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Finance and Development, March 2017
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Gente Del Mundo de la Economía: Senderos Paralelos: Atish Rex Ghosh traza una semblanza de Kristin Forbes, cuya trayectoria combina la actividad académica y las políticas públicas

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2017
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LA DESPARASITACIÓN de los niños parecería ser un improbable ámbito de interés para la economista Kristin Forbes, cuya carrera profesional ha transcurrido en su mayor parte entre la actividad académica y las políticas públicas. Pero la profesora de la Escuela de Administración Sloan del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) también ha estado dispuesta a recorrer caminos algo imprevisibles.

Forbes, quien es además miembro externo del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, se ha concentrado en temas internacionales como el contagio financiero, los flujos de capital transfronterizos, los controles de capital y los efectos derrame que las políticas económicas de un país provocan en otros.

Pero cuando colegas suyos le mostraron que la desparasitación es una de las formas económicamente más eficaces de mantener escolarizados a los niños de las economías en desarrollo, ella contribuyó a crear una entidad benéfica orientada a ese propósito.

Aun así, la investigación académica y la formulación de políticas públicas absorben la mayor parte del tiempo de Forbes, ya sea en MIT, el Banco Mundial, el Banco de Inglaterra o el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, entre otros lugares.

Sin embargo, el rumbo de su carrera no estaba predestinado, y más de una vez la suerte o la coincidencia cumplieron un papel crucial. Habiendo crecido en Concord, Nuevo Hampshire, desarrolló una pasión por la vida al aire libre y asistió a una escuela secundaria pública. Aunque no era precisamente una escuela de bajo rendimiento (alrededor de la mitad de la clase iría a la universidad), la mayoría de sus compañeros pusieron la mira en la Universidad de Nuevo Hampshire. A los consejeros de Forbes los desconcertaba que ella aspirara a asistir a universidades más prestigiosas, como Amherst o Williams. Pero en una decisión temprana de forjar su propio sendero, Forbes efectivamente terminó yendo a Williams College.

Un abanico de opciones

En Williams, Forbes se encontró con una gran variedad de opciones y terminó asistiendo a cursos de astrofísica, religión, psicología y . . . economía. Reconoce que fue su profesor de Economía 101, Morton (“Marty”) Schapiro (más tarde, rector de Williams College) quien inspiró su interés en la materia, sobre todo al aplicar conceptos económicos básicos a la vida cotidiana. Schapiro hablaba de la utilidad decreciente, y en última instancia marginal, de consumir demasiada cerveza (un ejemplo nada irrelevante en un campus universitario). Forbes vacilaba entre la economía, la historia y la ciencia política (disfrutando de la interconexión entre esas materias), pero finalmente se especializó en economía y se graduó con la calificación summa cum laude.

Tras su graduación, Forbes se planteó qué hacer luego —acariciando la idea de estudiar derecho o bien seguir los pasos de su padre y ser médica— pero terminó cursando el programa de banca de inversión de Morgan Stanley. Aunque allí aprendió acerca de los mercados (conocimiento que más tarde le serviría en sus investigaciones económicas), Forbes pronto comprendió que la banca de inversión no era lo suyo. Tuvo entonces un golpe de suerte: Richard Sabot, uno de sus profesores en Williams, la puso en contacto con Nancy Birdsall, quien estaba terminando el estudio de 1993 del Banco Mundial sobre el éxito económico logrado por las naciones de Asia oriental y buscaba un investigador que le ayudara a aplicar sus observaciones a América Latina.

Forbes pasó entonces un año en el Banco Mundial, y tuvo así su primera experiencia en investigación orientada a las políticas públicas. Trabajar con Birdsall y Sabot la inspiró a convertirse en una economista de carrera como ellos, y comprendió que necesitaba un doctorado para hacerlo e influir en el mundo como ellos lo hacían.

En MIT, el enfoque de Forbes no concordaba, por lo tanto, con el de la mayoría de los estudiantes de posgrado, que tienden a entusiasmarse más por los modelos y teorías como tales que por su aplicación a los problemas del mundo real. Fue precisamente esa perspectiva la que le ganó prestigio cuando su estudio sobre el impacto de la desigualdad del ingreso en el crecimiento —parte de una tarea para el curso de econometría de Jerry A. Hausman en MIT— fue publicado en 2000 en la revista American Economic Review.

A mediados de los años noventa, la desigualdad del ingreso distaba mucho de ser un tema candente. Pero Birdsall y Sabot habían encontrado que esa desigualdad era nociva para el crecimiento, y —al menos en los círculos políticos— ese hallazgo había causado cierto revuelo. Forbes reexaminó la cuestión usando datos más nuevos y técnicas más sofisticadas, y observó que ¡el signo había cambiado! Cuando se comparan diversos países, la desigualdad del ingreso es perjudicial para el crecimiento, pero, observando lo que ocurre dentro de un país, encontró que existe una relación positiva entre el crecimiento y el aumento de la desigualdad.

Más allá de que su estudio fuera publicado en una distinguida revista, la experiencia le enseñó a Forbes la importancia de una labor analítica cuidadosa en las conclusiones relativas a las políticas públicas. Forbes es quizá más conocida por su trabajo acerca del contagio financiero. Esta es una temática definitoria de la labor de su vida. Estaba escribiendo tras las crisis financieras de los países de Asia y de otros mercados emergentes cuando el “contagio” parecía estar cundiendo.

En sus estudios analizó pormenorizadamente qué significaba contagio —un término utilizado hasta ahora de manera muy laxa— y contribuyó así a clarificar cuándo ocurre y por qué. Como alguna vez comentó Roberto Rigobón, su coautor y colega en MIT, “Kristin se cuenta entre los líderes del análisis empírico del contagio. Sus estudios representan una verdadera proeza para cualquier interesado en medir su importancia, existencia y alcance”. Stijn Claessens, asesor principal de la Junta de la Reserva Federal, quien también ha estudiado el tema junto con Forbes, afirma: “Ella coloca la investigación académica en un nivel muy alto, pero siempre tiene en cuenta la relevancia de esa labor para las políticas públicas y motiva a otros señalando las grandes lagunas que existen en nuestros conocimientos. Y presenta sus ideas de una manera fácil y asimilable”

En otro estudio citado con frecuencia, Forbes observó el impacto de la imposición de controles de capital, yendo más allá de los análisis tradicionales de sus efectos macroeconómicos para estudiar cómo esos controles afectan el acceso de las empresas pequeñas y medianas al financiamiento, algo anteriormente ignorado por los académicos y los funcionarios por igual.

Ese análisis le ha otorgado a Forbes una merecida reputación en materia de investigación académica orientada a las políticas públicas. Sin embargo, una concentración muy estrecha de la labor analítica para fines de políticas no está exenta de riesgos, en particular el de ser malinterpretada. Por ejemplo, a menudo se considera que los hallazgos de Forbes acerca del impacto de los controles de capital en el financiamiento para las empresas pequeñas y medianas significan que los gobiernos deben evitar los controles sobre las entradas de capital debido a la carga generada para las empresas más pequeñas en comparación con otras más grandes. Eso quizá sea cierto, pero la principal alternativa de política para un país que enfrenta un auge de crédito alimentado por la afluencia de capitales es una medida prudencial. Tal medida tendría probablemente un impacto desproporcionado aun mayor en las pequeñas empresas, que tienden a depender más del financiamiento bancario que las de mayor tamaño.

Asimismo, no debe interpretarse que el estudio de Forbes sobre la desigualdad de ingresos y el crecimiento implica que la primera es beneficiosa para el segundo. Investigaciones posteriores muestran que los resultados dependen de la muestra escogida, y las estimaciones basadas únicamente en el cambio de las variables en el tiempo, la técnica utilizada por Forbes, generalmente recogen solo la asociación positiva a corto plazo entre la desigualdad y el crecimiento. El impacto negativo se identifica analizando cómo cambia una variable en el tiempo y entre diversos países.

¿Una broma?

Forbes, que ha pasado una parte considerable de su carrera en círculos oficiales, conoce muy bien las sutilezas de aplicar la investigación académica para extraer conclusiones sobre políticas públicas. Después de su paso por el Banco Mundial, la siguiente oportunidad para involucrarse directamente en la formulación de políticas surgió cuando un día de 2001 Forbes encontró en su contestador un mensaje de alguien llamado John Taylor, invitándola a acudir al Departamento del Tesoro en Washington para charlar. Al principio, pensó que era una broma. Por supuesto que sabía quién era Taylor, el profesor de la Universidad de Stanford que acababa de ser designado Subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales en la nueva administración de George W. Bush. ¿Pero por qué querría hablar con ella? Estuvo a punto de borrar el mensaje.

Al final, le devolvió la llamada, y supo así que Taylor le proponía crear una nueva sección en el Departamento del Tesoro para monitorear la vulnerabilidad mundial tras las crisis de Asia y de Rusia. Forbes estaba indecisa. Desde sus días en el Banco Mundial, se había sentido atraída tanto por el mundo académico como por el de las políticas y creía que entre los dos no había interacción suficiente. Pero como aspirante al cargo de profesora asistente en el MIT, su prioridad era publicar trabajos en las principales revistas académicas, no dar vueltas por los pasillos del poder en Washington.

Dos veces rechazó la oferta, hasta que el extinto Rudiger Dornbusch, su anterior asesor en MIT e importante economista internacional ya famoso en los círculos tanto académicos como políticos, la llamó para amonestarla. Se negó a cortar la comunicación telefónica hasta tanto ella hubiese comenzado a hacer su maleta. “Esa es la razón por la que hacemos la investigación académica que hacemos . . . para realmente influir en las políticas e influir en el mundo. Usted debe ir allí y hacerlo”, le dijo.

Datos del mundo real

De modo que Forbes regresó a Washington en 2001. Fue, según expresa, “una experiencia fascinante tratar de aplicar la investigación académica al mundo real con datos del mundo real, donde no se les dice a todos que ocurrirá un contagio, nueve meses después del hecho. En realidad hay que hacerlo con anticipación. Y efectivamente introduce todo un nuevo conjunto de temas acerca de qué podemos hacer para que aquello sobre lo cual escribimos resulte aplicable en tiempo real” Su función en el Tesoro también expuso a Forbes a muchos otros temas que nunca antes se había planteado, como trabajar en la Cuenta Desafío del Milenio de Estados Unidos, un programa destinado a hacer más eficaz la ayuda externa de Estados Unidos elaborando criterios para determinar qué países serían elegibles.

De regreso en MIT el año siguiente, Forbes comenzó a escribir estudios académicos sobre algunos de los temas que había encarado en el contexto de las políticas públicas —como el contagio financiero— hasta que el teléfono volvió a sonar. Esta vez era una invitación para integrar el Consejo de Asesores Económicos del presidente de Estados Unidos. Allí, Forbes trabajó en muchos temas candentes de economía internacional, como la posible manipulación de las monedas por los principales socios comerciales y la tributación internacional.

En un tema que ocupaba entonces los titulares —las enormes sumas de dinero mantenidas en el extranjero por multinacionales estadounidenses para evitar los altos impuestos empresariales— Forbes pudo nuevamente aprovechar sus habilidades analíticas para demoler mitos populares. Esas empresas solían quejarse de no poder financiar inversiones en Estados Unidos porque les costaría mucho repatriar los fondos, lo cual naturalmente implicaba que al menos se les debería conceder por única vez una exención fiscal temporal para estimular la inversión en el país.

Para Forbes y sus colegas del consejo económico, esa no era una explicación valedera, pero sin elementos concretos no tenían forma de refutar el reclamo. Las corporaciones parecían tener un argumento convincente, desbaratado solo por investigaciones posteriores de Forbes, que mostraron que cuando las empresas sí repatrían fondos, generalmente los usan para pagar dividendos en lugar de invertir en nuevas instalaciones o emplear más trabajadores.

Una mente abierta

Esa interacción entre lo académico y las políticas públicas —es decir, estudios que orienten las decisiones de política, y cuestiones de política que inspiren los estudios —se ha convertido en un sello distintivo de la labor de Forbes. A diferencia de muchos otros, sin embargo, ella también está dispuesta a mantener su mente abierta y modificar sus opiniones a la luz de nuevos estudios y evidencias. Su trabajo inicial sobre los controles de capital, por ejemplo, tendía a hacer hincapié en los costos. Pero las investigaciones recientes sobre el papel de los controles de capital en mitigar los riesgos para la estabilidad financiera y la creciente comprensión de que en las economías con apertura financiera hay una escasa distinción práctica entre las medidas prudenciales y los controles de capital, han convencido a Forbes del potencial que tienen los controles de capital para hacer más resistente el sistema financiero.

Sus consejos a los jóvenes investigadores van en gran medida en la misma línea: elijan temas que sean importantes y que les interesen, pregúntense por qué están haciendo ese trabajo, sean intelectualmente curiosos, exploren todos los ángulos del problema, y luego basen sus conclusiones en sólidos estudios analíticos.

Forbes no habla sobre temas actuales relativos a las políticas públicas porque integra actualmente el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, aunque recientemente anunció que volverá a MIT y no podrá integrar el Comité por un nuevo período. Pero en concordancia con su idea de que las decisiones de política deben basarse en una sólida evidencia empírica, obviamente le preocupa la actitud contraria a los expertos, a las élites, a la importancia de los datos, que parece haberse infiltrado en el discurso popular. Mediante sus estudios sigue tratando de explicar hechos económicos básicos con la esperanza de influir de manera positiva en la adopción de decisiones importantes. Al mismo tiempo, insta a los académicos a pasar más tiempo hablándole a la gente fuera de sus torres de marfil: “realmente debemos —todos nosotros, los funcionarios y los académicos— salir y hablarles a las empresas, al hombre común, a la gente y comprender mejor qué les preocupa y en qué están pensando”.

Forbes ha dedicado gran parte de su vida profesional a la economía internacional; incluso se casó en Bretton Woods, Nuevo Hampshire, donde fueron concebidos el FMI y el Banco Mundial en 1944 (aunque se apresura a explicar que eligió el hotel más por su buena ubicación que por sus asociaciones históricas). No es de sorprender, entonces, que le preocupe la reacción actual contra la globalización. Parte del problema, considera, es la incapacidad de los economistas para comunicarse con el público en general en formas que sean comprensibles y aplicables a la vida de la gente.

Si bien parte del sentimiento antiglobalización surge de la preocupación acerca de una desigualdad extrema del ingreso y la riqueza, Forbes también cree que no debe exagerarse el impacto de la globalización en la desigualdad. En el Reino Unido, señala, la desigualdad del ingreso ha disminuido en los últimos años, o al menos no ha aumentado, ya que los salarios de los niveles más bajos han crecido más que en algunos de los tramos superiores. Sin embargo, muchas personas sienten un increíble grado de frustración y temor al cambio, que terminó manifestándose en el Brexit, el voto británico para dejar la Unión Europea. Los economistas —académicos o políticos— deben comprender y explicar mejor cómo la globalización puede beneficiar a todos.

Desparasitación de los niños

Más allá de cuán elevada sea la investigación académica, a veces tiene un impacto en lo personal, razón por la cual Forbes se involucró en el proyecto de desparasitación. Es un ejemplo de la forma en que ha aplicado sus habilidades con un alcance amplio, tomando muchos senderos diferentes, en ocasiones inesperados, pero a menudo gratificantes.

Hace algunos años, estudios académicos realizados por los profesores de MIT Rachel Glennerster y Esther Duflo, junto con Michael Kremer de la Universidad de Harvard, determinaron que una de las formas más económicas en función de los costos de asegurar que los niños de economías en desarrollo permanezcan en la escuela es eliminando los parásitos que los enferman y a menudo les impiden asistir a clases. Esos hallazgos los impulsaron a formar una organización benéfica dedicada a desparasitar a los niños de esas economías, y Forbes ofreció sus conocimientos y experiencia en materia de negocios para contribuir a su creación.

“Es sorprendente”, dice con entusiasmo esta orgullosa madre de tres hijos, “cómo el poder de una buena investigación económica puede recaudar sumas significativas de dinero a través de donaciones. Simplemente hay que darles a los niños una píldora por año y eliminar sus parásitos, y así ellos podrán aprender más. No están tan aletargados, absorben más minerales de sus alimentos, son más saludables. Algo tan increíblemente fácil, increíblemente eficaz. Hasta ahora, entre 25 y 30 millones de niños han sido desparasitados, ¡y todo gracias a una buena investigación académica!”

Atish Rex Ghosh es historiador del FMI.

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