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Finanzas & Desarrollo Diciembre de 2012
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La juventud japonesa se expresa: Ensayos ganadores preparados por universitarios japoneses

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
December 2012
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En un concurso de ensayos organizado por el FMI, el ministerio de Hacienda japonés y el Banco de Japón, universitarios japoneses abordaron el tema de la economía mundial y el papel del FMI. Los tres ganadores recibieron una invitación a participar en una mesa redonda sobre el Diálogo con la Juventud durante las Reuniones Anuales del FMI y del Banco Mundial de 2012 en Tokio, que contó con la participación de Nemat Shafik, Subdirectora Gerente del FMI, y representantes juveniles de toda Asia.

Tomoko Kaida estudia relaciones internacionales en la Universidad de Kanazawa y es una de las fundadoras de una institución sin fines de lucro que busca promover el entendimiento entre el pueblo japonés y los extranjeros que viven en Japón con fines educativos y empresariales.

Ser joven en medio de una crisis económica internacional es una experiencia sumamente frustrante. Uno se siente como un observador invisible cuyos intereses y cuyo futuro se encuentran en juego pero que es incapaz de influir en los acontecimientos o está prácticamente excluido de participar.

En los países desarrollados, los jóvenes sienten que probablemente se verán privados de las oportunidades que tuvieron sus padres y sus abuelos; y en los países subdesarrollados y en desarrollo, se sienten defraudados ante un futuro que no será tan brillante como esperaban.

Diría que esto resume la perspectiva juvenil sobre la situación actual de la economía mundial.

El FMI tiene un mandato claro, entre otras cosas, de promover la estabilidad macroeconómica mundial. Con sus instrumentos, estabiliza y alivia financieramente las condiciones económicas de los países (y sus ciudadanos) y evita que fracase el sistema monetario. Pero, a pesar de ciertos elementos positivos—como la Iniciativa de Diálogo con la Juventud—, falta suficiente “juventud” en las políticas y las prácticas del FMI. Aunque la estabilización financiera de un país suele ejercer un efecto positivo en el nivel de empleo de la población, incluidos los jóvenes, no basta por sí sola, y el FMI debería prestar mucha más atención a los jóvenes.

De hecho, el FMI debería progresar e incorporar a sus normas de crédito lo que denomino Condicionalidad sobre la Política Nacional para la Juventud (CPNJ). En la actualidad, al otorgar un préstamo, el FMI evalúa en qué medida un gobierno está dispuesto a ajustar las políticas para afrontar problemas potenciales y reembolsar los fondos. La perspectiva del FMI debería trascender las políticas económicas clásicas. En el futuro, los gobiernos que esperan recibir respaldo del FMI tendrían que presentar las políticas favorables a la juventud, que ya han instituido (o que planean instituir) y demostrar que una parte del crédito se invertirá en la creación de oportunidades para los jóvenes; por ejemplo, amplios programas de empleo juvenil, enseñanza formal y proyectos vocacionales.

Esta idea también tiene ventajas económicas lógicas para el FMI. Al incorporar la CPNJ a sus políticas de préstamo, el FMI motivará a los países a invertir en la generación que (probablemente) saldará el préstamo. De esa manera, el FMI se asegurará el reembolso, lo cual lógicamente promueve sus intereses a largo plazo. Al mismo tiempo, la juventud del país en cuestión se sentirá reconocida e incluida, y dirá: “Efectivamente, parte de tal o cual préstamo del FMI se invirtió en (nuestro) futuro, y lo consideramos una deuda legítima, que nos benefició personalmente”.

Para concluir, es verdad que el FMI está intentando ampliar el papel de la juventud en la solución de los preocupantes problemas económicos de hoy. Pero como organización debe ser mucho más consciente de la juventud, algo que me tomo la libertad de bautizar como “Responsabilidad del FMI respecto de la Juventud Mundial” y que todos los jóvenes del mundo esperamos.

Daisuke Gatanaga estudia química en la Universidad de Yale. Estudió en Kioto, Japón, en el verano de 2011 e hizo una pasantía en el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas en la Universidad de Naciones Unidas de Tokio en el verano de 2012.

Como estudiante de química en Yale, reconozco que a veces no pienso más que en electrones y protones. Pero este verano me alejé del mundo aislado del laboratorio para hacer una pasantía en el PMA. Las imágenes que descubrí me dejaron pasmado y alarmado. En el Sahel, las madres ponen a hervir plantas que de lo contrario serían imposibles de ingerir por su toxicidad, en un desesperado intento por proporcionarles a sus hijos algo de comer. En Sudán del Sur, estalló la violencia a causa de las malas cosechas, desplazando a multitudes y dejándolos sin esperanza ni medios de subsistencia. En el mundo entero, estas crisis alimentarias se han visto exacerbadas por las condiciones económicas: una inflación elevada, encarecimiento de los alimentos y los combustibles, mercados mundiales volátiles.

Habiendo pasado la mayor parte de mi vida en la relativa comodidad de países desarrollados como Estados Unidos y Japón, apenas puedo imaginarme la aflicción que significa carecer hasta de una subsistencia básica. Quizá tendría que estar agradecido porque lo peor que sufrió mi familia durante la reciente crisis económica internacional fue la pérdida de empleo de mi padre el año pasado. Pero hasta eso causó inevitablemente una aprehensión y un pesar abrumador en mi familia porque mi padre se enfrentaba a un mercado laboral que parecía frío y adverso.

No me atrevo a decir que puedo proponer consejos innovadores para solucionar estos problemas económicos. Pero mi propia experiencia con el PMA y la pérdida de trabajo de mi padre han sido una lección personal sobre las realidades del sistema financiero mundial de hoy y las crisis financieras recientes. Aunque las consecuencias de estas crisis son diferentes en cada país, parecería obvio, especialmente a la luz de la crisis financiera mundial de 2007–08, que hubo advertencias en el mundo entero. Dado que la internacionalización continúa entrelazando las economías nacionales en redes mundiales, las instituciones internacionales como el FMI deben desempeñar un papel esencial en la supervisión macroprudencial y el afianzamiento del crecimiento económico y la estabilidad financiera universal. Al mismo tiempo, es crítico que el FMI no olvide—entre las cifras, los datos y los cálculos objetivos—que la economía afecta a gente de carne y hueso, y que hay voces humanas detrás de las estadísticas.

Por eso creo que el papel del FMI es como un medio a través del cual la gente del mundo entero—incluidos los jóvenes como yo—puede expresar su opinión y participar en un diálogo. Como institución monetaria internacional, el FMI está en una situación ideal para funcionar como ese foro y atraer a una amplia variedad de personas provenientes de todo tipo de ambientes. Únicamente cuando la gente siente que vale la pena invertir en el futuro hay esperanza de entendimiento y cooperación internacional y hay perspectivas de eliminar las deficiencias de información, comunicación y transparencia que ocasionaron las crisis económicas. Estoy convencido de que en un mundo cada vez más interconectado el FMI representa una plataforma desde la cual podemos observar el futuro con optimismo, a la vez que intentamos forjar una cooperación monetaria internacional.

Kenji Nakada, oriundo de Shizuoka, Japón, está estudiando Economía en la Universidad de Tokio y ha sido pasante en Citigroup, The Economist y el Banco de Japón.

La premisa de este ensayo es que, con ciertas mejoras, el FMI puede contribuir con más eficacia a la economía mundial como plataforma para el diálogo internacional. Comenzaré mencionando varios cambios que la globalización ha producido en el ambiente económico. Luego presentaré un ejemplo reciente de un problema económico internacional en el cual el FMI podría haber jugado un papel importante, y concluiré proponiendo mejoras para hacer realidad una contribución vigorosa.

La globalización crea fuertes conexiones entre las economías, en las cuales predominan tres “d”: dependencia, diversidad y disputas. En un mundo globalizado, las economías son inter-dependientes, y las comunidades, diversificadas. La dependencia y la diversidad muchas veces generan disputas. Como lo expuso la crisis financiera actual, existen innumerables disputas económicas en el mundo: sobre regímenes cambiarios, flujos transfronterizos de capital, regulación bancaria, desequilibrios en cuenta corriente. La nueva generación debe cooperar para solucionarlas, y creo que la clave está en una cuarta “d”: diálogo. El diálogo internacional promueve la comprensión mutua entre los países, que es la base de la estabilidad financiera.

Una reciente disputa en la cual el FMI podría haber desempeñado un papel importante gira en torno a la política monetaria. Ante la crisis, los países industrializados adoptaron políticas monetarias agresivas para apuntalar el crecimiento. Algunas economías emergentes sostienen que la afluencia de capitales producida por esas políticas las perjudica porque genera inflación. En mi opinión, las autoridades monetarias de los países industrializados deben tomar esta queja con más seriedad, ya que en un mundo globalizado los reveses que sufren las economías emergentes afectan profundamente a otras economías a través del canal de la exportación. El FMI podría haber iniciado una coordinación internacional de política en las reuniones del Grupo de los Veinte, por ejemplo, para lograr que las políticas fueran más eficaces en las economías industrializadas y, al mismo tiempo, menos perjudiciales para las economías emergentes.

El FMI puede asumir ese papel porque tiene dos ventajas respecto de otras instituciones financieras internacionales. La primera es la excelente capacidad de análisis gracias a las consultas del Artículo IV. Basándose en sus propios estudios, el FMI puede hacer interpretaciones congruentes de la situación económica y, de esa manera, fijar parámetros para el diálogo entre los países. La segunda ventaja son los fondos con que cuenta. El FMI puede motivar políticas de cooperación realizando contribuciones financieras y es la única institución con los medios para crear esos incentivos. La capacidad de análisis debería realzarse abordando problemas cada vez más complejos. Además, es fundamental que el FMI sea considerado como un organismo verdaderamente imparcial y neutral para que sus estudios y propuestas inspiren plena confianza. Si esas mejoras se hacen realidad, creo que el FMI podrá funcionar mejor para estabilizar el sistema financiero.

Cuanto más avance la globalización, más importante será el papel del FMI como facilitador del diálogo internacional. En ese papel, el FMI puede promover la cooperación entre los agentes del sistema monetario mundial y así ayudar a las economías a beneficiarse de la globalización, evitando sus desventajas. En mi opinión, eso conducirá a la estabilidad financiera y la solidez de la economía mundial.

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