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Finance and Development, March 2017
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Hablando Claro: Hacia un crecimiento inclusivo: Los mercados emergentes deben compartir más equitativamente el fruto del crecimiento

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2017
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Tao Zhang

Tao Zhang es Subdirector Gerente del FMI.

EN LOS últimos años, las tasas de crecimiento de los países de mercados emergentes han superado ampliamente las de las economías más desarrolladas. Hay menos pobreza y la calidad de vida ha mejorado, pero esta rápida expansión entraña el riesgo de que la brecha entre ricos y pobres se ensanche en estos países. Según las encuestas de Pew Research, la mayoría de la gente afronta con optimismo el futuro de mercados emergentes como India, Nigeria y otros países que se van acercando al estatus de economía avanzada. Pero para que el optimismo sea justificado, hay que garantizar que el crecimiento siga siendo inclusivo en estas economías.

Se entiende por “crecimiento inclusivo” la distribución más equitativa de los beneficios de una mayor prosperidad, el empleo bien remunerado, la igualdad de oportunidades de empleo y educación y la mejora del acceso y la prestación de servicios financieros y de salud. En comparación con las economías avanzadas, los mercados emergentes registran mayor disparidad del ingreso y más pobreza, y van rezagados en acceso a servicios sociales clave como salud y finanzas.

Debemos trabajar por un crecimiento inclusivo no solo porque es moralmente justo, sino porque es esencial para alcanzar un sólido crecimiento sostenible. Estudios llevados a cabo dentro y fuera del FMI han demostrado que la existencia de niveles de desigualdad elevados suele reducir el ritmo del crecimiento y su durabilidad. Las autoridades económicas deberían adoptar sin miedo políticas que garanticen la prosperidad compartida, incluidas aquellas que redistribuyan la riqueza.

Por tanto, será importante que las autoridades económicas se cercioren de que los beneficios del crecimiento se comparten de forma equitativa. De lo contrario, se corre el riesgo de que aumente la inestabilidad política y social, se frene la inversión en capital humano y físico, y el respaldo a las reformas estructurales se vea erosionado. Esto pondría trabas al crecimiento sostenido que los mercados emergentes necesitan para alcanzar un ingreso elevado. Ante la expectativa de unas condiciones económicas mundiales menos favorables, hay que abordar estas cuestiones hoy.

Hay que seguir avanzando

En los últimos años, los mercados emergentes han avanzado en el fomento del crecimiento inclusivo —gracias, en parte, a las favorables condiciones mundiales, como tasas de interés reducidas y el repunte del comercio internacional. Desde principios de la década de 2000, en estos países el promedio de crecimiento se situó en torno al 4% y representa más de la mitad del crecimiento mundial. La desigualdad del ingreso ha disminuido y el coeficiente de Gini —principal indicador de la desigualdad— ha pasado de 45 a 40. (El coeficiente de Gini oscila entre cero, cuando todos perciben el mismo ingreso, a 1, cuando una sola persona recibe la totalidad del ingreso). La pobreza también ha caído, el empleo ha subido, los niveles de educación han aumentado y el acceso a servicios financieros y de salud ha mejorado.

No obstante, mantener el progreso puede resultar complicado. Para empezar, no debemos confiarnos. En muchos mercados emergentes, la desigualdad del ingreso sigue siendo elevada y el número de personas en pobreza absoluta es excesivo. Más todavía: estos países afrontan un nuevo panorama económico mundial cada vez más incierto. Mientras los mercados emergentes intentan alcanzar el nivel de desarrollo de las economías avanzadas, un proceso que entraña acumular capital y elevar la productividad, las dificultades tenderán a empeorar.

Son cinco los ámbitos en los que el asesoramiento en política económica del FMI puede respaldar a las autoridades de los países para abordar estos problemas.

Productividad: Una marea alta eleva todos los barcos, suele decirse. Un aumento de la productividad (producto por hora trabajada) favorecerá el incremento generalizado del ingreso y la riqueza, necesario para reducir la desigualdad y la pobreza. Alcanzar esta meta no será fácil. Los países tendrán que fomentar la competencia en los mercados de productos y el comercio, impulsar la inversión extranjera directa, financiar proyectos de infraestructuras y mejorar el entorno empresarial. Dichas reformas encabezan los programas públicos de países como Brasil, China, India y Sudáfrica.

Educación y salud: La mejora de la calidad de la educación y la salud permitirá reforzar la capacidad de inserción laboral de los trabajadores y romper el círculo vicioso de pobreza y falta de educación. En determinados casos, habrá que aumentar el gasto: fijémonos en programas como Bolsa Familia en Brasil, con transferencias monetarias a familias de bajo ingreso para fomentar la escolarización, u Oportunidades en México, con subvenciones para mejorar el rendimiento de las escuelas y adaptar los planes de estudio al mercado laboral.

Acceso a las oportunidades de empleo: Garantizar la igualdad de oportunidades de participación en la economía entre hombres y mujeres impulsaría el crecimiento y reduciría la desigualdad. En muchos países, las mujeres tienen más dificultades para encontrar trabajo. Por ejemplo, solo una cuarta parte de las mujeres de Egipto, Jordania y Marruecos están empleadas. Esto puede deberse a la rígida normativa laboral y a las grandes diferencias en cuanto a logros educativos. Por tanto, es crucial que los gobiernos reduzcan las barreras a la contratación sin dejar de proteger a los trabajadores, supriman las restricciones sobre la movilidad de la mano de obra y eliminen las disposiciones tributarias que discriminan a los asalariados secundarios de una familia.

Inclusión financiera: Ampliar el acceso a servicios financieros permitirá mejorar la subsistencia de la gente, reducir la pobreza y promover el crecimiento. Para lograrlo, por ejemplo puede facilitarse el acceso a cajeros automáticos, fomentar el acceso a servicios bancarios (en especial de los hogares de bajo ingreso), crear programas de capacitación financiera y promover la banca móvil (véase “Un mayor alcance” en la presente edición de F&D). Se trata de medidas ampliamente utilizadas en India y Perú. Sin embargo, es necesario que estas iniciativas vayan acompañadas de un fortalecimiento de la supervisión y la regulación, para evitar que la expansión del crédito provoque inestabilidad financiera.

Redes de protección y políticas redistributivas: El rápido crecimiento y la mejora de la productividad generan vencedores y vencidos: las empresas menos competitivas cierran y los trabajadores pierden su trabajo. Será importante que los gobiernos faciliten la transición, a través de programas de capacitación y mejora de las competencias, y redes de protección social orientadas a fines concretos. En general, la mejora de las políticas redistributivas puede promover la equidad sin socavar la eficiencia. Por ejemplo, con la sustitución de las subvenciones generales de precios por transferencias monetarias a los pobres, la reducción de las lagunas tributarias que benefician a los ricos, la mejora del sistema tributario para aumentar su progresividad (en determinados casos, ampliando la base del impuesto sobre la renta de las personas físicas) y la lucha contra la evasión fiscal.

Reforzar el compromiso

Hemos intensificado nuestro trabajo en muchos de estos ámbitos, en gran parte porque son claves para la consecución de la misión de fomento de la estabilidad económica. A continuación figuran una serie de ejemplos.

  • Productividad: Destinamos más recursos a entender sus fuentes y el crecimiento a largo plazo, y a integrar el análisis de las reformas estructurales en el diálogo con los países miembros (véase “Atrapado en la rutina” en la presente edición de F&D). Esto implica no solo entender qué reformas proporcionan un mejor crecimiento, sino también ser conscientes de su costo económico y social a corto plazo.

  • Desigualdad: Hay varios ejemplos. En Bolivia, hemos buscado con el gobierno la mejor manera de contrarrestar el aumento de la desigualdad que probablemente provocará el desplome de los precios de las materias primas. En países como Colombia, hemos intentado abordar lo que los economistas llaman “dualidad” del mercado laboral, una coyuntura en la cual algunos trabajadores tienen empleos protegidos y bien remunerados, y otros tienen empleos mal remunerados y con poca protección y prestaciones.

  • Fomento al acceso igualitario a las oportunidades de empleo: Hemos entablado un diálogo franco con las autoridades de Japón y Arabia Saudita sobre la participación de las mujeres en la fuerza laboral. En particular, el análisis de las disparidades del mercado laboral en Arabia Saudita presenta medidas para corregir el equilibrio de género con un uso más generalizado del teletrabajo y el fomento del empleo femenino en sectores minoristas orientados al público femenino.

  • Inclusión financiera: La encuesta sobre acceso a servicios financieros, puesta en marcha en 2009, permite recabar datos en todo el mundo. Así, hemos constatado que en India las cuentas de depósito en bancos comerciales han aumentado en 500 millones en los últimos cinco años, gracias a los esfuerzos del gobierno por dar prioridad a la inclusión financiera.

  • Redes de protección y políticas redistributivas: Seguimos protegiendo el gasto social en el diseño de programas respaldados por el FMI, ya que las crisis económicas y financieras afectan más a los pobres. Por ejemplo, en el curso del programa económico de Pakistán en el marco del Servicio Ampliado del FMI —que ayuda a países con graves problemas en su balanza de pagos—, más de 1,5 millones de personas se sumaron a un programa consolidado de transferencias monetarias, y las prestaciones subieron más de un 50%. También prestamos asistencia técnica sobre reforma tributaria a los países, para establecer sistemas tributarios eficientes y lograr un mayor equilibrio entre equidad y eficiencia.

Asimismo, trabajamos arduamente para afianzar aún más la red de protección financiera mundial, que permitirá a los países utilizar recursos limitados para mejorar los resultados económicos y sociales.

Habida cuenta de todo esto, creo que ha llegado el momento de que los mercados emergentes basen sus estrategias de desarrollo en el crecimiento inclusivo. Esto no solo activará el sólido crecimiento sostenible que estos países necesitan para mejorar su calidad de vida, sino que contribuirá a afianzar la economía mundial.

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