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Panorama nacional: El desafío de Bélgica: Prolongar los buenos tiempos

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2007
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La economía belga crece con vigor. El crecimiento del producto supera la media de la zona del euro desde 2002 y en 2006 llegó al 3%, la cifra más alta desde comienzos de la década y muy superior a la tendencia a largo plazo. La explicación está en las sólidas políticas económicas. El orden en las finanzas públicas desde comienzos de la década facilitó una reducción sin precedentes de la deuda pública (gráfico 1, panel superior), y las reformas del mercado laboral crearon más oportunidades de empleo. Pero el envejecimiento de la población y la globalización hacen cada vez más patente la necesidad de reforzar aún más las políticas. El cambio de gobierno que ocurrirá este año y la favorable coyuntura macroeconómica son factores propicios para acelerar las reformas.

Gráfico 1Un presupuesto adecuado

Fuentes: Autoridades de Bélgica, Eurostat y personal técnico del FMI.

El rápido envejecimiento proyectado repercutirá con fuerza en las finanzas públicas. En 2050, uno de cada cuatro belgas será mayor de 65 años, frente a la actual cifra de uno en seis. Esto hará que el total del gasto público anual relacionado con la vejez aumente casi 6 puntos porcentuales del PIB. Otra consecuencia será una reducción gradual del empleo (neutralizada solo por un tiempo por la mayor participación femenina), que deprimirá el crecimiento del producto a largo plazo. Para mediados de siglo, cada trabajador tendrá que contribuir con €8.100 más cada año (en euros actuales) para financiar las pensiones y la salud.

La globalización ofrece claras oportunidades de crecimiento para una economía pequeña y abierta como la de Bélgica. Los mayores mercados de exportación y los insumos más baratos podrían estimular la productividad laboral, que ya es una de las más altas del mundo y que, medida por hora, supera a la de Estados Unidos en un 10%, gracias a la eficiencia manufacturera y la especialización de los sectores de uso intensivo del capital, como el químico, el farmacéutico y el de la refinación de petróleo. Pero el deterioro de la competitividad y productividad del país complican la tarea de preservar los elevados niveles de vida.

Asimismo, hay que garantizar que las ventajas de la globalización sean universales, pero lo cierto es que, debido a varios problemas estructurales, el empleo en Bélgica es uno de los más bajos del mundo industrializado (gráfico 2). Los costos laborales, que se cuentan entre los más altos de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), han hecho que los trabajadores poco calificados y la producción basada en la mano de obra cedieran terreno a la producción basada en el capital. Apenas un 40% de los obreros poco calificados trabaja, y el desempleo en ese grupo es uno de los más altos de la Unión Europea. Los altos costos e impuestos laborales también perjudican la oferta de trabajo: en una semana, un obrero belga trabaja medio día menos que sus pares en otras economías de la OCDE. Las prestaciones de desempleo son generosas y no incentivan mucho la participación en el mercado laboral. Los criterios de activación no se verifican estrictamente y la escasez de mano de obra en ciertas regiones y sectores evidencian un desfase fundamental de aptitudes y la poca movilidad laboral.

Gráfico 2Se buscan trabajadores

Fuentes: Autoridades de Bélgica, Eurostat y personal técnico del FMI.

1UE-15 = Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Portugal, el Reino Unido y Suecia.

Revisar la estrategia actual

Ante el problema de los costos del envejecimiento, la estrategia del gobierno consiste en acumular superávits fiscales y emprender reformas en favor del crecimiento y de la productividad. Hasta ahora las medidas han tenido éxito y la estrategia aún es válida, pero hay que apresurar su plena ejecución y reforzar las políticas:

  • Consolidación fiscal. El equilibrio fiscal de los últimos siete años ha generado credibilidad, pero los intereses ahorrados por la reducción de la deuda pública se gastaron y se utilizaron para recortar impuestos. La opción que le queda al gobierno es ir acumulando superávits para que en 2013 equivalgan a 1½% del PIB. Pero ni siquiera esta medida previsora será suficiente para lograr los objetivos de equidad intergeneracional; en su momento será necesario incrementar las contribuciones al seguro social. La meta debe ser más ambiciosa y, sobre todo, tiene que contar con un plan válido a mediano plazo para reducir los gastos.

  • Mejores tasas de empleo. Los aumentos naturales de la participación femenina en la fuerza laboral y el efecto de reformas recientes elevarán las tasas de empelo, pero no a un nivel acorde con el que exige la estrategia fiscal. Será entonces crucial profundizar la reforma de las instituciones del mercado laboral, teniendo muy en cuenta las crecientes presiones competitivas.

  • Fomento de la productividad. Para explotar las nuevas ventajas tecnológicas y acelerar el aumento de la productividad, habría que facilitar aún más la competencia, por ejemplo, en el sector de los servicios minoristas y financieros.

  • Mayor reforma de las prestaciones. Para evitar los costos excesivos y afianzar la credibilidad y sostenibilidad del sistema cabría modificar el régimen de pensiones en forma leve pero justa, por ejemplo, eliminando gradualmente la jubilación anticipada e introduciendo la plena equidad actuarial y la coherencia entre el período de contribución y la esperanza de vida.

Para lograr la sostenibilidad fiscal también habrá que corregir los desequilibrios emergentes entre las presiones de gasto y el aumento de los ingresos en todos los niveles del gobierno (gráfico 1, panel inferior), que sin duda se agravarán con el envejecimiento de la población. A escala federal, el problema es el incremento del gasto relacionado con el envejecimiento y la reducción del ingreso proporcional de contrapartida, sobre todo debido a los recortes de las contribuciones al seguro social. En cambio, a escala subfederal, los acuerdos de descentralización previos han reforzado los ingresos, pero sin incentivar debidamente el ahorro. La revisión de los acuerdos de federalismo fiscal debería empezar ya, porque los efectos de los cambios toman tiempo. El objetivo debe ser distribuir mejor la carga fiscal del envejecimiento entre todos los niveles de gobierno y garantizar la responsabilización y la coordinación de las políticas presupuestarias y económicas entre las entidades públicas.

Mercados laborales: Panacea o talón de Aquiles

Las reformas del mercado laboral, enmarcadas en el pacto generacional de reciente aprobación, demuestran la intención de promover las oportunidades y la rentabilidad del trabajo, pero no harán mucha mella en las tendencias demográficas del empleo. De ahí la necesidad de estimular la demanda y oferta de trabajo con un conjunto equilibrado de reformas laborales y fiscales que no perjudiquen las finanzas públicas. Se debe reducir más la cuña tributaria del trabajo y racionalizar las prestaciones de desempleo, haciendo más estrictos los criterios de acceso y duración y promoviendo la capacitación. Y para que las políticas activas de mercado laboral (asistencia de colocación, capacitación y supervisión) resulten más eficaces, será necesario simplificarlas, evaluarlas sistemáticamente y coordinarlas entre las regiones.

Una mayor flexibilidad salarial aliviaría mucho las presiones competitivas. El marco básico de negociación salarial ha moderado los sueldos, pero no ha propiciado la remuneración diferenciada entre sectores, empresas y regiones, y ha favorecido más la protección del empleo que la creación de puestos de trabajo. Aunque sería útil que los convenios salariales reflejaran mejor las condiciones de cada región, sector y empresa, lo que en realidad parece hacer falta es un replanteamiento fundamental del sistema de negociación salarial. Hay dos opciones: una moderación salarial interminable—que a veces la pagan los contribuyentes—para resucitar industrias moribundas o una entrada decisiva en sectores con perspectivas salariales más prometedoras.

La preservación de los niveles de vida relativamente altos de Bélgica dependerá también de la capacidad del país para fomentar el capital humano y para desarrollar y adoptar nuevas tecnologías. La capacitación en el trabajo y a lo largo de la vida profesional protege la competitividad de la mano de obra, y la mayor calidad y eficiencia de la educación debe nutrir una fuerza laboral calificada que siga atrayendo la inversión extranjera. Por eso deben impulsarse con afán las actuales iniciativas de investigación y desarrollo.

Rodolfo Luzio

FMI, Departamento de Europa

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