio, el sur de Europa oriental ha quedado rezagado, en parte porque muchos de estos países aún no pertenecen a la UE y no pueden aprovechar plenamente el proceso de armonización. Con todo, su ingreso per cápita es más bajo, lo cual podría facilitar un crecimiento veloz, con las políticas adecuadas.

Aunque desde el punto de vista macroeconómico se podría hacer más por despejar el temor a un sobrecalentamiento en algunos países, las políticas en general han sido conducentes a la convergencia. Debido en parte a que los ingresos públicos siguen el ciclo económico, la mayoría de los países tiene déficits fiscales relativamente bajos —o incluso pequeños superávits— y reducidos niveles de deuda pública.

Los bancos centrales son independientes y tienen hoy más credibilidad como guardianes de la estabilidad macroeconómica. Pero la creciente inflación, causada más que nada por las materias primas, plantea nuevos retos.

Aunque la convergencia con Europa occidental probablemente continúe, en 2008–09 se prevé una desaceleración del crecimiento. De hecho, la región está creciendo a un ritmo que ni siquiera sus sólidos fundamentos económicos parecen justificar.

Según las estimaciones de un modelo empírico, aunque el crecimiento potencial es elevado en todas las economías emergentes de Europa, en los últimos años el crecimiento efectivo fue aún más vigoroso en todos los países, con la excepción de Hungría. La diferencia es más marcada en los Estados bálticos —particularmente Letonia—, seguidos del sur y centro de Europa oriental. En promedio, en 2003–07 la rapidez del crecimiento de la región estuvo alrededor del 2% por encima del potencial.

La convergencia podría resultar volátil en los países con fuertes desequilibrios externos. Aunque no están reñidos con la convergencia regional, los déficits en cuenta corriente son muy superiores al nivel que justificarían los fundamentos económicos, lo cual expone a estos países a un ajuste abrupto. La elevada deuda externa también es fuente de vulnerabilidad.

Además, la profundización financiera ha sido extremadamente rápida; de hecho, este año se está desacelerando. El ritmo de expansión del crédito en relación con el crecimiento de la economía ha excedido al de otras economías emergentes, especialmente si se suma al crédito bancario el otorgado por instituciones financieras no bancarias y el que toman directamente en el exterior las empresas y, con mayor frecuencia, los hogares.

Además de políticas macroeconómicas sólidas, será vital impulsar la reforma estructural para lograr una convergencia fluida.

Athanasios Vamvadakis

FMI, Departamento de Europa

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