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Lipsky: Menor crecimiento

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
January 2008
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Según John Lipsky, Primer Subdirector Gerente del FMI, el crecimiento mundial está bajando a causa del encarecimiento del petróleo, la reciente turbulencia en los mercados financieros y el enfriamiento de la economía estadounidense. En una entrevista señaló que, más que nunca, es urgente que las principales economías corrijan los desequilibrios mundiales (véase la pág. 6).

Entrevista con John Lipsky: Es probable que la economía mundial se desacelere más

Durante los últimos meses el alza de los precios del petróleo, la convulsión de los mercados financieros y la caída del dólar se instalaron en los titulares. Pero lo que hay detrás son corrientes de capital y desequilibrios sin precedentes de la balanza de pagos internacional.

Según John Lipsky, Primer Subdirector Gerente del FMI, la persistencia de esos desequilibrios arroja dudas sobre la sostenibilidad de la expansión mundial. En una entrevista, Lipsky afirmó que, más que nunca, es urgente que las economías protagonistas—Arabia Saudita, China, Estados Unidos, Japón y la zona del euro—concreten los planes anunciados en abril como parte de las consultas multilaterales organizadas por el FMI.

Revista del Boletín del FMI: Los mercados financieros no se calman y el petróleo sigue en alza. Para usted, ¿cómo está el panorama económico mundial y cuáles son los riesgos?

Lipsky: La turbulencia financiera y el precio del petróleo van en contra de las previsiones que hicimos en Perspectivas de la economía mundial en octubre, cuando proyectamos un crecimiento del 5,2% en 2007 y del 4,8% en 2008. Ya entonces pensábamos que el crecimiento estadounidense de 2008 probablemente fuera a defraudar, pero ahora enfrenta riesgos un poco más graves por culpa del sector de la vivienda y también de las tensiones financieras, que parecen ser más generalizadas y amenazan con prolongarse más de lo previsto.

En Europa y Japón el crecimiento parece estar enfriándose después de avanzar bien durante el tercer trimestre, y no mejorará si Estados Unidos da traspiés. En 2007 los mercados emergentes han sido el motor del crecimiento mundial y hasta ahora se mantienen mayormente a salvo de la turbulencia financiera. Pero el encarecimiento de la energía y las perspectivas de desaceleración de las economías avanzadas también podrían afectarlos. Aun así, pese a estos riesgos, lo más probable es que la expansión mundial continúe.

Revista del Boletín del FMI: Según las encuestas, cada vez más gente piensa que la recesión es inminente. ¿Qué opina usted?

Lipsky: Uno siempre se puede equivocar, pero los últimos indicadores no apuntan a una recesión. No olvidemos que el gasto de los consumidores es el componente más grande de todas las economías y que su principal determinante es el ingreso de los hogares. Durante este último año más o menos, el crecimiento del empleo y el alza de los salarios se desaceleraron, pero no se detuvieron. Mientras el ingreso de los hogares estadounidenses siga aumentando es razonable pensar que los consumidores seguirán gastando.

Las utilidades de las empresas se toparon con algunas presiones en los últimos trimestres, pero todavía registran máximos históricos, tanto como cifras absolutas y en términos de los márgenes de ganancia. Además, en Estados Unidos el sector corporativo en general no está muy apalancado. Pero los riesgos son más agudos, así que hay que prestar mucha atención a los datos que vayan apareciendo.

Revista del Boletín del FMI: ¿En otras palabras?

Lipsky: Dentro de todo, soy optimista. Mientras las empresas cosechen buenas utilidades, seguirán creciendo, habrá más empleos, subirán los ingresos y la economía prosperará. Pero no hay garantías, y es necesario mantener una política monetaria flexible.

Revista del Boletín del FMI: ¿Cómo encajan en todo esto los grandes desequilibrios mundiales en cuenta corriente (véase el gráfico)?

Lipsky: Para entender la preocupación por los desequilibrios hay que pensar que entre 2002 y 2007 la expansión mundial fue más sólida y equilibrada de lo previsto. Pero lo sorprendente es que al mismo tiempo se agravaba el déficit de la balanza de pagos estadounidense, que llegó a un récord en 2005–2006. Una explicación es que en Estados Unidos el gasto nacional se estaba extendiendo mucho más rápido que en muchos de los principales socios comerciales, o sea, que el crecimiento del resto del mundo dependía más de lo acostumbrado de la demanda estadounidense.

Obviamente la situación no era saludable y para sustentar la expansión había que equilibrar mejor el crecimiento de la demanda interna en el mundo entero. De eso se trataron las consultas multilaterales que lanzó el FMI a mediados de 2006 con la participación de Arabia Saudita, China, Estados Unidos, Japón y la zona del euro. En abril de 2007 los cinco anunciaron planes que les reportarían beneficios propios y al mismo tiempo servirían al objetivo general de apuntalar el crecimiento y reducir los desequilibrios. Estos planes reconocían implícitamente que durante los próximos años el crecimiento de Estados Unidos dependería más de lo acostumbrado del crecimiento de la demanda interna de los socios comerciales.

Revista del Boletín del FMI: Ahora que aparecen riesgos nuevos, ¿tienen estos países que tomar otras medidas? ¿O poner en práctica los planes con más urgencia?

Lipsky: Los riesgos nuevos crean más urgencia. El alza de los precios de la energía agrava las tensiones y los desequilibrios porque alimenta el superávit de los países que la exportan. Y aunque la turbulencia financiera golpeó especialmente a Estados Unidos, aparecieron vínculos desconocidos con economías y mercados extranjeros.

Una de las cosas que no sabemos es la magnitud exacta del impacto que tendrán las dificultades financieras en la economía real. Por eso lo más acertado es decir que la turbulencia de los mercados financieros por el momento realza los riesgos para las perspectivas, porque el efecto que tendrá todavía no está claro. Pero es importante que se vea que las principales economías están siguiendo políticas adecuadas.

Revista del Boletín del FMI: ¿Cómo avanza la implementación?

Lipsky: Todos los participantes en las consultas convinieron en que los planes son a mediano plazo, es decir, sustentarán el crecimiento durante los próximos años. Pero también convinieron en la necesidad de comenzar a ponerlos en práctica directamente. Por eso no es prematuro decir que ya ha habido cambios positivos. Por ejemplo, la caída del dólar de EE.UU. es coherente con el ajuste mundial, ya que ayuda a estimular la exportación de Estados Unidos y a reducir el déficit no petrolero en su balanza de pagos. El enfriamiento de la demanda interna estadounidense también encaja con una economía mundial más equilibrada.

Esto no significa que no quede mucho por hacer. Fuera de Estados Unidos, los programas de estímulo de la demanda interna han sido desiguales y tenido efectos ambiguos. Y los últimos movimientos de las monedas parecen haber contrarrestado el ajuste, ya que los tipos de cambio reales efectivos—es decir, ponderados según el comercio internacional y ajustados según la inflación—de muchas economías importantes (sobre todo las que mantienen un vínculo cambiario, como algunos exportadores de petróleo y mercados emergentes) se depreciaron, a pesar de un fuerte superávit en la balanza de pagos.

La necesidad de corregir los desequilibrios mundiales A nivel mundial persisten fuertes desequilibrios en cuenta corriente.

(Porcentaje del PIB mundial)

Fuente: FMI.

Revista del Boletín del FMI: Lo más pesado del ajuste ha recaído en ciertas monedas, como el euro. ¿Por qué esa disparidad?

Lipsky: Si algunas monedas están subvaloradas y esa subvaloración aumenta en términos reales efectivos, por definición debe haber monedas que se afianzan más de lo que dictaría el equilibrio a mediano plazo. Esa fortaleza es más bien lo que caracteriza últimamente al euro, en nuestra opinión.

La expectativa de los participantes en la consulta multilateral era que la plena puesta en práctica de los planes respaldaría un proceso de ajuste sostenible y, por ende, generaría movimientos cambiarios que fueran ordenados y al mismo tiempo contribuyeran al ajuste. Pero en un mundo de tipos de cambio flotantes, la circulación transfronteriza y masiva de corrientes de capital puede provocar a corto plazo fluctuaciones de las monedas que no encajan necesariamente con lo que se pretendía ni con la lógica a largo plazo.

Revista del Boletín del FMI: Entonces, ¿se necesita más flexibilidad por parte de los países que fijan el tipo de cambio, y en algunos casos una desvinculación del dólar?

Lipsky: En el caso de China, por ejemplo, las autoridades indicaron que flexibilizarían el tipo de cambio con referencia a una cesta de monedas. Pero el centro de atención de los planes que surgieron de la consulta multilateral no era la política cambiaria.

No olvidemos que las principales economías con tipos de cambio flotantes no los pueden controlar directamente. Entonces lo mejor para alcanzar la doble meta es ejecutar todo el conjunto de políticas—incluida la reforma estructural—que promuevan un ajuste ordenado y sostenido. Eso, a la vez, alentará a los mercados financieros, sobre todo los cambiarios, a moverse en consonancia con los fundamentos a largo plazo de las economías.

Laura Wallace

FMI, Departamento de

Relaciones Externas

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