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Fortalecimiento de las capacidades: El FMI ayuda a afianzar el sector financiero de África

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
September 2008
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Alo largo y ancho de África, el FMI está contribuyendo a desarrollar y fortalecer instituciones, mercados y capacidades para formular y ejecutar políticas monetarias y financieras prudentes. El fruto de ese esfuerzo son sistemas financieros más sólidos que apuntalan tasas de crecimiento elevadas y sostenidas.

Esta asistencia técnica permite a los paises enriquecer mutuamente sus conocimientos y facilita la divulgación y el cumplimiento de normas internacionales. Uno de sus beneficios es una mayor participación de los donantes en la financiación de las actividades de fortalecimiento de las capacidades que organiza el FMI.

Respaldo al crecimiento

El afianzamiento de los sistemas financieros complementa los avances macroeconómicos logrados por muchos países de África subsahariana. Como lo señala un informe del FMI sobre las perspectivas económicas, en 2007 la región experimentó una de las tasas de crecimiento más altas de las últimas décadas: el PIB real aumentó un 6½% gracias a la expansión de la producción petrolera de exportación, la modernización de la intermediación crediticia, y el avance de la productividad y la inversión nacional.

Los mercados financieros de varios países están atrayendo inversionistas institucionales y prometen transformarse en una segunda generación de mercados emergentes. Según la revista Finanzas & Desarrollo, las tendencias que presagiaron la llegada de inversionistas institucionales a los mercados emergentes en los años ochenta se observan hoy en ciertas partes de África subsahariana: el crecimiento está despegando, empujado principalmente por el sector privado y acompañado de apertura financiera.

Si bien la vigorosa demanda mundial de materias primas, la mayor afluencia de capitales y el alivio de la deuda multiplicaron los recursos y alentaron el crecimiento, el ímpetu proviene también de la estabilización de las economías y la ejecución de reformas estructurales en los sectores monetario y financiero, entre otros. Estos son algunos logros concretos:

  • Reducción y contención de la inflación. La capacidad de gestión de la liquidez se perfeccionó y —gracias a nuevos instrumentos monetarios y mejores herramientas de pronóstico de liquidez y formulación de políticas— contribuyó decisivamente a reducir la inflación tendencial en numerosos países. Muchos modernizaron los sistemas de pago y liquidación, y hoy trabajan con liquidación bruta en tiempo real, gracias a lo cual los bancos centrales pueden administrar mejor la liquidez. También se establecieron mercados de dinero y deuda, aunque sería conveniente lograr avances en su operación.

  • Funcionamiento de mercados de divisas. La unificación de mercados de divisas segmentados o paralelos progresó considerablemente. Muchos países de África subsahariana hoy tienen en funcionamiento mercados interbancarios de divisas aunque en gran medida no son eficientes todavía, el volumen de transacciones es bajo y no operan en futuros ni en derivados ni en otros instrumentos de cobertura.

  • Afianzamiento del sector financiero. Gracias a los avances en cuanto a supervisión y recapitalización, los bancos resisten mejor los shocks y la intermediación crediticia es más fluida, aunque quedan defectos estructurales por corregir y los sistemas financieros de varios países no se han desarrollado del todo. La regulación y supervisión bancaria también mejoraron considerablemente, pero en varios casos falta un cumplimiento fehaciente con las normas internacionales y persisten deficiencias notables en las subregiones de la Comunidad Económica y Monetaria de África Central y la Unión Económica y Monetaria del África Occidental.

  • Reconstrucción en los países en situación de posconflicto. Continúa el restablecimiento de las funciones básicas de banca y pagos en las economías que acaban de salir de un conflicto armado, cuyo banco central o cuya autoridad monetaria dejaron de existir y cuyas instituciones públicas y bancarias quedaron destruidas o gravemente dañadas. Tal es el caso de Burundi, Côte d’Ivoire, Eritrea, Liberia, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo y Sierra Leona, que juntos reciben alrededor de una cuarta parte de la asistencia técnica que el FMI destina a África subsahariana.

Mejoramiento de la asistencia técnica

A medida que África subsahariana moderniza los sistemas financieros y la infraestructura, y se estabiliza a nivel macroeconómico, surgen nuevos retos. Así, en este momento la asistencia del FMI está centrada en el sector financiero. Muchos países necesitan ayuda para manejar la liquidez generada por las donaciones de ayuda o por la escalada de los precios del petróleo y de otras materias primas.

En muchos casos es prioritario poner al día los marcos de política monetaria, y varios países, como Ghana, Nigeria, Botswana y Uganda, ya instituyeron metas de inflación o tienen interés en hacerlo. El FMI les está brindando asistencia en la elaboración de los marcos necesarios, la mejora de la calidad de los datos y la creación de modelos de pronóstico de la inflación y estrategias de comunicación.

En el sector bancario, la importancia de preservar la estabilidad financiera exige más aptitudes relativamente especializadas, y varios países han solicitado ayuda a la institución en cuestiones tales como pruebas de tensión, las reglas de Basilea II sobre capitalización y la supervisión basada en el riesgo.

La expansión de los mercados de capital y de las instituciones financieras no bancarias añadió otra dimensión a las actividades de fortalecimiento de las capacidades que lleva a cabo el FMI. Una característica común es el crecimiento de las instituciones financieras no bancarias que aceptan depósitos, como cooperativas de crédito e instituciones de microfinanciamiento. Se trata de sectores pequeños, pero que podrían amenazar la estabilidad financiera, y el FMI está contribuyendo a que se afiancen la supervisión y la regulación en Benin, Burkina Faso, Côte d’Ivoire, Guinea, Senegal y Togo.

En Botswana, Malawi, Mauricio, Namibia, Rwanda y Swazilandia, la institución ofrece asistencia en áreas como supervisión, gobernabilidad y regulación de los sectores de pensiones y seguros. También atiende las necesidades de reforzar la regulación y el control del riesgo en el sector bursátil, y asesora sobre la administración de los activos y pasivos públicos.

El caso de Rwanda

La economía y el sector financiero de Rwanda quedaron prácticamente diezmados por el genocidio de 1994. El Banco de Rwanda (BR) puso en marcha una reforma generalizada que incluyó la liberalización de la economía. Aunque no se tardó en adoptar un régimen cambiario flexible, surgieron nuevos riesgos para la gestión monetaria.

El BR carecía de instrumentos adecuados para administrar la cuantiosa ayuda del exterior. El Ministerio de Hacienda tenía dificultades para emitir letras del Tesoro con fines de política monetaria, y la fragilidad financiera del banco central le impedía usar sus propias letras o depósitos remunerados como instrumentos monetarios. A la vez, los nuevos bancos comerciales no tenían muchas oportunidades para lanzar créditos redituables.

Paralelamente al Servicio para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza, el FMI proporcionó una asistencia técnica extensa para fortalecer las operaciones críticas y subsidiarias del banco central: operaciones monetarias y gestión de la liquidez, auditoría interna, análisis de política monetaria, operaciones cambiarias, gestión de reservas en divisas y supervisión de bancos.

Esta ayuda se financió con recursos propios y donados, y se canalizó desde Washington y a través del Centro Regional de Asistencia Técnica ubicado en Dar es Salaam, Tanzanía, mediante residencias a largo plazo de especialistas, visitas de expertos, misiones de consulta y asistencia desde la sede para la redacción de leyes financieras.

El BR —principal regulador y supervisor del sector financiero— aprovechó bien la asistencia del FMI para restablecer funciones críticas, pero aún se enfrenta a duros retos, como la falta de profundidad del sector financiero, la escasez de capital humano y la necesidad de afianzar más los marcos institucionales, jurídicos y judiciales.

Las operaciones del banco central son considerablemente más sólidas, pero hay mejoras pendientes, por ejemplo en la función de auditoría interna. Aunque el FMI sigue canalizando la asistencia técnica hacia ámbitos bancarios tradicionales como los sistemas de supervisión y pagos, la está expandiendo a la gestión del tipo de cambio y al desarrollo de mercados interbancarios de divisas y capital.

El caso de Nigeria

La asistencia técnica a Nigeria se intensificó tras el Programa de Evaluación del Sector Financiero de 2002, y hoy combina el tradicional fortalecimiento de las capacidades con la ayuda focalizada. Concretamente, el FMI respaldó un programa de reestructuración del sector financiero organizado por las autoridades nacionales y contribuyó a la implementación de cambios de política en una economía cada vez más orientada al mercado.

A mediados de 2004, el Banco Central de Nigeria (BCN) inició reformas para consolidar la banca mediante el aumento de la capitalización y una gestión monetaria más característica de una economía de mercado.

El FMI procuró minimizar los riesgos y costos del programa centrándose en sus componentes fundamentales: el establecimiento de instituciones supervisoras, la adopción de normas contables sólidas para valorar los activos bancarios, las soluciones a la capitalización insuficiente de algunos bancos y el fortalecimiento de la potestad jurídica del BCN para clausurar bancos insolventes.

No quedaron excluidos de la asistencia los procesos jurídicos necesarios para establecer una compañía que administrase los activos y redujese al mínimo los costos presupuestarios de la liquidación de algunos bancos, ni la reforma de la supervisión de los bancos consolidados. El FMI también ayudó a unificar los mercados de cambio y a fortalecer tanto el balance del BCN como su capacidad para crear un marco monetario e intervenir en el sector cambiario.

Aunque persisten algunos retos, las autoridades concluyeron la consolidación bancaria en el plazo previsto. Además de unificar el mercado de cambios formal e informal, lograron llevar otros proyectos a término con mayor o menor éxito.

Inutu Lukonga y Steve Swaray

FMI, Departamento de Mercados Monetarios y de Capital

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