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Finance & Development, March 2013
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HABLANDO CLARO: Momento decisivo - Solamente con la apertura los países árabes en transición lograrán el crecimiento de amplia base que sus sociedades tanto necesitan

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
March 2013
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La Primavera ÁRABE, que comenzó en diciembre de 2010 con la autoinmolación de un vendedor ambulante en un pueblo de Túnez, continúa pautando los sucesos de la región. Un mes después, el clamor de Egipto por “pan, libertad y justicia social” se oyó en buena parte del mundo árabe. El pedido de cambio no es solo político sino también económico. La gente está exigiendo voz y voto en la forma de gobernar de sus países y más oportunidades para realizarse como seres humanos.

David Lipton es el Primer Subdirector Gerente del FMI.

Dos años después, el futuro de Oriente Medio y Norte de África no está claro. El desafío inmediato consiste en colmar las grandes expectativas de la gente e implementar reformas drásticas para recuperar el control de las finanzas públicas y reforzar los sistemas financieros debilitados. Y las reformas económicas se ven empantanadas en riñas políticas sobre cuestiones constitucionales y de gobernabilidad y en debates sobre el papel de la religión en la vida pública.

Hay quienes advierten que la revolución está fracasando. Yo, por mi parte, creo que el proceso podría seguir tres caminos distintos:

• Una tendencia hacia el caos económico si las pugnas por el poder político impiden la estabilización, por no hablar de las reformas.

• Una estabilización lograda meda tendencia hacia el caos iante la confirmación de los intereses creados de las empresas, lo cual aplazaría el deterioro de las condiciones económicas pero condenaría a la región a retornar al estancamiento económico o, en el mejor de los casos, a un leve crecimiento.

• El surgimiento de una nueva economía, a medida que los nuevos gobiernos ponen fin a las perturbaciones económicas y emprenden reformas que posibilitan más oportunidades económicas.

Las dos primeras opciones son sin duda indeseables, pero la tercera será difícil de lograr. El actual estado de la economía mundial no propicia reformas sustanciales. La desaceleración de la economía mundial, la incertidumbre que impera en Europa, el alza de precios de los alimentos y combustibles y el conflicto en Siria con su deplorable pérdida de vidas podrían minar los frágiles avances logrados por la región en los dos últimos años.

Para los gobernantes es abrumador tratar de gestionar transiciones políticas complejas persiguiendo el doble objetivo de estabilización y transformación. ¿Cuáles son las perspectivas de éxito y qué puede hacer la comunidad internacional para incidir sobre el resultado?

Región en transición

Oriente Medio y Norte de África es una región diversa compuesta por 20 países con una población de más de 400 millones de habitantes y un PIB de US$3 billones, alrededor del 6% de la población mundial y del 4% del PIB mundial. Las circunstancias de cada país son muy dispares. Algunos países poseen cuantiosas reservas de petróleo y gas, mientras que otros deben importar tanto energía como alimentos. Las estadísticas económicas más convincentes indican que las exportaciones no petroleras de la totalidad de la región ascienden a US$365.000 millones, un monto similar al de las exportaciones de Bélgica, un país de 11 millones, no 400 millones, de habitantes. La región padece una falta de integración con la economía mundial.

Mucho antes de las manifestaciones, los países árabes en transición—Egipto, Jordania, Libia, Marruecos, Túnez y Yemen—afrontaron el desafío de dar empleo a una población joven y en rápido crecimiento. A pesar de varias rondas de reformas, sus economías no pudieron generar suficientes empleos. Había tres problemas relacionados.

Primero, la falta de apertura y acceso a mercados de exportación clave. Segundo, a fin de aplacar la inquietud de la población, algunos países elevaron repetidamente diversos subsidios, entre otros, a la energía. Esto agobió los presupuestos, restando margen para invertir en educación, salud e infraestructura. Y tercero, donde se intentó aplicar reformas estructurales significativas, primó la percepción de que el control de las inversiones en nuevos sectores siguió en manos de una élite. El resultado fue una carencia de vitalidad económica y un desempleo alto y creciente, especialmente entre los jóvenes instruidos.

Para lograr un crecimiento amplio y sostenible, los países de Oriente Medio deben pasar del dominio estatal y las industrias protegidas a la inversión privada y al crecimiento impulsado por las exportaciones. En síntesis, el sector privado debe constituirse en el motor del crecimiento.

Ámbitos clave de reforma

Considero que deben efectuarse reformas en cuatro ámbitos.

1. Poner más énfasis en el comercio exterior. La integración económica es la estrategia fundamental para lograr crecimiento en una escala y un plazo que generen suficiente empleo y prosperidad a una población que crece rápidamente. Una mayor integración comercial también brindaría disciplina e incentivos para ayudar a trazar una estrategia adecuada de reforma. Un país que se abre a la competencia internacional, inevitablemente encontrará más lógica en las siguientes reformas porque lo ayudarán a competir.

2. Mejorar el clima de negocios y facilitar el acceso al financiamiento. Las regulaciones complejas frenan la creación de empleos y el crecimiento. En Egipto, por ejemplo, existen no menos de 36.000 normas que afectan al sector privado. Y Egipto dista de ser el único país afligido por legislaciones agobiantes. De hecho, muchos partidos políticos nuevos se basan en el apoyo de pequeños empresarios que consideran que la mejora del clima de negocios es una prioridad básica. Otra limitación importante para el crecimiento económico de los países árabes en transición es la falta de acceso de las empresas al financiamiento. En la actualidad, el crédito privado está dirigido principalmente a grandes empresas establecidas, y solo el 10% de las empresas financian sus inversiones a través de la banca, el porcentaje más bajo a nivel mundial.

3. Reforzar el mercado laboral y la educación. El desempleo juvenil varía entre 18% y 30% en Egipto, Jordania, Marruecos y Túnez. En Egipto, cada año se incorporan 650.000 personas a la fuerza laboral. Las mujeres afrontan problemas especiales para encontrar empleo; solo alrededor de una cuarta parte de la población femenina de Egipto, Jordania, Marruecos y Libia tienen empleo. El sector público domina el mercado laboral, y las leyes laborales son rígidas. Deben reducirse los desincentivos para la contratación de trabajadores, sin dejar de protegerlos. La fuerza laboral tampoco está bien calificada y carece de capacitación técnica en ingeniería y ciencias. El sistema educativo, en lugar de centrarse en la capacitación de jóvenes para la administración pública debe prepararlos para el sector privado.

4. Reemplazar los subsidios no focalizados por una red de protección social moderna. En Oriente Medio y Norte de África, los subsidios de precios costaron alrededor de US$210.000 millones en 2011, más del 7% del PIB regional. Además de ser muy costosos, no cumplen bien el cometido de apoyar a los pobres. Las redes de protección focalizadas en gente que realmente las necesita son más eficaces y eficientes. Para lograr el apoyo de la población, las reformas deben explicarse con claridad, asumiendo compromisos creíbles de que el ahorro de subsidios se destinará a la inversión y que la población vulnerable quedará protegida.

El papel de la comunidad internacional

Cuando se consideran los costos potenciales de las dos opciones poco atractivas descriptas anteriormente y las ventajas de la tercera opción para la región y la economía mundial, resulta claro que la comunidad internacional debe ofrecer suficiente financiamiento, acceso al comercio internacional y asesoramiento de políticas económicas para apoyar un cambio positivo.

En el FMI estamos tratando de afrontar ese desafío. En este difícil período hemos estado asesorando a los países sobre la forma de preservar la estabilidad económica al gestionar los shocks, garantizar la protección de los hogares vulnerables durante la transición y sentar las bases para un crecimiento que genere empleos.

Una mayor integración comercial también brindaría disciplina e incentivos para ayudar a trazar una estrategia adecuada de reforma

Nuestra participación cambió principalmente de asesoramiento a colaboración en el financiamiento. Tan solo el año pasado brindamos aproximadamente US$8.500 millones en préstamos a Jordania, Marruecos y Yemen. Con el gobierno de Egipto hemos planeado un programa de apoyo, y esperamos ayudar a Yemen con un acuerdo de seguimiento para complementar la asistencia de emergencia del año pasado. También estamos preparados para proporcionar asistencia financiera a Túnez. En Libia, que no necesita financiamiento sino fortalecimiento de capacidades, hemos reforzado nuestro apoyo para ayudar a reconstruir las instituciones y la economía tras el conflicto de 2011.

Si bien el FMI puede ayudar a los países a estabilizarse y reformar sus economías, la tarea es tan grande que toda la comunidad internacional debe hacer más.

La Asociación de Deauville, creada por el Grupo de los Ocho (G–8) en 2011, brindó un útil marco de coordinación, pero no puede por sí sola hacerlo todo. Será crucial que la comunidad internacional, incluidos los países del G–8, los socios regionales como los países del Consejo de Cooperación del Golfo, y las instituciones financieras internacionales y regionales brinden suficiente financiamiento y fortalecimiento de capacidades. La Unión Europea y Estados Unidos deben conceder un mejor acceso al comercio de productos y servicios de la región. La invalorable competencia profesional del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y otras instituciones financieras pueden acelerar el ritmo de inversión del sector privado, como sucedió en Europa central y oriental.

Cada país de Oriente Medio y Norte de África deberá trazar su propia trayectoria de cambio. El proceso debe ser verdaderamente participativo. Será esencial una amplia aceptación, y los planes de reforma, independientemente de su solidez técnica, no pueden imponerse desde arriba.

Es imprescindible llegar a un acuerdo sobre una visión compartida y convincente. El riesgo de regresar al antiguo statu quo es demasiado real. Pero la recompensa de una reforma bien fundada puede ser sustancial. Si lograran un crecimiento de 2 puntos porcentuales por encima de lo proyectado, los países árabes en transición podrían reducir el desempleo a la mitad en cinco años. Eso sería un logro de gran importancia.

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