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Finance and Development, June 2017
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En Las Trincheras: Ventana de oportunidades

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2017
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No es fácil implantar una reforma económica duradera y significativa. A menudo, los beneficios tardan años en aflorar, y las penurias son inmediatas. En nuestra nueva serie “En las trincheras”, las autoridades describen las dificultades de implantar reformas orientadas a fortalecer el crecimiento y aumentar la productividad y el empleo.

FOTO: PETER ANDREWS/REUTERS/NEWSCOM

Leszek Balcerowicz explica por qué es importante actuar rápido cuando la ciudadanía está dispuesta a aceptar cambios

LESZEK BALCEROWICZ, arquitecto de la transición de Polonia a una economía de mercado libre, empezó a estudiar maneras de reformar el estilo soviético del sistema polaco en la década de 1970. Luego fue asesor del movimiento sindical Solidaridad. Durante dos años a partir de 1989, fue ministro de Hacienda y vice primer ministro de Tadeusz Mazowiecki, que encabezó el primer gobierno no comunista de Europa oriental desde la Segunda Guerra Mundial. Balcerowicz ocupó nuevamente esos cargos entre 1997 y 2000, y fue presidente del banco central desde 2001 hasta 2007. Obtuvo un doctorado en economía en la Escuela Central de Planificación y Estadística de Varsovia (actualmente, Escuela de Economía de Varsovia), donde sigue enseñando.

En esta entrevista con Chris Wellisz de F&D, Balcerowicz rememora la intensidad de su primer período como ministro de Hacienda y narra cómo procuró salvar los obstáculos que enfrentó aprovechando una estrecha ventana de “política extraordinaria”.

F&D: En la década de 1970 usted armó un equipo de economistas para estudiar formas de cómo reformar el sistema socialista imperante. Usted dijo que esta labor era como un pasatiempo pues las perspectivas de reforma parecían escasas. Luego, en diciembre de 1981 se impuso la ley marcial. ¿Qué pasó luego?

LB: Con la ley marcial se esfumó la esperanza de implantar reformas importantes… Sin embargo, continuamos nuestra labor, pero ahora sin limitaciones. Así que estudiamos privatización, libera-lización, reformas fiscales… Sin imaginar, claro está, que veríamos en vida que esto resultaría útil.

F&D: Luego se celebraron las conversaciones de la Mesa Redonda entre Solidaridad y el gobierno comunista, seguidas de elecciones que dieron lugar a un nuevo gobierno encabezado por Mazowiecki. Usted dijo que participaría, pero solo en ciertas condiciones. ¿Cuáles eran las condiciones?

LB: Primero, que la reforma económica fuera profunda, rápida y radical. Segundo, entraría al gobierno con un grupo de personas, el equipo. Tercero, presidiría, como vice primer ministro, el comité económico del consejo de ministros como medio de coordinación de todos los ministerios económicos. Simultáneamente, acepté el cargo de ministro de Hacienda. Y, cuarto, tendría voz respecto al nombramiento de las carteras económicas.

F&D: ¿Qué juicio le merecía la situación económica?

LB: La situación era dramática; la producción estaba cayendo. Teníamos hiperinflación. Nuestra deuda externa era enorme. Pero solo recién después de haber aceptado la tarea advertí que la situación era aún peor, pues resultó que teníamos cierta deuda interna oculta.

F&D: ¿Cómo decidió la estrategia a adoptar?

LB: Primero, sabíamos que … una vez que un país cae en hiperinflación, hay que actuar muy rápido para reducir el ritmo de impresión de dinero. Segundo, sabíamos por nuestros estudios de reformas efectuadas bajo el socialismo y en algunos otros países —pero sobre todo bajo el socialismo— que la dosis inicial de cambios debe ser muy grande y veloz. [Y también sabíamos] que los cambios no deberían ser secuenciales. Los cambios fundamentales deberían iniciarse casi simultáneamente, como un paquete.

F&D: ¿Por qué eso era tan importante?

LB: Tras un avance como el de Polonia en 1989, hay un período breve de lo que denomino “política extraordinaria”, una ventana de oportunidad, por así decirlo, en el que la gente está más dispuesta de lo normal a aceptar cambios radicales. Y la mejor manera de emplear este regalo de la historia era actuar muy rápido en diversos frentes… como lo hicimos en Polonia: una muy veloz estabilización y liberalización masiva de la economía, que incluyó el desmantelamiento de la mayoría de los monopolios internos. …

F&D: ¿Cuál fue su desafío más apremiante cuando asumió el cargo por primera vez?

LB: El problema principal era frenar la hiperinflación. Técnicamente era fácil. Teníamos que desacelerar la impresión de dinero, o sea que era sobre todo un problema fiscal. Al mismo tiempo, implantamos la independencia del banco central.

F&D: ¿Y la moneda? En aquel momento no era convertible y existía un floreciente mercado negro en dólares.

LB: Una de las reformas más importantes que establecimos fue la unificación del tipo de cambio y la implantación de la convertibilidad de la moneda, lo que fue una especie de revolución porque la gente podía importar bienes legalmente. Y esto mejoró la competencia de la oferta.

F&D: ¿Cómo se decidieron respecto al régimen monetario?

LB: Optamos por un tipo de cambio fijo durante un período que era muy difícil de determinar. En aquel momento acepté el argumento propuesto por el FMI: Polonia necesitaba un ancla nominal para frenar la hiperinflación. Por supuesto, era extremadamente difícil decir exactamente a qué nivel debería estabilizarse el zloty polaco, a qué tipo de cambio. Pero debíamos tomar esa decisión.

F&D: La política era algo nuevo para usted. ¿Cómo le resultó esa transición?

LB: No ingresé a la política por motivos políticos. Me pidieron que realizara una tarea de proporciones históricas. No necesitábamos mucha comunicación pública y persuasión pues teníamos la mayoría parlamentaria —el movimiento Solidaridad— y hubiéramos perdido un tiempo muy valioso demorando los cambios para dar muchas explicaciones. Así que esto fue bastante fácil desde el punto de vista político.

F&D: Un millón de personas perdió el empleo. ¿Le preocupaba el costo político?

LB: Esto es un mito generalizado pues, primero, la gente asocia el costo social con las reformas, mientras que retrasar las reformas provoca costos sociales mucho más grandes… Segundo, respecto al desempleo, cabe recordar que había mucho desempleo oculto en las empresas socialistas, parte del cual salió a la luz. Y tercero, la ley inicial de indemnización por desempleo fue demasiado laxa.

F&D: ¿Cuál fue el principal logro de las reformas polacas?

LB: En estos últimos 300 años, Polonia se estaba rezagando económicamente respecto a occidente, así que la brecha estaba aumentando, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial. Y, gracias a las reformas del mercado posteriores a 1989, comenzamos a recuperarnos: pasamos de alrededor del 30% del ingreso per cápita de Alemania en 1989 a alrededor del 60%. Esta es la primera vez en 300 años que Polonia converge velozmente con occidente.

F&D: ¿Le preocupaba que el electorado asociara las reformas con las penurias económicas?

LB: Durante los dos primeros años, no hubo protestas sociales masivas y muy pocas protestas políticas. Con el paso del tiempo, como en cualquier país, hubo políticos que intentaron ganar capital político con las críticas de lo que denominaron reformas económicas duras o inhumanas.

F&D: ¿Quedó algo sin hacer que usted habría querido lograr?

LB: Si hubiera contado con más gente con quien trabajar, habría realizado más cambios en el sistema social heredado, y reformas jubilatorias y sanitarias.

F&D: ¿Tiene esa experiencia relevancia para las autoridades de otros países en la actualidad?

LB: Existen muchas economías cuasisocialistas que están dominadas por el sector estatal… en estos países, la situación es comparable en cierta medida a la reinante en Polonia y otros países socialistas en 1989.

F&D: Al rememorar aquella época, ¿qué reflexión le merece el papel que usted desempeñó?

LB: Ni siquiera a principios de 1989 soñé que Polonia sería libre y que yo jugaría un papel en su transformación. Esto, por supuesto, no fue fácil, pero si algo supera sus sueños, usted no puede quejarse.

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