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Análisis: ¿Se usa eficazmente el señoreaje en los bancos centrales?

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
August 2006
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El bajo nivel de inflación y la abundancia de reservas internacionales han agudizado la presión financiera que pesa sobre muchos bancos centrales y agravado las preocupaciones sobre su eficiencia y gobernabilidad. Según un nuevo estudio del FMI, los problemas de gobernabilidad surgen cuando hay menos independencia, pero muchas instituciones —independientes o no— podrían gobernarse mejor si hicieran más transparente su situación financiera, revisaran periódicamente sus gastos y sistematizaran el dimensionamiento y la tarifación correcta de sus servicios, entre otras medidas.

Gracias al derecho exclusivo de emitir moneda, los bancos centrales gozan de acceso privilegiado al señoreaje, es decir, la diferencia entre el valor del dinero y el costo de producirlo. En el pasado, el desvío de señoreaje hacia el gobierno puso de relieve problemas bien conocidos de predominio de la política fiscal sobre la monetaria y financiamiento inflacionario. En los últimos años, muchos países han afianzado decisivamente la independencia de los bancos centrales, reformando sus estatutos, prohibiéndoles el financiamiento directo del gobierno y eliminando los gastos cuasifiscales. Aun así, dado que el señoreaje continúa dentro de la esfera de los bancos centrales, es imperativo plantearse si existen salvaguardias y normas de gobernabilidad adecuadas.

La pregunta se impone porque la situación financiera de muchos bancos centrales está empeorando. Por un lado, el señoreaje sigue una tendencia claramente descendente, como consecuencia de la caída de la inflación y de la demanda de moneda (véase el gráfico de la izquierda); por el otro, el costo de mantener reservas de divisas ha subido, debido al aumento de las reservas acumuladas (véase el gráfico de la derecha). Estas tendencias han producido fuertes pérdidas en muchos bancos centrales y empujado sus capitales al terreno negativo, desatando intensos debates técnicos y políticos sobre la necesidad, el alcance y la modalidad de una recapitalización.

Dado que el señoreaje continúa dentro de la esfera de los bancos centrales, es imperativo plantearse si existen salvaguardias y normas de gobernabilidad adecuadas.

Creación y uso de los ingresos por señoreaje

Un análisis empírico de los estados financieros auditados de 2003 de más de 100 bancos centrales muestra diferencias clarísimas entre las instituciones “sólidas” (las que tienen utilidades estructurales positivas, por ejemplo, utilidades ajustadas según las ganancias por valoración y otros ingresos y gastos extraordinarios) y las “débiles” (las que tienen utilidades estructurales negativas).

Aunque los bancos centrales débiles generaron más ingresos por señoreaje gracias a la laxitud de la política monetaria, su situación financiera empeoró debido a la fuerte alza de los gastos operativos y al aumento de los créditos en mora. Además, comparados con los bancos centrales sólidos —y a pesar de tener utilidades y capital negativos—, transfieren en promedio casi el mismo volumen de dividendos, acumulan más activos externos y brindan más financiamiento al gobierno. En estas circunstancias, y muy al contrario de las instituciones sólidas, los bancos centrales débiles pierden capital.

El señoreaje, en baja

El señoreaje sigue una tendencia claramente descendente desde hace casi dos décadas a causa de la caída de la inflación y de la demanda de moneda.

(Promedio porcentual de 100 países)

Citation: 35, 14; 10.5089/9781451944150.023.A008

Datos: FMI, International Financial Statistics.

Las reservas crecen y los costos se disparan

Aunque el señoreaje ha disminuido, el fuerte aumento de las reservas ha encarecido su acumulación.

(Reservas, porcentaje de los billetes y monedas en circulación)

Citation: 35, 14; 10.5089/9781451944150.023.A008

Datos: FMI, International Financial Statistics.

Cabe pensar entonces que la independencia y la gobernabilidad plantean una problemática profunda en numerosos bancos centrales que, como consecuencia de restricciones presupuestarias poco estrictas (ya que los ingresos por señoreaje son abundantes y pueden ampliarse) y pese a intentar limitar nuevos financiamientos explícitos al gobierno, aún parecen ser una fuente residual de fondos baratos para el Estado. Es notable comprobar que esos mismos bancos también suelen excederse del presupuesto de gastos operativos. Aparentemente, la falta de independencia y la falta de gobernabilidad van juntas.

¿Qué determina los gastos operativos?

Como era de esperar, el análisis empírico de los gastos operativos —habiendo neutralizado el tamaño de la población, el PIB per cápita, la emisión de moneda y la existencia de servicios exhaustivos de supervisión bancaria— muestra profundas discrepancias según el tamaño y la riqueza del país. Los bancos centrales de los países más pequeños y pobres indudablemente tienen más dificultades para afrontar los costos fijos. Pero las disparidades no se acortan al neutralizar esas diferencias estructurales: el banco mejor administrado gasta más de tres veces menos que el promedio del grupo, y el peor administrado, cinco veces más (véase el gráfico).

El hecho de que los bancos centrales débiles tengan por lo general una peor administración de los gastos respalda la hipótesis de que hay graves problemas de gobernabilidad. Pero este es un tema que afecta también a los bancos centrales sólidos, cuyos gastos operativos registran amplias variaciones, están estrechamente vinculados a las utilidades y no parecen estar claramente correlacionados con los indicadores generales del desempeño macrofinanciero. El análisis también hace pensar que muchos bancos centrales quizá funcionen con una perspectiva limitada del bienestar público, ya que tratan de satisfacer la demanda de servicios lo mejor posible pero sin plantearse si el dólar marginal utilizado con ese fin pudiese aprovecharse mejor en otro ámbito del sector público.

Grandes diferencias

El banco central mejor administrado gasta más de tres veces menos que el promedio, y el peor administrado, cinco veces más.

(Índice de desenvolvimiento en cuanto a administración)

Citation: 35, 14; 10.5089/9781451944150.023.A008

↑ = Bancos centrales débiles.

Datos: Cuentas financieras auditadas de los bancos centrales.

Mejorar la gobernabilidad del banco central

El hecho de que los bancos centrales menos independientes sufran más problemas de gobernabilidad debería disipar la preocupación de que los gastos se desbocarían si estas instituciones gozaran de más libertad. De hecho, la independencia a la hora de administrar el presupuesto y fijar la escala salarial es particularmente crítica en un momento en que muchos bancos centrales necesitan evolucionar hacia un modelo institucional moderno, es decir, con menos personal pero muy preparado.

Pero la independencia es inseparable de la rendición de cuentas y esta exige transparencia. Al facilitar la comparación, la transparencia le permite a un banco central tener una idea más clara de su situación en comparación con instituciones homólogas y hacer los ajustes necesarios. Los bancos centrales que publican sus estados de resultados tienen aún mucho margen para hacerlos más accesibles y comprensibles; los demás deberían proceder a la publicación sin más demora.

Asimismo, convendría que los gobiernos pasaran revista periódicamente a los gastos de los bancos centrales (sin olvidar el costo de la acumulación de reservas) para tener criterios suficientemente uniformes al comparar la prestación de bienes públicos. Hace poco, Nueva Zelandia dispuso que los ingresos por señoreaje le correspondían al Estado, pero dejó en manos del banco central un porcentaje (renegociado cada cinco años). Este interesante ejemplo de sistematización podría ser útil para otros bancos centrales.

Por último, dichas instituciones deberían cerciorarse de que los servicios que brindan estén correctamente tarifados y financiados por los usuarios. Teniendo en cuenta el elevado costo que implica mantener reservas internacionales abundantes, hay motivos para que los bancos centrales se planteen como posibilidad —al menos en principio y dentro de límites razonables— reservas obligatorias no remuneradas u otros mecanismos a título oneroso.

Alain Ize FMI, Departamento de Sistemas Monetarios y Financieros

Pueden adquirirse ejemplares de “Spending Seigniorage: Do Central Banks Have a Governance Problem?” (IMF Working Paper No. 06/58), de Alain Ize, al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la página 224. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

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