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Finanzas & Desarrollo Marzo de 2014
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Cómo rueda el balón: El éxito del fútbol europeo puede deberse, en parte, a la liberalización del mercado de fichajes. ¿Pero qué deparará el futuro?

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
February 2014
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Stefan Szymanski

La copa Mundial de fútbol en Brasil, el evento deportivo más importante de 2014, probablemente acaparará las noticias y la vida de los hinchas durante muchos meses, y para algunos jugadores será el momento decisivo de sus carreras.

La atención girará en torno a si estrellas como Lionel Messi de Argentina y Cristiano Ronaldo de Portugal jugarán tan bien para sus países como lo hacen en sus clubes (Barcelona y Real Madrid, respectivamente).

El Mundial también generará nuevos millonarios; jugadores de clubes pequeños de países como Costa Rica, Croacia, Grecia o Japón que, si brillan en Brasil, firmarán contratos lucrativos con potencias como Bayern Munich y Manchester United. El sueño de casi todo futbolista es llegar a la cima en Europa.

Gracias a cambios fundamentales en el régimen normativo y otros factores, la movilidad internacional del mercado laboral del fútbol europeo ha aumentado notablemente en los últimos 20 años. Actualmente, la magnitud de la fuerza laboral expatriada del fútbol europeo (más de un tercio del total) supera con creces la del mercado laboral europeo en general, donde los extranjeros constituyen solo el 7% de la fuerza laboral (Besson, Poli y Ravenel, 2008; Comisión Europea, 2012). Esta internacionalización es un factor clave del éxito del fútbol europeo.

El inicio de la evolución

El fútbol se organizó inicialmente en Inglaterra en 1863 y no tardó en propagarse al resto de Europa. El primer Mundial, celebrado en 1930, fue una de las primeras manifestaciones de la globalización. Actualmente, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), órgano rector de este deporte a nivel mundial, cuenta con más países miembros que las Naciones Unidas.

Pero si bien el fútbol es el juego universal, los equipos y mercados más importantes de este deporte están en Europa. Según el “Gran Censo” de la FIFA publicado en 2006, hay aproximadamente 113.000 jugadores profesionales en todo el mundo, de los cuales 60.000 trabajan en el marco de la Unión de Federaciones de Fútbol Europeas (UEFA), órgano rector del fútbol europeo (Kunz, 2007). La UEFA calculó que en 2011 el ingreso total del fútbol europeo fue de €16.000 millones, de los cuales €6.900 millones correspondieron a sueldos. El fútbol europeo es exitoso porque tiene los clubes más importantes, las mejores selecciones nacionales (solo las selecciones de Brasil y Argentina son comparables a las de Alemania, España, Italia y los Países Bajos), las mayores ligas nacionales y las competencias más importantes.

La movilidad laboral ha sido una de las claves del predominio europeo. Al principio, los jugadores frecuentemente cambiaban de equipo en el transcurso de una temporada si les ofrecían un mejor sueldo. Pero los clubes se unieron y crearon un sistema de transferencias que obligaba a todo jugador profesional a estar inscrito en un club. Esa inscripción era propiedad del club, y el jugador no podía jugar para otro club hasta que fuera transferido. Inicialmente el club conservaba la inscripción a perpetuidad a menos que decidiera vender al jugador, atándolo de hecho al club. Este sistema aseguraba un nivel bajo de sueldos. En los años sesenta, los jugadores comenzaron a obtener mayores derechos, como la libertad de irse al finalizar sus contratos.

La migración internacional de jugadores cobró importancia a partir de los años cincuenta. El argentino Alfredo Di Stéfano y el húngaro Ferenc Puskás fueron piezas fundamentales del gran equipo del Real Madrid de aquella época, y en los años sesenta los equipos de España e Italia procuraron atraer a los mejores jugadores de Europa y América del Sur. Pero hasta los años noventa, la movilidad era principalmente interna.

La mayor competencia de los medios de comunicación gracias al desarrollo de las tecnologías de cable y satélite en los años ochenta incrementó mucho la demanda de programación deportiva, lo cual generó una audiencia internacional para ligas de fútbol. Y la mayor competencia también incrementó el interés en el talento internacional. En 1992, en la primera división inglesa había solo nueve jugadores extranjeros, pero para 2013 la cifra había aumentado a 290, o sea, dos tercios del total de jugadores. En otras ligas europeas las cifras no son tan impactantes, pero la proporción de jugadores extranjeros es de alrededor de 50% en Alemania y 40% en España.

El caso Bosman

La desregulación ha contribuido mucho a diversificar el mercado laboral del fútbol europeo. Las organizaciones deportivas son asociaciones privadas y, como tales, tienen considerable libertad para establecer sus reglamentos sin interferencia del gobierno. Sin embargo, los acuerdos laborales restrictivos pueden infringir el sistema legal, como ocurrió con el famoso “caso Bosman”.

Jean-Marc Bosman era un jugador belga del Lieja cuyo contrato había vencido; el Dunkerque francés quería contratarlo y él quería irse. Dunkerque ofreció pagar una comisión por el pase que, según el reglamento entonces vigente, aún pertenecía al Lieja. El Lieja consideró insuficiente la oferta y se negó a transferir a Bosman. Bosman entabló juicio y el caso llegó al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que en 1995 dictaminó que el reglamento del sistema de transferencias contravenía la legislación de la Unión Europea sobre la libertad de movimiento de los trabajadores y que las reglas sobre el número de jugadores extranjeros también violaban la ley (Tribunal de Justicia Europeo, 1995). Muchos piensan que este fallo facilitó el gran aumento de la migración internacional de jugadores.

A raíz de esto, los reglamentos de transferencias se reformaron significativamente en negociación con la Comisión Europea. Desde entonces, el pago de transferencias se aplica solo a jugadores cuyos contratos no han vencido, salvo que sean menores de 23 años, para compensar su formación. Los clubes que juegan en torneos de la UEFA deben poner en la cancha a un mínimo de ocho jugadores “locales”; al menos cuatro entrenados por el propio club y otros cuatro de la asociación nacional.

En ese entonces, muchos señalaron que el caso Bosman destruiría el mercado de transferencias y la viabilidad económica de los clubes pequeños. Nada de esto ocurrió. La cifra récord por una transferencia ha sido batida varias veces, siendo la más reciente €100 millones, pagados por el Real Madrid para adquirir a Gareth Bale del Tottenham en 2013, a tres años del vencimiento de su contrato. Muchos clubes atraviesan graves dificultades financieras, una constante del fútbol, pero rara vez abandonan el mercado, gracias a que suelen ser rescatados por millonarios que disfrutan del gran prestigio que implica ser dueño de un equipo.

Eficiencia del mercado laboral

Pese al evidente éxito del mercado europeo de fútbol con su flexibilidad laboral, su eficiencia económica es más difícil de evaluar. Existe una estrecha correlación entre el gasto en salarios y el éxito de un equipo en las dos categorías principales del fútbol inglés (gráfico). Hay muchas razones para considerar que esta relación es causal: el mercado de transferencias es amplio y abierto, las características de los jugadores son bien conocidas y observadas frecuentemente, los mejores jugadores tienden a ganar más partidos, y los equipos que ganan generan más ingreso. En cierto modo, el mercado laboral del fútbol representa la competencia perfecta.

En cierto modo, el mercado laboral del fútbol representa la competencia perfecta.

La causalidad inversa parece improbable: si bien los jugadores pueden recibir bonos contractuales cuando el equipo gana, parece improbable que un club exitoso pague salarios más altos simplemente porque puede; la mayoría de los clubes quieren invertir en triunfos futuros y están muy dispuestos a vender a los jugadores que estiman que han dejado de rendir. Modelos más sofisticados que neutralizan otros posibles efectos tienden a respaldar la hipótesis de que la causalidad va de los sueldos al éxito (Peeters y Szymanski, de próxima publicación). Además, la relación detectada en el caso del fútbol inglés también se ha observado en las ligas de España, Italia y Francia.

Mantener el interés del aficionado

Según los datos, en promedio el mercado valora eficientemente a los jugadores en el sentido que sus sueldos son proporcionales con el éxito del equipo. Pero no está tan claro que esto sea eficiente para el fútbol europeo en conjunto.

El portugués Cristiano Ronaldo, el futbolista mejor pago del mundo.

Lo barato sale caro

Los equipos de fútbol con sueldos más altos tienden a ganar más partidos.

(posición promedio en la liga)

Citation: 51, 1; 10.5089/9781475563740.022.A009

Fuente: Sitio web de Companies House (http://www.companieshouse.gov.uk).

Nota: En el gráfico se incluyen los datos sobre el gasto en salarios de una muestra de clubes de las dos divisiones superiores del fútbol inglés (Premier League y Championship) entre 2003 y 2012. Los datos se basan en las cuentas financieras de los clubes.

Desde una perspectiva económica, los jugadores deberían ir a los equipos en que se maximice el “producto del ingreso marginal”, es decir, donde más puedan aportar al éxito del equipo. El aporte de una victoria para el ingreso es claramente mayor en los pocos clubes que siempre han dominado las ligas nacionales, pero muchos economistas sostienen que el dominio perpetuo de unos pocos clubes en una liga es ineficiente.

Para que la liga sea atractiva se necesita cierto grado de “equilibrio competitivo”, puesto que si siempre ganan los mismos, los hinchas, incluso los de equipos exitosos, perderán interés. (¿Cuál es el sentido de mirar un partido si ya se sabe el resultado?) Los equipos exitosos destruirán el interés en la competición si son demasiado dominantes (Rottenberg, 1956). Las ligas deberían fomentar el equilibro competitivo redistribuyendo los recursos.

Desde el punto de vista del mercado laboral, esto supone que los clubes dominantes están incentivados a invertir en talentos más de lo que es conveniente para la liga y los aficionados, mientras que los clubes más pequeños no invierten lo suficiente. Por consiguiente, la distribución de los jugadores en un mercado irrestricto es socialmente ineficiente: los clubes grandes serían demasiado poderosos y los pequeños demasiado débiles. Estados Unidos toma en serio este problema, y las ligas deportivas profesionales en ese país han adoptado diversos mecanismos para equilibrar la competencia.

Por ejemplo, en la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés), la liga deportiva más rentable del mundo, el equipo visitante recibe el 40% de la taquilla, y los ingresos por derechos de trasmisión y comercialización se reparten equitativamente entre los 32 equipos de la liga. Existe un tope salarial que limita el monto que se puede gastar en contrataciones, así como un salario mínimo, y el sistema de reclutamiento compensa al equipo más débil al darle preferencia a la hora de contratar nuevos talentos. Todo esto para equilibrar la competencia, y la NFL se jacta de que en cada fecha cualquier equipo puede ganar. No existe casi ninguna correlación entre los sueldos y el desempeño de los equipos, porque casi no hay diferencias de gasto en salarios.

Los datos a favor de un sistema como el de la NFL son muy ambiguos, ya que el muy desequilibrado sistema europeo ha logrado mantener el interés de los aficionados (Borland y MacDonald, 2003). Pero las reglas impuestas en aras del equilibrio competitivo tienden a reprimir los salarios y la movilidad laboral. Por ejemplo, la NFL otorga derechos de negociación exclusivos a un solo equipo, mientras que los jugadores que ingresan a la liga quedan atados a un contrato de cuatro años. Un jugador que descolle más de lo previsto tiene pocas perspectivas de firmar un mejor contrato antes de esos cuatro años. Este régimen ha sido negociado con el sindicato de jugadores, a cambio de condiciones mínimas garantizadas. Estas limitaciones facilitan la rentabilidad de los equipos y la seguridad de los jugadores. En Europa, en cambio, la mayoría de los equipos no son rentables, y el sindicato de jugadores FIFPRO afirma que a muchos jugadores no se les paga ni puntual ni cabalmente.

En Europa este año entrará en vigor un nuevo sistema de regulación financiera denominado “Juego Limpio Financiero”, que procura que los clubes cumplan con sus obligaciones contractuales y que se contenga el gasto en jugadores. Si estas normas se aplican en forma completa, probablemente se reducirá la movilidad de jugadores y aumentará la rentabilidad de los clubes. Habrá que ver si esto es un primer paso hacia ligas organizadas más al estilo estadounidense.

Stefan Szymanski es Profesor de la cátedra Stephen J. Galetti de Administración Deportiva en la Universidad de Míchigan.

Referencias:

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