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Foro: Seria reflexión sobre la cooperación entre países

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2007
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La mayoría de los organismos internacionales se crearon después de la segunda guerra mundial. Si bien el mandato original de fomentar la cooperación mundial sigue estando muy vigente hoy en día, las estructuras de gobierno de esas instituciones siguen reflejando las condiciones existentes en 1945. Colin Bradford y Johannes Linn, de la Brookings Institution, acaban de publicar un nuevo libro titulado Global Governance Reform–Breaking the Stalemate y, en un foro organizado por el FMI el 6 de marzo, presentaron sus ideas sobre cómo reformar el proceso de decisiones a nivel mundial.

En sus palabras de apertura, Linn mencionó que el proceso de globali-zación se está produciendo a un ritmo acelerado, y ha dado lugar a una rápida evolución de países de mercados emergentes como China e India. Al mismo tiempo, existen nuevos retos, como el calentamiento de la atmósfera, la pandemia de la gripe aviar, la posibilidad de crisis financieras y la creciente amenaza del terrorismo. Frente a estos cambios, las instituciones internacionales se ven ante la necesidad de defender su legitimidad y buscar medios eficaces para hacer frente a esos problemas.

La mayoría de los organismos internacionales son miembros de la “familia” de Naciones Unidas que incluye a Naciones Unidas propiamente dicha y su Consejo de Seguridad, la Organizacion Mundial de la Salud, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El común denominador en todas esas instituciones es la posición dominante que ocupan Estados Unidos y Europa, en la cual Estados Unidos ejerce un considerable poder de veto en la adopción de decisiones a nivel internacional. Linn opina que, para asumir nuevas responsabilidades de manera eficiente e inclusiva, es urgente reformar esas instituciones internacionales.

Linn explicó que, al principio, él y Bradford habían concebido la cuestión de la reforma del gobierno de las instituciones internacionales como una reforma de la cúspide, es decir, la adopción de las medidas necesarias que trascendieran el grupo actual G-7 de los países industriales y que crearan una diplomacia eficaz y representativa a nivel de la cúspide. Pronto se dieron cuenta de que no se podía reformar la cúspide sin entrar en la “médula” de cada una de las instituciones. El libro plantea propuestas para reformar el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas, antes de abordar la cuestión de la reforma de la cúspide. El entrar primero en la “médula” de las instituciones hizo que los autores se convencieran de que la reforma fundamental consiste en modificar la manera en que los líderes mundiales toman decisiones comunes.

Una negociación de gran envergadura

El historiador oficial del FMI, James Boughton, uno de los autores del libro y también moderador en el foro, señaló que en los últimos años el debate sobre el FMI se ha centrado en ciertos temas. Ya casi no se habla de la idea de que el FMI debe abolirse, ni de que el FMI y el Banco Mundial deberían consolidarse: algo que sería semejante a que la Reserva Federal se uniera al Tesoro de Estados Unidos. Ahora ya no se considera la sugerencia del Profesor Alan Meltzer de que el Fondo se concentre únicamente en préstamos a países en crisis, así como la propuesta del ex Consejero Económico del FMI, Kenneth Rogoff, de que el Fondo abandone sus actividades crediticias.

Bradford señaló que el FMI ha dado un paso importante al presentar el programa de reformas del Director Gerente del FMI, Rodrigo de Rato, conocido como la Estrategia a Mediano Plazo. Indicó que le había llamado la atención que el FMI, una institución conservadora dentro del grupo de organismos internacionales, apareciera como la que avanza más rápido. Pero aún queda mucho por hacer. Para que sea un organizmo más eficaz y representativo, y se beneficie de las sugerencias presentadas por políticos y académicos, Bradford indica que el Fondo debe:

  • Revisar la fórmula de las cuotas e incluir en ella criterios basados en el PIB ajustado según la paridad del poder adquisitivo, los flujos financieros y la población.

  • Reducir el número de representaciones en el Directorio Ejecutivo, de 24 a 20 o menos de 20, concentrando la representación de los países europeos en uno o dos directores, de manera que se abran espacios para dar más representación a países emergentes y países en desarrollo.

  • Elegir al Director Gerente del FMI basándose únicamente en el mérito y no en la nacionalidad. El Director Gerente del FMI siempre ha sido un europeo y el Presidente del Banco Mundial un ciudadano de Estados Unidos. Esta tradición debe abolirse y los líderes de esas dos instituciones deben ser elegidos de una lista internacional de postulantes.

Bradford y Linn indican que llevar a la práctica estas propuestas conlleva una negociación de gran envergadura entre Estados Unidos y Europa. A Europa se le pedirá que ceda su influencia de jure aceptando una reducción considerable de su poder de voto en el FMI y cediendo el derecho a nombrar al Director Gerente de esa institución. Estados Unidos deberá, a cambio, ceder su poder de veto sobre las decisiones que requieren una mayoría del 85%, así como su derecho a nombrar al Presidente del Banco Mundial. Bradford señala que “esos pasos son necesarios si se quiere convencer a la opinión pública mundial de que existe seriedad por parte de las instituciones de ceder el control que los países occidentales han ejercido sobre esas instituciones en los últimos 50 años”.

Del G-7 al G-20

Según Bradford, se debe, en primer lugar, reformar la cúspide. En definitiva es una cuestión política decidir qué cuestiones se incluyen en el temario de esas instituciones, así como la forma en que se adoptan las decisiones. De hecho, el G-7 actualmente funciona como un comité directivo mundial y carece de la legitimidad que hace falta para hacer frente a los problemas mundiales del siglo XXI.

Para remediar esto, Bradford y Linn proponen conceder nuevos poderes al G-20, un grupo informal que incluye a países emergentes como India, China, Sudáfrica y Brasil, así como algunos de los países miembros del G-7, incluidos Estados Unidos, Alemania y Japón, y señalaron que ese grupo ha asumido un papel cada vez más destacado en los últimos años. Indicaron que la representación en ese grupo es diversa y abarca el 90% de la economía mundial y aproximadamente dos tercios de la población mundial.

Boughton estuvo de acuerdo en que el G-20 asuma la responsabilidad del G-7. Sin embargo, advirtió que con el tiempo el G-20 podría resultar siendo una entidad formal, como ha sucedido con los otros grupos “G” que se crearon antes. Una existencia formal acarrea rigideces que asfixian el debate y la posibilidad de encontrar soluciones creativas a los problemas.

Qué se encuentra en el libro

Reforma del gobierno internacional consta de ensayos sobre el FMI, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, reformas de la cúspide, salud mundial, gobierno mundial de las instituciones de salud y gobierno mundial de las instituciones medioambientales. A continuación, algunas de las ideas expuestas en el libro:

La coyuntura económica y financiera favorable no va a ser duradera y, alguna vez, se la verá como un paréntesis en las actividades crediticias del FMI, como ha sucedido en el pasado. El FMI seguirá cumpliendo un papel importante como prestamista en las crisis futuras, que son inevitables.

—Jack Boorman, ex Director del Departamento de Elaboración y Examen de Políticas del FMI

El FMI aún no ha forjado una reputación como centro de generación del conocimiento financiero como la que tiene en el campo macroeconómico, aunque está trabajando arduamente para superarse en este importante campo, señalado como uno de los retos fundamentales en el análisis de la Estrategia a Mediano Plazo.

—James Boughton, historiador oficial del FMI

Es sorprendente cómo el Banco Mundial se ha desviado, al menos en espíritu, de su idea original. Hoy el Banco tiene prestatarios (países en desarrollo) y no prestatarios (países avanzados). Hoy en día la misión del Banco está estructurada explícitamente en torno a la reducción de la pobreza mundial, y no en torno al respaldo y fomento de la prosperidad y seguridad mundiales en el marco del comercio y la inversión en una economía abierta y liberal.

—Nancy Birdsall, Presidenta, Center for Global Development

Junto con los significativos cambios en el campo de salud pública, se ha generado el fenómeno de la entrada de nuevos participantes e instituciones que ansían llenar un vacío existente o percibido, en la arquitectura mundial de la salud. Como resultado, estructurar el gobierno mundial de las instituciones de salud, tal como existe hoy en día, es el producto de un crecimiento caótico y oportunista.

—Ronald Waldman, Profesor, Columbia University

Como cúspide de consulta y centro de decisión a nivel mundial, el G-8 (el G-7 y Rusia) es un foro de los ocho países industrializados que fueron los poderes dominantes en el siglo XX. Al excluir a los poderes emergentes principales del siglo XXI, el grupo se ha convertido en ineficaz, no representativo e ilegítimo.

—Johannes Linn y Colin Bradford, Brookings Institution

Colin I. Bradford Jr. y Johannes F. Linn

Global Governance Reform—Breaking the Stalemate

Brookings Institution Press, 2007, 143 págs., US$22,95

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