Journal Issue
Share
Article

Foro: Los Estados árabes buscan el cambio institucional

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
January 2007
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

La región de Oriente Medio y Norte de África (OMNA) enfrenta un aumento muy rápido de la fuerza laboral durante la próxima década y media, perspectivas penosas para una gran cantidad de jóvenes desempleados a menos que se acelere sustancialmente el crecimiento de la producción y del empleo, y la necesidad de reformas institucionales para promover el crecimiento. En torno a estos temas giró un seminario de alto nivel organizado por el Instituto del FMI y el Fondo Monetario Árabe en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, el 19 y 20 de diciembre último (véase el recuadro). El encuentro congregó a más de una docena de altos funcionarios, a expertos y a representantes de instituciones internacionales y del sector privado.

Si bien la economía de la región de OMNA ha repuntado en los últimos años—en parte gracias al nivel sin precedente de los precios del petróleo—, el crecimiento a más largo plazo ha sido decepcionante. Entre 1980 y 2005, el PIB real per cápita aumentó apenas un promedio de 0,5% por año—muy por debajo del 4% logrado en Asia oriental—y fue negativo en los países productores de petróleo. Como la fuerza laboral local experimentó una expansión relativamente fuerte, el crecimiento económico no bastó para impedir un alza sostenida del desempleo. Según varios trabajos presentados en el seminario, el crecimiento a más largo plazo estuvo frenado mayormente por factores institucionales; y durante los debates se procuró individualizar los mecanismos que pudieran fomentar un cambio institucional positivo y sostenido para estimular el crecimiento de la producción y del empleo.

Se busca empleo

Una de las primeras prioridades de los gobiernos árabes es desmantelar la bomba de tiempo demográfica. La fuerza laboral de la región, que es joven y está creciendo con rapidez (véase el cuadro), alcanzará los 185 millones en 2020, o sea, alrededor del 80% más que en 2000. Como el desempleo de hoy ya es muy grave (únicamente lo supera el de África subsahariana), la región necesita crear cerca de 100 millones de puestos de trabajo para el año 2020 a fin de absorber a quienes están desempleados hoy y a quienes vayan entrando al mercado. Eso equivale a crear durante los próximos 15 años tantos empleos como los que se abrieron en las cinco últimas décadas, y el logro de esa meta probablemente exigiría un crecimiento sostenido del PIB real de un 6%–7% por año, o sea el doble del promedio registrado a fines de los años noventa.

Un problema apremiante

Como su fuerza laboral ha crecido más que la de ninguna otra región en desarrollo desde 1980, OMNA necesita acelerar el crecimiento del PIB para crear más puestos de trabajo.

1970-801980-901990-20002000-10
(Variación porcentual anual)
Oriente Medio y Norte de África3,13,43,63,4
Asia oriental2,42,51,20,8
América Latina y el Caribe3,33,12,52,0
Asia meridional2,31,92,42,0
África subsahariana2,52,72,52,2
Fuente: Tarik Yousef, 2004, “Development, Growth and Policy Reform in the Middle East and North Africa since 1950”, Journal of Economic Perspectives, vol. 18 (verano), págs. 91–116.
Fuente: Tarik Yousef, 2004, “Development, Growth and Policy Reform in the Middle East and North Africa since 1950”, Journal of Economic Perspectives, vol. 18 (verano), págs. 91–116.

Para hacer mella en este problema apremiante, la región debe integrarse con los mercados mundiales a fin de acelerar el crecimiento. La expansión de las exportaciones en campos de actividad que exigen abundante mano de obra podría absorber a muchos trabajadores nuevos; la liberalización de las importaciones abarataría los bienes de capital necesarios para el crecimiento, y la inversión extranjera directa (IED) podría servir de instrumento para la transferencia de tecnología, estimulando la productividad y el crecimiento.

Pero la integración no ha sido fácil para la región, como lo señalaron varios ponentes, y existe una marcada diferencia con otros países. Individualmente, Finlandia (cuya población ronda los 5 millones) y Hungría y la República Checa (con sendas poblaciones de aproximadamente 10 millones) tienen más exportaciones no petroleras que toda la región de OMNA junta con sus más de 300 millones de habitantes. Aunque la IED volcada en la región subió hace poco, equivale a menos del 2% del volumen mundial. Comparados con OMNA (sin contar los países del Golfo), Filipinas, Malasia y Tailandia reciben aproximadamente cuatro veces más entradas netas de IED; Bolivia, Brasil, Chile y México, por su parte, reciben colectivamente por encima de veinte veces más.

¿Hay que abandonarse al mercado?

El segundo problema que se abordó fue la gobernabilidad en OMNA, que, de acuerdo con varios ponentes, es más endeble que en otros países con un nivel de ingreso parecido. La diferencia se remonta en sus orígenes a la posguerra—cuando la gestión de la economía quedó en manos del Estado, no del mercado—y se manifiesta en gran medida en instituciones poco propicias para la empresa privada. También puede observarse en una amplia variedad de indicadores de la calidad institucional: carga burocrática, estado de derecho, participación política y rendición de cuentas. Sin embargo, parece existir en este ámbito una gran variación intrarregional, lo que hace pensar que algunos países podrían lograr avances sustanciales si aplicaran las prácticas óptimas de sus pares dentro de la región. Por ejemplo, Egipto y Siria podrían verse considerablemente beneficiados aplicando parámetros como los de Túnez. Ninguno de los dos tiene por qué convertirse en Islandia, que goza de uno de los índices de calidad institucional más altos del mundo. La idea que más se cristalizó en el seminario es que no se puede dejar todo a merced de los mercados, ya que estos son incapaces de funcionar en un campo de juego desigual con grandes instituciones públicas; más bien, necesitan un marco estatal seguro y previsible. Por ende, la claridad en cuanto a derechos de propiedad, la exigibilidad contractual y otros factores por el estilo son absolutamente indispensables para el crecimiento.

Un crecimiento deslucido

El tercer problema analizado en el seminario fue la debilidad del crecimiento de OMNA durante las dos últimas décadas, que, según demostraciones empíricas, tiene sus raíces en la deficiente calidad institucional y en el abultado tamaño de los gobiernos: la primera actúa mediante su efecto perjudicial en la productividad y la acumulación de capital, y el segundo, mediante el desplazamiento del sector privado (por ejemplo, al competir por recursos escasos y fijar salarios superiores al nivel de equilibrio en el sector privado). Esto tiene implicaciones claras en el ámbito de las políticas: los países de OMNA pueden acelerar el crecimiento poniendo límites al campo de acción del gobierno y mejorando la calidad institucional.

Aunque no cabe duda de que el problema del desempleo se vería aliviado si el sector privado fuera más vigoroso y dinámico, tanto el desarrollo de este como la creación de empresas se ven impedidos por la fragilidad institucional, el exceso de regulación y burocracia, los engorrosos procedimientos comerciales y el costo elevado de hacer negocios en la región. Por ejemplo, el capital mínimo exigido para abrir una empresa es más alto que en todas las demás regiones, más o menos cinco veces el promedio mundial. Asimismo, exigir procesalmente el cumplimiento de un contrato lleva en promedio 426 días, es decir, alrededor del 50% más que el promedio de Asia oriental y 60% más que el de los países industriales. La importación de un cargamento de mercancías estandarizado lleva 80% y 190% más tiempo que en Asia oriental y en los países industriales, respectivamente. Los participantes convinieron en que existen impedimentos en todo el espectro de la actividad empresarial, a los cuales se suma la dificultad de hacer cumplir los derechos de propiedad.

Diálogo sobre la reforma institucional

El seminario abordó los retos institucionales que enfrenta la región de OMNA, el impacto de la gobernabilidad y la calidad institucional en el crecimiento económico de la región y los canales de transmisión, los retos y las reformas institucionales a nivel microeconómico, las estrategias que permitirían mejorar las instituciones y reducir los obstáculos a un crecimiento más ágil, las reformas desde la óptica de la economía política y la manera de lograr reformas institucionales sostenibles.

Las opiniones y las ideas vertidas en este artículo son las de los participantes.

Para consultar la lista de participantes y el texto de sus ponencias, en inglés, diríjase a http://www.imf.org/external/np/seminars/eng/2006/arabco/index.htm.

Un ambicioso plan de reforma

El concepto que surgió del seminario fue la necesidad de agilizar e intensificar reformas institucionales elaboradas para reducir el costo de hacer negocios en la región. Al promover la eficiencia, estas reformas impulsarían la productividad y el crecimiento, y al crear condiciones propicias para el espíritu de empresa, atraerían más inversión nacional e IED, lo cual facilitaría la integración con la economía mundial. Al mismo tiempo, podrían empujar a la región hacia tasas de crecimiento más elevadas y una mejor absorción de una fuerza laboral en rápido aumento.

Si bien no es fácil transformar instituciones con tradiciones arraigadas, los participantes opinaron que el cambio es imperativo, y que podrían contribuir a propiciarlo la liberalización del comercio exterior, la apertura y la ampliación del acceso a la información, así como—palancas—externas como los acuerdos de libre comercio. La liberalización comercial obliga a las empresas nacionales a competir, a hacer presión para que se mejoren las condiciones comerciales y también a forjar alianzas beneficiosas con empresas extranjeras. En ese ámbito serían ventajosos los acuerdos de comercio exterior. El acceso a la información y la apertura del discurso económico ayudarían a promover una filosofía de rendición de cuentas. Sumados, estos factores darían lugar a un sector privado más abierto, competitivo y—en última instancia—sólido, afianzando las fuerzas internas que buscan mejoras institucionales. Con todo, como señalaron muchos de los participantes, es indispensable que haya voluntad política y una dirección fuerte y competente.

Yasser Abdih y Ralph Chami

Instituto del FMI

Other Resources Citing This Publication