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Finance and Development, March 2015
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Empleo, Empleo, Empleo: La educación, la migración y la redistribución son elementos clave de una solución a largo plazo al desempleo mundial

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2015
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Prakash Loungani

Más de 200 millones de personas en el mundo entero están sin trabajo hoy.

Atacar este elevado desempleo, especialmente entre los jóvenes, es un reto apremiante, como lo explico en “Siete años de vacas flacas”, y lo expresa Angana Banerji en “Europeos sin empleo”, en esta edición de F&D. Pero el reto no es solo a corto plazo. En la próxima década, se estima que se necesitarán 600 millones de empleos en las economías avanzadas y de mercados emergentes para los actuales desempleados y para quienes ingresarán al mercado laboral mundial.

El temor de que no haya trabajo para todos es inmemorial. Miremos, por ejemplo, esta predicción hecha por la revista estadounidense The Atlantic sobre la amenaza que es para el país la mano de obra extranjera barata:

… no falta mucho para que el mercado se vea inundado por todo lo que pueden producir la maquinaria y la mano de obra barata. Los millones de China, junto con los millones de India, nos llevarán a los labios un cáliz rebosante de mano de obra mecanizada barata y nos obligarán a beberlo hasta la última gota a menos que tomemos conciencia de la situación.

Ese artículo apareció en 1879, y muestra que si bien los términos como la deslocalización y la tercerización son nuevos, la ansiedad que los sustenta—el temor al comercio internacional—es vieja.

A pesar de la amenaza que representaba la mano de obra barata en la década de 1870—y en todas las décadas que la siguieron—, el ingreso promedio en Estados Unidos ha aumentado sin pausa y hoy ronda US$50.000 al año, cifra tremendamente superior a lo que gana el chino o el indio promedio.

Junto al temor a la mano de obra extranjera barata, la inquietud de que la tecnología destruye empleos no es nueva. Los titulares actuales proclaman que en una década “uno de cada tres empleos habrá sido reemplazado por software o por robots”. El artículo “Trabajo y tecnología” de Jim Bessen, publicado en esta edición, aborda esa preocupación de frente. Su conclusión es que “a pesar del temor al desempleo tecnológico generalizado”, los hechos demuestran que “la tecnología desplaza a los trabajadores a otras tareas y no los reemplaza totalmente”. Las nuevas aptitudes que busca el mercado son humanas y complementarias de la nueva tecnología, y hasta ahora no es fácil programarlas en robots.

Los beneficios de la mayor globalización de los mercados del trabajo y el cambio tecnológico no se han diseminado en igual grado dentro de las economías avanzadas en las dos últimas décadas. Hay una notable erosión de los empleos que requieren aptitudes medias y ofrecen salarios medios, muchos de los cuales desaparecieron del sector manufacturero. Estas tendencias, y el consecuente aumento de la desigualdad, están documentadas en el artículo de Ekkehard Ernst que aparece en esta edición (“La apretada clase media”). Ernst también analiza el curso que seguirán estas tendencias en las próximas décadas tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes, y concluye que habrá “mejores condiciones laborales y salarios más altos, pero probablemente solo para las personas que poseen las aptitudes adecuadas”.

Generalmente, se proponen tres soluciones para el reto de encontrar trabajo para todos: educación, migración y redistribución. Ninguna es fácil ni completa, y las dos últimas rara vez tienen respaldo político.

La educación llevaría los beneficios de la tecnología a un segmento más amplio de la población. “Trabajo y tecnología” muestra ejemplos concretos de lo que pueden hacer las empresas, las asociaciones empresariales y los gobiernos a fin de promover las nuevas aptitudes necesarias para “participar en el nuevo mundo” de la economía digital. Pero la educación y las aptitudes no son algo que puedan adquirirse de la noche a la mañana, y las personas desplazadas por el comercio y la tecnología necesitarán algo de ayuda para ganarse la vida en el ínterin.

En principio, la migración podría ser una solución importante al reto de la creación de empleo a nivel internacional. Los trabajadores muy calificados de China e India podrían aliviar la escasez que existe en Estados Unidos. Las enfermeras de otros países asiáticos podrían cuidar a los ancianos de Japón. Como explica Çağlar Özden en su artículo de esta edición (“Un largo camino al trabajo”), la migración aún es baja en comparación con el nivel aconsejable desde un punto de vista económico. Pero a pesar de los considerables beneficios que traen los inmigrantes a los países de destino—y que Özden detalla en su artículo—, la oposición a la migración es fuerte y va en aumento.

Para ayudar a los que podrían perder—o no ganar tanto—con la migración, así como a los desplazados por el comercio y la tecnología, se necesita una política de respuesta que incluya una mayor redistribución de los beneficios que reciban quienes sí ganan. Y para los trabajadores desplazados que están por terminar su vida laboral, la redistribución puede ser una solución más práctica que la adquisición de nuevas aptitudes. Pero a pesar de la preocupación que suscita el aumento de la desigualdad, la redistribución no parece tener demasiado atractivo político.

En resumidas cuentas, el mercado laboral mundial está lejos de ser verdaderamente mundial. El mundo puede ser plano desde el punto de vista de la circulación de los capitales, pero está lleno de obstáculos a la movilidad de la mano de obra.

Prakash Loungani es Asesor del Departamento de Estudios del FMI y dirige el proyecto del FMI denominado Empleo y Crecimiento.

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