Article

Espiral de precios: Las herramientas contra la espiral de precios

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
August 2008
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

Los países pueden compaginar medidas monetarias, comerciales y fiscales para conjurar el daño de la escalada de precios y adaptarse, según un nuevo estudio del FMI.

El fantasma del hambre agudiza drásticamente los riesgos para los países de ingreso bajo y mediano que dependen de la importación de alimentos y combustibles. Hoy deben encontrar la manera de saciar el hambre y de sustentar la estabilidad macroeconómica frente al avance de la inflación y el enfriamiento de sus economías.

La situación de cada uno es diferente, y las medidas que conviene adoptar varían sustancialmente. El FMI está ayudando a los países a evaluar el impacto macroeconómico de estos shocks de precios y crear un espacio fiscal que permita incrementar el gasto a favor de los pobres, contener la inflación mediante la política monetaria y cambiaria, y estructurar la política comercial.

También está proporcionando asistencia técnica; puede ayudar a los países a modificar el régimen tributario o arancelario, o a elaborar programas de transferencias focalizados en los pobres. Está preparado para desembolsar rápidamente fondos a países con problemas de balanza de pagos, y ya brinda financiamiento adicional a siete países de bajo ingreso.

Los países ya han desplegado una amplia variedad de medidas. Desde el punto de vista de la eficiencia, tiene sentido trasladarle al público el aumento total de los precios porque así los productores incrementarán la oferta y los consumidores reducirán la demanda. Pero al mismo tiempo hay que proteger a los pobres.

La solución ideal es tender una red de protección social bien focalizada, pero muchos países de bajo ingreso no tienen ni la capacidad ni los recursos fiscales para hacerlo. Lógicamente, la mayoría de los países afectados se vieron obligados a adoptar otras políticas de rápida implementación.

Veintinueve de los 46 países que declaran aplicar subsidios a los combustibles ampliaron estos subsidios como consecuencia del aumento del precio del petróleo, que recientemente ha superado los US$140 por barril. En algunos casos los subsidios son impresionantes: en cinco países absorben más del 5% del PIB. Además de ser costosos, los subsidios universales a los combustibles alientan el consumo excesivo, agudizan la presión alcista sobre los precios internacionales y son difíciles de desmantelar.

Ochenta y cuatro países declararon haber recortado los impuestos sobre los alimentos. Pero bajar los impuestos generales y selectivos sobre el consumo tiene por efecto fomentarlo. Y como los hogares con ingresos más altos consumen un porcentaje desproporcionado de casi todos los bienes, también se benefician desproporcionadamente de la reducción.

Veintiocho países indicaron que subsidian directamente los alimentos, a lo cual algunos dedican más de 1% del PIB. Veintidós ampliaron estas ayudas desde 2006. Los subsidios generales reducen los precios pero también benefician a todos los consumidores, incluso los que podrían haber pagado el precio total.

Cincuenta y seis países han intentado soslayar los problemas de los subsidios a los precios y las preferencias tributarias focalizando las transferencias en grupos más vulnerables. Treinta y nueve países ampliaron este tipo de subsidio. Como ya se señaló, las transferencias focalizadas pueden resultar muy eficaces, pero son difíciles de administrar en los países con recursos limitados.

Otro reto de importancia es contener la inflación. En general, conviene absorber los efectos del encarecimiento de los alimentos y los combustibles al mismo tiempo que se emplea la política monetaria para evitar aumentos más generalizados. Eso es particularmente relevante en los países donde los precios ya están subiendo debido al incremento del gasto fiscal.

Si los shocks resultan permanentes, probablemente requieran una depreciación del tipo de cambio real en los importadores netos de alimentos y combustibles. Si se aplica una política monetaria más estricta quizá se logre un porcentaje mayor de esa depreciación real a través de una disminución de la inflación, más que de una depreciación nominal.

Muchos países han recurrido también a la política comercial. Algunos de los principales productores de alimentos decidieron restringir la exportación. Si bien el deseo de garantizar la oferta interna de alimentos es comprensible, exacerba el problema mundial al desalentar la producción; es necesario eliminar los impuestos y las prohibiciones a la exportación para que productores y consumidores puedan adaptarse a las nuevas circunstancias. Las reducciones arancelarias, por el contrario, pueden ayudar a mitigar las distorsiones comerciales ineficientes y el avance de los precios.

Algunos países han optado por disposiciones universales, en lugar de medidas focalizadas, en aras de la prontitud y la equidad. Pero el costo es elevado. El FMI calcula que alrededor de 60 países de ingreso bajo y mediano correrán el riesgo de reducir las reservas a niveles peligrosos si los precios siguen iguales, o bien si suben.

Los países afectados tendrían que plantearse si tiene sentido aplicar medidas más eficaces en función del costo focalizadas directamente en los segmentos más vulnerables. Pero ese cambio no es fácil. Será crítico adoptar un enfoque multilateral frente a la crisis, y la comunidad internacional debe lograr que los alimentos y los fondos lleguen a manos de las naciones más afectadas lo antes posible.

Other Resources Citing This Publication