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Finance and Development, March 2015
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La apretada Clase Media: Las tendencias del mercado laboral auguran el paraíso para algunos trabajadores, pero la mayoría continúa en el purgatorio

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2015
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Ekkehard Ernst

En todo el mundo, las personas que perciben un ingreso parecen estar estancadas. El desempleo sigue siendo elevado, en especial en algunas economías avanzadas, y cada año son más los trabajadores que ingresan al mercado laboral. En la próxima década deberán crearse más de 600 millones de empleos para brindar oportunidades laborales a más de 201 millones de desempleados y a quienes ingresarán al mercado por primera vez (OIT, 2015).

Si bien algunos países—como Estados Unidos—recientemente han experimentado una mejora importante en sus índices de desempleo, muchos más tienen dificultades para encontrar nuevas fuentes de trabajo e ingresos. Aun cuando la productividad ha aumentado, los salarios se han estancado debido a la gran cantidad de personas que buscan empleo, lo cual ha agravado la desigualdad en muchos países.

Pero las cosas están cambiando. Hay tendencias a largo plazo—como la disminución de los trabajos de la clase media y las continuas repercusiones de la crisis financiera mundial, pero también una reducción de la fuerza laboral mundial—que están configurando los mercados laborales en todo el mundo. Si bien hoy el problema parece ser un exceso de trabajadores, la fuerza laboral mundial disminuirá en los próximos años. Estos cambios podrían restringir el crecimiento, pero también podrían ayudar a corregir algunos de los desequilibrios del mercado laboral que han impedido que los trabajadores se beneficien de una mayor productividad. Sin embargo, quienes se beneficiarán serán los trabajadores altamente calificados. Las perspectivas para los trabajadores no especializados son menos optimistas, lo cual no solo es desalentador para ellos, sino también en relación con los esfuerzos para reducir la desigualdad.

La desigualdad puede empeorar

El empeoramiento de la desigualdad del ingreso durante las tres últimas décadas ha concitado gran atención, y ha sido un punto central de debate mundial desde la publicación en 2014 de Capital in the Twenty-First Century (Piketty). Debemos reconocer que la creciente proporción de riqueza e ingresos que se concentra en el 1% más rico de la población y la caída en la proporción de la renta del trabajo no eran temas que pasaran desapercibidos anteriormente. Pero estos fenómenos solían atribuirse a una menor sindicalización de los trabajadores y al aumento de la competencia impulsado por la globalización: se consideraba que ambos incrementarían y acelerarían el crecimiento mundial y mejorarían las cosas para todos (por ejemplo, Jaumotte y Tytell, 2007).

Sin embargo, esta perspectiva fue cuestionada a partir de la crisis financiera mundial que comenzó en 2008, debido a las grandes desviaciones en la distribución del ingreso, respecto de los promedios históricos, que surgieron en un momento de crecimiento económico de alta volatilidad. Esto llevó a algunos observadores a sostener que una menor desigualdad del ingreso fomentaría la estabilidad macroeconómica (agregando una razón económica al imperativo moral de una distribución más igualitaria de la riqueza). El debate actual se concentra en cambios tributarios para corregir la desigualdad, pero con poca consideración del daño que el aumento de los impuestos sobre la renta o la propiedad podría tener sobre la creación de empleo, la innovación y el crecimiento (véase “Vuelta a lo esencial: Impuestos en la práctica” en esta edición de F&D). Más importante aún, este debate no toma en cuenta adecuadamente las fuerzas a más largo plazo que determinan las tendencias hacia la desigualdad.

Un análisis cuidadoso de las tendencias del mercado laboral evidencia un cambio en curso en los empleos tradicionales de la clase media en la industria manufacturera y los servicios hacia empleos muy calificados y poco calificados. De hecho, las computadoras y los robots parecen finalmente haber cobrado protagonismo en el proceso productivo, con lo cual se han eliminado muchos puestos centrados en tareas de rutina. Este fenómeno ya no se limita a la industria, donde los robots hace tiempo que se ocupan de las cintas transportadoras. Incluso en muchos puestos del sector de servicios—como la contabilidad y la atención sanitaria—las computadoras están asumiendo una parte cada vez mayor del trabajo (por ejemplo, en la liquidación de impuestos o al proporcionar herramientas de diagnóstico médico). Para quienes poseen aptitudes que complementan estas tareas de “rutina”, la informatización está creando nuevas oportunidades de productividad y aumento salarial (Autor, 2014).

Pero muchas otras personas, sobre todo quienes solían realizar esas tareas de rutina, se ven forzadas a competir por una menor cantidad de puestos similares o resignarse a trabajos poco calificados, lo que frecuentemente implica una pérdida significativa en el ingreso disponible. En promedio, esto no descarta la posibilidad de futuros aumentos de la productividad y el nivel de vida, pero hasta ahora la distribución de estos beneficios parece haber “encogido” a la clase media, y creado relativamente más puestos en los extremos de alta y baja calificación de la escala laboral.

Cambios principalmente en las economías avanzadas

El desplazamiento del empleo desencadenado por estos cambios tecnológicos parece afectar principalmente a las economías avanzadas (véase gráfico 1). En muchas economías en desarrollo, sigue predominando la tendencia más tradicional: la transición de empleos de baja calificación a empleos de media y alta calificación a medida que las personas se mudan de zonas rurales a centros urbanos para trabajar en el sector manufacturero o de servicios a pequeña escala. En las últimas dos décadas esto ha permitido una reducción sustancial de los índices de pobreza y del empleo vulnerable, y el surgimiento de una clase media en la mayoría de los países en desarrollo. Las economías en desarrollo más prósperas pueden contribuir al crecimiento mundial mediante un aumento sustancial del poder adquisitivo (Organización Internacional del Trabajo, 2013). Pero incluso en estas economías comienzan a verse los efectos de cambios tecnológicos que privan a los trabajadores de puestos de la clase media.

Gráfico 1Capacidad intelectual

Los trabajos manuales no rutinarios, principalmente agrícolas, han ido desapareciendo en casi todo el mundo (excepto en las economías avanzadas, donde desaparecieron hace mucho tiempo), mientras que la demanda de personal para trabajos cognitivos de alta calificación está aumentando.

Fuente: OIT (2015).

Nota: A medida que las economías se desarrollan, los trabajadores agrícolas tienden a mudarse a zonas urbanas, donde asumen puestos de trabajo rutinarios (como empleos básicos o trabajo fabril). Hasta ahora, la automatización en las economías en desarrollo no ha progresado tanto como en las economías avanzadas, lo que explica el aumento en la proporción de trabajos rutinarios a nivel mundial y en muchas regiones en desarrollo. Pero la automatización también se está produciendo en estas regiones, lo cual explica por qué en algunos de estos países la proporción de empleo manufacturero ya ha alcanzado su máximo nivel.

Como muestra el gráfico 1, en varias regiones de mediano ingreso ya no se observa una expansión significativa de los puestos de la clase media, si bien estos puestos representan una proporción mucho menor del empleo total que en las economías avanzadas. Esto ha suscitado cierta inquietud en torno a una desindustrialización prematura: la dinámica tecnológica mundial en estas economías—que se pensaba estaban alcanzando a las economías avanzadas—podría ejercer presión sobre el empleo de mediana calificación mucho antes en las economías de mediano ingreso, que en las economías avanzadas, y podría reducir considerablemente las perspectivas de crecimiento de estos mercados emergentes (Rodrik, 2013).

Pero aunque parezca contradictorio, en el actual contexto de alto desempleo, hay otra tendencia a largo plazo que representa una amenaza significativa para el futuro crecimiento mundial: la disminución gradual de la tasa de crecimiento de la fuerza laboral. El número de personas que ingresan al mercado laboral ha empezado a disminuir, principalmente en las economías avanzadas, pero también en varias economías de mercados emergentes, en especial en Asia. Actualmente, la fuerza laboral joven se reduce en alrededor de 4 millones de personas al año en el mundo. Y en muchos países con un continuo aumento del nivel de vida, los trabajadores de 25 a 54 años de edad también tienen una participación laboral menos activa que en el pasado. Esto se debe en parte a mejoras en el ingreso: la participación en la fuerza laboral suele ser elevada cuando los hogares sufren las consecuencias de la pobreza extrema y la volatilidad del ingreso, lo que obliga a todos los miembros de la familia a buscar trabajo, mientras que tiende a disminuir cuando mejoran las condiciones.

Además, dado que la clase media se ha expandido en economías con niveles de vida más altos, el período de escolarización tiende a alargarse, con lo cual se eleva el nivel medio de calificación. En principio, esto debiera ayudar a compensar en parte los efectos adversos que tiene en el crecimiento la contracción de la fuerza laboral. Sin embargo, se prevé que la fuerza laboral mundial total crezca mucho más lentamente (menos de 1% anual en la década de 2020, comparado con el 1,7% anual observado durante la década de 1990). Esta menor expansión de la fuerza laboral reducirá el crecimiento mundial en alrededor de 0,4 puntos porcentuales. Y la desaceleración del crecimiento será especialmente marcada en las economías avanzadas, que cuentan—en promedio—con una fuerza laboral más calificada.

Los efectos de la crisis mundial

Además de la desigualdad y la desaceleración en la oferta de mano de obra, el crecimiento mundial se ve afectado por otros factores. Las consecuencias a largo plazo de la crisis financiera internacional también siguen afectando el crecimiento. Las tasas de inversión se mantienen muy por debajo de los niveles previos a la crisis, en especial en algunas economías avanzadas. Además, persiste una gran incertidumbre entre las empresas respecto de las políticas concretas que los gobiernos implementarán para paliar las consecuencias de la crisis, lo que genera inseguridad acerca de las futuras fuentes de demanda de sus bienes y servicios. Esto debilita la inversión y la creación de empleo (véase gráfico 2). La Organización Internacional del Trabajo estima que, para algunos países, hasta el 30% del diferencial entre el desempleo actual y el previo a la crisis se deriva de este alto nivel de incertidumbre en el sector empresarial. La falta de dinamismo posterior a la quiebra del banco de inversión de Wall Street Lehman Brothers (septiembre de 2008) ha aumentado significativamente los índices globales de desempleo en algunos países hasta en 4 o 5 puntos porcentuales (OIT, 2014).

Gráfico 2El triunfo de la certeza

Cuando hay menos incertidumbre, en general la inversión es mayor y se crea empleo a mayor velocidad en las economías avanzadas.

Fuentes: Organización Internacional del Trabajo, base de datos Key Indicators of the Labour Market (2014); Outlook Database de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, y Ernst y Viegelahn (de próxima publicación).

Nota: El gráfico presenta la relación a largo plazo entre el crecimiento de la inversión fija y las tasas de creación de puestos de trabajo en el Grupo de las Siete economías avanzadas. El tamaño de las burbujas representa el promedio a largo plazo de la incertidumbre de contratación. La incertidumbre se calcula como la diferencia entre la intención de contratación y la contratación efectiva.

Por otra parte, debido a las malas perspectivas laborales, se ha desacelerado la rotación en el mercado de trabajo, es decir ha disminuido el número de empleados que dejan su empresa para aprovechar otras oportunidades de empleo. Esto dificulta el aumento de la productividad de las empresas dado que gran parte de ese aumento se consigue con nuevos equipos y la reorganización de los trabajadores dentro de cada empresa y entre empresas. Un dato interesante es que la rotación laboral contribuyó más que otros factores al crecimiento de la productividad inmediatamente después de la crisis. Pero, al disminuir posteriormente la tasa global de rotación también se desaceleró el aumento de la productividad (OIT, 2015).

Una combinación de alto desempleo, lento crecimiento del producto y desigual distribución del aumento de la productividad ha erosionado aún más la participación del ingreso de los trabajadores en la economía mundial. Los asalariados se beneficiaron de aumentos del ingreso mayores que el aumento de la productividad laboral—en ese momento en disminución—solo durante el año de la crisis, en gran medida debido a que los salarios reales eran resistentes a la baja en las economías avanzadas. Sin embargo, en los años siguientes los salarios volvieron a quedar rezagados respecto del crecimiento de la productividad, y retomaron la tendencia observada en las décadas previas a la crisis. Si bien en el contexto actual es difícil ver qué factores podrían modificar esa tendencia, la contracción de la oferta laboral mundial ayudará a que los salarios crezcan más que la productividad, y en algunos países esto sucederá muy pronto.

Ante un crecimiento más lento de la fuerza laboral, a quienes hoy buscan trabajo les será más fácil encontrarlo. Especialmente, en aquellos países donde el desempleo es muy elevado, se prevé que la desocupación se reduzca significativamente en los próximos años. Este fenómeno no queda claramente evidenciado en el índice de desempleo mundial dado que en los países en proceso de industrialización el desempleo aumentará. Pero paralelamente al aumento de la tasa de desempleo mejorará la calidad de los puestos y las condiciones de trabajo a medida que los trabajadores dejen puestos rurales e informales, de baja remuneración, por puestos en zonas urbanas, mejor pagados y en el sector formal. Conjuntamente, estas tendencias aliviarían parte de la presión que hoy impide que los salarios crezcan más.

Un crecimiento salarial más rápido

El incremento de la tasa tendencial de desempleo, después de la floja expansión global del crecimiento y la inversión, ha elevado la tasa de desempleo a la cual los salarios tienden a acelerarse durante una recuperación del mercado laboral. El carácter prolongado de la recuperación conducirá a un crecimiento salarial más rápido, incluso si las tasas de desempleo permanecen muy por encima de los niveles anteriores a la crisis. En países para los que se dispone de datos suficientes, este efecto se evidencia en el hecho de que las personas desocupadas durante 12 meses o más no ejercen una fuerte presión a la baja sobre los salarios.

A quienes se encuentran desempleados por un largo tiempo les resulta difícil encontrar trabajo, y aun quienes están dispuestos a aceptar salarios mucho más bajos no logran necesariamente regresar a la actividad. Las empresas son renuentes a contratar a personas que han estado desempleadas por mucho tiempo, porque temen que carezcan de aptitudes y motivación. En consecuencia, los desempleados de largo plazo ejercen una influencia relativamente limitada en la dinámica salarial. Pero justamente este grupo y la duración media del desempleo son los que han aumentado durante la crisis, de modo que los salarios reaccionan solo ante fluctuaciones en el grupo, mucho menor, de quienes se encuentran desempleados por un período breve (Gordon, 2013).

El desplazamiento de la demanda laboral hacia empleos de alta calificación también habrá de influir en los salarios. Mientras continúe la competencia mundial por el talento, las personas con las aptitudes buscadas no solo tendrán muchas oportunidades laborales, sino que también se beneficiarán de la mayor proporción del aumento de la productividad que generan. Algunos observadores consideran que en las economías avanzadas, como Alemania y Estados Unidos, la demanda de talento podría superar la oferta ya en 2015. Esa demanda podría generar una presión cada vez mayor para atraer a los empleados más talentosos con mejores condiciones laborales, mecanismos de participación en las ganancias y sueldos básicos más altos (The Conference Board, 2014). Esto significará un crecimiento salarial global más rápido, pero quizá para unos pocos afortunados y no para la persona asalariada promedio.

Se benefician pocos

La participación de la renta del trabajo y la desigualdad del ingreso mostrarán una dinámica divergente. Los salarios crecerán más rápidamente que la productividad, al menos a mediano plazo, dados los cambios en la oferta mundial de mano de obra (véase cuadro), pero la mayor parte de dicho aumento será solo para un pequeño grupo de trabajadores calificados, no mayor al 20% de la fuerza laboral mundial. De ahí que, a diferencia de las tendencias observadas durante las tres últimas décadas, la desigualdad del ingreso entre trabajadores y la participación de la renta del trabajo—es decir, la distribución del ingreso entre los trabajadores y los dueños de capital—evolucionará en direcciones diferentes, lo cual complicará aún más la tarea de quienes deban diseñar las políticas.

La distribución del aumento de la productividad beneficiará solo a quienes posean las aptitudes adecuadas, y además la tasa de crecimiento global de la economía mundial seguirá sometida a presión, sobre todo debido a que la oferta de mano de obra se desacelerará a nivel mundial. En realidad, la probable aceleración del crecimiento salarial limitará la rentabilidad disponible para futuras inversiones, lo cual debilitará aún más el interés y la voluntad de las empresas para expandir su capacidad. Esto significa que probablemente la baja tasa de crecimiento potencial actual perdure a mediano plazo, lo cual perjudicará a las economías de mercados emergentes y no les permitirá ponerse a la par de las economías avanzadas y reducir más la pobreza. Todo esto parece indicar que podría perfilarse en el horizonte un paraíso para los trabajadores, en el que el desempleo será menor, las condiciones laborales mejores y los salarios más altos. Los únicos que probablemente puedan ingresar a este paraíso serán quienes tengan las aptitudes correctas, pero a costa de una desaceleración en la mejora de los niveles de vida y en la reducción de la pobreza en todo el mundo.

Frutos del crecimientoSi bien la productividad creció más rápido que los salarios antes y después de la crisis financiera mundial, se prevé que esto cambie pronto.
2000–072008–092010–132014–162017–19
Crecimiento salarial2,31,72,02,23,0
Crecimiento de la
productividad2,5−0,62,62,42,9
Fuente: OIT (2015).Nota: Los datos se basan en una muestra de 107 países. Los datos de 2014 y años posteriores son proyecciones.
Fuente: OIT (2015).Nota: Los datos se basan en una muestra de 107 países. Los datos de 2014 y años posteriores son proyecciones.

Ekkehard Ernst es Jefe del Equipo de Políticas Macroeconómicas para Fomentar el Empleo de la Organización Internacional del Trabajo.

Referencias:

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