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Finance and Development, June 2017
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Hablando claro: La voz de la juventud: Adaptarse, reajustarse y nunca dejar de aprender

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2017
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Christine Lagarde

LOS VIEJOS, como dijo una vez Oscar Wilde, lo creen todo; los adultos todo lo sospechan; mientras que los jóvenes todo lo saben.

Por eso valoro tanto escuchar a los jóvenes, desde estudiantes hasta empresarios incipientes, pasando por flamantes líderes de la comunidad. Sus historias me llegan porque son profundas, reveladoras e inspiradoras.

Sus preocupaciones, al igual que las de todo el mundo, varían en función de su región y su cultura. Pero hay algunas cuestiones que escucho en casi todos los lugares que visito: ¿podré encontrar un trabajo que me guste y me permita ayudar a mi comunidad y mantener a mi familia? ¿Hay un lugar para mí en la sociedad? ¿Podré crear mi propio negocio, y si es así, qué tan exitoso será?

Estas cuestiones están llenas de esperanza e ilusión, pero también transmiten una sensación de duda y desconcierto, y con razón. Desgraciadamente, la juventud de hoy tiene dos veces más probabilidades de estar desempleada que el total de la población.

En Francia, por ejemplo, el desempleo juvenil se acerca al 20%, mientras que el total ronda el 10%, y Brasil y Egipto tienen una situación similar. En todo el mundo habrá más de 71 millones de jóvenes desempleados este año, según las estimaciones de la OIT.

Por si esto fuera poco, los que consiguen trabajo se enfrentan a rápidas perturbaciones tecnológicas que podrían eliminar los puestos recién encontrados. Esta transformación hace que todos, especialmente los jóvenes, se pregunten qué trabajos seguirán existiendo de aquí a diez años y cómo pueden prepararse para adaptarse.

Listos para adaptarse

Por suerte, la juventud cuenta con las herramientas para prepararse para este cambio tectónico actual.

En nuestras conversaciones, me he dado cuenta de que esta generación recorre una empinada curva de aprendizaje. A muchos estudiantes les agrada la idea de formarse continuamente y dan por hecho que tendrán que seguir aprendiendo toda su vida.

He observado de primera mano que los mileniales usan su asombroso ingenio al tratar de controlar su futuro. Muchos no están dispuestos a esperar un trabajo en la administración pública o en una gran empresa. Se aventuran y emprenden sus propios negocios. Conciben nuevas plataformas en línea y descubren mercados que antes no existían. Lo que veo es una generación que, cuando se enfrenta al desempleo, innova para crear nuevas oportunidades.

Pero esto no es suficiente. Los gobiernos tienen la responsabilidad de construir un entorno que permita a los jóvenes explotar todo su potencial, lo que implica derribar barreras reglamentarias, ayudar a los emprendedores en sus primeras empresas e invertir en la enseñanza intergeneracional. ¿Cómo se puede lograr?

Una estrategia a medida

No existe una fórmula mágica que funcione en todos los países, pero se me ocurren muchas soluciones prácticas; por ejemplo, la formación vocacional estructurada, que ha ayudado a mantener baja la tasa de desempleo juvenil en países como Alemania, Austria y los Países Bajos. Otra solución es facilitar a las jóvenes el acceso a guarderías y prestaciones flexibles por maternidad. Estos esfuerzos pueden reactivar el mercado laboral.

Tomemos el ejemplo de Malí, donde el FMI ha destacado los beneficios económicos de la educación de las niñas, o de Mauricio, donde estamos estudiando cómo ampliar el acceso de las mujeres al financiamiento.

En algunos países, una disminución de 10 puntos porcentuales en la desigualdad de género podría impulsar el crecimiento en 2 puntos porcentuales en los próximos cinco años.

Por otra parte, los países miembros deben eliminar los obstáculos para la competencia y reducir la burocracia. Por supuesto, estas medidas deben adecuarse a cada país: en las economías avanzadas, estimamos que, si la investigación y el desarrollo aumentaran un 40%, el PIB crecería un 5% a largo plazo.

Todos estos cambios beneficiarían a los jóvenes que están empezando su carrera.

Las políticas inteligentes pueden liberar a la juventud para trabajar por cuenta propia o crear una empresa. Por su parte, los jóvenes empresarios se enfrentan a una mayor incertidumbre financiera, pues ya no pueden confiar en recibir de las empresas prestaciones de salud o pensiones.

¿Cómo puede ayudar el FMI?

El trabajo del FMI

La misión del FMI es promover la estabilidad económica y el crecimiento en todo el mundo, lo que significa ayudar a los países miembros a crear mejores oportunidades laborales para las próximas generaciones.

Esto cobra especial importancia en países cuya tasa de desempleo juvenil es elevada desde hace décadas.

El FMI puede contribuir estimulando una mayor inversión pública en educación y capacitación laboral, algo que ya estamos fomentando en nuestros programas de crédito.

Necesitamos, además, más asociaciones público-privadas que mejoren la eficacia de los programas formativos. Un buen ejemplo es el programa SkillsFuture de Singapur, que ofrece becas no condicionadas a adultos para su capacitación a lo largo de su vida profesional.

Pero la formación no es más que una pieza del rompecabezas. Los gobiernos y las empresas pueden hacer mucho más para aprovechar el poder de la innovación. Las tecnofinanzas son, por ejemplo, un área fascinante que requiere más inversión.

Basta con fijarse en Kenya y su innovador sistema M-Pesa de transferencias monetarias a través del teléfono móvil. El gobierno permite el uso de esta tecnología para el pago de impuestos, reduciendo los costos y los retrasos en los pagos.

El mundo no puede darse el lujo de desaprovechar el abundante y valioso talento humano.

Algunos estudios estiman que las economías en desarrollo y emergentes podrían ahorrar USD 110.000 millones anuales pasando del efectivo y los cheques a los pagos digitales, un ahorro que marcaría la diferencia para un joven que esté a punto de comenzar su propio negocio.

Una carrera en el siglo XXI

Si yo empezara mi carrera profesional hoy, me centraría en dos aspectos. Primero, la voluntad de aprender a lo largo de la vida. No hay un final para la educación, solo hitos en el camino.

En segundo lugar, la apertura para cambiar el rumbo. No tenemos el lujo de habernos formado en un solo campo o profesión. A lo largo de mi vida, he sido abogada, ministra de Hacienda y ahora dirijo el FMI. La generación que está a punto de ingresar a la fuerza laboral se enfrentará incluso a más giros en su trayectoria profesional. Acepten esos cambios y en cada nueva etapa aprovechen las perspectivas ganadas en las anteriores.

Volviendo a Wilde, “definir es limitar”. No hay una definición precisa de cómo serán las carreras o empleos de la juventud en la nueva economía. Esta opacidad implica, naturalmente, preocupación e incertidumbre. Al mismo tiempo, las posibilidades no tienen límites, y ahí reside la gran oportunidad para la próxima generación. Confío en que el conjunto de la comunidad mundial contribuirá a aprovecharla.

CHRISTINE LAGARDE es la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional.

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