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Finance and Development, June 2017
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Cuando el dinero ya no puede viajar: Las relaciones de corresponsalía bancaria, que facilitan el comercio internacional y la actividad económica, han sufrido contratiempos en algunos países

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2017
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Andreas Adriano

Angola, la tercera mayor economía de África, depende de las importaciones para que su economía siga en marcha. Se destaca en la exportación de petróleo, diamantes y hierro, pero importa alimentos, medicamentos, materiales de construcción, vehículos y repuestos, y bienes de capital. Muchos sectores dependientes de las importaciones, como la construcción, corren el riesgo de paralizarse por las frecuentes dificultades de los importadores para pagar a sus proveedores extranjeros. Esto se debe a un proceso de eliminación de riesgo, un problema complejo y multifacético que afecta principalmente —pero no de manera exclusiva— a las pequeñas economías en desarrollo que están perdiendo su conexión con la red financiera global.

Imagine el lector qué pasaría si aerolíneas internacionales como Air France, American, Lufthansa y United dejaran de atender a un país que no cuenta con una aerolínea propia y que depende de estas empresas para vincularse con el resto del mundo: las personas y la economía se perjudicarían ya que las aerolíneas que continúan en el país elevarían sus tarifas, y sería más costoso importar, exportar y viajar. La disminución de vuelos directos y los mayores precios desalentarían el turismo.

El dinero viaja por el mundo casi en la misma forma que las personas y a través de algunos de los mismos centros. Al viajar de Luanda (Angola) a San José (Costa Rica), se podría volar a Europa, luego a un aeropuerto estadounidense y después a San José (o a São Paulo, luego a Ciudad de Panamá y después a San José). Una transferencia electrónica entre dos países también recorre el mundo con varias conexiones y viaja generalmente dentro de las redes de grandes bancos internacionales: Bank of America Merrill Lynch, Citibank, Deutsche Bank, Standard Chartered, entre tantos otros.

La eliminación del riesgo ocurre cuando los bancos internacionales dejan de prestar servicios de pago internacional, tales como transferencias electrónicas, pagos de tarjetas de crédito e incluso moneda extranjera dura, a los bancos locales de un país. En los sistemas de pagos, a estos servicios se los conoce como banca corresponsal. Sin ella, un banco y por lo tanto sus clientes —personas y empresas de ese país— pierden acceso a la red financiera mundial.

Si el dinero no fluye, son claras las consecuencias para un país en desarrollo en una economía global altamente integrada. Sería el caso de un país muy dependiente del turismo, como los del Caribe, cuyos hoteles repentinamente no pueden procesar los pagos de los huéspedes con tarjeta de crédito o cuyas aerolíneas no pueden pagar el combustible. De hecho, los países del Caribe han sido de los más afectados por la pérdida de relaciones de corresponsalía bancaria.

Según una encuesta reciente de la Asociación de Bancos del Caribe, 21 de 23 bancos en 12 países han perdido al menos una relación con la banca corresponsal. Ocho operaban con un solo proveedor, y la mayoría ha encontrado otros mecanismos. Los países de África, Europa oriental, Oriente Medio y las islas del Pacífico también han perdido algunas relaciones, al igual que el banco central de Belice. En Angola una escasez de dólares ha repercutido en la actividad comercial. Aun grandes economías de mercados emergentes como Filipinas y México se han visto afectadas. Un estudio de países árabes señaló que el 39% de 216 bancos sufrió una caída “significativa” en la escala de relaciones de corresponsalía bancaria.

Factores motivadores

La ley exige que los bancos procuren evitar posibles pagos transfronterizos aparentemente inocentes que ocultan lavado de dinero, financiamiento del terrorismo, evasión de impuestos y ganancias por corrupción. En la mayoría de países, especialmente en Estados Unidos, la regulación y el cumplimiento de estas exigencias son mucho más rigurosos, así como la aplicación de sanciones económicas y comerciales. Los bancos están obligados a “conocer a sus clientes”. La costosa estructura de cumplimiento necesaria hace que la banca corresponsal, un servicio de bajo margen a gran escala, ya no sea rentable.

Tal como ocurrió después del 11 de septiembre cuando incluso los bebés eran registrados en los aeropuertos, o luego del incidente del zapato bomba cuando sacarse los zapatos se convirtió en práctica habitual en los aeropuertos estadounidenses, ocurre lo mismo con los pagos globales. Los bancos son responsables de todas las transacciones internacionales que se realizan en sus redes, y deben registrar a fondo aquellas con clientes que se consideran riesgosos y, naturalmente, frenar las que figuran en la “lista negra”. Los riesgos de reputación son significativos y las multas pueden ser de miles de millones de dólares. “Las sanciones y el daño de reputación pueden ser terribles”, manifiesta un experto en prevención del lavado de dinero de un banco internacional de Estados Unidos. Las circunstancias “crean un entorno tóxico en la industria financiera”.

Para los bancos, solo se trata de un análisis riesgo-recompensa de una de sus diversas líneas de negocios. Pero para un pequeño exportador de flores de un país africano sin salida al mar, podría ser el fin de su negocio. Las remesas son otra víctima en potencia. Su envío ya es de por sí costoso para las personas pobres, y podría encarecerse con la reducción de proveedores. En este caso, la tendencia no es solo de bancos internacionales a locales. Republic Bank, una

En una economía mundial muy integrada las consecuencias para un país en desarrollo son claras.

de las instituciones más grandes del Caribe, se retiró del negocio de las transferencias monetarias y cerró las cuentas de importantes proveedores internacionales como Western Union y MoneyGram. “Estas empresas eran las favoritas de la diáspora de Barbados en Canadá y Estados Unidos, lo que pudo haber afectado a la gente”, indica Ian de Souza, Director General de la filial de Barbados.

Según la base de datos de precios de remesas a nivel mundial del Banco Mundial, el costo promedio de enviar USD 200 a Jamaica es de 7,4% desde Estados Unidos y 10,1% desde Canadá. El mismo monto de Sudáfrica a Angola puede subir hasta 20%. El Banco Mundial estima que, si estos costos bajaran 5 puntos porcentuales en general, los destinatarios de las economías en desarrollo obtendrían USD 16.000 millones más al año.

Según un documento reciente del FMI, los pagos transfronterizos se han mantenido estables y no han afectado en gran medida a la actividad económica. Sin embargo, en un número reducido de países, la fragilidad financiera ha aumentado a medida que sus flujos transfronterizos se concentran en relaciones de corresponsalía bancaria reducidas o se realizan a través de otros mecanismos. Esta fragilidad puede socavar las perspectivas de crecimiento a largo plazo y de inclusión financiera de los países afectados al aumentar los costos de los servicios financieros y afectar en forma negativa a las calificaciones de los bancos.

Belize Bank, el principal del país, dependió de Bank of America como su único corresponsal durante 35 años. En 2014, el banco estadounidense puso fin a la relación con un aviso de 60 días. “Nunca se nos dio un motivo específico; solo que realizar negocios con nosotros ya no se ajustaba a su estrategia”, señala Filippo Alario, Subdirector y Director de Riesgos, en una entrevista con F&D.

Alario indica que la mayoría de los bancos internacionales “ya no se interesa en Belice” y que para seguir funcionando su banco “debió ser creativo y tender muchas redes”. Ahora opera a través de bancos pequeños de otros países, incluso más pequeños que el suyo, y tiene diferentes proveedores para diversos servicios. “Nos las arreglamos, pero no tenemos una solución sólida a largo plazo”. El problema ha afectado a toda la economía: “incluso la recepción de fondos en campos de entrenamiento militar estadounidenses y británicos”.

Para Bank of America, es básicamente una cuestión de escala, según Stephanie Wolf, Directora de Instituciones Financieras Globales y Banca del Sector Público. Sin mencionar casos específicos, señala que el enfoque frente al control global de riesgos de diferentes productos y jurisdicciones está dirigido a clientes con mayor potencial de crecimiento. “No todos los clientes tienen el perfil que buscamos”. La banca corresponsal sigue siendo una de las actividades más importantes en sus operaciones corporativas, “muy atractiva tanto por los ingresos como por la diversidad de cartera”. Se han incorporado nuevos clientes y en muchos países el banco incluso proporciona liquidez de moneda dura, un aspecto más riesgoso de la banca corresponsal, agrega.

La eliminación de riesgo es compleja debido a expectativas regulatorias poco claras o contradictorias, esfuerzos redoblados contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, el cumplimiento deficiente de la banca corresponsal y países con entornos de riesgo. Los bancos evalúan los riesgos de las transacciones financieras según numerosos criterios. La reputación importa. Los bancos consideran un cliente colombiano más riesgoso que uno chileno por el historial de los carteles de droga del primero, explica el experto en prevención del lavado del dinero.

Algunas empresas son más riesgosas que otras, como los casinos. Y explica que “un negocio con alto uso de efectivo se considera más riesgoso que uno que utiliza en mayor medida pagos electrónicos. Los contratos con los gobiernos son más riesgosos que aquellos con el sector privado. Un político es más riesgoso que un abogado y este lo es más que un gerente comercial”. Las personas políticamente expuestas representan una alerta: miembros del gabinete, legisladores y ejecutivos de empresas públicas son objeto de un escrutinio más profundo y frecuente.

La mayoría de los países han reforzado el cumplimiento de las recomendaciones del Grupo de Acción Financiera, un organismo intergubernamental que fija y aplica normas y prácticas para combatir el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. Sin embargo, algunos países solo las cumplen de manera parcial. Con frecuencia el problema es una legislación demasiado laxa, a veces por circunstancias políticas, como lo es también una implementación deficiente. Si hay demasiados políticos y sus familiares involucrados en un negocio, no les interesará aprobar una regulación local para personas políticamente expuestas. Así, para un banco extranjero es más difícil evaluar una transacción adecuadamente, lo que podría exponerlo a medidas de ejecución por parte del regulador. No obstante, para algunos la presión internacional podría ser la única forma de forzar un cambio de situación.

Encontrar rutas alternativas

Una institución financiera que ya no cuente con la banca corresponsal deberá buscar rutas alternativas. En los países más afectados, los bancos han encontrado formas de seguir operando. Una alternativa es agrupar sus transacciones con las de un banco intermediario que aún tenga relaciones de corresponsalía bancaria. Angola envía más transacciones a través de Sudáfrica y Portugal. Los bancos de Belice han recurrido a Turquía. Otra opción es diversificar las monedas extranjeras si alguna escasea.

Para brindar el nivel de confianza que requiere la banca corresponsal es crucial seguir mejorando las normas nacionales contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo.

Sin embargo, los expertos advierten que con el tiempo el proceso volverá nuevamente a manos de los bancos. Un banco internacional probablemente consulte a un banco portugués sobre las transacciones angoleñas incluidas en su negocio interno, y es posible que a la larga el banco portugués pierda sus propias cuentas de la banca corresponsal.

Lo que es más importante, al intentar encontrar soluciones a corto plazo y para seguir operando, las empresas y los bancos podrían recurrir a métodos poco ortodoxos y a proveedores de reputación cuestionable, con la consecuencia natural de que los pagos se canalicen por la vía informal.

Una solución sostenible a largo plazo exige acciones en varios frentes, tanto por parte de diversas autoridades en los países e instituciones internacionales, como en el sector privado. En general, para generar confianza entre los bancos internacionales, es esencial que una institución financiera que ya no cuenta con la banca corresponsal mejore su capacidad de gestión de riesgos y comunique sobre el avance en esa tarea. Si a nivel del banco individual no se puede mejorar la capacidad, es posible que sea necesario consolidar los canales de tránsito de las transacciones y eliminar ciertos servicios financieros de alto riesgo a fin de abordar las preocupaciones de la banca corresponsal sobre la gestión de riesgos. Ya se ha logrado algún avance. Despertar conciencia sobre la complejidad y seriedad del problema fue un primer paso importante. Alario, de Belize Bank, recuerda que cuando su banco planteó el problema a las autoridades estadounidenses y a las instituciones internacionales, solo recibió acusaciones.

Mediante la presión y la acción conjunta de los países, y una inspección más profunda por parte de las instituciones financieras, ya se han logrado importantes mejoras. Un importante paso es que distintos organismos reguladores clarifiquen las expectativas. Un acontecimiento importante son las directrices emitidas en agosto pasado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos con el fin de armonizar las expectativas de varios reguladores gubernamentales del país. Las directrices aclaran que no se espera una tolerancia cero y que se aplicaron muchas multas en caso de infracciones deliberadas.

Las medidas sugeridas para abordar el problema incluyen reducir los costos de cumplimiento mediante iniciativas para la industria (la tecnología puede ayudar a los bancos a conocer mejor a sus clientes y ofrece canales alternativos para las remesas). Seguir mejorando las normas de los países contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo resulta clave para brindar el nivel de confianza que requiere la banca corresponsal.

Los bancos también han actuado. Standard Chartered, un banco británico con gran presencia en Asia, creó un programa de capacitación de la banca corresponsal para ayudar a que sus clientes, los bancos locales y los clientes de los clientes cumplan con las normas contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. Este programa está en vigor en 23 países.

México, una importante economía emergente, también ha sufrido la pérdida de relaciones con la banca corresponsal y ha actuado en varios frentes. En algunos países, las leyes de privacidad prohíben que filiales del mismo banco internacional intercambien información sobre los perfiles de riesgo de los clientes. México adaptó sus regulaciones para facilitar este intercambio transfronterizo de información. Además, creó un sistema interno de pago en dólares y usa las relaciones de banca corresponsal del banco central para las transferencias.

En el sector de transporte aéreo, una seguridad más estricta significó pequeños sacrificios individuales a cambio de mayor seguridad general. Del mismo modo se puede argumentar que, al combatir el crimen financiero, las regulaciones internacionales más estrictas logran a su vez un bien global. El problema es que estas regulaciones también pueden afectar a las personas y empresas legítimas, no solo a las sospechosas. Recientemente se han puesto barreras al flujo de dinero legal y de personas honestas, y esto no debería suceder.

ANDREAS ADRIANO es Oficial Principal de Comunicaciones en el Departamento de Comunicaciones del FMI.

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