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Finance and Development, June 2017
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Gente del mundo de la economía: Profeta del pesimismo

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2017
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Chris Wellisz traza una semblanza de Robert J. Gordon, quien predice que una desaceleración de la innovación afectará el progreso económico

Robert J. Gordon tiene un sombrío mensaje para los mileniales de Estados Unidos: a diferencia de lo ocurrido en generaciones anteriores desde fines del siglo XIX, su nivel de vida no duplicará el de sus padres.

“Me presento como el profeta del pesimismo”, dice Gordon, de 76 años, sentado en su oficina tapizada de libros en la Universidad Northwestern de Evanston, Illinois. Gordon es el autor de un exitoso libro, The Rise and Fall of American Growth [El auge y la caída del crecimiento en Estados Unidos], donde plantea la controversial tesis de que Estados Unidos tenderá a languidecer en un abatimiento económico, en gran medida porque es improbable que los inventos del futuro sean tan revolucionarios como los del “siglo especial” que abarcó desde 1870 hasta 1970.

Sostiene que la electricidad, el motor de combustión interna y las instalaciones sanitarias mejoraron drásticamente el nivel de vida de una forma que difícilmente se repita. La mayoría de los avances logrados desde entonces han sido incrementales más que transformacionales.

“Pasamos de la velocidad del caballo y la vela al Boeing 707, y desde entonces no nos hemos movido con más rapidez”, dice Gordon en una entrevista concedida en el campus situado al norte de Chicago, a orillas del Lago Michigan. “En 1844 el telégrafo creó la comunicación instantánea, y ahora estamos ampliándola y profundizándola”.

Más allá de la torre de marfil

La publicación de Rise and Fall el año pasado catapultó a Gordon hacia las filas de economistas cuyo renombre se extiende mucho más allá de la torre de marfil. Gordon estima que lo han entrevistado al menos 80 periodistas y que ha recibido más de 200 correos electrónicos de sus lectores. Ha dado la obligada conferencia TED y participado en televisión. Bill Gates, fundador de Microsoft, fue uno de los tantos en reseñar su libro.

El mensaje pesimista de Gordon resuena en un momento de malestar económico, mientras los estudiosos se esfuerzan por explicar el fenómeno para el cual Lawrence Summers, de la Universidad de Harvard, ha resucitado la expresión “estancamiento secular”. Entre 1970 y 2014, la productividad laboral (producto por hora trabajada) creció a un ritmo anual promedio de 1,62%, frente a 2,82% en el medio siglo anterior.

En sus 762 páginas, The Rise and Fall ofrece un detallado y colorido relato de la transformación de cada aspecto de la vida cotidiana en Estados Unidos, desde las compras y el entretenimiento hasta la medicina y la banca. Incluso quienes objetan sus conclusiones admiran la amplitud y profundidad de su erudición.

“Bob es absolutamente intachable en cuanto al pasado”, dice Andrew McAfee, coautor junto con Erik Brynjolfsson de The Second Machine Age [La segunda era de las máquinas], donde se sostiene que las computadoras y otras tecnologías digitales harán al poder mental lo que la máquina de vapor hizo a la fuerza muscular. “Argumenta muy bien que este último siglo fue absolutamente extraordinario. Donde Bob y yo disentimos es acerca de las innovaciones que hoy vemos desarrollarse a nuestro alrededor y cuál será su importancia”.

Menor impacto

Gordon no discute la significación de avances tales como la computadora personal e Internet, que generaron una explosión del crecimiento desde 1996 hasta 2004. Pero la mayoría de ellos no han estado a la altura de lo que él llama los “grandes inventos” del pasado, que transformaron la economía de una forma aún no lograda por el teléfono inteligente y la tableta electrónica. En sus apariciones públicas, Gordon muestra dos imágenes, una junto a la otra: un teléfono inteligente y un inodoro. “¿A cuál preferirían renunciar?”, pregunta.

Disfruta de su papel como azote de los tecno-optimistas. Uno de sus oponentes intelectuales es Joel Mokyr, otro economista de Northwestern que jocosamente se refiere a Gordon como “mi estimado y muy equivocado colega”.

“En realidad coincidimos sobre la mayoría de las cosas”, dijo Mokyr en una reciente aparición en la sede del FMI en Washington, donde comentó su libro A Culture of Growth: The Origins of the Modern Economy [Una cultura del crecimiento: Los orígenes de la economía moderna] de reciente publicación.

En él, Mokyr sostiene que los valores y creencias que surgieron en Europa occidental entre 1500 y 1700 crearon un espíritu de investigación científica que sentó las bases para los grandes inventos que vinieron después. Una condición previa para la máquina de vapor fue el descubrimiento de que es posible producir un vacío.

“Si observamos lo que ha estado sucediendo en la ciencia y el progreso científico en esta última década, creo que ha sido tan apasionante como siempre”, dice Mokyr.

Gordon no da el brazo a torcer, y dice que encuentra poca evidencia de que las tecnologías más avanzadas hayan tenido un impacto significativo.

“Se están proponiendo un montón de cosas —partes del cuerpo sustituibles, enormes revoluciones en medicina— pero van a ocurrir muy lentamente”, afirma.

Rise and Fall es la culminación de décadas de investigación sobre las fuentes del crecimiento económico. En su tesis doctoral en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Gordon desarrolló un nuevo método para estimar los costos de la construcción. Ese fue el origen de su innovador libro de 1990, The Measurement of Durable Goods Prices [Medición de los precios de los bienes durables], donde demostró que las medidas estándar del capital no reflejaban las mejoras de la calidad. Según Lawrence Christiano, Director del Departamento de Economía de Northwestern, fue una contribución sumamente importante, que cambió la forma en que la gente concibe el crecimiento.

La inflación ha sido otro importante ámbito de investigación para Gordon. La “estanflación” de los años setenta —un aumento simultáneo de la inflación y el desempleo— desafió la idea convencional, plasmada en una relación conocida como la curva de Phillips, de que en general a mayor inflación, menor desempleo.

Gordon fue pionero en el desarrollo de una versión modificada de la curva de Phillips, que tomaba en cuenta el impacto de los shocks de oferta tales como la crisis petrolera de 1973, cuando el precio del petróleo crudo se disparó de USD 3 a USD 12 el barril.

Esa investigación fue la base de lo que Gordon llama el modelo “triangular” de inflación, que refleja las variaciones de oferta y demanda, así como la inercia, el tiempo que lleva a esas variaciones incidir en el nivel general de precios.

El modelo sirvió para explicar otro fenómeno sorprendente: la economía de “Ricitos de Oro” de los años noventa, cuando el desempleo se mantuvo bajo en un momento de inflación controlada. Ahora

“Gordon disfruta de su papel como azote de los tecno-optimistas.”

Gordon planea actualizarlo para explicar por qué los precios siguieron aumentando durante la crisis financiera mundial de 2008–09, a pesar de los shocks sísmicos al producto y el empleo.

Durante esos años “dorados”, Gordon integró el panel de cinco economistas creado en 1995 por el Comité de Finanzas del Senado para estudiar la precisión del índice de precios al consumidor. La Comisión Boskin —presidida por el economista de la Universidad de Stanford Michael Boskin, a quien debe su nombre— determinó que el índice sobreestimaba la inflación en 1,1 puntos porcentuales.

La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos adoptó algunas de sus recomendaciones para modificar la forma en que calculaba el índice de precios.

La labor de Gordon sobre el modelo “triangular” de inflación demostró la importancia de la inflación “básica”, que elimina del cálculo el impacto de los precios volátiles de los alimentos y la energía. Eso permite a las autoridades de la Reserva Federal concentrarse en la tendencia de inflación a más largo plazo, observando al mismo tiempo las fluctuaciones anteriores de corto plazo resultantes, por ejemplo, de un aumento súbito de los precios de la gasolina.

Para el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, ese fue un aporte de “enorme importancia”.

“Últimamente dos veces —en 2008 y 2011— hemos visto escaladas de la inflación general, y muchos advertían que los bancos centrales estaban retrasados respecto de la curva de inflación y exigían que se elevaran las tasas o se revirtiera la expansión cuantitativa”, escribe Krugman en un correo electrónico.

“Pero todo eso tenía que ver con los precios de las materias primas, lo que significaba que la inflación básica estaba quieta. La Reserva Federal, que se focalizaba en la inflación básica, optó entonces acertadamente por mantener el rumbo”.

La inspiración para escribir Rise and Fall surgió cuando Gordon se topó en un sencillo hotel de Michigan con un libro de fotografías de Otto Bettmann —fundador del archivo fotográfico que lleva su nombre— titulado Good Old Days: They Were Terrible! [Los buenos tiempos… ¡fueron terribles!]. La obra muestra las miserias de la vida en los barrios marginales a fines del siglo XIX. “Era lógico ver cuán enormemente han mejorado las cosas desde entonces”, recordó Gordon.

Trabajó en su libro durante cuatro años, ayudado por equipos de asistentes de investigación. Su oficina y su hogar estaban abarrotados de libros llenos de notas autoadhesivas. El resultado fue un asombroso nivel de detalle en la descripción de las ingratas tareas de la vida cotidiana en Estados Unidos antes de la Guerra Civil y las espectaculares mejoras que se lograron después con inventos tales como las cañerías internas de agua y saneamiento, la luz eléctrica y los artefactos de cocina.

Uno de sus asistentes de investigación fue Andrew Sabene, quien pasó largas horas en la biblioteca del transporte de Northwestern analizando los cronogramas ferroviarios del siglo XIX.

Sabene describió a Gordon como un jefe exigente, que pedía a sus investigadores llevar un estricto registro de su tiempo. Pero finalmente a ambos los unió su mutuo interés por la música, e incluso se encontraban con la esposa de Gordon, Julie, retratista y profesora de letras y cine en Northwestern, para hablar acerca de sus compositores clásicos y musicales de Broadway favoritos mientras tomaban un café.

La prolija, aunque atestada, oficina de Gordon es un testimonio de sus variados intereses, como la fotografía, la aviación y la historia. Aunque sus estantes están llenos de libros sobre Economía —incluidas varias ediciones de su propio y popular manual, Macroeconomía— las paredes están cubiertas de fotos de sus viajes a países como India y Tailandia.

Ante más de 200 estudiantes de un curso intermedio de Macroeconomía, Gordon pronuncia una ágil y bien organizada disertación con ayuda de un retroproyector, que le permite bosquejar gráficos a medida que habla.

Gordon dice que disfruta enseñando, particularmente su seminario de primer año titulado “¿Ganó la Economía dos guerras mundiales?”. “Ese título es un subterfugio porque el tema son las guerras en sí, no solo la Economía”, afirma.

Ese subterfugio refleja su temprano interés en la historia. Como estudiante de pregrado en la Universidad de Harvard, planeaba inicialmente especializarse en esa materia, pero cambió de idea cuando obtuvo la calificación de “Bueno” en uno de los cursos. “La historia era demasiado subjetiva; había demasiadas respuestas diversas posibles”, dice. “Quizá simplemente una materia en la cual podría obtener un “Bueno” me ponía demasiado nervioso”.

Todo en familia

Siguió entonces los pasos de sus padres, Robert Aaron y Margaret Gordon, ambos prominentes economistas de la Universidad de California en Berkeley. Su hermano menor, David Gordon, también economista, enseñó en la Nueva Escuela de Investigación Social de Nueva York. Falleció en 1996, a los 51 años.

Después de graduarse en Harvard en 1962, Gordon cursó un doctorado en el MIT, donde su asesor de tesis fue Robert Solow, el ganador del Premio Nobel que en 1987 manifestó, como se sabe, que la era informática podía verse en todas partes excepto en las estadísticas de productividad. (Pasó casi otro decenio antes de que el impacto de las nuevas tecnologías sobre la productividad se hiciera evidente).

La desaceleración de la innovación no es lo único que retrasa el crecimiento, sostiene Gordon. La economía de Estados Unidos también enfrenta “vientos adversos”, como una creciente desigualdad, un estancamiento del nivel educativo, una población que envejece y la carga de la deuda pública.

¿Qué presagia la pesimista visión de Gordon para el plan del presidente estadounidense Donald Trump de impulsar el crecimiento anual hasta 3% ó 4% mediante recortes del impuesto sobre la renta de las personas físicas y las sociedades y un programa de infraestructura de USD 1 billón?

El economista Robert Gordon prevé que el crecimiento de la productividad en Estados Unidos se desacelerará marcadamente.

Según Gordon, ese estímulo podría elevar la productividad y el crecimiento en el corto plazo al trabajar más intensamente los trabajadores actuales e incorporarse los nuevos a la fuerza laboral, pero es improbable que la mejora dure más de un año o dos.

Enumera una serie de obstáculos. Las políticas de Trump probablemente harían subir el dólar y las tasas de interés, lo cual tendería a restringir el crecimiento. Los recortes del gasto no militar también serían contraproducentes. Y las rebajas de impuestos orientadas ante todo a los más acomodados podrían servir de poco para estimular la demanda, porque los ricos son menos proclives que los pobres a gastar ese ingreso adicional.

En cambio, las autoridades deberían concentrarse en elevar la productividad en el largo plazo, principalmente mediante mejoras en educación y capacitación, dice Gordon. Propone eliminar las disparidades entre los distritos escolares públicos ricos y pobres, invertir en educación de la primera infancia y crear un sistema de formación vocacional al estilo alemán.

Su exasistente de investigación, Sabene, dice que él se siente alentado por el hecho de que, aun cuando Estados Unidos ya ha aprovechado plenamente los beneficios de los grandes inventos del pasado, eso no ha ocurrido en gran parte del mundo.

“Pensemos en países como India, donde el agua corriente y la urbanización y todas esas cosas están aún en curso”, dice. “Me da cierto consuelo saber que todavía hay mucho camino por recorrer”.

CHRIS WELLISZ integra el equipo de Finanzas y Desarrollo.

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