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Finanzas & Desarrollo Diciembre de 2012
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Hablando Claro: Replantear el desarrollo sostenible: Un nuevo programa de desarrollo debe ser verdaderamente mundial, relevante para todos y realista en la atribución de responsabilidades

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
December 2012
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Nemat Shafik es Subdirectora Gerente del Fondo Monetario Internacional.

Nemat Shafik

A Medida que se acerca 2015, para cuando deben estar cumplidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se está dedicando mucha atención al sucesor de ese marco ideado para medir el avance mundial de la lucha contra el hambre, la enfermedad y la pobreza. El nuevo marco deberá reflejar aspiraciones mundiales y ser fruto de extensas consultas. En mi opinión, debe encarnar una nueva concepción del desarrollo, que sea relevante para todos los países, tanto ricos como pobres.

El mundo ha cambiado mucho en unos años. Muchos países tienen elevados niveles de deuda que podrían dificultar el lanzamiento de iniciativas de gasto durante muchos años. Quizá sea necesario replantear los incentivos y la regulación del sector financiero, afinar los modelos de crecimiento para crear suficientes oportunidades de empleo y volver a examinar el funcionamiento del sistema monetario internacional.

El reto más inmediato consiste en restablecer la confianza en la recuperación mundial. Tras dar algunos indicios de resiliencia en 2011, el crecimiento mundial ha vuelto a enfriarse, más que nada a raíz de la persistente incertidumbre que rodea a la situación de la zona del euro y la posibilidad de una crisis fiscal en Estados Unidos. Todo intento por restablecer la confianza en las economías avanzadas debe estar acompañado de esfuerzos por atacar el desempleo elevado y generalizado y la escasez de oportunidades laborales decentes en muchos países del mundo, sobre todo en Europa y Oriente Medio. La crisis del empleo es particularmente aguda para los jóvenes. Un repunte del crecimiento sería beneficioso, pero aun así la creación de puestos de trabajo debería acelerarse con mucha rapidez para absorber a la población actualmente desempleada y a la que está ingresando al mercado laboral.

Entre otros temas, cabe mencionar la globalización y la ardua tarea de manejarla; las fallas de las políticas y los mercados que dejó expuestas la crisis y que aún no se han corregido, sobre todo en el sector financiero; y las tendencias a más largo plazo como las crecientes disparidades de la distribución del ingreso, el envejecimiento y el desequilibrado crecimiento demográfico; la inseguridad alimentaria mundial; y el cambio climático.

Encontrar una solución concertada a estos retos es aún más apremiante que a comienzos del siglo, cuando la comunidad mundial se unió en la campaña de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas para desterrar el flagelo de la pobreza y el hambre, la enfermedad y la falta de oportunidades que los acompaña.

Nuevos imperativos

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se centran en la necesidad de reducir la pobreza absoluta. Y aunque aún hay rezagos significativos respecto de las metas anunciadas en la Declaración del Milenio, los logros son notables. No olvidemos, por ejemplo, que la incidencia de la pobreza extrema en el mundo se ha reducido a la mitad desde 2000.

Pero la crisis económica internacional constituyó un revés enorme, del cual la economía mundial aún no se ha recuperado. Europa continúa luchando con la crisis de la deuda; Japón y Estados Unidos, por su parte, también necesitan una reforma fiscal. La región de Oriente Medio y Norte de África está viviendo una transición histórica: la esperanza de un futuro mejor y más democrático depende más que nada de una transformación económica que sustente un crecimiento vigoroso y equitativo. A la vez, se plantea el reto de asegurar que continúe el rápido aumento del ingreso en otras economías de mercados emergentes y en desarrollo, pero de una manera social y ambientalmente sostenible.

Tengamos en cuenta estos factores:

  • La desigualdad del ingreso ha empeorado. En las últimas décadas se ha registrado un crecimiento económico sin precedentes, gracias al cual los niveles de vida en promedio han mejorado. Pero globalmente los ricos se han beneficiado mucho más que los pobres. Esta creciente desigualdad genera resentimiento social e inestabilidad política.

  • El desempleo crónico y el subempleo generalizado se han agudizado. Cinco años después del estallido de la crisis en el mercado hipotecario estadounidense, 200 millones de personas en el mundo entero aún no pueden encontrar un empleo decente; entre ellos hay 75 millones de jóvenes que corren peligro de convertirse en una generación perdida.

  • El crecimiento demográfico es desigual. Para 2050, la economía mundial deberá proporcionar alimentos y empleos a más de 9.000 millones de personas, 85% de las cuales vivirán en lo que actualmente son países en desarrollo.

  • El cambio climático está empeorando. La pérdida de biodiversidad es enorme, y el calentamiento atmosférico mundial continúa: las emisiones de dióxido de carbono han alcanzado un grado de concentración extremadamente preocupante.

Un programa verdaderamente mundial

Todos estos problemas están entrelazados y no se pueden solucionar en forma aislada. Por esa razón, el programa de desarrollo mundial a partir de 2015 debe trascender nuestra concepción tradicional del desarrollo, que consiste en ayudar a los países menos desarrollados a ponerse a la par de los más avanzados. Ese programa debe abordar los distintos desequilibrios de la economía mundial; entre ellos, los efectos de contagio que terminan perjudicando a los pobres y los desprotegidos en el mundo entero.

El nuevo programa debe tener un alcance verdaderamente internacional, objetivos relevantes para todos y una atribución realista de las responsabilidades entre las economías avanzadas, de mercados emergentes y en desarrollo. Proteger el bienestar de las generaciones futuras es una responsabilidad común que recae en todos los miembros de la comunidad internacional, pero dadas las enormes diferencias de las capacidades de los distintos países también debemos distribuir equitativamente la carga que esa responsabilidad representa.

El mayor grado de interconectividad exige una coordinación de política más estrecha. Necesitamos un liderazgo mundial eficaz y lo necesitamos sin demora. Integrada por países del mundo entero, la Organización de las Naciones Unidas debería seguir desempeñando un papel fundamental en la promoción de la cooperación internacional eficaz. Pero la coordinación multilateral debe ser más eficaz. Hablemos sin rodeos: no podemos darnos el lujo de desperdiciar tiempo en conversaciones interminables entre los países para terminar conformándonos con el mínimo común denominador. Debemos actuar con arrojo pero también con realismo para poder pasar rápidamente del dicho al hecho.

El papel del FMI

El FMI ha desempeñado un papel fundamental para ayudar a la economía mundial a recuperarse de la crisis económica, y continúa colaborando con sus 188 países miembros en numerosos ámbitos para reforzar los cimientos de la economía internacional. En los últimos cinco años se han producido cambios enormes, pero aún queda mucho por hacer:

  • Afianzar la estabilidad mundial. El FMI está mejor preparado para detectar correlaciones entre países y centrarse en la estabilidad de la economía mundial en su totalidad. Con un marco reforzado de seguimiento económico es posible profundizar el análisis de los efectos transfronterizos y de contagio. El FMI ha afinado la evaluación de las políticas de los países desde una perspectiva multilateral. A la vez, está dedicando más atención al sector financiero, que reviste una importancia crítica.

  • Respaldar a los países que sufren una desaceleración. Desde el comienzo de la crisis económica internacional, el FMI ha comprometido más de US$300.000 millones en préstamos a los países miembros. Ha reestructurado su marco crediticio para poder atender mejor las necesidades variadas de sus países miembros y ha racionalizado las condiciones que acompañan a los préstamos. Consciente de la necesidad de asistencia financiera de los países miembros de bajo ingreso, ha cuadruplicado los préstamos concesionarios.

  • Oponer un cortafuegos a la crisis. Para hacer frente al constante aumento de las necesidades de financiamiento, el FMI ha incrementado drásticamente su capacidad de préstamo, obteniendo US$461.000 millones en compromisos de sus países miembros para reforzar los recursos.

  • Lograr un crecimiento más incluyente. Los estudios del FMI muestran que los países con una distribución más equitativa del ingreso pueden sustentar mejor el crecimiento. El FMI ha estado colaborando con la Organización Internacional del Trabajo para imprimir más eficacia al asesoramiento sobre las políticas de empleo y cuestiones laborales, y junto con el Banco Mundial y otros organismos internacionales está ayudando a los países a reforzar la protección social.

  • Concebir políticas para una economía verde. Nuestro asesoramiento en materia de políticas promueve la transición a una economía más verde al asegurar que los precios reflejen el costo total de los efectos colaterales perjudiciales para el medio ambiente. Por ejemplo, reemplazar costosos subsidios energéticos que benefician mayormente a la población adinerada con asistencia financiera focalizada en los pobres puede contribuir a liberar fondos para el gasto social y en desarrollo, y también combatir el cambio climático.

La prioridad más inmediata es forjar una respuesta colectiva frente a la flaqueante recuperación internacional. Eso constituye un imperativo, dadas las vulnerabilidades globales en un mundo cada vez más interconectado. Recordemos los efectos de contagio que han producido en la confianza mundial los problemas de la zona del euro y la tímida recuperación estadounidense. En los mercados emergentes, el crecimiento se está desacelerando; en los países de bajo ingreso, existe gran inquietud en torno al encarecimiento de los alimentos y la volatilidad de los precios de las materias primas; y a lo largo y a lo ancho de Oriente Medio, aumenta la frustración. Los nuevos contratiempos que está sufriendo la recuperación mundial pueden corregirse únicamente mediante la cooperación.

La promoción de una buena gestión económica y financiera es la contribución más importante que el FMI puede hacer al desarrollo sostenible. Esa gestión sienta las bases del crecimiento económico generador de empleo, produce recursos para proteger a los pobres y al medio ambiente, y en última instancia siembra las semillas de la paz y la estabilidad. Estamos preparados para colaborar con los países miembros y otros organismos internacionales con el objetivo de hacer avanzar el programa de acción mundial.

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