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Mercados emergentes: Turquía: Navegar con vientos desfavorables: El desafío de Turquía

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2008
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La economía ha tenido un buen desempeño desde la crisis de 2001, pero las condiciones externas se han deteriorado.

La evolución mundial perjudica el crecimiento, la inflación y el financiamiento externo. Las dificultades actuales plantean desafíos para la política macroeconómica a corto plazo de Turquía y de muchos mercados emergentes.

La economía de Turquía ha evolucionado bien desde la crisis de 2001, pero la situación externa actual es menos favorable. Las buenas políticas y un entorno externo benigno le dieron al país seis años de pujanza y estabilidad económica, incluso si se lo compara con otros mercados emergentes.

Ahora, el entorno mundial es mucho menos propicio. La crisis financiera originada en el mercado hipotecario de Estados Unidos ha suscitado una restricción crediticia generalizada y ha empañado las perspectivas de crecimiento mundial, mientras que los precios récord de las materias primas están atizando las presiones inflacionarias en el mundo. Ello también ha empezado a afectar a la economía turca.

Nubarrones en el horizonte

El alza de los precios mundiales de la energía y los alimentos se conjugó con una sequía para empujar al 9¾% la inflación de precios al consumidor en Turquía. Se teme que estos shocks generen presiones más generalizadas sobre los precios, retrasando considerablemente la convergencia hacia la meta oficial de inflación de 4%.

Asimismo esos shocks de la oferta han desacelerado el crecimiento económico en los últimos meses. Se prevé que el crecimiento de Turquía baje a 4,0% en 2008 frente a 4,5% el año pasado y 6,9% en 2006.

Otro nubarrón a corto plazo es la desaceleración prevista de la actividad económica mundial: los estudios del FMI indican que una reducción de 1 punto porcentual en el crecimiento de los países industriales tiende a reducir el de Turquía en una cifra acumulada de 0,8 puntos en dos años. Sin embargo, en las condiciones actuales probablemente este impacto sea mitigado en parte por el continuo dinamismo de otros mercados emergentes, cuya participación en las exportaciones totales de Turquía ha pasado de 20% a 26% tan solo en los últimos tres años.

Según los estudios del FMI, casi la mitad del contagio de los países industriales se produce a través del comercio. Esto destaca la importante función de los canales de transmisión financieros. De hecho, la reacción de los precios de los activos turcos ante las fluctuaciones del mercado mundial ha sido mayor que en ningún otro mercado emergente grande.

En este contexto, la restricción crediticia mundial afecta particularmente a Turquía en vista de sus considerables necesidades de financiamiento externo: cerca del 17½% del PIB en 2008. A juzgar por las tendencias históricas, la estrechez del crédito mundial normalmente supondría una reducción de las entradas de capital a este país, aunque los datos de los últimos dos años indican un cierto desacoplamiento.

Por el lado positivo, en los últimos años la composición del financiamiento externo de Turquía ha mejorado claramente, disparándose la afluencia de IED hasta niveles sin precedentes, que cubrieron casi la mitad del déficit en cuenta corriente de 2007. Además, el saldo de la deuda externa bruta de Turquía (34% del PIB) en realidad es menor que el de muchos mercados emergentes.

Ello obedece a la mejora de los saldos del sector público, contrarrestada en parte por un aumento de la deuda externa del sector privado, principalmente de las grandes empresas.

Blindar la economía

En muchos aspectos la Turquía actual está mejor equipada que en toda su historia previa a 2001 para soportar los vientos externos adversos. Con el auspicio de dos acuerdos Stand-By consecutivos con el FMI (el último concluyó el 10 de mayo) las autoridades han logrado una impresionante consolidación fiscal, un gran aumento de las reservas internacionales, la independencia del banco central y un régimen de metas de inflación; avances en la privatización e importantes reformas, entre ellas en la seguridad social, la administración de impuestos y el sector bancario.

No obstante, el difícil entorno actual pone a prueba las políticas macroeconómicas a corto plazo del país así como de otros mercados emergentes. Las autoridades turcas están tratando de equilibrar las necesidades de crecimiento con las de desinflación y ajuste externo. La combinación de políticas elegida deja poco margen para errores. En particular, tras las desviaciones fiscales del año pasado, será crucial observar estrictamente la meta fiscal para este año (superávit primario mínimo del 3,5% del PIB) y programar una restricción monetaria gradual para los próximos meses.

La trayectoria a mediano plazo

A mediano plazo, el desafío para Turquía consiste en mantener la disciplina en la política macroeconómica (conservando la trayectoria fiscal a mediano plazo anunciada y la convergencia hacia la meta de inflación del 4%) y llevar a cabo reformas microeconómicas que le den a la economía más resistencia a los shocks, impulsando al mismo tiempo el crecimiento potencial. Como se describe en un artículo anterior del Boletín, el FMI ha recomendado cuatro áreas de acción principales:

  • Mejorar el marco institucional para la política fiscal mediante la adopción de una regla fiscal.

  • Flexibilizar los mercados laborales.

  • Corregir los estrangulamientos de la oferta energética.

  • Profundizar la intermediación financiera.

Todas estas reformas ayudarían a generar el espacio fiscal para bajar las elevadas tasas impositivas marginales, crear empleo, reducir la informalidad y elevar la productividad, lo cual facilitaría un aumento sostenido del nivel de vida.

Prakash Kannan y André Meier

FMI, Departamento de Europa

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