Journal Issue
Share
Finance and Development, June 2017
Article

El dinero ha muerto, viva el dinero: Los pagos virtuales desplazan rápidamente al efectivo, pero no totalmente ni en todos lados

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2017
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

Alan Wheatley

Cada vez menos bancos nórdicos usan efectivo en sus sucursales. India acaba de eliminar el 86% de sus billetes. Corea piensa dejar de acuñar monedas para 2020. Los pagos en línea están en auge. La marcha hacia una sociedad sin efectivo parece incontenible.

Especialmente los jóvenes, los más ricos y aquellos con mejor nivel educativo, se sienten cada vez más cómodos pagando con tarjeta o través del teléfono móvil. En los Países Bajos, por ejemplo, por primera vez en 2015 las transacciones con tarjeta superaron a las efectuadas con efectivo (NFPS 2016).

Pero un examen más detenido muestra que en otras economías avanzadas, como Alemania, Austria, Japón, Singapur y Suiza, aún reina el efectivo, sin dar señales de abdicar. A nivel mundial, casi el 85% de todos los pagos aún se hacen en efectivo.

“La sociedad sin efectivo, por más interesante que luzca, quizás sea tan esquiva como la tan loada oficina sin papel”, afirmó Yves Mersch, del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo.

No hay razón intrínseca para que el efectivo sobreviva si se crean formas de pago más eficientes. Las conchillas de cauri también fueron, alguna vez, un medio de pago útil. El uso de billetes recién comenzó cuando el uso de la imprenta se propagó y volvió confiable.

“Hoy podemos decir lo mismo de las modernas tecnologías de la comunicación que de las imprentas en el siglo XVII. El acceso a internet es generalizado y las computadoras, los teléfonos inteligentes y las tabletas son artículos de uso común. Por ende, están dadas las condiciones para lanzar más formas de pago electrónico”, dijo Cecilia Skingsley, Vicegobernadora del Riksbank de Suecia.

Suecia está abriendo camino hacia un mundo sin efectivo. Actualmente se usa efectivo en apenas un 15% de sus transacciones en los puntos de venta. Como los costos de distribución en ese país escasamente poblado son altos, menos de la mitad de los bancos sigue manejando efectivo. En una situación sin precedentes, la circulación de efectivo cayó casi un 15% entre 2007 y 2015. Hasta vendedores sin techo que venden revistas en las calles de Estocolmo aceptan pagos a través del móvil.

Efectos de red

El éxito de la digitalización del pago minorista depende de las economías de escala y de externalidades de red. En Suecia, donde el uso de la tecnología es extendido, consumidores y comerciantes abandonaron el efectivo de buen grado. La tendencia se vio afianzada por la larga tradición de cooperación entre los principales bancos, que gestionan conjuntamente la infraestructura nacional de pagos. Así, el nuevo servicio que permite pagar en tiempo real pudo llegar inmediatamente a la mayoría de la población.

“Pero si observamos países más grandes, como Alemania o Estados Unidos, hay tantos agentes más importantes que es más difícil crear un ambiente de cooperación”, comentó a F&D Björn Segendorf, del Departamento de Estabilidad Financiera del Riksbank.

Cuánto más gente use una plataforma determinada, más interés ofrece, como pasa con Facebook. El servicio de pagos móviles M-Pesa tuvo éxito en Kenya porque había un operador móvil que dominaba el mercado, Safaricom. En un país donde pocas personas accedían a los bancos, abrir un mercado era una necesidad manifiesta.

“M-Pesa es un buen ejemplo de externalidades de red que fomentan el uso de sustitutos del efectivo”, comentó Kim Huynh del Banco de Canadá a F&D. “En Canadá, las tarjetas sin contacto son un caso similar”. Su uso se triplicó entre 2009 y 2013 (Fung, Huynh y Stuber 2015). Las tarjetas y dispositivos sin contacto tienen una antena que, al acercarse a una terminal específica, transmite la información de compra de ambas partes.

China en gran parte se salteó la etapa de las tarjetas y fue directamente del efectivo a los pagos móviles. En 2015, la cantidad de usuarios de pagos móviles aumentó un 64,5% en 2015 y, a fines de ese año, casi el 60% de los 710 millones de usuarios de internet del país hacían pagos a través de sus móviles.

También India, criticada por la torpe ejecución de su plan de retirar los billetes de 100 y 500 rupias para combatir los ingresos ilícitos, está sentando las bases de una red de pagos digitales con un catálogo de datos biométricos que permitirá a los ciudadanos abrir cuentas bancarias subvencionadas.

Menos delito, más recaudación

India no es el único país que trata de aumentar la recaudación impositiva y reducir el delito y la corrupción disuadiendo el uso de efectivo. Varios países europeos pusieron topes a las transacciones en efectivo, y el BCE piensa dejar de imprimir billetes de €500, su denominación más alta, en 2018.

Peter Sands, ex Director General del Standard Chartered Bank, critica al BCE por no actuar más rápido para dejar de emitir billetes de €500 y alentar el retiro del circulante actual. Pero agrega: “Lo bueno es que ahora se acepta mucho más la idea de que el efectivo, especialmente los billetes de alto valor, facilita en gran medida el delito”.

“Ahora se acepta mucho más la idea de que el efectivo facilita en gran medida el delito”.

Sands aboga por un pacto entre el Grupo de las 20 economías avanzadas y de mercados emergentes (G-20) para retirar rápidamente los billetes de valor superior a, por ejemplo, USD 50, que dominan los flujos financieros ilícitos en los países más pobres. Más del 60% de los billetes de USD 100, la denominación más alta, circulan en el extranjero. “Deshacerse de estos billetes es una de las mejores cosas que las economías avanzadas pueden hacer para reducir la corrupción y aumentar la recaudación en el mundo en desarrollo”, dijo Sands a F&D.

El ex Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers, y el ex Economista Jefe del FMI, Kenneth Rogoff, también proponen descartar gradualmente los billetes de alto valor. Tienen una batalla que librar. Por lo pronto, Suiza no piensa deshacerse de su billete de 1.000 francos, uno de los de mayor valor en el mundo (véase “Montañas de efectivo” en la edición de diciembre de 2016 de F&D).

Además de quebrantar la economía informal, sustituir el efectivo ahorraría dinero. Tramitar todos los pagos con tarjeta, salvo los más pequeños, es más barato que gestionar efectivo. Corea quiere suprimir las monedas porque acuñarlas cuesta más que su valor nominal. En Singapur, donde un 60% de los pagos de los consumidores son en efectivo y un 30% de las transacciones comerciales son con cheque, eliminar el efectivo ahorraría más del 0,5% del PIB, según su autoridad monetaria.

Es cierto que los bancos centrales renunciarían al señoreaje, o sea, la ganancia por emitir moneda, pero en general se trata de montos menores. En todo caso, como dice Sands en un trabajo para la Escuela Kennedy de Harvard, “suministrar a los delincuentes billetes de alta denominación porque dé dinero parece indefendible”.

Eliminar billetes de alto valor también podría contribuir a la política monetaria, sostiene Rogoff, porque los bancos centrales tendrían más margen para imponer tasas de interés negativas durante una deflación si desapareciese el peligro de que ocurran estampidas para convertir los depósitos en efectivo.

Varios bancos centrales estudian las ventajas de emitir su propio dinero electrónico.

El menor uso de efectivo está transformando la tarea de garantizar la seguridad y eficiencia del sistema de pagos. Las autoridades tienen que preocuparse menos por los billetes falsos y los asaltos a los bancos, y más por los delitos informáticos.

Uno de los mayores retos es maximizar el acceso a las finanzas digitales. En un mundo donde 2.000 millones de personas no pueden acceder a los bancos, lo que frena el crecimiento y perpetúa la pobreza, la inclusión financiera está adquiriendo relevancia en los planes de políticas.

En las economías avanzadas, la gente sin internet también tiene más dificultad para acceder no solo a las redes de pago electrónico sino a todo tipo de servicios. “Se trata de una exclusión digital”, dice Segendorf del Riksbank. “Están excluidos de gran parte de la sociedad”.

Ventajas del efectivo

La tendencia a la digitalización puede ser irreversible, pero Sands no aboga por eliminar rápidamente todo el efectivo, sobre todo en economías en desarrollo. “El efectivo de bajo valor es un instrumento de pago sumamente flexible y beneficioso, que no necesita de electricidad, Wifi, ni señal de celular. Ni siquiera es necesario saber leer”, dice.

El efectivo también está arraigado en economías avanzadas y representa más de la mitad del volumen total de transacciones en seis de los siete países incluidos en una encuesta de bancos centrales. En Austria y Alemania, el porcentaje era del 82% (Bagnall et al. 2016). En cada país encuestado el uso de efectivo baja con la educación y el ingreso. ¿Por qué? Entre otras cosas, es más fácil para hogares con presupuestos limitados controlar sus finanzas con una mirada a la billetera.

Se han dado muchas razones de por qué Alemania, por ejemplo, sigue siendo adicta al efectivo. Una es la aversión al endeudamiento (y por ende a las tarjetas de crédito); otra es que la hiperinflación permanece en la memoria popular. Los investigadores no están seguros sobre esta última teoría (Bagnall et al. 2016) pero, lo que es más importante, dicen que los consumidores de todas partes no son totalmente racionales al elegir sus formas de pago.

“La toma de decisiones es un proceso más emocional que cognitivo”, según Frank van der Horst y Ester Matthijsen del Banco Nacional de Holanda. “A fin de cuentas, pagar con efectivo genera emociones más positivas que con tarjeta de débito”, informaron (Banco Federal de Alemania, 2014). ¿No es más satisfactorio darle a un niño un billete nuevo y crujiente como regalo que hacerle un cheque?

Ya sea que el apego al efectivo se describa como subliminal o atávico, Darío Negueruela del Banco Central de España dice que no puede dejarse de lado. “El efectivo tiene ciertas características que lo unen a sentimientos humanos profundos y primitivos (Banco Federal de Alemania, 2014)”.

Para algunos, es un símbolo tangible de riqueza y estatus, para otros, una defensa contra los intentos del invasivo y vigilante Estado “Gran Hermano” de robar a las personas su anonimato, obligándolas a dejar rastro de sus pagos electrónicos.

Michael Tomlinson, abogado londinense de 68 años, está feliz de usar su teléfono inteligente para hacer pagos móviles. Pero también retira más de £1.000 por mes para propinas en restaurantes y emergencias en caso que sus tarjetas de crédito sean pirateadas, como ya sucedió.

Tomlinson no puede imaginar una vida sin efectivo. “Como consumidor, me gusta tener más opciones”, dice. “No veo por qué debo hacer lo que los bancos quieran”.

O, citando a Dostoyevsky, “El dinero es libertad acuñada”.

¿Qué nos depara el futuro?

La innovación ofrecerá cada vez más oportunidades de prescindir del efectivo. Ian Pearson, futurólogo de la consultora Futurizon del Reino Unido, espera que lleguen al mercado joyas de seguridad, como los anillos de sello electrónico, para la validación de pagos. En su informe para el Consejo de Pagos del Reino Unido también predijo que será posible transferir dinero mediante reconocimiento de la huella dactilar, o hasta con un apretón de manos. Pero cree que es muy posible que la tecnología, en lugar de eliminar el efectivo, prolongue su vida, porque la gente va a valorar la privacidad. “Probablemente sigamos teniendo alguna forma de efectivo para uso diario en cosas menores hasta 2040”, dijo Pearson a F&D.

Nuevas formas de pago

Un tema central para los bancos centrales que usan nuevas formas de pago es el veloz desarrollo de la tecnología de cadena de bloques, base de la moneda digital bitcoin (véase “Internet de confianza” en la edición de junio de 2016 de F&D).

En diciembre, el Banco Popular de China informó que sometió a prueba, con buen resultado, un sistema de transacción y liquidación de aceptaciones bancarias usando una moneda digital respaldada por cadena de bloques que había creado.

Varios otros bancos centrales, como el Riksbank, también estudian las ventajas, y las consecuencias políticas, de emitir su propio dinero electrónico. Por ejemplo, la imprevisibilidad de la demanda pública de coronas electrónicas podría dificultar las operaciones de ajuste del mercado monetario y el manejo de la oferta de dinero, advirtió Skingsley, vicegobernadora del Banco (Skingsley 2016).

La cadena de bloques tiene la capacidad no solo de crear monedas competitivas sino también de permitir el reemplazo de los sistemas de pagos centralizados existentes por redes entre iguales. Un registro actualizado continuamente mantendría información sobre todas las transacciones y la distribuiría entre los participantes. Al obviar la necesidad de ser procesada a través del sistema de pagos del banco central, es posible que la liquidación sea más veloz y barata.

Jon Nicolaisen, Vicegobernador del Banco Central de Noruega, dijo que la sociedad se podría beneficiar mucho de una infraestructura financiera descentralizada. Pero la posibilidad suscitó interrogantes básicos sobre cómo afectaría a la financiación y el crédito bancario.

Carolyn Wilkins, Vicegobernadora Superior del Banco de Canadá, agregó que la tecnología de registro distribuido podría llevar a las autoridades regulatorias a un territorio inexplorado en materia de normativa y gobernanza. Las nuevas aplicaciones de servicios de tecnología financiera también podrían repercutir en la estabilidad financiera si algunos proveedores de pagos se vuelven “demasiado grandes para dejarlos quebrar”, dijo Wilkins.

Los bancos centrales no tienen precedentes para responder todas estas preguntas, pero el tiempo está de su parte ya que esperan que los billetes se sigan usando en el futuro próximo. En su libro The Curse of Cash (La maldición del dinero), Rogoff aboga por una sociedad con “menos efectivo” pero no sin efectivo. Para empezar, quien opere las nuevas tecnologías de pago deberá ganar la confianza de la gente, que en el caso de los bancos, ha sufrido gran deterioro debido a la crisis financiera.

Segendorf, funcionario del Riksbank, dice que puede imaginar el día en que Suecia prescinda totalmente del efectivo. Pero los investigadores de los bancos centrales que estudiaron los métodos de pago en economías avanzadas tal vez reflejen mejor el consenso actual. “Los informes sobre la muerte del efectivo exageran”, concluyen (Banco Federal de Alemania, 2014).

ALAN WHEATLEY es escritor y editor de economía, anteriormente en Reuters, y editor y coautor de The Power of Currencies.

Referencias:

Other Resources Citing This Publication