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Finance & Development, September 2013
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En vilo: No se sabe a ciencia cierta cómo los mercados del petróleo se ajustarán a los precios más altos

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
September 2008
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Oleoducto que une la bahía de Prudhoe con el puerto de Valdez, en la Vertiente Norte de Alaska.

Thomas Helbling

LOS precios del petróleo, ajustados por inflación, casi se han triplicado en la última década. Sin embargo, el alto nivel de precios suele implicar el fin de un auge en los mercados de materias primas. Eso sucedió con el petróleo a comienzos de los años ochenta. ¿Estará cerca el fin del actual auge?

A simple vista, la situación de hoy hace pensar en el giro que dieron las condiciones del mercado a comienzos de los años ochenta y que presagió el colapso del precio del crudo en 1986 (Adelman, 1996). Al igual que a comienzos de los años ochenta, hoy el crecimiento económico mundial se ha desacelerado notablemente (tras un fuerte repunte después de la crisis en 2009-10) y sus perspectivas están dominadas por riesgos a la baja. Todo esto se ve reflejado es un menor crecimiento del consumo de crudo a la vez que aparecen nuevas fuentes de petróleo en América del Norte (véase “En alza”, en la edición de marzo de 2013 de F&D). A comienzos de los años ochenta también surgieron nuevas fuentes, en naciones ajenas a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Lo que no se sabe es si las similitudes entre el mercado petrolero mundial de hoy y de entonces son reales o solo superficiales.

Una vieja historia

La historia de la demanda a comienzos de los años ochenta es sencilla. Después de que los precios del crudo se duplicaran tras la revolución de Irán en 1979, el consumo mundial de petróleo disminuyó hasta 1983 (gráfico 1). De ahí en adelante creció, pero no como en los años sesenta y setenta. Recién en 1987 el consumo mundial retornó al máximo de 1979; en ese período de ocho años el PIB real mundial creció 26%.

Gráfico 1El consumo de petróleo

El aumento de precios del petróleo a finales de los años setenta moderó marcadamente el consumo en las economías avanzadas, pero el uso de petróleo siguió creciendo en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

(consumo, millones de barriles de petróleo diarios)

Citation: 50, 3; 10.5089/9781484342244.022.A007

Fuente: BP, Statistical Review of World Energy, 2013.

Las razones de la merma y posterior alteración del consumo mundial en un período de precios altos fueron la sustitución, una recesión mundial y mejoras de eficiencia. La sustitución ocurrió sobre todo en el sector de la energía eléctrica, donde los combustibles de petróleo fueron reemplazados por otros más baratos, como el carbón. En Estados Unidos, el consumo de combustible por parte de los proveedores públicos de energía cayó dos tercios entre 1970 y 1983, es decir un 15% de la reducción mundial del consumo de petróleo. Los altos precios, debidos principalmente a políticas de la OPEP, también provocaron reducciones del consumo, agravadas por recesiones en muchas economías avanzadas en 1980-82. El consumo de combustible en el sector del transporte de Estados Unidos se redujo 15% entre 1979 y 1983. Después de 1983, el menor crecimiento del consumo de petróleo se debió en gran medida al uso más eficiente del combustible, particularmente en los automóviles, gracias a lo cual gran parte de la reducción fue permanente.

Estas reducciones del consumo a comienzos de los años ochenta ocurrieron solo en las economías avanzadas.

Pero estas reducciones ocurrieron solo en las economías avanzadas. El consumo siguió creciendo con rapidez en las economías de mercados emergentes y en desarrollo, que hoy son los principales consumidores de petróleo, y en donde, al menos a corto plazo, no se vislumbra una ruptura estructural de los patrones de consumo como la ocurrida en las economías avanzadas a comienzos de los años ochenta. Las economías emergentes tienden a usar más petróleo por unidad de producto que las avanzadas, y de ahí que su rápido crecimiento desde comienzos de los años noventa haya acelerado su consumo de petróleo. El consumo de las economías avanzadas ha disminuido desde 2006, con lo cual la proporción del consumo mundial de las economías emergentes y en desarrollo ha aumentado con rapidez, a aproximadamente 57% de los líquidos de petróleo mundiales en 2012, frente a 44% a comienzos de los años noventa. Incluso en las economías avanzadas el consumo de petróleo no se ha reducido tan drásticamente como a comienzos de los años ochenta.

Hoy en día hay factores que impiden que los cambios en el consumo sean tan drásticos como antes. El potencial de sustitución de las fuentes de energía parece ser más limitado. Hace 30 años fue fácil cambiar la fuente de combustible en el sector energético porque las tecnologías permitían utilizar diferentes tipos de combustibles sin implicaciones de costo. Pero hoy los proveedores de energía usan menos combustibles basados en crudo que hace 30 años, salvo en los países productores de petróleo de Oriente Medio, donde la sustitución no es fácil por la falta de gas natural y porque otros combustibles no son una opción viable. En el sector mundial del transporte, que absorbe más de la mitad del consumo de crudo, la tecnología de sustitución aún es limitada, y el altísimo costo de la mayoría de las alternativas impide la sustitución masiva. Por ejemplo, los autos eléctricos aún son mucho más caros que los de combustión interna. Pero aun así, los motores más pequeños y las mejoras tecnológicas están surtiendo algo de efecto. La eficiencia media de consumo de los nuevos modelos está aumentando una vez más, aunque faltan años para que esas mejoras se noten en el parque automotor en general.

En algunas economías los subsidios a los combustibles también limitaron el traspaso de los precios más altos del petróleo a los consumidores finales, reduciendo el impacto en la demanda. Según cálculos recientes del FMI, en 2011 dichos subsidios representaron alrededor de 0,3% del PIB mundial. Si bien se trata de menos del 10% del valor del consumo mundial de petróleo, en algunos países los subsidios representan una buena porción del consumo interno. Además, los subsidios suelen diseñarse con el fin de aislar a los consumidores de las escaladas de precio del petróleo, y eso reduce el consiguiente incentivo a la sustitución.

La demanda se mantiene firme

A corto plazo, una caída significativa de la demanda mundial de petróleo es probable solo si las condiciones económicas mundiales empeoraran mucho más. Pero a largo plazo las cosas pueden ser diferentes gracias al potencial de sustitución y a las nuevas mejoras de eficiencia en el sector del transporte. En varios países, el gas natural, que es relativamente más barato, podría ser una alternativa. Asimismo, si se mejoraran significativamente las baterías de los vehículos eléctricos, estos podrían resultar más interesantes. Y es probable que la eficiencia de los motores de combustión interna siga mejorando gracias a leyes de reciente o próxima aprobación en Estados Unidos y la Unión Europea. Además, los impuestos al carbono podrían incentivar el uso de otras fuentes de energía. No obstante, los cambios en el consumo de petróleo tenderán a ser más graduales que a comienzos de los años ochenta.

Del lado de la oferta también hay similitudes y diferencias importantes entre el presente y el comienzo de los años ochenta. Una similitud es el aumento del suministro de petróleo de los países productores ajenos a la OPEP (gráfico 2).

Gráfico 2Aumento de la producción

Fuente: BR, Statistical Review of World Energy, 2013.

Nota: OPEP es la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Pero el contexto actual es diferente. A comienzos de los años ochenta, frente a los altos precios los países productores ajenos a la OPEP aumentaron la producción, y esto socavó el poder de la OPEP para fijar precios cuando el consumo empezó a disminuir. La falta de capacidad de producción no fue el problema. De hecho, al reducirse sus ventas, los países de la OPEP quedaron con una abundante capacidad excedentaria. Hoy en día, la interrogante clave es si el reciente aumento de la producción fuera de la OPEP bastará para aliviar las limitaciones de la oferta surgidas en el actual auge petrolero, y evidenciadas cuando la producción mundial de petróleo se estancó durante el auge económico mundial a mediados de la década de 2000.

La explotación de nuevos recursos es más difícil de lo que era 30 años atrás.

Muchos de estos problemas de oferta obedecen al creciente número de grandes yacimientos que están llegando a la etapa natural en que disminuye su producción, pero esta vez el fenómeno ha empezado a afectar a importantes países productores, comenzando por los yacimientos del Mar del Norte y México. La resultante presión en la producción fuera de la OPEP se notó a comienzos de la década de 2000, cuando la mayor demanda de petróleo de las economías emergentes y en desarrollo y la menor capacidad excedentaria limitaron la capacidad de la OPEP para incrementar la producción.

La reanudación del crecimiento de toda la producción mundial de petróleo depende de la producción de depósitos nuevos y depósitos conocidos pero no explotados, y de una mayor extracción de los depósitos actuales (AIE, 2008). Hay quienes dudan de la reactivación del crecimiento, pero la experiencia reciente apunta a lo contrario. Los altos precios del petróleo han fomentado la prospección y el descubrimiento de yacimientos, a veces grandes; la mayor explotación de depósitos nuevos y conocidos; y la inversión para mejorar la extracción. Las eventuales inversiones podrían compensar con creces la reducción proyectada de la producción de los actuales yacimientos.

Aumento moderado de la producción

Desde 2008, cuando los precios del crudo alcanzaron un máximo, el aumento de la producción mundial ha sido pequeño en comparación con el aumento que los productores ajenos a la OPEP generaron a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta. Aparte de los aumentos en países de la OPEP como Arabia Saudita, la oferta más notable proviene de la explotación de petróleo de esquisto o arenas compactas en Estados Unidos y Canadá, que ha sorprendido al mercado porque la explotación ha tomado pocos años. En otros lugares la obtención de nueva capacidad ha demorado, en parte porque la explotación de un nuevo yacimiento puede tomar 10 años o más, dependiendo de la complejidad del proyecto y su proximidad al mar o a oleoductos. Los desafíos técnicos de la explotación de nuevos yacimientos en aguas profundas (como en Brasil) y en el Ártico son formidables. En comparación, la explotación de petróleo ligero de arenas compactas ha sido fácil.

Otros obstáculos han sido el auge de los costos de inversión y cuellos de botella imprevistos en empresas que prestan servicios, como la perforación de pozos, o que suministran partes, como las plataformas petroleras. Por esto, la relación entre el valor de mercado de las reservas adicionales y el costo de obtenerlas aumentó menos de lo que los precios del petróleo por sí solos harían pensar, lo cual apunta a que los incentivos de inversión son relativamente más débiles. La reciente recesión mundial supuso cierto alivio, pero la inversión sigue siendo cara y los servicios conexos siguen presentando cuellos de botella.

Las restricciones a la inversión petrolera también han frenado los aumentos de capacidad. En muchas regiones con buenas perspectivas de prospección y explotación, la participación de inversionistas extranjeros está restringida o prohibida. Este “nacionalismo de los recursos” ha desalentado la inversión petrolera. Algunas empresas petroleras nacionales han incrementado el gasto de capital en respuesta al alza de precios, mientras que otras no lo han hecho por injerencia política. Las limitaciones cobran especial importancia si la explotación de nuevas fuentes exige conocimientos y experiencia del extranjero. Los obstáculos a la inversión extranjera directa por lo general impiden la inversión petrolera necesaria.

En algunas zonas la preocupación acerca de la seguridad ha dificultado la prospección y explotación; esa es una de las razones de que en Iraq, por ejemplo, los aumentos de la producción no hayan sido los esperados.

Aun así, la experiencia de los últimos años apunta a que el pesimismo extremo sobre la oferta tampoco está justificado. Los altos precios han propiciado nuevas inversiones y esfuerzos para extraer más de las fuentes existentes. Con precios de US$100 o más por barril, los incentivos de inversión casi no han variado; el precio mínimo para que la mayoría de los nuevos proyectos sean rentables es US$60 por barril, en dólares constantes de 2013. Pero como ya se señaló, la explotación de nuevos recursos es más difícil que hace 30 años.

En este contexto, la capacidad de producción neta aumentará solo gradualmente. Por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía pronostica nuevos aumentos moderados de la capacidad neta en los próximos cinco años, con lo cual los aumentos de la oferta tenderán a ser igualmente reducidos.

Con el tiempo, las variaciones de la oferta y la demanda pueden tener un considerable efecto acumulativo, pero cualquier cambio drástico que se produzca en las condiciones y precios del mercado de petróleo seguramente obedecerá a cambios drásticos en la actividad económica mundial o acontecimientos geopolíticos.

Thomas Helbling es Jefe de División en el Departamento de Estudios del FMI.

Referencias:

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