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Finance and Development March 2016
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Subirse a la ola demográfica: África subsahariana podría obtener grandes beneficios del aumento de su población, si la transición se gestiona correctamente

Author(s):
International Monetary Fund. Communications Department
Published Date:
March 2016
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Vimal Thakoor y John Wakeman-Linn

En poco tiempo el mayor activo económico de África subsahariana quizá sea su gente. Si se adaptan las políticas, el potencial de los cambios demográficos puede reportarle un importante crecimiento a la región.

La menor mortalidad infantil y el aumento de la expectativa de vida están contribuyendo a un incremento de la población general y, sobre todo, de la población económicamente activa. Históricamente, esta transición demográfica ofrece a los países la oportunidad de incrementar su crecimiento y prosperidad. En África subsahariana, la oportunidad es aun mayor porque la población activa aumenta mientras que la fuerza laboral en gran parte del resto del mundo comienza a reducirse.

La transición en cifras

Los cambios demográficos son importantes desde todas las perspectivas. La región será, sencillamente, el eje demográfico de este siglo. Mientras el resto del mundo envejece, África subsahariana será la principal fuente de crecimiento de la fuerza laboral mundial. Según el escenario de fertilidad media de las Naciones Unidas, la población de la región aumentará más de cuatro veces, de poco más de 800 millones de personas en 2010 a 3.700 millones en 2100. Como proporción de la población mundial, pasará de un nivel inferior a 12% a un nivel de 35%. Y África aportará casi el 100% de los 2.000 millones de personas que se proyecta aumentará la fuerza laboral mundial en ese período, con lo cual para 2100 la proporción de la región en la fuerza laboral mundial pasará de aproximadamente 10% a 37% (gráfico 1).

Gráfico 1El motor del crecimiento demográfico mundial

Fuentes: FMI, Regional Economic Outlook: Sub-Saharan Africa, abril de 2015, y Naciones Unidas, Perspectivas de la Población Mundial, revisión de 2012.

Más allá del simple aumento del número y proporción de la población activa, las políticas que acompañan la transición demográfica de África subsahariana pueden contribuir a crear un dividendo. Si las políticas promueven la creación de empleo productivo para estos nuevos trabajadores, la mayor fuerza laboral elevará el crecimiento y el ingreso per cápita, logrando precisamente un dividendo demográfico.

Estudiantes en la Universidad Gaborone de Botswana.

En África, la transición podría producir un dividendo importante a través de otros cuatro canales (Galor y Weil, 2000; Bloom et al., 2009). Primero, la menor fertilidad permite una mayor participación femenina en la fuerza laboral, lo que aumenta la proporción empleable de la población activa. Además, como los adultos de edad laboral tienden a ahorrar más, el ahorro general aumenta y eso permite un mayor financiamiento de inversiones y da un impulso adicional al crecimiento. Se observa además que si las personas tienen menos hijos y viven más, aumenta el gasto en salud y educación, lo que contribuye a la salud, capacitación y productividad de la fuerza laboral. Por último, un aumento de la población podría generar una mayor demanda interna e impulsar tanto la inversión local como la extranjera.

Un crecimiento más alto

Bien aprovechado, el dividendo demográfico para los países de África subsahariana podría ser importante. El tamaño del dividendo y el momento en el que se materialice dependerán de la capacidad de las economías para absorber la nueva fuerza laboral, de la idoneidad de las políticas en el contexto demográfico y del grado en que reduzcan la fertilidad (Drummond, Thakoor y Yu, 2014).

Suponiendo que no toda la nueva fuerza laboral es absorbida y que la proporción de personas empleadas se mantiene en los niveles de 2010, para 2050 el PIB per cápita de África subsahariana aumentaría en más del triple, a casi USD 2.000 (en términos reales), cuando la mediana del PIB per cápita de 2010 fue USD 600. Esto se debe no solo al aumento de la fuerza laboral sino a la continuidad de tendencias ya en marcha y otras oportunidades de avance. Si toda la nueva fuerza laboral fuera absorbida, el PIB per cápita aumentaría un 25% más en 2050 y un 54% en 2100, respecto al escenario descrito. En el mejor de los casos—creación de empleo complementada por mejores políticas y menor fertilidad—se estima que el dividendo es de casi 50% en 2050 y 120% en 2100. Una transición más rápida aumenta y acelera el dividendo (gráfico 2).

Gráfico 2Un impulso potencial para el crecimiento

Fuente: FMI, Regional Economic Outlook: Sub-Saharan Africa, abril de 2015.

Nota: Se considera al dividendo demográfico en el marco de varios escenarios. Escenario 1: La economía no puede crear empleo en forma significativa. Escenario 2: Todas las personas que entran en la fuerza laboral encuentran empleo según un nivel histórico de productividad. Escenario 3: Los cambios de las políticas producen un aumento de la apertura comercial.

Consecuencias mundiales

Dado que en la mayoría de las demás regiones la población está envejeciendo, a la economía mundial le conviene integrar la creciente fuerza laboral de África en las cadenas mundiales de valor, en especial si África subsahariana puede aprovechar una ventaja comparativa en la producción con un uso intensivo de mano de obra. Una mayor apertura comercial facilitaría la creación de empleo y la transferencia de capitales y tecnología a la región. Económicamente, la migración beneficiaría a África subsahariana y al resto del mundo. El aumento de las remesas beneficiaría a los países de origen de los trabajadores, y los empleadores de otras partes se beneficiarían de la afluencia de mano de obra. Claro que una migración elevada también puede tener efectos sociales y económicos en los países de origen y de destino, tal como indica el profesor de Oxford Paul Collier en su libro Exodus: How Migration Is Changing Our World. Las políticas de migración han de equilibrar consideraciones económicas, políticas y sociales.

Además, el traslado de la producción de bajo costo de China a otras regiones también es una oportunidad para África subsahariana, pero solo si los países mejoran el entorno empresarial y reducen los costos para aprovechar los flujos de capital, en particular, eliminando restricciones en la infraestructura y ofreciendo electricidad, agua, carreteras y acceso a los mercados mundiales de manera fiable y con costos racionales.

Un panorama dispar

El ritmo y el curso de la transición demográfica, que a la larga determinarán si un país obtiene o no un dividendo demográfico, varía mucho dentro de África subsahariana (gráfico).

Un primer grupo mayormente compuesto por países pequeños ha avanzado bastante en el proceso gracias a rápidas reducciones de la mortalidad infantil y la fertilidad. Dos de ellos—Mauricio y Seychelles—ahora enfrentan los desafíos del envejecimiento de la población. En un segundo grupo, la transición está en marcha, pero no llegará a la cúspide hasta 2050, pues es mucho más lenta que la transición en América Latina y Asia oriental. Namibia y Swazilandia están algo más avanzados que el resto de este grupo, pero la transición es aún incipiente en países como Etiopía y Burkina Faso. En el tercer grupo, el problema es que la transición es mucho más lenta, debido en gran medida a tasas de fertilidad persistentemente altas o incluso estancadas. Dos de los países más poblados del continente—Nigeria y la República Democrática del Congo—están en esta categoría.

A nivel regional, tanto en el este como en el oeste de África subsahariana la población superará los 1.000 millones de habitantes a fin de siglo. En el sur, el crecimiento demográfico se mantendrá bastante estable, gracias a que en Sudáfrica la transición ya casi ha llegado a su fin. Se proyecta que la población nigeriana aumente de alrededor de 182 millones en 2015 a 752 millones en 2100. Otros 11 países de África subsahariana alcanzarán los 100 millones de habitantes para fin de siglo.

Historia de tres transiciones

Fuentes: Naciones Unidas, Perspectivas de la Población Mundial, y cálculos del personal técnico del FMI.

Sin embargo, ni la transición demográfica ni su dividendo están garantizados. La transición implica que algunos países tendrán que reducir sus tasas de fertilidad persistentemente elevadas. Y para aprovechar el dividendo potencial se precisan políticas económicas y sociales que ayuden a los nuevos trabajadores a encontrar empleos productivos. Si no se reduce la fertilidad ni se crean empleos, el desempleo podría aumentar rápidamente, con consecuencias sociales y económicas potencialmente graves. Muchos países ya experimentaron este problema de la transición, lo que destaca la necesidad de una combinación adecuada de políticas económicas y sociales.

Las experiencias de Asia oriental y América Latina indican que cada transición es distinta. En ambas regiones el cambio demográfico empezó más o menos al mismo tiempo en la década de 1960. Pero en Asia oriental el dividendo fue mucho más alto gracias a mejores políticas. Por ejemplo, la mejora del acceso a la educación y la planificación familiar ayudó a que las parejas tuvieran menos hijos, mientras que la mayor inversión en capital humano mejoró la capacitación y productividad de la creciente fuerza laboral. Además, el impulso a la manufactura elevó la productividad media de toda la economía, así como la integración al comercio mundial, y promovió la inversión extranjera y la transferencia de tecnología. Las políticas laborales flexibles permitieron reubicar eficientemente a los trabajadores en manufacturas de uso incentivo de mano de obra y más productivas, lo que contribuyó a la transformación económica. Con más personas trabajando, el desarrollo financiero ayudó a canalizar el mayor ahorro hacia la inversión. Las políticas se complementaron entre sí, para que los países de Asia oriental pudieran aprovechar al máximo los cambios demográficos.

En África subsahariana, la transición demográfica está ocurriendo mucho después que en otras regiones, debido sobre todo a la demora en la reducción de la mortalidad infantil que permiten los avances en medicina.

En la región, se deberán enfrentar tres retos para aprovechar el dividendo demográfico:

En primer lugar, la fertilidad persistentemente alta en muchos de los países de la región podría postergar y reducir todo dividendo potencial. En el peor de los casos, un aumento de la población y del desempleo agudizaría los riesgos sociales y las tensiones políticas, con repercusiones en las demás economías de la región y de otras partes, debido a una mayor emigración.

Para aprovechar al máximo el dividendo, los países tendrán que invertir en salud, educación e infraestructura.

Además, el aumento poblacional minará los recursos y la capacidad de los países para atender las necesidades de la gente. Incluso para que esta población en aumento tenga el nivel actual de servicios, los países de África subsahariana deben expandir sus redes viales; sistemas de electricidad, agua y saneamiento; y los servicios de salud y educación. Asimismo, para aprovechar al máximo el potencial dividendo demográfico, también tendrán que incrementar las inversiones per cápita en salud, educación e infraestructura. La sincronización es otro problema: los servicios de salud y educación deben mejorarse antes de que estos nuevos ciudadanos alcancen la edad laboral, pero el financiamiento no llegará antes de que esos ciudadanos comiencen a trabajar y pagar impuestos. También habrá que repensar las prácticas agrícolas convencionales y la planificación urbana. Las mejoras agrícolas serán fundamentales para alimentar a la población y suministrar trabajadores a sectores más productivos, y el diseño urbano deberá tener en cuenta el flujo de trabajadores migrantes de las zonas rurales.

Por último, la región debe crear empleos en una escala inédita: un promedio de 18 millones por año entre 2010 y 2035. El grueso del empleo en África subsahariana está en el sector informal, que seguramente seguirá siendo la principal fuente de trabajo a corto plazo. La mayoría de las mujeres de la región no tienen alternativa, ya que deben criar a sus hijos y generar un ingreso. La menor productividad asociada con ese sector podría generar una productividad inferior a la media en África subsahariana durante parte de la transición.

¿Qué hay que hacer?

Para aprovechar mejorar el dividendo, las políticas macroeconómicas han de enfocarse en cuatro aspectos principales.

Empleos de calidad, para absorber la nueva fuerza laboral y aumentar la productividad general: como el grueso de esos empleos corresponderá al sector privado, será necesario multiplicar las oportunidades de empleo con políticas que flexibilicen los mercados laborales, fomenten los sectores de uso intensivo de mano de obra capaces de competir a nivel mundial y liberalicen el comercio. La eliminación de obstáculos jurídicos e institucionales a la participación de la mujer en la fuerza laboral puede ayudar en este proceso.

Hay que mantener la estabilidad macroeconómica y a la vez estimular la transformación económica y facilitar el desarrollo del sector privado, protegiendo los derechos de los inversionistas, fortaleciendo el Estado de derecho y cerrando la brecha de infraestructura para reducir los costos para las empresas. Esto probablemente exija un mayor gasto, pero sin ignorar la sostenibilidad de la deuda, lo cual implica aumentar la recaudación. La reducción de los impuestos distorsivos sobre el capital y la renta puede impulsar la expansión del sector privado, y estimulará la demanda de mano de obra.

La inversión en capital humano, que incluye salud y educación, es crucial al inicio para acelerar la transición y mejorar la productividad laboral. Y el acceso a atención médica y educación también es crucial para reducir la desigualdad de oportunidades y distribuir más equitativamente el dividendo demográfico. El refuerzo de las políticas agrícolas y la planificación urbana también es esencial.

El desarrollo del sector financiero para canalizar eficazmente el ahorro hacia la inversión puede potenciar el empleo y el crecimiento. Y el aumento proyectado de casi 500 millones de jubilados exige planificar sistemas jubilatorios viables.

Muchas de estas políticas están interconectadas, y para potenciar el dividendo será necesario aprovechar sus sinergias.

África subsahariana está en una encrucijada. La reducción de la mortalidad y la fertilidad, sumada a una ejecución eficaz de políticas de apoyo, podría generar un gran dividendo demográfico para la región y mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. Así, la región puede asumir un papel protagónico en la economía mundial y ayudar a mitigar parte del impacto del envejecimiento en el resto del mundo. Pero si no se aprovechan las oportunidades que ofrece esta nueva situación demográfica, los riesgos económicos y sociales podrían ser importantes.

Vimal Thakoor es Economista, y John Wakeman-Linn es Asesor, ambos en el Departamento de África del FMI.

Este artículo se basa en el capítulo 2 de la edición de abril de 2015 del FMI Regional Economic Outlook: Sub-Saharan Africa, “How Can Sub-Saharan Africa Harness the Demographic Dividend?”.

Referencias:

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