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Finance & Development, September 2013
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La Solidez del crédito: La solidez de los balances contribuye a que los bancos mantengan el crédito a la economía en momentos de crisis

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
September 2008
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Tümer Kapan and Camelia Minoiu

EL LEGADO más duradero de la crisis financiera mundial reciente quizá sea la ola de iniciativas para sustituir regulaciones viejas con nuevas. Muchas de las nuevas regulaciones propuestas responden a una preocupación generalizada: antes de la crisis, los bancos de las economías desarrolladas parecían saludables según los indicadores del marco regulatorio de entonces. Por ejemplo, conforme a ese marco, la mayoría de los bancos contaban con suficiente capital para absorber pérdidas y evitar la quiebra. La impresión era que el sistema bancario sería capaz de resistir un deterioro del contexto económico, idea que resultó errónea a la luz de los hechos.

Con la crisis financiera, muchos bancos con balances aparentemente sólidos quebraron, fueron adquiridos o fueron rescatados por el gobierno. A medida que aumentaba la incertidumbre y los consumidores reducían su demanda de bienes y servicios, el sistema bancario recortaba el crédito. Como las empresas necesitan crédito para operar y crecer, la imposibilidad de endeudarse acentuó la desaceleración económica causada por la crisis financiera mundial.

Si los indicadores estándar de salud bancaria, como el capital regulador, no activaron alertas antes de la crisis, ¿cabe pensar que se estaban observando indicadores incorrectos? De ser así, ¿qué indicadores se debían observar? ¿Cuál debería ser la nueva definición regulatoria de un balance bancario sólido?

Para esclarecer estas dudas analizaremos algunas de las nuevas propuestas regulatorias, muchas de las cuales forman parte del marco regulatorio de Basilea III propuesto en 2010 por un comité internacional de entidades de supervisión bancaria (CSBB, 2010), y luego vincularemos varios indicadores de salud de los bancos con el comportamiento crediticio que adoptaron durante la crisis financiera reciente.

Un nuevo enfoque

El marco de Basilea III diagnostica la salud de los bancos con un nuevo enfoque: corrige las viejas definiciones de capital bancario y propone nuevos indicadores de solidez, en especial los relativos a la liquidez, es decir, la capacidad de un banco para conseguir efectivo rápidamente. La idea es que la próxima vez que un shock negativo afecte al sistema financiero, los bancos muestren una mayor resistencia, es decir, que su función de intermediación (la canalización del ahorro hacia el crédito) se vea afectada lo menos posible, para así acortar y mitigar la recesión.

Ha surgido un acalorado debate sobre si los pasos propuestos en Basilea III son los correctos (Hanson, Kashyap y Stein, 2011; y Blundell-Wignall y Atkinson, 2010). Idealmente, a los economistas y las entidades reguladoras les gustaría saber si los bancos hubieran resistido mejor la crisis reciente de haber estado vigentes estas nuevas regulaciones. Lamentablemente, es difícil obtener una respuesta fiable a esa pregunta, porque implica evaluar algo que no ocurrió: lo que los economistas denominan un evento contrafáctico.

Pero una pregunta a la que sí se puede responder es si evaluando la salud bancaria previa a la crisis conforme a Basilea III es posible distinguir entre los bancos que estuvieron en mejores condiciones de seguir ofreciendo crédito a la economía y los que no. Recientemente se investigó el vínculo entre los indicadores de salud bancaria vigentes antes de la crisis y la oferta de crédito durante la crisis (Kapan y Minoiu, 2013).

Basilea III aborda muchas facetas de las operaciones de un banco, pero para evaluar su solidez se hará hincapié en las nuevas normas de capital y liquidez, evaluando distintos indicadores de salud bancaria que reflejan el grado de vulnerabilidad (o resistencia) de un banco a las turbulencias del mercado financiero registradas en 2007–08. La meta es vincular esos indicadores empíricamente a la oferta de préstamos bancarios durante la crisis reciente.

Se analizan dos aspectos de la liquidez: la estabilidad de las fuentes de financiamiento de un banco y la liquidez de mercado de sus activos. Se sabe que los depósitos tradicionales son una fuente de financiamiento más estable que el financiamiento al por mayor obtenido en el mercado, que puede desaparecer rápidamente si aumenta la tensión del mercado y si los prestamistas suspenden el crédito o se niegan a renovar préstamos (Ivashina y Scharfstein, 2010). Basilea II no regulaba el financiamiento al por mayor.

Entonces, un indicador de la vulnerabilidad de un banco a los shocks del mercado financiero es la cantidad de sus pasivos que no son depósitos (como proporción de los pasivos totales), que da una idea de su dependencia del financiamiento basado en el mercado. Antes de la crisis financiera mundial, los bancos dependían cada vez más del financiamiento mayorista (gráfico 1, panel superior) y, por ende, eran cada vez más vulnerables a un aumento repentino del costo o de la disponibilidad de financiamiento, como ocurrió en 2007-08 (gráfico 1, panel inferior). El primer indicador que usamos para medir el balance de los bancos es su dependencia de fuentes de financiamiento distintas de los depósitos.

Gráfico 1Fuga de financiamiento

Fuente: Cálculos de los autores basados en Dealogic’s Loan Analytics, Bankscope y Bloomberg.

Nota: El panel de la izquierda muestra el financiamiento mayorista promedio de la muestra de bancos de los autores en el período 1999–2010. El panel de la derecha muestra el promedio mensual del diferencial entre la tasa interbancaria de oferta de Londres en dólares (LIBOR) y la tasa de swap a un día (OIS) como una variable representativa de la tensión y la disponibilidad de fondos en los mercados monetarios en el período 2005–11 (a mayor tensión y menor disponibilidad de fondos, valores más altos). La tasa LIBOR en dólares es la que los grandes bancos que operan en Londres dicen que deberían pagar para tomar préstamos a corto plazo en dólares. El OIS se basa en la tasa de política monetaria de un banco central, como la de fondos federales de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Resistencia a las turbulencias

En el contexto de Basilea III, el coeficiente de financiamiento estable neto (NSFR) es un indicador sofisticado de liquidez que mide la resistencia de los bancos en períodos de turbulencia en los mercados de financiamiento combinando elementos del activo y el pasivo del balance. Este es nuestro segundo indicador de salud bancaria. El NSFR mide la estabilidad de las fuentes de financiamiento de un banco, no en términos generales sino en relación con el peril de liquidez de mercado de sus activos. Por ejemplo, un banco que posee una gran cantidad de títulos de alta liquidez puede recurrir más a fondos del mercado, dado que en períodos de tensión puede obtener fácilmente el efectivo que necesita. En cambio, un banco cuyos activos son mayormente ilíquidos (préstamos a plazo y títulos complejos) debería recurrir más a los depósitos que a los fondos de mercado volátiles. El NSFR puede servir como advertencia de un posible aumento de vulnerabilidad en el sistema bancario, derivada de la liquidez de mercado de los activos del banco y la liquidez de financiamiento de sus pasivos.

El tercer indicador de solidez de los balances que consideramos está relacionado con el coeficiente de capital, que mide la cantidad de capital respecto del valor de los activos de un banco. A mayor coeficiente, mayor capacidad de seguir ofreciendo préstamos con menos probabilidades de quebrar.

Para los reguladores, la forma más esencial del capital bancario siempre ha sido el patrimonio neto, es decir, los fondos invertidos por los accionistas y que pueden usarse para contrarrestar pérdidas. Sin embargo, Basilea II era permisivo respecto de las definiciones de capital regulador. Permitía que los bancos contaran con fondo de comercio, un concepto algo nebuloso que se refiere a la diferencia entre el valor contable de un banco y el valor que dejaría la venta del banco. Cuando las estimaciones del fondo de comercio son elevadas, inflan el capital del banco y, por ende, inflan el numerador del coeficiente de capital, pero el fondo de comercio no puede utilizarse para cancelar pérdidas. Los reguladores también trataron de evaluar las pérdidas potenciales de un banco si tuviera que vender activos, ponderando estos activos para que reflejaran las pérdidas que podrían surgir en etapas de tensión. Pero Basilea II también era permisivo en ese caso. Así como era posible inflar el valor del capital, también era posible inflar el denominador del coeficiente subestimando el riesgo de los activos, por ejemplo tratando algunos de ellos, como los títulos triple A, como si carecieran de riesgo, algo que la crisis demostró que era incorrecto.

Basilea III reforma la regulación del capital de dos maneras. Si bien no prescinde de la ponderación en función del riesgo, redefine los riesgos de distintos tipos de activos considerando su comportamiento durante la crisis financiera mundial. Además, se aceptan menos instrumentos de capital en el numerador del coeficiente, y se eliminaron los componentes que podían inflar artificialmente el coeficiente de capital. Basilea III propone no solo “refinar” la definición de capital restringiéndola a los instrumentos muy aptos para absorber pérdidas, sino también elevar el mínimo obligatorio, para que los bancos resistan mejor shocks financieros importantes. Se incorpora además un indicador muy sencillo de suficiencia de capital, o “coeficiente de apalancamiento simple”, es decir, la función inversa de la relación entre patrimonio neto y total de activos (no ponderados en función del riesgo). El indicador se refiere únicamente al capital de alta calidad y evita las complicaciones que supone ponderar los activos en función de su riesgo.

En este análisis utilizamos coeficientes de capital tradicionales y nuevos, considerando distintas capacidades de absorción de pérdidas respecto de activos ponderados o no ponderados.

A fin de examinar la relación entre la solidez del balance de un banco y el crédito que ofrece, recopilamos información crediticia y de balance de muchos bancos que ofrecen préstamos sindicados, es decir, los que otorgan grupos de bancos a empresas y gobiernos, y que representan una fuente importante de financiamiento internacional, en especial para países de mercados emergentes. Nuestro conjunto de datos abarca 800 bancos de 55 países, que otorgaron préstamos a empresas y organismos públicos de 48 países en 2006-10. Agregamos los préstamos individuales a nivel de sectores específicos de cada país: metal y acero en Alemania, construcción en España, telecomunicaciones en Turquía y atención de la salud en Estados Unidos.

Antes y después

Analizamos la variación del crédito bancario antes y después del colapso de Lehman Brothers en 2008, considerado como el detonante de la crisis financiera mundial. Específicamente, para cada sector de cada país comparamos la variación de los montos de los préstamos de un conjunto de bancos con diferente dependencia del financiamiento mayorista. Así tuvimos en cuenta la posibilidad de que los prestatarios hayan reducido su demanda de crédito al mismo tiempo que los bancos reducían la oferta de préstamos. Los bancos que dependían menos del financiamiento mayorista y, por lo tanto, fueron menos vulnerables a los shocks del sector financiero de 2007–08, pudieron mantener la oferta de crédito mejor que otros (gráfico 2, panel superior). Concretamente, se detectó que un aumento de 1 punto porcentual en la proporción de financiamiento no correspondiente a depósitos generaba una reducción de entre 0,7% y 0,9% en la oferta de crédito sindicado.

Gráfico 2Fondos y préstamos

Fuente: Cálculos de los autores basados en Dealogic’s Loan Analytics, Bankscope y Bloomberg.

Nota: Los dos paneles muestran correlaciones entre la medida en que los bancos recurrían a financiamiento no correspondiente a depósitos (izquierda) y el NSFR (derecha) por un lado, y la variación en los préstamos bancarios antes y después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers, en 2008. El NSFR mide la liquidez combinando elementos de los activos y pasivos del balance de un banco. Las variables se denominan “condicionales” porque dan cuenta del impacto de las características del prestatario y el prestamista.

Observamos un patrón similar en la relación entre el NSFR y la oferta de crédito bancario: los bancos con NSFR más alto antes de la crisis tuvieron una tasa más alta de crecimiento de sus préstamos durante la crisis (gráfico 2, panel inferior). Cada aumento de 1 punto porcentual del NSFR incrementaba cerca de medio punto porcentual el crédito durante la crisis.

Detectamos asimismo que la relación negativa entre la dependencia de financiamiento de mercado y la oferta de préstamos era más débil entre los bancos bien capitalizados. Los bancos más vulnerables a shocks de liquidez reducían la oferta de crédito menos que otros bancos si tenían más patrimonio neto en relación con el activo total; es decir, si tenían más capital de mayor calidad.

Estimamos que cada aumento de 1 punto porcentual en el coeficiente de financiamiento no correspondiente a depósitos sobre financiamiento total reducía la oferta de crédito entre 0,7% y 0,8%. Pero esa reducción se compensaba en parte si el banco tenía capital de mejor calidad. El capital del banco promedio de la muestra era 6,9% del activo. Por cada aumento de 1 punto porcentual, el efecto adverso sobre el crédito se reducía un 10%. Esto parece indicar que el capital cumple un papel más importante que el de resguardar a los bancos de la bancarrota: de los bancos que sobrevivieron la última crisis financiera, los que estaban más capitalizados antes de la crisis también siguieron prestando a las empresas. Cabe destacar que este efecto mitigante del capital solo se da cuando el capital se mide con variables más acordes con la definición de Basilea III (como el coeficiente de apalancamiento simple), y no con la de Basilea II.

Nuestros resultados, que señalan que el capital bancario mitigó la transmisión de los shocks del sector financiero a la economía real, aportan perspectiva al reciente debate sobre costos y beneficios de la regulación bancaria. Muchos sostienen que los nuevos requisitos, como los referidos al capital, perjudicarán la función de intermediación de los bancos y reducirán su capacidad de otorgar crédito. De ser cierto, los nuevos requisitos serían perniciosos pues desacelerarían la recuperación. Pero nuestro análisis indica que la compresión del crédito es menos severa cuando el sistema bancario está bien capitalizado. Por lo tanto, las regulaciones quizá sean costosas en épocas normales, pero, como los seguros, podrían valer la pena durante las crisis.

La relación negativa entre la dependencia del financiamiento de mercado y la oferta de préstamos es más débil entre los bancos bien capitalizados.

La próxima crisis

La reciente crisis financiera mundial demostró que evaluar la solidez financiera de los bancos y su resistencia a shocks económicos no es fácil. Pasada la crisis, a fin de vigilar y supervisar mejor el sistema bancario, las iniciativas de regulación se centran en redefinir lo que constituye un banco fuerte. Pero la eficacia de las medidas propuestas no podrá evaluarse sino hasta la próxima crisis financiera.

Analizamos la relación entre la solidez de los balances de los bancos y la oferta de crédito bancario durante una crisis a través de la perspectiva de las viejas y nuevas medidas. Nuestra conclusión es que las medidas propuestas en el marco de Basilea III ayudan a distinguir a los bancos más saludables (los que mantuvieron el crédito a las empresas tras la turbulencia financiera de 2007-08) de los menos saludables (los que lo recortaron). Eso nos permite confiar en la capacidad de las nuevas regulaciones para crear un sistema bancario más seguro y resistente.

Tümer Kapan es gestor de riesgo de carteras de Fannie Mae, y Camelia Minoiu es Economista del Departamento de Estudios del FMI.

Referencias:

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