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Análisis

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2006
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Servicios deslocalizados, mayor productividad estadounidense

Desde hace siglos Estados Unidos importa materiales para producir bienes de exportación; pero, gracias a la revolución de la tecnología de la información (TI) de estos últimos años, las empresas han podido recurrir a proveedores de servicios en el extranjero que ofrecen mano de obra más barata y diferentes aptitudes laborales. Entre 1992 y 2000, esa deslocalización de servicios se incrementó en promedio un 6,3% anual y se mantiene en rápido aumento desde entonces, sembrando preocupación entre la fuerza laboral nacional. Según un estudio reciente del FMI a cargo de Mary Amiti y Shang-Jin Wei, la deslocalización sí ha suprimido un pequeño número de puestos de trabajo en la manufactura, pero también ha estimulado la productividad de la mano de obra y así ha contribuido a la creación de empleo en otros sectores de la economía estadounidense.

Aunque la deslocalización de materiales de insumo (véanse los gráficos) es aún muy superior, la de servicios se ha acelerado rápidamente como consecuencia del aumento mundial del uso de Internet y el avance de la digitalización telefónica. Las industrias que necesitan muchos servicios de insumo tienen más probabilidades de responder a los cambios tecnológicos que rentabilizan la deslocalización; por ejemplo, el traslado de centros de llamadas y creación de software a India es ya un fenómeno común.

De ahí la preocupación de que Estados Unidos pierda puestos de trabajo que terminarían en países en desarrollo. Un estudio elaborado en 2004 por la Universidad de Maryland, por ejemplo, concluyó que el personal profesional con sueldos anuales de más de US$100.000 era partidario del libre comercio en un 57% en 1999, pero en un 28% en 2004. Esa oposición se hace manifiesta en las restricciones a la deslocalización aprobadas por el Senado estadounidense —pero no por la Cámara de Representantes—, que excluían de la mayoría de los contratos del gobierno federal a toda empresa que planeara realizar en el extranjero cualquiera de las actividades contratadas.

¿Apariencia o realidad?

Algunos periodistas y políticos han insistido en un vínculo entre la deslocalización y la pérdida de empleos, basándose a menudo en estimaciones hechas por consultores de empresas. Según un reconocido analista especializado en la TI, la deslocalización aumentará un 30%–40% anual durante los cinco próximos años y el número de puestos de trabajo afectados en Estados Unidos pasará de 400.000 hoy a 3,3 millones en 2015; de ese total, 8% de los actuales empleos de la industria terminarán en el extranjero en los 12 próximos años. Pero según Amiti y Wei, no está claro cómo se hizo ese cálculo, y los efectos de la deslocalización sobre la productividad laboral y el empleo no han sido estudiados sistemáticamente.

¿Peligra el trabajo en Estados Unidos?

Para medir el efecto de la deslocalización en Estados Unidos entre 1992 y 2000, Amiti y Wei usaron un marco estándar de demanda de mano de obra y combinaron datos sobre comercio exterior con cuadros detallados de insumo-producto publicados por el Centro de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. Y para medir los cambios en la deslocalización de servicios, calcularon el porcentaje de los insumos de la industria manufacturera atribuible a los siguientes servicios importados en el año 2000: servicios de empresa, 12%; finanzas, 2,4%; telecomunicaciones, 1,3%; seguros, 0,5%; e informática, 0,4%.

Lenta pero segura

La deslocalización de materiales viene ocurriendo desde hace décadas y sigue en aumento.

Citation: 35, 11; 10.5089/9781451944068.023.A006

(Porcentaje)

Datos: Cálculos de los autores.

Desagregando la manufactura en 450 industrias, la deslocalización de servicios reducía el número de puestos de trabajo un 0,4%, pero tomando 96 industrias, no tenía un efecto significativo sobre el empleo. Eso significa que la demanda creció lo suficiente en otras industrias, definidas según criterios amplios, como para neutralizar cualquier efecto negativo.

La deslocalización puede influir en la demanda de mano de obra a través de tres canales. Primero, existe un efecto de sustitución a través del precio del insumo, ya sea materiales o servicios; es decir, si la mano de obra y los servicios importados son sustitutos, la demanda de mano de obra se contraerá al abaratarse los servicios importados. Segundo, si la deslocalización fomenta la productividad, las empresas pueden producir lo mismo con menos insumos; en otras palabras, dado un cierto nivel de producción, cabe esperar que la deslocalización reduzca la demanda de mano de obra. Tercero, la deslocalización puede afectar a la demanda de mano de obra al afectar a la demanda de un producto; o sea, si una empresa o sector gana en eficiencia y competitividad deslocalizándose más, crecerá la demanda de sus productos y, por ende, la demanda de mano de obra.

Por lo tanto, el efecto laboral de la deslocalización dentro de un sector determinado depende de que el efecto positivo en la demanda supere los efectos negativos de sustitución o de productividad. Según Amiti y Wei, si se toma la economía de Estados Unidos en su conjunto, la deslocalización tuvo escasos efectos en el empleo agregado.

Mayor deslocalización de servicios

Aunque conserva aún niveles bajos, la deslocalización de servicios está en auge gracias a los avances tecnológicos.

Citation: 35, 11; 10.5089/9781451944068.023.A006

(Porcentaje)

Datos: Cálculos de los autores.

Más deslocalización, más productividad

Este análisis muestra que la deslocalización de servicios incrementó la productividad de la mano de obra manufacturera en Estados Unidos un 3%–4,5% en 1992–2000. Como en ese período y sector el valor agregado por trabajador subió en promedio un 35%, los autores estiman que el 11%–13% del aumento total de la productividad laboral manufacturera puede atribuirse a la deslocalización de servicios, y un 3%–6%, a la de materiales.

La deslocalización puede influir en la productividad a través de tres canales, por lo menos. Primero, cuando una empresa traslada partes relativamente ineficientes de su producción a un país más barato, puede incrementar la producción en las etapas en las que tiene una ventaja comparativa. Entonces, los trabajadores restantes serán en promedio más productivos, gracias a la nueva composición de la fuerza laboral. Segundo, los trabajadores restantes pueden ser más eficientes si la deslocalización permite a la empresa reestructurarse para aprovechar mejor los avances tecnológicos. Esto es más probable si lo que se deslocaliza no son materiales de insumo, sino servicios, como la informática. Tercero, es posible que una empresa adquiera eficiencia si importa servicios. Por ejemplo, un software nuevo puede mejorar la productividad promedio de los trabajadores.

La otra cara de la moneda

Amiti y Wei concluyen que la deslocalización de servicios ha eliminado un pequeño número de empleos manufactureros en Estados Unidos, pero ha creado otros en el mismo sector gracias, en parte, al aumento de la productividad. Aunque el efecto laboral global quizá sea insignificante, podría haber diferenciales aún por estudiar entre trabajadores calificados y no calificados. Eso es lo que ha sucedido, indudablemente, con la deslocalización de materiales. Por ejemplo, en 1999 Feenstra y Hanson determinaron que la deslocalización de materiales de insumo incrementó en un 40% la prima salarial de la calificación laboral, a medida que se fueron trasladando al extranjero las etapas de la producción que utilizan sobre todo mano de obra no calificada. Será interesante comprobar si la deslocalización de servicios hace bajar efectivamente esa prima, ya que los proveedores de servicios deberían tener en promedio un nivel de calificación más elevado que los trabajadores que producen manufacturas.

Pueden adquirirse ejemplares de “Service Offshoring, Productivity, and Employment: Evidence from the United States” (IMF Working Paper No. 05/238), de Mary Amiti y Shang-Jin Wei, al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la página 176. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

Efectos nocivos del crédito excesivo al sector público

En los últimos años, muchos países de ingreso medio han reducido su deuda externa y recurren cada vez más al financiamiento interno. Esto es alentador pues la deuda interna no entraña los riesgos de sostenibilidad asociados con la deuda en moneda extranjera. Pero va acompañado de otro hecho menos alentador: en muchos de estos países, la deuda pública absorbe una porción cada vez mayor del crédito disponible para la economía. Un nuevo documento de trabajo del FMI analiza las posibles consecuencias desfavorables de esta tendencia en el desarrollo del sector financiero.

¿Cuál es la magnitud del crédito al sector público? El estudio analiza 73 países de ingreso medio, de los cuales la mayoría tiene sector financiero pero sigue enfrentándose a dificultades para desarrollarlo. El estudio comprueba que el sector público absorbe más del 20% del crédito bancario total en más de la mitad de esos países; esta proporción supera el 50% en 13 países. Y en muchos casos, la proporción del crédito al sector público ha crecido rápidamente (véase el gráfico).

Pese a seguir siendo mucho menor que la deuda externa, el crédito al sector público viene creciendo lentamente desde comienzos de los años noventa, mientras que la deuda externa disminuye sensiblemente. A raíz de esta tendencia y de la contracción de algunos sectores bancarios, producto de las crisis, el crédito al sector público medio, como proporción del crédito total, creció del 18% a mediados de los años noventa al 27% en 2003. Se aprecia una tendencia general a reemplazar la deuda externa por deuda interna: de los países que redujeron su deuda externa como proporción del PIB entre 1990 y 2003, alrededor de cuatro quintos elevaron la deuda pública interna. Si bien esto podría obedecer a la profundización del sistema financiero, la proporción del crédito bancario destinado a financiar el sector público creció en las dos terceras partes de los países.

Posibles efectos nocivos

Esta tendencia es preocupante pues el endeudamiento del sector público que reduce el crédito disponible para el sector privado puede afectar el crecimiento económico. Además, los bancos que prestan fundamentalmente al sector público pueden anquilosarse: las grandes carteras de deuda pública, relativamente segura y de fácil mantenimiento, les dan rentabilidad pero les restan eficiencia. A largo plazo, la pasividad puede frenar la profundización del mercado financiero pues los bancos pasivos normalmente carecen de iniciativa para desarrollar el mercado bancario. También es probable que ese bajo grado de eficiencia estreche el margen entre las tasas pasivas y activas, y aumente la pérdida de eficiencia, producto de la intermediación financiera. Si bien es cierto que la deuda pública engrasa el desarrollo del sector financiero, al superar determinado nivel, ese aceite puede transformarse en arena.

¿Es esta preocupación algo más que una hipótesis? El estudio sostiene que sí. Los bancos que invierten esencialmente en deuda pública tienden a ser más rentables pero menos eficientes y, cuando la deuda pública absorbe porciones mayores del crédito bancario, la profundización financiera se ralentiza en los países en desarrollo. Este síndrome obedece a que la rentabilidad de un préstamo se determina en función de la tasa de préstamo, la tasa de refinanciamiento, los costos administrativos, los impuestos, las pérdidas esperadas y el costo de capital (determinado por el riesgo de pérdida imprevista).

Los préstamos al sector privado suelen ser desventajosos en varios aspectos: cuanto mayor es el riesgo mayor es el costo de refinanciamiento, y los depositantes exigen una prima de riesgo a los bancos con carteras de préstamo más riesgosas; la administración es más costosa pues carecen de las economías de escala de los préstamos al sector público; los intereses pueden estar gravados con tasas más altas que la deuda pública; y las pérdidas esperadas y el costo del capital asociado serán más altos que en los préstamos al sector público (salvo graves dificultades financieras del Estado). Para que los préstamos al sector privado sean tan rentables como los préstamos al sector público, el banco tendrá que incluir una prima significativa en la tasa de interés que cobre a los prestatarios del sector privado.

Deuda pública y crédito

Cuando los gobiernos toman menos préstamos externos, pueden terminar por alejar al sector privado del mercado de crédito.

Citation: 35, 11; 10.5089/9781451944068.023.A006

Nota: Media de 42 países de ingreso medio, con series de datos de extensión suficiente. Datos: FMI, International Financial Statistics y Perspectivas de la economía mundial, y cálculos del autor.

En la práctica, las distorsiones de mercado impiden que los bancos cobren esa prima. Por un lado, los propios bancos son renuentes a prestar a quienes están dispuestos a pagar tasas superiores a un nivel determinado por presumir que participan en proyectos riesgosos. Otras distorsiones son las normas sobre tasas de interés o la connivencia entre bancos, que pueden generar una tasa superior a la rentabilidad de la mayoría de los proyectos del sector privado.

Llevadas al extremo, estas distorsiones pueden provocar la segmentación del mercado de crédito: si los prestatarios privados no están autorizados o no pueden pagar la prima exigida, los bancos primero prestarán tanto cuanto puedan al sector público y lo que quede al sector privado. De hecho, si bien la represión financiera, como topes de tasas de depósito, se ha reducido en muchos países en desarrollo, la creciente proporción que se sigue prestando al sector público refleja la preferencia de los bancos.

Los bancos que prestan fundamentalmente al sector público pueden anquilosarse: las grandes carteras de deuda pública, relativamente segura y de fácil mantenimiento, les dan rentabilidad pero les restan eficiencia.

Son varias las formas en las que los grandes préstamos al sector público pueden reducir la eficiencia de los bancos. Primero está su alto nivel de rentabilidad relativa; la promesa de ganancias relativamente altas y seguras reduce la presión sobre el control de costos. En última instancia, este efecto contrarresta cualquier aumento de eficiencia de los préstamos al sector público a gran escala.

Segundo, los gobiernos que dependen excesivamente del financiamiento bancario son reacios a abandonar el control de los bancos estatales, que son menos eficientes que los privados. Tercero, los bancos que prestan principalmente al Estado tienen poco interés en competir: al tener todos el mismo gran cliente, cuya demanda es indiferente a la evolución de la tasa de interés, cabe esperar que haya cierto incentivo poderoso de connivencia en las subastas de títulos públicos.

Posibles dolores de cabeza

¿En qué medida el crédito al sector público afecta al desarrollo financiero? Según pruebas empíricas del estudio, los grandes préstamos de bancos locales al Estado tienden a menoscabar la profundidad y la calidad del desarrollo financiero, y contrarrestan parcialmente el impacto positivo que el endeudamiento del sector público tiene en la liquidez del sistema bancario.

Esta conclusión debería inquietar a los responsables de la política económica, dado el vínculo existente entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico, y la conciencia cada vez mayor de que el subdesarrollo del sector financiero puede acrecentar la volatilidad macroeconómica. Esto sucede, por ejemplo, al forzar la apertura financiera en una economía que no está preparada, lo que la hace más proclive a sufrir crisis en la cuenta de capital. Los sectores financieros poco desarrollados complican la política económica —sobre todo la política fiscal—, por ejemplo, al limitar el nivel de deuda que puede sostener la economía. Y, a su vez, los efectos pronunciados, especialmente en las tasas de interés, que tienen las actividades financieras del sector público en sistemas financieros internos poco desarrollados complican la política monetaria.

Estas relaciones entre política fiscal y desarrollo financiero deben tenerse más en cuenta al evaluar los costos y beneficios de un déficit público, y al sopesar las ventajas y desventajas del financiamiento con deuda interna. Por ello, mientras los sectores públicos en países en desarrollo sigan absorbiendo una proporción importante del crédito bancario, la liberalización financiera y las mejoras institucionales para el desarrollo financiero no mejorarán el acceso al crédito de parte del sector privado.

David Hauner

FMI, Departamento de Finanzas Públicas

Este artículo se basa en el documento “Fiscal Policy and Financial Development” (IMF Working Paper No. 06/26). Pueden adquirirse ejemplares al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la página 176. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

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