Journal Issue
Share
Finance and Development, September 2016
Article

Hablando Claro: El conocimiento como bien público - El FMI está utilizando la tecnología para promover un mayor entendimiento de las cuestiones de política económica

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
September 2016
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

Sharmini Coorey es Directora del Instituto de Capacitación del FMI.

TAL VEZ le sorprenda enterarse de que el FMI ofrece cursos abiertos en línea para un público masivo (MOOC, por sus siglas en inglés), o quizá ni siquiera sabía que el FMI dictaba cursos.

Nuestros préstamos y actividades de supervisión de los países miembros ciertamente acaparan los titulares de prensa, pero más de una cuarta parte de la labor del FMI se enfoca en el desarrollo de las capacidades, es decir, en ayudar a los países a forjar instituciones económicas robustas y desarrollar aptitudes para adoptar políticas macroeconómicas y financieras sólidas. El FMI brinda abundante capacitación y asistencia técnica entre bastidores para ayudar a los países a resistir los shocks y evitar las crisis, es decir, precisamente para no acaparar titulares.

El Instituto de Capacitación del FMI, que está a mi cargo, ofrece a los funcionarios gubernamentales un programa de formación en macroeconomía aplicada, cuestiones financieras y los marcos estadísticos y jurídicos conexos. Nuestros cursos emplean el mismo riguroso enfoque analítico que los cursos dictados en universidades, pero en formatos cortos y enfocados en las políticas, aprovechando la experiencia de nuestros 189 países miembros. La idea es cerrar la brecha entre la teoría económica y la aplicación práctica de políticas, recurriendo para ello a estudios de casos y seminarios basados en datos reales.

Un mayor potencial

La primera vez que oí sobre los MOOC fue en una charla TED de Daphne Koller, fundadora de Coursera, la empresa pionera del concepto de los cursos gratuitos en línea para el público. Las posibilidades me fascinaron. Nuestros cursos tradicionales en el aula —sobre pronósticos económicos y análisis de sostenibilidad de la deuda— llegaban a 30 funcionarios públicos a la vez. Ofrecíamos cursos en varios centros de capacitación del mundo a unos 7.000 a 8.000 funcionarios por año, pero eso no era suficiente para atender la demanda de los países. Con el aprendizaje en línea no solo podríamos llegar a más personas sino también reducir mucho los costos de la capacitación, obviando la necesidad de espacio físico y las complejidades logísticas.

Así, en 2013 unimos fuerzas con edX —un consorcio creado por la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts que ofrece MOOC— y produjimos nuestro primer MOOC sobre Programación y políticas financieras, nuestro curso emblemático para funcionarios de ministerios de Hacienda y bancos centrales, y que se ofrece también como “entrenamiento básico” para los nuevos economistas del FMI. Desde entonces hemos desarrollado otros cinco MOOC, algunos disponibles no solo en inglés sino también en francés, español, ruso y árabe.

¿Ha salido todo como esperábamos? Diría que mejor de lo esperado, si bien entonces no sabíamos exactamente qué esperar. Algo positivo es que la escasa conectividad a Internet y los cortes eléctricos no han impedido que lleguemos a personas en países pobres. Aproximadamente un 28% de los funcionarios que han obtenido certificados en línea son de África subsahariana, y el 38% son de países de bajo ingreso. Aparte de Brasil e India, los países con más participantes son Camerún, Uganda y Zimbabwe.

Y la capacitación en línea ha despegado; hoy en día representa aproximadamente un tercio de toda la capacitación del FMI para funcionarios. Desde el lanzamiento de nuestro primer MOOC a fines de 2013, los cursos en línea han atraído a 21.000 participantes activos. De estos, 6.300 funcionarios gubernamentales y 6.000 miembros del público general en 183 países han concluido cursos, lo cual denota un importante avance hacia nuestros dos objetivos de incrementar la capacitación de las autoridades e intercambiar conocimientos con el público general. Es difícil medir el grado en que se absorben y aplican los conocimientos, pero hemos observado que en promedio la calificación de los participantes en el examen final es 16 puntos superior que en las pruebas previas al curso.

Otra cosa que constatamos fue que el diseño de los MOOC —vídeos que se pueden pausar y repetir, planillas de Excel, foros con otros estudiantes e interacción en línea con un instructor— personaliza mucho la experiencia. Algunos estudiantes nos dicen que es casi como trabajar con un tutor, pese a que en ciertos cursos el número de participantes ha pasado de 30 a aproximadamente 3.000 alumnos.

Y por último, hemos descubierto que la capacitación en línea y la presencial se complementan. La primera es más eficaz para transmitir información y desarrollar aptitudes específicas, pero no tanto para ahondar en los matices y complejidades de las políticas en la práctica ni para permitir interacciones personales. Hay que emplear ambas modalidades, para que las ventajas relativas de la tecnología y la interacción humana potencien al máximo el aprendizaje y amplíen al máximo el público al que llegamos. Por eso estamos trabajando para que ciertos cursos y módulos en línea sean requisitos previos de la capacitación presencial, y estamos adaptando el material del aula para complementar los cursos en línea.

El FMI como centro de conocimientos

Los cursos son solo un aspecto de nuestra labor de capacitación. Si el aprendizaje en línea puede desencadenar un cambio tan drástico, ¿por qué no aprovechar la tecnología para ampliar el alcance de la labor de fortalecimiento de las capacidades?

A continuación, unas pocas ideas, aunque sin duda los profesionales tendrán muchas más:

Crear un depósito de informes de asistencia técnica a disposición de todos los funcionarios. El vasto acervo de conocimientos técnicos del FMI es el aporte vital de la institución. Se podría crear una base de informes de asistencia técnica para que otros países puedan consultarlos cuando estén estudiando reformas o iniciativas específicas. Quizás haya que modificar la redacción de los informes, para excluir la información confidencial y presentarla en anexos que no se incluyan en la base de informes. Puede que esto requiera ciertos costos de transición, pero seguramente estos valdrán la pena. Un depósito de informes que permita la búsqueda de información no solo ampliará el conocimiento a disposición de los gobiernos sino que mejorará la eficacia de la asistencia técnica al atender con más precisión los pedidos de los países y al preparar mejor a los funcionarios para recibir asistencia técnica.

Organizar aprendizaje entre pares por videochat. El FMI no tiene por qué ser solo un proveedor de conocimientos técnicos y experiencia en políticas; también podría ser intermediario entre los funcionarios poseedores de esos conocimientos y las personas que quieren aprender. Para una autoridad de un país de bajo ingreso, lo que hace una economía avanzada no es tan interesante como lo que está viviendo o ha vivido un país similar. Con el videochat, que permite a la gente de todo el mundo comunicarse gratuitamente, podríamos entablar un diálogo entre un funcionario de Samoa y su homólogo en Mauricio, como lo hacemos en los seminarios entre pares que el FMI suele organizar, pero reduciendo los costos y las complicaciones logísticas. Esto facilitaría un diálogo informal no solo sobre los detalles concretos de una reforma económica sino también sobre aspectos más subjetivos de la implementación, como la superación de obstáculos políticos o la forma de comunicarse con el público.

El vasto acervo de conocimientos técnicos del FMI es el aporte vital de la institución.

Crear “comunidades de intercambio de prácticas”. Como punto de enlace, el FMI podría facilitar la creación de grupos en línea en redes sociales para el intercambio de información y desarrollo profesional. Los funcionarios que se reúnen ocasionalmente en conferencias, seminarios o cursos quizá no vuelvan a verse. O puede ser que reciban asistencia técnica en ámbitos similares pero que nunca se conozcan. Los expertos del FMI podrían formar comunidades en línea que vinculen a funcionarios con intereses comunes, por ejemplo, los encargados de los modelos económicos en los bancos centrales, utilizando las plataformas de las redes sociales. Los participantes podrían publicar sus análisis profesionales más actualizados, comparar experiencias y compartir soluciones a problemas de su trabajo cotidiano. Tales comunidades transnacionales podrían ser especialmente útiles para las economías en desarrollo, en las que el escaso personal especializado de las organizaciones no tenga suficientes colegas para consultar y fácilmente se encuentre un tanto aislado.

Un aprendizaje continuo

Todas estas ideas son viables porque ya contamos con la tecnología. El mayor obstáculo más bien está en la adopción de nuevas prácticas de trabajo. Hay una renuencia natural a arriesgarse a intentar algo nuevo y las personas incluso pueden sentir que al divulgar libremente sus conocimientos los están desvalorizando. Pero no debemos ver esto como un juego de suma cero.

El uso de la tecnología para transferir el conocimiento de forma innovadora no eliminaría nuestros métodos tradicionales de fortalecimiento de las capacidades en los países, así como el aprendizaje en línea no ha hecho que nuestros cursos presenciales se vuelvan obsoletos. Estos métodos complementarios nos permitirán ser más eficaces. Tenemos que seguir adaptando nuestros métodos para aprovechar al máximo la evolución de la tecnología.

Todos saldremos ganando si juntos somos capaces de mejorar la calidad de las políticas económicas. Siempre habrá algo más que aprender, porque la economía mundial y nuestros retos de política evolucionan continuamente. Más razón aún para recurrir a todas las herramientas a nuestra disposición para ayudar a las autoridades económicas a aumentar su conocimiento y grado de especialización. Como organización internacional, este es nuestro deber.

Other Resources Citing This Publication