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El efecto de la inflación china en Estados Unidos y Japón

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
August 2006
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Afines de la década pasada y comienzos de la actual, la baja inflación de muchos países emergentes e industriales llevó a sostener que China ocasionaba la caída de precios en todo el mundo al exportar productos baratos a mercados más maduros. Más recientemente, cuando la presión inflacionaria empezó a crecer en todo el mundo, estos argumentos se revirtieron, y algunos sostienen que ahora la demanda china empuja al alza los precios en el resto del mundo. ¿Qué está pasando? Un nuevo trabajo del FMI examina las pruebas empíricas y descubre algunos vínculos interesantes e inesperados.

¿Cómo puede un país exportar inflación o deflación? ¿No es la inflación en todos lados un fenómeno monetario determinado por políticas internas? La respuesta breve es que en teoría los países pueden exportar e importar inflación o deflación, y existe prueba empírica de ello. De hecho, cuando había un sistema mundial de tipo de cambio fijo (como en la era del patrón oro), era común observar períodos de deflación sincronizada en varios países, ya que la caída de precios en el país que actuaba de reserva ocasionaba igual efecto en otros. En términos más generales, en cualquier economía abierta y relativamente pequeña con tipo de cambio fijo, la inflación interna tiende a estar determinada en gran parte por la de sus socios comerciales.

Este fenómeno de exportar inflación también puede darse en países grandes con tipo de cambio flexible. Por ejemplo, la presión deflacionaria podría exportarse cuando, al exportar bienes finales cuyo precio en la moneda exportadora está cayendo, se reduce directamente el índice de precios de importación de otros países. La deflación también podría exportarse indirectamente si los productos finales más baratos bajan los precios de otros países por su efecto negativo en la demanda de importación. Asimismo, las exportaciones baratas a terceros países podrían afectar la estructura de costos de las empresas de esos países, al permitirles bajar el precio de sus exportaciones. Análogamente, la inflación generada por aumentos de la demanda en un país podría incrementar la importación por parte de sus socios comerciales, mientras reduce la oferta interna y provoca inflación en las economías exportadoras.

Varios de estos argumentos se han empleado para aducir que China ha exportado deflación o inflación. Algunos han dicho que durante el ciclo de auge y crisis de inicios de los años noventa, China forjó una enorme capacidad excedente en su sector manufacturero, que luego provocó la caída de precios de los bienes manufacturados, causando deflación en el país. Con el veloz aumento de la participación china en el comercio mundial, esta deflación se propagó al resto del mundo mediante las exportaciones chinas baratas. Cuando en 2003 finalizó la deflación en China y su demanda de importación aumentó en gran forma, los argumentos cambiaron. Varios adujeron que entonces China exportaba inflación porque absorbía tales cantidades de productos que los consumidores de otros países tenían que pagar precios más altos.

no existen pruebas sólidas de que la inflación china provocara inflación en Estados Unidos o Japón, pero hay pruebas de lo contrario.

Qué indican los datos

Para examinar la validez de estas ideas, en el trabajo se utilizan varios modelos econométricos progresivamente más complejos a fin de investigar lo que sucedió. En primer lugar se emplea un modelo autorregresivo simple para realizar una prueba de causalidad de Granger. El modelo y la prueba imponen premisas económicas mínimas sobre las estimaciones y tienen posibilidad de captar los efectos directos e indirectos de la inflación de un país sobre la de otro.

Al aplicarse a China, Estados Unidos y Japón, los resultados son interesantes: no existen pruebas sólidas de que la inflación china provocara inflación en Estados Unidos o Japón, pero hay pruebas de lo contrario. Aunque los medios no lo enfatizan, este efecto opuesto no debería sorprender. Las importaciones chinas de bienes estadounidenses han crecido en gran forma durante más de una década. Esta conclusión también coincide con la idea de que, en regímenes de flexibilidad limitada, la inflación tiende a trasmitirse desde el país de la moneda de reserva (Estados Unidos) hacia otros (China).

A continuación, en el trabajo se aplica un modelo más sofisticado para obtener un panorama más amplio de estas economías y explicar cómo se transmite la inflación. En concreto, los vínculos entre inflación de precios al consumo, precios de productos básicos e importaciones, tipo de cambio y crecimiento del producto se estiman en forma conjunta en el marco de un vector autorregresivo. Ello permite que los shocks de oferta y demanda en China afecten al mismo tiempo la inflación estadounidense a través de los precios de importación. Para eludir una falla típica de tales modelos (el orden de las variables afecta los resultados) se estiman dos modelos diferentes, uno de ellos con un sesgo tendiente a hallar un efecto positivo de la inflación china sobre la de otros países.

Los resultados de este modelo confirman resultados previos. No existe un efecto considerable de la inflación china sobre la de Estados Unidos o Japón. De hecho, aunque la inflación estadounidense muestra una reacción positiva al aumento de los precios de importación y del crecimiento del producto, y sus precios de importación actúan igual ante aumentos del precio mundial de los productos básicos, dichos precios de importación no reaccionan a la inflación china. Además, la inflación china responde por solo un 5% de la variación de los precios de importación y consumo de Estados Unidos.

Por otra parte, hay pruebas de que la actividad económica de Estados Unidos afecta a China: los shocks del producto en Estados Unidos afectan la inflación china y una descomposición de la varianza sugiere que más del 10% de la variación de la inflación china se debe a cambios en el crecimiento del producto de Estados Unidos. Algo similar sucede en Japón.

Empero, estos modelos tienen una posible desventaja importante. Pueden subestimar el efecto actual de la inflación china sobre la de Estados Unidos y Japón porque los datos abarcan dos décadas, incluyendo el período de comercio relativamente menor entre China y estos dos países. Para abordar este posible problema, en el trabajo también se utilizó un modelo de coeficiente variable que permite que el coeficiente que plasma los efectos de la inflación china sobre otros países cambie con la variación de su volumen de comercio. Con el tiempo, y a medida que el comercio crece, cabría esperar una suba de este coeficiente que reflejase el fortalecimiento de la relación entre las tasas de inflación de estos países.

Pero contrariamente a lo esperado, al tomar en cuenta el creciente comercio entre China y sus socios comerciales, las conclusiones de los modelos más simples no varían. Solo existen pocos y fugaces ejemplos de inflación china con efectos estadísticamente significativos en Estados Unidos y Japón (véase el gráfico). Nuevamente, la inflación estadounidense parece tener un efecto mayor sobre la de China.

Tras las huellas de la inflación

Hasta ahora, no hay pruebas claras de que la inflación china afecte a la de otros países.

Citation: 35, 14; 10.5089/9781451944150.023.A009

Datos: FMI, Perspectivas de la economía mundial.

En ciertos sectores sí parece existir un vínculo mayor y quizá creciente entre los precios de China y los de Estados Unidos y Japón.

Qué está pasando

¿Por qué hay escasas pruebas de un vínculo creciente entre tasas de inflación a medida que aumenta el comercio chino? Es posible que los efectos de varios subcomponentes de este vínculo se anulen mutuamente. Por ejemplo, durante 2003-04, los precios de electrodomésticos en China cayeron, posiblemente deprimiendo sus precios mundiales, mientras que los de los alimentos, afectados por la sequía y por políticas internas, subieron.

Para probar esta hipótesis, se usó un modelo de coeficiente estocástico con los componentes de la inflación de precios al consumidor (IPC). Un componente analizado es la inflación en comestibles, y otro, el gran rubro de exportación chino de artículos para el hogar, incluidos los electrodomésticos. Los resultados sugieren que, en efecto, la variación de precios de estos componentes explica en parte los precios correspondientes en Estados Unidos. Los resultados sobre los artículos del hogar no son tan claros, quizá por el menor período de la muestra. Empero, sí indican un aumento del vínculo entre la variación de precios de China y Estados Unidos. Estos resultados también apoyan la hipótesis de que los componentes del IPC se anulaban mutuamente. En concreto, en 2003, cuando el precio de los comestibles hizo subir el IPC, los precios de los artículos del hogar actuaron en sentido inverso. De nuevo, los resultados para Japón son similares.

En suma, solo hay pruebas limitadas a nivel agregado de que la inflación china provocara variación de precios en Estados Unidos y Japón. Además, existen pruebas de que la inflación estadounidense ha afectado a la de China, en consonancia con quienes sostienen que la inflación se propaga desde la economía de la moneda de reserva hacia las demás. En ambos casos, el efecto es breve. Sin embargo, en un plano de mayor desagregación, en ciertos sectores sí parece existir un vínculo mayor y quizá creciente entre los precios de China y los de Estados Unidos y Japón.

No obstante, en forma más amplia, son otros los factores —en especial los shocks mundiales (como la evolución del precio del petróleo) y la semejanza de comportamiento de los bancos centrales (en particular, su compromiso común de contener la inflación)— que brindan explicaciones más plausibles para las similitudes en los patrones de inflación de las principales economías mundiales. ?

Tarhan Feyzioglu FMI, Departamento de Asia y el Pacífico

Pueden adquirirse ejemplares de “Does Inflation in China Affect the United States and Japan?” (IMF Working Paper No. 06/36), de Tarhan Feyzioğlu, al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la página 224. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

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