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Panorama regional: Evaluación del Banco Central Europeo al cabo de siete años

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
November 2006
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Después de cinco años de casi nulo crecimiento, la zona del euro por fin se recupera económicamente. Sin embargo, el Banco Central Europeo (BCE), que fija las tasas de interés de los 12 Estados miembros de la zona y cuyas políticas siguen muchos otros países de la Unión Europea (UE) no integrados en la unión monetaria, está preocupado por las presiones inflacionarias, por lo que ha emprendido una restricción monetaria de la que algunas autoridades se quejan por entender que puede obstaculizar la recuperación. Camilla Andersen habló con el profesor Peter Kenen, miembro principal del Council of Foreign Relations, acerca del papel del BCE.

BOLETÍN DEL FMI: ¿Ha sido un éxito el euro?

KENEN: El euro es hoy la segunda moneda más importante del mundo. Esto es un gran logro para una entidad nueva. Además, hay indicios de que ha estimulado el comercio, aunque en menor medida de lo previsto por algunos de mis colegas, como Andrew Rose. Y ha estimulado enormemente el crecimiento de los mercados de capitales europeos, hasta el punto de que estamos asistiendo a la unificación de las bolsas de valores europeas. Aunque Londres sigue siendo el principal centro financiero, la unificación de las bolsas continentales avanza con rapidez.

BOLETÍN DEL FMI: La inflación en la zona del euro ha sido baja en general, pero, en los últimos años, el BCE no ha podido cumplir plenamente su propio objetivo de inflación “cerca del 2%, pero sin alcanzarlo”. ¿Qué opina de esto?

KENEN: Es difícil responder porque las tasas de inflación han estado bajando en todo el mundo desde que el BCE empezó a funcionar en 1999. La trayectoria del BCE es buena, pero no mucho mejor que la de los otros grandes bancos centrales: el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de Estados Unidos. Como usted sabrá, el objetivo de inflación del BCE ha sido muy criticado. La mayoría de los bancos centrales tienen un objetivo único dentro de un margen aceptable de 1% por arriba y por abajo. En cambio, el BCE no tiene márgenes en torno a su objetivo, lo que lo ha sometido a una presión innecesaria. Si el objetivo fijado hubiera sido el 2% con margen a ambos lados, el BCE lo habría cumplido holgadamente casi siempre. Por el contrario, ha incumplido su propio objetivo una y otra vez.

BOLETÍN DEL FMI: ¿Es demasiado ambicioso el objetivo?

KENEN: Puede que sea algo bajo, sobre todo porque no sabemos cuánto por debajo del 2% desea el BCE que se sitúe la tasa de inflación. Olvidando por un momento los problemas de los Estados miembros de la UE que querrían entrar en la zona del euro, los 12 miembros iniciales han tenido la fortuna de que algunos de los países con mayor inflación no han influido mucho en los agregados del BCE. Aunque Italia es sin duda un caso aparte, los dos países más grandes, Alemania y Francia, han visto reducidas sus tasas de inflación, lo que ha marcado la pauta para toda la zona. Así, la tarea del BCE ha sido mucho más fácil que si los países candidatos a la adhesión, de crecimiento mucho más rápido, se hubieran integrado en la unión monetaria desde el principio.

BOLETÍN DEL FMI: ¿Qué opina de la rendición de cuentas del BCE?

KENEN: Casi todos los bancos centrales están sujetos de algún modo a la supervisión gubernamental. Es ciertamente lo que sucede con el Banco de Inglaterra, cuyo gobernador debe informar por escrito al ministro si la inflación sobrepasa el 3%. En Estados Unidos, el presidente de la Reserva Federal dedica gran parte de su tiempo a declarar ante los comités del Congreso. No hay una supervisión intragubernamental análoga del BCE, que es más independiente que ningún otro banco central en dos sentidos. En primer lugar, aunque el Parlamento Europeo celebra audiencias y ha creado un comité que supervisa la política monetaria, carece de facultades respecto del BCE. En segundo lugar, solo hay una manera de cambiar el mandato del BCE: modificar el Tratado de Maastricht, lo que requiere la aprobación unánime de todos los países de la UE. Por lo tanto, en cierto sentido, el BCE es el banco central más independiente del mundo, lo que se traduce en un directorio ejecutivo fuerte y eficaz, y mucha autonomía.

BOLETÍN DEL FMI: ¿En qué medida influyen los 12 gobernadores de los bancos centrales nacionales?

KENEN: Sin estar en las reuniones del Consejo de Gobierno del BCE es imposible saber en qué medida el debate se centra en la zona del euro o en países concretos. Sin embargo, la justificación de la unión monetaria era que el BCE examinaría los agregados de la zona del euro, no la evolución individual. Los gobernadores de los bancos centrales nacionales participan en las reuniones del Consejo de Gobierno del BCE para debatir la evolución de la economía de la zona en su conjunto, igual que los gobernadores de los bancos regionales de Estados Unidos debaten la economía general del país cuando se reúnen en la Reserva Federal. Que yo sepa, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Dallas no da un golpe en la mesa y dice que las cosas no marchan en Texas. No dudo de que Wim Duisenberg, primer presidente del BCE, y Otmar Issing, su primer economista principal, habrán establecido el mismo principio en el BCE.

BOLETÍN DEL FMI: ¿Es comparable la credibilidad del BCE como banco central con la de la Reserva Federal de Estados Unidos?

KENEN: Creo que la Reserva Federal tiene mayor credibilidad, pero yo mediría la diferencia en pulgadas, no en millas. El BCE se ha instalado muy bien. Es muy respetado por la mayoría de los bancos centrales y economistas monetarios. Los encargados de fijar metas de inflación, como mi colega Lars Svensson, dirían que debería tener un objetivo simétrico. Estoy de acuerdo. Pero, en general, los resultados han sido muy buenos; desde luego yo no culparía al BCE de la atonía de la evolución económica de la zona del euro. Gran parte del debate ahora en Europa se centra en por qué la tasa de crecimiento sostenible es tan baja. Y esto es consecuencia de factores reales, no monetarios.

El Banco Central Europeo en pocas palabras

La Unión Europea está integrada por 25 Estados miembros, de los cuales solo 12 han adoptado el euro hasta la fecha. Estos países —Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos y Portugal— forman la zona del euro o eurozona.

El Banco Central Europeo (BCE) dirige la política monetaria en nombre de los países de la zona, pero no actúa solo, sino con los bancos centrales nacionales de los 12 países que forman parte del eurosistema.

El Comité Ejecutivo y el Consejo de Gobierno del BCE son los dos órganos rectores del eurosistema. Ambos están encabezados por el presidente del BCE, actualmente el francés Jean-Claude Trichet. El Comité Ejecutivo está formado por seis miembros nombrados por un período de ocho años no renovable. El Consejo de Gobierno, que se reúne dos veces al mes, está formado por los seis miembros del Comité Ejecutivo más los gobernadores de los 12 bancos centrales de la zona del euro. El Consejo de Gobierno decide las tasas de interés por mayoría simple (cada miembro dispone de un voto). El Comité Ejecutivo aplica las medidas decididas por el Consejo de Gobierno y se ocupa de la gestión cotidiana del BCE.

BOLETÍN DEL FMI: ¿Es el BCE culpable de la falta de crecimiento en la zona del euro?

KENEN: No. Las fuerzas que han frenado la economía europea son el resultado de las características estructurales de que tanto se habla, y de que buena parte de la recuperación se basa en la exportación. Al menos hasta hace poco no había mejorado la inversión y el gasto de los consumidores era lento, y yo no creo que fuera a causa de la política monetaria.

BOLETÍN DEL FMI: ¿Amenazan la viabilidad de la unión monetaria los países con malos resultados, como Italia y Portugal?

KENEN: Pongámonos en el caso extremo. ¿Qué probabilidades hay de que Italia se retire del euro? Esto lo han planteado de vez en cuando algunos de los políticos italianos menos responsables. La respuesta es doble. Primero, no es posible retirarse legalmente. La integración en el BCE es una de las obligaciones de la integración en la UE, salvo para los países que no cumplen los requisitos o están acogidos a una excepción, como Dinamarca y el Reino Unido. El segundo problema es de derecho internacional. Si un país decide adoptar una nueva moneda y redenominar su deuda, legalmente puede hacerlo; pero el euro no es la moneda de Italia, sino de Europa, y la deuda denominada en euros no es algo exclusivamente italiano. Si Italia se retirara del euro, la nueva moneda italiana se depreciaría, aumentando la carga de la deuda. Pero es posible, además, que si yo tuviera bonos denominados en euros en Italia y al amparo de la ley italiana, podría aún tener derecho a acudir al Tribunal Europeo para reclamar el pago en euros, lo que aumentaría aún más la carga de la deuda. Por eso, retirarse del euro es una posibilidad muy remota rodeada de toda clase de riesgos.

Lo que Italia afronta es lo que Alemania afrontó en los primeros años de la unión monetaria. Alemania adoptó el euro con un tipo de cambio sobrevaluado y soportó un largo período de estancamiento en parte por esta razón. Italia tiene ahora una moneda sobrevaluada, y esto va a suponer un período de austeridad hasta que se rebajen sus costos salariales. Este es uno de los motivos del actual descontento en Italia. Va a ser un proceso doloroso. España es otro país con problemas parecidos.

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