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La mujer podría afianzar el crecimiento

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
January 2007
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En un reciente documento de trabajo del FMI se examinan las distintas opciones económicas del hombre y la mujer, y los efectos que pueden tener en la macroeconomía y en las políticas monetarias y fiscales. Las diferencias de género se integran desde hace tiempo en los modelos de desarrollo económico y en los ámbitos de la economía del trabajo y las finanzas públicas. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas han relacionado explícitamente el progreso económico con la equiparación de oportunidades para la mujer.

Pregunta: ¿Cuáles son las repercusiones de las diferencias de género en el comportamiento económico para la política macroeconómica?

Conclusión: La reducción de la desigualdad de género y el mejoramiento de la situación de la mujer podrían aumentar las tasas de crecimiento económico y afianzar la estabilidad macroeconómica.

Resultado: Las políticas macroeconómicas deben tomar en cuenta los beneficios de la reducción de las desigualdades de género, sobre todo en los países de ingresos más bajos, donde estas diferencias son más pronunciadas.

Janet Stotsky, economista del FMI, analizó el impacto del género en la política macroeconómica y llegó a las conclusiones siguientes:

  • Las diferencias de género en el comportamiento que son sistemáticas y generalizadas pueden influir en las variables macroeconómicas, como el consumo agregado, el ahorro, la inversión y la disposición a asumir riesgos. También pueden influir en las decisiones que toman los gobiernos y el alcance del sector público, lo que tiene repercusiones macroeconómicas.

  • El género influye en el comportamiento de consumo, en parte, a través de las diferencias de comportamiento dentro del hogar. Las mujeres tienden a dedicar una proporción más importante de los recursos del hogar a satisfacer las necesidades familiares básicas y fomentar el potencial de los hijos.

  • El género influye en el ahorro, la inversión y el riesgo. Las mujeres tienden a ser más propensas a ahorrar e invertir de forma productiva. Su comportamiento en cuanto al ahorro y la inversión también es más cauteloso.

  • La participación plena de la mujer en la vida política podría ampliar la demanda de modalidades públicas de seguro social y el papel del Estado.

  • La falta de educación, atención de salud y oportunidades económicas y sociales para la mujer—en términos absolutos y relativos con respecto al hombre—frena el crecimiento económico; al mismo tiempo, este reduce la condición de subordinación de la mujer. En los países de ingreso medio más bajo donde la agricultura sigue siendo la fuente principal de actividad económica, la falta de educación, atención de salud y oportunidades de empleo para la mujer le impide aprovechar plenamente el entorno macroeconómico más favorable.

  • Un componente de esta relación es que el crecimiento de las industrias orientadas a la exportación de muchos países en desarrollo, respaldado por la liberalización comercial y financiera, ha fomentado el crecimiento económico y ha creado más empleos para la mujer.

Menos oportunidades

Las mujeres están en una situación de desventaja, sobre todo en el mundo en desarrollo, donde las oportunidades de progreso económico, social y educativo suelen ser claramente inferiores a las de los hombres. El resultado final es un nivel inferior de escolaridad, una tasa de mortalidad infantil más alta para las niñas que para los niños en muchos países, y tasas de esperanza de vida que no coinciden con las normas biológicas, el denominado fenómeno de las mujeres desaparecidas.

Las mujeres también se enfrentan a la discriminación en los mercados de trabajo por la falta de oportunidades de empleo y las notables diferencias salariales por razón de género, y en los mercados financieros por el acceso limitado al crédito o la imposibilidad de retener el control de la propiedad, lo que restringe sus oportunidades para mejorar su nivel de vida y tener autonomía en sus propias vidas. La situación de desventaja de la mujer también es evidente por la falta de oportunidades para participar en el proceso de toma de decisiones.

No hay pruebas concluyentes de la relación entre la situación de desventaja de la mujer y el crecimiento, e incluso es difícil medir el grado de desigualdad o desventaja en relación con el hombre. No obstante, se observa que las sociedades que amplían el acceso de la mujer a la educación, la atención de salud, el empleo y el crédito, y que reducen las diferencias entre el hombre y la mujer en cuanto a oportunidades económicas, aceleran el ritmo del desarrollo económico y reducen la pobreza.

Las diferencias de género en el comportamiento también influyen en la evaluación del impacto de los tipos de cambio (incluida a veces en los programas de ajuste respaldados por el FMI y el Banco Mundial) y la liberalización comercial y financiera en los mercados de productos y de trabajo. En algunos países, principalmente los que aún se basan en la agricultura de subsistencia, la desigualdad de oportunidades para la mujer limita su capacidad para aprovechar las políticas estructurales y macroeconómicas. Se hace hincapié en este problema en los estudios sobre África subsahariana, donde las mujeres suelen dedicarse sobre todo a la agricultura de subsistencia. La depreciación del tipo de cambio, orientada a restablecer el equilibrio externo, puede imponer una carga del ajuste más pesada sobre las mujeres que sobre los hombres. Cuando las mujeres tienen más oportunidades, incluso en las industrias orientadas a la exportación, esta carga puede ser más liviana.

Presupuestos que reduzcan las desigualdades de género

En un documento de trabajo conexo (WP/06/232), Stotsky examina “la integración de la perspectiva de género en el presupuesto”, entendida como el examen sistemático del impacto de las políticas y programas presupuestarios en la mujer. Australia fue el primer país en integrar esta perspectiva en el proceso presupuestario estableciendo el concepto de “presupuesto de las mujeres” para afrontar las desigualdades entre el hombre y la mujer. Los ministerios y departamentos públicos deben presentar un análisis del impacto del presupuesto anual en las mujeres y niñas, haciendo hincapié, aunque no exclusivamente, en el gasto público.

En los últimos años, varios países han impulsado iniciativas para la integración de la perspectiva de género en el presupuesto. En algunos países de la Unión Europea, por ejemplo, estas iniciativas están floreciendo, y los análisis del impacto de los presupuestos en la mujer y la reducción de las disparidades de género se han convertido en una parte aceptada del proceso presupuestario. Estas iniciativas también se han ensayado en varios países en desarrollo, desde Sudáfrica a Filipinas, donde han tenido resultados desiguales.

La integración de la perspectiva de género en el presupuesto obedece a la constatación de que la mujer sigue estando en desventaja con respecto al hombre en los principales indicadores económicos, sociales y políticos. Pero en muchas áreas, como la educación, se están reduciendo las diferencias. Inicialmente, estas iniciativas se centraron en garantizar la asignación adecuada y bien focalizada del gasto destinado a programas para reducir las desigualdades de género y mejorar la situación de la mujer. Ahora también se centran en el lado del ingreso del presupuesto.

Ajuste de los programas respaldados por el FMI

Stotsky señala que la preparación de su estudio estuvo motivada inicialmente por las críticas contra los programas de ajuste estructural respaldados por el FMI y el Banco Mundial, sobre todo durante los años ochenta y principios de los noventa. En estas críticas, en las que se sostiene que estos programas fueron excesivamente penosos para las mujeres, se centraron en general en los efectos a corto plazo de la austeridad económica, caracterizada por recortes del gasto público o aumentos de las tarifas de los servicios públicos. Estas medidas tuvieron efectos directos en las mujeres, pero también el efecto indirecto de aumentar el volumen de trabajo no remunerado realizado por las mujeres para ocuparse de sus familias. En muchos casos, en estas críticas no se toma en cuenta el efecto a mediano o a más largo plazo de estos programas, que podrían ser más beneficiosos a nivel global.

En la última década los cambios en el diseño de los programas de ajuste estructural han centrado más la atención en los problemas sociales durante el ajuste. En estudios recientes se demuestra que estos programas han propiciado la reducción de las diferencias en educación, atención de salud y empleo entre hombres y mujeres. Estas consideraciones subrayan la necesidad de que las autoridades económicas reconozcan la importancia de las desigualdades y las diferencias de género en el comportamiento al tomar decisiones sobre la combinación de políticas monetarias y fiscales más adecuadas para el éxito del ajuste económico.

De los estudios se desprende que es esencial garantizar que las medidas de austeridad, que podrían ser necesarias para estabilizar la macroeconomía y restablecer las condiciones para un crecimiento sostenido, no impongan una carga excesiva en las mujeres o los hogares encabezados por una mujer. Además, deben redoblarse los esfuerzos para mitigar los efectos más penosos de la volatilidad económica mediante redes de protección social adecuadas y un ritmo apropiado de ajuste fiscal para garantizar que los beneficios a mediano y más largo plazo se distribuyen equitativamente y se refuerzan mediante la aplicación de medidas para asegurar la igualdad de oportunidades en los mercados económicos.

Este artículo está basado en “Gender Budgeting” (IMF Working Paper No. 06/232) y “Gender and its Relevance to Macroeconomic Policy: A Survey” (IMF Working Paper No. 06/233) ambos de Janet Stotsky. Pueden adquirirse ejemplares al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la pág. 32. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

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