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Panorama europeo: Entrevista con Michael Deppler: Los problemas de Europa no son importados

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
February 2007
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En medio de una recuperación económica sostenida y tras una nueva ampliación, la Unión Europea (UE) tiene por fin motivos de regocijo. Pero el proceso de reforma ha sido agotador para muchos gobiernos y la ciudadanía parece decidida a culpar a la UE y a la globalización por los problemas de sus respectivos países. Por ejemplo, según un nuevo sondeo de FT-Harris, los habitantes de los países grandes de la zona del euro opinan, por mayoría abrumadora, que la nueva moneda ha perjudicado la economía nacional. En esta entrevista con Camilla Andersen, del Boletín del FMI, Michael Deppler, Director del Departamento de Europa del FMI, explica por qué la idea de que los problemas de Europa son producto de una globalización excesiva es muy errada.

Boletín del FMI: El crecimiento ha repuntado en casi toda Europa, pero ¿podrá mantener ese impulso en los próximos años?

Deppler: No hay duda de que la reactivación ya está en curso. Después de casi un 3% de crecimiento en 2006, muy por encima del potencial, prevemos un enfriamiento de alrededor del 2½% en 2007–08. Aunque los riesgos para la economía mundial siguen siendo negativos, se han suavizado, y tengo la impresión de que la dinámica económica europea es más bien alentadora. Así que esta vez las probabilidades para Europa son, dentro de lo razonable, de una recuperación bien sostenida.

Boletín del FMI: ¿Cuáles son los principales motores de la recuperación?

Deppler: En parte es algo puramente cíclico. Europa quedó muy vapuleada por el colapso de la burbuja tecnológica en 2000, que obligó al sector empresarial a hacer una serie de ajustes en los balances, y esa corrección ha llevado mucho tiempo. Pero en 2006, todas las piezas cayeron en el lugar justo: el crecimiento sólido del comercio internacional aceleró la exportación, que a su vez estimuló la inversión, y las bajas tasas de interés promovieron el gasto en construcción. Pero lo más positivo fue el repunte del empleo. Cuando en Europa se crean puestos de trabajo, sin duda alguna está sucediendo algo que va a durar.

Pero también ha influido la reforma estructural. Nunca deja de llamarme la atención lo pesimistas que son los europeos, entre otros, cuando piensan en los efectos de la reforma; lo poco que esperan es lo poco que ven. Pero los datos muestran efectos muy visibles. Por ejemplo, poca gente se da cuenta de que la zona del euro creó un número sustancial-mente mayor de empleos en el sector empresarial que Estados Unidos en los 10 últimos años. Obviamente, esto es resultado de la reforma del mercado laboral sumada a la moderación salarial.

Poca gente se da cuenta de que la zona del euro creó un número sustancialmente mayor de empleos en el sector empresarial que Estados Unidos en los 10 últimos años.

—Michael Deppler

Boletín del FMI: La recuperación de Alemania es muy distinta de la de Francia. ¿Cómo se explica la diferencia entre las dos economías más grandes de la zona del euro?

La Unión Europea en cifras
20062007
PIB nominal (billones de euros)11,411,9
Crecimiento del PIB real (porcentaje)2,82,4
Población (millones)493
Fuentes: Eurostat y base de datos de Perspectivas de la economía mundial del FMI (proyecciones).Nota: Las cifras incluyen Rumania y Bulgaria.

Deppler: Alemania fue por lejos la mejor sorpresa de 2006, con su 2½% de crecimiento. Teniendo en cuenta el desempeño de los años previos, ver ese cambio fue un placer. Además, aunque entraron en juego factores excepcionales, está claro que las perspectivas a mediano plazo son más alentadoras, ya que los ajustes del sector privado y la reforma del sector público, combinadas, están incrementando la competitividad.

Pero al comparar a Francia y Alemania, hay que recordar que en las dos últimas décadas su trayectoria económica fue distinta. La economía francesa fue débil durante gran parte de los años setenta y ochenta, lo cual motivó un prolongado ajuste que dio fruto en los 10 últimos años más o menos (véase la pág. 46). A Alemania, por el contrario, le fue muy bien hasta principios de los años noventa, y probablemente por eso las autoridades subestimaron los ajustes necesarios para integrar los Länder más pobres del este y afianzar la competitividad. En consecuencia, la economía estuvo floja durante gran parte de una década. Pero la reestructuración del sector empresarial, unida a otras reformas, por fin está empezando a hacerse sentir (véase la pág. 44) y la economía está recobrando la capacidad de competencia que perdió en los años noventa. La gran lección—válida para todos los países de la zona del euro—es que cuando un país pertenece a una unión monetaria debe mantener el ritmo de la reforma para poder seguir compitiendo.

Boletín del FMI: ¿Tienen razón los políticos que dicen que la solidez del euro es mala para el crecimiento económico?

Deppler: Para nosotros, el euro está correctamente valorado, por lo menos dentro de los márgenes de incertidumbre que implica la evaluación de un tipo de cambio a mediano plazo. Desde el punto de vista de las exportaciones y de la cuenta corriente, todo parece estar bien.

Boletín del FMI: Muchos países europeos parecen estar cansados de reformar, ¿en qué ámbitos deberían concentrarse?

Deppler: Los círculos oficiales de toda Europa son conscientes de la necesidad de seguir adelante con la reforma. La Comisión Europea, por su parte, continúa impulsando la Agenda de Lisboa, que es el plan europeo para mejorar la competitividad, y buscando realzar la competencia y la integración en los sectores financiero y energético.

Ahora bien, el electorado no se ha manifestado muy a favor de la reforma últimamente; los ejemplos más recientes son Austria y los Países Bajos. En parte esto se debe a que muchas reformas fueron tímidas e incompletas, y a veces incluso se dio marcha atrás, lo cual les restó valor y alimentó el escepticismo. Ahora que ha vuelto la prosperidad, mucha gente piensa que el origen de los problemas de Europa está en el resto del mundo—ya sea por culpa de la ampliación o de la globalización—y reclama más atención para los problemas internos. A mi parecer, tienen una idea errada de la raíz del problema.

Boletín del FMI: Si descartamos la globalización y la ampliación, ¿en dónde recae la culpa?

DEPPLER: Si hay un sector en el que Europa está compitiendo bien, es el externo. Esto salta a la vista con el aumento de la exportación de bienes y servicios. Ya sea durante las cinco últimas décadas o los últimos años, el sector externo fue el principal motor del crecimiento europeo. Es verdad que se producen dislocaciones periódicas y hay empresas que despiden personal a causa de la competencia externa, pero esas pérdidas son minúsculas comparadas con las ganancias que aporta a la economía el sector externo.

O sea que no tiene sentido echarle la culpa a la globalización porque el problema claramente es interno. Las tasas de actividad tendrán que aumentar drásticamente para encontrar una solución aceptable al problema del envejecimiento de la población. Pero los datos sobre la productividad son incluso más reveladores. El crecimiento del ingreso per cápita en la zona del euro fue un punto porcentual más bajo que en Estados Unidos durante la última década, es decir, acumulativamente más o menos un 10%. Pero la causa no son las exportaciones. La productividad europea está a nivel mundial en el sector de la manufactura. La diferencia se le puede imputar en su totalidad al sector de los servicios, precisamente el sector de la economía que está más o menos protegido de la competencia mundial. Europa necesita centrar la atención en el hecho de que su problema—la debilidad del crecimiento—es interno.

Boletín del FMI: ¿Qué hay que hacer entonces?

Deppler: La reforma apremia en las partes de la economía que están protegidas de la competencia por una larga barrera de leyes y regulaciones que resguardan los intereses de los bancos, los notarios, los plomeros, los tenderos, las empresas de energía y muchos otros. En mi opinión, por más polémicas que puedan haber resultado, la ampliación de la UE y la directiva sobre servicios son exactamente el tipo de paso que Europa debe dar para mejorar el desempeño económico. Creo que hay que reconocerles a los gobiernos el hecho de haber seguido adelante con estos planes, aunque solo sea en versión diluida. Así que por una parte me preocupa el discurso público, pero también tengo bastante confianza en que Europa seguirá bien encaminada y que gracias a eso logrará resultados económicos más satisfactorios.

Boletín del FMI: Parte del malestar que siente la gente surge de la preocupación por el modelo social. ¿Podrá Europa mantener su estilo de vida frente a la globalización y la reforma continua?

Deppler: Sí, pero solo si las reformas siguen adelante, y eso de hecho lo muestra la propia experiencia europea. Pero para empezar debemos tener claro qué significa hablar del modelo social europeo. Hay tantos modelos como países, si no más. Quizá la característica que tienen en común ante los ojos de la gente es el interés en mantener una justa distribución del ingreso. Pero cuando observamos la trayectoria de Europa continental durante los 10 ó 20 últimos años, vemos que los países que más se preocuparon por la distribución del ingreso—los países nórdicos y los Países Bajos—son los que han logrado las reformas más beneficiosas y los que han registrado el mayor crecimiento.

¿Qué otra cosa tienen en común? Primero, la apertura al resto del mundo. En estas economías el sector externo es muy prominente. Segundo, la apertura a los mercados. Según la OCDE, la regulación de sus mercados de productos y servicios es relativamente ligera. Tercero, el uso del presupuesto y no de restricciones al mercado como medio de redistribución del ingreso. Básicamente, dejan funcionar a los mercados y luego corrigen las consecuencias sociales negativas con una red de protección social bien focalizada. Y, cuarto, están dispuestos a ajustar el Estado benefactor cuando surgen nuevas presiones. Acumulativamente, ha sido una estrategia fructífera, a diferencia de las que aplicó el núcleo europeo, cuya actitud hacia los mercados y la competencia no es tan flexible, sobre todo cuando están en juego ciertos intereses especiales. Para nosotros, eso produce un déficit colectivo de crecimiento. Si estos países—entre los que se encuentran Francia y Alemania—desean mantener sus modelos sociales, tendrán que vencer esa resistencia.

Boletín del FMI: El ingreso de Rumania y Bulgaria a la UE representa otro paso importante para despejar el legado de la guerra fría. Pero hay cuestiones pendientes, desde la inmigración hasta la representación a nivel europeo, que producen roces entre los viejos miembros y los nuevos. ¿Qué puede hacer la UE para cerrar la brecha este-oeste?

Deppler: Durante los últimos 15 años, Europa oriental se ha guiado con la mirada puesta en Europa occidental, y la última ampliación de la UE les ha reportado enormes beneficios a ambas. En este momento mucha gente piensa que el este se está beneficiando mucho más que el oeste. Y es innegable que lo que está recibiendo Europa oriental, como por ejemplo las transferencias de la UE, es prueba concreta.

Pero esta relación también es buena para Europa occidental. Siempre me sorprende la importancia que tiene la sinergia regional para el progreso económico nacional. Hoy en día, por ejemplo, Asia es un caldero de crecimiento económico y le va bien al continente entero. Los europeos occidentales que piensan que no los beneficia la prosperidad de sus vecinos orientales se equivocan de plano. La gente tiene que mirar más allá de las clausuras de las fábricas y centrarse en el hecho de que siempre apareció algo en el lugar de esas fábricas y que algo volverá a aparecer si se adoptan las políticas adecuadas. La mejor estrategia para adaptarse es estar abierto al mundo.

Boletín del FMI: ¿Ayudará Europa oriental a Europa occidental a competir mejor?

Deppler: Sin duda alguna. Por ejemplo, está demostrado que las empresas alemanas son más competitivas por haber terce-rizado parte de su producción a Europa oriental para reimportarla y luego reexportarla al resto del mundo. Los países que se resisten frente a esas tendencias—y es difícil resistirse bien—terminarán perdiendo. Pero la gente estará abierta al cambio únicamente si comprende mejor qué beneficios brinda. Si uno se fija en las cuentas corrientes ve claramente que el oeste le vende más al este que viceversa. Con un mercado único y fronteras abiertas, la integración de la UE ha sido una fuente perdurable de crecimiento para Europa. Esa es la dirección que corresponde mantener.

Boletín del FMI: El FMI está redefiniendo su misión para concentrarse más en proporcionar análisis y asesoramiento a los países miembros. ¿Qué valor agregado le puede ofrecer a una región que ya recibe guía de instituciones de avanzada como la Comisión Europea, la OCDE y diversos centros de investigación?

Deppler: La opinión más o menos unánime es que Europa podría hacer mucho más para mejorar el desempeño económico. Es verdad que no falta asesoramiento. Creo que estamos mayormente en la misma sintonía; nos afirmamos el uno al otro. Como hay tanto margen para mejorar, me parece útil y ventajoso.

Ahora bien, el FMI es diferente de algunas de las instituciones que mencionó. A diferencia de la Comisión Europea, por ejemplo, no es un órgano decisorio. Aun sin ser sordo a las realidades políticas, nuestro asesoramiento surge de una vertiente puramente económica.

Claro, eso tiene sus desventajas. Nos falta una perspectiva interna y un pleno conocimiento de las limitaciones, y la única manera de hacernos oír es a través del poder de la persuasión. Pero esto puede ser positivo a la vez. Como venimos de fuera, para nosotros es más fácil presentar puntos de vista que de lo contrario se perderían en el fragor partidista.

Nuestro asesoramiento está fundamentado en la experiencia que adquirimos en una variedad de regiones del mundo. Aunque existe una manera muy distintivamente europea de mirar las cosas, Europa también puede aprender de la experiencia de otros. Personalmente, creo que el FMI puede aportar una perspectiva que nadie más posee. Y ahora que nos estamos centrando en el sector financiero, podemos llegar a crear una función exclusiva, que aún no está del todo desarrollada.

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